El fondo JSS Sustainable Equity Tech Disruptors es la propuesta de J. Safra Sarasin Sustainable Asset Management (JSS SAM) para ganar exposición a la tecnología, pero desde un enfoque de análisis fundamental multi temático de alta convicción – la estrategia solo invierte en 35 valores a partir de un universo de 5.000- y con un fuerte enfoque en sostenibilidad.
“Lo que nos diferencia de grandes índices como el Nasdaq, y de estrategias pasivas, es que ofrecemos exposición a múltiples temáticas vinculadas a la tecnología, en vez de exposición a 6 o 7 compañías que contribuyen al 50 % de la performance del fondo y que solo ofrecen exposición a la IA” resume Huseyin Turan, gestor del fondo.
Funds Society se ha sentado con Turan para actualizar la visión del equipo y el posicionamiento de la estrategia, que el año pasado batió en un 5 % en rentabilidad al Nasdaq y que ya saca un 10 % de ventaja al principal índice tecnológico a cierre de junio de 2026.
¿Qué necesita una empresa para entrar en su universo de inversión como compañía deep tech?
Para nosotros, las empresas deep tech son aquellas que intentan resolver problemas de ingeniería extremadamente complejos para empresas y países. Se trata de desafíos de gran dificultad técnica, por lo que las compañías deben ser realmente innovadoras y contar con productos protegidos por patentes, años de investigación y desarrollo (I+D) y fuertes inversiones en innovación.
Actualmente se habla mucho de los activos HALO, que, en mi opinión, representan una definición distinta de las empresas deep tech. Si analizamos la historia de la inversión tecnológica entre 2010 y 2020, todo giraba en torno a modelos de negocio ligeros en activos (asset light), como las plataformas digitales o las empresas de internet de consumo. Eran negocios muy escalables. Pero el mundo está cambiando y cada vez existe una mayor conciencia de que es necesario invertir en compañías deep tech, que suelen ser más intensivas en activos. Son empresas que necesitan realizar importantes inversiones en capital (capex) o en I+D y que están resolviendo problemas muy complejos, además de construir las infraestructuras que necesitamos: para la IA, la defensa o las tecnologías limpias.
Estas compañías comercializan productos con elevados márgenes brutos, protegidos por tecnología propia, patentes o años de investigación, y resulta muy difícil sustituirlas dentro de sus respectivas cadenas de suministro. Por ejemplo, si se retira la memoria de un servidor, el servidor deja de funcionar; si se eliminan los chips de un automóvil, el vehículo deja de funcionar. Son empresas habilitadoras que están beneficiándose del contexto actual, en el que gobiernos y compañías han comprendido que necesitan reforzar sus infraestructuras por razones de seguridad y para seguir siendo relevantes en un mundo cada vez más digital y dominado por la inteligencia artificial.
Nos satisface comprobar que el mercado está evolucionando en la dirección que llevamos años defendiendo. Cuando hablábamos de deep tech hace dos o tres años, era un ámbito prácticamente reservado al capital riesgo, mientras que la inversión en bolsa se centraba sobre todo en software y plataformas digitales. Nosotros llevamos invirtiendo en este universo desde el lanzamiento del fondo, y conocemos muy bien estas compañías y su forma de operar.
¿Cómo evitan aumentar el riesgo de concentración en el sector tecnológico dentro de una cartera de alta convicción?
Nuestra cartera está muy concentrada porque creemos en la inversión de alta convicción. Analizamos las compañías con enorme profundidad, como si realmente fuéramos sus propietarios. Queremos comprender su negocio, su cadena de suministro, la competencia, la tecnología y todos los factores que determinan su ventaja competitiva.
No creemos en el modelo de invertir en 60 compañías esperando que la mitad funcione. Preferimos invertir únicamente en aquellas empresas en las que realmente confiamos.
Al mismo tiempo, la cartera está diversificada por temáticas. La inversión multitemática es uno de los pilares del fondo. No somos un fondo especializado exclusivamente en ciberseguridad, inteligencia artificial, robótica o criptomonedas, sino un vehículo capaz de invertir en diferentes tendencias en función de la relación entre riesgo y rentabilidad de cada una de ellas.
La inteligencia artificial representa aproximadamente un 25 % de la cartera e incluye algunas de las denominadas Magnificent Seven. También mantenemos alrededor de un 15 % en grandes compañías tecnológicas, aunque las tratamos de forma diferenciada porque participan en distintas tendencias estructurales.
Además, contamos con exposición a ciberseguridad, tecnologías energéticas, soberanía nacional —empresas que ayudan a construir cadenas de suministro propias—, movilidad del futuro, robótica, espacio, computación cuántica e infraestructura de software. Ninguna temática supera el 30 % de la cartera.
¿Están justificadas las valoraciones actuales?
