Foto cedidaAlain Krief, director global de inversiones (izquierda) y Charles Lilford, codirector del área de renta variable y gestor sénior de la estrategia Big Data.
Alain Krief ha sido nombrado director global de inversiones (Global Chief Investment Officer, CIO) con efecto a partir del 24 de agosto. Está basado en París y reportará a Christophe Caspar, Global CEO de Edmond de Rothschild Asset Management.
Según explican desde la entidad, Alain cuenta con más de 30 años de experiencia en los mercados de renta fija y crédito. Fue nombrado director global de renta fija de Edmond de Rothschild AM en 2019, cargo desde el que ha dirigido un equipo de 15 profesionales y gestionado activos por valor de 12.000 millones de euros. Entre 2012 y 2019 desempeñó una función similar en Oddo BHF Asset Management.
Anteriormente, fue director global de crédito en BNP Paribas Asset Management (Fischer Francis Trees & Watts). También ha ocupado diversos puestos de responsabilidad en el ámbito de la deuda corporativa de high yield europea en Crédit Agricole Asset Management (Amundi) y Crédit Lyonnais Asset Management. Alain se graduó en 1989 en la Escuela Nacional Superior de Ingeniería de Caen (ENSI Caen) y posee un DEA (Diploma de Estudios Avanzados) en Inteligencia Artificial por la Universidad de Caen.
El equipo de inversión en activos líquidos de Edmond de Rothschild AM cuenta con 82 profesionales especializados en renta fija (crédito y deuda soberana), renta variable cotizada y estrategias multiactivo y de overlay, con un volumen total de activos bajo gestión superior a 60.000 millones de euros, invertidos a través de fondos y mandatos.
Nuevo codirector de renta variable
Por otro lado, Edmond de Rothschild AM ha realizado un segundo nombramiento de alto nivel, esta vez en su equipo de renta variable, con la incorporación de Charles Lilford como codirector del área de renta variable y gestor sénior de la estrategia Big Data, junto a Xiadong Bao. Con efecto a partir del 28 de septiembre, Charles estará basado en París y reportará a Alain Krief, Global CIO en Edmond de Rothschild Asset Management.
Con más de 20 años de experiencia en gestión de activos y mercados de capitales, la especialidad de Lilford es la identificación de compañías ganadoras en una amplia variedad de sectores, entre ellos energía y suministro eléctrico, industriales y, especialmente, el sector tecnológico.
Antes de incorporarse a Edmond de Rothschild Asset Management, trabajó durante diez años en BlackRock, dentro del equipo de Sector & Thematics, donde gestionó los fondos insignia BGF Sustainable Energy Fund y Future of Transport Fund. Asimismo, ha desempeñado los cargos de gestor de inversiones en capital riesgo e infraestructuras en Treïs Partners LLP y de asociado en Dresdner Kleinwort. Inició su carrera profesional como analista en Fieldstone Private Capital Group.
Lilford es licenciado en Business Science por la Universidad de Ciudad del Cabo (University of Cape Town) y ha completado diversos programas de certificación profesional en Administración de Empresas, Innovación Energética y Tecnologías Emergentes y Modelización Financiera.
Lanzada en 2015, la estrategia Big Data de Edmond de Rothschild AM es una de las estrategias insignia de la gestora, con 3.400 millones de euros en activos bajo gestión. Clasificada como Artículo 8 según la normativa europea SFDR, la estrategia invierte en compañías internacionales situadas en el centro de la revolución de los datos, abarcando todos los sectores de actividad. Charles Lilford y Xiadong Bao compartirán la dirección de la estrategia Big Data como cogestores principales.
Christophe Caspar, CEO de Edmond de Rothschild Asset Management, comentó: “Estamos encantados de contar con Alain como nuestro nuevo director de inversiones (CIO). Sus capacidades de liderazgo y su sólida trayectoria en gestión de inversiones lo convierten en la elección natural para este puesto. Asimismo, nos complace dar la bienvenida a Charles a la firma. Su impresionante historial en la selección de valores mediante análisis fundamental (bottom-up), su reconocida experiencia en inversión temática y su enfoque de inversión de alta convicción aportarán un gran valor a nuestra estrategia Big Data, reforzarán aún más nuestra franquicia de renta variable y resultarán de gran utilidad para nuestros clientes”.
Grupo Financiero Banamez anunció que como parte de su estrategia para fortalecer su propuesta de valor, continuar ofreciendo productos de excelencia y ofrecer servicios de banca universal a sus clientes, Marcelo Hernández se incorporará como Director General de Seguros y Pensiones Banamex, a partir del 1 de septiembre próximo.
Desde esta posición, Marcelo Hernández estará al frente de la estrategia y operación de los negocios de Seguros y Pensiones, con el mandato de impulsar su crecimiento rentable y sostenible, fortalecer su propuesta de valor e innovación y profundizar la integración entre las capacidades de banca y seguros en beneficio de los clientes.
Entre sus principales responsabilidades estará consolidar la visión estratégica de ambas compañías, fortalecer las capacidades comerciales y potenciar la colaboración con Chubb, socio estratégico de negocio de Banamex. Asimismo, encabezará iniciativas orientadas a acelerar la transformación de la organización, en un entorno de innovación, colaboración y excelencia operativa.
Su incorporación representa un paso relevante en la consolidación de Seguros y Pensiones Banamex como un componente estratégico de la visión de Grupo Financiero Banamex para consolidar servicios de banca universal, al ampliar las capacidades de atención y acompañamiento de los clientes a lo largo de las distintas etapas de su vida.
“La llegada de Marcelo Hernández fortalece de manera significativa nuestras capacidades en un negocio estratégico para Banamex. Su amplia experiencia en la industria aseguradora, su visión de transformación y su trayectoria al frente de organizaciones de gran escala serán fundamentales para impulsar el crecimiento rentable de nuestros negocios de Seguros y Pensiones. Estamos convencidos de que su liderazgo contribuirá a construir una organización cada vez más ágil, innovadora y con una visión centrada en nuestros clientes, la innovación y la generación de valor sostenible”, expresó Edgardo del Rincón, director general de Grupo Financiero Banamex.
Marcelo Hernández cuenta con más de 35 años de experiencia en la industria aseguradora, durante los cuales ha liderado organizaciones de gran escala y desarrollado estrategias enfocadas en crecimiento, rentabilidad y transformación de negocios.
Antes de incorporarse a Banamex, se desempeñó como Presidente y Director General de HSBC Seguros México, donde encabezó una transformación organizacional que contribuyó a fortalecer la posición competitiva de la compañía y acelerar su crecimiento rentable.
Previamente, ocupó la posición de Presidente y Director General de AIG Seguros México y desempeñó diversas responsabilidades de alta dirección en MetLife y GNP, consolidando una trayectoria como uno de los ejecutivos con mayor experiencia en el sector asegurador en México. Es Ingeniero Industrial por la Universidad Iberoamericana y cuenta con una Maestría en Finanzas y Administración de Riesgos por St. John’s University, en Nueva York.
El panorama de la renta fija ha cambiado. Durante gran parte del periodo posterior a la crisis financiera mundial, los inversores se enfrentaban a una elección sencilla pero incómoda: aceptar bajas rentabilidades en bonos de mayor calidad o asumir más riesgo para buscar mayores ingresos. Hoy, esa disyuntiva es diferente. Unos niveles de rentabilidad inicial más elevados significan que los bonos pueden volver a desempeñar un papel más relevante como fuente de ingresos, elemento diversificador y potencial generador de rentabilidad total.
Pero la oportunidad no es uniforme. La característica definitoria del mercado actual no es simplemente que las tasas de interés sean más altas, sino que los resultados están mostrando una mayor dispersión. El crecimiento, la inflación, la política fiscal y la política monetaria ya no evolucionan de forma sincronizada. Algunas economías siguen mostrando resistencia, respaldadas por mercados laborales sólidos, gasto fiscal e inversiones en infraestructuras relacionadas con la inteligencia artificial. Otras están más expuestas a una desaceleración de la demanda, restricciones presupuestarias, volatilidad de los mercados energéticos o un debilitamiento del consumo.
Esta divergencia está transformando los mercados de bonos. Los bancos centrales están respondiendo a condiciones domésticas diferentes, lo que hace que sus trayectorias de política monetaria estén menos sincronizadas que en ciclos anteriores. En algunas regiones, una inflación persistente mantiene cautos a los responsables de política monetaria. En otras, un crecimiento más débil genera presión para reducir las tasas. El resultado es un entorno en el que las tasas de interés, las divisas y las curvas de rentabilidad pueden comportarse de manera muy diferente entre mercados.
