El impresionante crecimiento de la inteligencia artificial generativa ha despertado tanto entusiasmo como cautela entre los inversionistas. Empresas como Nvidia, Microsoft y Amazon han experimentado grandes subidas y bajadas en sus precios de acciones, lo que ha llevado a muchos a preguntarse si estamos viendo una burbuja especulativa, como las que hemos visto antes. Para entender mejor los riesgos y oportunidades actuales, vale la pena comparar este frenesí con burbujas tecnológicas del pasado y considerar estrategias de inversión inteligentes para este momento.
Por ejemplo, el profesor Andrew Odlyzko, experto en burbujas especulativas, compara el boom de la IA con el auge del telégrafo y la iluminación eléctrica en el siglo XIX. Al principio, las empresas de telégrafo tuvieron problemas a pesar de las grandes inversiones, logrando beneficios solo después de que la industria se consolidó y terminó la Guerra Civil en Estados Unidos. De manera similar, la emoción inicial en torno a la iluminación con arco eléctrico desapareció cuando la bombilla de Thomas Edison lo superó, lo que llevó a la quiebra a muchas compañías que habían apostado por la tecnología equivocada.
Estos ejemplos históricos muestran que la incertidumbre es común con tecnologías disruptivas. La IA generativa, como el telégrafo y la iluminación eléctrica en su momento, está en una fase crítica. Aunque tiene un gran potencial, aún no está claro cuáles serán sus aplicaciones más rentables, lo que hace difícil saber si las empresas líderes de hoy mantendrán su dominio o serán superadas por nuevas innovaciones.
Otra comparativa interesante está en las diferencias entre el boom actual de la IA y burbujas anteriores, como la de las dot-com a principios de los 2000, cuando en ese entonces las valoraciones de las acciones subieron a niveles insostenibles, y las empresas tecnológicas, aunque costosas, no estaban tan sobrevaloradas.
En los últimos años, han habido menos fondos invertidos en acciones, lo que indica un enfoque más medido en comparación con el entusiasmo desenfrenado de los años 90. Por lo que se puede decir que los inversionistas parecen ser más cautelosos en la actualidad.
Cabe mencionar que muchas de las empresas que lideran la revolución de la IA son negocios bien establecidos y rentables, con ingresos sólidos. Esto es muy diferente de la era dot-com, donde muchas de las nuevas empresas no tenían modelos de negocio probados ni eran rentables.
Pero entonces, ¿cómo deberían los inversionistas enfrentar el mercado de la IA? Aquí podemos destacar 3 claves importantes que los inversionistas deben considerar para tomar buenas decisiones:
1. La diversificación es esencial: Aunque la inteligencia artificial tiene un gran potencial, también conlleva riesgos. Diversificar tus inversiones en diferentes sectores puede ayudar a mitigar estos riesgos y protegerte de posibles pérdidas si el mercado se vuelve volátil. De esta manera, tu portafolio no estará demasiado expuesto a la incertidumbre de un solo sector, como la IA.
2. Buscar asesoría profesional: Dada la complejidad del mercado de la IA y su potencial tanto para grandes ganancias como para caídas repentinas, es vital contar con un asesor financiero experimentado. Un buen asesor te
ayudará a tomar decisiones basadas en fundamentos sólidos en lugar de dejarte llevar por la emoción del momento.
3. Paciencia y perspectiva a largo plazo: El éxito final de la IA probablemente dependerá de la aparición de una aplicación que impulse su adopción masiva y rentabilidad. Así como el correo electrónico se convirtió en el gran éxito inesperado de los primeros días de internet, podría surgir una innovación basada en inteligencia artificial que aún no hemos previsto. Los inversionistas deben ser pacientes y centrarse en el crecimiento a largo plazo en lugar de buscar ganancias rápidas.
Aunque el mercado de la IA hoy en día podría parecer una burbuja especulativa, también está basado en el potencial real de una tecnología que podría transformar el mundo. La mejor estrategia para los inversionistas es diversificar sus portafolios, buscar asesoría financiera profesional y mantener una perspectiva a largo plazo. Aprender de las burbujas pasadas y confiar en expertos puede ayudarte a aprovechar las oportunidades tecnológicas sin caer en las trampas del mercado.
Este enfoque no solo te protege de posibles pérdidas, sino que también te posiciona para aprovechar las oportunidades que surgirán con la próxima ola de innovación tecnológica.
Fuentes: Visual Capitalist, Investing.com, y The Economist.
A 35 años de que México iniciara la construcción de una “nueva banca”, estos intermediarios enfrentan una transformación tan profunda como la que detonó la reprivatización impulsada por el gobierno del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari. Aquella reforma no sólo cambió la propiedad de la banca, redefinió su papel en la economía mexicana. Hoy el reto también es mayúsculo y los vientos de cambio parecen incontenibles.
La reprivatización bancaria de hace tres décadas y media fue una respuesta directa a la nacionalización de 1982, considerado uno de los grandes errores históricos en la economía mexicana. Tan grave, que para muchos analistas fue una de las causas directas que hundió en esa década a México en la crisis más profunda que ha vivido este país en la era moderna. Entre 1991 y 1992 se vendieron instituciones clave que permitieron poco a poco restablecer la confianza, en dicho proceso de reprivatización se recaudó alrededor de 12 mil millones de dólares.
El modelo que emergió apostó por: capital privado nacional, modernización operativa y expansión del crédito. Sin embargo, la historia posterior demostraría que la transición no estuvo exenta de costos. La banca privatizada enfrentó rápidamente su primera gran prueba con la crisis financiera de 1994–1995, que derivó en rescates, reconfiguración del sistema y, eventualmente, en la entrada masiva de capital extranjero a finales de los noventa.
Desde entonces, el sistema bancario mexicano evolucionó hacia: mayor solidez regulatoria, concentración en grandes grupos financieros y estabilidad macrofinanciera. Hoy, la banca llega a 2026 en una posición estructuralmente más sólida, incluso con niveles de morosidad históricamente bajos y mejores estándares de capitalización, aunque con desafíos persistentes en profundidad financiera.
Radiografía actual: una banca sólida pero limitada
A 35 años de la reprivatización, el sistema bancario mexicano muestra claras señales de contraste; por ejemplo, cerca de 63% de los adultos tienen acceso a una cuenta, lo que refleja avances en bancarización, pero también rezagos importantes ya que persisten alrededor de 20 millones de personas fuera del sistema financiero formal y el uso de efectivo sigue siendo dominante, limitando el alcance del sistema. En otras palabras, la banca mexicana es estable, pero poco profunda para el tamaño de la economía del país.
El sector bancario mexicano enfrenta una serie de desafíos estructurales reconocidos incluso por los propios protagonistas del sistema:
1. Inclusión financiera: A pesar de avances, millones de mexicanos siguen excluidos, sobre todo en el interior del país. El reto consiste en integrar a población sin historial crediticio ni acceso formal.
2. Reducción del uso de efectivo: El efectivo sigue siendo dominante, lo que limita la trazabilidad, el crédito y la productividad.
