Cómo aprovechar el boom de los IPOs con ETFs

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SpaceX fue la primera mega salida a bolsa de la nueva era digital. Y, muy probablemente, Anthropic y OpenAI serán las siguientes: sus estrenos en los mercados se esperan a partir del otoño. Comprar acciones en la oferta pública de venta de estas empresas es una forma de estar expuesto a los potenciales futuros campeones de la revolución digital en marcha. Pero también es posible hacerlo a través de ETFs. Son los conocidos como IPO ETFs y varios cotizan en las bolsas de Estados Unidos.

Un IPO ETF es un tipo de fondo cotizado que invierte en títulos de compañías que acaban de salir a cotizar en los mercados públicos a través de una oferta pública inicial (IPO, según sus siglas en inglés). Su rentabilidad depende de la evolución de las acciones de las empresas debutantes en bolsa subyacentes que mantiene, así como de las condiciones del mercado y de la confianza de los inversores. 

En líneas generales, un IPO ETF permite a las carteras reducir el riesgo asociado a la inversión en una sola acción. Asimismo, evita al mismo tiempo el solapamiento con los principales índices de referencia, con el fin de lograr una mayor diversificación.

Pero también presenta riesgos. Entre ellos, la volatilidad tradicionalmente asociada a las empresas que acaban de salir a bolsa. Las empresas debutantes en los mercados de valores pueden ser más volátiles que las acciones de compañías con un mayor historial de cotización debido, entre otros factores, a la incertidumbre sobre las perspectivas de futuro.

En First Trust tienen en cuenta cuatro premisas: 

1.- Requisitos de rendimiento inicial: La literatura académica demuestra que las acciones con rentabilidades «excesivamente elevadas» en el primer día de cotización tienden a obtener un rendimiento inferior al del mercado en los periodos posteriores (1). “En nuestra opinión, limitar la exposición a estas acciones es una estrategia prudente destinada a evitar las OPI objeto de un entusiasmo excesivo”, apuntan.

2.- Enfoque en las grandes salidas a bolsa: Entre las recientes OPIs, las empresas más pequeñas con menores ingresos han tendido a obtener resultados muy inferiores a los de sus homólogas de mayor tamaño, según la firma. Entre 1980 y 2024, la rentabilidad media a tres años de las salidas a bolsa en Estados Unidos con ingresos inferiores a 100 millones de dólares fue del 5,3%, frente al 36,4% de aquellas con ingresos iguales o superiores a 100 millones de dólares (2). 

3.- Requisitos de acciones en circulación: Aunque es habitual que las empresas retengan parte de sus acciones en circulación durante una salida a bolsa, los datos empíricos han demostrado que aquellas que han puesto en circulación un número reducido de acciones suelen obtener resultados inferiores a la media (3).

4.- Inclusión de spin-offs: Ofrecen oportunidades para una mayor diversificación y exposición a empresas más consolidadas. 

Asimismo, en Renaissance Capital detallan cinco motivos para invertir en ETFs de empresas que debutan en bolsa. Primeramente, se trata de un segmento de mercado amplio, a lo que se suma que se trata de una clase de activos única, que permite acceso a la innovación e implica un complemento para la parte core de las carteras de inversión. Sin olvidar su baja correlación con el mercado a través de una rentabilidad diferenciada.

VanEck lanza un ETF global que cubre la cadena de valor agrícola

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La gestora VanEck lanza hoy el VanEck Agribusiness UCITS ETF, un ETF que invierte a escala global en el sector del agronegocio, con el objetivo de ofrecer una exposición repartida a lo largo de la cadena de valor agrícola, en un sector respaldado por una demanda estable, que atraviesa un cambio gradual y de largo plazo. El fondo cotiza en Xetra y LSE.

Agronegocio es un sector que abarca desde las semillas, los fertilizantes y los productos químicos agrícolas, los equipos y la maquinaria de riego, la sanidad animal, la ganadería, la acuicultura y la pesca, hasta el cultivo de cosechas y el comercio de productos agrícolas. El ETF replica el índice MVIS® Global Agribusiness Index (MVMOOTR), que invierte en empresas de agronegocio en lugar de en las propias materias primas agrícolas, captando el sector a través de las acciones de las empresas que están detrás de la producción de alimentos. El índice se recompone trimestralmente; se lanzó en julio de 2012. Su objetivo es cubrir el 90 % de la capitalización bursátil del free float del universo elegible.

Desde la firma han destacado que el sector de agronegocio «está impulsado por un contexto estructural favorable a largo plazo«. Las Naciones Unidas prevén que la población mundial aumente desde los 8.200 millones en 2024 hasta un máximo de alrededor de 10.300 millones a mediados de la década de 2080, mientras que la superficie agrícola mundial alcanzó su máximo en torno al año 2000 y desde entonces se ha estabilizado. Cerrar la brecha entre una superficie cultivable limitada y una demanda creciente exige mayores rendimientos y, cada vez más, una agricultura de precisión. La variabilidad climática intensifica esta presión: los suelos más cálidos y las lluvias más intensas aceleran las pérdidas de nitrógeno y, a escala mundial, los cultivos ya solo absorben alrededor de la mitad del nitrógeno que se les aplica.

Un metaanálisis de 2023 publicado en «Nature Communications» sugiere que una mejor gestión de los nutrientes podría elevar esa proporción hasta cerca de tres cuartas partes. Esto impulsaría una mejora en la genética de las semillas, fertilizantes más eficientes y una aplicación de insumos más precisa. Se trata de cambios graduales, que se desarrollarán a lo largo de varias décadas. Por eso el tema es estable en lugar de especulativo y resulta especialmente relevante en el actual entorno de patrones comerciales cambiantes y cadenas de suministro frágiles.

Para los inversores, el argumento más convincente es el papel que el sector puede desempeñar dentro de una cartera. «La demanda de alimentos es intrínsecamente estable, y el consumo se mantiene relativamente constante a lo largo de los ciclos económicos», explica Martijn Rozemuller, Head of Europe de VanEck. Con el tiempo, muchas empresas del sector han sido capaces de trasladar el aumento de los costes de los insumos a lo largo de la cadena de valor, aunque esos mismos costes pueden comprimir los márgenes en otros puntos. «En este sentido, una inversión en agronegocio puede amortiguar la cartera cuando la economía se debilita o aparecen cuellos de botella en el suministro, aunque las rentabilidades puedan variar».

El VanEck Agribusiness UCITS ETF ofrece exposición a empresas actualmente consolidadas y reconocidas a escala mundial que, en el momento de su inclusión, aspiran a generar al menos el 50% de sus ingresos en el sector agrícola y desempeñan un papel clave en la cadena de suministro. La cartera concentrada, compuesta por unos 50 valores, abarca tanto mercados desarrollados como emergentes, reflejando el carácter internacional de la producción de alimentos. «Aquí se invierte en la economía real», añade Rozemuller. «El ETF ofrece una exposición limitada a los sectores de alto componente tecnológico que dominan, a día de hoy, los índices generales», concluye.

UBS GWM apuesta por los latinoamericanos, cada vez más internacionales e interesados en mirar más allá de EE.UU.

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Foto cedidaSimón Toros, Market Head para Centroamérica y el Cono Sur de UBS Global Wealth Management

Una dinámica atractiva. Una oportunidad de crecimiento. Un nodo de negocios con creciente dinamismo. Hay muchas cosas interesantes que UBS Global Wealth Management (UBS GWM), una de las firmas de gestión patrimonial más grandes del mundo, ve en América Latina. La firma está potenciando su operativa en la región, apalancando patrimonios que cada vez son más internacionales y que están buscando diversificar sus inversiones más allá del dólar y Estados Unidos.

“Los últimos años, en general, han sido muy dinámicos en el mundo y, en particular, en América Latina, por la situación macroeconómica y por el crecimiento de nuestros clientes principales”, recalca Simón Toros, Market Head para Centroamérica y el Cono Sur de la compañía de matriz suiza, en entrevista con Funds Society.

Con el viento a favor del auge de los commodities –considerando la exposición de la región a materias primas, energía y agricultura– y la tecnología, gracias al boom de la IA, las fortunas familiares han estado creciendo en la mayoría de los grandes mercados de la región, según relata el ejecutivo.

Esta dinámica subraya las intenciones de UBS con el bloque latinoamericano. La integración con Credit Suisse hizo que casi duplicara sus activos en la región, dejándolos como un actor de peso en el negocio. “Nos ha posicionado como el número uno en América Latina”, asegura Toros, agregando que esto les ha permitido poner más foco en distintos países de la región.

Es en este contexto que el grupo suizo decidió potenciar su rama latinoamericana al designarla como una Business Unit, el año pasado, bajo el liderazgo de Marcelo ChiloV como Head de la unidad. Esta creación la convierte en la cuarta unidad de negocios regional de UBS GWM, junto con Estados Unidos, Europa y Medio Oriente y Asia.

La Business Unit latinoamericana está, a su vez, estructurada en torno a cuatro mercados: Brasil, Argentina, México y el resto de los mercados, es decir, Centroamérica y el Cono Sur (CAS). Con todo, tienen presencia local, con oficinas, en Brasil, México, Chile, Colombia, Uruguay y Panamá, que utilizan como hub regional.

“El simple hecho de que ya tengamos una unidad dedicada, dentro de Global Wealth Management, a LatAm, te da una idea de la importancia que tiene la región y el crecimiento potencial que vemos”, comenta Toros.

