Industria de ETFs en EE.UU. marca otro hito: capta más de un billón de dólares en solo seis meses

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Por primera vez en la historia, la industria de ETFs en Estados Unidos superó el billón de dólares en entrada netas de capital en un primer semestre, marcando un hito. Al cierre de junio, las entradas netas de capital alcanzaron la cifra de 1,03 billones de dólares, mientras que los activos totales bajo administración repuntaron hasta una cifra sin precedente de 15,78 billones de dólares, de acuerdo con datos de ETFGI.

El reporte de la firma de análisis especializada muestra que la cifra canalizada de 1,03 billones de dólares hacia los ETFs estadounidenses durante el primer semestre de 2026, no solo representa un máximo histórico para ese periodo, sino que coloca a la industria en ruta para establecer un nuevo récord anual de captaciones si el ritmo se mantiene durante la segunda mitad del año.

El dato adquiere mayor relevancia porque, aunque el mercado de ETFs ya había superado el billón de dólares de entradas netas en un año calendario, nunca antes lo había conseguido antes de concluir el primer semestre. El desempeño refleja la creciente preferencia de inversionistas institucionales y minoristas por vehículos que ofrecen diversificación, liquidez, bajos costos y una amplia gama de estrategias de inversión.

Según ETFGI, solamente durante junio los ETFs listados en Estados Unidos recibieron 176.500 millones de dólares en nuevos recursos, con lo que la industria acumuló su 38º mes consecutivo de flujos netos positivos, una muestra de la fortaleza estructural que mantiene este segmento del mercado.

El crecimiento también quedó reflejado en el patrimonio administrado. Los activos de la industria aumentaron desde 14,96 billones de dólares al cierre de mayo hasta 15,78 billones al finalizar junio, impulsados tanto por las nuevas aportaciones como por la apreciación de los mercados accionarios.

Acciones estadounidenses mantienen el liderazgo

La mayor parte de los recursos siguen concentrados en estrategias de renta variable estadounidense. Los ETFs de acciones de Estados Unidos captaron 111.850 millones de dólares durante junio, mientras que los fondos de renta fija registraron entradas por 36,120 millones, según la misma fuente.

En contraste, algunas categorías mostraron salidas moderadas, particularmente ciertos ETFs sectoriales y estrategias de materias primas, aunque el balance general siguió siendo ampliamente positivo.

El comportamiento confirma una tendencia que se ha consolidado en los últimos años: los ETFs se han convertido en el principal vehículo de inversión para millones de ahorradores, desplazando progresivamente a los fondos mutuos tradicionales en diversos segmentos del mercado.

Una industria que sigue ganando terreno

El crecimiento de los ETF responde a varios factores estructurales. Entre ellos destacan el auge de la gestión pasiva, la búsqueda de menores costos por parte de los inversionistas, la facilidad para construir portafolios diversificados, y la creciente utilización de estos instrumentos por asesores patrimoniales, fondos de pensiones, aseguradoras y grandes inversionistas institucionales.

Además, durante los últimos años la oferta se ha ampliado considerablemente. A los tradicionales ETF indexados se han sumado estrategias de gestión activa, renta fija especializada, mercados privados, factores de inversión e incluso productos ligados a activos digitales, ampliando el universo de opciones disponibles.

La tendencia también ha favorecido a las principales gestoras del mercado. Firmas como BlackRock, Vanguard, State Street Global Advisors, Fidelity, Invesco, Charles Schwab y J.P. Morgan Asset Management continúan concentrando la mayor parte de los activos administrados, aunque nuevos participantes han ganado espacio mediante productos especializados.

Implicaciones para América Latina

El dinamismo del mercado estadounidense también tiene repercusiones para América Latina. En los últimos años, bancos privados, plataformas U.S. Offshore, asesores patrimoniales y family offices de la región han incrementado la utilización de ETF dentro de sus portafolios internacionales, aprovechando la facilidad de acceso a mercados globales, la eficiencia operativa y los menores costos de administración.

Para inversionistas latinoamericanos, el crecimiento sostenido de esta industria confirma que los ETF continúan consolidándose como uno de los principales vehículos para diversificar riesgos, acceder a distintas clases de activos y construir estrategias globales de inversión en un entorno caracterizado por la volatilidad y la incertidumbre geopolítica.

Con el ritmo observado durante el primer semestre, 2026 perfila convertirse en otro año récord para una industria que ya administra cerca de 16 billones de dólares y que continúa captando una proporción creciente del ahorro financiero mundial.

El gran reto de las pensiones en Latinoamérica: más jubilados, menos trabajadores y presión sobre el ahorro

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El incremento en el ritmo del envejecimiento de la población, la baja densidad de cotización, la elevada informalidad laboral y la presión sobre las finanzas públicas han colocado nuevamente a las pensiones en el centro del debate económico en Latinoamérica.

Más jubilados, menos trabajadores y una creciente presión sobre el ahorro es una ecuación que ya comenzó a redefinir el futuro de los sistemas de pensiones en América Latina.

La región aún cuenta con una ventana demográfica más favorable que la de las economías desarrolladas, pero ésta se está cerrando rápidamente. De acuerdo con la CEPAL, la población de 65 años y más pasará de alrededor de 65 millones de personas en 2024 a 138 millones en 2050, con lo que su participación en la población total prácticamente se duplicará, del 9,9% al 18,9%.

Al mismo tiempo, disminuirá la proporción de personas en edad de trabajar, reduciendo la base de cotizantes que financia los sistemas de retiro

En la región, la FIAP es el organismo más importante al agrupar a las asociaciones de administradoras de fondos de pensiones de 10 países, incluyendo España y Kazajistan que no pertenecen a Latinoamérica, además de Chile, Colombia, Costa Rica, El Salvador, México, Perú, República Dominicana y Uruguay, cuyos sistemas reúnen a más de 110 millones de afiliados y administran activos superiores a 1,3 billones de dólares, según cifras de la propia Federación y estadísticas de sus organismos afiliados.

Esa cifra equivale aproximadamente al tamaño de la economía de países como Australia o México medida en dólares corrientes.

Más allá del sistema pensionario, el peso económico de estos fondos es cada vez mayor en los circuitos financieros; en México por ejemplo las Afores administran cerca de 8 billones de pesos (alrededor de 445.000 millones de dólares), equivalentes a alrededor del 20% del PIB, según la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (Consar).

En Chile, los fondos de pensiones gestionan activos superiores a 200 mil millones de dólares, lo que representa cerca del 60% del PIB del país. En Perú, el sistema privado administra alrededor de 35 mil millones de dólares, mientras que en Colombia los fondos de pensiones superan los 100 mil millones de dólares.

Esta profundidad financiera explica por qué los fondos de pensiones han dejado de ser únicamente administradores del ahorro para el retiro para convertirse en actores estratégicos para el financiamiento de largo plazo de gobiernos y empresas.

En conjunto, estos recursos financian una parte importante de la deuda pública, bonos corporativos, acciones, proyectos de infraestructura, energía y vivienda, convirtiéndose en una de las principales fuentes de ahorro de largo plazo para las economías latinoamericanas.

El peso de los sistemas representados por la FIAP va mucho más allá del pago de pensiones. Hoy constituyen una de las principales fuentes de ahorro institucional en América Latina y uno de los motores del desarrollo de los mercados de capitales.

Con estas cifras de ahorro interno en cada país, pareciera que Latinoamérica habría encontrado la llave del crecimiento sostenido que ha buscado por tanto tiempo, pero hay varios detalles.

La región envejece más rápido de lo que ahorra

El mayor desafío ya no es únicamente generar buenos rendimientos. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) estima que la población mayor de 60 años prácticamente se duplicará en las próximas tres décadas, mientras que la relación entre personas en edad laboral y adultos mayores disminuirá de forma acelerada.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha advertido que, sin reformas adicionales, muchos países enfrentarán una combinación de pensiones insuficientes y una creciente presión fiscal derivada del envejecimiento.

A ello se suma un problema estructural de América Latina: la informalidad laboral. En varios países de la región, más de la mitad de la fuerza laboral trabaja fuera de los sistemas formales de seguridad social, lo que limita las contribuciones al ahorro para el retiro y reduce la cobertura pensionaria.

Reformas en marcha

En los últimos años prácticamente todos los países miembros de la FIAP han impulsado cambios en sus sistemas previsionales. México elevó gradualmente las aportaciones obligatorias de los empleadores y fortaleció el ahorro individual.

Chile aprobó una de las reformas más importantes de las últimas décadas, incorporando un nuevo esquema de cotizaciones y mecanismos redistributivos. Colombia por su parte avanza en la implementación de un sistema multipilar que redefine la participación del sector público y privado.

Perú continúa discutiendo modificaciones para ampliar la cobertura y mejorar las pensiones futuras. Aunque cada país sigue una ruta distinta, el diagnóstico es común: aumentar la cobertura, elevar el ahorro y garantizar la sostenibilidad financiera, esas son las bases para un mejor futuro para millones de latinoamericanos.

El crecimiento de los fondos previsionales también ha transformado los mercados financieros casi en todos los países. De acuerdo con la OCDE y el Banco Mundial, los inversionistas institucionales —entre ellos los fondos de pensiones— desempeñan un papel esencial para desarrollar mercados de capitales más profundos, financiar proyectos productivos y ofrecer estabilidad en periodos de volatilidad.

En muchos países latinoamericanos son, además, los principales compradores de deuda gubernamental y uno de los inversionistas más relevantes en infraestructura, instrumentos privados y mercados internacionales.

Mejores pensiones, el gran desafío

Aunque el crecimiento de los activos ha sido constante durante las últimas décadas, los organismos multilaterales coinciden en que el principal problema de la región ya no es la acumulación de ahorro, sino la suficiencia de las pensiones.

