El inicio de noviembre ha dejado marcado en rojo el pasado día 5 tras el desplome de las acciones de semiconductores e infraestructuras de inteligencia artificial (IA). Según los expertos de las firmas internacionales de inversión, la jornada bursátil estuvo marcada por una severa ola de aversión al riesgo a escala global, impulsada por la aceleración en las ventas de empresas de semiconductores tras confirmarse la victoria demócrata en ambas cámaras del Congreso de EE.UU..
Este episodio en el sector tecnológico provoca, según el último informe de Cecabank, que el sentimiento de mercado continúe deteriorándose provocada por dudas sobre la sostenibilidad del ciclo de inversión en inteligencia artificial. “El entorno se ha desplazado claramente hacia un modo risk-off, favoreciendo activos refugio y reforzando las expectativas de moderación del crecimiento global. No obstante, más que una salida masiva de capital de la renta variable, la sesión reflejó una fuerte rotación hacia sectores defensivos. El S&P 500 cayó un 4,4%, el Nasdaq Composite un 5,5% y el Nasdaq 100 un 6,4%, en su peor sesión desde marzo de 2020”, señala el informe.
“Se trata de un movimiento de aversión al riesgo muy pronunciado, liderado por los sectores de la inteligencia artificial y la tecnología. El Nasdaq cayó un 5,5% y el Índice de Semiconductores de Filadelfia, alrededor de un 12%, lo que ha revertido el repunte inicial tras las elecciones. Esto se ha trasladado directamente a Asia, donde Taiwán y Corea se han visto especialmente afectados en la apertura de los mercados asiáticos dada su gran exposición a los semiconductores, la memoria y la cadena de suministro de la IA en general. La principal preocupación para los mercados es cómo podrían afectar los resultados de las elecciones de mitad de mandato en EE.UU. al ritmo de la inversión en IA”, señala Pruksa Iamthongthong, directora de Renta Variable de Asia-Pacífico en Aberdeen Investments.
La influencia de las elecciones de midterm
Según explica Iamthongthong, los avances de los demócratas han aumentado la preocupación en torno a un mayor escrutinio del desarrollo de los centros de datos, en un momento en el que los inversores ya se cuestionaban la financiación y la rentabilidad que sustentan la magnitud del gasto de capital en IA. “Esto explica por qué la reacción se ha concentrado en el sector tecnológico y por qué los rendimientos de los bonos del Tesoro de EE.UU. han caído, ya que los inversores descuentan una expansión de la IA potencialmente más lenta y un crecimiento más débil”, aclara.
En opinión de Laura Torres, directora de Inversión de IMB Capital Quants, el temor del mercado a una regulación agresiva sobre la inteligencia artificial y los centros de datos desató una huida masiva del sector tecnológico, contrarrestando la solidez en los datos laborales estadounidenses, con las solicitudes de desempleo cayendo a 189.000 y la productividad subiendo un 3,6%.
“En el segmento de las grandes corporaciones de megacapitalización, la incertidumbre regulatoria y operativa generó dinámicas encontradas. Apple logró captar un impresionante interés institucional al recibir más de 31.000 millones de dólares en órdenes para su emisión de bonos de grado de inversión, buscando recaudar hasta 7.000 millones. Por su parte, Google reafirmó sus planes de infraestructura al anunciar una inversión de 17.000 millones de dólares en su primer centro de datos en Wyoming. En contraste, Microsoft incrementó la supervisión sobre sus proveedores de infraestructura en la nube (como Nebius, IREN y Nscale) ante crecientes retrasos en las obras y sobrecostos en sus centros de datos en Texas. Asimismo, los temores sobre la cadena de suministro se acentuaron por las trabas regulatorias anticipadas por Fitch sobre nuevos proyectos en Texas, Georgia u Ohio, sumadas a la revisión a la baja del precio objetivo de ARM Holdings por parte de UBS”, explica Torres.
Desde Julius Baer coinciden en que la volatilidad del triunfo demócrata en los mercados ha puesto de manifiesto nuevas inquietudes sobre el gasto inversor de la fiebre por la IA. “El repunte posterior a las elecciones intermedias fue abrumador, lo que demostró la postura defensiva que habían adoptado los inversores ante una votación potencialmente conflictiva. A veces, un resultado claro e indiscutible basta, pero el alivio duró poco: durante la noche, el temor a que un Congreso demócrata pudiera frenar el despliegue de la inteligencia artificial (IA) provocó una debacle tecnológica a escala global. El Nasdaq cayó un 5,5 %, los mercados asiáticos de semiconductores siguieron la misma senda, y tanto los bonos como el oro registraron entradas en busca de refugio. El primer veredicto del mercado sobre las elecciones estuvo, por tanto, lejos de ser definitivo”, añade Christian Gattiker, director de análisis de Julius Baer.
Aún queda ciclo
Desde UBS Global Wealth Management sostiene que esta caída responde a un reajuste del posicionamiento y que no indica un deterioro duradero del ciclo de inversión en IA. Es más, consideran que existe potencial alcista en los índices bursátiles amplios en los próximos 6-12 meses. Y reconocen que, dado que es posible que haya más volatilidad, los inversores deberían centrarse en gestionar los riesgos de concentración, reequilibrar una exposición excesiva a tecnología y construir una sólida cartera multiactivo core.
“Creemos que el ciclo de inversión en IA sigue intacto, que el crecimiento de los beneficios empresariales es resiliente y que un contexto cíclico global positivo debería respaldar a la renta variable. Aunque podríamos asistir a un periodo de indigestión del mercado tras los resultados electorales, no creemos que los fundamentales justifiquen una caída prolongada”, asegura Mark Haefele, CIO de UBS Global Wealth Management.
Clémence Rusek, estratega de Inversión Senior, Multi Asset Boutique, Vontobel, coincide con esta visión y defiende que el ciclo de la IA aún no ha tocado techo. “La demanda sigue siendo sólida y los últimos resultados empresariales confirman que la capacidad de cómputo escasea. Los inversores están sopesando el ritmo de crecimiento de la IA frente al coste de financiarlo y se están volviendo más selectivos, premiando a las compañías que pueden financiar sus inversiones con sus propios beneficios”, argumenta.
Por último, Fidelity International comenta que la siguiente fase del ciclo de inversión favorecerá cada vez más a las empresas de mayor calidad con un acceso más fácil a la financiación, mientras las oportunidades se amplían hacia las empresas que adoptan la IA, y no solo hacia aquellas centradas exclusivamente en el gasto de capital. “En los últimos meses hemos reducido y ajustado la composición de nuestro posicionamiento en IA y tecnología. Mantenemos estas posiciones en niveles más reducidos, evaluamos los mercados desde una perspectiva técnica y buscamos oportunidades para aumentar la exposición a empresas de mayor calidad, teniendo en cuenta estos factores”, concluye la gestora en su último informe.



Por Beatriz Zúñiga
Por Antonio Sandoval