3. Competencia fintech: Los nuevos jugadores digitales están captando segmentos desatendidos con modelos más ágiles, el sistema bancario tradicional es cada vez menos utilizado, los modelos bancarios con sucursales físicas enfrentan una crisis que amenaza con desaparecerlos.
4. Regulación vs innovación: La tecnología avanza más rápido que el marco regulatorio, generando tensiones en supervisión y desarrollo. La obsolescencia del marco regulatorio en México ha generado lagunas legales que de vez en cuando provocan riesgos adicionales moderados, pero riesgos al fin.
5. Profundización del crédito: México sigue teniendo niveles de crédito al sector privado relativamente bajos frente a otras economías; una economía sin crédito o con poco crédito, es una economía con bajo crecimiento presente y futuro.
Treinta y cinco años después, la “nueva banca” que surgió de la reprivatización vuelve a estar en un punto de inflexión. Si en los noventa el reto fue pasar del Estado al mercado, hoy el desafío es pasar del banco tradicional al ecosistema digital e inclusivo. El desenlace de esta nueva transición definirá no sólo el futuro del sistema financiero, sino también su capacidad para impulsar el crecimiento económico de México en las próximas décadas.
Hoy, después de aquel histórico proceso de reprivatización bancaria impulsado por el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, el sistema financiero mexicano presenta una combinación poco común en economías emergentes: alta solidez macroprudencial con baja profundidad crediticia.
En 2026, la banca mexicana exhibe fundamentos robustos: Índices de capitalización (ICAP) consistentemente por encima de requerimientos regulatorios; Índice de morosidad (IMOR) en niveles históricamente bajos; Amplia liquidez estructural y Supervisión alineada con estándares de Basilea III.
Sin embargo, estos indicadores conviven con una baja intermediación financiera: Crédito al sector privado como proporción del PIB significativamente inferior al de economías comparables; Alta concentración de activos en pocos intermediarios y Penetración limitada del crédito en segmentos PyME y población no bancarizada. Este desequilibrio refleja un sistema más orientado a estabilidad que a expansión crediticia.
Nuevo entorno competitivo: fintech y desintermediación
El sistema bancario mexicano enfrenta una presión creciente derivada de la digitalización, con la entrada de neobancos y fintech con modelos asset-light, expansión de pagos digitales (SPEI, CoDi) y el uso intensivo de analítica de datos y scoring alternativo. Estos actores están atacando segmentos históricamente desatendidos, reduciendo barreras de entrada y presionando spreads, costos operativos así como modelos tradicionales de captación y colocación. El fenómeno apunta hacia una desintermediación parcial del sistema bancario tradicional.
Los retos estratégicos son claros: Profundización financiera sin deterioro de cartera; expandir crédito manteniendo disciplina prudencial; inclusión con rentabilidad; incorporar segmentos de alto riesgo relativo sin comprometer ROE; transformación digital; migrar hacia modelos híbridos (banca + tecnología) con eficiencia operativa; competencia y regulación; equilibrar piso parejo entre banca tradicional y fintech; concentración de mercado y reducir barreras estructurales que limitan la competencia efectiva.
Perspectiva: ¿nuevo cambio de régimen?
A 35 años de la reprivatización, la banca mexicana enfrenta un posible segundo cambio estructural; la primera gran transformación moderna en la década de los noventa le otorgó solidez y marco institucional, mientras que la transformación actual enfrenta el reto de llevarla a un cambio de modelo operativo, tecnológico y competitivo.
No se trata de un reto menor, la banca de México debe transitar de un sistema sólido pero limitado, hacia uno más profundo, inclusivo y competitivo, pero sin comprometer la estabilidad que ha caracterizado al sector en las últimas tres décadas. En ese sentido, la banca mexicana se encuentra nuevamente en un punto de inflexión, donde la capacidad de adaptación definirá su relevancia en el ecosistema financiero del futuro.
Pero, los analistas coinciden en que el principal dilema estructural de la banca mexicana es cómo expandir el crédito sin comprometer la calidad de los activos, en un entorno donde el sistema ha privilegiado históricamente la estabilidad. Tras la crisis de 1994–1995, la banca (ahora mayoritariamente en manos de grupos globales) internalizó una cultura de riesgo conservadora con modelos de crédito basados en scoring tradicional, fuerte dependencia de historial formal y segmentación estricta de clientes.
El resultado: IMOR bajo (cartera sana), ROE relativamente alto, impulsado por spreads, pero crecimiento crediticio limitado. ¿Cómo romper este equilibrio sin generar un deterioro sistémico?.
La respuesta parcial parece estar en las fintech y neobancos, intermediarios que han demostrado que es posible servir a segmentos masivos con estructuras ligeras (asset-light), así como construir modelos rentables basados en volumen y datos. Sin embargo también es un hecho que no será una transición fácil ni exenta de riesgos. factores como la presión sobre los márgenes del negocio, la regulación asimétrica, el riesgo reputacional en segmentos vulnerables, así como la ciberseguridad, tendrán mucho que ver en el éxito-
El sistema financiero mexicano se enfrenta a una redefinición de su función: de intermediarios tradicionales a plataformas de servicios financieros digitales. La inclusión ya no es solo un objetivo social, sino un vector de crecimiento estructural.
Los retos están profundamente conectados: Más inclusión, más profundidad financiera, mejor medición de riesgo e inclusión rentable. A A 35 años de la reprivatización el sistema enfrenta un desafío más sofisticado: crecer sin perder estabilidad y expandirse sin perder rentabilidad.
La banca mexicana hoy
La banca en México ha sentado las bases en las últimas décadas para su crecimiento, pero sobre todo para su estabilidad, las cifras lo reflejan.
En 2025 el sistema bancario mexicano generó utilidades por 304.400 millones de pesos (16.911,11 millones de dólares), ligando cinco años de máximos históricos en este rubro, con un crecimiento real anual de 1,1%. En el país operan 51 bancos, pero existe una elevada concentración del sistema ya que solamente 7 instituciones están consideradas como sistémicas ya que concentran la mayor parte del mercado, mientras que apenas 9 bancos generan el 83% de las utilidades.
Para efectos prácticos, estamos frente a un sistema bancario oligopólico con alta concentración de ingresos y activos.
Si analizamos la profundidad financiera los contrastes en el sector son evidentes; el crédito al sector privado equivale al 37% del PIB, ha crecido pero todavía está muy por debajo de las principales economías de la OCDE.
Así, a 35 años de la reprivatización todos los análisis coinciden. La banca mexicana es un sistema altamente rentable y estable, pero estructuralmente poco profundo. El reto hacia adelante no es estabilidad (ya lograda), sino: escala de crédito, inclusión financiera y transformación digital competitiva.
Las instituciones financieras globales (GFI) tenían muchas preguntas a comienzos de 2025: ¿se convertirían las promesas de campaña de Donald Trump en política de gobierno en Estados Unidos? ¿Veríamos divergencias regionales en la orientación de la política fiscal y monetaria? ¿Se cansarían por fin los inversionistas de unos niveles de deuda pública en constante aumento? Doce meses después, aunque algunas de esas preguntas se han respondido de forma contundente, las respuestas han generado nuevas dudas y aún más incertidumbre.