Un mercado de ganadores y perdedores
Las mismas fuerzas son cada vez más visibles en los mercados de crédito. Los fundamentales empresariales siguen siendo, en términos generales, saludables, pero la brecha entre los emisores más resistentes y los prestatarios más vulnerables se está ampliando.
La inversión relacionada con la inteligencia artificial está generando grandes necesidades de capital en sectores como la tecnología, los servicios públicos, las infraestructuras eléctricas y los centros de datos. Este gasto puede respaldar el crecimiento, pero también genera nuevas emisiones de deuda, riesgos de ejecución y una posible presión sobre los balances.
Al mismo tiempo, la disrupción tecnológica está poniendo en cuestión modelos de negocio establecidos en sectores donde las ventajas competitivas podrían resultar menos duraderas de lo que los inversores habían asumido.
Con los diferenciales de crédito generales ya en niveles reducidos, puede resultar poco realista esperar que una nueva compresión de los diferenciales sea, por sí sola, el principal motor de las rentabilidades futuras. En cambio, los ingresos y el carry probablemente tendrán que asumir una mayor parte del peso.
Esto hace que el punto de partida resulte atractivo, pero también reduce el margen de error. En este entorno, evitar créditos que se estén deteriorando puede ser tan importante como identificar a los futuros ganadores.
Más allá del índice de referencia
Otro desafío reside en cómo se construyen los índices de renta fija. Los índices ponderados por capitalización de deuda asignan más capital a los mayores emisores de deuda. Esto significa que los gobiernos que presentan los mayores déficits y las empresas con mayores necesidades de financiación pueden convertirse en componentes más importantes del índice, independientemente de su valoración, nivel de endeudamiento o fundamentales futuros.
Por tanto, los inversores pasivos podrían estar asumiendo una exposición mayor de la que creen a las partes más endeudadas del mercado.
Para los inversores, esto genera una creciente desconexión entre lacomposición de los índices y las oportunidades reales de inversión. Algunas de las áreas más atractivas del mercado de bonos pueden encontrarse fuera de las exposiciones tradicionales, incluyendo crédito titulizado, determinados bonos de gobiernos y corporativos de mercados emergentes, préstamos, mercados soberanos globales y otros segmentos donde la valoración, la estructura, la liquidez y la calidad crediticia puedan analizarse de forma deliberada.
Dónde pueden surgir oportunidades
La renta fija de alta calidad sigue siendo fundamental dentro del conjunto de oportunidades. Los atractivos rendimientos actuales permiten a los inversionistas obtener ingresos sin depender excesivamente del crédito de menor calidad. Los rendimientos reales también siguen siendo atractivos en comparación con gran parte del periodo posterior a la crisis financiera, lo que aumenta el atractivo de los bonos tanto como asignación estratégica como fuente de resiliencia para los portafolios.
El crédito titulizado es otra área en la que la selección puede resultar especialmente importante. Los valores respaldados por hipotecas de agencias (MBS respaldados por agencias), los valores residenciales respaldados por hipotecas sin garantía de agencia (RMBS no de agencia), los valores respaldados por hipotecas comerciales (CMBS) y los valores respaldados por activos (ABS) pueden ofrecer fuentes diversificadas de rentabilidad, a menudo respaldadas por activos de garantía, protecciones estructurales y características de menor duración.
Sin embargo, la calidad, la estructura y la visibilidad de los flujos de caja son fundamentales, especialmente en aquellas áreas expuestas al riesgo de refinanciación o a una elevada dispersión en los mercados inmobiliarios.
Los mercados emergentes también siguen ofreciendo oportunidades selectivas, especialmente allí donde unos marcos de política económica creíbles, unos fundamentales en mejora y unos diferenciales de rentabilidad real atractivos respaldan el carry. Pero la selección por países sigue siendo esencial. La exposición a materias primas, la credibilidad fiscal, la dinámica de las divisas y la política interna pueden generar resultados muy diferentes entre mercados.
El crédito corporativo requiere una postura más discriminatoria. Las valoraciones de la deuda con grado de inversión dejan poco margen para una amplia reducción adicional de los diferenciales, mientras que las presiones propias de las últimas fases del ciclo económico, las necesidades de inversión de capital (capex) y las operaciones de fusiones y adquisiciones podrían ejercer presión sobre determinados balances.
En high yield y en los préstamos apalancados (leveraged loans), la mejora de las valoraciones en determinadas áreas puede generar oportunidades, pero el énfasis debería mantenerse en flujos de caja sostenibles, capacidad para mantener precios y necesidades de refinanciación manejables.
El argumento a favor de una resiliencia activa
El mensaje para los inversores es claro: la renta fija vuelve a ser atractiva, pero no es sencilla.
Los mayores rendimientos proporcionan una base más sólida para obtener rentabilidades, pero unos diferenciales más estrechos y una mayor dispersión significan que los inversionistas deben ser más conscientes y selectivos a la hora de decidir dónde asumir riesgo.
El objetivo no debería ser simplemente buscar el máximo rendimiento, sino construir portafolios capaces de generar ingresos manteniendo al mismo tiempo su resistencia ante diferentes escenarios macroeconómicos.
Esto apunta hacia un enfoque más activo y flexible: mejorar la calidad del portafolio cuando la compensación por asumir riesgo sea insuficiente; rotar dinámicamente entre sectores y países; diversificar las fuentes de carry; y mantener disciplina respecto a las valoraciones.
En un mundo en el que los índices están cada vez más determinados por la emisión de deuda y no necesariamente por el mérito de la inversión, una asignación activa puede ayudar a los inversores a buscar una compensación adecuada por los riesgos que están asumiendo.
Por tanto, la segunda mitad de 2026 podría favorecer a los inversores que combinen convicción con cautela. Hay oportunidades para generar ingresos, pero no todas las rentabilidades ofrecen la misma calidad. Las oportunidades más atractivas podrían surgir de equilibrar el carry con la calidad, la selectividad con la diversificación y el potencial de rentabilidad con la preservación del capital.
Tribuna elaborada por Vishal Khanduja, Managing Director, Head of Broad Markets Fixed Income y Portfolio Manager en Morgan Stanley IM
Después de un 2025 redondo, la bolsa chilena todavía sigue encontrando nuevas alturas. Si bien las ganancias bursátiles de este año han sido menos contundentes que las del año pasado –y más volátiles, de paso–, el índice de referencia S&P IPSA ha logrado ubicarse sobre 11.500 puntos. Y, según una variedad de actores locales, la expectativa es que la rueda santiaguina tiene espacio para apreciarse más. Consultados por Funds Society, seis firmas que operan en el mercado chileno delinean un panorama de vientos a favor por el lado de los resultados corporativos y las políticas públicas, aunque con los riesgos pendientes de un complejo panorama global.
El indicador cerró la primera jornada bursátil de la semana al borde de los 11.538 puntos, acumulando una subida de 10% en lo que va del año. Estos resultados vienen después de un período dorado para el IPSA –que agrupa a las 30 principales compañías que cotizan en la Bolsa de Santiago–, que escaló un impresionante 56% durante el año pasado, según cifras de Investing.
“A partir de la segunda mitad de 2026, en un contexto de un elevado precio del cobre, una positiva entrega de resultados corporativos y múltiplos de valoración relativamente descontados, el IPSA retomó una tendencia alcista, explicada principalmente por expectativas de un mayor crecimiento económico”, explica Javier Pizarro, gerente de Research de Banchile Inversiones, el brazo de inversiones de Banco de Chile.
Un ingrediente relevante de estas expectativas es el entorno de signo más promercado que se ha instalado con la presidencia de José Antonio Kast, que ha impulsado medidas como su bullada megarreforma económica, titulada Ley de Reconstrucción Nacional y Desarrollo Económico y Social y aprobada ya por el Congreso local.
Dentro de los elementos que explican el buen desempeño de las acciones chilenas, el gerente de Research de Renta Variable de Credicorp Capital, Rodrigo Godoy, destaca la aprobación de este conjunto de iniciativas, junto con “la buena recepción por parte del mercado de la propuesta respecto del régimen de inversión de los nuevos fondos generacionales y la norma en consulta que permitiría al sector bancario hacer un uso más eficiente de su capital”.
