El carry trade latinoamericano entra en zona de turbulencias

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El carry trade latinoamericano, una de las operaciones que durante buena parte de 2026 ha favorecido a monedas como el peso mexicano, el real brasileño y el peso colombiano, comienza a entrar en una zona de mayor turbulencia.

El problema no es que los rendimientos de Latinoamérica hayan dejado de ser atractivos. El problema es que Estados Unidos está volviendo a pagar más por el dinero, y cada incremento en el rendimiento de los bonos del Tesoro reduce la ventaja relativa de las posiciones que requieren asumir riesgo cambiario y de mercado emergente.

La señal llegó con fuerza el lunes 14 de septiembre, cuando el rendimiento del Treasury estadounidense a 10 años superó brevemente 5%, mientras el mercado elevaba la atención sobre la inflación, el petróleo y la próxima decisión de la Reserva Federal. El rendimiento alcanzó alrededor de 5,01%, su nivel más alto desde 2023.

El movimiento es todavía más relevante porque ocurre mientras el Treasury a 30 años permanece por encima de 5,3%. La combinación significa que los inversionistas globales vuelven a disponer de un activo considerado de referencia, denominado en dólares, con un rendimiento que empieza a competir seriamente con parte del atractivo que durante años ofrecieron los mercados emergentes.

Para Latinoamérica, la consecuencia no es necesariamente una salida masiva de capitales. Es algo más gradual pero igualmente importante: el rendimiento que deben ofrecer los activos de la región para convencer al inversionista de permanecer en ellos puede comenzar a aumentar.

La primera lectura ante un incremento de los Treasuries suele ser la política monetaria estadounidense, si la inflación obliga a la Fed a mantener una postura restrictiva durante más tiempo, o incluso a considerar nuevos incrementos de tasas, el diferencial frente a Latinoamérica se reduce, pero esta vez existe una diferencia.

El aumento de los rendimientos largos estadounidenses no depende exclusivamente de la tasa de fondos federales. El mercado también está incorporando mayores necesidades de financiamiento del gobierno, una deuda federal superior a 40 billones de dólares, inflación todavía elevada y una prima por plazo más alta.

El lunes, Reuters destacó precisamente que el rendimiento del Treasury a 10 años estaba siendo impulsado por una combinación de petróleo más caro, preocupaciones inflacionarias y volatilidad en los mercados globales, eso cambia la dimensión del problema para los mercados emergentes.

Si los rendimientos estadounidenses aumentaran únicamente porque la Fed estuviera subiendo la tasa de referencia, el fenómeno podría revertirse cuando el ciclo monetario cambiara. Pero si una parte importante del incremento proviene de factores estructurales que afectan al mercado de deuda estadounidense, las tasas largas pueden permanecer elevadas incluso cuando la Fed deje de subir o eventualmente comience a recortar. Para los inversionistas latinoamericanos, esa distinción es fundamental.

El premio latinoamericano comienza a reducirse

El atractivo del carry trade puede explicarse de manera sencilla: el inversionista busca financiarse en una moneda con una tasa relativamente baja y colocar esos recursos en otra donde el rendimiento sea mayor. México, Brasil y Colombia se han convertido en destinos importantes de estas estrategias precisamente por sus elevados diferenciales de tasas.

Durante 2026, el carry trade ha encontrado apoyo en la baja volatilidad y en los altos rendimientos de monedas latinoamericanas. Distintos estrategas han señalado al peso mexicano, al real brasileño y al peso colombiano entre las monedas utilizadas en este tipo de operaciones; el problema aparece cuando la alternativa estadounidense comienza a ofrecer un rendimiento mayor.

La comparación que realiza un inversionista internacional no consiste simplemente en enfrentar la tasa mexicana contra la estadounidense. El cálculo real incorpora el rendimiento del Treasury, el diferencial de tasas, la expectativa de depreciación de la moneda, el costo de cobertura, la volatilidad y el riesgo específico del país.

Por eso, un Treasury a 5% no necesita pagar lo mismo que un bono mexicano a 9.5% para convertirse en un competidor relevante. Por ejemplo, el bono mexicano a 10 años cerró el 14 de septiembre alrededor de 9,52%, con un incremento de cinco puntos base en la sesión; sobre el papel, todavía existe una diferencia de casi 4,5 puntos porcentuales.

Pero ese diferencial puede cambiar rápidamente si el Treasury sigue subiendo mientras los bancos centrales latinoamericanos continúan reduciendo sus tasas. Y México representa precisamente uno de los casos más interesantes.

México: el doble movimiento que puede complicar al pesoLa economía mexicana enfrenta una situación particularmente delicada para el carry trade; por un lado, los rendimientos locales siguen siendo considerablemente superiores a los estadounidenses. Por otro, Banco de México se encuentra en un proceso de relajación monetaria, mientras el mercado observa con atención la trayectoria de las tasas estadounidenses, esto genera un posible efecto de pinza porque mientras Estados Unidos sube o mantiene elevadas sus tasas México baja las suyas, lo que significa que el diferencial se reduce desde ambos extremos.

El atractivo del peso no desaparece automáticamente, pero cada recorte de Banxico reduce una parte del premio que recibe el inversionista extranjero por mantener activos denominados en pesos, y si simultáneamente el Treasury ofrece más rendimiento, el capital tiene una alternativa cada vez más competitiva.

El mercado cambiario ya ha mostrado sensibilidad a esta dinámica. El fortalecimiento del dólar y el aumento de los rendimientos estadounidenses han reducido el atractivo relativo del carry en monedas latinoamericanas, mientras el peso ha figurado entre las divisas utilizadas en estas estrategias. Reuters señaló recientemente que el peso mexicano se encontraba entre las monedas afectadas por los movimientos que estaban alterando las operaciones de carry.

La verdadera amenaza está en el dólarExiste además un segundo mecanismo; el carry trade funciona mejor cuando las monedas receptoras de capital permanecen estables o se aprecian. Si el inversionista obtiene 8% o 10% de rendimiento en moneda local pero pierde 5% por una depreciación frente al dólar, buena parte de la ventaja desaparece.

Por eso, el rendimiento del bono estadounidense y el comportamiento del dólar forman parte de la misma ecuación. Una subida de los Treasuries puede atraer capital hacia Estados Unidos; si además fortalece al dólar, aumenta la presión sobre las monedas emergentes y hace más costoso mantener posiciones en ellas.

La experiencia reciente del yen ofrece una advertencia. Reuters señaló que el yen avanzó casi 5% durante septiembre frente a varias monedas utilizadas habitualmente en operaciones de carry, entre ellas el peso mexicano, y recordó que la volatilidad cambiaria puede superar rápidamente las ganancias derivadas de los diferenciales de tasas.

Pero no se trata de afirmar que el carry trade latinoamericano esté a punto de desmantelarse, sino de reconocer que la operación deja de ser tan cómoda cuando aumenta la volatilidad y disminuye el diferencial de rendimiento ajustado por riesgo.

Brasil tampoco está fuera del problemaBrasil presenta una situación distinta porque sus tasas continúan siendo extraordinariamente elevadas y el real ha sido uno de los principales beneficiarios de las estrategias de carry. El lunes 14 de septiembre, el dólar llegó a cotizar alrededor de 5,16 reales, en un mercado influido por las tensiones geopolíticas, el petróleo y las expectativas sobre las decisiones monetarias tanto de Brasil como de Estados Unidos.

Pero precisamente porque Brasil ofrece rendimientos elevados, también concentra una parte importante del interés de los inversionistas internacionales que buscan carry.

El dilema es que una operación de este tipo puede funcionar extraordinariamente bien mientras se mantienen tres condiciones: diferencial amplio de tasas, baja volatilidad y estabilidad cambiaria. Cuando una de ellas desaparece, el ajuste puede ser rápido y ahora las tres variables están comenzando a moverse.

El Treasury vuelve a competir por el ahorro mundialEl fenómeno puede tener consecuencias que van más allá del mercado cambiario; para los fondos de inversión, administradores de activos y family offices latinoamericanos, el aumento de los Treasuries vuelve a introducir una pregunta que durante varios años perdió importancia: ¿Cuánto riesgo adicional vale la pena asumir para obtener algunos puntos porcentuales más de rendimiento?

Un administrador que puede obtener alrededor de 5% en un Treasury estadounidense a 10 años debe comparar ese rendimiento con el que puede obtener en deuda mexicana, brasileña, colombiana o chilena, pero también con la volatilidad de cada moneda y con el riesgo de que los diferenciales de tasas continúen reduciéndose.