Para comprender mejor las preocupaciones de nuestros clientes y poder anticipar mejor sus necesidades, llevamos varios años agregando los informes públicos de perspectivas de muchas de las principales instituciones financieras globales (GFI). Esto ofrece información sobre cómo están pensando el año que comienza y, lo que es igual de importante, cómo va cambiando ese pensamiento con el tiempo. Y lo que resulta evidente es que las GFI han iniciado el año incluso más optimistas que en el anterior, aunque con sentimientos encontrados.
FOMO es real, incluso para las grandes instituciones:
Pese a la inquietud sobre la posibilidad de una burbuja impulsada por la inteligencia artificial, los altos precios de los activos de riesgo y las preocupaciones por la trayectoria de la deuda pública, especialmente en los mercados desarrollados, las GFI han comenzado el año con una posición de mayor riesgo. Pero se trata de un risk-on cauteloso. Esto se debe a que, si bien el aumento de los precios de los activos no puede continuar para siempre, nadie quiere aún correr el riesgo de abandonar la fiesta demasiado pronto.
Y, si se observan los datos, el motivo se vuelve evidente. Los puntos de partida importan en la inversión, porque son un factor significativo en la probabilidad de éxito a largo plazo. Intuitivamente esto tiene sentido: mientras más bajo sea el precio de entrada, mayor será el rango de resultados posibles en los que se den las condiciones para que el precio suba en el largo plazo y viceversa.
A corto plazo, sin embargo, siempre existe la posibilidad de que los mercados consigan una última subida. Esa es la mentalidad FOMO.
Las GFI consideran que la IA seguirá siendo una fuerza importante tanto para la rentabilidad de corto plazo como para la productividad de largo plazo, pero con mayor exigencia de resultados tangibles en 2026.
No obstante, desde una perspectiva de asignación de activos, hay motivos para mantener la estrategia.
Lo bueno y lo malo de 2025:
Muchas de las proyecciones de las GFI para 2025 fueron acertadas: esperaban que el rally de la renta variable estadounidense continuara y que el dólar alcanzara su máximo, abriendo oportunidades en los mercados emergentes. Al mismo tiempo, proyectaban oportunidades en los bonos globales y eran optimistas sobre el crédito con grado de inversión y los bonos de alto rendimiento, pese a que estos últimos ya se consideraban caros.
Por otro lado, la fuerte preferencia por la renta variable estadounidense frente a la europea resultó menos gratificante, al igual que la visión de que el mercado accionario de Estados Unidos se ampliaría.
Contexto macro: Nacionalismo económico, oportunidades de infraestructura y la promesa de productividad de la inteligencia artificial
Desde el principio de 2026, un nacionalismo económico agresivo se ha abierto paso hasta el primer plano, como lo demuestran los acontecimientos en Venezuela. El avance sostenido del nacionalismo económico es uno de los temas clave de largo plazo que las GFI esperan que moldee los mercados. Sin embargo, aunque los distintos bloques geopolíticos aspiran a alcanzar la autosuficiencia, cada uno parece adoptar su propio enfoque. Estados Unidos se centra en la relocalización y la seguridad de las cadenas de suministro. Asia se enfoca en la inteligencia artificial, con China concentrada en el producto final, mientras que países como Corea y Taiwán se orientan hacia la cadena de suministro de inteligencia artificial en su conjunto. Europa, por el contrario, sigue centrada en la política fiscal y la infraestructura. En este contexto, las GFI han destacado de forma reiterada las oportunidades de inversión vinculadas a la autonomía estratégica, como la infraestructura y la defensa, como áreas de oportunidad.
Por otro lado, la sostenibilidad de la deuda pública sigue siendo un área clave de preocupación, especialmente porque se espera que el repliegue de la globalización vaya acompañado de políticas proteccionistas, mayor fricción comercial y controles de inmigración más estrictos, todo lo cual podría reducir la eficiencia económica y limitar los programas de inversión pública.
El otro gran eje a nivel macroeconómico es el ascenso inexorable de la inteligencia artificial. La nueva realidad de la inteligencia artificial fue ineludible en 2025 y se espera que continúe dominando la dinámica económica y la inversión corporativa. Aunque persisten preocupaciones en todos los niveles, la mayoría de las GFI mantienen una visión positiva sobre la tecnología, esperando que sea un motor poderoso de rentabilidad a corto plazo y productividad a largo plazo. Una creencia compartida de manera generalizada es que esto debería ayudar a compensar algunas de las restricciones de oferta laboral esperadas como resultado del envejecimiento de la población en los mercados desarrollados y la desaceleración de la migración.
Sin embargo, existe acuerdo en que los inversionistas probablemente ya superaron la fase de “comprar el sueño” de la inteligencia artificial y que en 2026 esperarán ver resultados más tangibles.
Según Mabrouk Chetouane, estratega de mercados de Natixis IM: “Aunque es fundamental recordar que una burbuja financiera no puede observarse con certeza en tiempo real, no vemos ninguna indicación de que estemos actualmente en una burbuja tecnológica o de inteligencia artificial. De hecho, creemos que la corrección del mercado para el sector de software a principios de 2026 fue excesiva. El costo de oportunidad de una subexposición a la tecnología podría ser considerable, y ese es un riesgo que muchos inversionistas no están dispuestos a asumir”.
Si estos resultados se materializan y cumplen o superan las expectativas, las GFI esperan un nuevo auge tecnológico. Pero, si no, los pronósticos son más pesimistas. En ambos escenarios, sin embargo, quedó claro que la necesidad de gestión activa será crucial, ya que las GFI esperan que surjan ganadores y perdedores claros; es decir, la marea podría dejar de levantar todos los barcos.
Renta variable: Confianza renovada en Europa en medio de visiones neutrales para Estados Unidos y expectativas de alza en mercados emergentes
En cuanto a las perspectivas para la renta variable, el mayor cambio en las actitudes de las GFI a comienzos de 2026, en comparación con 2025, es la visión sobre Europa. En 2025, las GFI eran neutrales o negativas sobre las perspectivas de la renta variable europea. Este año, sin embargo, esa visión se ha invertido. La gran mayoría se muestra positiva con respecto a las acciones de la región, con un pequeño número aún neutral. Este optimismo se debe en gran medida a los efectos esperados de la flexibilización fiscal y al crecimiento en sectores como defensa y las empresas vinculadas a la transición verde.
En cuanto a la renta variable de Estados Unidos, el consenso sigue siendo que veremos un fuerte crecimiento de utilidades en el sector tecnológico, especialmente en las compañías involucradas en la infraestructura de inteligencia artificial. No obstante, mientras que todos los informes de GFI que revisamos en 2025 eran alcistas sobre las perspectivas de la renta variable estadounidense, algunas instituciones han moderado esa visión a neutral para 2026.