La OCDE, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) identifican como retos estructurales la elevada informalidad laboral, la baja densidad de cotización, el aumento de la esperanza de vida y la necesidad de ampliar la cobertura de los sistemas contributivos. En muchos países, menos de la mitad de los trabajadores cotiza de manera continua durante su vida laboral, lo que limita significativamente el monto de las pensiones futuras.

La CEPAL, por su parte, estima que la población de 60 años y más prácticamente se duplicará en las próximas tres décadas, acelerando la relación de dependencia entre personas en edad de trabajar y adultos mayores. Este cambio demográfico ejercerá una presión creciente tanto sobre los sistemas públicos como sobre los esquemas de capitalización individual.

Rentabilidades que han superado la inflación

Pese a los episodios de volatilidad registrados en los mercados internacionales, la evidencia histórica muestra que los sistemas de ahorro individual han generado rendimientos reales positivos en el largo plazo.

En la mayoría de los países miembros de la FIAP, las administradoras han obtenido rentabilidades reales anualizadas superiores a la inflación desde la creación de los sistemas, aunque con diferencias derivadas de la composición de las carteras y del marco regulatorio de cada mercado.

Precisamente por ello, la Federación ha insistido en la importancia de preservar una adecuada diversificación internacional de las inversiones y evitar restricciones regulatorias que limiten el universo de activos elegibles, ya que ello podría traducirse en menores rendimientos y, en consecuencia, en pensiones más bajas para los trabajadores.

En este escenario, los fondos de pensiones administrados por los miembros de la FIAP no sólo tendrán el desafío de seguir generando rendimientos suficientes para preservar el poder adquisitivo del ahorro de millones de trabajadores.

También deberán desempeñar un papel cada vez más relevante como inversionistas institucionales capaces de financiar infraestructura, empresas y proyectos de largo plazo que impulsen el crecimiento económico en los países.

Qué significa la creciente politización de los bancos centrales para la inversión en renta fija

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La ‘politización’ de los bancos centrales es más que una palabra incómoda de pronunciar. Refleja una creciente presión política sobre los bancos centrales causada por un escenario macroeconómico y político en evolución. En una reciente cena con expertos en políticas públicas, analizamos los cambios recientes y su posible impacto en los mercados de renta fija.

Independencia bajo presión

Los gobernadores de los bancos centrales operan bajo condiciones difíciles. La independencia operativa significa que se espera que resistan las demandas políticas y mantengan la disciplina, incluso a costa de su popularidad. La idea de que los responsables de política económica deban actuar para enfriar la economía en periodos de exuberancia refleja el papel incómodo y necesario que desempeñan. En los últimos años, una combinación de crisis económicas significa que el escrutinio político se ha intensificado y las expectativas se han ampliado.

Cabe recordar que la independencia del banco central no siempre ha existido. Hasta 1997, el ministro de Economía del Reino Unido fijaba el principal tipo de interés oficial, mientras que el Banco de Inglaterra desempeñaba un papel meramente asesor. Incluso en EE. UU. (considerado un bastión de independencia), hubo fallos: grabaciones de principios de la década de 1970 entre el presidente de la Reserva Federal (Fed), Arthur Burns, y el presidente Nixon revelaron presiones sobre cómo la Fed debía apoyar a la economía y, en última instancia, respaldar a Nixon.

En lugar de dirigir abiertamente las decisiones de política, los gobiernos influyen cada vez más en los resultados mediante nombramientos y cambios sutiles en los mandatos. El nombramiento de personas consideradas más “afines” constituye una vía relativamente sencilla para ejercer influencia, aunque con el riesgo de socavar la credibilidad institucional.

Influencia indirecta

Los mandatos de los bancos centrales se sitúan en el núcleo de su independencia, aunque también constituyen un canal de intervención política. Los gobiernos pueden limitar a los bancos centrales restringiendo sus competencias o ampliando sus responsabilidades para generar dependencias. Incorporar objetivos como el apoyo al empleo, la financiación de programas o la reducción de desigualdades puede parecer constructivo, pero también puede difuminar los límites institucionales y exponer a los bancos centrales a expectativas políticas.

También existe un sesgo estructural hacia una política monetaria más expansiva. Los ciclos políticos naturalmente favorecen condiciones acomodaticias: los políticos preferirían tipos de interés bajos para estimular una economía antes de las elecciones y también desearían tipos bajos durante periodos de estrés económico. Cuando los bancos centrales parecen alinearse con tales preferencias, los mercados pueden incorporar una prima de riesgo implícita, reflejando dudas sobre su independencia.

Cambio tras la crisis

Se ha vuelto casi un cliché atribuir los males actuales a la crisis financiera global, pero lo cierto es que marcó un punto de inflexión en la política de los bancos centrales.

La escala y urgencia de la respuesta, notablemente a través del quantitative easing (QE) y la provisión de liquidez, ampliaron las capacidades percibidas de la política monetaria. Lo que comenzó como medidas de emergencia se convirtió, con el tiempo, en herramientas estándar. Los balances de los bancos centrales se inflaron.

Además, el cambio alteró el pensamiento dentro de los gobiernos. Si los bancos centrales pudieran estabilizar los sistemas financieros, apoyar el crecimiento y prevenir la deflación, ¿por qué no utilizar estas herramientas de manera más amplia? En algunos casos, esto fomentó el exceso de confianza en la facilidad de gestionar la inflación y la creencia de que la política monetaria podría alinearse más estrechamente con las prioridades políticas. El creciente apoyo a la Teoría Monetaria Moderna (MMT) durante la pandemia de COVID es un buen ejemplo de ello, aunque este respaldo se ha ido reduciendo tras el reciente repunte de la inflación.

La política monetaria comenzó a sustituir a la política fiscal. A menudo se recurría a los bancos centrales para que aportaran estímulo, mientras que los gobiernos evitaban las medidas fiscales más controvertidas desde el punto de vista político (ya que un mayor gasto público implicaba más endeudamiento o mayores impuestos). Este desequilibrio reforzó la percepción de que los bancos centrales podrían asumir una carga desproporcionada en la estabilización económica, estrechando aún más su vínculo con la toma de decisiones políticas.

Contrapeso del mercado

A pesar de estas presiones, los mercados financieros retienen cierto grado de poder de disciplina. Episodios de fuerte revalorización, impulsados por preocupaciones sobre la sostenibilidad fiscal o errores de política, pueden forzar rápidamente una recalibración. La “crisis del mini presupuesto” bajo la ex primera ministra del Reino Unido, Liz Truss, o la reacción negativa frente a los aranceles muestran cómo los mercados pueden tratar de revertir o diluir aquellas políticas que consideran incoherentes o que no comparten.

En este sentido, los mercados actúan como un «mecanismo de autocorrección», aunque imperfecto. Pueden señalar límites a la experimentación en políticas, aunque la dependencia de la disciplina del mercado es inherentemente reactiva y puede introducir volatilidad.

Los costos de endeudamiento soberano se ven influenciados no solo por la inflación y las expectativas de crecimiento, sino también por las percepciones de integridad institucional. El grado de independencia del banco central, aunque es difícil de cuantificar, forma parte de la evaluación de riesgos más amplia que aplican los inversores.

¿Es demasiado estrecho el objetivo de inflación?

Aunque los objetivos de inflación siguen siendo un ancla central, se han aplicado a menudo de manera estrecha, centrándose en los precios al consumo mientras pasan por alto métricas financieras más amplias como la inflación de activos y las condiciones de crédito. Por ejemplo, gran parte del análisis económico sobre la inflación se centra en los costes energéticos, pero también observamos presiones procedentes del gasto en inversión (capex), donde la demanda es inelástica y menos sensible a los precios.

La política monetaria por sí sola es un instrumento limitado. En las crisis, los bancos centrales pueden actuar rápidamente, por lo que tiene sentido que se utilicen como primera fase de respuesta (ya sea bajando o subiendo tipos o inyectando liquidez) pero es mejor si una respuesta fiscal toma el relevo (gasto público o austeridad). Si el estímulo es fiscal, y menos monetario, se mejora la curva de tipos y se reduce la desigualdad de riqueza. Por lo tanto, el control de la inflación necesita ser respaldado por una combinación de instrumentos de política.

Coordinación en un orden global fragmentado

Los bancos centrales operaron de manera cohesionada en una era cuando la coordinación de políticas globales, el liderazgo de EE.UU., y las instituciones multilaterales proporcionaron un entorno económico relativamente estable. Aunque el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial siguen siendo relevantes, su autoridad se ve ahora cuestionada por un entorno geopolítico más fragmentado. Los estados ven cada vez más las sanciones, la gestión de reservas, y los sistemas de pago a través de una lente competitiva.

Esto altera el esquema de coordinación del banco central. También ha socavado la confianza en las instituciones, en la contraparte, el sistema del dólar, y la accesibilidad a la infraestructura financiera global. Esto es especialmente relevante en la gestión de reservas donde no hay un simple sustituto para la profundidad y liquidez de los bonos del tesoro de EE.UU.

Niveles de deuda como una restricción

El contexto de estos desarrollos es una economía global caracterizada por niveles de deuda elevados y una flexibilidad fiscal limitada. En tal entorno, las decisiones de política monetaria acarrean consecuencias distributivas significativas, influyendo en los precios de los activos, la desigualdad de rentas, y la estabilidad financiera. Por lo tanto, los bancos centrales están operando en un contexto donde sus acciones son inherentemente políticas.

Más preocupante, la capacidad de responder a crisis futuras puede ser más limitada que en el pasado. Entrar en una fase de desaceleración con altos niveles de deuda reduce el margen de maniobra fiscal y aumenta la dependencia de la política monetaria, reforzando el ciclo de dependencia y politización.

