La Copa Mundial de la FIFA 2026 puede incidir en la dinámica del tipo de cambio peso-dólar a través de varios canales macrofinancieros y microestructurales; es altamente probable que por un mes la divisa mexicana se vea inmersa en cierto letargo, pero ¿y después?
Según analistas, el punto clave es que el efecto del mundial no se trata de un “driver” estructural de largo plazo, sino de un shock transitorio con efectos potencialmente asimétricos, dependiendo del momento del ciclo y del posicionamiento de mercado.
El peso mexicano cotiza rumbo a las 17 unidades por dólar; en el año registra una apreciación de 4,05% pese al contexto geopolítico altamente complejo. A la divisa mexicana se le denomina nuevamente como el “superpeso”, y se estima que la fiebre mundialista lo mantenga estable o con una mayor apreciación.
El mundial de fútbol tiende a generar un aumento significativo en aspectos como: ingresos por turismo internacional (cuenta de servicios); consumo de no residentes en territorio mexicano; entradas de divisas por eventos, patrocinios y derechos asociados.
Esto implica mayor oferta de dólares en el mercado spot, así como potencial apreciación marginal del peso durante la fase de mayor afluencia.
No obstante, el impacto suele ser acotado y de corta duración, ya que parte del gasto se canaliza vía plataformas internacionales (menor derrama cambiaria directa); además hay efectos compensatorios en importaciones asociadas al evento.
T-MEC a la vista y geopolítica, los riesgos
El mundial de fútbol solo durará poco más de un mes, después todo volverá a la normalidad; el asunto es que ya en el segundo semestre del año algunos factores deberán considerarse para determinar la trayectoria de la divisa emergente más líquida de los mercados globales, el peso mexicano.
Funds Society platicó con Gabriela Soni, directora de estrategias de inversión para México en UBS, en torno a la situación del peso, especialmente para el segundo semestre del año.
Para la especialista, la renegociación del T-MEC así como los riesgos geopolíticos, son hoy los factores que más pueden determinar la trayectoria futura de la divisa.
“Nosotros vemos dos riesgos principales: un endurecimiento de las condiciones financieras globales y la incertidumbre en torno al T-MEC. En el tema de episodios de mayor aversión al riesgo—en un contexto de tensiones geopolíticas elevadas—se puede generar volatilidad cambiaria, salidas de capital y presión sobre el peso. Aun así, México está mejor posicionado que en episodios anteriores gracias a fundamentos internos más sólidos. Respecto a la revisión del T-MEC aunque esperamos que el acuerdo evolucione más y no que se rompa, el proceso de negociación podría detonar episodios de volatilidad”, dijo la especialista.
De acuerdo con Gabriela Soni, el peso se fortaleció en años recientes gracias a una combinación de factores idiosincráticos que lo diferenciaron de otros emergentes: un diferencial de tasas ampliamente favorable que atrajo flujos de carry, la resiliencia de la economía estadounidense que impulsó exportaciones y remesas, fundamentos macro relativamente sólidos frente a sus pares, y la narrativa del nearshoring. En conjunto, estos elementos generaron un entorno excepcionalmente favorable para la moneda.
Pero, también hay otros factores que podrían presionar a la moneda en el mediano plazo; por ejemplo, el recorte de las tasas de interés en México, a contracorriente de la tendencia mundial en un contexto de presiones inflacionarias.
“El margen para que Banxico siga recortando la tasa existe, pero es cada vez más limitado y altamente dependiente del entorno. La reciente decisión de Banxico de retomar el ciclo de recortes refleja un balance delicado entre una economía débil y un entorno inflacionario aún complejo”, señala la experta.
“Adicionalmente, el diferencial de tasas frente a EE.UU. ya se ha reducido de forma importante, lo que limita el soporte que el carry ofrecía al peso. En este contexto, si bien anticipamos que podría materializarse un recorte adicional, se requerirá evidencia clara de que las presiones inflacionarias —incluyendo las derivadas del choque petrolero— son transitorias. De lo contrario, el margen de maniobra podría agotarse rápidamente, con implicaciones para el tipo de cambio”, dice.
Respecto a la inminente revisión (o renegociación del T-MEC), Gabriela Soni explica: “En nuestra opinión, las disputas comerciales en el marco del T-MEC constituyen el riesgo más probable hoy día; aunque hasta hoy el peso ha mostrado una sensibilidad limitada ante esta incertidumbre, respaldado por la solidez de los flujos comerciales y el marco jurídico del propio tratado, que garantiza su vigencia por diez años adicionales aun en ausencia de un acuerdo de extensión. En un escenario extremo —como una amenaza de salida por parte de EE.UU.—anticiparíamos una depreciación del peso en el corto plazo. Sin embargo, consideramos que este movimiento sería probablemente transitorio, ya que podría interpretarse como una táctica de negociación”.
Para la especialista de UBS el peso será una moneda resiliente pese a los periodos de presiones eventuales que se anticipan.
“Nuestras proyecciones apuntan a una apreciación gradual del peso hacia adelante, con niveles de 17,7 para el cierre del segundo trimestre de 2026, 17,5 para el tercero y 17,2 tanto para finales de año como para el primer trimestre de 2027. No obstante, anticipamos una trayectoria no lineal, con episodios de volatilidad asociados tanto a factores externos como locales, particularmente en torno al T-MEC y a las decisiones de política monetaria de México y EE.UU”.
Este año quizás no será otro periodo de “superpeso”, considera la analista de UBS: “El entorno ha cambiado: el diferencial de tasas entre México y EE.UU. es menor, el contexto geopolítico es más complejo y las negociaciones del T-MEC introducen un nuevo foco de incertidumbre. Más que un “superpeso”, 2026 se perfila como un periodo de estabilidad relativa con episodios de ajuste, donde la moneda podría recuperar terreno en la medida en que se estabilicen las condiciones globales”, concluye.