Eso puede modificar la asignación de activos; los fondos internacionales que durante meses privilegiaron deuda emergente pueden comenzar a exigir mayores rendimientos para conservar esas posiciones. Los fondos locales pueden enfrentar mayores costos de financiamiento. Y los gestores patrimoniales pueden volver a incrementar la exposición a activos denominados en dólares si consideran que la relación riesgo-rendimiento se ha vuelto más favorable, la competencia ya no es solamente entre México y Brasil, es Latinoamérica contra el Treasury por una parte del ahorro global.

La situación también coloca a los bancos centrales latinoamericanos ante una disyuntiva; si la inflación doméstica lo permite, necesitan reducir las tasas para estimular economías que muestran señales de desaceleración. Pero si reducen demasiado rápido mientras los rendimientos estadounidenses permanecen elevados, pueden reducir el atractivo de sus monedas y aumentar la presión cambiaria.

Una depreciación importante, a su vez, puede trasladarse a los precios de bienes importados y dificultar el proceso de desinflación, eso no significa que los bancos centrales de la región deban seguir automáticamente a la Fed, pero el mercado de bonos estadounidense vuelve a convertirse en una restricción externa más importante para la política monetaria latinoamericana, durante la era de tasas ultrabajas, esa restricción perdió buena parte de su fuerza y ahora está regresando.

Para los fondos, la oportunidad y el riesgo están en el mismo lugarEl escenario tampoco es exclusivamente negativo; las elevadas tasas latinoamericanas siguen ofreciendo una oportunidad considerable para los fondos de renta fija. Un bono mexicano a 10 años alrededor de 9,5% continúa ofreciendo un rendimiento nominal muy superior al Treasury a 10 años, el problema es determinar cuánto de ese rendimiento adicional compensa realmente los riesgos.

Para un fondo con horizonte largo y una visión favorable sobre el peso, el diferencial puede continuar siendo suficientemente atractivo, y para un inversionista que teme una depreciación cambiaria o una mayor subida de los Treasuries, la ecuación es distinta. Por ello, el debate para los gestores ya no consiste simplemente en “comprar rendimiento”.

Ahora consiste en determinar si el rendimiento adicional de Latinoamérica es suficiente para compensar el riesgo de que el dólar vuelva a fortalecerse, que los Treasuries sigan subiendo y que los bancos centrales de la región reduzcan sus tasas.

La turbulencia apenas comienzaEl carry trade latinoamericano todavía tiene argumentos a su favor; los diferenciales de tasas siguen siendo amplios, las monedas de la región conservan atractivo y, en algunos casos, las condiciones fiscales y externas son considerablemente mejores que en episodios anteriores de estrés.

Pero la ecuación global está cambiando, el Treasury a 10 años volvió a superar 5%, mientras el bono a 30 años permanece por encima de 5.3%. Al mismo tiempo, el dólar mantiene capacidad de fortalecerse cuando aumentan la aversión al riesgo y las expectativas de tasas estadounidenses más altas.

El resultado es un entorno mucho menos cómodo para las operaciones que dependen exclusivamente del diferencial de tasas, el riesgo para Latinoamérica, por tanto, no es que Estados Unidos vuelva a ofrecer los rendimientos más altos del mundo, consiste en que vuelva a ofrecer rendimientos suficientemente altos como para que los inversionistas ya no necesiten asumir tanto riesgo latinoamericano para obtenerlos.

Esa diferencia puede parecer pequeña, pero para los mercados de fondos, deuda y divisas puede marcar un cambio importante, durante meses, el dinero internacional encontró en Latinoamérica una combinación atractiva de tasas elevadas y monedas relativamente estables pero ahora el Treasury está reclamando nuevamente una parte de ese capital.

Y mientras el bono estadounidense siga subiendo, el carry trade latinoamericano tendrá que demostrar que su premio todavía vale el riesgo.

40 billones de razones que presionarán el rendimiento del bono de EU en el largo plazo

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El rendimiento del Treasury a 30 años llegó a 5,37%, mientras el bono a 10 años superó el 5%. El mercado comienza a exigir una prima mayor por financiar al gobierno estadounidense en un contexto marcado por déficits fiscales, una deuda superior a 40 billones de dólares, inflación persistente y una creciente demanda de capital para financiar la inversión en inteligencia artificial. Así, según analistas, operadores y expertos en mercados de dinero, el mercado de bonos del Tesoro de Estados Unidos está enviando una señal que trasciende la próxima decisión de la Reserva Federal y que podría consistir en el hecho de que el costo de financiar al gobierno estadounidense podría haber entrado en una nueva etapa estructural.

El rendimiento del Treasury a 30 años alcanzó 5,37% el 10 de septiembre, su nivel más alto desde 2007, antes de moderarse ligeramente, mientras que apenas este lunes 14 de septiembre se ubicó en 5,34%, todavía en niveles que no se observaban desde antes de la crisis financiera global. El movimiento también alcanzó al tramo de referencia de la curva. El rendimiento del bono a 10 años superó brevemente 5% el 14 de septiembre y llegó a 5,01%, su nivel más alto desde octubre de 2023, de acuerdo con Reuters.

No se trata solamente de una reacción a las expectativas sobre la política monetaria. El mercado está incorporando una combinación más compleja de factores: inflación todavía por encima del objetivo de la Fed, petróleo y energía más caros, enormes necesidades de financiamiento del gobierno, una oferta creciente de deuda corporativa vinculada con la inteligencia artificial y dudas sobre la capacidad de la demanda para absorber todo ese volumen de bonos sin exigir una compensación mayor. Para los inversionistas institucionales, la pregunta empieza a ser diferente: ¿estamos ante un episodio temporal de tasas elevadas o ante un nuevo régimen de rendimientos estructuralmente más altos?

Goldman Sachs Research se inclina por la segunda posibilidad. De acuerdo con el análisis de los expertos, el nivel de 5% no tiene la misma importancia técnica para todos los vencimientos, pero en el caso del Treasury a 30 años representa un cambio particularmente significativo. El Departamento del Tesoro muestra que el rendimiento del bono de referencia a 30 años pasó de 5,25% el 4 de septiembre a 5,39% el 10 de septiembre. Aunque posteriormente retrocedió, todavía permanecía en 5,34% al cierre del 14 de septiembre. La magnitud del movimiento importa porque los bonos de larga duración son particularmente sensibles a las expectativas sobre inflación, crecimiento, oferta de deuda y prima por plazo.

En otras palabras, el mercado no solamente está preguntando dónde estará la tasa de fondos federales en los próximos meses sino que está tratando de determinar cuánto rendimiento adicional necesita para mantener deuda estadounidense durante 10, 20 o 30 años, y esa prima parece haber aumentado. Goldman Sachs Research considera que algunas de las fuerzas que han impulsado el incremento en el mercado de bonos podrían desaparecer, pero que las preocupaciones fiscales probablemente persistirán. El dato resulta particularmente relevante porque la subida ha ocurrido de manera relativamente ordenada. George Cole, jefe de estrategia de tasas europeas de Goldman Sachs Research, destacó que la ausencia de un incremento significativo de la volatilidad dificulta argumentar que el mercado esté fundamentalmente mal valuado. La lectura es importante: si los rendimientos están subiendo porque los fundamentales cambiaron, no necesariamente bastará con una intervención puntual del Tesoro o con una modificación de las expectativas de la Fed para hacerlos regresar a los niveles anteriores.

El déficit empieza a competir con la Fed

Para los expertos, la principal diferencia entre el episodio actual y otros ciclos de tasas elevadas está en el peso de las necesidades fiscales. El déficit presupuestario estadounidense acumulado en el ejercicio fiscal 2026 alcanzó aproximadamente 1,97 billones de dólares hasta agosto, por encima de los 1,775 billones registrados durante todo el ejercicio fiscal 2025. Los pagos de intereses de la deuda también aumentaron: el gasto acumulado por este concepto era 13% superior al del mismo periodo del año anterior.

Al mismo tiempo, la deuda federal estadounidense ya superó los 40 billones de dólares, un umbral que está adquiriendo relevancia creciente en el mercado. La combinación genera un problema conocido pero cada vez más visible: cuanto mayor es el déficit, mayor es la necesidad de emitir deuda; cuanto mayor es la cantidad de deuda que debe absorber el mercado, mayor puede ser el rendimiento que los inversionistas exigen para comprarla. Además, existe un segundo efecto. Los rendimientos elevados aumentan el costo de refinanciar la deuda existente, lo que incrementa el gasto por intereses y puede generar nuevas necesidades de financiamiento; se trata de una dinámica que no implica necesariamente una crisis, pero sí puede hacer que la política fiscal tenga una influencia cada vez mayor sobre la curva de rendimientos.