Resolviendo la tensión

Es difícil ver que se resuelva la tensión entre independencia e influencia política. Por ahora, probablemente necesitamos aceptar que un elemento de prima de riesgo está incorporado en los diferenciales soberanos. El costo del capital, más ampliamente, es mayor en respuesta. Kevin Warsh, el nuevo presidente de la Fed, sigue siendo algo enigmático. Esperamos que él atenúe la influencia del Consejo de la Fed y el mensaje más amplio, lo que a su vez pone más énfasis en los datos económicos. En tal entorno, la duración se convierte en una consideración aún más importante. Una posible cobertura frente a la incertidumbre de los tipos de interés es considerar activos de rentas a corto plazo o áreas de titulización como la obligación garantizada por préstamos que tienen una estructura más de tipo flotante.

Desde una perspectiva de crédito debemos ser conscientes de los niveles de endeudamiento, pero igualmente reconocer que las empresas necesitan asumir cierto riesgo financiero, porque si no lo hacen, tienen un riesgo empresarial. Los directores de inversiones pueden resultar perjudicados por la decisión correcta en el momento equivocado, es decir, ser demasiado conservadores demasiado pronto y permitir que otras empresas ganen cuota de mercado. En los mercados hay mucha energía en torno a la inteligencia artificial (IA) ahora mismo, pero creemos que los inversores deben ser selectivos, mirando más allá de algunos de los hiperescaladores hacia áreas que potencialmente ofrecen mejor valor ajustado al riesgo o están involucradas en áreas que ayudan a aliviar cuellos de botella en el desarrollo de la IA.

Independientemente del grado de independencia del banco central, llegará finalmente un momento en que el banco central tendrá que retirar el proverbial tazón de ponche y los inversores querrán estar del lado correcto cuando eso suceda.

 

 

Tribuna de Tom Ross, director de High Yield de Janus Henderson

BCU aprobó inscripción del fideicomiso de inversión inmobiliaria Península Uruguay

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La Superintendencia de Servicios Financieros del Banco Central del Uruguay (BCU) aprobó la inscripción en el Registro del Mercado de Valores del fideicomiso financiero “Península Uruguay”, un vehículo de inversión inmobiliaria destinado a desarrollos residenciales.

El fideicomiso es administrado por Peninsula Investments Group y fue estructurado por Latin Securities SA Corredores de Bolsa. Los fondos captados se destinarán a financiar proyectos de Altius Group, firma líder con más de 2.900 unidades entregadas en el país. Ambos grupos celebran 20 años de trabajo conjunto, con un track record de más de 33 proyectos y 4.300 unidades desarrolladas en Uruguay. Además,  mantienen desarrollos conjuntos en Panamá, México y Paraguay, lo que refleja  su experiencia en distintos mercados de la región.

«Península Uruguay es una excelente oportunidad para que los uruguayos  inviertan en su propio país a través de un vehículo regulado por el BCU,  respaldado por veinte años de trayectoria conjunta entre Peninsula Investments y Altius Group, y un historial que ya suma más de 33 proyectos y 4.300 unidades  desarrolladas entre ambas compañías», añade Josef Preschel, director de  Peninsula Investments.

Para concluir quiso añadir también su finalidad con esta app: «Con esta herramienta buscamos seguir impulsando a un sector inmobiliario que  todavía tiene margen para crecer, expandirnos hacia nuevas zonas del territorio  nacional uruguayo y ofrecer un retorno atractivo a los inversores que confían en  nuestra reputación”.

La visión de Natixis: la Gran Transferencia de Riqueza no recompensará la inercia

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Foto cedidaRevista Funds Society Américas Junio 2026

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Como describimos en nuestro informe Wealth Transfer 2026, la magnitud es inédita: se espera que más de 84 billones de dólares en activos cambien de manos a nivel global durante las próximas dos décadas, a medida que la población envejecida transfiera patrimonio a cónyuges, hijos, organizaciones benéficas e instituciones. Sin embargo, el tamaño es solo una parte de la historia. Lo más importante es quién logrará finalmente retener esos activos y si los modelos actuales de asesoría realmente están diseñados para las familias y beneficiarios que los heredarán.

Esto se está convirtiendo en un tema existencial. Cerca de la mitad de los asesores a nivel global nos dicen hoy que la transferencia generacional de riqueza representa una amenaza directa para su negocio. Un tercio ya experimentó pérdidas materiales de activos cuando sus clientes fallecieron y los herederos eligieron otro camino. No se trata de proyecciones. Son resultados reales. 

Los datos longitudinales cuentan una historia más clara

Tenemos confianza en estas conclusiones por la profundidad y continuidad de nuestra investigación. Durante más de 15 años hemos seguido el sentimiento de los inversionistas a través de distintos ciclos de mercado, geografías y generaciones, encuestando a decenas de miles de inversionistas y profesionales financieros en todo el mundo. Esta perspectiva históricamente informada nos permite distinguir el ruido de corto plazo de los cambios estructurales, y el cambio generacional actualmente en marcha es, sin duda, estructural. 

Lo que revelan los datos es que muchos asesores todavía operan bajo supuestos moldeados durante la era de los boomers, aun cuando la base de clientes y sus expectativas evolucionan rápidamente. 

Una brecha de retención que los asesores no pueden ignorar

Los asesores suelen creer que son más efectivos reteniendo patrimonio durante la transferencia generacional de lo que los propios inversionistas consideran. En promedio, estiman que retienen activos aproximadamente el 72% de las veces cuando el patrimonio pasa al cónyuge, pero solo cerca de la mitad cuando los activos se transfieren a la siguiente generación. Los inversionistas, por su parte, son menos optimistas: la mayoría de los cónyuges y herederos afirman que probablemente no mantendrían los activos heredados con el asesor de quien les dejó el patrimonio.

Esa diferencia de percepción es peligrosa. Expone un supuesto crítico que debe revisarse: que el desempeño por sí solo será suficiente para mantener las relaciones en el tiempo. Cuando los herederos deciden quedarse o irse, los resultados de inversión importan, pero las relaciones importan más. La familiaridad, la confianza y la conexión personal dominan la decisión, mientras que las razones más comunes para abandonar a un asesor son no tener una relación con él o ya trabajar con otro profesional.

En otras palabras, la retención de activos tiene menos que ver con los portafolios y más con la cercanía: emocional, relacional y conversacional.

Natixis, en la revista de Funds Society Américas

 


“Las relaciones entre asesores y clientes no pueden construirse de forma improvisada en el momento de la herencia”


El cambio generacional no se limita a la edad

Gran parte de la conversación sobre la transferencia de riqueza se centra en la edad, pero el desafío es más amplio. La dinámica de género también juega un papel importante, especialmente cuando los activos pasan entre cónyuges. Las mujeres son ligeramente más propensas que los hombres a cambiar de asesor después de recibir una herencia y tienden a abordar el riesgo, la volatilidad y la seguridad de retiro de manera diferente. Dada su mayor expectativa de vida, las transferencias intrageneracionales podrían ser la primera —y más subestimada— prueba de resiliencia para muchas prácticas de asesoría.

Los herederos de la próxima generación representan un cambio adicional. Los inversionistas Millennials y de Generación X no son simplemente “boomers más jóvenes”. Tienen expectativas distintas respecto a la inversión, la tecnología, la forma de recibir asesoría y los valores que priorizan. Muestran mayor interés por activos privados, ETFs activos, herramientas digitales de asesoría, inversión sostenible y tecnologías emergentes como la inteligencia artificial. Al mismo tiempo, presentan brechas de conocimiento relevantes que los asesores deben estar preparados para abordar.

La oportunidad es significativa, pero solo para los asesores dispuestos a adaptar tanto su propuesta de valor como el diálogo con sus clientes.

Natixis en la revista Funds Society Américas

Un fenómeno global con matices regionales

Otro supuesto que vale la pena cuestionar es que la transferencia de riqueza ocurre de la misma manera en todas partes. No es así.

Nuestra investigación muestra diferencias regionales marcadas. Los asesores en partes de Asia expresan algunos de los niveles más altos de preocupación, impulsados por poblaciones envejecidas y relaciones centradas en la inversión. En Suiza, la concentración patrimonial amplifica el impacto de perder incluso un solo cliente. En América Latina, las conversaciones familiares tempranas y las estructuras de gobernanza son más comunes, lo que redefine la manera en que los asesores se involucran con las familias.

La conclusión es clara: no existe un manual universal. Los asesores deben comprender las preferencias generacionales junto con el contexto cultural, las dinámicas familiares y la regulación.

El supuesto más importante de todos

El supuesto más peligroso es creer que todavía hay tiempo. La primera ola de transferencias ya comenzó y las relaciones no pueden construirse de manera retroactiva en el momento de la herencia. La Gran Transferencia de Riqueza no recompensará la inercia.

Nuestra investigación muestra que la estrategia de retención más efectiva es construir relaciones de largo plazo con toda la familia mucho antes de que los activos cambien de manos. Los asesores que involucren tempranamente a cónyuges y herederos, amplíen la conversación más allá de las inversiones y se mantengan flexibles en la manera de entregar asesoría estarán mejor posicionados para sobrevivir —y prosperar— durante esta transición.

La Gran Transferencia de Riqueza recompensará la preparación, la humildad y la capacidad de evolucionar. La pregunta ya no es si este cambio impactará a los negocios de asesoría, sino si los asesores están preparados para enfrentarlo hoy.

 

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¿Qué activos favorecer en un mundo de inflación persistente? La visión de M&G

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Foto cedidaDe izquierda a derecha: Andrew Chorlton, CIO de Renta Fija de M&G Investments, Fabiana Fedeli, CIO de Renta variable, Multiactivos y Sostenibilidad y Emmanuel Deblanc, CIO de Mercados Privados.

