Para los inversores que buscan generar un impacto positivo, la temática de la electrificación siempre ha desempeñado un papel relevante dentro del universo de inversión. La electrificación de una economía le permite beneficiarse tanto de una mayor eficiencia energética como del creciente protagonismo de las energías renovables. Aunque la electrificación sigue dependiendo de un sistema de generación que aún se basa parcialmente en combustibles fósiles, allana el camino para sustituir las centrales más contaminantes por alternativas con menores emisiones de carbono, como las energías renovables, la energía nuclear y la hidroeléctrica, mejorando así la flexibilidad del sistema energético a largo plazo.
Durante mucho tiempo, el objetivo de la electrificación parecía más adecuado para las economías desarrolladas, que contaban con infraestructuras más antiguas y extensas. Sin embargo, en los últimos años esta cuestión ha adquirido una importancia creciente en los mercados emergentes por, al menos, dos motivos.
En primer lugar, la producción de equipos eléctricos está cada vez más dominada por empresas con sede en países emergentes. Por ejemplo, el mayor fabricante mundial de motores eléctricos para aplicaciones industriales es una empresa brasileña. Del mismo modo, Asia domina la cadena de valor y las compañías líderes de China, Taiwán y Corea del Sur representan una cuota cada vez mayor del mercado internacional de cables, baterías, interruptores, transformadores y otros componentes eléctricos.
En segundo lugar, las economías emergentes están electrificando su propio consumo a un ritmo superior al previsto. China, junto con Bangladesh y Vietnam, ha incrementado en más de diez puntos porcentuales la participación de la electricidad en la demanda final de energía desde 2010. También se han registrado avances significativos en otros mercados emergentes, como India, Indonesia y México.
Algunos países han experimentado transformaciones especialmente rápidas. En Nepal, las ventas de vehículos eléctricos se han disparado durante los últimos cinco años hasta representar ya más del 50% de las ventas de automóviles. El año pasado, Etiopía prohibió la importación de vehículos con motores de combustión, lo que ha acelerado también la electrificación de su mercado nacional. Estos avances no habrían sido posibles sin la exportación de vehículos eléctricos chinos a precios asequibles, algo que los fabricantes occidentales todavía no han conseguido ofrecer. Empresas líderes como BYD, en automóviles, y CATL, en baterías, están siendo algunas de las principales beneficiarias de esta tendencia.
La inteligencia artificial: un nuevo impulsor de la demanda de electricidad
El mayor catalizador de la electrificación no se encuentra en el transporte, sino en el desarrollo de la inteligencia artificial. Su expansión requiere infraestructuras con un elevado consumo de electricidad, lo que representa tanto un reto como una oportunidad para el sector. Es un reto porque esta demanda adicional de energía se suma a las necesidades ya existentes. Pero también constituye una oportunidad, ya que las grandes compañías del sector cuentan con una enorme capacidad financiera para acelerar el despliegue de nuevas infraestructuras, favoreciendo así el avance de la electrificación.
También en este ámbito el papel de los mercados emergentes resulta fundamental. Estas inversiones están impulsando una extraordinaria demanda de semiconductores, cuya fabricación está dominada en gran medida por Corea del Sur y Taiwán. El rápido crecimiento de esta industria ha convertido a estos dos países en los mayores componentes del índice MSCI Emerging Markets, por delante de China. Los tres principales valores del índice —TSMC, Samsung Electronics y SK Hynix— pertenecen a este sector y representan conjuntamente el 30% de su ponderación.
Resiliencia energética y consenso político
Para muchos países, tanto emergentes como desarrollados, la electrificación constituye un factor clave de resiliencia. La mayoría de las economías siguen dependiendo de la importación de una parte significativa de los combustibles fósiles que consumen. En menor medida, esta dependencia también afecta a algunos sistemas de generación eléctrica. En última instancia, la electrificación contribuye, para la mayoría de los países, a reforzar la independencia energética y a mejorar la balanza comercial, dos objetivos sobre los que resulta relativamente sencillo construir un amplio consenso político.
La electrificación es, por tanto, un motor de la descarbonización, pero también una importante fuente de oportunidades de inversión en los mercados emergentes, tanto desde el lado de la demanda final como desde el de la fabricación de equipos e infraestructuras. La combinación de sectores como los equipos eléctricos, los semiconductores, el transporte eléctrico —no solo automóviles— y las infraestructuras permite construir una exposición muy significativa a esta temática. Esto resulta especialmente relevante para las carteras de inversión de impacto, que combinan una gestión altamente activa con una valoración explícita de los beneficios medioambientales que aportan determinadas compañías de estos sectores.
La aceleración actual está beneficiando a los inversores que llevan años posicionados en esta temática. Sin embargo, aún queda un largo camino por recorrer para alcanzar los niveles de electrificación necesarios para cumplir los objetivos de reducción de emisiones. La presidencia de la COP31, que se celebrará en Turquía en noviembre, está impulsando el objetivo «35 para 2035», que pretende que el 35% de la demanda energética mundial sea cubierta mediante electricidad en 2035. En la actualidad, esa cifra se sitúa en torno al 20%.
Tribuna firmada por Mathieu Nègre, Head of Impact Investing
Los bancos centrales protagonizan un mes de septiembre cargado de reuniones de política monetaria, con los mercados descontando una alta probabilidad de subidas de tipos en varias de las principales economías. El horizonte muestra una narrativa clara, que los mercados también asumen: volvemos a tipos más altos durante más tiempo. En cambio, lo relevante no es tanto el próximo movimiento de tipos como las señales que den los bancos centrales sobre el rumbo de la política monetaria más allá de septiembre.
Mañana le toca el turno a la Reserva Federal de EE.UU. (Fed) que, previsiblemente, anunciará una subida de 25 puntos básicos. Desde la última reunión, los datos del mercado laboral han mostrado una recuperación de la contratación en condiciones de pleno empleo, sin que se hayan producido presiones salariales significativas, lo que prácticamente elimina los riesgos a la baja. Además, la inflación fluctúa ligeramente por encima del límite superior de lo que podría considerarse aceptable.
“Kevin Warsh adoptó un tono más agresivo en Jackson Hole, lo que ha reforzado los argumentos a favor de una subida de tipos en septiembre. IPC de agosto también confirmó que las presiones inflacionistas siguen siendo persistentes, con una inflación subyacente que aumentó un 0,3 % mensual. En este contexto, se espera que una mayoría de los miembros del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) eleve el rango objetivo de los fondos federales en 25 puntos básicos, hasta 3,75%-4%. La cuestión clave de esta reunión será la trayectoria futura de los tipos de interés, junto con la actualización del Resumen de Proyecciones Económicas (SEP) y el gráfico de puntos (dot plot), dado que Kevin Warsh se abstuvo de presentar una proyección en el SEP anterior. Por su parte, los mercados financieros están descontando una subida adicional antes de final de año, seguida de una o dos más en 2027”, resume François Rimeu, estratega sénior de Crédit Mutuel.
La divergencia tras la narrativa
“Los bancos centrales están acostumbrados a tomar decisiones bajo presión. Y menos mal que es así, estos días tres de ellos se enfrentarán a una auténtica prueba de fuego: tendrán que valorar si su actual estrategia de política monetaria es suficiente para devolver la inflación a su objetivo de forma sostenible. Las decisiones recientes de la Reserva Federal (Fed), el Banco de Japón (BoJ) y el Banco de Inglaterra (BoE) han sido notablemente divergentes”, apunta Sean Shepley, Senior Economist en AllianzGI.
Según su experiencia, tras las reuniones de esta semana, una de las cuestiones clave para los inversores será evaluar hasta qué punto esas diferencias se mantienen. “Una decisión de política monetaria hace mucho más que modificar, o mantener sin cambios, el nivel de los tipos de interés. También muestra qué riesgos está dispuesto a asumir un banco central y qué evidencias considera suficientes para actuar. En el caso de la Fed, el foco está puesto tanto en la inflación como en la credibilidad de la institución, especialmente tras el cambio de presidente y su compromiso de reconducir cuanto antes la inflación hacia la estabilidad de precios”, señala.
En Japón, señala que las cifras de comercio exterior del miércoles precederán a los datos de inflación del viernes y a la decisión del BoJ. Según las últimas cifras disponibles, las exportaciones crecieron un 23,2% interanual y las importaciones un 27,8%, mientras que la inflación general a nivel nacional se situó en el 1,9% y la subyacente en el 1,8%. No obstante, la reciente apreciación del yen en septiembre y la inminente decisión del BoJ podrían restar relevancia a esos indicadores. En cambio, Reino Unido parece ser el país discordante. “Las publicaciones sobre empleo e inflación aportarán las últimas referencias antes de la reunión del BoE del jueves. Tras esto, los datos de ventas minoristas del viernes ofrecerán una nueva lectura sobre la fortaleza de la demanda de los hogares”, añade Shepley.