Reuters señala que el mercado sigue funcionando de manera ordenada pese a que la deuda estadounidense ya superó los 40 billones de dólares, y destaca que el déficit ronda 6% del PIB, mientras que el crecimiento nominal se mantiene cerca de 6%. Esto es fundamental: los niveles actuales no significan que el mercado considere inminente un impago estadounidense, lo que están reflejando es que financiar al gobierno tiene un precio mayor y lo anterior se complica si además entran en juego factores geoeconómicos adicionales.

La IA también está compitiendo por el ahorro

Hay otro factor que Goldman Sachs coloca en el centro de la discusión: la inteligencia artificial. La inversión en infraestructura de IA está generando una enorme demanda de capital. Empresas tecnológicas y compañías vinculadas con centros de datos están recurriendo cada vez más al mercado de deuda para financiar proyectos de gran escala. Reuters estima que la emisión de deuda vinculada con proyectos de inteligencia artificial alcanzó casi 500.000 millones de dólares durante 2026 hasta principios de agosto, equivalente a alrededor de 20% de toda la deuda estadounidense con grado de inversión emitida en ese periodo, frente a apenas 1% en 2024.

Por su parte, Goldman Sachs plantea una dimensión todavía más amplia: el endeudamiento asociado con inversiones en inteligencia artificial podría llegar a representar alrededor de 1% del PIB mundial, incrementando la competencia por el ahorro disponible a escala global. La consecuencia para los bonos gubernamentales es directa; si los gobiernos y empresas demandan simultáneamente más capital, los inversionistas tienen mayor capacidad para exigir una rentabilidad superior. La cuestión deja de ser exclusivamente cuánto dinero necesita Washington y pasa a ser cuánto capital requiere el mundo para financiar la siguiente ola de inversión.

El petróleo complica el escenario

El mercado recibió además un nuevo shock inflacionario procedente de la energía; el petróleo Brent llegó a superar los 100 dólares por barril en medio de las tensiones geopolíticas y las interrupciones de suministro en Medio Oriente. El encarecimiento de la energía volvió a alimentar las expectativas de inflación y redujo la confianza en una rápida relajación monetaria. Por su parte, el dato de inflación estadounidense de agosto tampoco permitió despejar completamente las dudas porque el índice de precios al consumidor aumentó 0,4% mensual y 3,4% anual, de acuerdo con datos citados por Reuters. Aunque la lectura estuvo en línea con las expectativas, el comportamiento de la energía y los alimentos mantiene presión sobre las perspectivas inflacionarias.

Para los bonos de largo plazo, el problema es particularmente sensible, una inflación elevada durante un periodo prolongado erosiona el valor real de los flujos futuros que recibirán los tenedores de bonos. Por ello, los inversionistas pueden exigir una mayor compensación en forma de rendimiento y eso ayuda a explicar por qué los vencimientos largos están sufriendo una presión mayor que los cortos. En este contexto, el movimiento reciente de la curva de Treasuries es revelador; el 14 de septiembre el rendimiento a dos años se encontraba alrededor de 4,18%, mientras que el de 10 años alcanzaba 4,97% y el de 30 años 5,34%.

La diferencia entre el corto y el largo plazo muestra que el mercado está incorporando una prima considerable por mantener deuda durante periodos extensos, esto puede interpretarse como una combinación de expectativas de tasas, inflación, oferta de deuda y prima por plazo. Es aquí donde aparece una de las ideas centrales de Goldman Sachs: las tasas largas pueden permanecer elevadas incluso si algunos de los factores que impulsaron el repunte desaparecen; es decir, la energía podría abaratarse, la inflación podría moderarse y la inversión en IA podría demostrar que sus retornos son suficientemente elevados como para reducir la necesidad de endeudamiento. Pero, el déficit fiscal permanecería. “Las preocupaciones fiscales no desaparecerán”, es la conclusión de Goldman Sachs Research sobre uno de los factores estructurales detrás de los mayores rendimientos.

El Tesoro intenta intervenir, pero el mercado no se convence

El gobierno estadounidense tampoco está ignorando el comportamiento del mercado. El Tesoro anunció en septiembre que ampliaría sus operaciones de recompra de deuda de largo plazo hasta 6.000 millones de dólares, triplicando el tamaño de una operación anterior. El objetivo es mejorar la liquidez y retirar del mercado algunos bonos antiguos y menos líquidos. Sin embargo, el anuncio no consiguió revertir de manera duradera la presión sobre los rendimientos; el mercado recibió la operación con cautela porque las recompras pueden modificar la composición de la deuda, pero no reducen las necesidades generales de financiamiento del gobierno.

Goldman Sachs ha advertido precisamente sobre esta limitación: cambiar la composición de los vencimientos no resuelve por sí mismo el problema fiscal que está detrás de la presión sobre las tasas largas; el mensaje es relevante para los administradores de renta fija y consiste en el hecho de que si el problema es estructural las herramientas de gestión de liquidez pueden ayudar a estabilizar el mercado, pero difícilmente modificarán por sí solas el nivel de equilibrio de las tasas.

¿Una nueva oportunidad para los fondos de bonos?

El otro lado de la historia es menos negativo; un Treasury a 30 años con un rendimiento superior a 5% vuelve a ofrecer una fuente de ingreso que durante años fue prácticamente inexistente para los inversionistas de renta fija; para fondos de inversión, aseguradoras, fondos de pensiones y gestores patrimoniales, el nuevo escenario puede representar una oportunidad para reconstruir carteras de duración. La pregunta es el riesgo de entrar demasiado pronto. Comprar un bono a 30 años con un rendimiento de 5,3% puede parecer atractivo frente a los niveles de la última década, pero si el rendimiento sube a 5,7% o 6%, el precio del bono caerá y las pérdidas de valuación pueden ser significativas; la duración vuelve, por tanto, a ocupar un lugar central en la gestión.

Para un inversionista institucional con horizonte largo, un Treasury de 30 años puede representar una oportunidad para asegurar rendimientos nominales elevados durante décadas, mientras que para un fondo con restricciones de volatilidad o necesidades de liquidez de corto plazo, la misma posición puede representar un riesgo considerable. Quienes saben del mercado de dinero señalan que el atractivo no está solamente en el cupón, está en qué tan alto puede llegar el rendimiento antes de que la oportunidad se convierta en una trampa de duración. Existe además una consecuencia importante para los mercados accionarios.

El impacto sobre las acciones

Un Treasury a 30 años por encima de 5% aumenta el rendimiento disponible en activos considerados de muy bajo riesgo crediticio. Eso cambia el cálculo de los inversionistas frente a las acciones, particularmente cuando las valuaciones bursátiles son elevadas. Reuters señaló que el nivel de 5% en el Treasury a 10 años podría aumentar la competencia de los bonos frente a las acciones y presionar valuaciones que habían sido sostenidas por expectativas de crecimiento y beneficios corporativos, dicho efecto es especialmente relevante para las empresas tecnológicas.

La inversión en IA necesita cantidades enormes de capital y muchas de las compañías involucradas han recurrido al mercado de deuda. Si las tasas libres de riesgo permanecen elevadas, aumenta el costo de capital de toda la cadena y el mercado, por tanto, enfrenta una paradoja. La IA está impulsando inversión, productividad y expectativas de crecimiento, pero también está aumentando la demanda de financiamiento que contribuye a elevar el costo del capital.

El Treasury ya no puede darse por descontado

Durante décadas, los bonos del Tesoro estadounidense fueron considerados el activo de referencia para la gestión de liquidez global y la preservación de capital, pero el mercado está introduciendo una distinción importante: que un activo sea considerado libre de riesgo de crédito no significa que esté libre de riesgo de duración, inflación o valuación. El cambio en la composición de los compradores también importa. El Financial Times señala que la participación de tenedores tradicionalmente poco sensibles al precio, como algunos bancos centrales, ha disminuido, mientras que fondos y hogares —más sensibles al rendimiento— tienen un papel mayor en el mercado.

Esto puede aumentar la sensibilidad de los Treasuries a las condiciones del mercado; si los inversionistas privados tienen que absorber una proporción mayor de las nuevas emisiones, el Tesoro puede necesitar ofrecer rendimientos más atractivos para asegurar la demanda. No significa que el Treasury haya perdido su papel central. Significa que la seguridad crediticia estadounidense ya no garantiza por sí sola una demanda ilimitada a cualquier precio y es ahí donde hace su aparición la presgunta central para todo el mundo.

¿Hasta dónde pueden llegar las tasas?

