¿Ya tienen marcado en su calendario el 3 de noviembre de 2026? La historia sugiere que en las elecciones de mitad de mandato en EE.UU. con un bajo índice de aprobación del presidente en cargo les podría costar a los republicanos su estrecha mayoría en la Cámara de Representantes, aunque tiene más posibilidades de mantener el Senado. Está claro que su resultado será relevante porque el control del Congreso es importante de cara a la política fiscal, la regulación y el gasto público, tres aspectos que influyen en las inversiones.
Sin embargo, tal y como reconoce George Brown, economista senior de Schroders, a lo largo de los años, la composición del Congreso ha tenido poca influencia en la rentabilidad de la renta variable estadounidense. “Los beneficios, el crecimiento, la inflación y los tipos de interés han tenido mucha más importancia. Por lo tanto, la consecuencia más plausible de las elecciones de medio mandato es una mayor dispersión entre sectores, y es posible que áreas políticamente sensibles, como la energía, la sanidad y la tecnología, se enfrenten a un mayor escrutinio”, explica.
En opinión de Paolo Zanghieri, economista sénior en Generali AM (parte de Generali Investments) es probable que las elecciones de mitad de mandato de noviembre den lugar a un Congreso dividido, siendo muy probable que los demócratas se hagan con la Cámara de Representantes por una estrecha mayoría. “Esto aumenta el riesgo de un enfrentamiento sobre el techo de deuda en enero de 2027. Sigue siendo posible un acuerdo que amplíe las ayudas sanitarias a cambio de recortes fiscales, pero ello debilitaría aún más las perspectivas fiscales. Esperamos que el déficit cierre 2026 en torno al 6% del PIB”, apunta.
Lo determinante
Por el contrario, para Thomas Mucha, estratega geopolítico de Wellington Management, donde realmente hay que poner el foco para analizar las implicaciones de estas elecciones de medio mandato no es su resultado sino “en lo que no cambia”. Mucha considera que las mayores oportunidades de inversión de la próxima década no van a surgir de cambios radicales en las políticas, sino de la continuación de las mismas.
“Los mercados dedican una enorme cantidad de tiempo a intentar predecir los resultados electorales. Quizá la pregunta más útil sea: ¿qué tendencias es probable que perduren tras las elecciones, independientemente de quién gane? Cada vez me parece más clara esa lista: la competencia con China; la inteligencia artificial (IA); la capacidad industrial; la modernización de la defensa; los minerales críticos; la resiliencia de las infraestructuras; la ciberseguridad; la seguridad energética; y la resiliencia de la cadena de suministro”, explica el experto de Wellington Management.
Según su visión, es posible que estos temas avancen más rápidamente bajo el mandato de un partido que de otro. “La pregunta más importante es qué es lo que Estados Unidos ya ha decidido. Creo que es poco probable que las mayores oportunidades de inversión de la próxima década surjan de sorpresas electorales. Surgirán de los cambios estructurales que continúen mucho después de que se hayan contado los votos. Y, cada vez más, esos cambios apuntan en la misma dirección: hacia un mundo en el que la resiliencia, la capacidad, la seguridad nacional y la adaptación importan más que la mera eficiencia económica”, insiste.
El dólar y los bonos
Para los expertos de J. Safra Sarasin Sustainable AM, esta cita electoral podría convertirse en una prueba importante de la confianza de los inversores en la formulación de políticas públicas del país. “Para el dólar, una cuestión clave será determinar si la composición del próximo Congreso modifica la trayectoria de crecimiento mediante cambios en la política fiscal, las relaciones comerciales y la inversión vinculada a la inteligencia artificial. Sin embargo, el resultado electoral también podría desencadenar una reevaluación de las primas de riesgo asociadas a la incertidumbre sobre la política económica estadounidense”, afirma.
Según su análisis, si los demócratas logran el control de ambas cámaras, ello limitaría la agenda legislativa de la Administración Trump y reforzaría la supervisión ejercida por el Congreso. “Aunque este escenario podría moderar el impulso fiscal, también contribuiría previsiblemente a fortalecer la confianza en las instituciones estadounidenses, reduciendo las primas de riesgo político actualmente incorporadas tanto en las rentabilidades de los bonos del Tesoro estadounidense a largo plazo como en el dólar”, reconocen.
En este sentido, es cierto que junto con la solidez del crecimiento impulsado por la inteligencia artificial, las preocupaciones sobre la sostenibilidad de la deuda pública estadounidense han sido uno de los principales factores que han impulsado al alza las rentabilidades de los bonos del Tesoro de largo plazo durante el verano. “Como consecuencia, la correlación históricamente positiva entre las rentabilidades de largo plazo de Estados Unidos y el dólar se ha roto durante los últimos tres meses, una situación que esperaríamos que se revirtiera en caso de una Blue Sweep”, matizan.
Asimismo, los expertos de J. Safra Sarasin Sustainable AM reconoce que las preocupaciones en torno a la independencia política de la Reserva Federal deberían disminuir a medida que los demócratas adquieran capacidad de influencia sobre la confirmación de futuros nombramientos en el banco central. “En el lado opuesto, esperamos que una política de gasto fiscal más contenida y una posible desaceleración en la construcción de centros de datos reduzcan parte del impulso del crecimiento económico, lo que podría compensar parcialmente los factores de apoyo para el dólar”, concluyen.


Por Beatriz Zúñiga