Otro de los consensos clave es una alta convicción en las oportunidades dentro de los mercados emergentes asiáticos, impulsada en gran medida por la debilidad del dólar estadounidense y por la expectativa de que estos mercados sean beneficiarios de la expansión de la infraestructura de inteligencia artificial.
En renta fija, la deuda de mercados emergentes y el crédito europeo siguen destacando por sus ventajas esperadas en rendimiento y volatilidad
Renta fija: Sesgo negativo en crédito de Estados Unidos, pero mercados emergentes y grado de inversión europeo ofrecen puntos brillantes
El crédito con grado de inversión en Estados Unidos fue la subclase de activos que presentó el mayor cambio en las opiniones de las GFI en los últimos doce meses. De las 18 perspectivas de GFI que revisamos en 2025 y que incluían una opinión sobre este segmento, 17 eran positivas y una neutral. En 2026, de las 17 que expresaron una visión, 5 fueron negativas, 6 neutrales y 6 positivas.
Aunque el crédito estadounidense concentró el giro negativo más marcado, las actitudes hacia la renta fija fueron menos positivas casi en todos los frentes. La única excepción fue la deuda de mercados emergentes, donde el consenso apunta a un rendimiento sólido gracias a la combinación de un dólar más débil, menor inflación y mayores rendimientos reales.
También hubo cierto entusiasmo por las oportunidades que ofrecían los bonos europeos con calificación de inversión, que se beneficiaron de la expectativa de que esos instrumentos seguirían mostrando una volatilidad menor que sus homólogos estadounidenses y ofrecerían un mejor rendimiento.
En general, las instituciones financieras globales esperan que las clases de activos sensibles a las tasas, como los bonos del Tesoro a corto plazo, el crédito con grado de inversión y los bienes raíces, se beneficien de la flexibilización monetaria y el aumento de la pendiente de la curva de rendimiento. «Y la flexibilización monetaria», según Julien Dauchez, Head del Grupo de Soluciones para Clientes de Natixis Investment Managers, «está claramente en la agenda de la mayoría de las instituciones financieras globales. Las asignaciones a efectivo por parte de sus propios inversores siguen siendo una preocupación en el entorno actual».
Alternativos: Metales preciosos siguen en foco en medio de mayores oportunidades en activos de transición energética
Dado lo sólido de su desempeño en 2025, no sorprende que el oro, y los metales preciosos en general, ocupen un lugar destacado en las perspectivas de GFI para 2026. Se mantiene la expectativa de que el oro continúe actuando como cobertura en un contexto de flexibilización monetaria y persistente incertidumbre geopolítica este año. De hecho, los metales preciosos encabezaron la lista como la sobreponderación más fuerte en las perspectivas de GFI que revisamos.
De forma similar, se espera que las materias primas, la infraestructura y los instrumentos inmobiliarios vinculados a la transición energética, como el cobre y el litio, se beneficien de las tendencias macroeconómicas en curso.
Dos temas recurrentes en las perspectivas de GFI que revisamos fueron la necesidad de diversificación y la importancia de ser selectivos. Dauchez concluye: “Una de las principales conclusiones del GFI Outlook 2026 es el llamado a la diversificación. El hecho de que las GFI se muestren igualmente alcistas y sobreponderadas en todos los segmentos de renta variable, en la mayoría de los segmentos de renta fija, en alternativos y en materias primas es una señal clara a favor de la diversificación”.
Aunque la visión general a través de las clases de activos es positiva para el riesgo, crece el recuerdo de que no todo puede ser ganador todo el tiempo, especialmente ante la gran cantidad de incógnitas conocidas que enfrentan los mercados. En consecuencia, los inversionistas están adoptando cada vez más un enfoque equilibrado, evitando concentraciones excesivas y diversificando sus portafolios.
Llevamos semanas navegando lo que podría convertirse en el mayor shock económico desde el COVID. La tregua aporta algo de alivio, pero la falta de visibilidad continúa siendo el rasgo dominante del entorno. Y aquí, el punto crítico sigue siendo el Estrecho de Ormuz.
El estrecho continúa cerrado. Los mitigantes parciales —rutas alternativas desde Arabia Saudí y Emiratos, reservas estratégicas y almacenamiento flotante— son de naturaleza temporal y pueden sostener el suministro hasta finales de mes. A partir de ahí, el mercado enfrentaría un déficit de oferta de alrededor del 10%, el doble del actual.
En un mercado con una demanda tan inelástica, el ajuste en ausencia de resolución no sería gradual: el barril podría necesitar escalar hacia los 160 dólares para reequilibrar oferta y demanda.
El problema, además, no se limita al crudo. Los productos refinados —gasóleo, queroseno, gas natural— están sufriendo una escasez más severa y han registrado incrementos incluso superiores a los del propio barril.
Macro de fondo y señales de desescalada
Con todo, la macro de fondo no ha variado sustancialmente a pesar de los titulares. La economía global es hoy menos dependiente del petróleo que en episodios anteriores.
La intensidad de uso del crudo por unidad de PIB ha caído un 60% desde el embargo árabe de 1973, y cerca de un 20% solo en la última década. Eso no implica inmunidad frente a subidas adicionales, pero sí eleva el umbral a partir del cual un shock energético puede desencadenar una recesión.
Además, comienzan a emerger señales —todavía incipientes— de desescalada. El parlamento iraní ha aprobado un mecanismo de peaje en Ormuz, lo que sugiere una preferencia por monetizar el paso antes que mantenerlo indefinidamente cerrado.
En Estados Unidos, las probabilidades de un giro demócrata en las legislativas han aumentado de forma notable —se estima un 56% de posibilidades de recuperar el control del Senado, frente al 40% de finales de febrero—, y el índice de aprobación de Trump ha descendido al 41,5%, próximo a los mínimos de Biden. Este contexto refuerza los incentivos para contener una escalada prolongada, aunque no garantiza un acuerdo definitivo con Irán. Trump necesita, antes de noviembre, reorientar la narrativa hacia asuntos domésticos si quiere preservar el control del Senado. De perder ambas cámaras, el escenario podría cambiar de forma significativa.
Política monetaria: el “put” sigue vigente
En el plano monetario, las expectativas de mercado han virado hacia un perfil de tipos excesivamente restrictivo: de dos recortes a ninguno en Estados Unidos este año, y de cero a casi tres subidas en la zona euro.
La Fed ha sido explícita al respecto: no contempla subir tipos como reacción automática a un shock del petróleo. El sesgo de fondo es acomodaticio en los dos escenarios razonables: si el shock se modera, la inflación puede sorprender a la baja a corto plazo; si persiste, el daño al crecimiento terminará forzando una postura más laxa. En ambos casos, el “put” monetario no desaparece —cambia el motivo, pero sigue presente—.