En su opinión, teniendo en cuenta este contexto, “habrá que seguir de cerca la actuación de los bancos centrales, recordando que, más allá de las decisiones que tomen, la clave puede estar en comprender qué riesgos están dispuestos a asumir”.
Inflación vs crecimiento
Para Colin Graham, inversor multiactivo de Robeco, los bancos centrales se enfrentan al dilema de inflación versus crecimiento. “El simposio anual organizado por la Reserva Federal de EE.UU. en Jackson Hole puso de manifiesto la creciente divergencia entre la forma en que se considera que los bancos centrales del mundo están abordando la inflación y el crecimiento económico”, afirma.
En su opinión, Warsh utilizó su discurso del 28 de agosto para adoptar un tono duro frente a la inflación, elevando las expectativas de que los tipos tendrán que subir o, al menos, no bajar. “Pero, aunque eso cambió de forma significativa la narrativa de la política monetaria en EE.UU., puso de relieve una divergencia creciente con otros bancos centrales de Europa, Japón y el resto del mundo, que también intentan combatir la inflación, pero con distinta capacidad para utilizar los tipos como principal herramienta”, coincide Graham.
Según su visión, una forma de intentar prever futuras subidas de tipos y su consiguiente efecto sobre los precios de los activos es calcular el tipo “neutral” que no tendría un impacto ni negativo ni positivo en la economía local. “Este rango de tipos neutros nominales es más elevado en el Reino Unido y más bajo en Japón, EE.UU. y Canadá”, concluye.
El segundo trimestre de 2026 ha demostrado la notable resiliencia de la rentabilidad corporativa a nivel global, según recoge la segunda edición del informe Janus Henderson Global Dividends & Buybacks Index. A pesar de un entorno macroeconómico complejo y de la fragilidad en la confianza del consumidor en ciertas regiones, las empresas continúan devolviendo capital a sus accionistas de manera consistente. En el último trimestre, los dividendos globales alcanzaron la cifra estimada de 757.800 millones de dólares, apoyados por un crecimiento subyacente del 7,3% respecto al año anterior, con aportaciones positivas en todas las regiones analizadas. De manera paralela, las recompras de acciones experimentaron un repunte sobresaliente del 26,8% interanual, sumando un total estimado de 572.000 millones de dólares a nivel global.
La última edición del Janus Henderson Global Dividends & Buybacks Index amplía su visión tradicional sobre los dividendos para integrar también las recompras de acciones (buybacks).
Gráfico de Dividendos Globales. Fuente: Informe de “JANUS HENDERSON GLOBAL DIVIDENDS & BUYBACKS INDEX”
Esta perspectiva combinada es esencial para comprender cómo las empresas, en especial en sectores que tradicionalmente no pagaban dividendos —como el tecnológico—, están ajustando sus estrategias para distribuir el exceso de capital, utilizando las recompras como un mecanismo flexible frente al compromiso a largo plazo que implican los dividendos regulares.
Divergencias regionales: EE.UU. a la cabeza, Europa bajo presión
Norteamérica, con Estados Unidos a la cabeza, continúa marcando el paso global. Las empresas estadounidenses distribuyeron 177.200 millones de dólares en dividendos, lo que representa cerca de un cuarto del total del índice, logrando un crecimiento subyacente del 9,4%. Estados Unidos también fue el mercado dominante indiscutible en recompras, concentrando la mayor parte del total mundial con 302.100 millones de dólares.
Gráfico de Dividendos y recompras Globales por región. Fuente: Informe de “JANUS HENDERSON GLOBAL DIVIDENDS & BUYBACKS INDEX”
Europa, como es habitual por factores estacionales, fue la región con mayor volumen absoluto de pagos, alcanzando los 242.300 millones de dólares. Sin embargo, su crecimiento fue más moderado (3,2% subyacente). Francia (70.400 millones de dólares) y Alemania (51.300 millones) lideraron la región, aunque esta última evidenció presiones específicas en la industria automovilística. Compañías como Volkswagen y Mercedes-Benz recortaron dividendos ante la caída de la demanda en China y la intensa competencia de los fabricantes de vehículos eléctricos de ese país, lo que indica un desafío estructural más que cíclico para el sector europeo.
En contraste, el Reino Unido destacó con un robusto incremento subyacente del 14,6% (repartiendo 39.500 millones), impulsado fuertemente por los bancos y apoyado en su extenso sector energético. Por su parte, Japón continúa mostrando un cambio estructural en la cultura de retorno al accionista, combinando un sólido crecimiento en dividendos (18,2% subyacente) y un notable volumen de recompras (36.300 millones de dólares), consolidándose como el segundo mercado nacional más activo en buybacks por detrás de EE.UU.
La región de Asia-Pacífico (excluyendo Japón) distribuyó 118.400 millones de dólares. Aunque la cifra principal mostró un descenso interanual (-7,3%), este dato oculta un crecimiento subyacente saludable del 6,4%, fuertemente influido por efectos de calendario (retraso en los pagos a trimestres posteriores).
Tecnología y Finanzas dominan el reparto de capital
El análisis sectorial del informe de Janus Henderson destaca la divergencia en el comportamiento de las diferentes industrias.
Allfunds, plataforma global líder en gestión de patrimonios, ha anunciado una colaboración estratégica con HSBC para ofrecer capacidades mejoradas de liquidación en el mismo día (T+0) en fondos del mercado monetario en Hong Kong. Según explican, de forma conjunta, han creado una experiencia de procesamiento directo de extremo a extremo (STP) que reduce las fricciones en la liquidación, acelera el procesamiento de pagos y mejora la disponibilidad de liquidez diaria tanto para gestores de patrimonios como para gestores de activos. Allfunds, que administra 1,9 billones de euros en activos para clientes de todo el mundo, traslada esa escala a Hong Kong, reflejando un compromiso compartido de impulsar la innovación y elevar los estándares operativos en el ecosistema de gestión patrimonial de la región.
Desde las compañías señalan que los tipos de interés más altos, la creciente demanda de una gestión eficiente del efectivo y el aumento de la participación de inversores de China continental a través de canales como Wealth Management Connect han impulsado entradas récord en los fondos domiciliados en Hong Kong. El patrimonio conjunto en fondos monetarios domiciliados en Hong Kong y autorizados por la SFC creció un 50% en 2025 hasta alcanzar los 76.000 millones de dólares. Esta iniciativa responde directamente a este mercado de gestión de liquidez en rápido crecimiento.
En este contexto, Allfunds ha reforzado su tecnología regional y su infraestructura de servicios en Hong Kong, automatizando los flujos de trabajo en la operativa de fondos y mejorando las tasas de STP para permitir la liquidación de suscripciones y reembolsos en el mismo día. El pilar central es la liquidación local en USD para fondos domiciliados en Hong Kong, desarrollada sobre la infraestructura de pagos locales y de Liquidación Bruta en Tiempo Real (RTGS) de HSBC. La solución se lanzó con éxito en agosto de 2026 y ya se encuentra totalmente operativa en la plataforma de Allfunds.
“En los fondos monetarios, la liquidez lo es todo. Mientras gran parte del mercado sigue trabajando hacia el esquema T+1, Allfunds ha colaborado con HSBC para reducir la liquidación en Hong Kong al mismo día, T+0, permitiendo que los clientes actúen en el preciso instante en que toman una decisión. Eso es lo que debe ofrecer una plataforma global en uno de los centros financieros más activos del mundo: la escala y la tecnología para operar a velocidad local, adaptada a la forma real en que trabajan los inversores de aquí”, apunta David Pérez de Albéniz, responsable de Asia en Allfunds.
Por su parte, Yvonne Yiu, responsable de Global Payments Solutions para Gran China en HSBC, ha comentado: “El hecho de que Allfunds confíe en HSBC para ofrecer la liquidación en dólares en el mismo día en Hong Kong supone un gran respaldo a nuestra infraestructura local de pagos y liquidación. Esta solución STP de extremo a extremo apoya a Allfunds en su objetivo de seguir mejorando la eficiencia, reducir fricciones y optimizar la experiencia del cliente. Seguiremos invirtiendo en capacidades que definan el futuro de las finanzas y estamos deseando profundizar nuestra colaboración con Allfunds”.