El mercado ha entrado en una nueva fase del ciclo, en la que la inflación seguirá condicionando las políticas monetarias y el comportamiento de los activos de riesgo, al tiempo que obliga a poner bajo revisión muchas de las reglas tradicionales de la inversión. Es la principal conclusión a la que llegaron los CIOs de renta fija, renta variable, multiactivos y ESG y mercados privados de M&G Investments, en un panel titulado CIOs Investment Perspectives: Navigating the Afthershock- is inflation Back? organizado recientemente por la firma para periodistas internacionales en su sede de Londres. 

Aunque los activos de riesgo han seguido mostrando fortaleza y la renta fija ha resistido mejor que en episodios anteriores de tensión inflacionista, los CIO de M&G defendieron que los inversores deben adaptarse a un entorno caracterizado por tipos de interés más elevados durante más tiempo, cambios estructurales en la economía y nuevas fuentes de riesgo derivadas de la geopolítica, el endeudamiento público y la inteligencia artificial. En este contexto, Gautam Samarth, gestor de fondos multiactivos y moderador del panel, destacó que la fuerte dispersión dentro de la renta variable ha condicionado mucho los resultados para los inversores, al tiempo que subrayó como principal cambio del año el fuerte reajuste de las expectativas sobre los tipos de interés, tras un periodo en el que los mercados han pasado de anticipar recortes a asumir que los bancos centrales mantendrán una postura mucho más restrictiva.

La visión de M&G en renta fija

Para Andrew Chorlton, CIO de Renta Fija, la persistencia de la inflación sigue siendo el factor dominante para entender el comportamiento de los mercados. Recordó que, cinco años después del final de la pandemia y tras el impacto de la invasión de Ucrania, “las economías desarrolladas todavía no han conseguido controlar plenamente las presiones inflacionistas”. En su opinión, los mercados han cometido el mismo error durante cuatro ejercicios consecutivos al tomar las expectativas sobre tipos de interés de la Reserva Federal como un proxy del resto del mundo, y siendo decepcionados todos y cada uno al haber empezado los ejercicios con previsiones demasiado optimistas. 

El CIO de renta fija extrae dos lecturas de este comportamiento. Por un lado, la idea de que “los inversores quieren que los tipos sean más bajos porque eso supone un apoyo y es bueno para todo, sin reconocer que seguimos en plena batalla contra la inflación”. Por otro, que tras la experiencia de 2022, el control de la inflación se ha convertido para los responsables de los bancos centrales en “algo muy personal”, en el sentido de que no están dispuestos a “cometer el mismo error dos veces”. Chorlton puso como ejemplo a Kevin Warsh, nuevo presidente de la Fed, que antes de llegar al cargo mantenía una postura más proclive a bajar tipos de interés pero ahora ha tomado conciencia de que “es su reputación la que está en juego”, adoptando “un claro enfoque en combatir la inflación”. 

En todo caso, Chorlton considera que el comportamiento de la renta fija ha sido razonablemente sólido. Frente al fuerte ajuste vivido en 2022, un ejercicio prácticamente plano en un entorno marcado por la volatilidad, las tensiones geopolíticas y la inflación “no puede calificarse como un mal resultado”, afirmó. Además, defendió que el mercado de deuda pública ofrece actualmente un punto de partida mucho más atractivo gracias a la existencia de rentabilidades reales positivas.

Su visión es más cautelosa respecto al crédito corporativo. A su juicio, los diferenciales descuentan un escenario excesivamente benigno, basado únicamente en la continuidad del contexto actual y con niveles de impago reducidos. En cambio, el mercado de tipos ya incorpora buena parte de los riesgos conocidos —inflación, política fiscal o incertidumbre política—, por lo que considera que la relación entre rentabilidad y riesgo resulta hoy más favorable en los bonos soberanos que en el crédito.

Nuevas reglas para invertir en renta variable

Por su parte, Fabiana Fedeli, CIO de Renta Variable, Multiactivos y Sostenibilidad, defendió que muchas de las reglas tradicionales utilizadas durante décadas para analizar la bolsa han dejado de funcionar. En su opinión, los inversores siguen demasiado condicionados por la clásica distinción entre activos de larga y corta duración, cuando actualmente el mercado presta mucha más atención a los fundamentales empresariales y a grandes tendencias estructurales como la inteligencia artificial.

Fedeli recordó que hace apenas dos años existía un amplio consenso según el cual un escenario de tipos elevados durante más tiempo debía perjudicar especialmente a las compañías tecnológicas, por tratarse de negocios de larga duración. Sin embargo, ocurrió exactamente lo contrario. «Las reglas empíricas que todos aprendimos decían que no debería haber sucedido, porque unos tipos altos tendrían que haber provocado un baño de sangre en la tecnología de larga duración, y eso no ocurrió; de hecho, ha seguido sin ocurrir», señaló.

Fedeli considera que el auge de la inteligencia artificial ha cambiado profundamente la forma en que el mercado valora las compañías y cree que el impacto de unos costes de financiación más elevados tardará todavía en trasladarse a las empresas que lideran esta revolución tecnológica. Aunque reconoce que llegará un momento en el que las elevadas inversiones necesarias para desarrollar la IA obligarán a muchas compañías a acudir con mayor intensidad a los mercados de deuda, considera que ese punto aún no ha llegado.

No obstante, sí identifica riesgos macroeconómicos que, en su opinión, el mercado bursátil todavía infravalora. Entre ellos destaca la posibilidad de que los precios de la energía permanezcan elevados durante más tiempo como consecuencia de las necesidades de inversión en seguridad energética, reconstrucción de infraestructuras y recomposición de inventarios. Ese escenario podría acabar debilitando la demanda agregada y afectar a los beneficios empresariales de determinados sectores, aunque no de forma homogénea. Por ello, insistió en la importancia de mantener horizontes de inversión de largo plazo y evitar tomar decisiones precipitadas por preocupaciones que pueden tardar años en materializarse.

La protección contra la inflación, clave para invertir en mercados privados

El análisis de Emmanuel Deblanc, CIO de Mercados Privados, puso el foco en los cambios estructurales que están transformando la percepción del riesgo por parte de los inversores. A su juicio, la conversación sobre la inflación ha evolucionado significativamente y ahora incorpora factores que hasta hace poco apenas se tenían en cuenta, como la geopolítica, la sostenibilidad de las finanzas públicas o los posibles cambios regulatorios y fiscales derivados del creciente endeudamiento de los Estados.

Aún así, Deblanc considera que «el valor de tener estrategias y activos que brinden  protección frente a la inflación probablemente ha sido infravalorado y sigue estando infravalorado». En su opinión, los inversores tienden a asociar estos instrumentos únicamente con escenarios de inflación elevada, cuando también pueden desempeñar un papel relevante si, tras un periodo inflacionista, la economía entra en una fase de desinflación o incluso de deflación. Lo verdaderamente importante, sostiene, es disponer de activos capaces de preservar el poder adquisitivo en entornos macroeconómicos muy cambiantes.

Otro de los grandes debates planteados por Deblanc gira en torno al propio concepto de activo libre de riesgo. El directivo cuestionó que la deuda pública estadounidense pueda seguir considerándose la referencia indiscutible para los inversores globales, especialmente en un contexto de elevados déficits fiscales y aumento sostenido de la deuda pública en economías como Estados Unidos o Francia. Según explicó, la inflación constituye una forma de erosionar el valor de una moneda sin necesidad de incurrir en un impago formal, lo que obliga a replantearse si la deuda soberana continúa siendo la referencia adecuada para valorar el riesgo del resto de activos.

Asimismo, advirtió de que la capacidad recaudatoria de los gobiernos se convertirá cada vez más en un factor determinante para evaluar el riesgo de inversión. El aumento de la presión fiscal y regulatoria podría afectar especialmente a sectores regulados, como el agua o la electricidad, mientras que las diferencias entre jurisdicciones tenderán a ampliarse a medida que algunos países afronten con mayores dificultades el deterioro de sus cuentas públicas. En este nuevo contexto, concluyó, comprender los riesgos asociados a la inflación, la regulación y la sostenibilidad fiscal será tan importante como analizar las valoraciones tradicionales de los activos.

El crédito privado en profundidad: cómo distinguir los titulares de los fundamentos

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Los titulares sobre las «cucarachas» del crédito privado y los inversores de las empresas de desarrollo empresarial que salen corriendo son algo habitual. ¿Hasta qué punto debería preocupar este sector en auge del panorama crediticio? En opinión de Anthony Pederson, Senior Analyst, Investment Grade Credit, y Paul Smillie, Senior Analyst, Investment Grade Credit en Columbia Threadneedle Investments, el crédito privado no debe entenderse como una repetición de los excesos del sistema bancario en la sombra del pasado, sino como una extensión apalancada del sistema financiero tradicional, que concentra el riesgo de forma diferente y, por lo tanto, exige una perspectiva diferente tanto por parte de los inversores como de los reguladores.

«Las empresas del mercado intermedio suelen tener unos ingresos de hasta 1.000 millones de dólares. Se denomina préstamo directo porque los fondos pasan directamente de los inversores a las empresas (es decir, sin intervención de bancos). Sin embargo, la decisión real sobre la concesión del préstamo – qué empresas reciben la financiación – suele recaer en los gestores de fondos de crédito privado o en las empresas de desarrollo empresarial (BDC), en una proporción aproximada del 50 %-50 %. La inversión en estos vehículos se realiza tanto a través de capital como de deuda (de nuevo, aproximadamente a partes iguales). El sector bancario proporciona la mayor parte de la financiación de deuda (alrededor de tres cuartas partes)», afirman.