Estrategia de inversión: convicción en la volatilidad
En cuanto a la estrategia de inversión, mantenemos una visión constructiva sobre la renta variable. Si la volatilidad se prolonga, la aprovecharíamos para incrementar posiciones. A corto plazo, sin embargo, los inversores pueden estar mostrando cierta complacencia respecto a la tregua: el tránsito por Ormuz sigue interrumpido y el S&P 500 ha corregido con rapidez la situación de sobreventa; el Nasdaq, tras la fuerte recuperación en software, ha entrado de hecho en sobre compra (RSI>70) y el % de acciones que cotizan por encima de su media móvil de 50 sesiones se ha situado en zonas que coinciden con consolidación en el precio del índice.
Las valoraciones del S&P 500 se han comprimido un 12% desde los niveles previos al ataque. Vigilamos dos elementos en particular. El primero de ellos es la experiencia histórica. En las últimas cuatro crisis energéticas —el embargo de 1974, la revolución iraní de 1978, la primera Guerra del Golfo y la invasión de Ucrania— se observó una caída mediana de la actividad industrial de alrededor de seis puntos de PMI en los dos trimestres siguientes. Sin embargo, la recuperación posterior a la Guerra del Golfo de 1990 fue rápida, y las encuestas manufactureras globales vienen repuntando desde enero. En Estados Unidos, el Empire de Nueva York —primera encuesta regional en publicarse, aunque volátil— ha subido con fuerza desde los niveles de marzo (de -0,2 a 11), y el informe de la Fed de Filadelfia también sorprende positivamente (de 18,1 a 26,7).
La actualización del Libro Beige publicada esta semana mantiene el tono de las entregas más recientes y no refleja un deterioro material atribuible a la guerra, en línea con los comentarios de varios CEOs de grandes bancos estadounidenses que, pese a reconocer la incertidumbre geopolítica, declaran que la actividad de negocio no ha sufrido un impacto significativo.
En la misma línea, el informe del FMI Global Economy in the shadow of war describe un escenario de recuperación frágil con elevada dispersión entre geografías, pero apenas revisa a la baja su proyección de crecimiento global para 2026 (del 3,4% al 3,1%), manteniendo sin cambios la estimación para 2027 (+3,2%). Como hemos señalado en semanas anteriores, el carácter exportador neto de energía de Estados Unidos lo sitúa en una posición más cómoda que la de economías más dependientes de las importaciones, como las europeas.
El segundo elemento son los resultados empresariales. Con la temporada de publicación del primer trimestre en marcha, es posible que algunos equipos gestores adopten un tono más conservador ante la falta de visibilidad. Por ahora, con unas cuarenta compañías habiendo presentado resultados, el 79% supera las estimaciones de consenso, lo cual es positivo. Las revisiones de BPA, sin embargo, continúan tendiendo a la baja, lo que ejercerá presión sobre unas expectativas que se han revisado al alza en torno al 4,5% desde el inicio del conflicto. Ya vivimos algo similar en abril del año pasado, cuando el Día de la Liberación desencadenó un episodio de revisiones a la baja por prudencia del que el mercado se recuperó con rapidez.
Sin realizar cambios drásticos, estamos reorientando la cartera para alinearla con un escenario en el que la resolución del conflicto podría estar más próxima de lo que el mercado descuenta.
A nivel sectorial, parece oportuno aprovechar la dispersión observada en este arranque de 2026. Un ejemplo especialmente ilustrativo es la dicotomía entre la evolución del BPA y los precios en el sector tecnológico, como muestra la gráfica adjunta.
La recomendación de March Asset Management
Estamos ante un shock de oferta real que aún no se ha resuelto, y la historia ofrece una hoja de ruta razonablemente clara. El repricing de estas semanas parece haber anticipado ya buena parte del deterioro, mientras el cuadro macro de fondo —ciclo manufacturero, política monetaria y expectativas de inflación a largo plazo— se mantiene más estable de lo que los titulares sugieren. No es el momento de rotar de forma excesiva hacia sectores defensivos. Es el momento de mantener convicción en el posicionamiento, buscar diversificación a través de instrumentos con comportamiento descorrelacionado —como el oro— y aprovechar la volatilidad como punto de entrada.
Foto cedidaJoseph Arrieta, Senior Sales Executive y Angelita Fuentes, Internal Wholesaler de Franklin Templeton.
Franklin Templeton ha anunciado el nombramiento de Joseph Arrieta como Senior Sales Executive (External Wholesaler) para el territorio del Noreste, y de Angelita Fuentes como Internal Wholesaler en Miami, con efecto inmediato. Ambos reportarán a Marcus Vinicius, Head de US Offshore, en el marco del refuerzo estratégico de la firma en este segmento.
Estas incorporaciones subrayan el compromiso de la entidad por ampliar su presencia en el negocio offshore estadounidense, uno de sus principales motores de crecimiento a nivel mundial. Este segmento se ha consolidado como un pilar estratégico clave, al dar servicio a una base de clientes internacional cada vez más diversa y sofisticada a través de un modelo transfronterizo que conecta a los inversores con oportunidades globales.
En su nuevo cargo, Arrieta, con base en Nueva York, será responsable de liderar la cobertura offshore del territorio del Noreste de Estados Unidos, incluyendo centros financieros clave como Nueva York, Boston, Chicago y Toronto. Trabajará en estrecha colaboración con Jack Leung, Internal Wholesaler, con sede en Florida. El profesional cuenta con más de ocho años de experiencia en wholesaling, con trayectoria en canales domésticos, intermediarios y offshore.
Por su parte, Fuentes se incorpora como Internal Wholesaler en Miami, donde colaborará con Dolores Ayarra, Senior Sales Executive, y Rafael Galíndez, VP, Sales Executive. Desde esta posición, apoyará la cobertura de bancos, wire houses y asesores independientes en mercados clave como Florida, Texas, San Diego y Arizona.
“El mercado offshore de EE.UU. es una prioridad estratégica para Franklin Templeton y un motor clave de nuestro crecimiento futuro. A medida que los clientes buscan consolidar relaciones con un número reducido de socios capaces de ofrecer soluciones integrales en todas las clases de activos, seguimos invirtiendo en talento y capacidades”, afirmó Marcus Vinicius.
Antes de su incorporación, Arrieta desarrolló gran parte de su carrera en el segmento offshore, incluyendo su etapa en Voya Investment Management tras la alianza con Allianz Global Investors, donde cubrió bancos privados y canales independientes en EE.UU. y Puerto Rico. Anteriormente, trabajó en Allianz Global Investors, ampliando su cobertura desde Estados Unidos hacia Latinoamérica, y en firmas como Oaktree Capital y Hudson Edge Investment Partners.
Fuentes aporta más de 20 años de experiencia en gestión patrimonial, banca y mercados internacionales. Procede de Voya Investment Management, donde se centró en el negocio offshore. Previamente, desempeñó funciones como VP y asesora financiera en Investment Placement Group y acumuló una larga trayectoria en Truist Bank, donde trabajó con clientes latinoamericanos de alto patrimonio. Además, cuenta con experiencia internacional en el sector inmobiliario en Belice.