Diversificando más allá del dólar

Toros describe un entorno en que las conversaciones con individuos, MFOs e institucionales están más dinámicas, especialmente mirando los sectores que están llamando más la atención. “El origen del crecimiento económico no es repartido de forma equitativa. Hay un impacto bastante fuerte de los commodities y tecnología. Eso, naturalmente, llama la atención de los inversionistas, para saber dónde moverse”, explica, lo que los ha impulsado hacia espacios como los semiconductores y el oro.

Además, la evolución de las tasas en EE.UU. han realzado el atractivo de la renta fija de grado de inversión; y los activos alternativos llevan años tomando mayor prominencia en las carteras.

Pero más allá de las carteras, en UBS GWM ven un universo de patrimonios latinoamericanos que están cada vez más interesados en diversificar, tanto a nivel de monedas como de domicilio para sus activos.

“Hablando de América Latina en particular, todo lo que está pasando en EE.UU., todos los temas geopolíticos que están en la agenda, conllevan muchas preguntas con relación al dólar”, relata el Head para la zona CAS, agregando que el endeudamiento público del país norteamericano y sus tasas de interés han subrayado la importancia de variar posiciones en divisas.

Nuevos domicilios para patrimonios

Respecto a las jurisdicciones, Toros asegura que ven un mayor interés en mirar fuera de EE.UU. –destino tradicional para las inversiones offshore de latinoamericanos–, debido a la situación política y la narrativa que hay en torno al país. “Hemos tenido bastantes conversaciones y hemos visto movimientos de capital hacia jurisdicciones alternativas”, explica, aunque destaca que “no siempre conllevando un cambio de asignación de activos”.

¿Dónde están mirando? El ejecutivo apunta a Europa y Asia como áreas de creciente interés.

En el caso de Europa, Toros destaca Suiza –centro neurálgico de UBS– y el booking center que abrieron en Alemania. En el caso de mercados latinoamericanos más sofisticados, algunos miran hacia Luxemburgo, acota.

En el caso de Asia, el interés de los latinoamericanos responde a lazos comerciales que se están estrechando entre ambas regiones. El principal encanto, explica, radica en poder acceder más fácilmente a los mercados asiáticos. En ese sentido, Corea del Sur y Taiwán destacan en el plano global, dado su rol en el mercado de semiconductores.

Oportunidades de negocios en el vecindario

Según reportan desde UBS GWM, otro espacio que los inversionistas latinoamericanos están mirando de cerca es su propia región. “Hay un flujo de capital intra-América Latina que jamás hemos visto”, indica Toros, con los clientes de banca privada muy activos en invertir en distintos negocios en el vecindario.

El ejecutivo ve dos fenómenos en paralelo, en esa dirección. Por un lado, las empresas familiares están creciendo más allá de las fronteras de su país de origen; por el otro, las fortunas familiares están cada vez más interesadas en invertir en negocios en América Latina.

Esta tendencia es algo que en la gigante de gestión patrimonial ven como una oportunidad de negocios. Siguiendo la implementación de esta filosofía a nivel de grupo, crearon un equipo de Client Connectivity en la región.

Antes, relata Toros, los equipos de UBS GWM se enfocaban sólo en los mercados locales en que estaban, pero se dieron cuenta de que hay una búsqueda de oportunidades de inversión. Los clientes les piden piden asesoría y conexiones para distintos negocios en distintos países y UBS aprovecha su extensa red regional.

“Tratamos de conectar a los clientes entre ellos, para que se hablen”, explica el profesional, apalancando su posición de peso en la región, atendiendo a clientes de 20 países. “Las economías de América Latina se han abierto mucho al capital extranjero”, acota.

Vivir arriba, trabajar abajo y rentar la oficina: el nuevo modelo inmobiliario en Miami

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Banamex casa de bolsa 2026
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Comprar una residencia de lujo en Miami y recibir, además del departamento, una oficina privada que puede utilizarse, rentarse o conservarse como un activo independiente está dejando de ser una rareza inmobiliaria para convertirse en una nueva fórmula de desarrollo.

La propuesta modifica la lógica tradicional del condominio de lujo. Ya no se trata únicamente de adquirir una vivienda con un business center, una sala de juntas o un espacio de coworking como parte de las amenidades. En este nuevo modelo, el comprador obtiene dos propiedades dentro de una misma operación, y la oficina cuenta con escritura propia.

La diferencia puede parecer sutil, pero desde la perspectiva de un inversionista es significativa: una amenidad se consume; un inmueble puede conservar valor, venderse o generar ingresos.

El concepto comenzó a ganar fuerza en Brickell, el principal distrito financiero de Miami, justamente cuando las rentas de las oficinas de mayor calidad han registrado incrementos extraordinarios y la demanda corporativa se concentra cada vez más en edificios premium, bien ubicados y con servicios de alto nivel.

El caso más representativo es One Twenty Brickell Residences, desarrollado por Property Markets Group (PMG). El proyecto contempla una torre de 40 pisos con 467 residencias completamente terminadas y amuebladas, cada una acompañada por su propia oficina escriturada.

Las oficinas tienen acceso privado, salas de juntas y servicios de concierge. Pero, sobre todo, no forman parte de un business center común: son espacios inmobiliarios independientes vinculados al comprador.

La nueva ecuación, por tanto, no es solamente «vivir y trabajar en el mismo edificio». Es vivir en un inmueble y poseer, simultáneamente, otro inmueble susceptible de producir ingresos.

El precio de tener una oficina en Brickell

La aparición de este producto coincide con una transformación del mercado corporativo de Miami. Según datos de CBRE correspondientes al cuarto trimestre de 2025, las rentas de oficinas Clase A en Brickell habían aumentado aproximadamente 74% desde 2021, hasta alcanzar alrededor de 102 dólares por pie cuadrado anual.

El incremento adquiere todavía mayor dimensión cuando se observa el segmento más exclusivo. En los edificios de mayor categoría, las rentas pueden llegar a 225 dólares por pie cuadrado, frente a aproximadamente 60 dólares en 2021.

Cushman & Wakefield identifica igualmente un fuerte incremento en los costos para los inquilinos. Empresas que antes de la pandemia renovaban contratos a 40 o 50 dólares por pie cuadrado pueden enfrentar actualmente propuestas de renovación de entre 120 y 130 dólares.

El resultado es que los costos de ocupación de las oficinas premium de Miami comienzan a competir incluso con los de Manhattan. La comparación es relevante para entender por qué una oficina incluida en la compra de una residencia puede tener un valor económico mucho mayor que el de una simple amenidad.

Sin embargo, el mercado no está creciendo de manera homogénea. CBRE reportó para el segundo trimestre de 2026 una vacancia de 14,9% en el conjunto del mercado de oficinas de Miami y una renta promedio de 68,60 dólares por pie cuadrado.

Aun así, durante ese trimestre la ciudad registró una absorción neta positiva de 344.000 pies cuadrados, acompañada por un incremento de las rentas solicitadas.

Colliers, por su parte, reportó una vacancia de oficinas de 10,8% en Miami-Dade durante el segundo trimestre de 2026 y una renta solicitada récord de 73,37 dólares por pie cuadrado para propiedades Clase A.

La conclusión que surge de toda la data es que no necesariamente existe una escasez generalizada de oficinas. Lo que existe es una creciente diferenciación entre los espacios de calidad inferior y aquellos que cuentan con ubicación, servicios y características capaces de atraer a los inquilinos de mayor poder adquisitivo.

Savills identifica una tendencia similar y destaca el papel de empresas tecnológicas, family offices e instituciones financieras en la demanda por oficinas premium. Es precisamente en esa intersección entre vivienda de lujo, actividad empresarial y escasez relativa de espacios corporativos de alta calidad donde aparece el nuevo producto inmobiliario.

De amenidad a segundo activo

Durante años, los desarrolladores de condominios de lujo compitieron mediante la incorporación de restaurantes privados, gimnasios, spas, bibliotecas, salas de juntas y espacios de coworking. Todo ello incrementaba el atractivo de la propiedad, pero ninguno de esos elementos podía venderse por separado.

En cambio, una oficina escriturada cambia la ecuación porque el propietario puede utilizarla para su propio negocio, convertirla en una extensión de su residencia, rentarla a un tercero o, dependiendo de las reglas del inmueble y de la legislación aplicable, eventualmente venderla de manera independiente.

Eso convierte lo que tradicionalmente habría sido una amenidad en un activo inmobiliario potencialmente generador de flujo de efectivo. One Twenty Brickell lleva la fórmula a una escala particularmente significativa: 467 residencias y 467 oficinas privadas escrituradas.

En términos patrimoniales, una sola operación residencial incorpora un segundo activo; por ello, para un inversionista, la pregunta deja de ser exclusivamente cuánto vale el departamento, también empieza a importar cuánto vale la oficina y cuánto puede producir.

La nueva ecuación: vivir, trabajar y rentar

El concepto comienza a evolucionar incluso más allá de la idea original; en Twenty Sixth & 2nd, en Wynwood, desarrollado por PMG y LNDMRK Development, el proyecto contempla 233 residencias y 122 oficinas escrituradas.

El desarrollo representa una nueva etapa en la expansión del modelo hacia una de las zonas que más se ha transformado en Miami durante la última década. La lógica puede resumirse de una manera muy distinta a la del tradicional home office: Vivo aquí, trabajo aquí y tengo un activo adicional que puedo monetizar.