No estamos especialmente preocupados por las valoraciones. El índice MSCI World Information Technology cotiza actualmente en torno a 23 veces beneficios, cuando durante los últimos cinco años llegó a alcanzar las 30 veces.
Si analizamos la prima de valoración frente al MSCI World, históricamente se ha situado entre el 40 % y el 45 %, mientras que actualmente ronda el 20 %. Desde ese punto de vista, la prima tampoco parece excesiva.
Dicho esto, creemos que algunas áreas concretas del mercado sí han experimentado una expansión muy significativa de sus valoraciones, especialmente dentro de determinados segmentos de la cadena de suministro de la inteligencia artificial, impulsados en parte por la entrada de inversores minoristas a través de ETF muy populares.
Por eso creemos que, en el entorno actual, la gestión activa resulta más importante que nunca. A comienzos de 2023, cuando arrancó el boom de la inteligencia artificial, era relativamente sencillo obtener exposición a la temática: prácticamente cualquier activo relacionado subía. Hoy la situación ha cambiado y es necesario ser mucho más selectivo, seguir muy de cerca la evolución tecnológica y ajustar continuamente la cartera, porque las valoraciones unas veces están justificadas y otras no.
La mayoría de las empresas tecnológicas siguen teniendo mucha liquidez…
Depende del tipo de compañía. Lo que estamos viendo es que el flujo de caja se está desplazando desde los hyperscalers hacia los fabricantes de semiconductores. Estos últimos están generando enormes beneficios, mientras que los grandes proveedores de infraestructura en la nube están realizando inversiones muy elevadas.
En conjunto, los fundamentales del sector siguen siendo muy sólidos.
Lo que sí estamos vigilando es cómo los hyperscalers financiarán esas inversiones. Están agotando progresivamente su flujo de caja libre y recurriendo cada vez más al mercado de deuda. En el caso de Google, incluso ha emitido acciones. Será importante observar cómo financian las futuras inversiones, porque históricamente, cuando el apalancamiento aumenta, los inversores comienzan a mostrarse más escépticos. Es un escenario que seguimos de cerca, aunque por ahora no vemos señales preocupantes.
¿Han realizado cambios relevantes en la cartera este año?
Las compañías suelen permanecer mucho tiempo en cartera. Lo que modificamos es el peso de cada posición en función de cómo evolucione la relación entre riesgo y rentabilidad. Cada seis meses revisamos conjuntamente todas las temáticas en las que invertimos, las volvemos a clasificar y analizamos si siguen siendo atractivas. Para nosotros, invertir en la temática adecuada en el momento adecuado es fundamental.
Durante la revisión temática de comienzos de año nos entusiasmó especialmente la siguiente fase del desarrollo de la inteligencia artificial: la inferencia. Durante los tres últimos años el foco estuvo en el entrenamiento de los modelos, pero ahora el protagonismo pasa a la inferencia, y las compañías que se benefician de esta nueva etapa son distintas.
Descubrimos, por ejemplo, que las CPU desempeñan un papel mucho más relevante en la inferencia de lo que inicialmente pensábamos, por lo que incrementamos significativamente algunas posiciones.
También buscamos oportunidades en redes de interconexión entre centros de datos. Las limitaciones de suministro eléctrico impiden concentrar todos los clústeres de GPU en un único centro de datos, lo que obliga a crear campus tecnológicos o conectar distintos centros situados en ciudades como Zúrich, Barcelona o Madrid mediante redes ópticas de alta capacidad.
Asimismo, hemos incorporado una nueva temática: el espacio. Siempre nos había parecido interesante, pero considerábamos que aún era demasiado pronto porque existían pocas compañías cotizadas en las que invertir. La salida a bolsa de SpaceX ha incrementado notablemente el interés por este sector.
¿En qué consiste su enfoque diferencial en sostenibilidad?
Todo comienza con nuestro equipo interno de sostenibilidad, ubicado en Zúrich. Este equipo realiza su propio análisis fundamental y recopila información para elaborar una calificación ESG de cada compañía.
Posteriormente incorporamos esa evaluación directamente a nuestro modelo de valoración. Disponemos de una herramienta integrada en nuestras hojas de análisis que ajusta tanto el perfil de riesgo como el valor intrínseco de cada empresa en función de su puntuación en sostenibilidad.
En definitiva, el análisis ESG está completamente integrado en nuestro proceso de inversión. No es un simple ejercicio de cumplimiento normativo. Si el perfil ESG de una compañía se deteriora de forma significativa, abandonamos la inversión.
Información relevante: El contenido de esta entrevista es únicamente con fines orientativos y de información general. No debe utilizarse ni considerarse como asesoramiento de inversión, oferta, solicitud o recomendación para comprar o vender instrumentos o servicios financieros. No proporciona indicación de la rentabilidad futura. Advertencia: rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras. Toda inversión conlleva riesgos.



Por Beatriz Zúñiga