LarrainVial y CIO Invest anunciaron una alianza estratégica que marca un hito en el desarrollo de la industria de gestión de activos alternativos en América Latina. En el marco del acuerdo, LarrainVial ingresará como socio minoritario en la propiedad de CIO Invest, aportando su extensa red de distribución regional y su infraestructura institucional para acelerar el crecimiento de la firma en el segmento de activos alternativos.
“Esta alianza representa una convergencia natural entre dos firmas que comparten una visión de largo plazo sobre el rol que los activos alternativos deben jugar en los portafolios institucionales latinoamericanos”, señaló Rodrigo González, Founder & Managing Partner de CIO Invest. “El alcance de LarrainVial nos permitirá llevar nuestra propuesta de valor a inversionistas en toda la región de manera acelerada, consolidando una plataforma de gestión de activos alternativos de estándar internacional”, concluye.
CIO Invest se especializa en estrategias de inversión de largo plazo, en las que los activos alternativos -private equity, deuda privada, infraestructura e inversiones inmobiliarias cumplen un rol central. La firma presta servicios de asesoría, administración de cartera y tecnología a clientes institucionales y otros inversionistas calificados que buscan optimizar sus portafolios con criterios de diversificación y retorno ajustado por riesgo. Su modelo permite acceder a managers de clase mundial con la misma disciplina y rigor con que operan los grandes endowments e inversionistas institucionales globales.
“Llevamos más de nueve décadas construyendo relaciones de confianza con los inversionistas más sofisticados de la región”, comentó Andrés Trivelli, CEO de LarrainVial. “Nuestra asociación con CIO Invest nos permite profundizar nuestra oferta de productos en activos alternativos y seguir consolidándonos como líderes en la región”.
La alianza responde a una tendencia estructural de la industria: los inversionistas institucionales latinoamericanos aumentan de manera sostenida su exposición a activos alternativos, en busca de mayor diversificación, retornos superiores y menor correlación con los mercados públicos. La combinación de las capacidades de inversión de CIO Invest con la plataforma de distribución de LarrainVial posiciona a ambas firmas para capturar esta oportunidad a escala regional.
¿Qué tienen en común el presidente de Aregntina Javier Milei, el dólar estadounidense, y un destino inmobiliario tan lejano, para el país austral, como Miami? La respuesta es: la diversificación patrimonial. El llamado “efecto Milei” (consecuencia del “plan de dolarización endógena”), comienza a tener una dimensión que trasciende las fronteras argentinas y llega a 7.090 kilómetros en línea recta sobre el continente americano, a Miami.
La política económica del presidente argentino está modificando el régimen cambiario y ampliando el uso del dólar en la economía. Mientras en paralelo y para nada de forma casual, Argentina se consolidó como el segundo mayor origen de compradores extranjeros de propiedades en el sur de Florida, un fenómeno que coloca a Miami nuevamente como uno de los destinos naturales para la diversificación patrimonial argentina.
Los datos más recientes de MIAMI REALTORS, reportadas en agosto de este año, muestran que Argentina fue en 2025 el segundo principal país de origen de compradores extranjeros de propiedades en el sur de Florida, con 12% del total, sólo detrás de Colombia, que representó 15%. México y Brasil ocuparon conjuntamente el tercer lugar, con 7% cada uno. Los compradores argentinos y colombianos, en conjunto, representaron 27% de todas las operaciones internacionales cerradas en South Florida.
Así, mientras el gobierno de Javier Milei avanza hacia una economía en la que el peso y el dólar compiten con mayor libertad, los argentinos mantienen una presencia creciente en uno de los mercados inmobiliarios más internacionalizados del mundo: Miami.
El fenómeno adquiere una dimensión particular porque llega después de un cambio profundo en el régimen económico argentino. Milei llegó a la Presidencia con la promesa de dolarizar la economía y eliminar el Banco Central, pero el programa que se ha instrumentado ha evolucionado hacia algo distinto: una economía bimonetaria en la que el peso continúa existiendo, pero el dólar gana espacio en las operaciones financieras, comerciales y de ahorro.
Es justamente ahí donde aparece el vínculo de dicha política económica con Miami; la política oficial no está provocando una dolarización legal inmediata de Argentina, sino creando las condiciones para que los agentes económicos puedan elegir con mayor libertad la moneda en la que ahorran, invierten y realizan determinadas transacciones. El propio Banco Central argentino define su estrategia como un régimen de “competencia de monedas” y ha avanzado en instrumentos que permiten operar en dólares dentro del sistema financiero doméstico.
Para los argentinos con capacidad de ahorro e inversión internacional, el resultado es relevante: el dólar deja de ser solamente un refugio frente a la inflación o una moneda utilizada en determinados segmentos del mercado inmobiliario y comienza a integrarse más abiertamente al sistema financiero formal del país, y cuando el ahorro se dolariza, el siguiente paso natural para algunos patrimonios es preguntarse dónde colocar esos dólares, es entonces cuando aparece Miami en el radar.
La dolarización prometida quedó atrás, bienvenida la competencia entre monedas
La estrategia de Milei requiere una precisión conceptual; el presidente argentino hizo de la dolarización una de las principales banderas de su campaña electoral de 2023. La idea original implicaba sustituir al peso por el dólar y cerrar el Banco Central como emisor de moneda.
Sin embargo, la política implementada desde el inicio de su administración ha seguido otro camino, la mayoría de los análisis dentro y fuera de Argentina son coincidentes. El gobierno primero concentró sus esfuerzos en eliminar el déficit fiscal y cortar el financiamiento monetario del Tesoro, posteriormente avanzó en la liberalización cambiaria y en la reducción de los controles para acceder al mercado de divisas.
En abril de 2025, el Banco Central puso en marcha la tercera fase del programa económico, con un régimen de flotación cambiaria dentro de bandas y un proceso de flexibilización del mercado de cambios. La autoridad monetaria justificó el nuevo esquema por la naturaleza bimonetaria de la economía argentina y señaló expresamente que la transición hacia una mayor competencia entre monedas formaba parte del programa.
El Fondo Monetario Internacional describió posteriormente el nuevo marco como una transición hacia una mayor flexibilidad cambiaria y una reducción de las restricciones sobre las operaciones de divisas. El organismo señaló que, a mediano plazo, el objetivo era avanzar hacia un régimen en el que el peso y el dólar coexistieran dentro de una economía bimonetaria, esta diferencia no es menor.
En una dolarización tradicional, el dólar sustituye al peso como moneda, en el esquema argentino el objetivo es permitir que ambas monedas compitan, eso explica algunas de las medidas que el BCRA ha venido adoptando.
Durante 2025, por ejemplo, se habilitó nuevamente la apertura de cuentas corrientes en dólares y el uso de cheques electrónicos denominados en esa moneda, también se desarrollaron mecanismos para permitir pagos con tarjetas de débito en dólares, operaciones mediante QR y débitos programados en pesos o dólares.
El cambio también empieza a observarse en el comportamiento financiero de los hogares; el BCRA reportó que durante 2025 aumentó el número de personas con cuentas en moneda extranjera, en un contexto de competencia de monedas. A junio de ese año, además, los depósitos a plazo fijo en moneda extranjera habían aumentado 53,8% durante el primer semestre.
Es decir, el proceso no consiste solamente en que los argentinos puedan comprar dólares con mayor facilidad, el sistema financiero comienza a ofrecer más mecanismos para guardar, mover, invertir y utilizar esos dólares y eso cambia potencialmente la relación entre el ahorro doméstico y los activos internacionales.
El puente hacia Miami
Para un inversionista argentino, tener dólares en una cuenta bancaria local y tener un activo denominado en dólares en Estados Unidos son decisiones completamente diferentes. La primera mantiene el capital dentro del sistema financiero argentino. La segunda incorpora una dimensión de diversificación geográfica y jurisdiccional.
Miami es especialmente relevante porque durante décadas se ha convertido en uno de los principales destinos del patrimonio latinoamericano; el mercado no sólo ofrece propiedades residenciales, también concentra desarrolladores, abogados, administradores de patrimonio, asesores fiscales, gestores inmobiliarios y servicios financieros especializados en clientes internacionales.
Los números de MIAMI REALTORS muestran la magnitud de ese fenómeno. Durante 2025, los compradores extranjeros adquirieron 5.300 propiedades residenciales en South Florida, frente a 4.000 en 2024. El valor de esas operaciones aumentó de 3.100 millones a 4.400 millones de dólares. Por su parte, la participación de los compradores extranjeros en el mercado residencial del sur de Florida alcanzó 15%, siete veces el promedio nacional de Estados Unidos, de 2%.
