Los mercados de renta variable están más concentrados que en cualquier momento de las últimas cinco décadas, y los benchmarks ponderados por capitalización reflejan esa realidad. Los diez mayores componentes del índice MSCI World representan más de una cuarta parte de su peso total —un incremento de cuatro veces en 15 años—.En concreto, Estados Unidos supone ahora más del 70% del índice, mientras que el sector de tecnología de la información por sí solo supera el 25%.
Según explican Abhishek Gupta, Executive Director, MSCI Research & Development, y Saurabh Katiyar, Executive Director, MSCI Research & Development, en su último informe, los inversores institucionales y de banca privada verán cómo el riesgo de concentración emerge en debates de política, informes de riesgo y revisiones de asignación, pero no existe una única respuesta correcta para gestionarlo. La respuesta adecuada depende de los objetivos del inversor, su presupuesto de riesgo, su estructura de gobernanza y sus prácticas de implementación. Aunque los benchmarks ponderados por capitalización suelen estar anclados a la política de inversión, los niveles de asignación estratégica e implementación pueden ofrecer mayor flexibilidad para desviarse.
La concentración refleja un equilibrio entre riesgo absoluto y riesgo activo
SLos índices ponderados por capitalización reflejan la visión agregada del mercado sobre el valor dentro del universo invertible. Son líquidos, de baja rotación, escalables y, lo que es importante, todos los inversores pueden mantenerlos simultáneamente. Estas características convierten la ponderación por capitalización en la opción por defecto para la mayoría de los benchmarks.
«Cuando los benchmarks se concentran, también lo hace el riesgo absoluto. Como se observa en el gráfico, las mayores compañías representan una proporción desproporcionada tanto del peso del índice como del riesgo de la cartera en relación con su contribución a los beneficios, y esta brecha se ha ampliado desde 2022. Los inversores deben decidir si aceptan ese riesgo absoluto concentrado o si optan deliberadamente por métodos alternativos de ponderación. Este cambio puede diversificar el perfil de riesgo absoluto, pero tiene un coste: el riesgo activo, que debe presupuestarse y gobernarse», apuntan los expertos de MSCI Research & Development.
En la práctica, sostienen, la mayoría de los equipos de CIO operan con un presupuesto definido de tracking error respecto a un benchmark de política ponderado por capitalización. Cualquier transición hacia ponderaciones alternativas consume parte de ese presupuesto. Entonces, ¿dónde se sitúa ese riesgo activo? «Los gestores activos pueden mostrarse reacios a ceder parte de su presupuesto de riesgo a una decisión de benchmark, mientras que los equipos pasivos no suelen tener mandato para asumirlo. Como resultado, gestionar la concentración es tanto una decisión de gobernanza como una elección de construcción de cartera», afirman.
Un marco en tres pasos para gestionar el riesgo de concentración
Los expertos de MSCI Research & Development establecen tres paso:
- Diagnosticar el problema de concentración. La concentración puede adoptar varias formas: el peso de un solo valor puede superar los umbrales de gobernanza y exponer las carteras a eventos idiosincráticos; la concentración sectorial plantea dudas sobre la vulnerabilidad cíclica; y la concentración por país puede divergir de la visión macroeconómica del inversor. La concentración de riesgo —cuando un subconjunto reducido de posiciones impulsa la mayor parte de la volatilidad— añade otra capa que a menudo queda oculta en los informes basados en pesos. «Estas dimensiones no siempre evolucionan conjuntamente. Antes del reciente auge de las megacapitalizaciones, por ejemplo, el peso de EE.UU. ya era elevado sin el mismo grado de concentración en valores individuales. Hoy, la concentración por país, sector y valores individuales está más alineada, reflejando la fuerte demanda de grandes tecnológicas estadounidenses», señalan.
- Determinar la flexibilidad disponible para los decisores. Los inversores suelen tener menos flexibilidad en el benchmark de política, que actúa como referencia estratégica global. Modificarlo tiene efectos en cascada sobre la asignación de activos, los mandatos, la atribución y el reporting. Los benchmarks de asignación estratégica de activos (SAA) ofrecen mayor flexibilidad. La concentración puede gestionarse mediante la definición de pesos estratégicos, aunque los inversores deben asumir el tracking error resultante y los sesgos estructurales. Además, consideran que los benchmarks de mandatos activos deben alinearse con el mandato del gestor, pero puede existir margen para incorporar límites de concentración dentro de ese marco. La replicación de benchmarks ofrece, en principio, la mayor flexibilidad. Los inversores pueden optar por variantes de índices con ponderaciones alternativas —como estrategias con límites máximos—, aunque existen restricciones prácticas relacionadas con la disponibilidad de productos, liquidez, rotación y costes de implementación.
- Elegir un enfoque de gestión de la concentración. Según su experiencia, una vez identificado el problema y entendida la flexibilidad disponible, el inversor puede evaluar qué enfoque es más adecuado en función de su filosofía y mecanismo subyacente.
«Estos enfoques pueden aplicarse de forma individual o combinada, según la naturaleza del problema de concentración y la flexibilidad del benchmark», afirman.
Integrar el problema, el objetivo y el enfoque
Cada método de gestión aborda algunas dimensiones de la concentración de forma directa y otras de manera indirecta. Por ejemplo, la ponderación por PIB reancla los pesos por país al tamaño económico, pero puede tener un impacto limitado en la concentración a nivel de valores dentro de un mercado. A escala global, reduce el peso de EE. UU., pero en mercados emergentes puede aumentar la concentración en China.
Los enfoques basados en redistribución del riesgo se centran en la contribución a la volatilidad en lugar de los pesos del índice. Aunque suelen reducir el peso de activos más arriesgados, no abordan explícitamente la concentración sectorial o geográfica.
La adecuación entre el enfoque y el objetivo del benchmark también es clave. En un contexto de política, los métodos basados en fundamentos económicos —como el PIB o los ingresos— suelen ser más defendibles desde el punto de vista de gobernanza que las restricciones estructurales como límites por acción. En benchmarks SAA, los inversores pueden aplicar límites por país o región. En mandatos activos, el enfoque debe complementar el mandato del gestor. En replicación, existe amplio margen para personalizar el benchmark.
Los costes de desviarse de la capitalización bursátil
Gestionar la concentración es una decisión estructural basada en la tolerancia al riesgo, no una apuesta táctica sobre el comportamiento de las grandes compañías. Muchos inversores que infraponderaron las megacaps en los últimos años probablemente quedaron por detrás de los benchmarks ponderados por capitalización. Este marco no elimina ese riesgo de arrepentimiento.
Cualquier desviación debe ser defendible a lo largo de ciclos completos de mercado, incluidos periodos prolongados de fuerte rendimiento de las grandes compañías. Además, estas decisiones conllevan costes prácticos. El tracking error es el más visible, por lo que es clave definir cómo se distribuye y gestiona dentro de la cartera. Los esquemas de ponderación alternativos pueden introducir sesgos factoriales no deseados (sesgo value, inclinación hacia small caps o posicionamiento defensivo). También pueden aumentar la rotación, los costes de rebalanceo y las limitaciones de capacidad.
Por último, incluso con la filosofía adecuada, es necesario un vehículo de implementación: un ETF existente, un índice personalizado o una cobertura mediante derivados. Para los inversores, la cuestión no es si la concentración existe, sino si merece la pena asumir el coste de gestionarla —y quién toma esa decisión.


Por Alicia Miguel Serrano