Según explican, el crédito directo al mercado medio es crédito apalancado. Según su visión, las empresas implicadas tienen un apalancamiento de entre 6 y 8 veces, con una calificación crediticia media de B- a CCC+. El sector representa aproximadamente un tercio del mercado de préstamos apalancados de EE.UU. y tiene un tamaño de unos 1,4 billones de dólares. Se cree que se trata de una cifra acertada, pero es casi imposible obtener datos precisos, ya que se trata de un mercado privado. Los otros dos tercios corresponden al mercado de préstamos apalancados y al mercado de bonos de alto rendimiento (HY), ambos de tamaño similar. La figura 1 es una versión simplificada de esta estructura.

Figura 1: El marco de los préstamos al mercado intermedio

«A principios de este siglo, los bancos occidentales se aprovecharon de las normas de capital para crear una maraña de productos crediticios. Instrumentos como los vehículos de inversión estructurados (SIV), las obligaciones de deuda garantizadas (CDO) de títulos respaldados por hipotecas residenciales (RMBS) y los conductos de papel comercial respaldado por activos (ABCP) solían ser opacos, figurar fuera de balance y estar muy apalancados. Todo el mundo sabe cómo acabó eso con la crisis financiera mundial de 2008″, añaden.

Solo cinco años después, los banqueros en China estaban adoptando un enfoque similar. Los niveles de deuda corporativa se dispararon a través de productos de la «banca en la sombra», como los vehículos de financiación de gobiernos locales, los productos de gestión de activos y los productos de gestión patrimonial. En esencia, se trata de otro frenesí de deuda fuera de balance, solo que con siglas diferentes. Los efectos de ese atracón de deuda siguen manifestándose hoy en día en el sector inmobiliario comercial chino.

Restricciones regulatorias, consecuencias no deseadas

Ahora bien, ¿han transformado las lecciones del pasado la intermediación crediticia? Para Smillie y Pederson, en algunos aspectos importantes, la respuesta es no. «Tras la crisis financiera global, los bancos se enfrentaron a una supervisión más estricta del apalancamiento, sobre todo a través de las directrices sobre préstamos apalancados de 2013 y las posteriores inspecciones del «Shared National Credit», que limitaron de hecho el nivel de apalancamiento que los bancos podían ofrecer a los prestatarios (alrededor de 6 veces). Sin embargo, las empresas que buscaban una financiación mayor, más flexible y a menudo más barata comenzaron a recurrir a prestamistas que no estaban sujetos a estos límites de supervisión. Al mismo tiempo, los inversores pasaron años buscando rentabilidad en un entorno de tipos muy bajos. Esto impulsó una rápida expansión de las instituciones financieras no depositarias (NDFI), como los fondos de crédito privado y las empresas de desarrollo empresarial, dispuestas a proporcionar el apalancamiento que los bancos no podían ofrecer. Los bancos respondieron aumentando su exposición a las NDFI, lo que les permitió seguir participando en el mercado de crédito privado sin salirse de los límites de supervisión y manteniendo valiosas relaciones con los clientes», comentan.

Según exponen, el marco regulatorio de la última década ha impulsado a los bancos a conceder préstamos a las instituciones financieras no bancarias (NDFI), al otorgar a estas exposiciones un tratamiento de capital mucho más favorable que al de los préstamos comerciales tradicionales. Por ejemplo, en virtud de Basilea III, los préstamos a las NDFI suelen recibir ponderaciones de riesgo considerablemente más bajas – entre el 20 % y el 30 %, frente al 100 % de los préstamos comerciales e industriales (C&I) tradicionales-. Esto se debe a que los bancos se sitúan en una posición de segunda pérdida y los differentials de estos préstamos suelen ser más elevados, impulsados por la oferta y la demanda y la complejidad de la operación. En conjunto, estos factores aumentan el atractivo económico de los préstamos a las NDFI y ayudan a explicar por qué los bancos han seguido ampliando su presencia en este canal, con pocos incentivos para frenar el crecimiento a menos que cambien las normas de capital.

Y matizan: «Más recientemente, la flexibilización de los requisitos de capital y la moderación de los colchones de capital para situaciones de crisis de los bancos no han hecho más que reforzar esta tendencia. Con mayor capacidad de balance para desplegar, los bancos han considerado que la concesión de préstamos a instituciones financieras no bancarias (NDFI) es la opción más atractiva en comparación con la concesión directa de los mismos préstamos. Esta dinámica ha transformado el panorama crediticio, con los préstamos a NDFI aumentando de unos 200 000 millones de dólares hace una década a alrededor de 1,5 billones de dólares en el cuarto trimestre de 2025, lo que representa aproximadamente el 11 % del total de préstamos bancarios en EE.UU.».

Los políticos tienen poca memoria

Según su visión, este rápido crecimiento se ha producido en un contexto de debilitamiento de la supervisión. «La derogación en 2018 de algunas partes de la Ley Dodd-Frank elevó el umbral para la supervisión reforzada de los bancos de 50 000 millones a 100 000 millones de dólares, lo que significó que los bancos regionales de las categorías 4 y 5, con activos por debajo de esos niveles, se enfrentaran a un escrutinio mucho menor. Esa falta de supervisión fue un factor determinante en las quiebras de bancos regionales que se observaron en el primer trimestre de 2023, como la del Silicon Valley Bank», apuntan.

Su análisis muestra que la tendencia continuó en octubre de 2025, cuando la vicepresidenta de Supervisión de la Reserva Federal de EE. UU. (Fed), Michelle Bowman, anunció planes para recortar alrededor del 30 % del personal de supervisión y regulación de la Fed. Para contextualizar, un recorte del 30 % de los 499 puestos autorizados actuales (según el último presupuesto del Sistema de la Reserva Federal) reduciría la plantilla a unos 350 empleados, la cifra más baja desde 2011. Todo ello apunta a una clara disminución de la intensidad de la supervisión desde 2018, lo que crea puntos ciegos en un momento en que la exposición de los bancos a las NDFI se ha vuelto mucho más significativa.

«Estos puntos ciegos son importantes porque los préstamos a las NDFI se han vuelto cada vez más complejos. Los bancos conceden ahora líneas de suscripción, préstamos sobre el valor liquidativo (NAV) y líneas de crédito de financiación de existencias, cada uno con diferentes estructuras de garantía y perfiles de riesgo. Se trata de exposiciones que requieren tiempo, experiencia y un examen constante, pero los recursos que se les dedican parecen ir en la dirección opuesta», reconocen.

Hay que tener en cuenta que el informe anual de 2024 del Consejo de Supervisión de la Estabilidad Financiera señalaba que «las interrelaciones entre los bancos y las instituciones financieras no bancarias siguen siendo difíciles de supervisar y pueden suponer un riesgo para la estabilidad financiera». Según citan al respecto, la Fed ha planteado la idea de realizar pruebas de resistencia exploratorias centradas en las exposiciones a las instituciones financieras no bancarias, pero la orientación regulatoria sigue sin estar clara. Mientras tanto, el riesgo de concentración sigue aumentando, y la opacidad de las carteras de préstamos subyacentes – incluido el uso creciente de características de pago en especie (PIK) que pueden amplificar la volatilidad de las pérdidas – ha recibido una atención supervisora muy limitada.

¿Se trata de nuevo de un arbitraje regulatorio?

Estos acontecimientos son un claro ejemplo de arbitraje regulatorio en acción. Al canalizar el crédito hacia las NDFI, los bancos aprovechan las lagunas entre la supervisión tradicional y el sector bancario en la sombra. Si bien estos acuerdos impulsan la rentabilidad, introducen riesgos de crédito opacos que pueden salir a la luz en situaciones de tensión.

«La ventaja de capital es considerable. Véanse algunas cifras sobre los préstamos bancarios a fondos de crédito privados, que representan aproximadamente una cuarta parte de todos los préstamos a NDFI. El banco concede un préstamo al fondo. El fondo, a su vez, concede préstamos a empresas del mercado medio. Este tipo de préstamos bancarios conlleva una ponderación de riesgo del 20 %. Desde la perspectiva del banco, un préstamo de 100 dólares requiere 2 dólares de capital (apalancamiento de 50 veces). Por el contrario, cuando un banco presta directamente a este tipo de empresas, la exposición conlleva una ponderación de riesgo del 100 %. Por cada préstamo de 100 dólares, el banco mantendrá aproximadamente 10 dólares de capital (apalancamiento de 10 veces)», afirman.

Sin embargo, matizan que eso no es todo: «En caso de dificultades, los inversores en acciones del fondo suelen ser los primeros en asumir las pérdidas, por lo que el fondo tendría que sufrir pérdidas de alrededor del 50 % en esos préstamos para que el banco perdiera dinero. La tasa acumulada de impagos a cinco años en los préstamos con calificación B-/CCC+ se sitúa en torno al 25 %. Incluso con bajas tasas de recuperación, eso supone una protección significativa para el banco. Los tramos con calificación AA de las obligaciones de préstamos garantizados (CLO) cuentan con protecciones estructurales similares y las pérdidas son extremadamente raras».

¿No hay nada de qué preocuparse, entonces? Según su análisis, el panorama es más matizado. Y explica que aunque los fondos de crédito privado suelen tener carteras de más de 300 préstamos, esa diversificación tiene límites. «Alrededor del 20 % de los préstamos de los fondos de crédito privado se destinan a empresas de software. Los recientes avances en inteligencia artificial (IA) han suscitado dudas sobre los modelos de negocio de muchas de estas empresas altamente apalancadas. Gran parte de la exposición vence en 2030 y más adelante, lo que deja mucho tiempo para que los riesgos aumenten. Si la IA genera problemas en las empresas de software, es probable que algunas de las pérdidas repercutan en el sector bancario a través de este canal», indican.

