El ecosistema fintech ha dejado atrás la fase en la que cualquier novedad tecnológica podía presentarse como una disrupción. Según la visión de la Asociación Española de Fintech e InsurTech (AEFI), ahora los mercados son más exigentes y la regulación ocupa un espacio cada vez mayor, por lo que las compañías tienen que demostrar que sus modelos funcionan más allá de una buena idea o de una primera fase de crecimiento.
“La cuestión ya no es únicamente qué nuevas tecnologías aparecerán, sino qué compañías serán capaces de incorporarlas de forma útil, segura y rentable. La inteligencia artificial, los datos, los pagos, los activos digitales, la identidad o las soluciones RegTech están configurando una nueva etapa en la que las fronteras entre las empresas financieras y tecnológicas son cada vez menos nítidas”, apuntan desde AEFI. Según indican en su último informe, que analiza cuáles serán las tendencias que marcarán la evolución del ecosistema, el fintech del futuro será, en muchos casos, menos visible como categoría empresarial y más presente como capacidad tecnológica. “Su éxito puede medirse precisamente por cuánto consigue desaparecer de la vista del usuario mientras se integra en más decisiones, transacciones y experiencias de la economía digital”, indican.
Su principal conclusión es que, ante las actuales tendencias del sector, la nueva ventaja competitiva será integrar, escalar y desaparecer. “Una buena tecnología puede abrir una oportunidad de negocio, pero no garantiza por sí sola que una compañía pueda crecer. Las fintech necesitan modelos sostenibles, capacidad para cumplir con la regulación, recursos para invertir en seguridad y estructuras que les permitan escalar”, sostiene el informe.
Desde AEFI consideran que, por eso, la próxima etapa del ecosistema no estará definida por una única tecnología. “La verdadera transformación surgirá de la combinación de inteligencia artificial, datos, pagos integrados, identidad digital, activos tokenizados y automatización regulatoria. Tecnologías que hoy analizamos por separado tenderán a funcionar como partes de una misma infraestructura financiera”, afirman.
Del sector a la infraestructura
El informe reconoce que la primera ola fintech se construyó alrededor de empresas que buscaban transformar servicios financieros concretos: pagos, financiación, inversión o contratación de seguros. El objetivo era ofrecer una alternativa más ágil, accesible y digital a los modelos tradicionales. En cambio, el informe sostiene que la próxima etapa será diferente: “El fintech está dejando de ser únicamente un sector formado por compañías especializadas para convertirse en una capa de infraestructura integrada en buena parte de la economía digital. Pagos instantáneos, inteligencia artificial, datos financieros, identidad digital, tokenización o herramientas de cumplimiento pueden incorporarse directamente a productos y servicios que, en muchos casos, el usuario ni siquiera percibirá como financieros”.
Según AEFI, se trata de un cambio que trasciende el ámbito tecnológico. Y sostienen que el valor puede desplazarse desde la creación de un producto financiero concreto hacia el control de los datos, la distribución, las infraestructuras y las capacidades de inteligencia que permiten prestarlo. Además, señalan que en este nuevo escenario, el éxito del fintech no se medirá únicamente por el número de nuevas entidades o soluciones que genere, sino por su capacidad para convertirse en una pieza esencial, interoperable y cada vez más invisible de la economía.
En esta nueva etapa de “infraestructura integrada”, es previsibles que se produzcan operaciones corporativas. «Es algo que ya hemos venido viendo y que puede ganar intensidad en esta nueva etapa del ecosistema. Las entidades de inversión y las gestoras conocen muy bien al cliente, los productos y las necesidades del mercado, pero al mismo tiempo están afrontando unos costes regulatorios y de cumplimiento cada vez mayores, especialmente en el caso de las entidades de menor tamaño. En ese proceso de optimización, la infraestructura integrada puede jugar un papel muy relevante. El acceso a capacidades tecnológicas, operativas o regulatorias de forma más modular permite ganar escala y eficiencia, sin que cada entidad tenga que desarrollar internamente toda la infraestructura necesaria», explica Leyre Celdrán, directora general de la AEFI.
En opinión de Celdrán, los motivos citados harían natural que se «produjera un proceso donde se multipliquen operaciones de M&A protagonizadas por entidades financieras o de inversión que busquen incorporar capacidades tecnológicas, talento o soluciones especializadas. No se tratará necesariamente de comprar una fintech por su volumen, sino de incorporar aquellas capacidades que permitan mejorar la eficiencia, reducir costes y ofrecer un mejor servicio al cliente».
También reconoce que el principal freno en esta evolución ha sido siempre la financiación: «La financiación ha sido siempre uno de los principales retos de las compañías fintech y continúa siéndolo, especialmente para aquellas empresas que necesitan invertir de manera significativa antes de alcanzar una escala suficiente. A esto se suma ahora un segundo reto: la creciente especialización que requiere el sector. La evolución del sistema financiero exige conocimientos y capacidades cada vez más específicos en ámbitos como tecnología, datos, inteligencia artificial, ciberseguridad, pagos o regulación. Para una fintech, disponer internamente de todas estas capacidades puede resultar muy costoso y difícil de escalar».
