Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo (BCE), ha presentado hoy su dimisión, poniendo fin a meses de especulaciones sobre su futuro y coincidiendo con un periodo de creciente volatilidad económica y de política electoral polarizada en Europa. Lagarde dejará su cargo el 7 de febrero, nueve meses antes de que concluya oficialmente su mandato, lo que dará tiempo a los actuales líderes de la Unión Europea para elegir a su sucesor.
Esta decisión se produce en un momento en el que el BCE se enfrenta a los riesgos de inflación derivados de una crisis del petróleo provocada por la guerra en Irán, mientras que un fuerte aumento de los rendimientos de los bonos, especialmente en Francia, amenaza con frenar el crecimiento. «Dejo esta institución con la sensación de haber realizado un buen trabajo y de que el BCE está preparado para el futuro», afirmó Lagarde, de 70 años, en un breve vídeo compartido en redes sociales.
Según la agencia Reuters, fuentes cercanas afirmaron que Lagarde, exministra de Hacienda francesa y exdirectora del Fondo Monetario Internacional, había dimitido para poder intervenir en asuntos políticos tanto en Francia como a nivel mundial. Como presidenta del BCE, se esperaba que mantuviera la neutralidad para salvaguardar la independencia de la institución. La propia Lagarde no se ha pronunciado directamente sobre estas cuestiones. La agencia recuerda que ha afirmado que no se presentaría como candidata a la presidencia de Francia, pero que defendería los valores proeuropeos en su país de origen «desde cualquier cargo» que considerara más eficaz.
El presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, ha declarado que el proceso para encontrar al sucesor de Lagarde comenzará de inmediato. Es probable que este nombramiento forme parte de un paquete más amplio de puestos de alta dirección del BCE, que incluye el puesto en el Comité Ejecutivo de Isabel Schnabel, que abandonará el cargo a principios de enero, y el del economista jefe Philip Lane, cuya salida está prevista para mayo. Los antiguos gobernadores del banco central de los Países Bajos y España, Klaas Knot y Pablo Hernández de Cos, son considerados por muchos como los principales candidatos para sustituir a Lagarde.
La opinión de los expertos
Lale Akoner, estratega de Mercados Globales en etoro, afirmó que la salida de Lagarde «añade incertidumbre en un momento inoportuno», con una inflación elevada y los bonos franceses bajo presión. No obstante, admite que la moderada reacción inicial del mercado sugiere que los inversores esperan una continuidad en la política, en lugar de un cambio de rumbo abrupto. También considera que la sucesión es relevante tanto para los tipos de interés como para la respuesta del BCE ante las tensiones en el mercado de bonos. «Knot podría percibirse como partidario de una política más restrictiva y de un umbral más elevado para intervenir; por su parte, De Cos podría considerarse más dispuesto a actuar. Estas percepciones podrían influir en el euro y en los diferenciales de los bonos franceses, aunque ninguno de los candidatos decide la política monetaria por sí solo», concluye Akoner.
Por su parte, Matthew Ryan, responsable de Estrategia de Mercados de Ebury, coincide en que el momento elegido dista mucho de ser el ideal para el BCE, ya que «se produce en un contexto en el que la guerra de Irán mantiene la inflación muy por encima del objetivo del banco central, una situación que previsiblemente se prolongará durante algún tiempo». Además, resalta que los mercados europeos de deuda también se encuentran sometidos a fuertes tensiones, con el diferencial de rentabilidad entre los bonos franceses y alemanes en su nivel más elevado desde 2011.
También considera que Klaas Knot y Pablo Hernández de Cos se perfilan como los principales candidatos a sucederla. Ve a Knot partidario de una política monetaria más restrictiva que probablemente reforzaría las expectativas de nuevas subidas de los tipos de interés, lo que podría favorecer la apreciación del euro. Mientras, Hernández de Cos le parece un perfil más moderado en materia monetaria, por lo que previsiblemente otorgaría mayor importancia al crecimiento económico y a la estabilidad de los mercados de deuda, «una cuestión especialmente relevante en un momento de fuertes tensiones sobre la deuda soberana francesa». Con todo, no prevé que el relevo en la presidencia del BCE modifique la trayectoria de los tipos de interés a corto plazo, ya que aunque el presidente establece la agenda de la institución, «en última instancia su voto es uno más dentro del Consejo de Gobierno y rara vez se impone al consenso», pero también admite que un proceso de sucesión prolongado podría introducir volatilidad adicional en los mercados en un momento de especial fragilidad. «Por ello, cuanto antes se anuncie el nombre del sucesor, mejor”, sentencia.


Por Beatriz Zúñiga
