Los mercados de renta variable entran en septiembre con el respaldo de los fundamentales empresariales: los resultados del segundo trimestre mostraron un fuerte crecimiento en la mayoría de los mercados y de los sectores y las estimaciones de beneficios por acción para 2026 se han revisado al alza.
Sin embargo, los inversores atisban puntos de fricción procedentes de la política monetaria: se enfrentan a la perspectiva de una subida de los tipos en Estados Unidos, tras un movimiento en este sentido por parte del BCE en los primeros compases del mes. “El debate se centra ahora en cuántas veces puede subir la Reserva Federal los tipos este año, en lugar de si lo hará”, recoge el informe de perspectivas mensuales de BNP Paribas Asset Management.
El documento, firmado por Chris Iggo, presidente de Investment Institute y director de inversiones de AXA IM Core (parte de BNP Paribas Asset Management); Daniel Morris, estratega jefe de mercado y codirector del Centro de Perspectivas de Inversión y Ecaterina Bigos, CIO de Asia ex-Japón de AXA IM Core, recoge que la inflación estadounidense sigue muy por encima del objetivo y que el nuevo presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, ha prometido volver a reducirla. “Cualquier subida del tipo de los fondos federales probablemente será un obstáculo para la renta variable al aumentar los costes de financiación”, apuntan los expertos, que detectan dos factores claves: la magnitud y la rapidez de la subida del precio del dinero. “Afortunadamente, se descarta cualquier situación similar a la del ciclo 2022-2023, cuando los tipos subieron más de 500 puntos básicos”, auguran, para argumentar que un ligero aumento del tipo oficial “debería ser digerible en última instancia mientras el crecimiento siga siendo resiliente”.
En este escenario, existen temáticas que siguen siendo válidas:
1.- La ventaja de los centros de datos. La creciente construcción de centros de datos en Estados Unidos está impulsando una amplia reactivación en los sectores de la industria pesada tangible, en contraste con el auge de la inteligencia artificial en el este de Asia. En Taiwán, Corea del Sur y Japón, la narrativa de la IA se limita principalmente a la fabricación avanzada de hardware. Si bien es altamente lucrativo, este modelo de gran peso tecnológico crea una huella económica concentrada, con un contagio limitado a otros sectores.
Por el contrario, la construcción de la infraestructura física de los centros de datos estadounidenses desencadena un potente efecto multiplicador en todas las industrias nacionales tradicionales. En todo el mundo hay aproximadamente 13.385 centros, unos 4.400 de ellos, en Estados Unidos. El siguiente lugar con más centros es el Reino Unido, con una estimación de 5501. En Estados Unidos, la construcción central de centros de datos es casi totalmente interna. La ávida demanda de energía ha revitalizado el sector energético, lo que ha provocado inversiones en infraestructura de red, energía nuclear y despliegue de energías renovables.
Su construcción requiere de amplia ingeniería civil, la instalación de seguridad física y un mayor alcance regional de los suministros. Crea demanda de fabricación de equipos eléctricos pesados, además de producción estructural de acero y una demanda generalizada de ingeniería de construcción. En consecuencia, si bien Asia impulsa la IA a través de microchips, su desarrollo en Estados Unidos actúa como catalizador para un renacimiento industrial más amplio, elevando los sectores manufacturero, energético e industrial en toda la economía nacional.
2.- La opción de los convertibles. El ímpetu alcista de los rendimientos de los bonos sigue coexistiendo con un buen comportamiento del mercado de renta variable. Esto sugiere que las acciones seguirán batiendo a los bonos. Sin embargo, en el ámbito de la renta fija, no todo está perdido. Los inversores pueden beneficiarse potencialmente de factores similares a la renta variable en una cartera de renta fija, como, por ejemplo, con los bonos high yield, que presentan unos diferenciales de crédito a escala del índice en 260 puntos básicos en el mercado estadounidense y ligeramente superiores en Europa.
En un horizonte de vencimiento típico de tres años, supone un retorno compuesto potencialmente adicional de más del 8% en comparación con los bonos del Estado. Los bonos flotantes o títulos de tipo variable (floating rate notes en inglés) también pueden resultar atractivos en este entorno, especialmente si los bancos centrales presionan al alza los tipos.
Una clase de activo que puede beneficiarse tanto del aumento de los rendimientos como de un entorno alcista de la renta variable son los bonos convertibles. Algunos títulos de ese universo pagan tipos de interés variable. Los inversores se benefician de retornos similares a los que ofrecen los bonos, al tiempo que cuentan con la opción de convertirse en renta variable si el precio de las acciones de la empresa emisora sube. Los convertibles son algo complejos, pero ofrecen un perfil de retorno que podría ser potencialmente interesante en el entorno actual. En lo que va de 2026, los retornos de un índice global denominado en dólares estadounidenses superaron significativamente a la mayoría de los activos de renta fija y se comparan favorablemente con los retornos de muchos mercados de renta variable.
Por lo tanto, en BNP Paribas Asset Management proponen varias ideas de puesta en marcha.
1.- Tecnologías disruptivas en Estados Unidos y los mercados emergentes. El auge de la IA tiene el poder de transformar las operaciones empresariales y el empleo, al tiempo que ofrece nuevos productos y servicios innovadores y beneficiosos en toda la economía mundial. A medida que se desarrollen aplicaciones más potentes, abundarán las oportunidades de inversión en infraestructura de IA, la cadena de valor y las aplicaciones posteriores. “El potencial no materializado de la tecnología debería apuntalar un elevado gasto de capital continuado y unas oportunidades de inversión potencialmente rentables”, apuntan desde la firma.
2.- Renta variable europea. Las áreas estratégicas de interés relacionadas con la consecución de una mayor autonomía económica seguirán respaldando las oportunidades de inversión en renta variable europea en 2026. El gasto en defensa, infraestructuras digitales y tecnologías verdes tiene prioridad en toda Europa y contará con el apoyo de iniciativas nacionales y de la Unión Europea a lo largo de muchos años. Esto tendrá efectos multiplicadores en numerosos sectores, y dado que la renta variable europea cotiza con valoraciones inferiores a las de Estados Unidos o Japón, “las posibles oportunidades en el segmento europeo son claras”, en opinión de los expertos de la firma.
3.- High yield estadounidense. Las condiciones crediticias siguen siendo favorables para esta clase de activo, a juicio de BNP Paribas Asset Management. La razón es que el crecimiento mundial ha resistido la crisis energética y el crecimiento de los beneficios empresariales sigue siendo sólido. La subida de los tipos de interés ha empujado al alza los rendimientos y la Reserva Federal ha descartado cualquier posibilidad de bajada de tipos este año, ya que la inflación sigue por encima del 2% y “resulta probable que esto sustente los atractivos niveles de rendimiento del mercado de crédito”.
A pesar del aumento de la emisión de bonos corporativos investment grade, el high yield sigue beneficiándose de la mejora de la calidad crediticia y de la dinámica positiva tanto de los aspectos técnicos como de los flujos de caja. Los rendimientos superiores al 7% son atractivos y el retorno por rentas de los activos high yield estadounidenses ha superado el 4,2% en lo que va de 2026. En definitiva, “una selección de crédito enfocada y el uso discrecional del apalancamiento podrían mejorar el retorno total en relación con los índices de este segmento de mercado”.