Para Javier Villegas, Head de Iberia y Latinoamérica en Franklin Templeton, “la incorporación de Joseph y Angelita refuerza significativamente nuestro equipo. Su experiencia y profundo conocimiento del entorno offshore serán clave para fortalecer las relaciones con clientes y seguir impulsando el crecimiento en la región”.
Con estos nombramientos, Franklin Templeton continúa avanzando en su estrategia global de fortalecer su Global Client Group, alineando recursos y capacidades para ofrecer un servicio más integrado, eficiente y orientado al cliente en mercados públicos y privados.
Con miras a robustecer su planilla para el negocio Offshore, la boutique Virtus Investment Partners reclutó un nuevo ejecutivo. Se trata de Andrés Uriarte, quien tomó el cargo de Offshore Sales Director, según anunció la firma de gestión de activos a través de LinkedIn.
El profesional, detallaron, se suma para apoyar la cobertura de la región sudeste, aportando más de 15 años de experiencia en canales de inversión offshore. “Estamos entusiasmados por tenerlo en nuestro equipo, a medida que seguimos creciendo nuestro negocio offshore”, anunció la compañía.
Antes de desembarcar en Virtus, Uriarte ha llevado una nutrida carrera en el sector. Su última parada fue M&G Investments, donde trabajó como Senior Sales Manager para los mercados de US Offshore y América Latina, entre enero de 2022 y este mes. Antes de eso, cumplía un rol similar, de US Offshore Sales Director en Schroders.
Su carrera también incluye pasos por una variedad de reconocidos bancos. Ocupó las posiciones de Vice President Investment Counselor en Citi; Associate en INVEX Banco; Personal Banker en Bank of America; y Branch Manager en IBC Bank.
Virtus opera con un modelo multi-manager y multi-strategy, proveyendo soluciones de inversión a inversionistas individuales e institucionales. Su estructura multi-boutique cerró 2025 con 159.100 millones de dólares en AUM, entre estrategias de renta variable, renta fija, multi-activos y alternativos.
La renta fija global transita un período extraordinario por la simultaneidad de factores que se retroalimentan: un shock energético que aún no se estabiliza, una inflación más rígida de lo previsto y un crédito privado que creció más rápido de lo que el sistema puede absorber. Ese es el diagnóstico que presentó Pilar Gómez-Bravo, co-CIO de Renta Fija de MFS Investment Management, en un encuentro con inversores en Miami.
La ejecutiva compartió un documento titulado «The Three Body Problem: A Pragmatic Approach to Investing in 2026″, donde se describe un entorno de volatilidad persistente y riesgos que siguen elevándose. “Los bancos centrales, que antes iban a divergir, ahora ya no lo van a hacer. Básicamente, no van a hacer nada. Y esperemos que no hagan nada, porque si hacen algo, podrían romper el equilibrio”, graficó.
El clima de mercado, entonces, está marcado por un denominador común: tres fuerzas que chocan al mismo tiempo, generando un patrón de inestabilidad difícil de anticipar.
Fuente: «The Three Body Problem: A Pragmatic Approach to Investing in 2026», MFS Investments
Energía: el shock que viaja más rápido que la política monetaria
El componente energético es el más inmediato y el más político. Gómez-Bravo repasó el registro histórico: shocks del 139% durante la invasión de Kuwait, 58% tras la guerra en Ucrania, 28% en Siria y un reciente 79% vinculado a la escalada con Irán. Si bien estos episodios “suelen ser de duración limitada”, sus efectos sobre la inflación son inmediatos.
La sensibilidad del mercado global, detalló, está concentrada en pocas geografías: Asia recibe casi el 90% del crudo que fluye por el Estrecho de Ormuz, y Europa continúa siendo altamente dependiente del gas. Un cierre prolongado tendría consecuencias desiguales, pero profundas. “Trump puede controlar el relato, pero Irán controla el suministro físico de petróleo. Si no hay suministro físico, cada día cuenta y es difícil controlar los precios”, remarcó.
El riesgo, dijo, es que un shock de oferta derivado del conflicto termine transformándose en un shock de crecimiento. “Si esto pasa de cuatro semanas, los mercados empezarán a descontar problemas de crecimiento y no solo de inflación”, advirtió.
Inflación: una desaceleración mucho menos lineal
El segundo vértice es la persistencia inflacionaria. Aunque algunos datos muestran mejoras, la velocidad del ajuste sigue siendo lenta. En Estados Unidos, el tramo corto de la curva es el único que anticipa un impacto más fuerte del conflicto, mientras que los tramos largos permanecen anclados.
La presentación de la experta de MFS remarca que la política fiscal continúa siendo expansiva, con déficits altos en todas las principales economías desarrolladas. A eso se suma una ola de capex corporativo sin precedentes, impulsada por el ecosistema de inteligencia artificial y los grandes proveedores de infraestructura digital.
Ese despliegue masivo de inversión también tiene derivaciones financieras. Gómez-Bravo lo planteó con crudeza: “El problema surge el día en que no cumplan expectativas de resultados y tengan que refinanciar toda esa deuda”. Y agregó una reflexión que resume su visión: “¿Por qué tengo yo que financiar a las empresas de IA? Que lo hagan los accionistas, que son los que reciben el upside”.
Hoy, explicó, el mercado aún absorbe sin dificultades la emisión récord: los hyperscalers podrían alcanzar los USD 400.000 millones en deuda nueva este año, aproximadamente la mitad de la oferta neta de investment grade. Pero el desafío no está en el presente, sino en la sustentabilidad: “Hoy no hay problema, hay capacidad de absorber toda la oferta de IA, pero en dos o tres años puede haber un problema de financiación”.
Crédito privado: crecimiento acelerado y señales tempranas de estrés
El tercer cuerpo en colisión es el crédito privado, cuyo crecimiento fue tan rápido que empieza a generar sus propios efectos secundarios. Los bancos globales tienen exposiciones cada vez mayores a instituciones financieras no depositarias, y varios mercados muestran patrones conocidos previos a episodios de tensión.
Gómez-Bravo fue clara al cuantificar el riesgo: “Si la tasa de default en crédito privado sube de 4% a 8%, y solo recuperas el 50%, todas las primas por iliquidez se evaporan”. Ese deterioro potencial convive con otros factores preocupantes:
Estándares de underwriting más laxos.
Crecimiento en estructuras PIK toggle, que capitalizan intereses en lugar de pagarlos.
Riesgo creciente en brokers privados que financian hedge funds con apalancamiento.
Límites de rescate del 5% en fondos minoristas, que pueden amplificar salidas masivas.
Tres lentes para analizar el ciclo
La presentación de MFS subrayó que el análisis actual debe apoyarse en tres pilares simultáneos —fundamentales, valuaciones y technicals— porque ninguno, por sí solo, da un panorama completo.
Fundamentals: no es solo inflación, es política fiscal, energía, y una restricción crediticia que “ya está endureciendo las condiciones financieras”. Como resumió Gómez-Bravo: “Es el mercado el que está haciendo el trabajo de la Fed”.