¿Dónde residen los riesgos?

Es difícil determinar esto con precisión. Los riesgos de concentración quedan ocultos debido a la información limitada y desigual que facilitan los bancos. La visibilidad de la calidad crediticia y de los riesgos de concentración sigue siendo limitada. Los bancos han argumentado que la información sobre las exposiciones al crédito privado es comparable a la que se proporciona para los préstamos inmobiliarios comerciales (CRE) y los préstamos comerciales e industriales (C&I). Sin embargo, el auge del crédito privado se produjo en gran medida durante un periodo de condiciones crediticias favorables. Como ha observado Warren Buffett: «Solo cuando baja la marea se descubre quién va desnudo».

Cuando los préstamos crecen a este ritmo, los inversores necesitan más información para sentirse cómodos con la suscripción. El problema se ve agravado por las transferencias significativas de riesgo (SRT), mediante las cuales los riesgos se han trasladado a otras partes del sistema financiero, a menudo a los mismos inversores de crédito privado a los que los bancos están prestando. En momentos de tensión en los mercados, los mercados de crédito retiran la financiación de las áreas donde la divulgación es deficiente. La financiación solo vuelve cuando mejora la divulgación y el mercado puede valorar adecuadamente el riesgo.

¿Ha superado la competencia a la cautela en los activos alternativos?

Se cree que sí, ya que el rápido crecimiento de los activos y el exceso de capital están ejerciendo una presión cada vez mayor sobre los criterios de suscripción. Durante los últimos cinco años, los activos bajo gestión de las grandes gestoras de activos alternativos estadounidenses han crecido a un ritmo de alrededor del 15 % anual. Existe una enorme cantidad de capital disponible – más de 1 billón de dólares en capital riesgo y 400 000 millones de dólares en deuda privada-, ya que cada vez es más habitual que los inversores realicen asignaciones a gestoras alternativas. Entre 2004 y 2007, los criterios de concesión de préstamos se deterioraron vertiginosamente a medida que los prestamistas competían por los activos. En los mercados privados, la competencia puede conducir a una relajación de los criterios de suscripción; las estructuras con pocas cláusulas restrictivas y PIK se vuelven más populares. Muchos podrían argumentar que las grandes gestoras de activos alternativos tienen un buen historial en la asignación de capital. Es cierto, pero también lo tenían los bancos antes de la crisis financiera global.

¿Ha cambiado el sentimiento?

Se cree que probablemente sí. Los fondos de crédito privado y las sociedades de desarrollo empresarial (BDC) se enfrentan ahora a reembolsos. Si se hubieran atendido todas las solicitudes de reembolso, ello habría supuesto una salida neta de la clase de activos de alrededor del 3% en el primer trimestre de este año. Sin embargo, estos productos están sujetos a restricciones de reembolso, lo que significa que solo es necesario atender un determinado porcentaje de las solicitudes de reembolso para evitar ventas forzadas. Las restricciones de reembolso son una característica sensata de estos fondos. El crédito ilíquido no está diseñado para venderse con el fin de obtener efectivo.

El contexto macroeconómico

Al comparar la actual explosión del crédito de las instituciones financieras no bancarias (NDFI) con la situación de Estados Unidos antes de la crisis financiera global y la de China en 2015, es importante fijarse en la acumulación de apalancamiento a nivel de la economía. A principios de la década de 2000, la ratio de deuda de los hogares estadounidenses respecto al PIB aumentó en unos 30 puntos porcentuales, hasta situarse en torno al 100 %. En China, en los cinco años previos a 2017, la deuda de las empresas no financieras en relación con el PIB aumentó en unos 50 puntos porcentuales, hasta el 200 %.

Lo fundamental es que eso no está ocurriendo aquí. Este tipo de préstamos directos ha crecido rápidamente, pero ha estado restando cuota de mercado a los préstamos y a los bonos de alto rendimiento. El mercado global de financiación apalancada (bonos de alto rendimiento más préstamos apalancados más préstamos directos) no ha crecido en relación con el PIB nominal. Es más, el sector empresarial estadounidense, en general, no tiene un problema de apalancamiento. Todo esto carece de ese rasgo clásico de una burbuja crediticia.

Sin embargo, es importante señalar que, tanto en los Estados Unidos antes de la crisis financiera global como en China en 2015, el sector público no estaba excesivamente endeudado, con una deuda pública en torno al 60 % del PIB cuando estalló la crisis. Esto permitió al Gobierno aplicar medidas de estímulo fiscal, sacando a la economía de la crisis. Ahora, sin embargo, eso sería mucho más difícil. Los niveles de deuda pública ya son elevados y, en EE. UU., ya se ha pisado a fondo el acelerador en materia fiscal.

¿Qué importancia tienen los riesgos?

La desregulación, el rápido crecimiento del crédito, la falta de transparencia, la concentración del sector y el apalancamiento rara vez constituyen una buena combinación para los tenedores de bonos. Sin embargo, no se deben exagerar los riesgos en este caso: no todo es pesimismo. En general, la economía estadounidense se encuentra en buena forma.

Aunque inevitablemente habrá algunas repercusiones para los bancos y las aseguradoras, las primeras pérdidas recaerán principalmente en los inversores de renta variable de los fondos de crédito privado y las sociedades de desarrollo empresarial (BDC). Los bancos dispondrán de menos capital el año que viene que el año pasado, pero la situación sigue siendo mejor de lo que ha sido en décadas. Los beneficios son sólidos, la mayoría de los equipos directivos son competentes, las provisiones para pérdidas crediticias siguen siendo conservadoras y las estimaciones de pérdidas futuras a nivel general de la banca son benignas.

En todas las carteras globales, se está adoptando una postura más cautelosa frente al riesgo de crédito relacionado con los bancos estadounidenses, con un sesgo hacia exposiciones de mayor calidad y un posicionamiento para un entorno en el que es probable que se amplíen los diferenciales de crédito.

Diversificación, protección y gestión activa, la otra cara de la inestabilidad geopolítica en las carteras

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Los inversores globales están reestructurando sus carteras, ya que la incertidumbre geopolítica y la concentración del mercado están impulsando una reevaluación de la asignación tradicional de activos y reforzando los argumentos a favor de la gestión activa, según revela el emblemático Estudio Global de Perspectivas de Inversión de Schroders (GIIS).

Los resultados de este estudio—en el que se encuestó a más de 1.000 inversores institucionales, gestores de patrimonios y otros intermediarios de todo el mundo, con activos gestionados con un valor total de 72 billones de dólares estadounidenses— revelan que el 85% de los inversores espera una mayor volatilidad en los mercados durante el próximo año. En la actualidad, están dotando a sus carteras de activos que aporten mayor resiliencia y diversificación.

La encuesta, realizada tras el estallido de la guerra en Irán a principios de 2026, reveló que el conflicto en Oriente Medio (69%) y la incertidumbre en torno a la política exterior de EE.UU. y su liderazgo global (67%) eran las principales preocupaciones geopolíticas de los inversores. Las crisis de precios de las materias primas y la energía (53%), una mayor escalada de conflictos geopolíticos (52%) y la desaceleración económica o la recesión (50%) también se consideraron los acontecimientos con mayor probabilidad de afectar a las carteras en el próximo año. Por ello, la diversificación (84%) y la protección frente a las caídas/preservación del capital (83%) se perfilaron como las prioridades más importantes de las carteras, mientras que casi la mitad de los inversores (47%) afirmaron que están aumentando la diversificación geográfica fuera de EE.UU.

En este contexto de inversión cada vez más incierto, los inversores se mostraron firmemente convencidos del papel de la gestión activa. El 85% de ellos confía en que esta pueda ayudar a alcanzar los objetivos de inversión en los próximos 12 a 18 meses, tales como aprovechar oportunidades para obtener una rentabilidad superior, aportar agilidad para hacer frente a la incertidumbre y gestionar el riesgo de concentración en los mercados de renta variable. Además, es revelador que más de un tercio de los inversores (38%) afirmara que está aumentando la exposición a productos de inversión de gestión activa precisamente para reducir el riesgo de concentración en los índices.

Por su parte, Johanna Kyrklund, directora de Inversiones del grupo en Schroders, considera que, en un mundo cada vez más volátil, los inversores están reestructurando sus carteras para dar prioridad a la diversificación y la resiliencia, al tiempo que deben hacer frente al riesgo geopolítico. «Es revelador que, en estas circunstancias, un llamativo 85% de los inversores se muestre convencido de que los gestores activos pueden ayudar a alcanzar esos objetivos en los próximos 12 a 18 meses. En los últimos años hemos pasado de un mundo globalizado propenso a las crisis deflacionistas a un mundo geopolíticamente fragmentado, en el que la reconfiguración de la cadena de suministro puede contribuir a generar crisis inflacionistas. La capacidad de ser selectivos, gestionar el riesgo y responder de forma dinámica a unas condiciones de mercado que cambian rápidamente es nuestra ventaja competitiva para navegar por estas aguas más turbulentas”, afirma.

Los ETF activos cobran impulso

Los ETFs activos también están adquiriendo mayor protagonismo en las carteras, ya que los inversores los consideran un motor de diversificación (49%), posicionamiento satélite o táctico (42%) y gestión del riesgo (33%). La gran mayoría de los inversores encuestados a nivel global (70%) señaló que los costes más bajos en comparación con los fondos de inversión activos constituyen el principal atractivo de los ETF activos. También destacaron la liquidez intradía y la flexibilidad de negociación (51%), la mejora de la liquidez en el mercado secundario (43%) y una mayor transparencia de la cartera (41%) como ventajas importantes. Al considerar dónde resulta más valiosa la experiencia activa dentro de la estructura de un ETF, los inversores identificaron las acciones de pequeña y mediana capitalización (37%), las acciones de mercados emergentes (35%) y las estrategias temáticas o sectoriales (34%) como las áreas de mayor oportunidad.