Eso sí, si bien los actores locales destacan el buen entorno para el entusiasmo bursátil, también recalcan que este año ha sido más desafiante para la bolsa que el año pasado. “El IPSA tuvo un excelente desempeño en 2025 en dólares, destacando dentro del grupo de mejores retornos a nivel global en base a una mezcla de fuertes compras netas por parte de institucionales, sólidos resultados corporativos y la tesis de cambio de ciclo político. En 2026, la bolsa chilena se ha mostrado más rezagada, impactada en parte por menor presencia de institucionales y extranjeros”, explica Aldo Morales, subgerente de Estudios de Renta Variable en BICE Inversiones.
Además, está el contexto global, un campo minado de dramas geopolíticos. Según denota el subgerente de Estudios de Bci Corredor de Bolsa, Marcelo Catalán, mientras que el optimismo con la economía local dictó el ritmo de la bolsa en el primer semestre, el entorno externo se volvió protagonista tras el inicio del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán. “A raíz de esto, hemos presenciado una mayor volatilidad en la renta variable, un alza en el precio del petróleo ante el riesgo de una posible disrupción en la oferta, y el fortalecimiento del dólar a nivel global”, indica.
¿Queda espacio para crecer?
Si bien hay muchas piezas sobre la mesa, el consenso parece ser que hay espacio para el upside en la renta variable chilena. “A la bolsa chilena le queda espacio, pero a diferencia de otros episodios de sólida performance consideramos que el driver será la revisión al alza de utilidades”, señala Luis Ramos, gerente de Estrategia de Renta Variable de LarrainVial Research.
El consenso, explica, “aún no internaliza la aceleración de la actividad en el 2S26, y está lejos de internalizar nuestra expectativa de avance para 2027, que estimamos en 3,6%”. Para el profesional las estimaciones de resultados corporativos “todavía no incorporan el escenario más benigno en el frente impositivo, que no solo implica una reducción esperada en la tasa efectiva, sino que tiene incidencias positivas en el crecimiento de largo plazo”.
En el caso de BICE, la expectativa es que las utilidades crezcan en torno a 28% anual en Chile, “con una revisión importante al alza en relación a lo que se esperaba a comienzos de año”, según describe Morales. Además, agrega, las valorizaciones de las compañías que componen el IPSA “sigue entregando un retorno atractivo, viéndose rezagado respecto a su historia reciente”.
Banchile también ha revisado al alza sus expectativas. En base a mejores prospectos para el litio, el sector inmobiliario y el mundo financiero, en la firma aumentaron sus proyecciones de EPS de 850 a 930 puntos. En base a eso, elevaron su precio objetivo a 12 meses para el IPSA, de 11.200 a 13.000 puntos, “reflejando tanto una expansión de múltiplos como mejores perspectivas de utilidades”, según Pizarro.
En el caso de Bci, el target para fines de año para el benchmark accionario es de 12.050 puntos. Esta estimación, comenta Catalán, está sustentada “en parte por nuestras proyecciones que consideran una expansión de EPS para el IPSA de 19,8% en 2026, coherente con una recuperación gradual en consumo e inversión y una moderación gradual de presiones inflacionarias hacia la última parte del presente año”.
Eso sí, cabe recalcar que algunos actores ven un upside más acotado en la bolsa chilena. “Mucho espacio no vemos este año”, advierte el gerente de Estudios de Renta 4, Guillermo Araya. El ejecutivo hace hincapié en que la lectura del PIB para el primer y segundo trimestre “dieron cuenta de caídas de 0,3% y 0,2% respectivamente, lo que implica que caímos en recesión técnica”. Considerando este escenario, la proyección de la firma es de 11.750 puntos para el IPSA en un escenario base y de 12.000 puntos en uno optimista.
Catalizadores a futuro
Como está conformado el panorama actualmente, los actores locales ven un escenario donde, por un lado, la dinámica local promete un mejor entorno y, por el otro, el puzle geopolítico internacional complica el panorama para la bolsa chilena.
“El catalizador que vemos es la reactivación económica, de la mano con el reavivamiento de los animal spirits que traería consigo un aumento en la inversión privada”, indica Ramos, de LarrainVial. En la firma esperan que haya “señales más robustas hacia el 4T26, lo que conllevaría un mayor apetito de inversionistas locales y extranjeros por acciones chilenas”.
En esa misma línea, en la industria miran con atención algunas iniciativas puntuales que podrían apuntalar las inversiones locales. “La próxima reforma de capitales y las iniciativas pro-empleo que impulsará el gobierno próximamente debieran ser también factores a favor del apetito del riesgo”, comenta Godoy, de Credicorp Capital. A esto se suma la expectativa de que el gobierno presentará un presupuesto de corte más austero, “lo que contribuiría a aliviar la presión sobre las arcas fiscales, todo en medio de elevados precios del cobre y muy buenos precios del litio”.
Además, está el componente de los flujos. Considerando que la reforma previsional aprobada por el país andino incluye un aumento en la cotización, se augura una dinámica favorable para los activos locales. “Los inversionistas institucionales y las personas naturales locales podrían sostener una mayor valoración de la bolsa local. Durante los próximos años esperamos un impulso adicional proveniente de los fondos de pensiones”, explica Pizarro, de Banchile.
Y por supuesto, está el componente internacional, que podría darle un apoyo adicional a la renta variable nacional. Para Araya, de Renta 4, el principal catalizador que podría levantar su precio objetivo para el IPSA sería el fin del conflicto en el Medio Oriente. Esto, señala, ajustaría los precios del petróleo y moderarían el precio de la bencina en Chile.
En esa línea, todos los profesionales de las inversiones consultados por Funds Society apuntaron a esta situación bélica –y sus consecuencias en el estrecho de Ormuz– como el mayor riesgo para las acciones locales. Una prolongación de las tensiones más allá de lo esperado, acota Catalán, de Bci, podría conllevar “persistencia hacia 2027 de volatilidad en tipo de cambio y precios de combustibles fósiles”.
A esto se suman distintos factores a monitorear en el frente externo, incluyendo la evolución de tarifas y acuerdos comerciales a nivel global, las transformaciones asociadas a la inteligencia artificial –y el efecto Capex asociado– y la trayectoria de tasas de interés, tanto en la Reserva Federal de EE.UU. como en el Banco Central de Chile.
LinkedInJuan Francisco Clemenza, director de Servicios de Asesoramiento de Insigneo
La firma internacional de gestión patrimonial Insigneo anunció el nombramiento de Juan Francisco Clemenza como director de Servicios de Asesoramiento. El profesional, detallaron en un comunicado, responderá ante el consejero delegado y presidente del consejo de administración, Raúl Henríquez, y se incorpora al equipo directivo de la compañía.
Como director de Servicios de Asesoramiento, Clemenza liderará la expansión continuada del negocio de asesoría de Insigneo, haciendo evolucionar su propuesta de valor e impulsando una adopción más amplia de marcos de buenas prácticas en los distintos mercados. Esto incluye dirigir la estrategia de asesoramiento de inversión de la firma, con un enfoque centrado en reforzar las capacidades de inversión, aumentar la escalabilidad y potenciar los recursos disponibles en toda su oferta de asesoría.
“Estoy muy ilusionado de dar la bienvenida a Juan Francisco a nuestro equipo directivo”, declara Henríquez, presidente y consejero delegado de la firma. “Gracias a sus conocimientos del sector y su experiencia, Juan Francisco reforzará de manera determinante nuestras capacidades en gestión patrimonial, especialmente en el área de servicios de asesoramiento, lo que repercutirá positivamente en la propuesta de valor global de Insigneo” concluye.
Clemenza es un directivo especializado en gestión patrimonial e inversión con casi dos décadas de experiencia en gestión de carteras, soluciones de inversión y desarrollo de plataformas de asesoramiento. Procede de Citi, donde trabajó durante 15 años, desempeñando más recientemente el cargo de Managing Director y responsable del Citi Wealth Investment Lab para Latinoamérica. En esa posición, lideró un equipo de profesionales de la inversión que prestaba servicio a unos 1.800 clientes de altísimo patrimonio (inversionistas ultra-high-net-worth), colaborando estrechamente con banqueros privados y asesores de inversión de toda la región en asignación de activos, construcción de carteras, gestión de riesgos, mercados privados y uso de inversiones alternativas en carteras multiactivo.
Clemenza inició su carrera profesional en Bloomberg, donde desarrolló soluciones analíticas y de integración de datos para gestoras de activos globales e instituciones financieras. Posee un Máster en Ingeniería Eléctrica por la Universidad de Columbia y es Grado en Ingeniería Eléctrica cum laude por la Universidad Simón Bolívar.
“Me entusiasma unirme a Insigneo en una etapa tan clave de su crecimiento”, afirma Clemenza. “Insigneo ha construido una plataforma de gestión patrimonial diferencial, y veo una gran oportunidad para consolidar esa base reforzando los marcos de inversión, las capacidades de cartera y las herramientas que nos permiten ofrecer soluciones sofisticadas y escalables a nuestros clientes”, acta.