En otras palabras, Miami no es simplemente otro mercado inmobiliario estadounidense, en los hechos es una plataforma internacional de inversión inmobiliaria y dentro de esa plataforma, Argentina ocupa una posición particularmente relevante.
La riqueza argentina vuelve a mirar hacia afuera
Si bien, los argentinos fueron el segundo mayor grupo de compradores extranjeros en South Florida, no estuvieron entre los que realizaron las adquisiciones de mayor valor; el precio mediano de compra de los argentinos fue de 458.100 dólares en 2025. La cifra quedó por debajo de Colombia, con 583.000 dólares; Brasil, con 777.400 dólares; y México, que encabezó el ranking con 934.000 dólares.
Esto sugiere que la importancia del mercado argentino no proviene necesariamente de una concentración exclusiva en el segmento ultra high net worth. Su relevancia también está en el volumen y en la amplitud de la demanda.
Además, el comportamiento cambia significativamente dependiendo de la zona. En Miami-Dade, que concentró 73% del volumen de compradores extranjeros de South Florida, Argentina representó 13% de las compras internacionales, sólo detrás de Colombia, con 18%; en Broward, los argentinos ocuparon también el segundo lugar, con 15%, mientras que en Palm Beach ocurrió algo diferente: Argentina fue el principal origen de compradores extranjeros, con 34%. La geografía ofrece así una fotografía más sofisticada que el simple ranking regional.
También destaca que el capital argentino no está llegando exclusivamente a Miami-Dade, está participando en mercados como Palm Beach, donde el perfil de patrimonio y el tipo de propiedad pueden ser considerablemente diferentes.
Pero, ¿cuánto del fenómeno puede atribuirse a Milei?; los datos de MIAMI REALTORS no identifican la política económica argentina como causa de las compras, por lo que este impulso comprador de los argentinos no es exclusivamente consecuencia de la dolarización de Milei. De hecho, los argentinos ya eran el principal grupo extranjero comprador de propiedades en South Florida en 2024, con 18% de participación, frente a 14% de Colombia, pero en 2025, Argentina descendió al segundo lugar, con 12%.
Lo cierto no es que Milei haya creado de cero una corriente de capital argentino hacia Miami, dicha corriente ya existía; lo que sí está cambiando es el entorno en el que ese capital se genera, se mantiene y puede salir del país.
La eliminación de buena parte de los controles cambiarios, la mayor disponibilidad de productos financieros en dólares y la estrategia de competencia de monedas reducen algunas de las barreras que durante años separaron al ahorro argentino de los mercados internacionales. El FMI ha señalado que la flexibilización cambiaria y el levantamiento de restricciones forman parte de la nueva fase del programa económico; la conexión, por tanto, es menos directa de lo que sugeriría una simple relación de causa y efecto.
La particularidad de Argentina es que su población tiene una larga tradición de ahorro en dólares; el problema histórico no ha sido necesariamente la ausencia de demanda por la moneda estadounidense, sino la forma en que ese ahorro se ha acumulado y administrado en un contexto de controles cambiarios, inflación elevada y episodios recurrentes de inestabilidad.
El programa de Milei intenta modificar precisamente ese esquema, el Banco Central ha señalado que la eliminación de restricciones y las medidas destinadas a fomentar la competencia entre monedas están impulsando la oferta de productos de ahorro e inversión en moneda extranjera, si el proceso se consolida, el cambio puede ser relevante para la industria de gestión patrimonial.
Durante años, una parte importante de la conversación financiera argentina estuvo concentrada en una pregunta defensiva: ¿cómo proteger el patrimonio de la inflación y de la depreciación del peso?; hoy, con una economía más abierta y un mercado cambiario menos restringido, la pregunta puede comenzar a cambiar a: ¿cómo asignar globalmente un patrimonio denominado en dólares?
La diferencia parece semántica, pero para la industria financiera es enorme; la primera pregunta genera demanda por refugios, mientras que la segunda genera demanda por asset allocation y allí aparecen fondos internacionales, bonos estadounidenses, acciones, ETFs, private markets, estructuras offshore y, por supuesto, bienes raíces. en donde Miami compite.
El efecto de rebote
La paradoja es que una política diseñada fundamentalmente para transformar la economía argentina puede terminar teniendo efectos sobre otros mercados; la apertura cambiaria no crea dólares y tampoco crea automáticamente nuevos patrimonios, lo que hace es modificar las restricciones y los incentivos bajo los cuales esos patrimonios se administran.
Si el proceso de estabilización consigue consolidarse, y si la competencia entre el peso y el dólar se profundiza, una parte de los ahorradores argentinos podría pasar de una lógica de acumulación defensiva de dólares a una lógica más sofisticada de inversión.
Ese tránsito puede beneficiar a diferentes plazas financieras internacionales; Miami tiene una ventaja particular: para América Latina funciona simultáneamente como destino inmobiliario, centro financiero, plataforma empresarial y jurisdicción de diversificación patrimonial; por eso, el segundo lugar de Argentina en el ranking de MIAMI REALTORS no debería leerse únicamente como una noticia del mercado inmobiliario.
También puede interpretarse como una pequeña ventana hacia un cambio mayor en la arquitectura del patrimonio argentino, el “efecto Milei”, en este sentido, no necesariamente consiste en que la dolarización haya enviado una avalancha de argentinos a comprar departamentos en Miami sino que el fenómeno más profundo es otro: permitir que el dólar circule con mayor libertad dentro de la economía argentina, con lo que el gobierno está reduciendo la distancia entre el ahorro argentino y los mercados internacionales.
Así, cuando esa distancia se reduce, Miami —con su histórico vínculo con el capital latinoamericano— aparece naturalmente en el recorrido; por ahora, los datos permiten hablar de una correlación y de un mecanismo económico plausible, no de una causalidad demostrada pero el movimiento merece seguimiento.
Si Argentina pasa de una economía en la que el dólar funciona principalmente como refugio a otra en la que compite formalmente con el peso argentino como moneda de ahorro, transacción e inversión, el impacto potencial no termina en Buenos Aires, también puede terminar, literalmente, en Brickell, Miami Beach o Palm Beach.
El carry trade latinoamericano, una de las operaciones que durante buena parte de 2026 ha favorecido a monedas como el peso mexicano, el real brasileño y el peso colombiano, comienza a entrar en una zona de mayor turbulencia.
El problema no es que los rendimientos de Latinoamérica hayan dejado de ser atractivos. El problema es que Estados Unidos está volviendo a pagar más por el dinero, y cada incremento en el rendimiento de los bonos del Tesoro reduce la ventaja relativa de las posiciones que requieren asumir riesgo cambiario y de mercado emergente.
La señal llegó con fuerza el lunes 14 de septiembre, cuando el rendimiento del Treasury estadounidense a 10 años superó brevemente 5%, mientras el mercado elevaba la atención sobre la inflación, el petróleo y la próxima decisión de la Reserva Federal. El rendimiento alcanzó alrededor de 5,01%, su nivel más alto desde 2023.
El movimiento es todavía más relevante porque ocurre mientras el Treasury a 30 años permanece por encima de 5,3%. La combinación significa que los inversionistas globales vuelven a disponer de un activo considerado de referencia, denominado en dólares, con un rendimiento que empieza a competir seriamente con parte del atractivo que durante años ofrecieron los mercados emergentes.
Para Latinoamérica, la consecuencia no es necesariamente una salida masiva de capitales. Es algo más gradual pero igualmente importante: el rendimiento que deben ofrecer los activos de la región para convencer al inversionista de permanecer en ellos puede comenzar a aumentar.
La primera lectura ante un incremento de los Treasuries suele ser la política monetaria estadounidense, si la inflación obliga a la Fed a mantener una postura restrictiva durante más tiempo, o incluso a considerar nuevos incrementos de tasas, el diferencial frente a Latinoamérica se reduce, pero esta vez existe una diferencia.
El aumento de los rendimientos largos estadounidenses no depende exclusivamente de la tasa de fondos federales. El mercado también está incorporando mayores necesidades de financiamiento del gobierno, una deuda federal superior a 40 billones de dólares, inflación todavía elevada y una prima por plazo más alta.
El lunes, Reuters destacó precisamente que el rendimiento del Treasury a 10 años estaba siendo impulsado por una combinación de petróleo más caro, preocupaciones inflacionarias y volatilidad en los mercados globales, eso cambia la dimensión del problema para los mercados emergentes.
