Taiwán se ha consolidado como un hub estratégico global en el desarrollo de tecnología vinculada a la inteligencia artificial (IA), tanto en la fabricación de semiconductores avanzados como en la construcción de infraestructura crítica para su despliegue. Su posición dominante no es reciente: es el resultado de más de tres décadas de especialización en manufactura tecnológica, lo que hoy le permite liderar los eslabones más complejos de la cadena de valor de la IA.
En este contexto, y ante el creciente interés de los inversionistas por esta temática, Funds Society entrevistó en exclusiva a Ronald Chan, CIO de Taiwán en Nomura Asset Management, quien analiza las dinámicas estructurales del mercado, el posicionamiento diferencial de la isla y las oportunidades que se abren para los inversionistas globales.
¿Por qué Taiwán se ha convertido en un actor clave en el desarrollo de la IA?
Taiwán ha sido históricamente muy fuerte en la manufactura de hardware tecnológico. Durante más de 30 años ha producido computadoras personales, teléfonos móviles y componentes electrónicos. Esta base industrial ha facilitado que, con el auge reciente de la inteligencia artificial, el país se haya convertido en un destino natural para la fabricación de hardware vinculado a la IA.
En ciclos anteriores, cuando una tecnología maduraba, China solía entrar con gran capacidad productiva, generando exceso de oferta y presionando los precios a la baja. Sin embargo, en el ciclo actual de la IA esto no está ocurriendo ni se espera que ocurra.
¿Qué explica la ventaja tecnológica de Taiwán frente a China?
El principal factor es que China no tiene acceso a tecnologías clave de EE. UU. para el desarrollo de la IA, lo que limita su capacidad para fabricar chips avanzados. Actualmente, China puede producir nodos de hasta 7 nanómetros, mientras que tecnologías más avanzadas —5 nm, 3 nm o incluso 1.6 nm— están dominadas por Taiwán.
Además, China carece del software necesario para diseñar estos chips. Si las restricciones tecnológicas persisten, la brecha seguirá ampliándose. Según estimaciones de Nomura AM, Taiwán lleva entre cinco y seis años de ventaja en la fabricación de semiconductores avanzados.
Esta ventaja se extiende a toda la cadena de suministro. Los precios de los componentes están aumentando, impulsados por la creciente sofisticación tecnológica. La IA puede dividirse en dos grandes bloques: la fabricación de chips y la infraestructura necesaria para operarlos. En el primer caso, los avances han incrementado la capacidad de cómputo, pasando de arquitecturas bidimensionales a tridimensionales, lo que exige tecnologías más avanzadas y tasas de rendimiento muy elevadas, en torno al 90%-95%, dada la complejidad y el costo de producción.
¿Qué papel juega la infraestructura en el desarrollo de la IA?
La infraestructura es un elemento crítico. En los centros de datos, los chips se agrupan en racks que pueden albergar cientos de unidades. Actualmente, compañías como NVIDIA trabajan con configuraciones de hasta 144 chips por rack, duplicando la capacidad previa.
Este aumento de densidad implica mayor consumo energético y generación de calor, lo que ha impulsado tecnologías como la refrigeración líquida, donde las empresas taiwanesas tienen un papel destacado.
También se han producido avances significativos en componentes como las placas de circuito impreso (PCB). Hace 30 años era habitual trabajar con cuatro capas; hoy se requieren hasta 40. Esto demanda materiales más avanzados, como los sustratos ABF, que permiten una transmisión eficiente de datos entre capas.
Las mejoras en materiales, capacidad de cómputo y eficiencia están fortaleciendo el poder de fijación de precios del sector. A ello se suma un entorno de inversión en capital (capex) más cauteloso, en parte por las tensiones comerciales, lo que limita la oferta.
Al mismo tiempo, la demanda sigue creciendo con fuerza, impulsada por los proveedores de servicios en la nube (hyperscalers) y el desarrollo de la llamada “IA soberana”, con gobiernos en Japón, China, Medio Oriente, Europa y EE. UU. invirtiendo en sus propias infraestructuras. Este desequilibrio entre oferta y demanda está elevando precios y volúmenes, lo que podría traducirse en crecimientos de utilidades del 30%-40% anual para las compañías de la cadena de suministro taiwanesa en los próximos años.
¿Puede Estados Unidos replicar el ecosistema de Taiwán?
Aunque Estados Unidos está promoviendo inversiones en manufactura —por ejemplo, con nuevas plantas en Arizona— replicar el ecosistema de Taiwán es complejo. Estas fábricas podrían producir chips de 3 nanómetros en el corto plazo, mientras que TSMC (Taiwan Semiconductor) ya trabaja en tecnologías de 1.6 nanómetros.
Más allá de la fabricación, el reto es relocalizar toda la cadena de suministro. En Taiwán, los procesos de ensamblaje, pruebas y limpieza están altamente integrados, algo que no ocurre en EE. UU. De hecho, incluso los chips fabricados en Arizona deben enviarse de vuelta a Taiwán para completar estas etapas.
Este liderazgo se refleja en el comercio exterior: las exportaciones de Taiwán crecieron cerca de un 70% interanual, impulsadas en gran medida por chips avanzados y equipos para centros de datos.
¿Cómo influye el contexto geopolítico en la relación entre China y Taiwán?
Hace ocho años, la brecha económica y militar entre EE. UU. y China era mayor. Hoy, China ha reducido significativamente esa distancia, lo que hace más complejas las estrategias de presión tradicionales.
Además, las tensiones entre EE. UU. y otros aliados han reconfigurado el equilibrio global, mientras que la relación comercial entre EE. UU. y China parece estabilizarse en términos relativos. China también controla un elemento estratégico clave: las tierras raras, fundamentales para las industrias tecnológica y militar.
Aunque el riesgo geopolítico sigue presente, el mercado lo ha incorporado en gran medida. Desde la perspectiva de Taiwán, una eventual invasión implicaría costos muy elevados para todas las partes, ya que destruiría capacidades críticas como la industria de semiconductores, de la que China también depende.
Actualmente, según el Ministerio de Finanzas de Taiwán, alrededor del 30% de sus exportaciones se destinan a China, especialmente chips de alta gama, lo que evidencia la interdependencia entre ambas economías.
¿Cómo pueden los inversionistas acceder a esta oportunidad mediante una estrategia UCITS?
Invertir directamente en la cadena de valor tecnológica de Taiwán no es sencillo para inversionistas internacionales, ya que muchos vehículos locales requieren identificación doméstica. Alternativas comunes, como los ETFs, ofrecen una exposición más general y suelen estar altamente concentradas, con pesos de hasta 20%-25% en TSMC.
Nomura propone una solución a través de una estrategia UCITS que combina cuatro fondos locales de alta convicción, todos con más de 20 años de trayectoria y gestionados por los mismos equipos. Esta estructura integra un fondo “core”, uno tecnológico, uno orientado a crecimiento y otro de estilo valor, proporcionando diversificación por estilos y un desempeño más equilibrado a lo largo del ciclo.
Con un equipo de 65 profesionales de inversión en Taiwán y cerca de 20.000 millones de dólares en renta variable —de los cuales 17.000 millones están enfocados en el mercado taiwanés— y 25 años de experiencia operando en la isla, la gestora ha desarrollado un profundo conocimiento local. La estrategia UCITS ofrece liquidez, un sesgo hacia crecimiento y permite capturar el potencial de la cadena tecnológica de la IA mediante un diseño diferenciado que combina las capacidades de selección de valores de sus cuatro estrategias locales de alta convicción.