Precisamente aquí es donde Celdrán considera que se encuentra uno de los principales catalizadores del cambio: la integración de infraestructuras y la colaboración entre distintos actores del ecosistema. «Si una compañía puede acceder de forma sencilla a determinadas capacidades tecnológicas, regulatorias u operativas, puede concentrar sus recursos en aquello que realmente la diferencia y aporta valor en el servicio y productos que ofrece a sus clientes», matiza.
IA, integrada en todos los procesos
El informe reconoce que la inteligencia artificial (IA) lleva tiempo incorporándose a todos los servicios financieros, especialmente en ámbitos como la prevención del fraude, el análisis de riesgos o la automatización. Y matiza que lo que ahora está cambiando es la profundidad con la que puede incorporarse al negocio. “La IA convierte la tecnología financiera en una capacidad invisible integrada en la toma de decisiones, por lo que el salto relevante no estará tanto en utilizar inteligencia artificial como en integrarla de forma transversal en procesos que hasta ahora dependían en mayor medida de tareas manuales”, asegura.
En este sentido, reconoce que la siguiente frontera puede ser todavía más relevante: los agentes de IA podrían pasar de asistir al cliente a actuar en su nombre. “Un agente analizará sus necesidades, comparará productos, seleccionará alternativas y, dentro de los límites establecidos, podrá ejecutar determinadas operaciones. La competencia podría desplazarse así desde quién posee el producto financiero hacia quién controla la interfaz inteligente que ayuda al cliente a decidir qué producto utiliza”, explican.
Las finanzas, donde esté el cliente
Como tercera tendencia señala el embedded finance, o finanzas integradas, que consiste en incorporar servicios financieros —como pagos, financiación, seguros o inversión— directamente en plataformas, aplicaciones y experiencias digitales que originalmente no eran financieras. Según su análisis, supondrá un cambio relevante, porque hace desaparecer la frontera entre producto financiero y producto no financiero.
“El cliente ya no tiene que acudir necesariamente a una entidad o aplicación financiera para contratar un servicio: el servicio puede aparecer donde surge la necesidad. Una plataforma de comercio electrónico puede ofrecer financiación en el momento de la compra; una aplicación puede integrar pagos; una empresa puede incorporar seguros a la contratación de un producto”, afirman. Esto supone que el embedded finance se convertirá en una de las capacidades financieras en una pieza más de la experiencia de usuario y refuerza una de las principales tendencias del nuevo ecosistema, siendo menos visibles para el cliente, pero más presentes en su vida digital.
Los activos digitales buscan su lugar
El informe reflexiona sobre cómo el debate sobre los activos digitales, que estuvo años dominado por los criptoactivos y ahora se amplía hacia cuestiones como la tokenización de instrumentos financieros y el uso de nuevas infraestructuras para su emisión, negociación y liquidación. El marco europeo que establece el Reglamento MiCA ha contribuido a establecer unas reglas comunes para buena parte del mercado de criptoactivos. Al mismo tiempo, la tokenización plantea posibilidades que van más allá de la creación de nuevos productos: puede transformar las propias infraestructuras sobre las que se emiten, negocian y liquidan determinados activos financieros. “Su desarrollo dependerá, en buena medida, de que estas soluciones puedan convivir con las infraestructuras existentes. Interoperabilidad, seguridad jurídica e integración serán determinantes para que la tokenización pase de los proyectos piloto a aplicaciones con mayor escala”, argumentan.
Por otro lado, el open banking abrió el acceso a información bancaria y permitió desarrollar nuevos servicios alrededor de ella, mientras que el open finance plantea ampliar esa lógica a otros productos y datos financieros, siempre con autorización del cliente. Pero tener acceso al dato no será suficiente. La ventaja competitiva estará cada vez más en la capacidad para interpretarlo y convertirlo en servicios que aporten valor. Por eso, la evolución del open finance estará estrechamente ligada al desarrollo de la inteligencia artificial, pero también a cuestiones como la privacidad, la seguridad y el control de la información por parte del usuario.
Además, los pagos siguen siendo uno de los ámbitos donde más rápidamente se perciben los cambios. Las transferencias instantáneas, los pagos entre cuentas, las wallets y la evolución de las infraestructuras de pago están configurando un mercado que ofrece cada vez más alternativas a una gran velocidad. “La consecuencia puede ser que el propio acto de pagar pierda protagonismo”, matizan.
Seguridad y regulación ganan peso
Un aspecto relevante que identifica el informe es que, a medida que los servicios financieros se digitalizan, también aumenta la importancia de saber quién está al otro lado de una operación, cómo se protege la información y qué ocurre cuando algo falla. “Identidad digital, prevención del fraude, ciberseguridad y cumplimiento normativo forman ya parte del desarrollo de cualquier servicio financiero. Al mismo tiempo, el reglamento DORA ha elevado las exigencias en materia de resiliencia operativa digital y gestión del riesgo tecnológico”, señalan.
Este contexto, considera, abre un campo relevante para la industria regtech. “La automatización de procesos de verificación, supervisión y cumplimiento puede ayudar a las compañías a gestionar una carga regulatoria cada vez mayor, especialmente en un entorno en el que las amenazas digitales también evolucionan rápidamente”, apunta el informe.


Por Beatriz Zúñiga