Si los rendimientos estadounidenses aumentaran únicamente porque la Fed estuviera subiendo la tasa de referencia, el fenómeno podría revertirse cuando el ciclo monetario cambiara. Pero si una parte importante del incremento proviene de factores estructurales que afectan al mercado de deuda estadounidense, las tasas largas pueden permanecer elevadas incluso cuando la Fed deje de subir o eventualmente comience a recortar. Para los inversionistas latinoamericanos, esa distinción es fundamental.
El premio latinoamericano comienza a reducirse
El atractivo del carry trade puede explicarse de manera sencilla: el inversionista busca financiarse en una moneda con una tasa relativamente baja y colocar esos recursos en otra donde el rendimiento sea mayor. México, Brasil y Colombia se han convertido en destinos importantes de estas estrategias precisamente por sus elevados diferenciales de tasas.
Durante 2026, el carry trade ha encontrado apoyo en la baja volatilidad y en los altos rendimientos de monedas latinoamericanas. Distintos estrategas han señalado al peso mexicano, al real brasileño y al peso colombiano entre las monedas utilizadas en este tipo de operaciones; el problema aparece cuando la alternativa estadounidense comienza a ofrecer un rendimiento mayor.
La comparación que realiza un inversionista internacional no consiste simplemente en enfrentar la tasa mexicana contra la estadounidense. El cálculo real incorpora el rendimiento del Treasury, el diferencial de tasas, la expectativa de depreciación de la moneda, el costo de cobertura, la volatilidad y el riesgo específico del país.
Por eso, un Treasury a 5% no necesita pagar lo mismo que un bono mexicano a 9.5% para convertirse en un competidor relevante. Por ejemplo, el bono mexicano a 10 años cerró el 14 de septiembre alrededor de 9,52%, con un incremento de cinco puntos base en la sesión; sobre el papel, todavía existe una diferencia de casi 4,5 puntos porcentuales.
Pero ese diferencial puede cambiar rápidamente si el Treasury sigue subiendo mientras los bancos centrales latinoamericanos continúan reduciendo sus tasas. Y México representa precisamente uno de los casos más interesantes.
México: el doble movimiento que puede complicar al pesoLa economía mexicana enfrenta una situación particularmente delicada para el carry trade; por un lado, los rendimientos locales siguen siendo considerablemente superiores a los estadounidenses. Por otro, Banco de México se encuentra en un proceso de relajación monetaria, mientras el mercado observa con atención la trayectoria de las tasas estadounidenses, esto genera un posible efecto de pinza porque mientras Estados Unidos sube o mantiene elevadas sus tasas México baja las suyas, lo que significa que el diferencial se reduce desde ambos extremos.
El atractivo del peso no desaparece automáticamente, pero cada recorte de Banxico reduce una parte del premio que recibe el inversionista extranjero por mantener activos denominados en pesos, y si simultáneamente el Treasury ofrece más rendimiento, el capital tiene una alternativa cada vez más competitiva.
El mercado cambiario ya ha mostrado sensibilidad a esta dinámica. El fortalecimiento del dólar y el aumento de los rendimientos estadounidenses han reducido el atractivo relativo del carry en monedas latinoamericanas, mientras el peso ha figurado entre las divisas utilizadas en estas estrategias. Reuters señaló recientemente que el peso mexicano se encontraba entre las monedas afectadas por los movimientos que estaban alterando las operaciones de carry.
La verdadera amenaza está en el dólarExiste además un segundo mecanismo; el carry trade funciona mejor cuando las monedas receptoras de capital permanecen estables o se aprecian. Si el inversionista obtiene 8% o 10% de rendimiento en moneda local pero pierde 5% por una depreciación frente al dólar, buena parte de la ventaja desaparece.
Por eso, el rendimiento del bono estadounidense y el comportamiento del dólar forman parte de la misma ecuación. Una subida de los Treasuries puede atraer capital hacia Estados Unidos; si además fortalece al dólar, aumenta la presión sobre las monedas emergentes y hace más costoso mantener posiciones en ellas.
La experiencia reciente del yen ofrece una advertencia. Reuters señaló que el yen avanzó casi 5% durante septiembre frente a varias monedas utilizadas habitualmente en operaciones de carry, entre ellas el peso mexicano, y recordó que la volatilidad cambiaria puede superar rápidamente las ganancias derivadas de los diferenciales de tasas.
Pero no se trata de afirmar que el carry trade latinoamericano esté a punto de desmantelarse, sino de reconocer que la operación deja de ser tan cómoda cuando aumenta la volatilidad y disminuye el diferencial de rendimiento ajustado por riesgo.
Brasil tampoco está fuera del problemaBrasil presenta una situación distinta porque sus tasas continúan siendo extraordinariamente elevadas y el real ha sido uno de los principales beneficiarios de las estrategias de carry. El lunes 14 de septiembre, el dólar llegó a cotizar alrededor de 5,16 reales, en un mercado influido por las tensiones geopolíticas, el petróleo y las expectativas sobre las decisiones monetarias tanto de Brasil como de Estados Unidos.
Pero precisamente porque Brasil ofrece rendimientos elevados, también concentra una parte importante del interés de los inversionistas internacionales que buscan carry.
El dilema es que una operación de este tipo puede funcionar extraordinariamente bien mientras se mantienen tres condiciones: diferencial amplio de tasas, baja volatilidad y estabilidad cambiaria. Cuando una de ellas desaparece, el ajuste puede ser rápido y ahora las tres variables están comenzando a moverse.
El Treasury vuelve a competir por el ahorro mundialEl fenómeno puede tener consecuencias que van más allá del mercado cambiario; para los fondos de inversión, administradores de activos y family offices latinoamericanos, el aumento de los Treasuries vuelve a introducir una pregunta que durante varios años perdió importancia: ¿Cuánto riesgo adicional vale la pena asumir para obtener algunos puntos porcentuales más de rendimiento?
Un administrador que puede obtener alrededor de 5% en un Treasury estadounidense a 10 años debe comparar ese rendimiento con el que puede obtener en deuda mexicana, brasileña, colombiana o chilena, pero también con la volatilidad de cada moneda y con el riesgo de que los diferenciales de tasas continúen reduciéndose.
Eso puede modificar la asignación de activos; los fondos internacionales que durante meses privilegiaron deuda emergente pueden comenzar a exigir mayores rendimientos para conservar esas posiciones. Los fondos locales pueden enfrentar mayores costos de financiamiento. Y los gestores patrimoniales pueden volver a incrementar la exposición a activos denominados en dólares si consideran que la relación riesgo-rendimiento se ha vuelto más favorable, la competencia ya no es solamente entre México y Brasil, es Latinoamérica contra el Treasury por una parte del ahorro global.
La situación también coloca a los bancos centrales latinoamericanos ante una disyuntiva; si la inflación doméstica lo permite, necesitan reducir las tasas para estimular economías que muestran señales de desaceleración. Pero si reducen demasiado rápido mientras los rendimientos estadounidenses permanecen elevados, pueden reducir el atractivo de sus monedas y aumentar la presión cambiaria.
Una depreciación importante, a su vez, puede trasladarse a los precios de bienes importados y dificultar el proceso de desinflación, eso no significa que los bancos centrales de la región deban seguir automáticamente a la Fed, pero el mercado de bonos estadounidense vuelve a convertirse en una restricción externa más importante para la política monetaria latinoamericana, durante la era de tasas ultrabajas, esa restricción perdió buena parte de su fuerza y ahora está regresando.
Para los fondos, la oportunidad y el riesgo están en el mismo lugarEl escenario tampoco es exclusivamente negativo; las elevadas tasas latinoamericanas siguen ofreciendo una oportunidad considerable para los fondos de renta fija. Un bono mexicano a 10 años alrededor de 9,5% continúa ofreciendo un rendimiento nominal muy superior al Treasury a 10 años, el problema es determinar cuánto de ese rendimiento adicional compensa realmente los riesgos.
Para un fondo con horizonte largo y una visión favorable sobre el peso, el diferencial puede continuar siendo suficientemente atractivo, y para un inversionista que teme una depreciación cambiaria o una mayor subida de los Treasuries, la ecuación es distinta. Por ello, el debate para los gestores ya no consiste simplemente en “comprar rendimiento”.
Ahora consiste en determinar si el rendimiento adicional de Latinoamérica es suficiente para compensar el riesgo de que el dólar vuelva a fortalecerse, que los Treasuries sigan subiendo y que los bancos centrales de la región reduzcan sus tasas.
