Durante años, la infraestructura ocupó un lugar marginal en las carteras patrimoniales privadas: una asignación de nicho para grandes instituciones con horizontes largos y tolerancia a la iliquidez. Ese enfoque ha sido superado por la realidad. La infraestructura se ha movido al centro de la conversación, y las fuerzas que impulsan ese cambio son estructurales, no cíclicas.
Los números respaldan esta afirmación. Según el 2026 Market Outlook de iCapital, la brecha global de infraestructura podría alcanzar los USD 15 billones para 2040 solo en Estados Unidos, abarcando rutas, puentes, sistemas energéticos y escuelas.¹ Si se suma la construcción global de centros de datos necesaria para sostener el desarrollo de la IA —estimada en USD 5,3 billones hasta 2030 según JP Morgan²—, la escala se vuelve difícil de ignorar. Estas proyecciones reflejan déficits que ya existen y demandas que ya están aquí.
Tres megatendencias, una sola tesis estructural
Lo que distingue a la infraestructura de otras clases de activos privados es que su demanda proviene de múltiples fuentes simultáneas, y no de un único tema.
La primera es la digitalización. La revolución de la IA funciona sobre infraestructura física: centros de datos, redes de fibra, capacidad de generación de energía y sistemas de transmisión. Las exigencias eléctricas de la próxima generación de cómputo están tensionando redes que fueron construidas para otra época.³
La segunda es la descarbonización. La transición energética está generando demanda de activos solares, eólicos, hidroeléctricos, nucleares y de almacenamiento a una escala que requiere capital privado. Los presupuestos públicos no pueden cubrir esta brecha por sí solos, y los fondos de infraestructura privada están asumiendo cada vez más ese rol.
La tercera es la desglobalización. La relocalización de las cadenas de suministro industriales, acelerada por la política arancelaria y la tensión geopolítica, está canalizando inversión hacia puertos, infraestructura logística y capacidad de manufactura doméstica. Esta tendencia está redefiniendo silenciosamente hacia dónde fluye el capital de infraestructura.
En conjunto, estas tres fuerzas producen una tesis estructural que se mantiene sólida a través de distintos entornos de política y ciclos de tasas.
Lo que la infraestructura aporta a una cartera
Más allá del potencial de retorno, el argumento más convincente para la infraestructura está en sus propiedades de construcción de cartera.
Los activos de infraestructura tienen baja correlación con los mercados públicos. Sus flujos de caja suelen estar respaldados por contratos de largo plazo con contrapartes solventes, como gobiernos y entidades reguladas. Estos flujos de ingresos pueden representar un componente significativo del retorno total, particularmente en estrategias core y core-plus, mientras que las inversiones value-add introducen una capa adicional de apreciación de capital.
La naturaleza esencial de los servicios que se prestan sostiene la demanda incluso en períodos de estrés de mercado, mientras que la base de activos tangibles ofrece una capa adicional de protección a la baja. Muchos también incorporan mecanismos contractuales de ajuste por inflación, lo que los convierte en una de las coberturas más efectivas disponibles en un entorno donde persiste la incertidumbre inflacionaria.⁴
Desde una perspectiva de diversificación, la infraestructura ha mostrado históricamente baja correlación con clases de activos tradicionales como acciones, renta fija y otras alternativas, lo que la convierte en un componente relevante dentro de un marco más amplio de construcción de cartera.
La conversación con los clientes debe evolucionar en consecuencia. De qué fondo de infraestructura elegir, hacia qué rol juega la infraestructura en la cartera global. Dentro de la clase de activo, las estrategias van desde core y core-plus, enfocadas en generación de ingresos y preservación de capital, hasta enfoques value-add y opportunistic que buscan mayores retornos a través de creación activa de valor.
La selectividad importa más que nunca
Oportunidad estructural y retorno uniforme son cosas distintas. Los cambios de política, los marcos regulatorios y la evolución tecnológica pueden impactar de manera desigual a los distintos segmentos. La infraestructura digital —centros de datos, fibra y activos de energía— aparece bien posicionada dada la naturaleza estructural de la demanda impulsada por la IA. Los activos de transición energética requieren un análisis más cuidadoso de jurisdicción, estructura contractual y timing. La infraestructura tradicional —transporte, agua, activos sociales— ofrece estabilidad con un potencial de retorno más limitado.
La selección de gestores y la disciplina estructural importan aquí tanto como en otras áreas de los mercados privados. El acceso a la clase de activo se ha ampliado considerablemente; el desafío es asignar de manera efectiva dentro de ella.
La conclusión
La infraestructura hoy refleja las realidades de un mundo que atraviesa una transformación digital, energética e industrial simultánea. Para las carteras patrimoniales privadas que buscan ir más allá del modelo tradicional 60/40, ofrece algo poco común: potencial de retorno de largo plazo anclado en activos de los que el mundo genuinamente no puede prescindir.
La brecha es real. Para quienes estén dispuestos a lidiar con la complejidad, ahí está la oportunidad.
Tribuna de opinión firmada por José Quijano, Director de Estrategia en LYNK Markets.
(1) iCapital — https://icapital.com/insights/investment-market-strategy/icapital-2026-market-
outlook/
(2) J.P. Morgan (cifra citada en el informe de iCapital) —
https://icapital.com/insights/investment-market-strategy/icapital-2026-market-outlook/
(3)LATAM ConsultUs / MaximUs — sin URL pública confirmada. Sigue pendiente tu
validación con José o con LATAM ConsultUs.
(4)iCapital — https://icapital.com/insights/investment-market-strategy/icapital-2026-market-
outlook/
This document is for informational and educational purposes only and should not be construed as investment, legal, tax or other professional advice. The information herein reflects public data, academic research and industry reports considered reliable at the time of writing; however, accuracy and completeness cannot be guaranteed. Any opinions expressed are those of the author and are subject to change without notice. Investing in private markets and alternative assets involves risks, including loss of principal, illiquidity, valuation uncertainties and manager selection risk. Past performance is not indicative of future results. Investors should consult their own advisors before making investment decisions.
Este documento es únicamente para fines informativos y educativos y no debe interpretarse como asesoramiento de inversión, legal, fiscal ni de ningún otro tipo profesional. La información contenida en el presente se basa en datos públicos, investigación académica e informes de la industria considerados fiables en el momento de su elaboración; sin embargo, no se puede garantizar su exactitud ni integridad. Cualquier opinión expresada corresponde al autor y está sujeta a cambios sin previo aviso. La inversión en mercados privados y activos alternativos conlleva riesgos, incluida la pérdida de capital, la falta de liquidez, incertidumbres en la valoración y riesgos en la selección de gestores. El rendimiento pasado no es indicativo de resultados futuros. Los inversores deben consultar a sus propios asesores antes de tomar decisiones de inversión.


