El Mundial terminó hace apenas unas semanas. Los aficionados celebraron al campeón, las cámaras dejaron de transmitir y las marcas comenzaron a preparar la siguiente temporada deportiva. Sin embargo, desde la perspectiva del mercado de capitales, el partido más interesante apenas comienza.
Lo que permanece una vez finaliza la competición no son únicamente los resultados deportivos. Permanecen contratos audiovisuales, acuerdos de patrocinio, licencias de marca, derechos comerciales y otros activos capaces de generar ingresos durante años. La pregunta relevante para gestores de activos e instituciones financieras ya no es cuánto dinero mueve el deporte, sino qué características deben reunir esos ingresos para convertirse en activos con valor para el mercado de capitales.
La respuesta marca una diferencia importante. El mercado no financia la emoción que despierta un club o un torneo; financia la capacidad de determinados derechos económicos para producir flujos de caja identificables, previsibles y jurídicamente protegidos.
La transformación del deporte en una industria global valorada en cientos de miles de millones de dólares ha estado estrechamente vinculada al desarrollo y protección de activos intangibles. La World Intellectual Property Organization (WIPO) destaca que las marcas, el copyright y los derechos de retransmisión constituyen herramientas esenciales para proteger y comercializar el valor económico del deporte mediante licencias, merchandising y acuerdos comerciales.
Esta evolución también se refleja en las cifras. Los 20 clubes con mayores ingresos del fútbol mundial generaron conjuntamente 12.400 millones de euros durante la temporada 2024/2025, según la edición 2026 de la Deloitte Football Money League. De ese total, 5.300 millones provinieron de actividades comerciales, 4.700 millones de derechos audiovisuales y 2.400 millones de ingresos relacionados con los estadios.
Figura. Distribución de los ingresos de los principales clubes de fútbol (2024/2025)

Más allá de su magnitud, estas cifras muestran un aspecto fundamental: el deporte moderno ha diversificado significativamente sus fuentes de ingresos. Esta diversidad no convierte automáticamente dichos ingresos en activos financiables, pero sí amplía el universo de derechos económicos susceptibles de análisis desde la perspectiva del mercado de capitales.
Cuando un flujo de ingresos se convierte en un activo financiero
Desde la óptica de un gestor de activos, el verdadero valor no reside en el estadio, el escudo o la popularidad de un equipo. Reside en la calidad del flujo de caja.
Las metodologías desarrolladas por agencias como Fitch Ratings para evaluar operaciones relacionadas con franquicias deportivas, ligas e instalaciones muestran que el análisis se centra en la capacidad de determinados ingresos para respaldar obligaciones financieras. En términos generales, existen varios atributos que incrementan el atractivo de un flujo para una eventual estructuración financiera.

Fuente: elaboración propia
Estos atributos ayudan a explicar por qué dos organizaciones deportivas con niveles similares de ingresos pueden presentar perfiles financieros completamente distintos. Un contrato audiovisual firmado por varios años con una contraparte de alta calidad ofrece una estabilidad muy diferente a ingresos vinculados exclusivamente a la venta de entradas o al rendimiento deportivo.
El papel de la securitización de activos
Es precisamente en este punto donde la securitización adquiere relevancia. Lejos de crear valor por sí misma, la securitización de activos permite estructurar determinados derechos económicos para transformarlos en instrumentos financieros respaldados por flujos futuros. En otras palabras, convierte ingresos que se recibirían a lo largo del tiempo en capacidad de financiación presente.
Para organizaciones deportivas, esto puede representar una alternativa para financiar infraestructura, refinanciar deuda, desarrollar nuevas líneas de negocio o acelerar proyectos de crecimiento sin depender exclusivamente de financiación bancaria tradicional.
No obstante, la viabilidad de una operación depende menos de la notoriedad de la organización y más de la calidad de los flujos subyacentes, de la estructura jurídica y de los mecanismos de protección incorporados para los inversores.
Un caso práctico: Inter de Milán
Los conceptos anteriores dejan de ser teóricos cuando se observan en una operación real. Uno de los ejemplos más ilustrativos es Inter Media and Communication S.p.A., la sociedad creada para gestionar determinados ingresos audiovisuales y comerciales del FC Internazionale Milano.
Más que financiar un club de fútbol, la operación demuestra cómo determinados derechos económicos pueden organizarse mediante una estructura diseñada para ofrecer a los inversores una fuente de repago claramente identificable. En 2017, la compañía emitió 300 millones de euros en notas senior garantizadas dirigidas a inversores institucionales. Posteriormente, en 2022, realizó una nueva emisión por 415 millones de euros, cuyos recursos se destinaron principalmente a refinanciar la deuda existente y fortalecer la estructura financiera del grupo.
Lo interesante de esta operación no es únicamente su tamaño. La estructura se apoyó en ingresos identificables procedentes de contratos audiovisuales y de patrocinio, administrados mediante mecanismos específicos de cobro y protección para los tenedores de las notas. Este enfoque permitió aislar parcialmente dichos flujos del resto de la actividad operativa del club y ofrecer a los inversores una mayor visibilidad sobre la fuente de repago.
El caso demuestra que el mercado de capitales no financia simplemente una marca deportiva de prestigio. Financia estructuras respaldadas por derechos económicos cuya estabilidad y trazabilidad pueden analizarse de forma objetiva.
Una lección que trasciende el deporte
La industria deportiva constituye un excelente laboratorio para comprender una tendencia más amplia del mercado de capitales. Cada vez más, el valor económico se concentra en activos intangibles capaces de generar ingresos recurrentes: contenidos, propiedad intelectual, contratos comerciales o derechos de explotación. La securitización ofrece una herramienta para canalizar parte de ese valor hacia el mercado de capitales mediante estructuras diseñadas para transformar flujos futuros en financiación presente.
El deporte ilustra esta evolución de forma especialmente clara. No porque sea una industria excepcional, sino porque muestra cómo los mercados ya no observan únicamente activos físicos, sino la capacidad de determinados derechos económicos para producir flujos de caja estables y estructurables.
El Mundial puede haber terminado, pero deja una enseñanza que trasciende el deporte. A medida que las industrias generan una proporción creciente de su valor a partir de contratos, propiedad intelectual y otros derechos económicos, el reto para el mercado de capitales deja de ser identificar activos físicos y pasa a comprender la calidad de los flujos que esos activos son capaces de generar.
En ese contexto, la securitización representa mucho más que una alternativa de financiación. Es una herramienta que permite conectar determinados activos generadores de ingresos con inversores que buscan flujos identificables, estructurados y transparentes.
Los mercados no invierten en la emoción del deporte; invierten en la calidad de los flujos que esa emoción es capaz de generar. Quizá esa sea la principal lección financiera que deja el Mundial: el partido termina en el estadio, pero el verdadero valor económico continúa mucho después del pitazo final.
Sobre FlexFunds
Durante más de 15 años, FlexFunds ha trabajado junto a gestores de activos e instituciones financieras en el diseño de soluciones que facilitan el acceso al mercado de capitales mediante vehículos de inversión con estándares internacionales de distribución.
La evolución de industrias como la deportiva demuestra que la estructuración financiera y la securitización continúan ampliando las posibilidades para transformar determinados derechos económicos en soluciones de financiación e inversión. Comprender la naturaleza de los flujos subyacentes y seleccionar la estructura adecuada constituye un elemento clave para el éxito de este tipo de operaciones.
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