En determinadas circunstancias, el propietario podría ocupar el departamento y rentar la oficina. También podría utilizar la oficina para su negocio y rentar la residencia cuando no la utilice, siempre que las reglas del edificio y las disposiciones locales lo permitan.

La posibilidad de obtener ingresos adicionales es precisamente uno de los principales argumentos comerciales del nuevo modelo. Información proporcionada por los desarrolladores señala que una oficina puede representar un valor adicional de hasta 80.000 dólares anuales, por encima del retorno que pudiera generar el departamento.

Pero esa cifra debe interpretarse como un potencial de ingreso bruto y no necesariamente como rendimiento neto; el verdadero retorno dependerá del precio pagado por la oficina, su tamaño, ubicación, demanda, renta efectiva, periodos de vacancia, mantenimiento, impuestos inmobiliarios, seguros, administración y demás costos asociados con su operación.

La pregunta financiera relevante, por tanto, no es cuánto puede rentarse una oficina, sino cuánto queda realmente en manos del propietario después de todos los costos.

Ese cálculo será determinante para establecer si la oficina escriturada constituye una auténtica innovación inmobiliaria o si simplemente funciona como un nuevo argumento comercial para vender condominios de alta gama.

El modelo se expande

La fórmula ya no parece circunscribirse a Brickell.

Wynwood es uno de los primeros mercados donde comienza a reproducirse, mientras que Downtown Miami también está incorporando proyectos de alta gama con oficinas privadas dentro de sus propuestas inmobiliarias.

La expansión geográfica es importante porque permitirá comprobar si existe una demanda estructural para este producto o si su atractivo depende fundamentalmente de las condiciones extraordinarias del distrito financiero de Brickell.

También plantea una posibilidad mayor: que la integración de vivienda y oficina termine convirtiéndose en una categoría específica dentro del mercado de lujo. La idea resulta particularmente atractiva en un entorno donde el trabajo híbrido no ha eliminado la necesidad de espacios corporativos, sino que ha modificado sus características.

Las empresas pueden necesitar menos metros cuadrados que antes, pero están dispuestas a pagar más por espacios mejor ubicados, representativos y con servicios de calidad. En ese contexto, una oficina pequeña, privada y estratégicamente ubicada puede tener un mercado potencial entre empresarios, profesionales independientes, family offices y pequeñas compañías que no necesitan grandes superficies, pero sí una dirección y un espacio corporativo de primer nivel.

El ingrediente latinoamericano

El modelo también encuentra un mercado natural entre los compradores internacionales, particularmente latinoamericanos.

Información proporcionada sobre el mercado de nueva construcción señala que los compradores latinoamericanos representan 86% de los compradores de nueva construcción en Miami, una proporción que ayuda a explicar por qué los desarrolladores están diseñando productos que responden no solamente a necesidades residenciales, sino también patrimoniales y empresariales.

El dato debe leerse junto con las cifras de MIAMI REALTORS, que muestran la enorme importancia del capital internacional en el mercado inmobiliario del sur de Florida. Durante 2025, compradores extranjeros adquirieron propiedades residenciales por aproximadamente 4.400 millones de dólares en South Florida, frente a 3.100 millones en 2024.

En términos de unidades, compraron alrededor de 5.300 propiedades, contra unas 4,000 un año antes. La participación internacional es particularmente importante en la vivienda nueva. Un estudio de MIAMI REALTORS sobre 9.115 unidades en 37 proyectos encontró que los compradores internacionales representaron 49% de las ventas de construcción nueva, preventa y conversiones de condominios durante los 18 meses terminados en junio de 2025.

Ambas mediciones corresponden a universos distintos, pero apuntan en la misma dirección: el comprador internacional es un componente central del mercado inmobiliario de nueva construcción de Miami. Para un empresario latinoamericano, la propuesta de comprar una residencia y obtener simultáneamente una oficina escriturada puede tener una utilidad que va mucho más allá de la comodidad.

Puede servir como residencia en Estados Unidos, espacio para atender clientes, sede para determinadas actividades empresariales o activo susceptible de generar una segunda fuente de ingresos denominada en dólares. Y para un inversionista, la posibilidad de incorporar un activo productivo a una adquisición residencial introduce una nueva variable en el cálculo del retorno.

De residencia a plataforma patrimonial

La verdadera innovación del modelo no está necesariamente en la oficina, está en convertir parte de una propiedad residencial en una plataforma patrimonial con dos activos diferenciados; durante décadas, el valor agregado de los condominios de lujo estuvo relacionado con las amenidades, pero hoy aparece una pregunta distinta: ¿Puede una amenidad convertirse en un activo?

Por ejemplo: Una piscina no puede rentarse de manera independiente, un gimnasio no puede venderse, un lounge no tiene escritura propia. En cambio, una oficina sí, y esa característica le permite adquirir un valor económico potencialmente independiente de la residencia.

El fenómeno encaja además con una transformación más amplia del mercado de oficinas estadounidense. La recuperación de la demanda no ha sido uniforme: los inmuebles de calidad, ubicados en los principales corredores empresariales y capaces de ofrecer una experiencia corporativa diferenciada están teniendo un comportamiento muy distinto al de los espacios secundarios.

Cushman & Wakefield reportó que la actividad de arrendamiento de oficinas en Miami acumulaba aproximadamente 830.500 pies cuadrados durante el primer semestre de 2026, aunque el volumen era 28,5% inferior al registrado durante el mismo periodo del año anterior.

Sin embargo, la actividad del segundo trimestre aumentó 44,4% respecto del trimestre previo; es decir, el mercado continúa atravesando ajustes, pero los indicadores muestran que la demanda por espacios de calidad sigue siendo un componente importante de la ecuación.

Pero, también hay riesgo, uno de ellos consiste en que la innovación se convierta en estándar; además el atractivo del modelo no elimina sus riesgos, el primero es la liquidez.

Una oficina pequeña y especializada puede tener un mercado potencial mucho menor que un departamento residencial. Su valor dependerá de su ubicación, dimensiones, distribución, reglas del condominio, usos permitidos y profundidad de la demanda empresarial.

Otro riesgo importante es el costo de propiedad. Florida ha endurecido las exigencias financieras y de mantenimiento para los condominios después del colapso de Surfside. Un estudio académico publicado este año encontró que los mayores costos futuros relacionados con las nuevas exigencias regulatorias ya se han reflejado en los precios de los condominios del estado.

Un tercer riesgo es la competencia futura; si más desarrolladores comienzan a incluir oficinas escrituradas en sus proyectos, el concepto puede perder parte de su carácter diferenciador ya que una innovación inmobiliaria genera una prima mientras es escasa, pero cuando se convierte en una característica estándar, esa prima puede reducirse.

Por ello, el verdadero valor de una oficina escriturada no estará determinado únicamente por el hecho de tener una escritura independiente, sino que dependerá de que exista una demanda real y sostenida por esos espacios.

Una nueva categoría para los inversionistas

Por ahora, las oficinas escrituradas representan un nicho dentro del mercado de condominios de lujo de Miami. Pero el concepto resulta especialmente interesante porque reúne tres mercados que tradicionalmente se analizaban por separado: vivienda de alta gama, oficinas corporativas e inversión inmobiliaria.

De esta forma, Brickell funcionó como laboratorio, mientras que Wynwood y Downtown Miami comienzan a mostrar la posibilidad de replicar la fórmula. Y el enorme peso de los compradores internacionales proporciona un mercado natural para un producto que ofrece algo más que una residencia.

La evolución podría terminar dando lugar a una nueva categoría de real estate: propiedades diseñadas no solamente para vivir, sino también para trabajar y producir ingresos. Para los desarrolladores, la ventaja es evidente al diferenciar sus proyectos y elevar el valor percibido de cada operación.

Para el comprador, la ecuación es más compleja. Una oficina puede convertirse en una fuente adicional de ingresos en dólares, pero solamente si la renta obtenida supera los costos de mantenerla y si existe suficiente demanda para ocuparla. Para los inversionistas patrimoniales, especialmente aquellos que utilizan Miami como plataforma para diversificar capital internacional, la pregunta será todavía más importante: ¿Están comprando una amenidad de lujo o están adquiriendo un segundo activo inmobiliario capaz de generar flujo de efectivo?

La respuesta determinará si las oficinas escrituradas son simplemente la siguiente estrategia de diferenciación de los desarrolladores de condominios de lujo o si, por el contrario, representan el principio de una nueva manera de estructurar el patrimonio inmobiliario en Miami.

La batalla por el futuro de los fondos en México: quién está ganando, según Morningstar

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Es un hecho incontrovertible, los rankings de Activos Bajo Gestión (AUM) permiten identificar a las instituciones que dominan hoy la industria de fondos de inversión en México. Sin embargo, cuando la mirada se traslada hacia los flujos netos y el crecimiento orgánico, el mapa competitivo comienza a cambiar y aparecen señales sobre quiénes podrían estar ganando participación de mercado hacia el futuro.

Un análisis realizado con información de Morningstar Direct, correspondiente al periodo enero-julio de 2026, muestra precisamente esa diferencia entre tamaño y velocidad de crecimiento.