Esta es la gran pregunta que dominará el mercado durante los próximos meses; algunos señalan que una parte del incremento puede revertirse si disminuyen los precios de la energía, se modera la inflación y se reduce la expectativa de nuevas alzas de tasas por parte de la Reserva Federal. Pero Goldman Sachs plantea una advertencia más profunda: aunque esos factores temporales desaparezcan, los problemas fiscales seguirán presentes. Eso explicaría por qué las tasas largas podrían mantenerse elevadas incluso cuando la Fed eventualmente comience a relajar su política monetaria.

La experiencia de los últimos años ya demostró que la tasa de fondos federales y el rendimiento del Treasury a 30 años no son la misma cosa; la Fed controla directamente el extremo corto de la curva pero el mercado determina en buena medida qué rendimiento exige por prestar dinero durante 10, 20 o 30 años, y en este momento está pidiendo más. El repunte de los Treasuries tiene una lectura doble para los mercados. Por un lado, representa un desafío para el gobierno estadounidense, para los emisores corporativos y para las valuaciones de activos de riesgo; por otro, puede marcar el regreso de la renta fija como una alternativa de inversión capaz de competir nuevamente con las acciones por el capital institucional.

El Treasury a 30 años por encima de 5% no es una señal automática de crisis. Tampoco implica que Estados Unidos esté perdiendo el control de su mercado de deuda. lo que sí revela es un cambio en la relación entre deuda, inflación, inversión y ahorro global. Estados Unidos necesita financiar déficits elevados, las empresas necesitan capital para construir la infraestructura de la inteligencia artificial y los gobiernos de otras economías desarrolladas también están emitiendo más deuda. Mientras, los inversionistas tienen un límite sobre cuánto capital pueden destinar a absorber esa oferta.

En ese escenario, el precio que equilibra oferta y demanda es el rendimiento y ese precio acaba de alcanzar niveles que no se veían desde antes de la crisis financiera de 2008. La cuestión para los mercados ya no es solamente si la Fed bajará o subirá las tasas, ahora consiste en saber si el mundo ha entrado en una era en la que financiar grandes déficits e inversiones de largo plazo requerirá permanentemente rendimientos más altos. Si la respuesta es afirmativa, el 5,37% alcanzado por el Treasury a 30 años podría terminar siendo más allá de un máximo histórico, el comienzo de una nueva referencia para el mercado global de renta fija.

Los efectos a largo plazo de la implantación de la IA

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Foto cedidaDrew T. Matus, Chief Market Strategist de MetLife Investment Management .

La segunda edición del Funds Society Leaders Summit, en colaboración con CFA Society Spain, contó con un análisis por parte de MetLife Investment Management, en el que Drew T. Matus, Chief Market Strategist de la firma, se centró en cómo ve el mundo ahora mismo y cómo cree que evolucionará; de sus riesgos y, sobre todo, del impacto de la inteligencia artificial. 

Matus afirmó que el crecimiento está siendo impulsado principalmente por la IA: Estados Unidos o Corea están experimentando un crecimiento acelerado pero el resto del mundo está teniendo algunas dificultades para recuperarse de la debilidad del año pasado. Todo, en un contexto de inflación y con altas rentabilidades, “lo cual no es necesariamente algo malo”. 

El experto observa que, a pesar de la volatilidad geopolítica y la inflación, las expectativas de una recesión en cualquiera de estas regiones son bastante bajas. “La gente se siente muy cómoda con que el statu quo se mantendrá indefinidamente, lo cual es un tanto extraño, dado que los rendimientos se están normalizando y hay mucho riesgo en el lado geopolítico”, comenta, para puntualizar que el único país que está actuando de forma remotamente anormal en comparación con el período más reciente es Japón.

Matus explica que la inteligencia artificial, a medida que se vaya extendiendo por el mundo y se utilice con mayor frecuencia en las diferentes regiones, “podría reducir la brecha entre Estados Unidos y el resto del mundo en términos de crecimiento de la productividad, lo que implicaría reducir el diferencial en términos de crecimiento potencial del PIB”. Una circunstancia que daría solución a problemas como los déficits gubernamentales, pues según el experto, “si se logra superar el déficit, se estará en una posición bastante favorable”. 

Pero el futuro, a junio de Matus, podría deparar tanto una reducción como una ampliación de esta brecha. En última instancia, “dependerá de los responsables políticos, en este caso en Europa, aunque lo mismo ocurre en algunas partes de Asia”, por lo que “corresponde a los responsables políticos determinar si desean cerrar esta brecha o no, y cómo regular las tecnologías emergentes que podrían permitirlo”.

Riesgos

Uno de los principales riesgos que ve Mateus relacionado con la IA no reside en la promesa de la tecnología en sí. Los directores ejecutivos creen que basta con implementar esta tecnología en sus empresas y que, con solo dar acceso a la herramienta a todos, todo se solucionará solo. “Pero la realidad es que se necesita una empresa diseñada para utilizar la nueva tecnología”, apunta, por lo que, desde el punto de vista operativo, es mucho más difícil aprovecharla que en cualquier otro momento y ahora “los directores ejecutivos han empezado a darse cuenta de que han hecho muchas promesas que no pueden cumplir”.

Matus pone el foco en la falta de evidencias que apunten a que la IA está dejando a los jóvenes sin trabajo. De hecho, en Estados Unidos, hay contrataciones, pero a trabajadores con experiencia,”lo cual es precisamente lo contrario de lo que se pretende con la IA, porque los trabajadores con experiencia son los que se pueden reemplazar y suelen ser más caros”. En definitiva, no observa un aumento del desempleo ni del subempleo ni tampoco niveles de productividad elevados en Estados Unidos. En concreto, las cifras del último trimestre están en consonancia con la media de los últimos 10 años e, incluso, de los últimos 50 años. “Si buscamos IA en los datos, aún no la hemos encontrado”, sentencia. Por lo tanto, observa una oportunidad para los mercados, “ya que todavía no hemos visto el impacto positivo de la IA en la economía en general, ni en Estados Unidos ni, francamente, en ningún otro lugar”. 

Otro aspecto que Matus ve preocupante es que un sector que debería beneficiarse de la inteligencia artificial y de todas las mejoras de productividad que conlleva es el sector financiero. Pero no está experimentando un buen momento bursátil en los mercados del calibre del sector tecnológico o del mercado en general. “El mercado se ha dejado llevar por la idea de que la IA será una tecnología revolucionaria, pero aún no hay pruebas concluyentes”, señala Matus.

En definitiva, el experto concluye que el mercado apuesta por el optimismo a corto plazo en torno a la IA. Pero la realidad es que la IA tardará en integrarse en la economía. Por eso, anticipa que, a medida que la IA se extienda por la economía, “tendrá todos los efectos que se prometen a corto plazo, pero no los veremos pronto”.

El largo plazo

¿Cómo creemos que se desarrollará esto a largo plazo? Para entender las ganancias de productividad en Estados Unidos, Matus echa mano de la tecnología y su máximo aprovechamiento. Y la metodología que usó el país para lograrlo -a través de la formación al empleado- fue “la correcta, ya sea por la menor regulación o por cualquier otro motivo”.

Matus pone cifras al crecimiento potencial estadounidense con la aplicación de la IA: entre 4% y el 4,5% en los próximos 10 años, “algo que nunca habíamos visto en una economía de mercado desarrollada”. Sólo sería comparable a lo visto tras la entrada de China en la OMC. Matus señala, en este punto, que esta es una de las razones por las que, cuando se analiza el déficit estadounidense o se percibe que a los estadounidenses no les importa, “es porque realmente no nos importa, creemos que podemos superarlo”. 

Y habrá cambios en la economía, como ha sucedido en otras revoluciones tecnológicas. De hecho, Matus no descarta que algunas de las mayores empresas en 2025 no estarán en esos puestos en el futuro. Tal y como sucedió con los gigantes de los años 90. Entonces, lo que resultó evidente -y que Matus considera un riesgo, al considerar la inteligencia artificial y todos los cambios que se están produciendo en la economía mundial- es que las empresas que supieron cómo utilizar la nueva tecnología son precisamente las que se encuentran en ese grupo.

“Una o dos de ellas están directamente relacionadas con la tecnología, pero, en general, simplemente le dan un enfoque diferente a las nuevas tecnologías. Así pues, al reflexionar sobre cómo será el mundo en 2035, 2040 y 2050, los ganadores y perdedores no serán necesariamente los nombres que aparecen hoy en las portadas del Financial Times y el Wall Street Journal. Se trata, en realidad, de empresas que están descubriendo cómo utilizar la tecnología que se les ofrece”, concluye.

