Un nuevo ciclo político se está fraguando en Perú, con los distintos actores de la economía tomando palco para ver cómo se instala la entrante administración de Keiko Fujimore. Con poco menos de 50.000 votos de ventaja frente al candidato Roberto Sánchez –heredero político de Pedro Castillo–, la carta considerada como pro-mercado se impuso en una milimétrica segunda vuelta. Ahora, entre los desafíos de la presidenta electa están consolidar la mejora de expectativas, conseguir cierto pie de gobernabilidad y –después de una década de puerta giratoria en la Casa de Pizarro– completar su mandato de cinco años.
“El resultado electoral ha reducido de manera importante la prima de incertidumbre política y ha reforzado una expectativa de continuidad del modelo económico”, comenta a Funds Society el gerente de la División de Wealth Management de Banbif, Roberto Montero. Esto, explica, se ha visto reflejado en el tipo de cambio, la prima de riesgo, los bonos soberanos y la bolsa local, mercados que han absorbido la mejora de expectativas.
“El mercado espera una mejora gradual del entorno económico por la reducción del riesgo político más que por cambios en los fundamentos macroeconómicos. El sesgo promercado debería favorecer la confianza empresarial, destrabar inversiones y reducir la prima de riesgo país”, acota Blas Changana, Head of Research and Investment Strategy de Zest.
Una de las variables donde se esperan mejoras es en la reactivación de proyectos de inversión. Diez años de inestabilidad política han dejado su huella, frenando decisiones de inversión. “Ahora, con un gobierno percibido como más favorable a la inversión privada, buena parte de estas decisiones pueden retomarse, especialmente en sectores como minería, infraestructura, construcción, agroindustria”, agrega Montero.
El desafío de la confianza
De momento, el entusiasmo ya está levantando los ánimos entre los distintos actores de la economía local. En junio, según señalan desde Scotia Wealth Management, todos los indicadores de expectativas empresariales aumentaron, “impulsados por mejores expectativas sobre la economía, la inversión y el empleo tras las elecciones presidenciales”. Según destacó la firma en un informe reciente, distintas métricas relacionadas con el optimismo sobre la economía, planes de contrataciones en empresas y perspectivas de demanda y ventas.
“Esta mejora en el sentimiento del sector empresarial peruano viene con miras a un escenario más favorable, especialmente para la inversión privada, tras la disipación de la incertidumbre política”, indicaron.
Ahora, la clave es consolidar este buen humor. Para cristalizar las expectativas positivas, indica Montero, el gobierno deberá centrarse en ejecutar y mostrar acciones concretas. “Los primeros meses serán determinantes para demostrar capacidad de diálogo, consistencia entre el discurso económico y las decisiones de política pública, así como una agenda clara para recuperar la productividad y atraer la inversión privada”, comenta.
Los inversionistas, acota, estarán atentos a la calidad del gabinete económico, la disciplina fiscal, la relación con el Congreso y la capacidad de destrabar inversiones. “Esas variables determinarán si la recuperación de la confianza logra traducirse en un ciclo de crecimiento más sostenible”, señala.
El efecto Velarde
De momento, ya hay señales que le han gustado al mercado. “El hito más relevante para los inversionistas institucionales se produjo el lunes 6 de julio”, señala el gerente general de Fynsa Perú, Armando Herrera. Ese fue el día en que, en una reunión en la sede del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), Fujimori solicitó formalmente al economista Julio Velarde que siga al frente de la institución. El profesional aceptó, manteniéndose al timón del ente emisor por cinco años más.
Velarde es una de las caras más reconocidas de la esfera técnica en el país andino. Además de su experiencia asesorando a grandes entidades internacionales –como el BID, el Banco Mundial y la OIT–, el economista se ha instalado como capitán histórico del BCRP. Desde septiembre de 2006 que ocupa la presidencia de la entidad.
En esas dos décadas de trayectoria monetaria, Velarde ha conseguido la venia de una variedad de gobiernos. Nombrado originalmente por Alan García, el profesional fue ratificado en su cargo por Ollanta Humala, en 2011; Pedro Pablo Kuczynski, en 2016; y Pedro Castillo, en 2021.
“La decisión ha sido interpretada por los bancos de inversión globales como la señal de continuidad más relevante de la transición, al asegurar la autonomía del Banco Central, mantener una política de metas de inflación rigurosa y resguardad la sólida administración de las Reservas Internacionales Netas”, explicó Herrera en una nota de mercado.
El dilema de la gobernabilidad
Hacia delante, uno de los desafíos clave será la gobernabilidad. Especialmente considerando que Fujimori convenció sólo al 50,1% de los votantes peruanos. Y es que los últimos diez años han visto nueve personas tomar la banca presidencial, varios gobernando por menos de un año.
“La gobernabilidad será el principal determinante del desempeño de los activos peruanos durante los próximos años. El mercado seguirá de cerca la relación entre Ejecutivo y Congreso (y la nueva estructura de este), la capacidad de implementar reformas y la estabilidad de las reglas de juego”, resalta Changana.
Según el ejecutivo, romper la racha de mandatos incompletos podría fortalecer la confianza de los inversionistas, tanto locales como extranjeros. “Más que la orientación política, los mercados valoran la previsibilidad para tomar decisiones de inversión de largo plazo y lo veremos a medida que se favorezcan los flujos hacia activos peruanos”, indica.
A esto se suma un marco que favorece la institucionalidad del país andino. En el ámbito legislativo, por ejemplo, este ciclo político reintrodujo la bicameralidad, lo que se espera actúe como un contrapeso. “El marco económico mantendrá su predictibilidad gracias a los contrapesos existentes en el Congreso, limitando el riesgo de modificaciones abruptas al régimen económico vigente”, explica Herrera.
Además, el ejecutivo destaca la velocidad con la que se ha gestionado la transición, junto al equipo técnico del BCRP, reafirmando la fortaleza de la institucionalidad en Perú. “Para los portafolios internacionales, el país consolida su posición como un mercado que prioriza la disciplina monetaria y la estabilidad de las reglas de juego, elementos indispensables para atraer capital a mediano y largo plazo”, indica el CEO de Fynsa.
El fantasma de la inestabilidad
Si bien la economía ha logrado navegar con relativo éxito las aguas rápidas de la inestabilidad política, desde las bancas privadas advierten que esta década de gobiernos cortos ha dejado una huella en la dinámica económica.
“La inestabilidad política redujo el crecimiento potencial al afectar la confianza y retrasar la inversión privada. Aunque Perú mantuvo fundamentos macroeconómicos sólidos (crecimiento con estabilidad monetaria y la deuda pública más baja de América Latina), la incertidumbre política postergó proyectos de inversión, limitó el crecimiento y mantuvo una mayor percepción de riesgo”, asegura Changana, de Zest.
En esa línea, Montero, de Banbif, asegura que, si bien el país mantuvo anclas relevantes para la confianza del mercado durante el período –como un BCRP creíble, reservas internacionales sólidas, baja deuda pública y un sistema financiero solvente–, “perdió continuidad en las políticas públicas, calidad de ejecución y confianza para invertir a largo plazo”. Y el mayor impacto se vio a nivel de la inversión.
Ahora, en el caso de que este gobierno estabilice la situación de una forma más constante, esto podría traer algunos flujos a los mercados nacionales. Si bien los actores locales ya tienen carteras internacionales que se han convertido en partes estructurales de sus portafolios, los nuevos flujos de capital podrían volver a mirar los activos peruanos con interés.