En términos de flujos netos acumulados durante 2026, BBVA encabeza el grupo analizado con una captación de 79,08 mil millones de pesos, seguido por Santander, con 55,98 mil millones, y Banorte, con 31,33 mil millones de pesos.

En las siguientes posiciones aparecen BlackRock, con 29,38 mil millones de pesos; GBM, con 17,34 mil millones; Scotia, con 12,58 mil millones; Sura, con 6,81 mil millones; Valmex, con 6,11 mil millones; Actinver, con 6,05 mil millones, y Franklin Templeton, con 4,38 mil millones de pesos.

Este ranking confirma la fortaleza de las grandes plataformas bancarias para atraer recursos, particularmente de BBVA y Santander. Sin embargo, la fotografía cambia cuando la métrica deja de ser el volumen absoluto y se observa el crecimiento orgánico.

Franklin Templeton cambia la lectura del mercado

En esta segunda dimensión, Franklin Templeton ocupa el primer lugar, con un crecimiento orgánico de 15,13% durante los primeros siete meses de 2026. La cifra resulta particularmente relevante porque la institución no aparece entre las líderes por volumen absoluto de flujos. Es decir, su fortaleza no está necesariamente en captar la mayor cantidad de recursos en términos nominales, sino en crecer a una velocidad considerablemente superior respecto de su propia base.

Santander ocupa el segundo lugar, con un crecimiento orgánico de 13,33%, mientras que GBM registra 10,40%. El cuarto sitio corresponde a Valmex, con 8,25%, seguido por Banorte, con 7,23%, y BBVA, con 6,84%. El resto del ranking está integrado por Principal, con 6,83%; Sura, con 6,54%; Multiva, con 6,04%, y Finamex, con 5,89%.

De esta manera, la diferencia entre ambos indicadores revela que tamaño y velocidad no son necesariamente la misma cosa.

Los grandes bancos dominan el presente

BBVA y Santander ofrecen el ejemplo más claro; ambas instituciones se encuentran en la parte superior del ranking de flujos netos. BBVA captó 79,08 mil millones de pesos, mientras Santander alcanzó 55,98 mil millones.

Sin embargo, sus posiciones cambian cuando se mide el crecimiento orgánico: Santander alcanza 13,33%, colocándose en segundo lugar, mientras BBVA registra 6,84%; la lectura es relevante para la industria porque una elevada captación absoluta puede estar asociada a una base de activos considerablemente mayor. Por ello, medir únicamente los recursos que entran a una operadora puede ocultar qué instituciones están creciendo más rápidamente en relación con su tamaño.

En otras palabras, los AUM dicen quién es grande; los flujos muestran quién está captando; y el crecimiento orgánico ayuda a identificar quién está ganando terreno proporcionalmente.

GBM aparece como uno de los jugadores a seguir

Otro de los casos que destaca en el análisis es GBM, que aparece entre los primeros lugares en ambas métricas; la institución registró 17,34 mil millones de pesos en flujos netos durante enero-julio y un crecimiento orgánico de 10,40%.

Esto la coloca en una posición particular dentro del mercado: no alcanza los volúmenes de captación de BBVA, Santander o Banorte, pero sí consigue combinar una captación relevante con una expansión orgánica de dos dígitos.

Santander comparte esa característica, aunque con una escala considerablemente mayor: sus 55,98 mil millones de pesos de flujos se acompañan de un crecimiento orgánico de 13,33%. Son precisamente estos casos los que resultan más interesantes desde una perspectiva competitiva, porque combinan escala comercial y capacidad de expansión.

El verdadero cambio está en mirar más allá de los AUM

El ejercicio de Morningstar plantea una pregunta diferente para la industria mexicana de fondos. Si el objetivo es identificar a los futuros líderes, ¿debe seguir utilizándose el tamaño de los activos como principal referencia?

La respuesta que sugieren estos datos es que no necesariamente. Una institución puede administrar una enorme cantidad de recursos y, al mismo tiempo, crecer a una velocidad menor que una operadora de menor tamaño. En sentido contrario, una firma con una participación todavía relativamente pequeña puede estar incrementando rápidamente su base y, por tanto, construyendo las condiciones para ganar participación de mercado.

Desde esta perspectiva, Franklin Templeton es el caso más evidente: sus 4,38 mil millones de pesos de flujos netos son modestos frente a los 79.08 mil millones de BBVA, pero su crecimiento orgánico de 15,13% es el más elevado del grupo analizado.

Esto convierte al crecimiento en una señal potencialmente más útil para identificar cambios en la estructura competitiva de la industria.

Una industria que empieza a medirse por velocidad

Los resultados también sugieren que la competencia entre operadoras mexicanas está dejando de ser exclusivamente una carrera por acumular activos.

La capacidad de atraer nuevos recursos, incrementar la base de clientes, aprovechar canales de distribución y desarrollar productos capaces de capturar nuevas necesidades de inversión puede resultar tan importante como el volumen de activos administrados.

Por eso, el análisis puede ampliarse hacia otras variables: flujos por categoría de fondos, cambios en participación de mercado, comportamiento de los distribuidores, evolución de los ETF frente a los fondos tradicionales y estrategias de renta fija, renta variable y multiactivos.

También permitiría comparar el desempeño de cada institución contra su grupo competitivo y determinar si el crecimiento observado responde a una tendencia estructural o a factores particulares de un periodo.

La conclusión es clara: el ranking de AUM permite saber quién manda hoy, pero los flujos y el crecimiento orgánico ofrecen pistas sobre quién puede mandar mañana.

Y en esa fotografía, el mercado mexicano presenta una combinación interesante: BBVA y Santander dominan la captación absoluta; Franklin Templeton lidera la velocidad de crecimiento; mientras Santander y GBM aparecen como los jugadores que mejor combinan escala y expansión orgánica.

Tras creer en la IA, los inversores quieren resultados

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Los inversores quieren que las empresas demuestren que las estrategias audaces de inteligencia artificial pueden generar rentabilidad sin sacrificar la disciplina financiera. Esta es una de las principales conclusiones de la decimocuarta edición del Global Investor Survey de Boston Consulting Group (BCG), que apunta a una etapa de mayor exigencia en los mercados, marcada por unas expectativas de rentabilidad más moderadas y por una presión creciente sobre las compañías para demostrar que sus inversiones, especialmente en inteligencia artificial, pueden traducirse en resultados concretos.

Aunque la confianza de los inversores a medio plazo se mantiene intacta, la geopolítica, los tipos de interés, la política estadounidense y la incertidumbre en torno a la IA están reduciendo las expectativas de rentabilidad futura.

El estudio recoge las opiniones de 500 inversores institucionales de 16 países, que representan aproximadamente 35 billones de dólares (billions en términos estadounidenses) en activos bajo gestión. El 67% de los inversores encuestados mantiene una visión optimista sobre la evolución de los mercados durante los próximos tres años. Sin embargo, las expectativas de rentabilidad total para el accionista se han reducido hasta una media anual del 6,9%, lo que supone 0,4 puntos porcentuales menos que en 2024 y 1,4 puntos menos que en 2023.

Esta moderación refleja un entorno en el que coinciden varias fuentes de incertidumbre con creciente interdependencia. Los conflictos en Ucrania y Oriente Medio son ya uno de los tres principales factores que condicionan las perspectivas de los mercados para el 60% de los inversores. Les siguen la evolución de los tipos de interés, con un 54%; las políticas del Gobierno estadounidense, con un 49%; y el desarrollo y la regulación de la inteligencia artificial, mencionados por un 45% de los encuestados, 22 puntos porcentuales más que en 2024.

Solo el 22% cree que la IA será una fuente de diferenciación competitiva sostenible. La mayoría espera que sus beneficios se extiendan de forma generalizada o que las ventajas iniciales desaparezcan con el tiempo.

Ante este escenario, los inversores están orientando sus decisiones hacia compañías y sectores capaces de beneficiarse de tendencias estructurales y mantener una economía de negocio sólida. El 52% afirma haber aumentado su exposición a sectores respaldados por tendencias de crecimiento de largo plazo, mientras que un 50% está manteniendo mayores niveles de liquidez.

Dentro de los criterios utilizados para valorar una compañía, el crecimiento orgánico continúa siendo la principal prioridad. No obstante, aumenta la importancia del retorno sobre el capital, citado por el 33% de los encuestados, ocho puntos porcentuales más que en 2024.

La inteligencia artificial introduce una dimensión adicional en este escenario. El 87% de los inversores espera que la IA mejore de forma material los fundamentales empresariales durante los próximos dos años, especialmente a través de una mayor productividad, mejores márgenes y nuevos ingresos.

Además, más de la mitad considera que estos efectos deberían comenzar a ser visibles durante los próximos doce meses, lo que reduce el margen disponible para que las compañías continúen presentando la IA únicamente como una apuesta de futuro.

Esta confianza en el potencial de la tecnología convive, sin embargo, con una visión más crítica sobre las expectativas que ya están incorporadas en el mercado. El 56% considera que existe un exceso de optimismo en torno a la IA, mientras que el 73% anticipa que las actuales valoraciones pueden generar presión sobre la rentabilidad futura.

Asimismo, el análisis pone el foco en la capacidad de ejecución de las compañías. Aunque el 77% de los inversores evalúa de forma específica las estrategias de IA de las compañías, solo el 57% considera que estas explican adecuadamente sus planes.

Además, más del 70% muestra dudas sobre si las compañías cuentan con las capacidades técnicas y organizativas necesarias para desarrollar sus estrategias de IA.

