Con las ansiedades de una versión fuerte del fenómeno de El Niño confirmados, los mercados se preparan para lidiar con los impactos económicos en los países de América Latina. El consenso es que habrá consecuencias generalizadas por la disrupción de mercados como el energético y el agrícola, pero también espacios donde podría haber oportunidades. Además, actores del rubro financiero destacan que no todos los países de la región viven este fenómeno climático de la misma forma y con la misma intensidad.
Análisis de las Naciones Unidas advierten de un El Niño de magnitud histórica. Las estimaciones de la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) asignan una probabilidad de más de 90% de que el fenómeno alcance una intensidad muy alta durante el período otoño-invierno boreal (primavera-verano, en el hemisferio sur). Es más, la probabilidad de que llegue a un nivel histórico –el llamado Súper El Niño– la ubican en 69%.
Los impactos económicos van a ser profundamente heterogéneos y persistentes, según comentó la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en un reporte reciente. La entidad anticipa una contracción del PIB real, presiones inflacionarias, pobreza y una vulnerabilidad crítica en sectores clave, como energía, pesca, agricultura y algunas infraestructuras.
Desde Neuberger comparten la visión de que el fenómeno de alza de temperatura en el océano puede tener consecuencias “sustanciales”. Disrupciones en la producción agrícola, la seguridad alimenticia y la generación energética pueden alimentar la inflación, en un contexto en que los precios al consumidor ya tienden al alza, con el salto del petróleo y el prolongado conflicto en Medio Oriente.