La turbulencia apenas comienzaEl carry trade latinoamericano todavía tiene argumentos a su favor; los diferenciales de tasas siguen siendo amplios, las monedas de la región conservan atractivo y, en algunos casos, las condiciones fiscales y externas son considerablemente mejores que en episodios anteriores de estrés.
Pero la ecuación global está cambiando, el Treasury a 10 años volvió a superar 5%, mientras el bono a 30 años permanece por encima de 5.3%. Al mismo tiempo, el dólar mantiene capacidad de fortalecerse cuando aumentan la aversión al riesgo y las expectativas de tasas estadounidenses más altas.
El resultado es un entorno mucho menos cómodo para las operaciones que dependen exclusivamente del diferencial de tasas, el riesgo para Latinoamérica, por tanto, no es que Estados Unidos vuelva a ofrecer los rendimientos más altos del mundo, consiste en que vuelva a ofrecer rendimientos suficientemente altos como para que los inversionistas ya no necesiten asumir tanto riesgo latinoamericano para obtenerlos.
Esa diferencia puede parecer pequeña, pero para los mercados de fondos, deuda y divisas puede marcar un cambio importante, durante meses, el dinero internacional encontró en Latinoamérica una combinación atractiva de tasas elevadas y monedas relativamente estables pero ahora el Treasury está reclamando nuevamente una parte de ese capital.
Y mientras el bono estadounidense siga subiendo, el carry trade latinoamericano tendrá que demostrar que su premio todavía vale el riesgo.
El rendimiento del Treasury a 30 años llegó a 5,37%, mientras el bono a 10 años superó el 5%. El mercado comienza a exigir una prima mayor por financiar al gobierno estadounidense en un contexto marcado por déficits fiscales, una deuda superior a 40 billones de dólares, inflación persistente y una creciente demanda de capital para financiar la inversión en inteligencia artificial. Así, según analistas, operadores y expertos en mercados de dinero, el mercado de bonos del Tesoro de Estados Unidos está enviando una señal que trasciende la próxima decisión de la Reserva Federal y que podría consistir en el hecho de que el costo de financiar al gobierno estadounidense podría haber entrado en una nueva etapa estructural.
El rendimiento del Treasury a 30 años alcanzó 5,37% el 10 de septiembre, su nivel más alto desde 2007, antes de moderarse ligeramente, mientras que apenas este lunes 14 de septiembre se ubicó en 5,34%, todavía en niveles que no se observaban desde antes de la crisis financiera global. El movimiento también alcanzó al tramo de referencia de la curva. El rendimiento del bono a 10 años superó brevemente 5% el 14 de septiembre y llegó a 5,01%, su nivel más alto desde octubre de 2023, de acuerdo con Reuters.
No se trata solamente de una reacción a las expectativas sobre la política monetaria. El mercado está incorporando una combinación más compleja de factores: inflación todavía por encima del objetivo de la Fed, petróleo y energía más caros, enormes necesidades de financiamiento del gobierno, una oferta creciente de deuda corporativa vinculada con la inteligencia artificial y dudas sobre la capacidad de la demanda para absorber todo ese volumen de bonos sin exigir una compensación mayor. Para los inversionistas institucionales, la pregunta empieza a ser diferente: ¿estamos ante un episodio temporal de tasas elevadas o ante un nuevo régimen de rendimientos estructuralmente más altos?
Goldman Sachs Research se inclina por la segunda posibilidad. De acuerdo con el análisis de los expertos, el nivel de 5% no tiene la misma importancia técnica para todos los vencimientos, pero en el caso del Treasury a 30 años representa un cambio particularmente significativo. El Departamento del Tesoro muestra que el rendimiento del bono de referencia a 30 años pasó de 5,25% el 4 de septiembre a 5,39% el 10 de septiembre. Aunque posteriormente retrocedió, todavía permanecía en 5,34% al cierre del 14 de septiembre. La magnitud del movimiento importa porque los bonos de larga duración son particularmente sensibles a las expectativas sobre inflación, crecimiento, oferta de deuda y prima por plazo.
En otras palabras, el mercado no solamente está preguntando dónde estará la tasa de fondos federales en los próximos meses sino que está tratando de determinar cuánto rendimiento adicional necesita para mantener deuda estadounidense durante 10, 20 o 30 años, y esa prima parece haber aumentado. Goldman Sachs Research considera que algunas de las fuerzas que han impulsado el incremento en el mercado de bonos podrían desaparecer, pero que las preocupaciones fiscales probablemente persistirán. El dato resulta particularmente relevante porque la subida ha ocurrido de manera relativamente ordenada. George Cole, jefe de estrategia de tasas europeas de Goldman Sachs Research, destacó que la ausencia de un incremento significativo de la volatilidad dificulta argumentar que el mercado esté fundamentalmente mal valuado. La lectura es importante: si los rendimientos están subiendo porque los fundamentales cambiaron, no necesariamente bastará con una intervención puntual del Tesoro o con una modificación de las expectativas de la Fed para hacerlos regresar a los niveles anteriores.
El déficit empieza a competir con la Fed
Para los expertos, la principal diferencia entre el episodio actual y otros ciclos de tasas elevadas está en el peso de las necesidades fiscales. El déficit presupuestario estadounidense acumulado en el ejercicio fiscal 2026 alcanzó aproximadamente 1,97 billones de dólares hasta agosto, por encima de los 1,775 billones registrados durante todo el ejercicio fiscal 2025. Los pagos de intereses de la deuda también aumentaron: el gasto acumulado por este concepto era 13% superior al del mismo periodo del año anterior.
Al mismo tiempo, la deuda federal estadounidense ya superó los 40 billones de dólares, un umbral que está adquiriendo relevancia creciente en el mercado. La combinación genera un problema conocido pero cada vez más visible: cuanto mayor es el déficit, mayor es la necesidad de emitir deuda; cuanto mayor es la cantidad de deuda que debe absorber el mercado, mayor puede ser el rendimiento que los inversionistas exigen para comprarla. Además, existe un segundo efecto. Los rendimientos elevados aumentan el costo de refinanciar la deuda existente, lo que incrementa el gasto por intereses y puede generar nuevas necesidades de financiamiento; se trata de una dinámica que no implica necesariamente una crisis, pero sí puede hacer que la política fiscal tenga una influencia cada vez mayor sobre la curva de rendimientos.
Reuters señala que el mercado sigue funcionando de manera ordenada pese a que la deuda estadounidense ya superó los 40 billones de dólares, y destaca que el déficit ronda 6% del PIB, mientras que el crecimiento nominal se mantiene cerca de 6%. Esto es fundamental: los niveles actuales no significan que el mercado considere inminente un impago estadounidense, lo que están reflejando es que financiar al gobierno tiene un precio mayor y lo anterior se complica si además entran en juego factores geoeconómicos adicionales.
La IA también está compitiendo por el ahorro
Hay otro factor que Goldman Sachs coloca en el centro de la discusión: la inteligencia artificial. La inversión en infraestructura de IA está generando una enorme demanda de capital. Empresas tecnológicas y compañías vinculadas con centros de datos están recurriendo cada vez más al mercado de deuda para financiar proyectos de gran escala. Reuters estima que la emisión de deuda vinculada con proyectos de inteligencia artificial alcanzó casi 500.000 millones de dólares durante 2026 hasta principios de agosto, equivalente a alrededor de 20% de toda la deuda estadounidense con grado de inversión emitida en ese periodo, frente a apenas 1% en 2024.
Por su parte, Goldman Sachs plantea una dimensión todavía más amplia: el endeudamiento asociado con inversiones en inteligencia artificial podría llegar a representar alrededor de 1% del PIB mundial, incrementando la competencia por el ahorro disponible a escala global. La consecuencia para los bonos gubernamentales es directa; si los gobiernos y empresas demandan simultáneamente más capital, los inversionistas tienen mayor capacidad para exigir una rentabilidad superior. La cuestión deja de ser exclusivamente cuánto dinero necesita Washington y pasa a ser cuánto capital requiere el mundo para financiar la siguiente ola de inversión.
El petróleo complica el escenario
El mercado recibió además un nuevo shock inflacionario procedente de la energía; el petróleo Brent llegó a superar los 100 dólares por barril en medio de las tensiones geopolíticas y las interrupciones de suministro en Medio Oriente. El encarecimiento de la energía volvió a alimentar las expectativas de inflación y redujo la confianza en una rápida relajación monetaria. Por su parte, el dato de inflación estadounidense de agosto tampoco permitió despejar completamente las dudas porque el índice de precios al consumidor aumentó 0,4% mensual y 3,4% anual, de acuerdo con datos citados por Reuters. Aunque la lectura estuvo en línea con las expectativas, el comportamiento de la energía y los alimentos mantiene presión sobre las perspectivas inflacionarias.