A esto se suma una mayor vigilancia sobre el nivel de inversión y su impacto en los márgenes. Los inversores respaldan la transformación, pero no una expansión del gasto sin una línea clara hacia los retornos.

En este contexto, para generar confianza, los líderes empresariales deben explicitar sus prioridades, las concesiones que deben hacer, los hitos y los retornos esperados, especialmente en lo que respecta a la IA y a las apuestas de crecimiento a largo plazo.

La conclusión apunta, por tanto, a un cambio en las exigencias de los mercados: los inversores siguen confiando en el potencial de la inteligencia artificial y de las tendencias estructurales de crecimiento, pero demandan una mayor disciplina financiera y evidencias concretas de que las inversiones pueden convertirse en productividad, márgenes, crecimiento y rentabilidad.

DWS adoptará Deutsche Asset Management como su nueva identidad de marca global

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DWS Group ha anunciado que, con efecto a partir de principios de noviembre de 2026, adoptará Deutsche Asset Management como su nueva identidad de marca global. Según indican, la marca está diseñada para reforzar el papel de la firma como “puerta de entrada a Europa” para los inversores de todo el mundo, y pone en valor su legado alemán y europeo, al tiempo que refleja claramente sus ambiciones de crecimiento global en las distintas regiones y segmentos de clientes. Como marca paraguas global, este cambio aglutinará los servicios, la experiencia y los resultados que el grupo ofrece en todo el mundo.

En concreto, la nueva identidad de marca englobará marcas sólidas y consolidadas: DWS, para el negocio europeo de gestión activa de patrimonios privados; Xtrackers, para el negocio global de ETF y mandatos de gestión pasiva; y RREEF, para la experiencia en el sector inmobiliario estadounidense; y estará dirigida específicamente a clientes internacionales e institucionales.

Según indican, la mayoría de los nombres y marcas de productos existentes permanecerán sin cambios. A partir de noviembre, la mención “by Deutsche Asset Management” vinculará de forma más clara las marcas de producto con una plataforma global, mientras que Deutsche Asset Management se utilizará directamente para los clientes institucionales y los servicios de mercados privados.

“Con Deutsche Asset Management lanzamos una identidad global que engloba una familia de marcas sólidas y consolidadas: DWS se apoya en una trayectoria de 70 años generando alfa en la gestión activa de carteras para nuestros clientes en nuestro mercado de origen. Al centrar DWS en su propuesta principal en Alemania y en los mercados clave de Europa, reforzaremos aún más su reconocimiento e impacto. Con Xtrackers, hemos consolidado en el mercado una gran marca independiente de ETF y mandatos de gestión pasiva, que se beneficiará de formar parte de la familia Deutsche Asset Management. Y con RREEF, nos apoyamos en más de 50 años de experiencia en el sector inmobiliario en mercados clave”, apunta Stefan Hoops, CEO de DWS Group GmbH & Co. KGaA.

Y añade: “Deutsche Asset Management contará con un reconocimiento internacional inmediato y ya es una marca ampliamente conocida entre nuestros clientes institucionales de todo el mundo. Adoptarla como nuestra marca paraguas supone una señal clara para nuestros clientes: como gestora de activos global con profundas raíces europeas, que opera a gran escala y con independencia fiduciaria, estamos aquí para ayudarles a alcanzar sus objetivos a largo plazo, sobre la base de una disciplina enfocada y una experiencia global”.

Justificación estratégica y orientación al cliente

Desde la compañía señalan que este paso marca el inicio de la siguiente fase de desarrollo de la compañía, centrada en el crecimiento, la excelencia y la relevancia global. En los últimos años, DWS Group ha cumplido sus prioridades estratégicas, entre ellas un sólido desempeño operativo y el impulso de sus diversas capacidades de inversión, culminando con su incorporación al MDAX, el principal índice alemán de compañías de mediana capitalización, en marzo de 2025.

Tras completar el ciclo estratégico establecido en su Capital Markets Day de 2022, DWS inició a principios de 2026 su siguiente fase, apoyándose en su plataforma para seguir reforzando los resultados para sus clientes y el crecimiento a largo plazo, conectando sus capacidades, experiencia y resultados de inversión en todo el mundo. A comienzos de este año, DWS Group alineó aún más claramente su División de Client Coverage con los distintos segmentos de clientes y estructuró su organización de distribución en torno a los clientes de Private Wealth e Institutional Clients.

Stefan Hoops explica que “las ambiciones son internacionales, y eso exige un nuevo enfoque: una mayor presencia entre los clientes institucionales y una mayor visibilidad en regiones fuera de Alemania y Europa. Requiere una organización que adopte una visión aún más integral de las relaciones con los clientes. Una organización con una visión y un enfoque más globales. Y una organización que sea claramente reconocible para clientes y profesionales de todo el mundo. Al iniciar la siguiente fase de nuestra estrategia de crecimiento, analizamos en qué ámbitos aún no habíamos aprovechado plenamente este potencial y adoptamos las medidas necesarias para cambiarlo. La alineación de nuestra organización comercial en torno a los distintos grupos de clientes fue un paso importante en esta dirección; nuestra intención de adoptar Deutsche Asset Management es otro”.

Para los clientes e inversores, la transición a Deutsche Asset Management ofrece una identidad global clara y coherente que transmite escala y liderazgo europeo, al tiempo que refleja las ambiciones de crecimiento internacional de la firma. La marca unificada refuerza el reconocimiento en el mercado y favorece una mayor conexión entre las distintas áreas de la plataforma global de la firma, reforzando su capacidad para cumplir sus objetivos estratégicos y financieros.

Marca paraguas

Deutsche Asset Management actuará como la identidad de marca global de la firma, mientras que los nombres actuales de los productos y fondos —así como la especialización y solidez de las distintas áreas de inversión de la firma— permanecerán sin cambios. Cada marca conservará su propia identidad, carácter y experiencia, mientras que la mención «by Deutsche Asset Management» indicará que todas ellas forman parte de una única plataforma global de gestión de activos, con estándares compartidos, escala y credibilidad institucional. Para los negocios que ya operan principalmente a escala global o institucional, o que se centran en inversiones en mercados privados, se utilizará directamente Deutsche Asset Management, sin cambios en los nombres de los productos.

A partir de noviembre de 2026, la implantación de esta nueva marca paraguas global se llevará a cabo de forma gradual hasta marzo de 2027. Por el momento, la sociedad matriz mantendrá la denominación DWS Group GmbH & Co KGaA, mientras que su símbolo bursátil seguirá siendo DWS.

Una industria por reconstruir, 100.000 millones por movilizar: los fondos frente al petróleo venezolano

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El acuerdo petrolero alcanzado entre Estados Unidos y Venezuela puede terminar siendo mucho más que una operación energética. Si las inversiones anunciadas logran materializarse, América Latina podría estar frente al nacimiento de uno de los mayores ciclos de inversión en infraestructura energética de las últimas décadas. Y, detrás del petróleo, aparece una pregunta que interesa especialmente a los mercados financieros: ¿quién pondrá los cerca de 100.000 millones de dólares que se necesitan para reconstruir la industria venezolana?

La magnitud del desafío ayuda a dimensionar la oportunidad; el acuerdo anunciado por Washington contempla el control estadounidense de una parte de los activos asociados con 17 campos petroleros que concentran alrededor de 65.000 millones de barriles de reservas probadas. La Casa Blanca sostiene que el proyecto puede movilizar hasta 100.000 millones de dólares de inversión privada para recuperar producción e infraestructura.

No se trata, por tanto, de simplemente abrir nuevamente los pozos; en los hechos se necesita reconstruir toda una industria completa que fue devastada en la última década, con graves consecuencias económicas. Venezuela pasó de producir alrededor de 2,3 millones de barriles diarios en 2015 a apenas 498.000 barriles diarios en 2023, el año con la cifra más creíble, como consecuencia de años de desinversión, deterioro de infraestructura, sanciones y problemas operativos. La recuperación exige perforación, oleoductos, almacenamiento, mejoradores de crudo pesado, refinerías, generación eléctrica, servicios petroleros, transporte y tecnología; cada una de esas necesidades representa una clase diferente de activo financiero, en realidad el petróleo es solamente la primera capa de la oportunidad

La primera reacción de los mercados suele concentrarse en las petroleras, es lógico. Chevron ya anunció que invertirá más de 7.000 millones de dólares en sus empresas conjuntas venezolanas para prácticamente duplicar su producción hasta unos 600.000 barriles diarios durante los próximos cinco años. La compañía estima costos de producción inferiores a 20 dólares por barril en estas operaciones.

Pero, para los inversionistas institucionales el verdadero atractivo podría estar en una segunda capa porque el petróleo necesita infraestructura y la infraestructura necesita financiamiento; la reconstrucción de Venezuela puede generar demanda para empresas de servicios petroleros, ingeniería, construcción, generación y transmisión eléctrica, transporte, logística, almacenamiento y refinación.

En este contexto el Departamento de Energía estadounidense confirmó el 2 de septiembre acuerdos con Chevron, Eni y GE Vernova, destinados no solamente a incrementar la producción de hidrocarburos, sino también a modernizar la red eléctrica venezolana, eso amplía considerablemente el universo potencial de inversión, ya no se trata exclusivamente de comprar acciones de una petrolera. En realidad ahora todo lo anterior puede involucrar private equity, private credit, infraestructura, deuda corporativa, project finance, fondos de energía, fondos de mercados emergentes y eventualmente vehículos especializados en activos reales.

