La industria vive una transformación profunda marcada por la tecnología, la regulación y el cambio en las preferencias de los inversores. Estas tendencias están redibujando la gestión de activos en una profesión cada vez más multidisciplinar, donde los conocimientos técnicos y las soft skills tienen cada vez más peso.
Según la experiencia de Alberto Salgado Pérez, director de Inversiones, Gestión de Carteras y Especializada en Gescooperativo, detrás de la corbata, las horas de ordenador y la reunión con clientes, estamos ante una combinación exigente de formación técnica, adaptación constante y cualidades personales que no siempre son visibles. Con él hemos charlado sobre cómo ha evolucionado el perfil de los profesionales de la industria, a raíz de la última guía didáctica publicada por Gescooperativo.
¿Qué capacidades diferencian hoy a un profesional que realmente puede construir una carrera sólida en asset management frente a hace diez o quince años?
Hace diez o quince años, una carrera en gestión de activos se apoyaba principalmente en una adecuada formación financiera y el análisis de los mercados. Hoy esos fundamentos siguen siendo clave, y necesarios, pero ya no bastan. El entorno es mucho más volátil y cambiante, condicionado por la tecnología, la regulación y una geopolítica cada vez más determinante.
El profesional actual debe mostrar adaptabilidad constante, entender el uso de datos, modelos y herramientas digitales, y combinarlo con criterio inversor. La regulación exige una visión más transversal del riesgo y del negocio. Además, factores geopolíticos influyen directamente en las decisiones de inversión. En este contexto, ganan peso las habilidades cualitativas: pensamiento crítico, capacidad de comunicación y una ética sólida.
¿Cree que hoy pesan más otras habilidades, como la capacidad de comunicar, interpretar datos, gestionar relaciones o entender el negocio de forma transversal?
El conocimiento técnico sigue siendo imprescindible, porque al final estamos hablando de analizar compañías, valorar activos y gestionar riesgos. Pero es verdad que hoy las habilidades diferenciales son mucho más amplias. La capacidad de interpretar datos, comunicar una idea de inversión de forma clara, trabajar en equipo o entender cómo encaja la gestión dentro del negocio global de una entidad tiene cada vez más valor. La figura del gestor aislado prácticamente ha desaparecido. La gestión de activos se ha vuelto más transversal: requiere entender el negocio del cliente, coordinar distintas funciones y gestionar relaciones a largo plazo en un entorno de alta competencia. En ese marco, la comunicación, el criterio y la visión global marcan la diferencia entre un buen técnico y un profesional con verdadero recorrido.
La irrupción de la IA y de las herramientas cuantitativas está cambiando muchos procesos dentro de las gestoras. ¿Cómo cree que evolucionará el perfil del gestor o analista en los próximos años y qué tareas seguirán siendo claramente humanas?
El perfil del gestor evolucionará hacia un rol más híbrido. La IA y las herramientas cuantitativas asumirán tareas de cribado, análisis masivo de datos y optimización, liberando tiempo para funciones de mayor valor añadido. Seguirán siendo claramente humanas la formulación de hipótesis, el juicio en entornos de incertidumbre, la integración de factores cualitativos (incluida la geopolítica) y la toma de decisiones bajo presión. También lo será la relación con clientes y la responsabilidad última sobre el riesgo asumido.
En un entorno donde crecen los ETFs, la gestión indexada y la presión sobre márgenes, ¿qué tipo de talento están demandando realmente hoy las grandes gestoras y boutiques independientes?
Las gestoras buscan talento realmente con capacidad de diferenciación. Demandan perfiles con fuerte base analítica, pero también con visión estratégica, capacidad de innovar procesos y entender la cadena de valor de la gestora y del cliente. La adaptabilidad, la eficiencia operativa y la capacidad de comunicar son claves en un entorno donde los márgenes de las gestoras se ven presionados.
Muchos jóvenes profesionales quieren dedicarse a la gestión, pero perciben una industria cada vez más competitiva y cerrada. ¿Qué recomendaría hoy a alguien con ambición de llegar a ser gestor: formación académica, certificaciones como CFA, experiencia internacional, especialización sectorial o capacidad comercial?
Una base académica sólida (Economía, ADE, Matemáticas, incluso Derecho…) es indispensable; un máster especializado en mercados o, aún mejor, el CFA, aporta una garantía de conocimientos mínimos que serán absolutamente necesarios. Aunque soy partidario de dar oportunidades a profesionales jóvenes con auténtica pasión por este mundo aun no teniendo esa formación complementaria. La motivación y el gusto por la profesión han de llevarle a un interés real por la realidad de las empresas, pero también de la realidad macro y geopolítica global. La experiencia práctica enseña cosas que no aparecen en los manuales. También es importante dominar el inglés y desarrollar curiosidad intelectual, porque esta profesión exige aprender constantemente. En mi opinión, la experiencia internacional no es un requisito básico, aunque siempre ayuda aportar una visión diferente. Finalmente, el saber comunicar es un factor diferencial que da un plus al profesional.
La gestión de activos ya no se limita únicamente a construir carteras; alternativos, private markets, ESG, tecnología, wealth management o planificación patrimonial están convergiendo. ¿Hasta qué punto cree que el futuro pertenece a perfiles híbridos capaces de combinar inversión, negocio y relación con cliente?
El futuro apunta claramente a perfiles híbridos, aunque no generalistas. La convergencia de inversión, alternativos, tecnología y planificación patrimonial exige profesionales capaces de conectar decisiones de cartera con soluciones concretas para el cliente. Entender el riesgo, el producto y el propósito patrimonial gana peso frente a la pura selección de activos. Quien sepa integrar inversión y relación tendrá ventaja en modelos cada vez más orientados a soluciones.
Si tuviera que identificar las tres cualidades que distinguirán a los grandes profesionales de la gestión de activos en la próxima década, ¿cuáles serían y por qué?
Probablemente destacaría tres cualidades. La primera, la disciplina, porque gestionar inversiones exige mantener un método incluso en momentos de mucha presión o ruido de mercado. La segunda, la capacidad de adaptación, ya que la industria está cambiando constantemente y quien no evolucione se quedará atrás. Y la tercera, la humildad intelectual. Los grandes profesionales suelen ser personas con criterio, pero también con capacidad para cuestionarse y seguir aprendiendo.
¿Qué herencia cree que están dejando los profesionales más senior, incluso que se están jubilando ahora, a los más junior de esta industria?
Los profesionales senior dejan una herencia de criterio, disciplina y visión de largo plazo. Han vivido ciclos completos, crisis y cambios estructurales, y transmiten prudencia en la toma de riesgos. También enseñan que no hay atajos: la experiencia es un grado, como en todas las profesiones, especialmente en gestión de activos.