Para los bonos de largo plazo, el problema es particularmente sensible, una inflación elevada durante un periodo prolongado erosiona el valor real de los flujos futuros que recibirán los tenedores de bonos. Por ello, los inversionistas pueden exigir una mayor compensación en forma de rendimiento y eso ayuda a explicar por qué los vencimientos largos están sufriendo una presión mayor que los cortos. En este contexto, el movimiento reciente de la curva de Treasuries es revelador; el 14 de septiembre el rendimiento a dos años se encontraba alrededor de 4,18%, mientras que el de 10 años alcanzaba 4,97% y el de 30 años 5,34%.
La diferencia entre el corto y el largo plazo muestra que el mercado está incorporando una prima considerable por mantener deuda durante periodos extensos, esto puede interpretarse como una combinación de expectativas de tasas, inflación, oferta de deuda y prima por plazo. Es aquí donde aparece una de las ideas centrales de Goldman Sachs: las tasas largas pueden permanecer elevadas incluso si algunos de los factores que impulsaron el repunte desaparecen; es decir, la energía podría abaratarse, la inflación podría moderarse y la inversión en IA podría demostrar que sus retornos son suficientemente elevados como para reducir la necesidad de endeudamiento. Pero, el déficit fiscal permanecería. “Las preocupaciones fiscales no desaparecerán”, es la conclusión de Goldman Sachs Research sobre uno de los factores estructurales detrás de los mayores rendimientos.
El Tesoro intenta intervenir, pero el mercado no se convence
El gobierno estadounidense tampoco está ignorando el comportamiento del mercado. El Tesoro anunció en septiembre que ampliaría sus operaciones de recompra de deuda de largo plazo hasta 6.000 millones de dólares, triplicando el tamaño de una operación anterior. El objetivo es mejorar la liquidez y retirar del mercado algunos bonos antiguos y menos líquidos. Sin embargo, el anuncio no consiguió revertir de manera duradera la presión sobre los rendimientos; el mercado recibió la operación con cautela porque las recompras pueden modificar la composición de la deuda, pero no reducen las necesidades generales de financiamiento del gobierno.
Goldman Sachs ha advertido precisamente sobre esta limitación: cambiar la composición de los vencimientos no resuelve por sí mismo el problema fiscal que está detrás de la presión sobre las tasas largas; el mensaje es relevante para los administradores de renta fija y consiste en el hecho de que si el problema es estructural las herramientas de gestión de liquidez pueden ayudar a estabilizar el mercado, pero difícilmente modificarán por sí solas el nivel de equilibrio de las tasas.
¿Una nueva oportunidad para los fondos de bonos?
El otro lado de la historia es menos negativo; un Treasury a 30 años con un rendimiento superior a 5% vuelve a ofrecer una fuente de ingreso que durante años fue prácticamente inexistente para los inversionistas de renta fija; para fondos de inversión, aseguradoras, fondos de pensiones y gestores patrimoniales, el nuevo escenario puede representar una oportunidad para reconstruir carteras de duración. La pregunta es el riesgo de entrar demasiado pronto. Comprar un bono a 30 años con un rendimiento de 5,3% puede parecer atractivo frente a los niveles de la última década, pero si el rendimiento sube a 5,7% o 6%, el precio del bono caerá y las pérdidas de valuación pueden ser significativas; la duración vuelve, por tanto, a ocupar un lugar central en la gestión.
Para un inversionista institucional con horizonte largo, un Treasury de 30 años puede representar una oportunidad para asegurar rendimientos nominales elevados durante décadas, mientras que para un fondo con restricciones de volatilidad o necesidades de liquidez de corto plazo, la misma posición puede representar un riesgo considerable. Quienes saben del mercado de dinero señalan que el atractivo no está solamente en el cupón, está en qué tan alto puede llegar el rendimiento antes de que la oportunidad se convierta en una trampa de duración. Existe además una consecuencia importante para los mercados accionarios.
El impacto sobre las acciones
Un Treasury a 30 años por encima de 5% aumenta el rendimiento disponible en activos considerados de muy bajo riesgo crediticio. Eso cambia el cálculo de los inversionistas frente a las acciones, particularmente cuando las valuaciones bursátiles son elevadas. Reuters señaló que el nivel de 5% en el Treasury a 10 años podría aumentar la competencia de los bonos frente a las acciones y presionar valuaciones que habían sido sostenidas por expectativas de crecimiento y beneficios corporativos, dicho efecto es especialmente relevante para las empresas tecnológicas.
La inversión en IA necesita cantidades enormes de capital y muchas de las compañías involucradas han recurrido al mercado de deuda. Si las tasas libres de riesgo permanecen elevadas, aumenta el costo de capital de toda la cadena y el mercado, por tanto, enfrenta una paradoja. La IA está impulsando inversión, productividad y expectativas de crecimiento, pero también está aumentando la demanda de financiamiento que contribuye a elevar el costo del capital.
El Treasury ya no puede darse por descontado
Durante décadas, los bonos del Tesoro estadounidense fueron considerados el activo de referencia para la gestión de liquidez global y la preservación de capital, pero el mercado está introduciendo una distinción importante: que un activo sea considerado libre de riesgo de crédito no significa que esté libre de riesgo de duración, inflación o valuación. El cambio en la composición de los compradores también importa. El Financial Times señala que la participación de tenedores tradicionalmente poco sensibles al precio, como algunos bancos centrales, ha disminuido, mientras que fondos y hogares —más sensibles al rendimiento— tienen un papel mayor en el mercado.
Esto puede aumentar la sensibilidad de los Treasuries a las condiciones del mercado; si los inversionistas privados tienen que absorber una proporción mayor de las nuevas emisiones, el Tesoro puede necesitar ofrecer rendimientos más atractivos para asegurar la demanda. No significa que el Treasury haya perdido su papel central. Significa que la seguridad crediticia estadounidense ya no garantiza por sí sola una demanda ilimitada a cualquier precio y es ahí donde hace su aparición la presgunta central para todo el mundo.
¿Hasta dónde pueden llegar las tasas?
Esta es la gran pregunta que dominará el mercado durante los próximos meses; algunos señalan que una parte del incremento puede revertirse si disminuyen los precios de la energía, se modera la inflación y se reduce la expectativa de nuevas alzas de tasas por parte de la Reserva Federal. Pero Goldman Sachs plantea una advertencia más profunda: aunque esos factores temporales desaparezcan, los problemas fiscales seguirán presentes. Eso explicaría por qué las tasas largas podrían mantenerse elevadas incluso cuando la Fed eventualmente comience a relajar su política monetaria.
La experiencia de los últimos años ya demostró que la tasa de fondos federales y el rendimiento del Treasury a 30 años no son la misma cosa; la Fed controla directamente el extremo corto de la curva pero el mercado determina en buena medida qué rendimiento exige por prestar dinero durante 10, 20 o 30 años, y en este momento está pidiendo más. El repunte de los Treasuries tiene una lectura doble para los mercados. Por un lado, representa un desafío para el gobierno estadounidense, para los emisores corporativos y para las valuaciones de activos de riesgo; por otro, puede marcar el regreso de la renta fija como una alternativa de inversión capaz de competir nuevamente con las acciones por el capital institucional.
El Treasury a 30 años por encima de 5% no es una señal automática de crisis. Tampoco implica que Estados Unidos esté perdiendo el control de su mercado de deuda. lo que sí revela es un cambio en la relación entre deuda, inflación, inversión y ahorro global. Estados Unidos necesita financiar déficits elevados, las empresas necesitan capital para construir la infraestructura de la inteligencia artificial y los gobiernos de otras economías desarrolladas también están emitiendo más deuda. Mientras, los inversionistas tienen un límite sobre cuánto capital pueden destinar a absorber esa oferta.
En ese escenario, el precio que equilibra oferta y demanda es el rendimiento y ese precio acaba de alcanzar niveles que no se veían desde antes de la crisis financiera de 2008. La cuestión para los mercados ya no es solamente si la Fed bajará o subirá las tasas, ahora consiste en saber si el mundo ha entrado en una era en la que financiar grandes déficits e inversiones de largo plazo requerirá permanentemente rendimientos más altos. Si la respuesta es afirmativa, el 5,37% alcanzado por el Treasury a 30 años podría terminar siendo más allá de un máximo histórico, el comienzo de una nueva referencia para el mercado global de renta fija.
Foto cedidaDrew T. Matus, Chief Market Strategist de MetLife Investment Management .