La gran pregunta para los fondos: ¿quién pone los 100.000 millones?

Aquí aparece probablemente la parte más interesante para la industria de asset management; la cifra de 100.000 millones de dólares no significa necesariamente que exista un cheque por ese monto esperando ser colocado, en realidad es una estimación del capital que podría requerirse durante el proceso de reconstrucción y expansión.

Pero incluso si solamente una fracción se materializa durante los primeros años, el volumen sería suficientemente grande para crear un nuevo mercado de financiamiento; el precedente más importante es que la administración estadounidense está intentando reducir el riesgo político para que sea el capital privado el que haga el trabajo pesado.

De hecho, el Departamento del Tesoro comenzó desde febrero a modificar el régimen de sanciones para permitir negociaciones y contratos contingentes relacionados con nuevas inversiones en petróleo y gas venezolano. La licencia 49A autoriza precisamente negociaciones y entrada en contratos contingentes para determinadas inversiones, se trata de una señal importante para los inversionistas.

El mensaje de Washington no parece ser que el gobierno estadounidense vaya a financiar directamente toda la reconstrucción, es más bien: crear las condiciones para que el capital privado vuelva a Venezuela. Si lo anterior es correcto, si esa es la intención del gobierno estadounidense, cambia completamente la discusión.

Private equity: el primer candidato

Uno de los segmentos que podría beneficiarse es el de private equity especializado en energía e infraestructura; la razón es sencilla: muchos de los proyectos venezolanos tendrán características que difícilmente encajan en los mercados públicos tradicionales.

Serán proyectos intensivos en capital, con horizontes largos, riesgos operativos elevados y necesidad de estructuración financiera, precisamente por eso pueden resultar atractivos para fondos que acepten iliquidez a cambio de retornos potencialmente superiores.

Axios identificó explícitamente una posible oportunidad para private equity en la reconstrucción de la industria venezolana y señaló que el tamaño potencial del proyecto podría abrir espacio también para private credit. Para los gestores de activos, esa distinción es fundamental porque los 100.000 millones no necesariamente terminarán en las bolsas, una parte importante podría pasar por mercados privados.

Private credit: posiblemente el gran beneficiario silencioso

Si la reconstrucción avanza, una parte del financiamiento podría estructurarse mediante deuda privada; ahí aparece una oportunidad especialmente interesante porque los fondos de private credit pueden financiar, entre muchas otras cosas: infraestructura petrolera; equipos y perforación; almacenamiento; oleoductos; generación eléctrica; servicios petroleros; maquinaria especializada; infraestructura logística; proyectos de refinación y procesamiento.

En lugar de esperar a que las empresas venezolanas tengan acceso pleno a los mercados internacionales de deuda, los fondos podrían prestar directamente contra proyectos, flujos de efectivo, contratos de suministro o activos específicos; es exactamente el tipo de operación que ha ayudado a convertir al private credit en una de las principales fuentes alternativas de financiamiento para proyectos intensivos en capital. En este caso, Venezuela podría representar uno de los casos más grandes —aunque también más riesgosos— de esta tendencia en América Latina; pero no todo es tan fácil

El riesgo es enorme, y eso también tiene un precio

Naturalmente, el capital no llegará únicamente porque existan 65.000 millones de barriles bajo tierra; el gran problema venezolano nunca fue la ausencia de petróleo sino la capacidad para convertir reservas en producción rentable y sostenible.

El acuerdo Washington-Caracas enfrenta cuestionamientos legales, políticos y contractuales. Reuters señaló que todavía existen dudas sobre la estructura de las asociaciones, las aprobaciones necesarias y el marco jurídico que regirá las operaciones. El Financial Times, por su parte, ha destacado las dudas sobre la legalidad del acuerdo y las diferencias entre ambas partes respecto de la duración de las concesiones. Para un administrador de activos, eso significa que el retorno esperado tendrá que compensar un riesgo país extraordinariamente elevado, pero precisamente ahí aparece la lógica de los mercados privados: a mayor riesgo y menor liquidez, mayor debe ser la rentabilidad exigida.

La pregunta será si Venezuela puede ofrecer contratos, garantías, jurisdicciones y estructuras suficientemente sólidas para que esa prima de riesgo resulte atractiva, también cambia el mapa de los mercados emergentes y hay otra consecuencia que puede interesar a los gestores globales. Durante años, Venezuela estuvo prácticamente fuera del universo tradicional de inversión latinoamericana, los grandes fondos de mercados emergentes concentraban su exposición regional en Brasil, México, Chile, Colombia, Perú y, en menor medida, Argentina.

Hoy, un regreso de Venezuela podría cambiar parcialmente esa fotografía y no necesariamente mediante acciones venezolanas —eso todavía parece lejano— sino mediante deuda, infraestructura, energía, commodities y empresas multinacionales con exposición al país.

El primer vehículo de exposición probablemente no será un ETF venezolano, sino sería una empresa estadounidense, europea o latinoamericana que tenga contratos y activos en Venezuela, ahí es donde los gestores de fondos pueden encontrar la primera vía de entrada y el acuerdo también puede modificar los flujos de capital hacia América Latina porque la dimensión regional es quizá la más interesante.

Si Venezuela logra incrementar sustancialmente su producción, podría convertirse nuevamente en un proveedor relevante de crudo para Estados Unidos y otros mercados. Reuters señala que la producción asociada con el acuerdo podría eventualmente escalar hasta 1,5 millones de barriles diarios, aunque alcanzar esa cifra dependerá de la inversión y de la reconstrucción de la infraestructura. Eso tendría implicaciones sobre: precios del petróleo, inflación, tasas de interés, monedas, balances fiscales y flujos hacia mercados emergentes.

Además, una mayor oferta de petróleo venezolano podría ejercer presión a la baja sobre los precios  internacionales en determinados escenarios, lo anterior sería positivo para países importadores de energía de América Latina, mientras que para productores como Brasil, México o Colombia, el efecto sería más complejo.

En cuanto a los fondos especializados en commodities, energía y mercados emergentes, introduciría una nueva variable en sus modelos de asignación regional.

Brasil, México y Colombia: los grandes observadores

El impacto de lo que puede suceder también podría ser regional, existen muchas posibilidades. Brasil es uno de los mayores productores petroleros de América Latina y ha atraído grandes cantidades de capital internacional, una recuperación venezolana podría aumentar la competencia regional por capital, particularmente en proyectos de petróleo y gas.

México también podría verse afectado. Una mayor oferta de crudo pesado venezolano podría modificar los flujos hacia las refinerías estadounidenses y alterar los diferenciales entre distintos tipos de petróleo; para Pemex, esto tendría especial relevancia debido a la estructura de su producción y a su relación con el mercado estadounidense.

Colombia, por su parte, tendría que observar el efecto sobre inversión, producción y precios regionales en sus finanzas. Pero existe una segunda posibilidad.

Una Venezuela nuevamente integrada a los mercados puede terminar atrayendo capital hacia América Latina en lugar de quitárselo. Si los inversionistas perciben que Washington está dispuesto a respaldar la reconstrucción venezolana, el riesgo percibido de otros activos latinoamericanos relacionados con energía e infraestructura podría reducirse.

La gran apuesta: infraestructura latinoamericana

Es así como podemos aventurar el que quizás podría ser el ángulo más poderoso para los fondos porque el caso venezolano puede ser el catalizador de una tendencia mucho mayor: la necesidad de reconstruir la infraestructura energética latinoamericana.

La Agencia Internacional de Energía considera que la seguridad energética está modificando las prioridades de inversión global y que los flujos de capital hacia energía, infraestructura y redes están adquiriendo una importancia creciente. Su informe World Energy Investment 2026 analiza precisamente la evolución de los flujos de capital y las fuentes de financiamiento para proyectos energéticos.

Venezuela sería, en ese sentido, el caso extremo pero no necesariamente el único. México, por ejemplo, necesita infraestructura eléctrica y de gas; Brasil continúa desarrollando petróleo offshore; Argentina intenta convertir Vaca Muerta en un gran polo exportador; Colombia necesita nuevas inversiones energéticas; Chile requiere infraestructura para su transición energética.

El capital requerido excede con mucho la capacidad de los presupuestos públicos y la pregunta de los próximos años será quién financiará esa infraestructura, es aquí donde aparecen los fondos y el petróleo puede ser el principio, no el final. La paradoja del acuerdo entre Washington y Caracas es que el activo más importante quizá no sean los barriles de petróleo, podría ser el capital que esos barriles consigan movilizar.

Los 65.00 millones de barriles de reservas bajo el nuevo esquema son el activo físico. Los 100,000 millones de dólares representan el capital potencial. Pero alrededor de ambos puede desarrollarse una cadena mucho mayor de financiamiento: deuda privada, infraestructura, servicios petroleros, transporte, generación eléctrica, refinación, tecnología y logística.

Por eso, para los gestores de activos, la pregunta relevante no debería ser únicamente si Venezuela volverá a producir petróleo, la pregunta es: ¿cuánto capital privado puede movilizar el regreso del petróleo venezolano y quién se quedará con los retornos de ese nuevo ciclo de inversión latinoamericano?