Allianz Global Investors y BTG Pactual sellan un acuerdo de distribución para US Offshore y Latinoamérica

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Foto cedidaAlexandra Auer, responsable de Distribución para EMEA de Allianz Global Investors

Allianz Global Investors (AllianzGI) y BTG Pactual han anunciado una alianza estratégica de distribución para el mercado US Offshore y varios países de Latinoamérica, entre ellos Brasil, Argentina y Uruguay. Según el acuerdo, BTG Pactual distribuirá las estrategias de inversión activa de AllianzGI en mercados cotizados y privados.

Según destacaron a través de un comunicado, la alianza combina la experiencia global de AllianzGI en inversión y gestión activa con la consolidada red de distribución regional de BTG Pactual, su conocimiento de los mercados locales y sus sólidas relaciones con clientes. La colaboración permitirá ampliar el acceso de los inversionistas a estrategias internacionales, con el respaldo de un servicio al cliente con un enfoque local.

El acuerdo, recalcaron, refuerza el compromiso de AllianzGI con el mercado US Offshore, una prioridad estratégica para la firma, y refleja su objetivo de seguir ampliando su presencia en Brasil, Argentina y Uruguay.

“Latinoamérica es un mercado estratégico para Allianz Global Investors y esta alianza con BTG Pactual supone un paso importante para seguir impulsando y reforzando nuestra presencia en la región. La experiencia local de BTG Pactual, sus sólidas relaciones con clientes y su consolidada red de distribución lo convierten en un socio clave para AllianzGI. Juntos podremos responder mejor a las necesidades de los inversionistas de US Offshore y ampliar el acceso a nuestras estrategias de inversión activa en Brasil, Argentina, Uruguay y otros mercados de la región», señaló Alexandra Auer, responsable de Distribución para EMEA de Allianz Global Investors.

«Nos complace profundizar nuestra relación con Allianz Global Investors a través de esta alianza estratégica, plenamente alineada con nuestro objetivo de colaborar con las principales gestoras internacionales para ofrecer a nuestros clientes acceso a soluciones de inversión de primer nivel. Esta colaboración nos permitirá ampliar el acceso a las capacidades de inversión de AllianzGI para clientes del mercado offshore de Estados Unidos y de América Latina. Nuestra actividad de distribución estará impulsada por un equipo especializado de más de 30 profesionales, que trabajará estrechamente con AllianzGI para impulsar el desarrollo de este negocio a largo plazo. Confiamos en construir una alianza sólida, exitosa y duradera”, afirmó Rubens Henriques, socio director y CEO de BTG Pactual Asset Management.

State Street nombra a MostaphaTahiri presidente de su plataforma Alpha y a Ann Fogarty directora de Operaciones

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State Street Corporation ha anunciado el nombramiento de nuevos ejecutivos para respaldar la siguiente fase de la estrategia de crecimiento de la firma y su enfoque continuo en impulsar la innovación y la transformación para ayudar a los clientes a obtener mejores resultados en unos mercados globales cada vez más complejos. En concreto, Mostapha Tahiri, hasta ahora director de operaciones globales, se convertirá en presidente de State Street Alpha, ha asumido la responsabilidad sobre Alpha, Charles River Development (CRD) y un conjunto de soluciones de plataforma innovadoras; y  Ann Fogarty, hasta ahora directora de operaciones de Servicios de Inversión (Investment Services), ha sido nombrada directora de Operaciones Globales (Enterprise Chief Operating Officer).

Sobre el nombramiento de Tahiri, la firma aclara que Alpha es la plataforma integrada de extremo a extremo (front-to-back) líder de State Street, que aúna la tecnología de front-office de CRD con las capacidades de servicios, mercados y datos de la firma para ofrecer a los inversores una experiencia de plataforma única a lo largo de todo el ciclo de vida de la inversión. Basándose en su profunda experiencia comercial, con clientes, tecnológica, de IA y operativa, Tahiri asumirá la responsabilidad integral de la estrategia comercial, la estrategia de producto, la tecnología y la entrega al cliente de Alpha y CRD. Aprovechando la solidez de esta plataforma, Tahiri se centrará en acelerar el crecimiento, reforzar la ejecución, transformar el modelo operativo y maximizar todo el potencial de la innovación en todo el negocio.

Tahiri también ejercerá como presidente para Asia-Pacífico (APAC). Tras haber desarrollado gran parte de su carrera prestando servicios a clientes en APAC y tras su reciente regreso a Singapur, Tahiri se encuentra en una posición idónea para supervisar las relaciones comerciales de State Street en la región con clientes clave, organismos reguladores y socios estratégicos. Continuará formando parte del Comité Ejecutivo de State Street. Este ejecutivo cuenta con casi 30 años de experiencia internacional en el sector de la gestión de activos, servicios para activos, plataformas de inversión y tecnología financiera. Su trayectoria incluye la dirección y transformación de negocios globales complejos y el impulso de iniciativas en las que confluyen clientes, tecnología y operaciones.

Otro de los cambios anunciados afecta a Ann Fogarty, hasta ahora directora de operaciones de Servicios de Inversión (Investment Services), ha sido nombrada directora de Operaciones Globales (Enterprise Chief Operating Officer), sucediendo a Tahiri. Desde su nuevo cargo también reportará a O’Hanley. Como directora de operaciones globales, liderará las áreas de tecnología y operaciones globales de la entidad, e impulsará la agenda de modernización tecnológica e IA de State Street, lo que refleja la creciente convergencia de la tecnología, las operaciones, los datos, la resiliencia y el servicio al cliente en toda la industria. Continuará codirigiendo el programa de transformación global de la firma junto con John Woods, director financiero (CFO), ayudando a acelerar la innovación, generar mayor escala y eficiencia, reducir tiempos de ciclo y reforzar aún más la calidad de los resultados para los clientes en todos los negocios de State Street. Fogarty seguirá formando parte del Comité Ejecutivo de la firma. Fogarty aporta casi cuatro décadas de experiencia en el sector. Ha dirigido las operaciones clave con clientes de Servicios de Inversión, donde impulsó iniciativas de simplificación operativa, resiliencia y transformación global en toda la entidad. Fogarty también preside el Consejo de Supervisión de State Street Bank International GmbH (SSBI), nuestro principal banco europeo.

A raíz de estos cambios, Ron O’Hanley, presidente y consejero delegado (CEO) de State Street, ha destacado: «Nuestros clientes se enfrentan a mercados y entornos operativos cada vez más complejos, y demandan con mayor frecuencia que la tecnología y las operaciones funcionen de forma fluida y conjunta. El enfoque de Mostapha en Alpha —uno de los negocios más diferenciales de State Street y una prioridad estratégica fundamental para la firma— y el liderazgo de Ann en operaciones globales y tecnología ofrecen una dirección dedicada en áreas que impulsan cómo creamos valor para los clientes. Estos nombramientos refuerzan la solidez de nuestro equipo y nos posicionan para seguir ejecutando para los clientes mientras invertimos en el futuro de nuestro negocio».

En conjunto, estos nombramientos establecen un liderazgo específico en dos áreas clave para las necesidades de los clientes y la estrategia a largo plazo de la firma. Asimismo, reflejan el compromiso de State Street de liderar junto a sus clientes a medida que la tecnología, la IA, los datos y las operaciones moldean el futuro de la inversión y de las infraestructuras de inversión. Ambos nombramientos son efectivos desde el día 14/09/2026.

La economía espacial gana velocidad: SpaceX y una nueva oportunidad para los inversionistas latinoamericanos, según VanEck

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Para los inversores de América Latina, VanEck ofrece una forma específica de participar en el crecimiento de la economía espacial
Pixabay CC0 Public Domain. cohete

Puntos clave:

  • La economía espacial se está convirtiendo en un mercado comercial multicapa.
  • La caída de los costos de lanzamiento está desbloqueando escala en satélites, datos y comunicaciones.
  • El espacio está pasando de la exploración a la infraestructura que sostiene aplicaciones del mundo real.
  • La demanda comercial se está expandiendo en casos de uso satelital, de defensa y basados en datos.
  • WARP ofrece una exposición pura a las compañías que están construyendo la economía espacial.

Durante décadas, el espacio fue visto principalmente como un emprendimiento gubernamental. Era un dominio estratégico e intensivo en capital, limitado en gran medida a un pequeño grupo de programas nacionales y contratistas de defensa. Ese panorama está cambiando.

Hoy, el espacio se está convirtiendo en una economía comercial con infraestructura real, mercados finales en expansión y un universo creciente de compañías que construyen los sistemas que hacen que todo funcione. Desde proveedores de lanzamiento y fabricantes de satélites hasta redes de comunicaciones, plataformas de observación terrestre e inteligencia orbital, el espacio ya no se trata solo de exploración. Cada vez más, se trata de conectividad, datos, seguridad e infraestructura aquí en la Tierra.