Según recalcaron en la nota de prensa, este nombramiento refleja la inversión continua de Insigneo en sus capacidades de asesoramiento.
Los fondos de inversión y los fondos cotizados (ETFs) gestionados de forma activa en Estados Unidos recuperaron algo de terreno entre julio de 2025 y junio de 2026, pero siguieron por detrás de la media de los fondos pasivos comparables. Así lo desvelan los resultados del US Active/Passive Barometer de Morningstar. Este informe semestral compara el rendimiento de los fondos activos con el de los fondos pasivos y permite ayudar a los inversores a evaluar las probabilidades de éxito de los fondos activos en distintos ámbitos, basándose en las tendencias recientes y en los resultados a largo plazo.
La edición semestral del estudio desvela que los fondos de inversión y los ETFs gestionados de forma activa recuperaron algo de terreno entre julio de 2025 y junio de 2026, pero siguieron por detrás de la media de sus homólogos pasivos. “Algo más del 40 % sobrevivió y superó a su índice compuesto pasivo ponderado por activos, lo que supone un aumento de 7 puntos porcentuales con respecto al año anterior”, recoge el estudio.
Renta variable
Los gestores de renta variable estadounidense registraron una tendencia al alza, con una tasa de éxito del 38 % en el año hasta junio de 2026, lo que supone un aumento de 4 puntos porcentuales respecto al año anterior. Los gestores activos de pequeña y de mediana capitalización lideraron la mejora, con tasas de éxito del 49 % y del 47 %, respectivamente, mientras que los de gran capitalización (27 %) lastraron las tasas de éxito de los gestores de renta variable estadounidense.
Los gestores de fondos de renta variable internacional se mantuvieron estables con una tasa de éxito del 44 % en los 12 meses hasta junio, en línea con el año anterior. Los fondos activos diversificados de mercados emergentes registraron la segunda tasa de éxito más alta entre todas las categorías de este estudio, con un 70 %, lo que supone un aumento de 35 puntos porcentuales respecto al año pasado.
El informe desvela que las dificultades para los fondos activos globales «large-blend» -que combinan acciones extranjeras y nacionales continuaron, a pesar de un ligero repunte en las tasas de éxito. Solo un tercio de los gestores de fondos «large-blend» globales superó el índice de referencia pasivo en los 12 meses hasta junio de 2026; no obstante, este dato supone un aumento de 7 puntos porcentuales con respecto al año anterior, a juicio de la firma.
Renta fija
Los gestores de fondos de gestión activa de renta fija vivieron un semestre a favor. Las tasas de éxito se dispararon 22 puntos porcentuales hasta alcanzar el 52 % durante los 12 meses hasta junio de 2026. Los gestores activos de bonos «intermediate-core» lideraron el grupo con una tasa de éxito del 66 %, mientras que la de los gestores activos de bonos corporativos se disparó hasta el 34 %, frente al 4 % registrado en 2025. La tasa de éxito a 10 años del grupo de renta fija, del 45 %, superó a la de todos los grupos de categorías analizados en este informe.
Las tasas de éxito de los fondos inmobiliarios activos aumentaron 36 puntos porcentuales hasta alcanzar el 61 % en los 12 meses transcurridos hasta junio de 2026, tras un periodo difícil para los gestores activos un año antes.
Historial
El historial a largo plazo de los fondos gestionados de forma activa frente a sus homólogos pasivos aumentó en 4 puntos porcentuales durante los últimos 12 meses. Aun así, solo el 25 % de las estrategias activas sobrevivieron y superaron a sus homólogas pasivas en los 10 años hasta junio de 2026. Las tasas de éxito a largo plazo fueron más altas entre los fondos de renta fija e inmobiliarios y más bajas entre las estrategias de gran capitalización de Estados Unidos.
La distribución de las rentabilidades excedentarias a 10 años de los fondos activos que sobrevivieron frente a la media de sus homólogos pasivos varió según las categorías. En el caso de los fondos de gran capitalización de Estados Unidos, se inclinó hacia el lado negativo, lo que indica que la penalización en la rentabilidad por elegir a un gestor que no tuvo éxito superó la recompensa por encontrar a uno ganador. Lo contrario tiende a ser cierto en la categoría de bonos básicos a medio plazo, donde las rentabilidades excedentarias se inclinaron hacia el lado positivo durante la última década.
Los inversores han elegido los fondos activos con acierto. En los últimos 10 años, el dólar medio invertido en fondos activos superó al rendimiento medio de los fondos activos en 16 de las 20 categorías analizadas. Esto implica que los inversores se decantan por estrategias más baratas y de mayor calidad.
Los fondos activos más baratos tuvieron éxito con mayor frecuencia que los más caros. Durante los 10 años hasta junio de 2026, el 33 % de los fondos activos del quintil más barato de sus respectivas categorías superó a su homólogo pasivo medio, frente al 20 % de los fondos más caros.
Mientras que la deuda pública de Estados Unidos rebasó por primera vez en su historia la marca de 40 billones de dólares, las tasas largas de Estados Unidos han vuelto a encender las alertas por el costo de financiar la deuda, en un coctel con potencial explosivo que ha levantado las alertas en los mercados financieros, habida cuenta de que los gastos por intereses ya se han convertido en una de las partidas de mayor crecimiento del presupuesto federal. Los mercados se mantienen en tensión, a la espera de la rueda de prensa de Scott Bessent, secretario del Tesoro de los Estados Unidos, prevista para hoy a las 14:00 ET.
“Cuarenta billones de dólares de deuda no representan por sí mismos un punto de inflexión macroeconómico”, afirma Christian Scherrmann, economista jefe para Estados Unidos de DWS. “Sin embargo, esta cifra ilustra claramente hasta qué punto la política fiscal estadounidense se ha alejado de su trayectoria histórica. A largo plazo, no solo importará el nivel absoluto de deuda, sino también qué proporción de la producción económica deberá destinarse a financiarla”, advierte el experto.
En este contexto, la Reserva Federal mantiene una postura restrictiva y el Tesoro intervino la semana pasada para contener el repunte de los rendimientos. Según analistas, la señal para los mercados es clara: el dinero ya no será tan barato ni abundante como durante la última década. Dicho de otra manera, el mercado financiero estadounidense está enviando una señal que las bolsas todavía parecen no querer escuchar: el costo del capital de largo plazo está adquiriendo vida propia.
Una combinación cada vez más incómoda
Mientras los principales índices accionarios continúan mostrando resistencia, el mercado de bonos del Tesoro de los Estados Unidos —considerado la referencia para valorar prácticamente todos los activos financieros del mundo— está enfrentando una combinación cada vez más incómoda de inflación elevada, enormes necesidades de financiamiento del gobierno, fuerte demanda de capital para inteligencia artificial e infraestructura y dudas sobre la trayectoria futura de las tasas de interés.
La tensión llegó a un punto relevante cuando el 19 de agosto el Departamento del Tesoro anunció que duplicará, a partir de septiembre, el tamaño máximo de sus operaciones de recompra de bonos de largo plazo, llevándolas de 2.000 millones a por lo menos 4.000 millones de dólares por operación para títulos con vencimientos de entre 10 y 30 años.
La reacción del mercado fue inmediata. El rendimiento del Treasury a 30 años, que había superado 5,3 % durante la semana pasada, cayó alrededor de 10 puntos base tras el anuncio, mientras las acciones y el oro avanzaron. El movimiento fue significativo porque se produjo después de que las tasas largas alcanzaran niveles que no se veían desde antes de la crisis financiera de 2008. Desde DWS constatan, sin embargo, que «los mercados siguen ofreciendo pocas señales de que los inversores estén cuestionando de forma fundamental la solvencia de Estados Unidos», dado que la demanda en las subastas del Tesoro continúa siendo sólida, los CDS de Estados Unidos cayeron recientemente hasta los 38 puntos básicos e incluso las ventas reiteradas por parte de inversores extranjeros, por ejemplo, durante las intervenciones sobre el yen japonés, no han logrado hasta ahora alterar el equilibrio del mercado. «Los mercados están señalando unos costes de financiación más elevados, pero no una crisis de confianza», sentencian desde la firma.
Pero, especialistas del mercado de dinero consultados por Funds Society señalan que el mensaje más importante no está en la caída puntual de los rendimientos. Está en por qué Washington sintió la necesidad de actuar.
