Entre la buena dinámica que han mostrado las riquezas privadas y la presión financiera que están viviendo los gobiernos mundiales, se está fraguando un campo de cultivo fértil para la llamada “represión financiera”. Más que impuestos más directos, desde UBS advierten que las autoridades podrían empujar a los inversionistas privados a financiar menores costos para sus deudas.
Un estudio al negocio global de wealth del banco de inversiones muestra que el crecimiento de la riqueza mundial se mantiene firme, alcanzando un récord en la economía global. Y en la otra cara de la moneda, la deuda gubernamental está elevada. Si bien no está en niveles récord, destacó el economista jefe de UBS Global Wealth Management, Paul Donovan, sí están relativamente altos, respecto a la experiencia de las últimas décadas.
¿Por qué importa esto? “Con niveles récord de riqueza, con la gran transferencia de riqueza ya en curso, sospechamos que los gobiernos van a buscar movilizar los recursos del sector privado para intentar bajar los costos de financiamiento, reducir la carga financiar que los contribuyentes están enfrentando”, señaló el profesional.
En caso de que los gobiernos busquen utilizar los recursos de los patrimonios privados, en UBS ven como más probable que sea a través de incentivos y medidas regulatorias que con impuestos.
Más que impuestos, incentivos
“Instintivamente, la gente habla de impuestos al patrimonio o a la herencia. Eso no funciona muy bien, para ser honesto. No generan muchos ingresos, son incómodos, son caros de implementar”, indicó Donovan. Por lo mismo, el economista ve esto como una política menos efectiva.
Los impuestos a las ganancias de capital son una mejor alternativa. “Ya hemos visto un auge de los impuestos a las ganancias de capital y sospecho que vamos a ver más uso como mecanismo para tratar de movilizar la riqueza del sector privado, aumentar los ingresos para tratar de limitar los aumentos de crecimiento”, indicó Donovan.
Pero además de eso, el profesional anticipa un auge de la represión financiera. Con esto se refiere a incentivos y decisiones regulatorias que conducen a los inversionistas privados al mercado de bonos estatales, reduciendo los costos de fondeo de los gobiernos.
“Vamos a ver más y más de eso alrededor del mundo en los próximos 20 años. Es un proceso evolutivo, pero cuando vemos la situación, creo que es inevitable”, comentó el economista jefe de UBS.
Si bien las condiciones están dadas para que aumente, a futuro, el fenómeno está lejos de ser algo nuevo. “La represión financiera ha estado ahí desde siempre”, explica Donovan, agregando que puede tomar distintas formas.
Una tradición de larga data
Por un lado, están los modelos voluntarios. Al incentivar a las personas, a través de distintos beneficios, a invertir en la clase de activos, explica el economista, “puedes cambiar la dinámica de oferta y demanda en el mercado de bonos estatales”.
Un ejemplo de esto es el mercado de bonos municipales de EE.UU. El país cuenta con un mecanismo que da exenciones tributarias a los inversionistas retail que participan del mercado. Estrategias como esta se han utilizado en momento álgidos, como el Reino Unido en los períodos de posguerra, en el siglo pasado. En Europa, el reglamento de los vehículos UCITS también favorecen la inversión en bonos gubernamentales.
Otro mecanismo emblemático son los sistemas de ahorro en bancos postales. Países como Italia y Japón han implementado este tipo de esquema, donde las personas que no tienen acceso a la banca tradicional ahorran en carteras de bonos gubernamentales, ayudando a presionar las tasas a la baja.
En la otra cara de la moneda está la alternativa de la llamada “regulación prudencial”. Esto incluye las medidas que empujan a fondos de pensiones e instituciones financieras a la deuda pública.
“Fijas regulaciones financieras para los bancos, que suelen tener el requisito de tener bonos o T-bills en sus carteras, para las aseguradoras, para los fondos de pensiones, para el dinero institucional”, explica Donovan, con límites mínimos que deben destinar a deuda estatal. “Eso significa que el gobierno tiene un comprador garantizado para los bonos”, acota.


Por Beatriz Zúñiga