Enfoque integral

La encuesta también sugiere que los inversores están adoptando un enfoque más integral en la asignación de activos de renta variable entre los mercados públicos y privados. La mitad de los inversores (50 %) afirmó que ahora evalúa las oportunidades de renta variable pública y privada de forma conjunta, en lugar de hacerlo mediante marcos de asignación separados. Los inversores adaptan cada vez más las estrategias de renta variable a los resultados específicos de la cartera y no consideran la renta variable como un bloque único.

En concreto, la renta variable activa basada en fundamentales (71%), las estrategias de pequeña y mediana capitalización (65%), las estrategias de compra de grandes empresas (62%) y el private equity de pequeña y mediana capitalización (59%) fueron señaladas como claves para respaldar el crecimiento a largo plazo, mientras que la renta variable centrada en dividendos o ingresos (74%), los enfoques long/short o neutrales al mercado (33%) y las estrategias multiactivos (31%) se identificaron como generadoras de ingresos. En el ámbito específico del private equity, el 61% de los inversores destacó las oportunidades de crecimiento del capital a largo plazo en las estrategias de growth capital y venture capital.

Cabe destacar que el 60% de los inversores que utilizan estrategias de renta variable regionales o geográficas señalaron que la incertidumbre macroeconómica y geopolítica constituía un reto fundamental a la hora de tomar sus decisiones de asignación de activos. En todo el espectro de activos, las cinco principales clases de activos elegidas por los inversores para obtener unos ingresos ajustados al riesgo en los próximos 12 a 18 meses se situaban muy cerca unas de otras: renta variable (43%), diversificación de la exposición a bonos del Estado (38%), bonos corporativos negociados en mercados públicos (35%), high yield (32%) y crédito respaldado por activos/titulizado (32%). Esto sugiere que los inversores están adoptando cada vez más un enfoque multiactivos y holístico para la generación de ingresos, más allá de un enfoque centrado exclusivamente en la renta fija. 

Las asignaciones a crédito aumentan

Las asignaciones a crédito también están evolucionando, ya que los inversores buscan una combinación más amplia de flujos de caja, diversificación, resiliencia y oportunidades de rentabilidad tanto en los mercados públicos como en los privados. Dentro de los mercados de crédito públicos, más de la mitad de los inversores (55%) consideró que los bonos corporativos con calificación de inversión eran atractivos para obtener ingresos reales y estables, mientras que el 62% de los encuestados afirmó que el crédito en situaciones de estrés o especiales se consideraba principalmente una fuente de generación de alfa, junto con el 61% de los encuestados que señalaron que los bonos de alto rendimiento y otro 61% que indicaron que la deuda de mercados emergentes eran fuentes de alfa.

El crédito privado sigue atrayendo el interés de los inversores, ya que las carteras buscan fuentes diversificadas de ingresos y potencial de rentabilidad. Entre los inversores en estas clases de activos, los préstamos directos se consideran tanto una fuente de generación de ingresos fiables (44%) como de potencial alfa (44%), mientras que el crédito privado con calificación grado de inversión se ve como una fuente de rendimiento fiable (48%). La resiliencia del capital también se identificó como un objetivo importante para las asignaciones a crédito privado, y el 39% la destacó como un factor clave para las exposiciones a deuda inmobiliaria y de infraestructuras.

“Los inversores están adaptando sus carteras a un mercado más complejo y fragmentado. La diversificación entre regiones, clases de activos, estilos y vehículos de inversión está cobrando cada vez más importancia a la hora de gestionar el riesgo y construir carteras resilientes. Un enfoque holístico de los activos públicos y privados también está redefiniendo la construcción de carteras, en la que los objetivos de inversión, considerados desde la perspectiva de un enfoque de cartera total, prevalecen sobre los índices de referencia tradicionales”, concluye Johanna Kyrklund.

La IA impulsará la evolución de los mercados en el segundo semestre de 2026

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Los inversores afrontan la segunda mitad de 2026 ante un amplio abanico de riesgos potenciales, desde el actual conflicto entre EE.UU. e Irán, hasta la volatilidad de los mercados energéticos y la inflación persistente. Sin embargo, a pesar de ello, nueve de cada diez estrategas de Natixis se muestran optimistas en cuanto a que la inteligencia artificial será el principal motor que impulse el comportamiento del mercado en el segundo semestre de 2026.

De los 33 estrategas de mercado, gestores de carteras, analistas de investigación y economistas de todo el grupo afiliado a Natixis Investment Managers, el 88% espera que el sector de la IA se acelere, y sólo el 12% cree que la burbuja estallará en la segunda mitad del año. No obstante, a pesar del optimismo, los estrategas de Natixis siguen mostrándose cautelosos respecto a la IA dada la naturaleza disruptiva de la tecnología, ya que el 79% cree que la volatilidad generada por los temores en torno a la IA ha llegado para quedarse y podría extenderse a múltiples sectores. El riesgo de concentración también es motivo de preocupación, dado que el 85% lo califica como un riesgo medio o alto en la segunda mitad del año, debido a que tan solo seis o siete empresas de IA están generando un nivel desproporcionado de rentabilidad en el mercado.

Inflación y riesgo geopolítico

Según lo que revela la encuesta, la inflación se mantiene persistente de cara al segundo semestre, impulsada por el repunte de los costes energéticos relacionado con el conflicto entre EE. UU. e Irán. En términos generales, el 97% de los estrategas sitúa la inflación entre los principales riesgos en la segunda mitad de este año, un salto notable frente al 79% registrado en la misma pregunta de la encuesta del año pasado.

El conflicto entre EE.UU. e Irán fue un catalizador clave detrás del repunte de la inflación en la primera mitad del año, ya que el cierre del Estrecho de Ormuz duplicó los precios del petróleo. Si bien un memorando de entendimiento conjunto entre EE.UU. e Irán ayudó a aliviar los costes energéticos, este respiro podría ser temporal. Los estrategas de Natixis no ven la guerra de Irán como un incidente aislado. En la segunda mitad del año, el 70% afirma que una escalada o reescalada de la guerra podría representar un riesgo fundamental, el 64% cree que podría surgir un nuevo conflicto geopolítico y dos tercios 67% afirman que es la confirmación de un reajuste del orden mundial.

«Casi ocho de cada diez estrategas advierten de una renovada crisis energética en el segundo semestre del año, dada la amenaza potencial de un nuevo cierre de las rutas marítimas. Mirando más a largo plazo, las consecuencias podrían no ser del todo negativas. Más de dos tercios creen que la guerra servirá, en última instancia, como catalizador para aumentar la inversión en energías renovables y no esperan que los precios de la energía vuelvan a los niveles extremos vistos a principios de año. El 82% cree que los precios del petróleo ya han tocado techo; ninguno espera que los precios regresen a los mínimos observados a principios de año», han subrayado desde Natixis.

Los temores de recesión se mitigan

Los estrategas de Natixis están menos preocupados por el riesgo de recesión este año puesto que solo un 3% lo califica de alto y un 27% señala que será un riesgo medio, frente al total del 62% que calificó la recesión como un riesgo medio o alto en la encuesta del año pasado. Este año, a los estrategas les preocupan más las fuerzas que están reconfigurando el panorama económico. En materia de política monetaria, casi seis de cada diez creen que la Reserva Federal mantendrá los tipos de interés en el segundo semestre, mientras que más de la mitad cree que son más probables las subidas de tipos por parte del Banco de Inglaterra, y aproximadamente tres cuartas partes afirman lo mismo tanto para el BCE como para el Banco de Japón. Menos de la mitad de los estrategas de Natixis cree que un error de los bancos centrales represente un riesgo significativo en el segundo semestre.

En materia comercial, el 70% de los estrategas afirma que los aranceles son ahora una característica a largo plazo de los supuestos comerciales, y casi nueve de cada diez ven surgir oportunidades a raíz de la desglobalización a medida que las cadenas de suministro se vuelven cada vez más regionales. Casi ocho de cada diez creen que la guerra en Irán intensificará la competencia entre EE. UU. y China, si bien el 85% cree que la economía china seguirá siendo resiliente.

En opinión de Jack Janasiewicz, gestor de Carteras de Natixis Investment Managers Solutions, el primer semestre de 2026 ha presentado un entorno complejo para los inversores, que han tenido que sortear las presiones simultáneas de la disrupción geopolítica, la inflación persistente y un shock energético. «Si bien los temores de recesión se han mitigado, la inflación sigue siendo un riesgo persistente junto con las continuas tensiones geopolíticas. Sin embargo, a pesar de estos vientos en contra, nuestros estrategas ven claras oportunidades y se mantienen optimistas de cara a la segunda mitad del año, apuntando específicamente a la IA, la renta variable estadounidense y una rentabilidad superior esperada de las empresas de gran capitalización frente a las de pequeña capitalización. En última instancia, los inversores deben mirar más allá del ruido a corto plazo y posicionarse para capturar estas oportunidades», comenta.

El auge del sector de defensa

El sector de defensa se ha beneficiado de las recientes incertidumbres geopolíticas; como resultado, siete de cada diez estrategas creen que el sector está posicionado para aprovechar los vientos de cola sostenidos derivados del conflicto entre EE. UU. e Irán. En general, el 52% cree que los valores de defensa se beneficiarán del aumento del gasto a nivel mundial, lo que supone solo un ligero descenso respecto a la misma pregunta del año pasado, en la que el 59% compartía esta misma visión sobre el sector.