No fue la Fed, pero sí fue una intervención
La operación anunciada el 19 de agosto no fue una compra de bonos por parte de la Reserva Federal ni un nuevo programa de quantitative easing (QE). Fue una decisión del Tesoro dentro de su programa de recompra de deuda, diseñado originalmente para mejorar la liquidez del mercado.
El Tesoro compra determinados bonos antiguos que cotizan en el mercado secundario y, con ello, ayuda a liberar capacidad de los intermediarios financieros y mejorar la liquidez de determinados segmentos de la curva.
La decisión del miércoles fue aumentar significativamente el tamaño de esas operaciones para los vencimientos largos. La diferencia es crucial: mientras que la Fed controla la política monetaria y las condiciones de liquidez del sistema financiero, el Tesoro administra las necesidades de financiamiento del gobierno. Sin embargo, ambos terminan influyendo sobre una misma variable: el precio del dinero. Y ahí aparece una de las grandes historias de los mercados para el segundo semestre de 2026.
La Fed no está bajando las tasas
La Reserva Federal de Estados Unidos mantuvo en su reunión del 28 y 29 de julio la tasa de fondos federales en un rango de 3,5 % a 3,75 %, decisión que fue aprobada por 9 votos contra 3 que no estuvieron de acuerdo.
Los tres disidentes —Beth Hammack, Neel Kashkari y Lorie Logan— querían aumentar la tasa en 25 puntos base. Es decir, una parte del Comité consideró que el problema de inflación justificaba incluso un endurecimiento adicional.
Pero hay otro elemento particularmente importante para entender el mercado de bonos. La Fed continúa operando bajo un régimen de reservas abundantes. Sus instrucciones permiten realizar operaciones de mercado abierto y, cuando sea necesario, comprar Treasury bills y eventualmente otros Treasuries con vencimientos de hasta tres años para mantener un nivel amplio de reservas bancarias.
Esto significa que la Reserva Federal no está haciendo QE en el sentido tradicional según explican los expertos a Funds Society, pero tampoco está dejando que la liquidez bancaria se reduzca de manera desordenada y la diferencia es muy relevante. La intervención de la semana pasada debe entenderse más como una operación de “plomería” del mercado que como un cambio radical de política monetaria. Pero incluso esa “plomería” está adquiriendo una importancia enorme.
En este sentido, la estrategia actual puede entenderse como una especie de equilibrio entre dos objetivos. Por un lado, la Fed quiere evitar que las reservas bancarias caigan demasiado y provoquen tensiones en el mercado monetario.
Por otro, no quiere regresar a la política de expansión masiva de balance utilizada durante la pandemia y otros episodios de crisis. La Fed ha señalado que puede utilizar compras de Treasury bills y, si fuera necesario, otros títulos de corto plazo para garantizar que el sistema mantenga suficientes reservas.
Además, mantiene operaciones permanentes de repo y reverse repo. Las operaciones repo permiten proporcionar liquidez contra valores de alta calidad, mientras que las reverse repo absorben liquidez temporalmente. La Fed de Nueva York explica que estas operaciones forman parte de los mecanismos utilizados para mantener la tasa de fondos federales dentro del rango establecido por el FOMC.
Por eso sería incorrecto interpretar cualquier operación de liquidez de la Fed como un regreso automático a la expansión monetaria. En realidad, la Fed está intentando administrar la liquidez sin necesariamente volver a expandir agresivamente su balance.
El problema está en el extremo largo de la curva
De acuerdo con los analistas, es esta parte la que debería preocupar más a los inversionistas. La Fed controla de manera directa las tasas de corto plazo, pero no fija el rendimiento del Treasury a 10, 20 o 30 años.
Esas tasas dependen de las expectativas de inflación, crecimiento, déficit público, oferta de bonos, demanda internacional y prima por plazo. Y precisamente ahí están apareciendo las presiones.
El Treasury a 30 años llegó a superar 5,3 % la semana pasada, mientras el mercado enfrenta una oferta gigantesca de deuda pública estadounidense. Al mismo tiempo, la inflación estadounidense continúa por encima del objetivo de 2 % de la Fed. Las minutas de julio señalan que la inflación permanece elevada y que los aumentos de precios relacionados con energía están complicando el panorama.
El resultado es una ecuación difícil: más deuda+más emisiones+inflación por encima del objetivo+fuerte demanda de capital para IA e infraestructura= presión sobre las tasas largas.
El mercado está empezando a exigir una prima
Durante buena parte de la última década, los inversionistas se acostumbraron a un mundo de tasas muy bajas y abundante liquidez. Ese mundo permitió que las valuaciones de acciones, bienes raíces y activos privados se expandieran de manera importante.
Ahora el entorno está cambiando. El inversionista que compra un Treasury a 10 o 30 años no sólo está evaluando si la Fed bajará o subirá las tasas en su próxima reunión. También está preguntando cuánto riesgo representa prestar dinero al gobierno estadounidense durante décadas.
Esa pregunta incrementa la llamada prima por plazo, es decir, el rendimiento adicional que los inversionistas exigen para mantener deuda de largo plazo ante la incertidumbre sobre inflación, crecimiento, déficit y política económica.
Y si esa prima continúa aumentando, la Fed puede reducir las tasas de corto plazo y aun así encontrarse con que las tasas que realmente importan para buena parte de la economía permanecen elevadas. Por eso el movimiento del Tesoro es muy importante.
El anuncio del Tesoro tiene un efecto inmediato relativamente pequeño frente al tamaño del mercado de Treasury, que ronda los 31 billones de dólares. Pero su importancia no está solamente en los 4.000 millones de dólares por operación; de hecho la cifra también es poco significativa, lo verdaderamente importante está en la señal.
En los hechos, el poderoso Tesoro de Estados Unidos está diciendo al mercado que no es indiferente ante un desorden excesivo en la parte larga de la curva.
«Los responsables políticos no tienen por qué limitarse a ser observadores pasivos. Cuando surgió la presión en el extremo largo de la curva, el Tesoro demostró que dispone de herramientas y que está dispuesto a utilizarlas», comentó al respecto Brian Levitt, estratega jefe de mercados globales y responsable de Strategy & Insights en Invesco. Según Levitt, el anuncio del Tesoro refuerza algo en lo que lleva creyendo desde hace mucho tiempo: «Es poco probable que el Gobierno de EE. UU. se quede de brazos cruzados y permita que se desate una crisis de deuda desordenada si cuenta con mecanismos para ayudar a abordarla».
Paradójicamente, la administración estadounidense necesita mantener bajo control el costo de financiar una deuda gigantesca, pero al mismo tiempo la Fed necesita mantener una política suficientemente restrictiva para combatir la inflación. Hay visos de que el problema vaya en aumento: según una nota publicada por DWS el viernes 21 de agosto, si se mantienen las actuales tendencias de endeudamiento, la deuda total del Tesoro de los Estados Unidos podría alcanzar los 50 billones de dólares en 2029.
El Tesoro quiere evitar que las tasas largas se disparen; mientras que la Fed no quiere dar la impresión de que está rescatando al mercado de bonos.Son objetivos que pueden coincidir en algunos momentos, pero no son exactamente los mismos.
El verdadero riesgo
El verdadero riesgo es que las acciones pueden seguir subiendo mientras el mercado de bonos se deteriora durante un tiempo.
Pero, la divergencia no puede ampliarse indefinidamente debido a que una tasa larga de Treasury más elevada significa entre otras cosas: mayor costo de financiamiento para empresas; mayores tasas hipotecarias; mayor costo de financiamiento para gobiernos; menores valuaciones para acciones de crecimiento; mayor costo de capital para proyectos de infraestructura; presión sobre private equity; mayor exigencia de rentabilidad para private credit y una tasa de descuento más elevada para prácticamente todos los activos.
Por eso el comportamiento del Treasury es particularmente relevante para fondos de inversión, asset managers, wealth management y family offices. No se trata simplemente de decidir si comprar o vender bonos. Se trata de determinar qué precio debe tener todo activo financiero en un mundo donde el Treasury de largo plazo vuelve a exigir rendimientos significativamente mayores.
Existe además una variable que hace diferente este ciclo. La economía estadounidense está entrando en una etapa de enormes inversiones en centros de datos, semiconductores, energía, redes eléctricas y tecnología vinculada con inteligencia artificial, esto significa que el gobierno no es el único gran demandante de capital.
Esta competencia puede contribuir a mantener elevados los costos de financiamiento incluso si la Fed empieza eventualmente a recortar las tasas de corto plazo, el problema, por tanto, puede no ser únicamente monetario, puede ser estructural.