Valuaciones: los spreads siguen extremadamente ajustados en relación con la historia, incluso después de ampliaciones recientes. Por eso, para la gestora, la clave es la disciplina: definir umbrales claros. En palabras de Gómez-Bravo: “Recordar esos umbrales para pensar en cuándo empezar a sumar riesgo… y así mantener la disciplina”.
Technicals: el posicionamiento es cauteloso, aunque heterogéneo. La dispersión sigue contenida, lo que vuelve más relevante la selección.
¿Hacia dónde mirar? El enfoque pragmático de MFS
La estrategia de MFS para los próximos meses combina flexibilidad con prudencia:
Duración neutral a levemente larga en algunos mercados.
Exposición táctica en Brasil, Uruguay, Perú, Corea y Sudáfrica.
Cobertura de monedas latinoamericanas “porque son las primeras en sufrir”.
Infraponderación en tecnología, salvo nombres puntuales.
Evaluación continua de oportunidades en BDCs y sectores industriales con buenos fundamentales.
“La ventaja y desventaja de la renta fija es que son matemáticas: a largo plazo, si no hay defaults, el yield es lo que obtienes”, sostuvo la gestora en su intervención. Y una advertencia para los inversores que buscan simplificar: “Este es un mercado para gestores activos, no para estrategias pasivas que dependen de tendencias estables”.
El problema de los tres cuerpos
La metáfora que da nombre al informe no es casual. El sistema que describe Gómez-Bravo —energía, inflación, crédito privado— funciona como un sistema de tres cuerpos: cada movimiento altera al resto y el equilibrio es inestable por definición. La propia gestora de MFS lo resume así: “No estamos ante choques independientes, sino ante un sistema dinámico donde mover una pieza desacomoda al resto”.
Nada de lo que ocurre hoy parece definitivo. Ni la inflación está derrotada, ni el crédito privado terminó de mostrar su verdadero perfil de riesgo, ni el shock energético llegó a su piso. La consigna -implícita durante la jornada en Miami- es combinar análisis riguroso con capacidad de reacción: entender que la estabilidad aparente es solo eso, aparente. Y que mientras esos tres cuerpos sigan moviéndose, la tarea del inversor será navegar su dinámica sin perder de vista el todo.
La geopolítica y sus implicaciones en el sector energético han protagonizado el arranque del segundo trimestre del año. Ante la dificultad de discernir el impacto de este conflicto, las firmas internacionales de inversión son cautas a la hora de compartir su visión para los próximos meses, pero coinciden en un mensaje: el entorno de mercado continuará siendo complejo, pero se mantiene que la economía seguirá mostrando resiliencia.
“Seguimos manteniendo la opinión de que los inversores deberían permanecer en el mercado a pesar de la incertidumbre a corto plazo. Los inversores pueden mejorar la resiliencia de sus carteras diversificando más allá de las clases de activos tradicionales, sustituyendo parte de la exposición directa a renta variable por estrategias de preservación de capital y añadiendo exposición al oro y a materias primas amplias como cobertura”, defiende Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management.
Visión macro
Según Christian Schulz, economista jefe de AllianzGI, sobre la situación macroeconómica, el contexto macro estará marcado por la resiliencia de la economía global. “Tras un inicio de año sorprendentemente sólido, esperamos que el crecimiento en Estados Unidos se modere hacia mediados de 2026. Es probable que los mayores costes energéticos mantengan la inflación en torno al 3%, de nuevo por encima del objetivo del 2% de la Fed. Esto podría llevar al banco central a retrasar las bajadas de tipos de interés hasta finales de 2026, situándolos en torno al 3,5%”, afirma.
Para Europa, Schulz prevé un crecimiento moderado de entre el 1% y el 1,5% en 2026, con un impulso positivo procedente de Alemania. Al mismo tiempo, el aumento de los precios de la energía probablemente empujará la inflación de la eurozona por encima del objetivo del 2% del Banco Central Europeo (BCE). “En este contexto, consideramos plausible que no haya recortes de tipos del BCE este año, y que exista un bajo umbral para posibles subidas”, añade Schulz.
Por último, en Asia, las perspectivas económicas siguen siendo mixtas: “Mientras que los estímulos fiscales en China están perdiendo fuerza, Japón se beneficia de un mayor gasto público. Esto previsiblemente llevará al Banco de Japón a subir los tipos de interés en otros 50 puntos básicos este año”.
De dónde venimos: rendimientos
En opinión de Yves Bonzon, Chief Investment Officer (CIO) de Julius Baer, venimos de un primer trimestre con un importante peso de la geopolítica como generadora de incertidumbre. “El rendimiento de los activos en el primer trimestre de 2026 se puede dividir claramente en dos fases: antes y después del inicio de la guerra con Irán. Antes de la guerra, las tendencias estructurales a largo plazo fueron los principales impulsores del rendimiento de las distintas clases de activos. Las acciones estadounidenses tuvieron un rendimiento inferior al del resto del mundo, con las grandes empresas tecnológicas estadounidenses liderando la caída relativa, lastradas por la preocupación sobre la monetización de su inversión en infraestructura de IA. Paralelamente, el dólar estadounidense continuó debilitándose mientras el oro se disparaba, a pesar de un breve retroceso durante el desplome repentino de los metales a finales de enero”, destaca.
Para Bonzon, una de las tendencias más claras ha sido la rotación desde los sectores considerados perdedores en IA (especialmente el sector del software) hacia los ganadores (modelos de negocio basados en activos tangibles, como los semiconductores y la industria). Sin embargo, reconoce que “la mayoría de estas tendencias relativas se han detenido, e incluso revertido, desde principios de marzo”.
Por otro lado, considera que los bonos gubernamentales no han proporcionado ningún alivio a las carteras, ni tampoco los bonos corporativos: “La cartera estadounidense 60/40 registraba una caída del 3% al 31 de marzo. También llegó a caer hasta un 4,7% antes del repunte del último día de negociación del mes, un desempeño comparable al de 2022, que finalmente marcó el peor resultado para la asignación en más de cuatro décadas”.
A dónde vamos: riesgos y escenario
Según reconoce Paul Diggle, economista jefe de Aberdeen Investments, “este es un entorno muy difícil para hacer predicciones”, pero ve señales positivas para la renta variable, una duración moderadamente positiva y un dólar neutral. “Nuestro escenario base prevé que el conflicto con Irán provoque una crisis geopolítica importante, pero de corta duración, que se prolongará entre dos y cuatro semanas”, apunta.
La gestora ha basado sus previsiones en un precio medio del petróleo de 90 dólares por barril durante el mes de marzo, que caerá hasta los 70 dólares a finales de año. “Como resultado, la inflación media mundial en 2026 es 40 puntos básicos más alta, el crecimiento mundial 30 puntos básicos más bajo y se descarta una única bajada de tipos por parte de entidades como la Reserva Federal (Fed) y el Banco de Inglaterra (BoE), en comparación con lo que ocurriría en otras circunstancias”, señala.
