Harvey Schwartz, CEO de The Carlyle Group, fue contundente durante el evento Insite 2026, organizado por BNY: el mundo atraviesa una reconfiguración estructural de la economía global que generará oportunidades de inversión únicas, y el segmento wealth será uno de sus principales protagonistas.
Para Schwartz, el momento actual no admite medias tintas. «Creo que este es el punto de inflexión más importante en la formación de capital que he visto en mi vida», afirmó. El argumento es claro: las grandes tendencias que moldearon las finanzas durante décadas —desinflación, tasas declinantes, déficits manejables, integración económica global— o se han revertido o están en pausa. La única fuerza que no frena es la tecnología.
El trasfondo geopolítico es central en su análisis. La invasión rusa a Ucrania, sostuvo, fue «uno de los eventos más significativos de este siglo, quizás de los últimos 50 años», y junto con el conflicto en Medio Oriente reorientó por completo las prioridades de los gobiernos. «Dondequiera que voy en el mundo —Japón, Corea del Sur, Beijing, Europa Central— la narrativa es siempre la misma: seguridad nacional, crecimiento económico y estabilidad política», señaló.
Pero hay una redefinición clave en ese concepto. «La seguridad nacional históricamente era sinónimo de defensa. Ahora es un concepto mucho más amplio: abarca seguridad energética y seguridad de datos». Y esa ampliación, para Schwartz, es exactamente donde se concentrarán los flujos de capital privado durante los próximos años.
Defensa, energía y otros sectores donde Carlyle ve oportunidades
El CEO de Carlyle fue preciso sobre los sectores que concentrarán inversión. Aeroespacial y defensa, industriales y salud encabezan la lista, todos ellos convergiendo además con el avance tecnológico. «Miren todos los anuncios de inversión en defensa alrededor del mundo: Canadá, Europa, Japón. La demanda es enorme», apuntó.
Pero fue en energía donde Schwartz hizo uno de sus argumentos más fuertes, y donde Carlyle tiene una posición diferencial. «Fuimos la única gran firma de capital privado que mantuvo un negocio energético completo cuando la energía era impopular». Esa decisión, que en su momento pudo verse como contraria al consenso, hoy luce estratégica: «La conversación en todo el mundo pasó de ‘transición energética‘ a ‘diversificación energética‘, que en realidad es código para: necesito seguridad energética». El negocio de Carlyle en este sector va desde energía tradicional hasta renovables, cubriendo todo el espectro.
La tesis de fondo es que los gobiernos no pueden financiar solos esta transformación. «Los déficits son demasiado grandes. Entonces, ¿de dónde vendrá el capital? De los bancos, de los mercados públicos y del capital privado». Y en ese trío, los mercados privados —y los asesores financieros que los canalizan— tienen un rol protagónico.
La gestión patrimonial como motor del capital privado
Schwartz fue directo sobre el peso que el segmento wealth tendrá en este nuevo ciclo. «Hay 43 millones de hogares en Estados Unidos que gastan 15 billones de dólares al año. Eso es el tamaño de China. Toda esa riqueza necesita ser gestionada por esta audiencia», dijo ante los asesores presentes.
El ejecutivo describió cómo, al llegar a Carlyle, salió personalmente a escuchar a los asesores financieros antes de tomar decisiones. «Fui a hablar con ellos directamente. Les pregunté qué era importante para ellos, sobre construcción de portafolios, qué necesitaban sus clientes. Y me sorprendió lo sofisticados que son. Me molesta cuando leo artículos que dicen que los asesores están confundidos. No están confundidos. Gestionan enormes patrimonios, tan sofisticados como mi clase institucional».
En cuanto a la estrategia de producto para este segmento, Schwartz apostó por la diversificación como principio rector. «No tendrán el activo ganador que suba un 130% o un 40%, pero mitigarán gran parte del riesgo a la baja. Y a medida que la industria evoluciona, hay que construir los vehículos adecuados para esta audiencia». La advertencia implícita fue clara: el mundo cambia demasiado rápido para apostar todo a un solo sector. «Cuando llegué a Carlyle, todos me decían que el gran hueco era software. Tres años después, a nadie le gusta el software».
Pese a la complejidad del escenario, Schwartz cerró con optimismo. «Creo que todo esto puede ser muy, muy positivo para los mercados. Los retornos marginales sobre ese capital serán bastante atractivos durante la próxima década». El riesgo geopolítico es difícil de cuantificar, admitió, pero también genera ineficiencias que crean oportunidades para quienes cuentan con la escala y el conocimiento sectorial necesarios para navegar este entorno.