¿Qué significa para los inversionistas?
Para los gestores de portafolios, el escenario obliga a revisar una premisa que dominó buena parte de la última década: que una caída de las tasas de la Fed necesariamente produciría un rally generalizado de los bonos.
Hoy dicha premisa no necesariamente podría cumplirse. Si las tasas cortas bajan pero las tasas largas permanecen elevadas por déficit, inflación, oferta de deuda y demanda de capital, la curva puede comportarse de manera muy distinta a la esperada.
La Fed mantiene su tasa de referencia en 3,50 %-3,75 %, conserva herramientas para garantizar una cantidad suficiente de reservas y no ha reactivado una política de compras masivas de activos. Al mismo tiempo, el Tesoro acaba de aumentar sus compras de bonos largos para mejorar las condiciones del mercado. La combinación deja una pregunta abierta para los próximos meses:
¿Puede Estados Unidos mantener bajo control la inflación, financiar una deuda superior a 40 billones de dólares y financiar simultáneamente el gigantesco ciclo de inversión en inteligencia artificial sin provocar que el costo del capital de largo plazo permanezca elevado?
La respuesta será determinante no sólo para Wall Street, también definirá los rendimientos que exigirán los inversionistas de todo el mundo en los próximos años, advierten los expertos.
Después de un período de salidas, los flujos de carteras internacionales a mercados emergentes volvieron a terreno positivo durante julio. Eso muestran las cifras del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por su sigla en inglés) al séptimo mes del año, dando cuenta de robustos flujos a activos de renta fija y una desaceleración de las desinversiones en renta variable.
El reporte de la entidad mostró que los portafolios no residentes destinaron un total neto de 18.800 millones de dólares en julio. Esto contrasta con los 18.000 millones de dólares netos que salieron en junio y los 25.200 millones de dólares que se fugaron en mayo.
Eso, sí, destacan desde el IIF, esto sigue por debajo de los 46.500 millones de dólares netos que llegaron a los activos emergentes en julio del año pasado.
“El mes no trajo una normalización completa”, advirtió el economista senior de la entidad, Jonathan Fortun. “La composición siguió fuertemente inclinada a la deuda y la mejora en la cifra general se debió más a una menor liquidación de acciones que a un retorno en la demanda por renta variable”, agregó.
De todos modos, desde el IIF destacaron que julio trajo un quiebre en la secuencia de flujos de salida. Esto, señaló Fortun, sugiere que “el estrés concentrado en los mercados accionarios de Asia está perdiendo intensidad, en vez de que el fenómeno se esté extendiendo a la renta fija”.
En el desagregado por clase de activos, los flujos netos a los activos de deuda emegrente llegaron a 26.700 millones de dólares en julio, según las cifras del IIF. Con esto, perdieron algo del vigor del pasado reciente: con 28.100 millones de dólares en junio y 36.000 millones de dólares en julio del año pasado.
Dentro de esta porción, la distribución fue bastante variada. 14.100 millones de dólares netos fueron destinados a deuda de Asia emergente, mientras que América Latina atrajo 5.900 millones de dólares, Europa emergente unos 4.600 millones de dólares y 2.000 millones de dólares al Medio Oriente y Norte de África (MENA, por su sigla en inglés).
Por su parte, los flujos de portafolios internacionales a activos de renta variable emergente se mantuvieron en terreno negativo en julio, aunque moderándose respecto a meses pasados.
En el séptimo mes del año, esta desinversión neta alcanzó los 7.800 millones de dólares. Esto representa una baja respecto a los 46.100 millones de dólares netos que salieron en junio y respecto a los flujos positivos de 10.500 millones de dólares que se registraron en julio de 2025.
“Los flujos de salida de las bolsas de emergentes excluyendo a China bajaron a 4.100 millones de dólares, desde 32.200 millones de dólares, a medida que las liquidaciones lideradas por las tecnológicas en Corea del Sur y Taiwán perdieron momentum a lo largo del mes y los fondos de renta variable dedicados a la clase de activos volvieron a modestos flujos de compra”, detalló Fortun en su reporte.
En el acumulado de 2026, la renta variable y la renta fija muestran realidades bastante dispares. Las bolsas emergentes suman una desinversión neta de 86.000 millones de dólares en lo que va del año, mientras que la deuda emergente ha más que subsanado esa salida.
“Los datos de julio sugieren una estabilización, más que una recuperación. Los inversionistas globales dejaron de recortar riesgos de equity al mismo ritmo de los dos meses pasados, pero todavía no han empezado a tomar posiciones de nuevo”, indicó Fortun, del IIF.
Una misma transacción es una compra para una parte y una venta para la otra. Puede tener una fecha de orden, una fecha de negociación, una fecha de valorización, una fecha de visualización y una fecha de liquidación… y cada una puede ser correcta para un propósito distinto. Un modelo de datos simplista intentaría resolver esas aparentes contradicciones. En los mercados privados, así es simplemente como funciona el dominio.
Solemos llamar a esto casos límite: el producto que se valoriza semanalmente en lugar de diariamente, el broker que necesita ver una operación exhibida como del lunes mientras su fecha de precio sigue siendo el viernes, el cliente cuyo proceso de compliance exige confirmaciones adicionales dentro del flujo de la orden, los sistemas externos que nombran todo de manera distinta a la nuestra. Pero cuando se construye la infraestructura que sostiene a los mercados privados, se aprende rápido que estas no son excepciones alrededor del producto. Son el producto. La variación es el dominio.
La pregunta de ingeniería no es cómo eliminar esa complejidad. Es dónde y cómo dejarla vivir.
Donde la interpretación se convierte en ejecución
La parte más difícil de mi trabajo ocurre antes de que alguien escriba una sola línea de código.
Una misma transacción es vista de forma distinta por cada persona que interactúa con ella. El equipo de Integraciones ve campos, mensajes y restricciones de sistemas. Capital Markets ve un ciclo de vida financiero. Operations ve lo que tiene que conciliar al cierre del día. Sales ve el contexto comercial y lo que espera el cliente. El cliente describe todo en el lenguaje de sus propios sistemas. Ninguno está equivocado. Pero el software no puede ejecutar cinco interpretaciones a la vez.
Entonces, antes de que pueda existir una regla, esas cinco perspectivas tienen que convertirse en una sola. Ese trabajo no es escribir las reglas; es lograr que todos acuerden una definición compartida de lo que el negocio realmente significa. Los mercados privados hacen esto inusualmente difícil. La industria cuenta con estándares parciales (plantillas de reporting, documentos modelo, formatos de disclosure) pero no ofrecen un lenguaje operativo único y de punta a punta para describir una transacción desde la solicitud hasta la liquidación.¹ Las cosas se llaman de manera distinta en cada sistema. Buena parte del conocimiento todavía vive en documentos, cadenas de email y conversaciones. No hay un diccionario compartido para heredar; la mayoría de las veces, uno mismo lo está escribiendo.
Una regla de negocio es significado negociado, vuelto ejecutable. El trabajo de ingeniería comienza antes de la implementación: convertir terminología ambigua, perspectivas en conflicto y sistemas que nunca fueron diseñados para hablar entre sí en un solo modelo lo suficientemente preciso y rico como para funcionar.
Variedad necesaria, no configurabilidad ilimitada
Una vez que se asume que la variación es el dominio, aparece una conclusión tentadora: hacer que todo sea configurable. Convertir cada regla en un ajuste, cada diferencia en un toggle, y dejar que el mercado haga lo que quiera.
Esa es la lección equivocada, y vale la pena ser precisos sobre por qué.
El cibernético W. Ross Ashby nos dio la ley de la variedad requerida: solo la variedad puede destruir la variedad. Para regular un sistema, un controlador debe poseer suficiente variedad interna como para igualar la variedad que enfrenta.² Variedad requerida significa igualar las diferencias que importan: no fabricar opciones por sí mismas.
Con muy poca variedad, el sistema no puede representar las diferencias que son reales: obliga a un mercado desordenado a fingir que es uniforme, y se rompe la primera vez que no lo es. Por el contrario, una plataforma que hace todo configurable no ha absorbido la complejidad; se ha rendido ante ella y la ha redistribuido. Cada nuevo ajuste crea una forma más en que dos partes del sistema pueden discrepar sobre cuál es la verdad.
La configurabilidad suele presentarse como un fin en sí mismo. Ese es el objetivo equivocado. La meta no es la máxima flexibilidad. Es dar lugar a las diferencias que son reales sin permitir que las garantías centrales del sistema (identidad, estado, conciliación, auditabilidad) se fragmenten en una docena de versiones de la realidad. La pregunta real siempre es dónde trazar la línea entre lo que puede variar y lo que no debe hacerlo.
