Un 2025 excelente ha devuelto a los mercados emergentes (ME) a un primer plano. Su mayor solidez fundamental, impulso de crecimiento y niveles de volatilidad cada vez más similares a los de sus homólogos desarrollados han puesto de manifiesto las ventajas de una asignación en esta diversa clase de activos. Michael Bourke y Charles de Quinsonas, gestores de mercados emergentes en renta variable y renta fija respectivamente, ofrecen una actualización sobre la clase de activo desde la perspectiva de M&G Investments.
¿Qué capturó vuestro interés por la inversión en ME?
MB: Yo nunca tuve un «plan maestro» al respecto, pero las economías en desarrollo siempre me han interesado. Crecí en Irlanda en los años ochenta, y en esa época el país era más pobre que hoy, con mucho paro y altos niveles de emigración. Esto hizo que no tardara en interesarme el proceso de desarrollo o «transformación» de una economía, lo cual nunca ha dejado de fascinarme.
CDQ: A diferencia de Michael, yo diría que lo que me acercó a los ME fue el hecho de haberme concentrado exclusivamente en los mercados desarrollados (MD): siempre quise saber más sobre más cosas.
Los ME me han interesado siempre. Pese a no ser malo en matemáticas y finanzas, lo que me fascina no son las cifras sino la historia y la geopolítica; los ME ofrecen el mejor equilibrio entre ambas esferas. Cubriendo este universo uno aprende continuamente: es un segmento muy gratificante a nivel intelectual.
¿Tenéis un mercado emergente favorito?
MB: Desde una perspectiva de inversión, no: invertimos en compañías, no en países. Su riqueza y variedad son parte del atractivo, y decantarse por un país determinado puede crear un punto ciego peligroso.
Pasamos bastante tiempo viajando. Los logros de regiones como Corea del Sur, Taiwán o China son increíbles. Su avance económico en tan poco tiempo ha sido excepcional.
CDQ: No tenemos sesgo alguno hacia países específicos. A nivel personal, no obstante, mis países preferidos son los que me han sorprendido. En Kazajistán, por ejemplo, visité Almaty sin tener expectativa alguna. Pero ver las montañas nevadas desde el avión y luego aterrizar con una temperatura de 36 grados, puso de manifiesto la naturaleza polifacética de la ciudad: es un auténtico crisol de influencias rusas, asiáticas y centroeuropeas.
¿Qué papel juega el análisis in situ o el diálogo con compañías a la hora de identificar oportunidades de inversión?
CDQ: La presencia local es sumamente útil para constatar la eficiencia del país: el tráfico, lo que se tarda en viajar, cuánto tiempo debe uno esperar en recepción.
Conocer al equipo directivo en persona es esencial a la hora de invertir, la comunicación no verbal revela muchísima información. Además, dedicar tiempo a realizar debidamente una visita hace que las inversiones resulten mucho más tangibles. Ello requiere más tiempo y recursos, pero merece la pena.
MB: Es muy importante visitar países y empresas para entender la eficiencia y la energía locales.
Como inversores activos, estos encuentros son cruciales. No contamos con analistas en cada país emergente, ni nos parece necesario; estar demasiado cerca de cualquier mercado individual puede provocar miopía. Nuestra perspectiva más analítica nos permite analizar un país de manera comparativa, y percibir aspectos que podrían pasar desapercibidos a sus habitantes.
¿Qué aspectos de los ME son interesantes actualmente?
CDQ: Estructuralmente, hacía tiempo que la deuda de ME no era tan atractiva como ahora. Los ME se están convirtiendo en una asignación menos táctica y más central para los inversores, al ser una clase de activos más diversificada y atractiva en el largo plazo.
MB: El panorama general parece positivo. La clase de activos ha salido fortalecida de varias crisis en los últimos años, lo cual en mi opinión demuestra su mejora fundamental. Esto ha provocado un gran repunte en el interés de los inversores.
¿Qué noción errónea sobre los ME os gustaría despejar?
CDQ: Hay muchísimas. Una sobre la que hemos hablado es que muchos inversores todavía consideran los ME como una apuesta de beta elevada. Por sí solo, el segmento de deuda corporativa de ME denominada en divisa fuerte es dos veces más grande que el mercado high yield americano, y no deja de crecer y diversificarse. La deuda de ME ofrece más renta, pero ello no significa que sea una clase de «activos basura». De hecho, la calificación de la mayoría de estos bonos es de grado de inversión.
MB: Muchos inversores aún consideran que la clase de activos es de naturaleza discrecional, sin reconocer lo mucho que ha cambiado. Vemos una disparidad creciente de crecimiento económico entre los ME y partes de los MD, a medida que los ME se convierten en el motor económico del mundo.
El valor de las inversiones fluctuará, lo cual provocará que el valor de las participaciones se reduzca o se incremente. Es posible que no recupere la cantidad invertida inicialmente. Las rentabilidades pasadas no son un indicativo de las rentabilidades futuras. Los puntos de vista expresados en este documento no deben considerarse como una recomendación, asesoramiento o previsión.
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