Si Washington consigue convertir el acuerdo en un marco creíble para atraer capital institucional, Venezuela podría pasar de ser uno de los mayores riesgos del mapa latinoamericano a convertirse en uno de los mayores laboratorios de inversión en activos reales de los mercados emergentes, aunque todavía hay una enorme distancia entre la oportunidad y la inversión ya que el propio acuerdo enfrenta incertidumbres jurídicas y políticas, y los grandes productores internacionales siguen evaluando los riesgos.

Por ahora, Chevron ha dado el primer paso con sus 7.000 millones de dólares pero el siguiente será mucho más importante y debe consistir en conseguir que los grandes fondos de infraestructura, private equity, private credit y energía crean que los contratos venezolanos pueden sobrevivir a los ciclos políticos. Si eso ocurre, los 100.000 millones de dólares dejarán de ser una cifra política para convertirse en uno de los mayores flujos potenciales de capital privado hacia América Latina en décadas.

Robeco refuerza su apuesta por los ETFs activos en el mercado offshore de Estados Unidos

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Julieta Henke y María Elena Isaza

Robeco presentó en Miami sus dos primeros ETFs activos -el Robeco 3D Global Equity UCITS ETF y el Robeco 3D Emerging Markets UCITS ETF– durante un almuerzo que reunió a más de 60 profesionales de wirehouses, bancas privadas y broker dealers de la industria offshore. La presentación estuvo a cargo de María Elena Isaza y Julieta Henke, de LarrainVial, distribuidor de Robeco en el mercado US Offshore, acompañadas por Alejandra Saldías, Head of ETF Sales, y contó con la participación de Ignacio Alcántara, Ana Curiel y Jan Sytze Mosselar, de la oficina de Nueva York de la gestora holandesa.

El encuentro se dio en un contexto de fuerte avance de los vehículos activos dentro de la industria de ETFs, un segmento que en los últimos años ha ganado terreno frente a los productos pasivos tradicionales, y en el que gestoras con trayectoria en gestión cuantitativa –como Robeco– buscan posicionarse trasladando sus capacidades de análisis a un formato cada vez más demandado por los inversores offshore.

Los ejecutivos durante el almuerzo que se realizó en Miami

Los ejecutivos durante el almuerzo que se realizó en Miami

La estrategia cuantitativa

Durante el encuentro, Sytze Mosselaar, portfolio manager, explicó el proceso de inversión del equipo cuantitativo de Robeco y destacó las oportunidades que genera el creciente peso de la inteligencia artificial en los mercados asiáticos. Los nuevos vehículos trasladan al formato ETF una estrategia con 20 años de trayectoria, que gestiona tres dimensiones –riesgo, rentabilidad y sostenibilidad– bajo un enfoque «Enhanced» que busca potenciar la exposición al índice manteniendo desviaciones limitadas.

Se trata de un desarrollo que se suma a una plataforma de ETFs activos que, en menos de 18 meses, ya alcanzó los 2.000 millones de euros (unos 2.320 millones de dólares) en activos bajo gestión, un ritmo de crecimiento que la propia gestora destaca como uno de los indicadores del interés que estos productos vienen despertando entre los inversores. Con el lanzamiento de estos dos nuevos fondos, los productos quedan disponibles específicamente para inversores del segmento offshore, ampliando así el alcance geográfico de la estrategia.

«Uno de los core strengths de Robeco»

Consultada sobre lo que más la entusiasma de los nuevos productos, Isaza puso el foco en la gestión cuantitativa de la gestora: «La gestión cuantitativa de Robeco es uno de sus core strengths y algo que hasta ahora no habíamos podido ofrecer con esta amplitud en las plataformas del mercado US Offshore. Los ETFs nos permiten incorporar esta expertise de una manera mucho más accesible para nuestros clientes«. Según explicó, el nuevo formato viene a complementar el conocimiento que los asesores financieros ya tienen de la firma: «Esto complementa muy bien las estrategias que los asesores ya conocen de Robeco, particularmente en equity fundamental y crédito. Con los Active ETFs ampliamos ese offering incorporando ahora también el expertise cuantitativa».

La ejecutiva de LarrainVial también enmarcó el lanzamiento dentro del crecimiento que atraviesa la industria de ETFs a nivel global, un fenómeno que –dijo– ninguna gestora puede permitirse ignorar: «La industria de ETFs continúa creciendo de manera significativa a nivel global, y para nosotros era fundamental participar de esa evolución. Ahora podemos hacerlo también a través de Active ETFs, combinando las ventajas de la estructura ETF con la gestión cuantitativa en las que Robeco tiene una larga trayectoria». Para Isaza, el nuevo producto es además una herramienta para profundizar el vínculo comercial con los clientes de la red offshore: «Esto nos permite profundizar la relación con nuestros clientes y posicionar a Robeco como un partner de referencia, con una oferta cada vez más amplia de soluciones y capacidades para responder a las distintas necesidades de sus portafolios», planteó.

Isaza cerró sus declaraciones con una valoración sobre el desempeño de la gestora en la construcción de esta plataforma, remarcando la velocidad con la que Robeco logró posicionarse en el segmento: «Estamos muy entusiasmados con el crecimiento que ha tenido Robeco. En apenas dos años ha logrado una importante captación de activos.  La incorporación de los Active ETFs representa un nuevo capítulo y amplía significativamente las oportunidades que podemos desarrollar con nuestros clientes».

El rol de LarrainVial como distribuidor

La alianza entre ambas firmas comenzó hace 20 años y hoy incluye a Chile, Colombia, Perú y México, con LarrainVial actuando como fuerza de ventas en los territorios offshore de EE.UU., que reorganizó sus operaciones americanas en 2023 en la entidad Robeco Americas, con sede en Nueva York, y amplió el acuerdo con LarrainVial para incluir el negocio wholesale en US Offshore y Latam, con base en Miami.

LarrainVial siguió distribuyendo los fondos de Robeco para clientes institucionales latinoamericanos como venía haciendo durante los veinte años previos. En ese mismo movimiento, María Elena Isaza y Julieta Henke —hasta entonces directoras y sales managers del negocio US Offshore y Latam de Robeco— se incorporaron a LarrainVial como managing directors, manteniendo su sede en Miami, mientras que la unificación de las actividades de Robeco en América quedó a cargo de Ignacio Alcántara, buscando eficiencia de servicio en un mercado regulado y competitivo.

La gran metamorfosis de la banca latinoamericana: de foco de crisis a pilar de estabilidad

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Hace 4 décadas, e incluso un poco más atrás, hablar de bancos latinoamericanos era hablar también de crisis de deuda, inflación, devaluaciones, rescates, nacionalizaciones y quiebras, lo que caracterizaba de hecho a las mismas economías. Hoy el escenario es radicalmente distinto: el sistema bancario de la región se ha convertido en uno de los principales amortiguadores de los ciclos económicos, con mayores niveles de capitalización, liquidez, regulación y capacidad para absorber choques.

La transformación, sin embargo, tuvo un segundo componente menos visible pero igualmente profundo: el cambio en la propiedad de la banca. Los grandes bancos que hace cuatro o cinco décadas eran predominantemente estatales, familiares o de capital nacional fueron sustituidos, vendidos o integrados en grupos financieros internacionales. En varios de los mercados más grandes de América Latina, los nombres españoles, estadounidenses, canadienses y brasileños pasaron a ocupar un lugar central.

El resultado es una industria que hoy combina tres grandes modelos: bancos de capital local privado, instituciones estatales estratégicas y grandes grupos internacionales. Esa mezcla constituye uno de los cambios estructurales más importantes de las finanzas latinoamericanas.

De la banca como fuente de crisis a la banca como amortiguador

El punto de partida de esta transformación está en las crisis de los años ochenta y noventa. La crisis de deuda de 1982 colocó a buena parte de América Latina frente a un problema simultáneo de deuda soberana, inflación, devaluaciones y fragilidad bancaria. En México, por ejemplo, la crisis llevó a la nacionalización de la banca en 1982, mientras que el sistema financiero había sido debilitado por controles gubernamentales, inflación y una fuerte exposición al sector público.

Una década después, la región volvería a experimentar fuertes episodios de inestabilidad. México sufrió la crisis de 1994-95; a su vez, Argentina y otros países enfrentaron episodios de corridas bancarias y crisis cambiarias, Venezuela registró una crisis bancaria de enormes proporciones y en distintos países se produjeron intervenciones, liquidaciones y recapitalizaciones.

El Banco Mundial documentó que la crisis mexicana de 1994 encontró a un sistema bancario debilitado por una rápida expansión del crédito y una regulación y supervisión insuficientes; los costos fiscales de los programas de apoyo llegaron a estimarse entonces entre 10% y 12% del PIB, aquello obligó a cambiar las reglas del juego.

La respuesta fue una combinación de privatización, liberalización financiera, apertura al capital extranjero, fortalecimiento de los bancos centrales, mayores requerimientos de capital, nuevas reglas de administración de riesgos y sistemas de protección de depósitos. Con el tiempo, la banca dejó de ser uno de los principales amplificadores de las crisis para convertirse, en muchos casos, en un mecanismo para absorberlas; el cambio no fue exclusivamente latinoamericano, pero la región tuvo una característica particular: la modernización financiera coincidió con una profunda internacionalización de la propiedad bancaria.