La cintura angosta de los mercados privados
El modelo más útil que conozco para trazar esa línea viene de la arquitectura de Internet.
Internet soporta una enorme variedad por encima (¡cada aplicación jamás escrita!) y por debajo (fibra, celular, satelital, wifi). Es ancho en ambos extremos y angosto en el medio, como un reloj de arena. En esa cintura angosta se ubica una única capa estable: el Protocolo de Internet. Esa cintura angosta permite que las capas de arriba y de abajo evolucionen de manera independiente.³ Si se vuelve el centro rico y configurable, cada participante hereda más requisitos, y el cambio coordinado se vuelve más difícil.
La infraestructura de los mercados privados necesita la misma forma. Por encima de la cintura: productos, experiencias de cliente, reporting, flujos de trabajo de cada cliente. Por debajo: los sistemas operados por brokers, custodios y administradores, conectados mediante archivos y APIs. En la cintura se ubica un único modelo canónico de transacción: identidad, un modelo de estados explícito, cálculos determinísticos y versionados, conciliación, y un registro de quién hizo qué y cuándo. El centro no elimina la flexibilidad. La vuelve segura.
Mecanismo y política
Aquí es donde un principio clásico de sistemas demuestra su valor: la separación entre mecanismo y política.⁴ El mecanismo es la maquinaria estable que preserva las garantías del sistema: identidad canónica, transiciones de ciclo de vida explícitas y auditables, evaluación consistente de políticas, conciliación. La política es lo que puede variar: ventanas de negociación, cutoffs, mínimos de producto, visibilidad broker-producto, convenciones de visualización de fechas. La separación nunca es perfectamente limpia; el juicio arquitectónico consiste en trazar ese límite y negarse a que se difumine. El matiz importa: una capacidad de override controlada y auditable pertenece al mecanismo; quién puede hacer ese override, y bajo qué condiciones, es política.
Esta separación importa porque las políticas cambian con más frecuencia que los mecanismos que las hacen cumplir, o que las garantías que esos mecanismos preservan. Un nuevo cliente, producto o jurisdicción puede introducir un cutoff, un modelo de permisos o una convención de visualización distintos. Eso no debería requerir reconstruir la maquinaria responsable de la identidad, la validación, la auditabilidad o la conciliación. Distintas políticas deberían poder atravesar los mismos mecanismos confiables.
Trazar el límite demasiado hacia un lado vuelve rígida a la plataforma. Trazarlo demasiado hacia el otro hace que la plataforma no garantice casi nada: cada cliente debe entender, configurar y compensar las garantías que el núcleo se negó a ofrecer. La misma complejidad, ahora pagada en cada punta.
La verdadera medida
Si se toma distancia, el patrón tiene un nombre. Traducir muchas perspectivas en un solo modelo, igualar la variedad sin multiplicarla, mantener angosta la cintura y separar el mecanismo de la política: en ingeniería de software, todos estos son actos de abstracción y encapsulamiento.
La abstracción define el significado compartido en el que la plataforma puede apoyarse: qué es fundamentalmente una transacción, a través de todas las formas distintas en que los participantes la describen. El encapsulamiento contiene detrás de ella las reglas que varían, de modo que un cálculo de fecha o una regla de un cliente puedan cambiar sin obligar al resto de la plataforma a cambiar con ellas. Esto resuena con el principio de ocultamiento de información de David Parnas: un cambio en una decisión no debería propagarse por todo el sistema.⁵
Juntos, responden la pregunta planteada al inicio: no cómo eliminar la variedad, sino dónde y cómo dejarla vivir.
Una buena abstracción se comporta como un contrato. Es lo suficientemente completa como para poder confiar en ella y lo suficientemente laxa como para poder reimplementarse; lo suficientemente precisa como para eliminar la ambigüedad, pero no tan detallada como para fijar decisiones que todavía nadie tuvo que tomar.
Cuando ese contrato está bien logrado, sucede algo silencioso y valioso. Cada nueva integración reutiliza más del modelo que ya existe. Una nueva contraparte se convierte en un mapeo sobre el modelo canónico de transacción, en lugar de requerir automáticamente un nuevo fork de la plataforma. El valor de esa arquitectura se acumula; la plataforma puede comprender más del mercado sin producir más versiones de la verdad.
Esa es la verdadera medida de la infraestructura en esta industria, y va a contramano de lo que el mercado suele celebrar. La plataforma más sólida no es la que tiene más ajustes. Es la que puede absorber más mercado (más productos, más participantes, más formas de nombrar y hacer las cosas) sin perder su control sobre una única verdad compartida.
Las excepciones no son ruido alrededor del producto. Son el producto. El trabajo consiste en construir un lenguaje lo bastante preciso como para contenerlas a todas.
Tribuna elaborada por Milena Brum — Engineering Manager, LYNK Markets
La competencia por el dinero latinoamericano está adquiriendo una nueva dimensión, se ha trasladado hacia un activo mucho más escaso: el talento capaz de entender al nuevo inversionista de la región y acompañarlo en un mercado que está cambiando a una velocidad inédita. Ya no se trata solamente de quién tiene los mejores fondos, quién cobra las comisiones más bajas o quién ofrece acceso a los mercados internacionales.
En los últimos meses, gestoras internacionales, bancos privados, plataformas independientes de wealth management y firmas especializadas en servicios para family offices han acelerado la contratación y movilidad de ejecutivos con experiencia regional, conocimiento de mercados privados, distribución institucional, inversiones globales y gestión de grandes patrimonios.
El fenómeno no es casual. El inversionista latinoamericano está cambiando al mismo tiempo que cambia la arquitectura de la industria.
Las grandes fortunas tienen cada vez mayor exposición internacional. Los fondos de pensiones buscan ampliar su universo de inversión hacia activos privados y mercados globales; los gestores tradicionales compiten con plataformas independientes; los ETFs modifican la distribución de productos; la inteligencia artificial comienza a transformar el análisis y la relación con los clientes, y las fronteras entre asset management, wealth management, banca privada y family offices son cada vez menos claras.
El resultado será, probablemente, un nuevo ecosistema de inversiones en América Latina. Y las instituciones que están intentando construirlo ya están peleando por las personas que tendrán que dirigirlo. El talento se mueve hacia donde está el crecimiento
Uno de los ejemplos más recientes ocurrió en enero, cuando Capital Group nombró a Patricia Hidalgo como Managing Director y Head of Latin America. Hidalgo llegó procedente de J.P. Morgan Asset Management, donde pasó más de una década y ocupó, entre otros cargos, la posición de Head of Alternatives for Latin America. Antes había trabajado en CitiBanamex en México.
Su nueva responsabilidad tiene especial relevancia porque Capital Group no solamente busca ampliar su distribución entre inversionistas institucionales y distribuidores. La firma señaló expresamente que su estrategia incluye profundizar las relaciones con administradoras de fondos de pensiones en México, Chile y Colombia, además de bancos centrales y fondos soberanos.
El movimiento muestra hacia dónde está mirando la industria: alternativas, institucionales, distribución y conocimiento regional están convergiendo en una misma posición ejecutiva. Y también muestra otro elemento de la nueva competencia: los grandes gestores no necesariamente están buscando talento exclusivamente dentro de sus propias organizaciones. Están pescando en el mercado.
Hidalgo es precisamente un ejemplo de esa movilidad, una ejecutiva que pasa de una de las mayores plataformas globales de gestión de activos a otra con una misión explícita de acelerar su presencia latinoamericana.
De los bancos globales a las plataformas independientes
Otro movimiento ocurrido este verano resulta todavía más revelador para el segmento de wealth management. En julio, Insigneo incorporó a Juan C. Londoño y Felipe Quintero como Senior Vice Presidents. Ambos llegaron procedentes de Merrill Lynch, donde construyeron durante más de 15 años una carrera conjunta asesorando a familias empresarias e inversionistas de Colombia, México, Centroamérica y Estados Unidos. La operación tiene un significado que trasciende los dos nombramientos.
La propia firma destacó que los ejecutivos aportan experiencia en estrategia global de inversión, banca privada y wealth management global. En otras palabras, no solamente llevan conocimiento técnico sino que llevan relaciones, conocimiento de las familias y experiencia acumulada en distintas jurisdicciones. Ese activo es cada vez más valioso.
Durante décadas, una parte importante de los grandes patrimonios latinoamericanos estuvo atendida por las principales instituciones bancarias internacionales. Ahora, las plataformas independientes están intentando disputar ese negocio ofreciendo arquitectura abierta, acceso a múltiples gestores y una mayor flexibilidad para construir portafolios.