La razón principal de ese cambio es simple: llegar a la órbita se está volviendo mucho menos costoso.

El caso de inversión para el espacio se ve diferente hoy

Toda gran expansión industrial ha comenzado con la caída de los costos. Internet escaló a medida que la computación y el ancho de banda se abarataron. Los vehículos eléctricos se volvieron viables a medida que bajaron los costos de las baterías. El software en la nube se aceleró a medida que disminuyeron los costos de almacenamiento y procesamiento.

El espacio parece estar alcanzando un punto de inflexión similar. Los avances en tecnología de lanzamiento, en particular la reutilización, han cambiado fundamentalmente la economía del acceso a la órbita. Los costos de lanzamiento históricamente han sido uno de los mayores cuellos de botella, y su reducción ha eliminado una de las barreras de entrada más importantes en todo el ecosistema.

La caída de los costos de lanzamiento genera economías de escala para el espacio

Fuente: SpaceX (marzo de 2026). NASA/CSIS. AEI. BryceTech (abril de 2024). Space Foundation. Jonathan McDowell/Payload Space.

Fuente: SpaceX (marzo de 2026). NASA/CSIS. AEI. BryceTech (abril de 2024). Space Foundation. Jonathan McDowell/Payload Space.

Cuando el lanzamiento era prohibitivamente costoso, la participación era limitada. A medida que el lanzamiento se vuelve más barato, más rápido y más frecuente, el mercado se abre. Se pueden desplegar más satélites. Se pueden construir más servicios sobre esas redes. Pueden surgir más modelos comerciales en torno a las comunicaciones, la obtención de imágenes, la inteligencia geoespacial, la navegación y los servicios en órbita.

En otras palabras, los menores costos de lanzamiento hacen más que simplemente abaratar el espacio. Transforman a la economía espacial en su conjunto en un ecosistema más escalable y comercialmente viable.

El espacio se está convirtiendo en una economía, no solo en una industria

Uno de los cambios más importantes en curso es que el espacio ya no está definido por un único caso de uso. Se está expandiendo a través de múltiples capas comerciales como impulsores clave de la demanda:

  • Comunicaciones satelitales: la conectividad basada en el espacio se está convirtiendo en una parte crítica de la infraestructura de comunicaciones moderna, especialmente en regiones y aplicaciones donde las redes terrestres no alcanzan.
  • Observación terrestre y datos: los satélites se utilizan cada vez más para monitorear infraestructura, agricultura, cadenas de suministro, patrones climáticos y actividad geopolítica, lo que crea un mercado en crecimiento para la inteligencia en tiempo real basada en el espacio.
  • Lanzamiento y propulsión: el lanzamiento se está volviendo más frecuente y más escalable, lo que ayuda a crear una base más sólida para una actividad comercial recurrente en órbita.
  • Defensa y seguridad nacional: los gobiernos están invirtiendo más fuertemente en el espacio como dominio estratégico, respaldando la demanda de capacidades de comunicaciones, vigilancia, alerta de misiles y conciencia situacional espacial.
  • IA e inteligencia orbital: la inteligencia artificial está haciendo que los datos satelitales sean más útiles al ayudar a convertir imágenes y señales en información procesable con mayor rapidez y a mayor escala.

En conjunto, estos desarrollos apuntan a una realidad más amplia: el espacio se está convirtiendo en un ecosistema con múltiples capas de actividad económica, en lugar de un tema acotado.

El paso de la exploración a la infraestructura

Para algunos inversores, el espacio todavía puede sonar especulativo. El tema a menudo evoca turismo, proyectos ambiciosos o conceptos futuristas que parecen desconectados de la economía real.

El caso de inversión más convincente es mucho más práctico.

El espacio se está convirtiendo cada vez más en parte de la infraestructura que sostiene la vida moderna. Desempeña un papel creciente en las comunicaciones, la navegación, la logística, la defensa, el monitoreo ambiental y la recopilación de datos empresariales. Muchas de estas funciones se vuelven más esenciales con el tiempo.

Por eso es tan importante la reducción de los costos de lanzamiento.

El acceso a la órbita a menor costo facilita construir y expandir infraestructura. Más infraestructura habilita más servicios. Más servicios sostienen modelos de negocio más duraderos. Con el tiempo, eso puede conducir a un conjunto de oportunidades comerciales más amplio y profundo.

Esto es lo que hace importante el momento actual. El espacio está pasando de ser una frontera liderada por los estados a una economía con respaldo comercial.

Lanzamientos globales de cohetes por año, 2015-2025

Fuente: NASA/CSIS. AEI. Citi. SpaceX. Jonathan McDowell/Payload Space. Sentinel Mission. Space Foundation.

Fuente: NASA/CSIS. AEI. Citi. SpaceX. Jonathan McDowell/Payload Space. Sentinel Mission. Space Foundation.

Por qué el ETF WARP: acceso en América Latina

El VanEck Space ETF (WARP) está diseñado para brindar a los inversores una exposición focalizada a las compañías que participan en la creciente economía espacial.

En lugar de tratar al espacio como un negocio secundario dentro de grandes conglomerados industriales o de defensa, WARP está construido en torno a un enfoque más focalizado, que privilegia a las compañías con una exposición de ingresos significativa a actividades relacionadas con el espacio. Eso incluye áreas como el lanzamiento, las comunicaciones satelitales, la observación terrestre y las tecnologías y servicios que sostienen la infraestructura espacial.

Para los inversores que creen que la economía espacial está entrando en una fase más comercial, WARP busca ofrecer una manera de acceder a ese tema a través de un marco basado en reglas y de exposición pura.

Qué significa para los inversores

En VanEck, desde hace tiempo creemos que algunas de las oportunidades más duraderas provienen de identificar tempranamente un cambio estructural y de brindar a los inversores una exposición focalizada a los negocios que ayudan a impulsarlo.

El caso del espacio encaja con esa visión.

Esto no es simplemente una historia sobre cohetes. Es una historia sobre costos en baja que desbloquean nuevos mercados, infraestructura que se vuelve más escalable, servicios que se vuelven más comerciales, y el espacio que se integra cada vez más a la economía global.

La última frontera todavía puede sonar lejana. Pero a medida que el lanzamiento se abarata y el acceso continúa expandiéndose, el espacio empieza a parecerse menos a la ciencia ficción y más a la próxima gran plataforma económica.

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Este contenido está destinado únicamente para fines educativos. Tenga en cuenta que la disponibilidad de los productos mencionados puede variar según el país, y se recomienda verificar con su bolsa de valores local.

Tribuna de Nick Frasse, Product Manager en VanEck

Las inversiones alternativas emergen como un factor diferenciador en la retención de asesores

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La retención de asesores sigue siendo uno de los desafíos estratégicos más urgentes de la industria. La preocupación de los ejecutivos ante la rotación de plantilla está bien fundamentada, ya que los profesionales continúan mostrando disposición a cambiar de firma cuando perciben limitaciones en remuneración, tecnología o disponibilidad de producto, según el informe The Cerulli Report—U.S. Private Banks and Trust Companies 2026.

En conjunto, destacaron en un comunicado, el 84% de los directivos bancarios señala la retención de talento como una preocupación, y casi la mitad (47%) identifica la fuga de asesores como un riesgo de negocio mayor. Aunque la toma de decisiones del asesor suele ser más compleja de lo que asumen las entidades, Cerulli concluye que la oferta de productos —especialmente el acceso a inversiones alternativas— está ganando un peso determinante en la decisión de adscripción.

A medida que evoluciona la demanda de los inversores (en particular los de altos patrimonios), la capacidad y disponibilidad de producto se han convertido en pilares centrales para atraer asesores. La variedad de productos financieros, incluidos los activos alternativos, ocupa el tercer lugar entre las razones de los asesores para unirse a su firma actual, solo por detrás del acceso a referencias de clientes y la reputación o marca de la entidad.

«Uno de los mayores puntos de desconexión entre los directivos y sus asesores parece residir en la importancia de la oferta de productos», afirma Matt Zampariolo, analista sénior. «El 41% de los asesores sitúa la gama de productos financieros como una razón clave para unirse a sus firmas, pero solo el 11% de los ejecutivos bancarios cita la ampliación de la plataforma de inversión o de producto como una táctica de retención», añade.