Una vez que la crisis geopolítica remita, considera que la narrativa macroeconómica volverá a ser la de un crecimiento bastante aceptable, una inflación ligeramente superior al objetivo y una modesta relajación adicional de la política monetaria por parte de los bancos centrales en algunas economías. “Consideramos que hay un 40% de probabilidades de que este escenario se cumpla en nuestro horizonte de previsión de tres años”, matiza Diggle.
Foto cedidaKatharine Dryer, responsable de la clase de activos de renta variable para Europa y Asia en Capital Group.
Las recompras globales de acciones alcanzaron un nuevo récord en 2025, según el informe anual Buyback Watch, que forma parte del Estudio de Renta Variable Global de Capital Group (Global Equity Study). Las empresas recompraron acciones propias por valor de 1,46 billones de dólares estadounidenses, lo que supone un aumento del 8,4% y un incremento de 113.000 millones de dólares respecto al año anterior.
Durante la última década, las recompras de acciones se han vuelto cada vez más frecuentes en los mercados de renta variable global. Aunque las prácticas varían según la región y el sector, el 52% de las empresas del índice de Capital Group recompró acciones en 2025, frente al 36% que lo hizo en 2015.
En el mismo periodo, el valor de las recompras aumentó un 123%, superando el crecimiento de los dividendos, que fue del 98%. A nivel mundial, el valor de las recompras ascendió al 75% de los dividendos pagados, aunque las diferencias en la cultura corporativa y la composición sectorial hacen que este porcentaje oscile entre el 147% en Estados Unidos y el 13% en Australia.
Regiones clave
En 2025, Estados Unidos representó el 71% de las recompras mundiales de acciones, con un crecimiento del 8,5%, en línea con la media global. Las recompras en Europa supusieron el 10,8% del total mundial, aunque en los últimos años han adquirido mayor importancia dentro del conjunto de la retribución al accionista.
En Japón, casi la mitad (48%) de las empresas incluidas en el informe recompraron acciones en 2025, frente a menos de una cuarta parte hace una década.
El crecimiento más rápido se registró en Canadá (67,9%), Países Bajos (53,5%), Francia (44,4%), Singapur (62,3%) y Japón (15,3%) entre los principales mercados. Por el contrario, las recompras se mantuvieron estables o descendieron en Alemania (2,0%), Reino Unido (1,4%), Australia (-17,5%) y China (-34,5%).
España se encuentra entre los mercados en los que las recompras cayeron en 2025. En concreto, el descenso fue del 2,5%, debido a la reducción de los programas de recompra por parte de dos empresas del Ibex 35. No obstante, el 69% de las empresas españolas incluidas en el índice recompró acciones, con un gasto total de 12.700 millones de euros. En la última década, las recompras han crecido un 150% en el mercado español.
Principales sectores
El sector financiero representó algo más de una cuarta parte (26%) de las recompras de 2025, con un aumento del 23,1%hasta alcanzar los 386.000 millones de dólares. Por su parte, las recompras en el sector tecnológico aumentaron un 18,5%, hasta los 312.000 millones de dólares.
El sector minorista de alimentación destacó con un incremento interanual del 93,2%, aunque su volumen total (30.000 millones de dólares) sigue siendo significativamente inferior al del sector tecnológico. En contraste, las recompras en el sector de medios de comunicación se redujeron en torno a una décima parte, mientras que en el sector energético descendieron por tercer año consecutivo debido a la caída de los precios del petróleo.
La actividad global de recompra continúa concentrándose en un número reducido de grandes compañías: en 2025, 20 empresas representaron casi un tercio (32%) del total.
Katharine Dryer, responsable de la clase de activos de renta variable para Europa y Asia en Capital Group, comentó: “Las recompras de acciones ya no son un fenómeno exclusivo de Estados Unidos, ya que han alcanzado niveles récord y cada vez más empresas las utilizan como herramienta de asignación de capital. Cuando se ejecutan en el momento adecuado y a un precio razonable, pueden mejorar significativamente los resultados para los accionistas”.
Foto cedidaAlbert Maruri, director de Ventas Offshore en EE.UU. de Thornburg.
Thornburg Investment Management (Thornburg) ha anunciado la ampliación de su equipo de distribución internacional después de que los activos de su plataforma UCITS se haya duplicado en los últimos 12 meses, pasando de 316 millones de dólares a más de 645 millones a 31 de marzo de 2026.
Según explica la firma, este crecimiento refleja un aumento de la demanda global de estrategias de gestión activa ofrecidas a través de la estructura UCITS, que sigue siendo un vehículo preferido por los inversores internacionales que buscan “soluciones de inversión diferenciadas y de alta calidad”.
Para respaldar este impulso, Thornburg ha nombrado a Albert Maruri director de Ventas Offshore en EE.UU., reforzando aún más las capacidades de distribución de la firma en los mercados internacionales de wealth. Ubicado en Miami, Maruri trabajará estrechamente con asesores financieros e intermediarios que atienden a inversores no estadounidenses, ampliando el acceso a las estrategias de inversión de Thornburg en mercados offshore clave.
Además para Reino Unido, Europa y determinados mercados internacionales, la gestora ha nombrado a Andrew Paterson como director de Desarrollo de Negocio para Reino Unido/EMEA. Con sede en la oficina de Londres de la firma, reporta a Jon Dawson, responsable de la oficina en Reino Unido, y se centrará en profundizar las relaciones con clientes institucionales e intermediarios en la región
A raíz de estos dos nombramientos, Jonathan Schuman, responsable Internacional en Thornburg, ha señalado: “La construcción de relaciones a largo plazo es fundamental en nuestra forma de crecer internacionalmente. Al ampliar nuestra presencia local en mercados clave, estamos mejor posicionados para trabajar de cerca con nuestros clientes, entender la evolución de sus necesidades y conectarles con las estrategias de inversión de alta convicción de Thornburg”.
Plataforma UCITS
Según destaca la gestora, estos nombramientos se producen en un momento en el que la plataforma UCITS de Thornburg sigue ganando tracción entre los inversores. Las cinco estrategias UCITS de la firma han registrado flujos sostenidos y un sólido comportamiento de inversión, siendo el fondo Equity Income Builder uno de los principales motores del crecimiento reciente, reflejando una fuerte demanda de soluciones globales orientadas a ingresos.
Para la firma, este impulso sigue a una serie de mejoras en la gama UCITS de Thornburg, incluyendo el lanzamiento de nuevas clases de acciones, reducciones de comisiones y la reclasificación de determinadas estrategias bajo el Artículo 8 del Reglamento de Divulgación de Finanzas Sostenibles de la UE (SFDR). En conjunto, estas iniciativas han mejorado la accesibilidad para los inversores europeos, al tiempo que refuerzan el compromiso de Thornburg con la gestión activa, una filosofía de inversión independiente de los índices de referencia y los resultados a largo plazo.
“La plataforma UCITS representa un pilar clave en la estrategia de crecimiento internacional a largo plazo de Thornburg, a medida que la firma continúa ampliando su presencia global y atendiendo a clientes en un conjunto cada vez más diverso de mercados”, destacan.