Eso explica por qué la contratación de equipos completos se ha convertido en una herramienta estratégica; no se trata simplemente de contratar a un buen banquero privado. Se trata de adquirir conocimiento de mercado, relaciones y capacidad de distribución.
Miami se consolida como uno de los grandes campos de la batalla
La transformación también está reforzando el papel de Miami como plataforma financiera para el patrimonio latinoamericano. En julio, M&G Investments incorporó a Vince León como Senior Sales Manager para su negocio US Offshore y Latinoamérica. León, con más de 20 años de experiencia en distribución de inversiones en América, llegó procedente de Voya Investment Management, donde era Senior Vice President y Senior Regional Director para US Offshore. Reporta a Ander López, Sales Director para LatAm.
Su trabajo consiste en relacionarse con asesores financieros, bancos privados, grandes plataformas de asesoramiento y firmas independientes que atienden al mercado US Offshore. La lectura estratégica es clara: la distribución se está convirtiendo en una competencia especializada.
La gestora ya no necesita únicamente un buen administrador de portafolios. Ahora necesita personas capaces de traducir una oferta global de activos públicos y privados a las necesidades específicas de asesores, family offices, bancos privados y fondos institucionales latinoamericanos, y esa capacidad no se improvisa.
El fenómeno es todavía más importante cuando se observa desde la perspectiva de los family offices. Las grandes familias latinoamericanas están dejando de pensar en términos exclusivamente nacionales. Sus portafolios incorporan cada vez más activos denominados en distintas monedas y jurisdicciones, desde Estados Unidos y Europa hasta Asia, además de estrategias de private equity, private credit, infraestructura y otros activos alternativos.
Los análisis especializados señalan que los family offices están reaccionando ante un entorno de mayor incertidumbre geopolítica y económica mediante una mayor diversificación geográfica y cambiaria, al tiempo que aumentan su interés por temas como inteligencia artificial, infraestructura y energía. Daniel Bassan, entonces responsable de UBS en Brasil y Latinoamérica, destacó precisamente la importancia de estos cambios en la asignación estratégica.
Lo anterior modifica las habilidades que necesita un asesor; el nuevo profesional de wealth management tendrá que comprender inversiones tradicionales, pero también estructuras internacionales, fiscalidad, mercados privados, planificación patrimonial, sucesión, gobierno familiar y, cada vez más, tecnología.
La frontera entre banquero privado, asesor de inversiones y especialista en family office comienza a desaparecer; también se están moviendo los grandes ejecutivos porque la movilidad del talento no se limita a posiciones comerciales.
En agosto, Daniel Bassan, quien hasta entonces era CEO de UBS para Brasil y responsable regional para Latinoamérica, fue anunciado como nuevo vicepresidente de Santander Corporate & Investment Banking en Brasil, cargo que asumirá a comienzos de 2027. En UBS, su lugar como country chief de Brasil será ocupado por Daniel Barros, quien mantendrá además su posición como CEO de UBS BB.
El movimiento es significativo porque muestra cómo las grandes instituciones están compitiendo por ejecutivos capaces de moverse entre diferentes segmentos del mercado: banca de inversión, clientes institucionales, corporativos y grandes patrimonios.
En otras palabras, el talento financiero latinoamericano también se está volviendo transversal.; el ejecutivo más valioso ya no necesariamente es el especialista que conoce perfectamente una sola clase de activo. Es aquel que entiende cómo interactúan los diferentes negocios financieros y puede conectar capital institucional, mercados privados, banca de inversión y patrimonio.
Los fondos de pensiones también entran de lleno en la transformación
La transformación alcanza también a los fondos de pensiones. En México, por ejemplo, las Afores se encuentran ante un escenario en el que la mayor capacidad para invertir en activos alternativos exige profesionales capaces de analizar private equity, infraestructura, deuda privada y otros instrumentos que tradicionalmente tuvieron una participación mucho menor dentro de los portafolios.
El mapa del talento ya muestra esa especialización. Aurora Fadile Herrera, por ejemplo, se desempeña como PM Director de Inversiones Alternativas en Principal Afore México, donde participa en la estrategia de activos privados, incluyendo private equity, infraestructura y deuda privada.
La relevancia de este tipo de perfiles irá en aumento conforme los fondos de pensiones latinoamericanos busquen sofisticar sus carteras porque el reto no consiste únicamente en disponer de más recursos para invertir, en realidad consiste en tener la capacidad interna para seleccionar gestores, negociar estructuras, evaluar riesgos, administrar liquidez y monitorear inversiones que pueden permanecer en cartera durante muchos años.
Por eso la competencia por especialistas en mercados privados no se limitará a las gestoras internacionales. También alcanzará a las propias instituciones previsionales.
El nuevo profesional financiero
Todos estos movimientos apuntan hacia una conclusión: el perfil del profesional que necesita la industria está cambiando. Hace una década, un buen especialista podía construir su carrera alrededor de una clase de activo, una región o una función específica. El nuevo ecosistema demanda una combinación mucho más amplia.
Las instituciones necesitarán personas que entiendan de una diversidad de temas especializados como: mercados privados y activos alternativos; ETFs, indexación y gestión pasiva; inversión internacional y portafolios multimoneda; inteligencia artificial y análisis de datos; activos digitales y tokenización; planificación patrimonial y sucesión; fiscalidad y estructuras transfronterizas; family offices y gobierno familiar; distribución institucional y US Offshore; gestión de relaciones con clientes de alto y ultra alto patrimonio.
Pero hay algo más importante: necesitarán profesionales capaces de conectar todas esas disciplinas. La revolución tecnológica tampoco significa que el talento humano pierda valor. En wealth management puede ocurrir exactamente lo contrario.
La tecnología puede automatizar buena parte del análisis, generar información y mejorar la construcción de portafolios. Pero cuando se trata de administrar una fortuna familiar, estructurar una sucesión o decidir cómo distribuir un patrimonio entre varias jurisdicciones, la confianza sigue siendo un activo difícil de sustituir.
Latinoamérica, imán para el talento
El movimiento de ejecutivos también refleja una realidad más amplia: las instituciones internacionales están viendo oportunidades en América Latina. Raimundo Diaz, Executive Vice President, Americas de Vistra, explicó recientemente que la firma creó Vistra Latam para atender la región, integrando su plataforma global con la experiencia local de Biz Latin Hub, adquirida a finales de 2025. La organización cuenta con alrededor de 550 personas trabajando en la región.
La firma identifica oportunidades relacionadas con empresas latinoamericanas que establecen operaciones en Estados Unidos, compañías internacionales que llegan a la región y familias que requieren estructuras para administrar patrimonios y operaciones globales.
El mensaje es importante porque demuestra que el crecimiento no está ocurriendo únicamente en la gestión de activos. Está apareciendo un ecosistema alrededor del patrimonio: gestores, bancos privados, family offices, administradores fiduciarios, asesores fiscales, abogados, plataformas tecnológicas y especialistas en inversiones alternativas.
Todos compiten por el mismo recurso: profesionales capaces de conectar esas piezas, el talento será una ventaja competitiva
La industria financiera latinoamericana está entrando así en una etapa en la que el capital seguirá siendo indispensable, pero no suficiente. Una gestora puede tener una estrategia de private credit competitiva; un banco privado puede ofrecer acceso a prácticamente cualquier mercado del mundo; un family office puede contar con una plataforma sofisticada y un fondo de pensiones puede disponer de recursos crecientes para invertir.
Pero todos necesitan personas que sepan utilizar esas herramientas; la contratación de Patricia Hidalgo por Capital Group, la llegada de Londoño y Quintero a Insigneo, el movimiento de Vince León hacia M&G y el cambio de liderazgo protagonizado por Daniel Bassan y Daniel Barros en UBS y Santander son piezas de una misma historia.
En este sentido, la batalla por el talento financiero latinoamericano apenas comienza, los próximos años, probablemente veremos más movimientos entre gestoras, bancos privados, fondos de pensiones, family offices y plataformas independientes. También aumentará la contratación de especialistas procedentes de tecnología, consultoría, banca de inversión y mercados privados.
La razón es sencilla: el negocio ya no consiste solamente en administrar dinero, sino en entender dónde estará el dinero, cómo se moverá, qué productos necesitará, en qué jurisdicciones estará y, sobre todo, quién tendrá la confianza de sus propietarios. Ese será uno de los principales factores que definan a los ganadores del nuevo ecosistema financiero latinoamericano.