En un contexto en el que los inversores exigen mayor variedad, las soluciones en inversión alternativa pueden desempeñar un papel más relevante en la evaluación de si una plataforma apoya su crecimiento a largo plazo. «Las instituciones mejor posicionadas serán aquellas que adopten la libertad de elección del asesor y amplíen sus capacidades de producto, entre otros factores», indica Zampariolo. «En un entorno donde la riqueza sigue concentrándose y la competencia por clientes y asesores se intensifica, la adaptabilidad puede acabar siendo la característica determinante que separe a los líderes del sector del resto del mercado», concluye.

En cinco décadas de mercados, tres lecciones clave ante el 250º aniversario de EE.UU.

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En el marco de la celebración de los 250 años de EE.UU., el equipo de estrategia de inversión de Neuberger Berman, liderado por su Dirección de Inversiones (CIO), ha analizado las lecciones que dejan los últimos 50 años de historia bursátil. Desde la gestora concluyen que, aunque el entorno actual comparte ciertos paralelismos con el de 1976 debido a las tensiones geopolíticas y la volatilidad macroeconómica, la estructura del mercado ha cambiado de forma radical, obligando a los inversores a reestructurar la construcción de sus carteras

Uno de los principales cambios señalados por la firma es la metamorfosis de la renta variable. En 1976, replicar el índice S&P 500 significaba invertir mayoritariamente en sectores industriales y energéticos muy vinculados al ciclo económico. En la actualidad, el selectivo está fuertemente ponderado por gigantes tecnológicos impulsados por la inteligencia artificial. “La inversión pasiva no es una opción neutral; replicar un índice ponderado por capitalización implica asumir, de forma implícita, decisiones de asignación sectorial con un nivel de concentración sin precedentes”, advierten los analistas de Neuberger Berman.

A esto se suma la democratización de las alternativas de inversión. Hace cinco décadas, mercados como el capital privado, el crédito privado, la deuda emergente o las estrategias líquidas alternativas no estaban al alcance del inversor institucional. Hoy, según subrayan los expertos de la gestora, estos activos constituyen una pieza fundamental en la asignación global para mitigar la volatilidad y generar rentabilidad descorrelacionada en un contexto de tipos de interés más elevados.

Por último, el estudio remarca la transformación en la gestión de la información. Mientras que en los años 70 la ventaja competitiva residía en conseguir el dato antes que el resto del mercado, la inmediatez actual y el auge de la IA trasladan el valor añadido hacia la capacidad analítica. En palabras del equipo de inversión de Neuberger Berman, “el diferencial del inversor ya no radica en el acceso prioritario a la información, sino en la disciplina analítica necesaria para interpretar los datos y abstraerse del ruido de corto plazo”.

Vacuna de ARNm contra el melanoma: qué mide el mercado y cómo la leen los gestores de salud

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Julia Kung (Groupama AM) a la izquierda, Christian Fay (BNP Paribas AM) en el centro y Sara Torrecilla (Candriam) a la derecha.
Foto cedida

Cuando Moderna y MSD anunciaron que su vacuna personalizada de ARNm contra el melanoma había cumplido sus objetivos en fase 3, el mercado no esperó la letra chica. En cuestión de horas, ambas compañías sumaron decenas de miles de millones de dólares en valor bursátil, sin que existiera todavía una publicación científica revisada por pares ni un desglose completo de eficacia y seguridad. Funds Society consultó a tres gestoras de fondos con exposición al sector salud –Candriam, BNP Paribas AM y Groupama AM– para entender qué está descontando exactamente ese precio, y qué tendría que pasar para que la apuesta se sostenga.

«Los inversores están asignando valor a la posibilidad de que este enfoque pueda funcionar en varios tipos de tumor y contextos de tratamiento», resume Sara Torrecilla, analista sénior de Biotecnología en Candriam, sobre una suba que en su pico sumó unos 90.000 millones de dólares en valor combinado y se estabilizó en torno a 60.000 millones netos. Es, en sus palabras, una señal de alerta tanto como de entusiasmo: las estimaciones de ventas máximas que ya circulan en el mercado, por decenas de miles de millones de dólares, «deben verse como supuestos de mercado, no como evidencia clínica».

Groupama AM, gestora del fondo Global Disruption, llega a un diagnóstico parecido desde otro ángulo. «La subida del precio de las acciones de Moderna y Merck refleja una revalorización de ambas empresas gracias a una reducción histórica del riesgo de la plataforma de ARNm, considerada ‘first-in-class‘», explica Julia Kung, portfolio manager y analista de bonos convertibles y acciones internacionales de la gestora. El mercado, agrega, «también apuesta por que esto podría ampliarse más allá del melanoma a otros tumores, como el cáncer de pulmón no microcítico, el de vejiga, el de riñón y otros tipos de cáncer», aunque lo único publicado hasta ahora es «un resumen provisional de los resultados sobre dos criterios de valoración» sin el conjunto completo de datos de riesgo, confianza estadística y seguridad. Las cotizaciones bursátiles, recuerda, «siempre miran ‘hacia el futuro'», y reaccionaron así por tratarse del primer éxito en fase III de una terapia individualizada con neoantígenos y de cualquier tratamiento oncológico basado en ARNm.

Desde BNP Paribas AM, el gestor sénior Christian Fay coincide en que la reacción está justificada, aunque pone el acento en la necesidad médica de fondo: los datos provisionales mostraron mejoras «estadísticamente significativas y clínicamente relevantes» frente al tratamiento solo con Keytruda, en un tipo de melanoma —el cutáneo resecado de alto riesgo— donde la necesidad médica no cubierta sigue siendo alta. «Estos resultados refuerzan nuestra convicción de que la medicina personalizada y dirigida puede ser una estrategia especialmente eficaz para tratar determinados tipos de cáncer, como el melanoma», señala Fay.

Merck, Keytruda y la lectura defensiva

Hay una segunda capa en la historia que tiene que ver puntualmente con Merck. Kung, de Groupama, observa que, al combinarse la vacuna con Keytruda, «esta colaboración genera una narrativa de posible dominio del mercado no solo en el ámbito del melanoma, sino también en otros tipos de cáncer en los que se utiliza Keytruda». Y va más allá: «el repunte del precio de las acciones de Merck puede interpretarse como una narrativa defensiva exitosa: que Merck puede proteger y ampliar la franquicia de Keytruda mediante combinaciones, y también transmite confianza en la capacidad de Merck para crecer más allá de Keytruda». En otras palabras, parte de lo que festeja el mercado no es solo la vacuna en sí, sino la posibilidad de que Merck haya encontrado una forma de extender la vida útil comercial de su producto estrella.

¿Revolución o escalón intermedio?

Es en la magnitud de la promesa donde las miradas empiezan a distanciarse. Kung admite que, a largo plazo, esto «podría resultar ‘revolucionario’ y, por así decirlo, marcar el inicio real del mercado de las ‘vacunas contra el cáncer'». Pero matiza: «en la actualidad, se caracteriza mejor como un punto de inflexión a nivel de plataforma, análogo al primer inhibidor de cinasas que validó la terapia dirigida, más que como una reestructuración inmediata del liderazgo farmacéutico». La razón es doble: el melanoma adyuvante es «una indicación relativamente restringida», y la fabricación personalizada a gran escala —producir un tratamiento distinto para cada paciente— «sigue siendo compleja desde el punto de vista operativo y costosa».

Candriam encuadra la misma cautela desde su mandato específico de oncología: las vacunas personalizadas de ARNm deben «evaluarse con la misma disciplina que otras modalidades de tratamiento», en un panorama terapéutico cada vez más multimodal donde otras innovaciones —los conjugados anticuerpo-fármaco, las terapias dirigidas— ya encontraron su lugar según el tipo de tumor. Torrecilla amplía el radar más allá de las farmacéuticas: la cadena de suministro de ciencias de la vida —secuenciación tumoral, fabricación de ARNm, nanopartículas lipídicas— sumó unos 50.000 millones de dólares en valor de mercado el día del anuncio, según estimaciones de Jefferies. Pero aclara el límite de esa tesis: «ningún proveedor externo ha sido confirmado públicamente como socio directo de fabricación o secuenciación», así que conviene no adelantarse a asignarle ese valor a compañías concretas todavía.

BNP Paribas, sin un fondo temático de salud dedicado, resuelve el dilema de otra manera: capturando la tesis desde carteras diversificadas que en conjunto superan los 5.000 millones de dólares, con exposición a compañías de salud y biotecnología que, según Fay, funcionan como «motores de innovación» para las grandes farmacéuticas. El telón de fondo, explica, es estructural: cerca de 200.000 millones de dólares en ventas de las grandes farmacéuticas quedarán expuestos a la pérdida de exclusividad de patentes en los próximos años, lo que mantendrá elevada tanto la innovación como la actividad de fusiones y adquisiciones, porque la I+D interna de las grandes compañías no alcanza para reponer ese hueco.

