La inversión inmobiliaria continúa ocupando un lugar destacado en las carteras de los grandes patrimonios, aunque su papel dentro de la asignación estratégica de activos está cambiando. Según un análisis elaborado por Creand Asset Management, el real estate ha dejado de entenderse como un simple activo refugio para consolidarse como una clase de activo que requiere una aproximación más profesionalizada, una estrategia definida y una integración coherente dentro de la arquitectura patrimonial.
El documento examina cómo ha evolucionado el acceso al mercado inmobiliario por parte de las grandes fortunas, cuáles son las principales funciones que desempeña este tipo de inversión en una cartera y qué riesgos deben gestionarse para maximizar su aportación al patrimonio familiar.
La inversión inmobiliaria evoluciona hacia modelos más diversificados y profesionalizados
Creand Asset Management destaca que la inversión directa sigue teniendo un peso relevante, especialmente cuando las familias cuentan con experiencia en determinados activos y desean mantener el control de la inversión. Sin embargo, el mercado está evolucionando hacia modelos híbridos que combinan inversión directa con fondos especializados, vehículos regulados, coinversiones y club deals.
Según la gestora, esta diversificación en las vías de acceso permite ampliar las oportunidades de inversión, acceder a operaciones de mayor tamaño y beneficiarse de una gestión más profesionalizada, siempre que exista una adecuada alineación de intereses, una estructura de gobernanza sólida y mecanismos claros de entrada y salida.
La gestión del riesgo y la diversificación ganan peso en la construcción de cartera
El informe advierte de que una elevada exposición inmobiliaria no implica necesariamente una estrategia eficiente. En muchos patrimonios familiares, la acumulación histórica de activos puede generar concentraciones excesivas en determinadas tipologías, ubicaciones o fuentes de ingresos.
Por ello, Creand Asset Management considera que la gestión activa del riesgo resulta tan importante como la selección de oportunidades. Factores como la iliquidez, el ciclo inmobiliario, la evolución de los tipos de interés, los cambios regulatorios, la obsolescencia de los activos o el riesgo operativo deben formar parte del análisis continuo de la cartera.
María Orozco Cremades, asociada de Real Estate en Creand Asset Management, señala que «en los grandes patrimonios, el real estate debe analizarse por la función que cumple dentro del conjunto del patrimonio: qué aporta en términos de estabilidad, rentas, diversificación y continuidad familiar y qué riesgos incorpora».
El real estate combina estabilidad, generación de rentas y exposición a tendencias estructurales
El análisis subraya que la inversión inmobiliaria desempeña varias funciones dentro de una estrategia patrimonial. Además de actuar como estabilizador frente a la volatilidad de los mercados financieros, constituye una fuente de rentas recurrentes y puede ofrecer una cobertura parcial frente a la inflación en determinados segmentos con capacidad para actualizar alquileres.
Asimismo, la gestora destaca el valor diversificador del real estate respecto a la renta fija y la renta variable, gracias a su menor correlación con los mercados cotizados y a su exposición a tendencias estructurales de largo plazo. Segmentos como logística, living, residencias de estudiantes, senior living, hospitality o data centers reflejan cambios demográficos, tecnológicos y de consumo que, según Creand Asset Management, seguirán impulsando el interés de los inversores institucionales y de los grandes patrimonios.
En este contexto, la entidad considera que España mantiene un importante atractivo para el capital internacional, aunque advierte de que la creciente competencia obliga a adoptar modelos de inversión cada vez más especializados y con una gestión profesional de los activos.



Por Beatriz Zúñiga