El desembarco de la banca global

La apertura de aquellos años, en medio de las crisis recurrentes, permitió que los grandes bancos internacionales compraran instituciones locales, particularmente durante las décadas de 1990 y 2000; sin duda, los bancos españoles fueron protagonistas de esa expansión. Por mencionar algunos:

  • Banco Santander construyó una de las mayores plataformas bancarias de América Latina, con posiciones relevantes en México, Chile, Argentina, Brasil y otros mercados.
  • BBVA siguió una estrategia similar y convirtió a México en uno de sus mercados internacionales más importantes.
  • Los bancos canadienses también encontraron en América Latina un mercado estratégico. Scotiabank desarrolló posiciones importantes en México, Chile, Perú y otros países.

El fenómeno fue especialmente intenso en México. La banca que había sido nacionalizada en 1982 y reprivatizada posteriormente terminó dominada por grupos internacionales en algunos de sus segmentos más importantes.

Actualmente, BBVA México, Santander México, Banorte, Banamex, HSBC México y Scotiabank México forman parte del grupo de instituciones más relevantes del mercado. BBVA y Santander son filiales de grupos españoles; HSBC pertenece al grupo británico; Scotiabank es canadiense; mientras Banorte conserva capital mexicano y Banamex se encuentra en proceso de separación del control de Citigroup. S&P Global ubica a BBVA México y Banorte entre los principales bancos de América Latina por activos.

La paradoja mexicana es reveladora: uno de los sistemas bancarios más importantes de América Latina dejó de estar dominado por capital mexicano privado, aunque conserva instituciones nacionales de gran peso.

Brasil: la excepción que confirma la regla

Brasil ofrece un contraste interesante. A diferencia de otros mercados latinoamericanos, el país conserva una poderosa banca doméstica y estatal. Los gigantes del sistema son Itaú Unibanco, Banco do Brasil, Caixa Econômica Federal y Bradesco, acompañados por Santander Brasil, BTG Pactual, Nubank y otros jugadores.

De hecho, los datos de 2025 muestran que Itaú era el mayor banco de América Latina, con activos por unos 562.000 millones de dólares, seguido por Banco do Brasil, Bradesco y Caixa. Santander Brasil ocupaba el quinto lugar regional.

Brasil conserva, además, una combinación prácticamente única en la región: los tres principales bancos estatales —Banco do Brasil, Caixa y BNDES— representaban 30,7% de los activos del sistema al cierre de 2025, mientras Itaú, Bradesco y Santander Brasil concentraban 32,5% de los activos de la banca privada.

Es decir, Brasil no siguió exactamente el camino de México porque su sistema terminó siendo más competitivo entre grandes bancos nacionales, extranjeros y estatales. Esto explica también por qué Brasil pudo desarrollar instituciones financieras de escala internacional como Itaú, Bradesco y BTG Pactual, capaces de competir fuera de sus fronteras.

Argentina: capital global, banca pública y nuevos campeones locales

Argentina representa otro caso singular; el sistema mantiene un fuerte componente estatal encabezado por Banco Nación, que continúa siendo la mayor institución por activos. De acuerdo con el Banco Central de la República Argentina, en mayo de 2026 Banco Nación encabezaba el sistema, seguido por Galicia, Santander, BBVA, Macro y Banco Provincia de Buenos Aires.

Aquí se observa con claridad la coexistencia de los tres modelos: Por un lado, Banco Nación y Banco Provincia representan la tradición de banca pública; por otro, Santander y BBVA representan la internacionalización de la banca; y finalmente, Galicia y Macro muestran el surgimiento de grupos financieros privados de capital argentino con capacidad para disputar el liderazgo.

Argentina es, además, un ejemplo de cómo la propiedad bancaria puede cambiar nuevamente de dirección: después de décadas de internacionalización, algunos activos financieros han comenzado a regresar hacia grupos locales.

Chile: un sistema pequeño, sofisticado y altamente concentrado

Chile constituye quizá uno de los casos más maduros de la región. Sus principales bancos son Banco de Crédito e Inversiones (Bci), Santander Chile, BancoEstado, Banco de Chile e Itaú Chile.

A septiembre de 2025, Bci concentraba 20,5% de los activos del sistema, Santander 16,7%, BancoEstado 14,5%, Banco de Chile 13,6% e Itaú 10,5%; pero, nuevamente aparece la mezcla de capitales. Bci mantiene un claro control local ya que el grupo denominado Empresas Juan Yarur tenía 55,36% de las acciones al 30 de junio de 2026.

Santander Chile pertenece al grupo español Santander, mientras Itaú Chile forma parte del grupo brasileño Itaú Unibanco. Chile, por tanto, muestra que la internacionalización no necesariamente significa desaparición del capital local, en su caso lo que ha cambiado es la composición del ecosistema competitivo.

Colombia: campeones locales frente a los gigantes internacionales

Colombia presenta otra variante muy interesante. Los principales grupos financieros son Bancolombia, Banco de Bogotá/Grupo Aval, Davivienda, BBVA Colombia y Scotiabank Colpatria, entre otros.

Aquí sobreviven importantes grupos de capital colombiano, especialmente Bancolombia y los conglomerados asociados con Grupo Aval, mientras los españoles y canadienses también tienen posiciones relevantes. La fortaleza del sistema se refleja en sus indicadores. El FMI señaló en su evaluación de 2025 que los bancos colombianos mantenían niveles adecuados de liquidez y capitalización, con una razón de suficiencia de capital de 18,6%, activos líquidos equivalentes a 19,7% de los activos totales y provisiones equivalentes a 114% de los créditos deteriorados. Es precisamente esta evolución la que explica el cambio de percepción sobre la banca regional.

El nuevo activo estratégico: el balance bancario

Para los inversionistas institucionales, el cambio más importante quizá no sea quién posee los bancos, sino qué tan diferente es hoy el balance de esas instituciones respecto del que existía hace 30 o 40 años. La banca latinoamericana actual opera con mayores colchones de capital y liquidez, sistemas de gestión de riesgos mucho más sofisticados y supervisores que incorporaron muchas de las lecciones de las crisis anteriores.

México es un ejemplo particularmente claro. El FMI considera que su sistema bancario mantiene elevados niveles de capital y liquidez, baja morosidad y una rentabilidad sólida, mientras las pruebas de estrés muestran capacidad para resistir una desaceleración económica pronunciada.

Pero la misma tendencia puede observarse en otros mercados; el Banco Mundial señaló que la apertura a capital extranjero, la privatización, la desregulación y, sobre todo, la reforma de la regulación y supervisión contribuyeron durante las últimas décadas a que la banca latinoamericana mejorara su salud y resistencia frente a los shocks.

De bancos nacionales a plataformas financieras globales

La gran transformación, entonces, no puede resumirse en la llegada de BBVA, Santander, Scotiabank o HSBC, porque es mucho más profunda. La banca latinoamericana dejó de ser fundamentalmente una industria nacional para convertirse en una pieza de la arquitectura financiera global.

Los bancos internacionales aportaron capital, tecnología, modelos de riesgo y acceso a mercados internacionales, a cambio encontraron en América Latina mercados con elevados márgenes, poblaciones relativamente jóvenes, baja penetración financiera y oportunidades de expansión.

Pero la historia no terminó ahí porque los bancos locales también evolucionaron. Itaú se convirtió en el mayor banco de América Latina por activos; BCI mantuvo el control familiar; Bancolombia construyó una plataforma regional; Grupo Aval consolidó operaciones en Colombia y Centroamérica; Banorte se convirtió en uno de los grandes bancos mexicanos; BTG Pactual creó un gigante regional de banca de inversión, mercados y wealth management; y, por si lago faltara, al mismo tiempo aparecieron nuevos competidores digitales.

Nubank, por ejemplo, ya se encontraba entre los diez mayores bancos brasileños por activos al cierre de 2025 y se convirtió en un actor particularmente relevante en crédito al consumo y tarjetas, la transformación, por tanto, continúa.

La banca que sobrevivió a sus propias crisis

Hay una gran ironía en esta historia del sistema bancario latinoamericano; la banca latinoamericana comenzó este largo proceso como uno de los principales focos de vulnerabilidad macroeconómica. Hoy es uno de los principales mecanismos de transmisión de estabilidad, pero eso no significa que el riesgo haya desaparecido.

La concentración bancaria, la exposición a deuda soberana, los ciclos de tasas de interés, el crédito al consumo, el riesgo cambiario y la creciente competencia de fintechs siguen siendo desafíos relevantes; la diferencia fundamental es que el sistema actual tiene herramientas que prácticamente no existían cuando las crisis bancarias dominaban las economías de la región.

Para los inversionistas internacionales, esto convierte a la banca latinoamericana en algo más que un negocio defensivo, es una apuesta sobre crecimiento económico, inclusión financiera, consumo, digitalización, mercados de capitales y administración de patrimonio, esa probablemente es la verdadera metamorfosis.

Hace medio siglo, el temor era que los bancos latinoamericanos contagiaran sus problemas a las economías; hoy en cambio en buena parte de la región, la expectativa es exactamente la contraria: que bancos con balances más sólidos, capital global y capacidad tecnológica sean parte de la infraestructura que permita a esas economías resistir el siguiente shock.

La banca latinoamericana cambió de dueño, de regulación y de modelo de negocio, pero sobre todo cambió de papel: de ser parte del problema macroeconómico pasó a convertirse en parte de la estabilidad financiera de América Latina.