El próximo examen real de todo esto llega en octubre, con el Congreso de la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO, por su sigla en inglés), que se realizará del 23 al 27 en Madrid. Se trata de uno de los encuentros más influyentes del calendario oncológico mundial. y allí se compartirán los datos completos del ensayo.

Según Kung, «la discrepancia entre los datos generales y los detallados es donde se concentra el riesgo de valoración a corto plazo». Torrecilla lo dice en términos parecidos: «El mercado se centrará en la magnitud del beneficio», tanto para confirmar la oportunidad comercial en melanoma como para ganar confianza en que el enfoque se extienda a otros tumores.

En tanto, cada gestora sigue su propia lista de catalizadores. Groupama monitorea la presentación y revisión por parte de la FDA de la solicitud de licencia biológica para melanoma adyuvante, los resultados en cáncer de pulmón no microcítico, que consideran «la oportunidad de expansión más seguida, dado su mercado potencial, considerablemente mayor», las señales sobre precios y reembolsos —porque «la producción a medida para cada paciente supone una limitación comercial importante» y las entidades pagadoras «establecerán el límite máximo de ingresos»— y el ensayo de BioNTech en cáncer de páncreas con cevumerán autógeno, que «indicará hasta qué punto el concepto se puede generalizar a distintos tipos de tumores». Candriam suma a esa lista los datos de fase 1 en cáncer de páncreas y el resultado en carcinoma de células renales esperado hacia fin de año. BNP Paribas, por su parte, sigue de cerca también otros eventos como -entre otros- la JP Morgan Healthcare Conference, ampliando la mirada a otras áreas de innovación en salud donde detecta oportunidades similares.

Fidelity: Tecnología, IA y el dilema del crédito

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Pixabay CC0 Public Domain

La emisión de bonos vinculada a la IA y la tecnología se ha vuelto más difícil de ignorar para los inversores de crédito, dada la magnitud de la oferta reciente y los episodios de volatilidad. Lo que empezó en gran medida como una historia de grado de inversión estadounidense se está ampliando a otras regiones y a todo el espectro de calidad crediticia. Aquí analizamos el dilema que esto plantea para una estrategia flexible centrada en la generación de rentas, y explicamos por qué actualmente mantenemos una exposición limitada al sector.

Puntos clave

Muchos grandes emisores tecnológicos combinan una elevada calidad crediticia, balances sólidos y un valor bursátil sustancial, al tiempo que ofrecen diferenciales atractivos frente a los bonos gubernamentales.

El rápido crecimiento del capex en centros de datos y de la emisión de deuda no tiene un precedente histórico claro, mientras que las rentabilidades finales de la inversión en IA siguen siendo difíciles de cuantificar. Históricamente, los sectores que han experimentado el crecimiento más rápido de la deuda a menudo han registrado posteriormente un peor comportamiento.

En lugar de tomar exposición simplemente porque la tecnología representa una proporción creciente de los índices de crédito, buscamos rentabilidades comparables o superiores en otras áreas del crédito global. Esto respalda una exposición limitada a la tecnología mientras siga siendo elevada la incertidumbre en torno a la emisión, los retornos de la inversión y los posibles ganadores y perdedores.

A favor

Desde hace tiempo defendemos el concepto de «rentabilidad segura» en renta fija. Aunque persisten las dudas sobre los balances y la disciplina fiscal de los mercados desarrollados, no cabe duda de que algunos de los créditos de mayor capitalización y mejor calidad del mundo se ven penalizados por tener que valorar sus bonos con un diferencial sobre el tipo «libre de riesgo», pese a contar con balances mucho mejores que los de los soberanos frente a los que se valoran. En ese contexto, recibir alrededor de 50-100 pb sobre los Treasuries o los Bunds, por ejemplo, por créditos sin apalancamiento con calificación AA o A es, en teoría, una buena propuesta para los inversores de rentabilidad total.

También vemos un gran valor en la relación deuda/valor de empresa como indicador útil del riesgo crediticio global. A menudo, esta métrica puede aportar mucha más información que otras más tradicionales, como deuda/EBITDA o flujo de caja libre/deuda. La deuda/valor de empresa ofrece una indicación inequívoca de cuánto valor atribuye el mercado a valores que están —al menos en teoría— subordinados a las reclamaciones que los acreedores tienen sobre los activos y los flujos de caja de la compañía. Por tanto, independientemente de lo que los hiperescaladores destinen a la IA durante los próximos años, su valor bursátil combinado de 13 billones de dólares probablemente significa que los acreedores no tienen que preocuparse por un deterioro del capital.

Las valoraciones actuales son convincentes. No cabe duda de que el sector tecnológico aparece como «barato» desde múltiples puntos de vista: valor relativo sectorial, diferencial por unidad de apalancamiento y diferenciales ajustados por calificación, por citar algunos.

¿Qué nos frena?

La velocidad y la magnitud del despliegue de la IA son tan enormes que empequeñecen cualquier comparación histórica digna de tal nombre. Que el capex en centros de datos avance hasta superar el 3% del PIB estadounidense en 2027 y añada 1,7 puntos de PIB en solo dos años representa el boom de capex más rápido de todos los tiempos (como ha señalado Apollo). Eso significa que su financiación también se está produciendo a una escala que nunca se ha puesto a prueba. Además, al ser un contribuyente tan importante al crecimiento del PIB, si el impulso se ralentizara o se revirtiera podría convertirse en un factor negativo significativo para la economía en su conjunto.

La rentabilidad derivada de la IA —tanto para los actores que acometen el capex como para los clientes que invierten en la tecnología— sigue siendo difícil de cuantificar. La financiación circular está ayudando a que el despliegue avance, pero los márgenes de beneficio de la economía fuera del sector tecnológico, así como los márgenes de los propios constructores, aún no han experimentado el tipo de cambio estructural que necesitamos ver para justificar la enorme cantidad de capital invertido.

La historia no respalda un comportamiento superior de los sectores con un elevado crecimiento de la deuda. Los sectores en los que la deuda ha crecido con mayor rapidez normalmente han quedado rezagados frente al mercado en horizontes clave, a menudo con consecuencias muy negativas —en particular tecnología/TMT en 2001, financieros/inmobiliario en 2007 y shale/energía en 2014—.

Hasta ahora, parece que el mercado de crédito ha optado por clasificar la mayor parte del riesgo en este ámbito como relacionado con la oferta, más que con un riesgo fundamental de crédito. De hecho, la oferta superior a la prevista ha sido sin duda un importante motor del peor comportamiento reciente de los bonos. Por tanto, el anuncio de Google de que no emitirá más deuda este año —en dólares—, así como cualquier otra señal de que el ritmo de la oferta podría estar moderándose, debería ser un factor materialmente positivo para un mercado que se resiente bajo el peso de la oferta tecnológica que ha llegado este año.

¿Qué implica esto para el posicionamiento en nuestras estrategias?

En primer lugar, como inversores agnósticos respecto al índice, podemos adoptar una perspectiva ligeramente distinta a la de los gestores relativos al índice. Los inversores referenciados a un índice deben centrarse en el tamaño de los sectores dentro de sus índices y en el tracking error correspondiente asociado a cada uno, para tener las mejores posibilidades de generar alfa. Un inversor sin restricciones, en cambio, puede tomarse el tiempo necesario para valorar si el sector en su conjunto y cada nombre en particular merecen o no su atención.

En segundo lugar, podemos encontrar rentabilidades equivalentes o incluso superiores a las del sector tecnológico en otras partes del mercado global de crédito, que no presentan el mismo conjunto de factores de riesgo. Eso puede implicar asumir riesgos en otras áreas, como una menor calidad crediticia (BB), riesgo de subordinación (financieros europeos e híbridos corporativos), riesgo de estructuración (CLOs) o riesgo cíclico (como inmobiliario o autos).

En tercer lugar, normalmente nos hemos centrado en emisores más grandes, con una larga trayectoria en los mercados de capitales y nombres conocidos, ya que creemos que, por lo general, esto se traduce en un menor riesgo de dificultades financieras e impago con el tiempo. Aunque el despliegue de la IA es real y su potencial económico es verdaderamente transformador, creemos que habrá ganadores y perdedores en esta revolución y que, en igualdad de condiciones, eso podría implicar una tasa de impago más elevada, especialmente en algunas de las estructuras más nuevas, pequeñas y especulativas que están llegando al mercado.

Tribuna elaborada por Izzi Halewood, especialista sénior de inversión en renta fija de Fidelity International y James Durance, gestor de renta fija de Fidelity International.