La segunda edición del Funds Society Leaders Summit, en colaboración con CFA Society Spain, contó con un análisis por parte de MetLife Investment Management, en el que Drew T. Matus, Chief Market Strategist de la firma, se centró en cómo ve el mundo ahora mismo y cómo cree que evolucionará; de sus riesgos y, sobre todo, del impacto de la inteligencia artificial.
Matus afirmó que el crecimiento está siendo impulsado principalmente por la IA: Estados Unidos o Corea están experimentando un crecimiento acelerado pero el resto del mundo está teniendo algunas dificultades para recuperarse de la debilidad del año pasado. Todo, en un contexto de inflación y con altas rentabilidades, “lo cual no es necesariamente algo malo”.
El experto observa que, a pesar de la volatilidad geopolítica y la inflación, las expectativas de una recesión en cualquiera de estas regiones son bastante bajas. “La gente se siente muy cómoda con que el statu quo se mantendrá indefinidamente, lo cual es un tanto extraño, dado que los rendimientos se están normalizando y hay mucho riesgo en el lado geopolítico”, comenta, para puntualizar que el único país que está actuando de forma remotamente anormal en comparación con el período más reciente es Japón.
Matus explica que la inteligencia artificial, a medida que se vaya extendiendo por el mundo y se utilice con mayor frecuencia en las diferentes regiones, “podría reducir la brecha entre Estados Unidos y el resto del mundo en términos de crecimiento de la productividad, lo que implicaría reducir el diferencial en términos de crecimiento potencial del PIB”. Una circunstancia que daría solución a problemas como los déficits gubernamentales, pues según el experto, “si se logra superar el déficit, se estará en una posición bastante favorable”.
Pero el futuro, a junio de Matus, podría deparar tanto una reducción como una ampliación de esta brecha. En última instancia, “dependerá de los responsables políticos, en este caso en Europa, aunque lo mismo ocurre en algunas partes de Asia”, por lo que “corresponde a los responsables políticos determinar si desean cerrar esta brecha o no, y cómo regular las tecnologías emergentes que podrían permitirlo”.
Riesgos
Uno de los principales riesgos que ve Mateus relacionado con la IA no reside en la promesa de la tecnología en sí. Los directores ejecutivos creen que basta con implementar esta tecnología en sus empresas y que, con solo dar acceso a la herramienta a todos, todo se solucionará solo. “Pero la realidad es que se necesita una empresa diseñada para utilizar la nueva tecnología”, apunta, por lo que, desde el punto de vista operativo, es mucho más difícil aprovecharla que en cualquier otro momento y ahora “los directores ejecutivos han empezado a darse cuenta de que han hecho muchas promesas que no pueden cumplir”.
Matus pone el foco en la falta de evidencias que apunten a que la IA está dejando a los jóvenes sin trabajo. De hecho, en Estados Unidos, hay contrataciones, pero a trabajadores con experiencia,”lo cual es precisamente lo contrario de lo que se pretende con la IA, porque los trabajadores con experiencia son los que se pueden reemplazar y suelen ser más caros”. En definitiva, no observa un aumento del desempleo ni del subempleo ni tampoco niveles de productividad elevados en Estados Unidos. En concreto, las cifras del último trimestre están en consonancia con la media de los últimos 10 años e, incluso, de los últimos 50 años. “Si buscamos IA en los datos, aún no la hemos encontrado”, sentencia. Por lo tanto, observa una oportunidad para los mercados, “ya que todavía no hemos visto el impacto positivo de la IA en la economía en general, ni en Estados Unidos ni, francamente, en ningún otro lugar”.
Otro aspecto que Matus ve preocupante es que un sector que debería beneficiarse de la inteligencia artificial y de todas las mejoras de productividad que conlleva es el sector financiero. Pero no está experimentando un buen momento bursátil en los mercados del calibre del sector tecnológico o del mercado en general. “El mercado se ha dejado llevar por la idea de que la IA será una tecnología revolucionaria, pero aún no hay pruebas concluyentes”, señala Matus.
En definitiva, el experto concluye que el mercado apuesta por el optimismo a corto plazo en torno a la IA. Pero la realidad es que la IA tardará en integrarse en la economía. Por eso, anticipa que, a medida que la IA se extienda por la economía, “tendrá todos los efectos que se prometen a corto plazo, pero no los veremos pronto”.
El largo plazo
¿Cómo creemos que se desarrollará esto a largo plazo? Para entender las ganancias de productividad en Estados Unidos, Matus echa mano de la tecnología y su máximo aprovechamiento. Y la metodología que usó el país para lograrlo -a través de la formación al empleado- fue “la correcta, ya sea por la menor regulación o por cualquier otro motivo”.
Matus pone cifras al crecimiento potencial estadounidense con la aplicación de la IA: entre 4% y el 4,5% en los próximos 10 años, “algo que nunca habíamos visto en una economía de mercado desarrollada”. Sólo sería comparable a lo visto tras la entrada de China en la OMC. Matus señala, en este punto, que esta es una de las razones por las que, cuando se analiza el déficit estadounidense o se percibe que a los estadounidenses no les importa, “es porque realmente no nos importa, creemos que podemos superarlo”.
Y habrá cambios en la economía, como ha sucedido en otras revoluciones tecnológicas. De hecho, Matus no descarta que algunas de las mayores empresas en 2025 no estarán en esos puestos en el futuro. Tal y como sucedió con los gigantes de los años 90. Entonces, lo que resultó evidente -y que Matus considera un riesgo, al considerar la inteligencia artificial y todos los cambios que se están produciendo en la economía mundial- es que las empresas que supieron cómo utilizar la nueva tecnología son precisamente las que se encuentran en ese grupo.
“Una o dos de ellas están directamente relacionadas con la tecnología, pero, en general, simplemente le dan un enfoque diferente a las nuevas tecnologías. Así pues, al reflexionar sobre cómo será el mundo en 2035, 2040 y 2050, los ganadores y perdedores no serán necesariamente los nombres que aparecen hoy en las portadas del Financial Times y el Wall Street Journal. Se trata, en realidad, de empresas que están descubriendo cómo utilizar la tecnología que se les ofrece”, concluye.
Foto cedidaAlexandra Auer, responsable de Distribución para EMEA de Allianz Global Investors
Allianz Global Investors (AllianzGI) y BTG Pactual han anunciado una alianza estratégica de distribución para el mercado US Offshore y varios países de Latinoamérica, entre ellos Brasil, Argentina y Uruguay. Según el acuerdo, BTG Pactual distribuirá las estrategias de inversión activa de AllianzGI en mercados cotizados y privados.
Según destacaron a través de un comunicado, la alianza combina la experiencia global de AllianzGI en inversión y gestión activa con la consolidada red de distribución regional de BTG Pactual, su conocimiento de los mercados locales y sus sólidas relaciones con clientes. La colaboración permitirá ampliar el acceso de los inversionistas a estrategias internacionales, con el respaldo de un servicio al cliente con un enfoque local.
El acuerdo, recalcaron, refuerza el compromiso de AllianzGI con el mercado US Offshore, una prioridad estratégica para la firma, y refleja su objetivo de seguir ampliando su presencia en Brasil, Argentina y Uruguay.
“Latinoamérica es un mercado estratégico para Allianz Global Investors y esta alianza con BTG Pactual supone un paso importante para seguir impulsando y reforzando nuestra presencia en la región. La experiencia local de BTG Pactual, sus sólidas relaciones con clientes y su consolidada red de distribución lo convierten en un socio clave para AllianzGI. Juntos podremos responder mejor a las necesidades de los inversionistas de US Offshore y ampliar el acceso a nuestras estrategias de inversión activa en Brasil, Argentina, Uruguay y otros mercados de la región”, señaló Alexandra Auer, responsable de Distribución para EMEA de Allianz Global Investors.
“Nos complace profundizar nuestra relación con Allianz Global Investors a través de esta alianza estratégica, plenamente alineada con nuestro objetivo de colaborar con las principales gestoras internacionales para ofrecer a nuestros clientes acceso a soluciones de inversión de primer nivel. Esta colaboración nos permitirá ampliar el acceso a las capacidades de inversión de AllianzGI para clientes del mercado offshore de Estados Unidos y de América Latina. Nuestra actividad de distribución estará impulsada por un equipo especializado de más de 30 profesionales, que trabajará estrechamente con AllianzGI para impulsar el desarrollo de este negocio a largo plazo. Confiamos en construir una alianza sólida, exitosa y duradera”, afirmó Rubens Henriques, socio director y CEO de BTG Pactual Asset Management.