En Europa, el sector de defensa 24% se sitúa como el segundo sector preferido. Aunque esto representa una caída en el sentimiento de los inversores en comparación con la encuesta de estrategas de Natixis de 2025, está claro que sigue habiendo oportunidades dadas las continuas preocupaciones en materia de seguridad, según la encuesta. También se observa un cambio en la forma en que los inversores definen la sostenibilidad, ya que casi seis de cada diez 58% creen que la defensa debería considerarse una inversión sostenible, y el 88% de los estrategas cree que el debate sobre la inversión sostenible seguirá dividiendo opiniones, con más de tres cuartas partes afirmando que la seguridad energética determinará el ritmo de la transición energética.

Nuevos valores refugio en medio de la incertidumbre

En renta fija, los inversores se están replanteando la seguridad, y casi la mitad 48% de los estrategas creen que los bonos del Tesoro ya no son el valor refugio que solían ser, mientras que el 55% afirma que el crédito con grado de inversión podría estar mejor posicionado para desempeñar ese papel.

En activos alternativos, dos tercios de los estrategas creen que una cartera diversificada con activos alternativos en una proporción 60:20:20 obtendrá una rentabilidad superior a la asignación tradicional 60:40 en el segundo semestre del año. Las infraestructuras destacan como las claras favoritas en Europa, y tres de cada diez estrategas esperan que ofrezcan las mayores rentabilidades. En una región marcada por un menor crecimiento y una continua incertidumbre económica, los inversores parecen sentirse atraídos por los flujos de caja estables y la menor correlación que pueden aportar las infraestructuras. La energía y las materias primas le siguen muy de lejos con un 15%, mientras que el crédito privado y las estrategias de rentabilidad absoluta  atraen el interés de los inversores que buscan fuentes adicionales de ingresos y diversificación.

Ante la incertidumbre geopolítica, los temores inflacionistas y la volatilidad del mercado, los inversores podrían verse impulsados a recurrir a la liquidez al percibirla como una alternativa más segura que los mercados de renta variable y renta fija. Sin embargo, los estrategas de Natixis advierten de que la liquidez deja a los inversores expuestos al riesgo de inflación, y podría no ofrecer rentabilidades suficientes para alcanzar sus objetivos a largo plazo, lo que significa que podrían dejar pasar rentabilidades más atractivas en otras áreas del mercado.

La preocupación en torno al crédito privado se ha exagerado

A pesar de las recientes presiones en los mercados de crédito, más de la mitad de los estrategas de Natixis afirma que las preocupaciones en torno a esta clase de activo se han exagerado, mientras que siete de cada diez creen que los problemas son aislados en lugar de sistémicos. Además, el 45% piensa que los mercados se han vuelto excesivamente negativos con respecto al crédito privado.

Los estrategas de Natixis se muestran especialmente optimistas sobre el crédito privado en Europa. Más de la mitad afirma que la oportunidad que ofrece el crédito privado parece mejor allí que en EE. UU. y que las recientes preocupaciones sobre la liquidez tendrán poco impacto en la demanda a largo plazo de esta clase de activo.

Oportunidades en el segundo semestre

A pesar de los shocks políticos y macroeconómicos, los mercados demostraron su resiliencia en el primer semestre de 2026, y el S&P, el Euro Stoxx y el FTSE generaron rentabilidades moderadas de un solo dígito. Si bien la primera mitad del año está marcada por la disrupción geopolítica y el cambio económico, los estrategas de Natixis se mantienen fieles a las temáticas que han impulsado los mercados durante los dos últimos años: dos tercios esperan que la renta variable estadounidense obtenga una rentabilidad superior, más de tres cuartas partes creen que las empresas de gran capitalización superarán a las de pequeña capitalización, y el 82% prefiere el estilo de inversión de crecimiento frente al de valor.

De cara al futuro, el 42% de los estrategas espera que los mercados estadounidenses ofrezcan las mejores rentabilidades en el segundo semestre de 2026, impulsados por la IA y los valores de crecimiento de gran capitalización, lo que supone un aumento frente al 29% que compartía esta misma opinión el año pasado. Por el contrario, el sentimiento en Europa se ha enfriado ligeramente este año, ya que solo el 15% cree que Europa registrará el mejor comportamiento en el segundo semestre de 2026, en comparación con el 38% del año pasado.

Los estrategas se decantan por la tecnología como la principal fuente de rentabilidad del mercado. Tanto en EE. UU. como en Asia, casi dos tercios esperan que el sector de las Tecnologías de la Información sea el que registre el mejor comportamiento, quedando todos los demás sectores rezagados con un 10% o menos. Europa está más equilibrada: el sector financiero fue el más destacado, seguido de la defensa y la tecnología, lo que sugiere que los inversores recurren a la diversificación como vía para ayudar a sortear un entorno de tipos de interés más altos.

En contraste con otras regiones, los estrategas de Natixis identifican que los principales motores de rentabilidad en América Latina son los materiales básicos y la energía, lo que refleja la demanda mundial de materias primas y recursos naturales de la región, junto con un que busca el liderazgo en el sector industrial.

La IA como temática de inversión a largo plazo

La visión a largo plazo de los estrategas de Natixis sobre la IA está cambiando, a medida que la tecnología se adopta de forma más generalizada y se integra más profundamente en las empresas. En general, el 97% cree que la IA proporcionará beneficios de segundo y tercer orden a medida que la narrativa de la IA se expanda más allá de las empresas que desarrollan el código, fabrican los microchips y construyen la infraestructura necesaria para respaldarla. Casi nueve de cada diez 88% creen que los aumentos de productividad derivados de la IA se traducirán en mayores beneficios corporativos.

Los estrategas ven cada vez más la IA como una inversión a más largo plazo, y solo el 45% espera ver un retorno de la inversión respecto al gasto de capital (Capex) en IA durante el próximo año. Sin embargo, existen algunos beneficios más inmediatos, ya que más de la mitad  de los estrategas de Natixis afirma que es probable que las salidas a bolsa  en el sector de la IA aumenten la liquidez en el capital privado (private equity).

El optimismo sobre el crecimiento global suporta el fuerte sentimiento inversor

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Llegamos a mitad de 2026 con unos inversores altamente optimistas. Según muestra la encuesta global a gestores de BofA, correspondiente a julio, se trata del nivel más alto de optimismo desde enero: “Nuestro indicador más amplio del sentimiento de la encuesta, basado en los niveles de efectivo, la asignación a renta variable y las expectativas de crecimiento global, subió de 6,0 a 7,2. El nivel de efectivo de la encuesta de BofA cayó del 4,1% a un nivel extremadamente bajo del 3,6%”.

A la hora de identificar qué sustenta ese optimismo, la encuesta muestra un récord del 54% en inversores que prevén un escenario “no landing” y un 39% que ve un “soft landing”. En cambio, tan solo un 2% de los encuestados espera un “hard landing”. A esta visión se suma que el optimismo sobre el crecimiento global alcanzó en julio su nivel más alto en cinco meses; en concreto, un porcentaje neto del 21% espera una economía más sólida. “Las expectativas macroeconómicas se están equiparando al rendimiento de la renta variable estadounidense”, matizan desde BofA.

Inflación y tipos de interés

Respecto a la inflación, un porcentaje neto del 4% de los inversores de la encuesta de julio prevé una inflación global más baja, un giro radical frente al mes pasado, cuando un neto del 45% esperaba una inflación más alta

“Las perspectivas sobre los tipos de interés cayeron a la par que las del IPC: un neto del 1% espera tipos a corto plazo más altos, frente al 34% anterior”, matiza la encuesta. De hecho, el 83% no espera que la Fed suba la tipos antes de las elecciones de mitad de mandato en EE.UU.. Por otra parte, al preguntarles cómo modificará la Fed los tipos de interés de referencia en el próximo año, solo el 36% afirmó esperar al menos una subida, mientras que el 29% prevé que se mantengan sin cambios.

A la hora de identificar los riesgos, la «burbuja de la IA» escaló hasta el primer puesto como el mayor riesgo de cola en julio, según el 45% de los inversores de la encuesta frente al 28% del mes pasado. Según explica BofA, en junio, el riesgo de cola percibido como número uno era una «segunda ola de inflación», que ahora ha caído al segundo puesto -26% de los inversores, frente al 34% anterior-. “En julio, además, el 48% de los inversores de la encuesta señaló que el gasto de capital de los hiperescaladores de IA es la fuente más probable de un evento de crédito sistémico, seguido de un 34% que apunta al crédito privado», añaden.

Asset allocation

Este optimismo tiene una traducción clara en la cartera más allá del menor peso del efectivo. “Los inversores de la encuesta incrementaron su sobreponderación en renta variable estadounidense hasta un neto del 24%, lo que supone la mayor sobreponderación desde diciembre de 2024 y la tercera ponderación más alta en EE.UU. de los últimos 5 años. Por el contrario, redujeron aún más su asignación a la renta variable del Reino Unido hasta un neto del 37% de infraponderación, la asignación más baja desde agosto de 2020”, indica la encuesta.

Respecto a la asignación sectorial, se registró una infraponderación neta del 53% en los sectores de consumo (básico y discrecional), lo que supone la asignación más baja desde mayo de 2006. Y, por primera vez desde mayo de 2017, los inversores esperan que las acciones con baja rentabilidad por dividendo superen en rendimiento a las de alta rentabilidad por dividendo.

En definitiva, los inversores aumentaron su asignación a salud, Europa y bonos y redujeron su exposición a energía, materias primas y el Reino Unido. “En julio, los inversores están mayoritariamente sobreponderados en renta variable, mercados emergentes y salud, frente a una mayor infraponderación en el Reino Unido, bonos y consumo básico”, concluyen desde BofA.