Argentina: Se abre una puerta hacia un nuevo escenario
| Por Lucas Tettamanti | 0 Comentarios

La economía argentina se encuentra nuevamente frente a un posible punto de inflexión. Acaba de atravesar un proceso electoral que arrojó un resultado que deja el espacio legislativo conformado como para poder avanzar en reformas estructurales pendientes.
Se han instalado en la discusión pública conceptos económicos básicos que son bases necesarias para construir hacia adelante, independientemente de los ciclos políticos. Esto es un primer paso necesario para dejar atrás años de políticas pendulares que hacían imposible cualquier tipo de consolidación.
Esos pilares que empiezan a ser más aceptados son el equilibrio fiscal, el control de la emisión monetaria, la normalización de la operatoria del comercio exterior y los avances hacia la eliminación de los controles cambiarios.
Si se logra consolidar ese proceso, el camino que se abre hacia adelante puede estar lleno de oportunidades, que son especialmente atractivas porque abren las puertas de una economía y un mercado de capitales que está atrasado con respecto a los estándares latinoamericanos.
La economía argentina viene de 15 años sin crecimiento consolidado y con muy bajos niveles de inversión. Tiene todo un camino por recorrer hasta recuperar el terreno perdido con respecto a las principales referencias regionales. Eso sí, cuenta con una ventaja: los avances tecnológicos de los últimos años han hecho que los tiempos de “catch up” puedan resultar cada vez más cortos.
La volatilidad de los últimos años ha llevado a que el mercado de capitales sea solamente fuente de financiamiento de corto plazo
Si analizamos los últimos 15 años, la economía de Argentina creció a un ritmo de apenas 0,96% anual, que es similar al crecimiento poblacional del último período censal. En ese mismo período, economías comparables como Brasil, Chile, Colombia, Perú o Paraguay crecieron en promedio a un ritmo del 2,98%. Esa diferencia acumulada durante una década y media implica haber cedido, en términos absolutos, casi 35 puntos del PBI. Es decir, si Argentina hubiera logrado replicar el ritmo de crecimiento de la región, hoy su PBI podría ser 35% mayor. Es una de las tantas maneras de medir el impacto de la brecha de crecimiento y el potencial que puede alcanzar la economía local.

Para alcanzar esos niveles de crecimiento, se necesita un mercado de capitales sólido, estable y que financie las inversiones necesarias. La volatilidad de los últimos años ha llevado a que el mercado de capitales sea solamente fuente de financiamiento de corto plazo y que inclusive los niveles de intermediación financiera sean muy bajos. En los últimos 15 años, el atesoramiento externo, es decir, la demanda de dólares que se han canalizado hacia el exterior o hacia tenencias informales, alcanza los 160.000 millones de dólares. Esto significa que más de 25 puntos del PBI se han canalizado por fuera del sistema financiero y mercado de capitales local.
Casi el 60% del patrimonio neto bajo administración está alocado en fondos de “money market”. son mayoritariamente saldos de liquidez a un día que no se invierten en activos que tengan precio de mercado
El estado del mercado de capitales
Todo esto hace que el nivel de intermediación financiera y de escala del mercado de capitales argentino sea muy bajo. Esto se puede ver con los niveles de intermediación financiera –con depósitos en moneda local equivalentes a 14,6% del PBI y préstamos en moneda local por 9% del PBI–, que se mantienen muy por debajo de los promedios regionales. Además, en el mercado de capitales local solamente cotizan 65 empresas emisoras de capital. La capitalización de mercado de esas empresas es de apenas 13,5% del PBI.
Tanto el bajo nivel de intermediación financiera como la poca profundidad del mercado de renta variable dejan claro que es una economía que todavía tiene mucho por crecer en el crédito al sector privado. El sector público, que ha sido deficitario por muchos años, ha sido un actor central demandando financiamiento y desplazando al sector privado de esos mercados de crédito.
La industria de Fondos Comunes de Inversión es un reflejo claro de este punto de partida. En Argentina, apenas llega a un patrimonio neto bajo administración de 9,7% del PBI, una cifra muy por debajo del volumen alcanzado en Brasil o Chile, como referencias regionales. Y claramente muy lejos de los promedios que se observan en las economías desarrolladas. Pero el tamaño de la industria no es el único dato que sorprende. Si profundizamos en la clase de activos en la que invierten empresas e individuos en Argentina, vemos que todavía es una industria de fondos centrada en la operatoria transaccional.
Casi el 60% del patrimonio neto bajo administración está alocado en fondos de “Money Market”. Son mayoritariamente saldos de liquidez a un día que no se invierten en activos que tengan precio de mercado. Solamente se aplican en activos a devengamiento (depósitos a la vista y a plazo). Por eso quedan solamente 3,9 puntos del PBI aplicados al resto de las categorías, donde sobresale la renta fija, una clase de activos en donde predominan los títulos públicos.
En definitiva, todavía aporta muy poco al financiamiento de las actividades productivas. Las economías más desarrolladas tienen ratios muy distintos, con la industria de fondos convirtiéndose en un actor relevante del financiamiento al sector privado y en la compra de equity.
Es importante consolidar este momento y convertirlo en un punto de inflexión que permita desarrollar el mercado de capitales y generar un nuevo volumen de negocios
Desafíos y oportunidades
En los últimos años, se han empezado a desarrollar proyectos de inversión en sectores estratégicos que necesitan financiamiento de largo plazo. Proyectos en áreas como la producción de petróleo y gas, la minería, la economía del conocimiento y la infraestructura. Se trata de proyectos grandes que necesitan, por su escala y plazos, financiamiento a través del mercado de capitales.
El ejemplo más claro es la explotación del área de producción de hidrocarburos no convencionales de Vaca Muerta. Tiene reservas de petróleo y gas para generar exportaciones anuales superiores a los 30.000 millones de dólares, pero para eso necesita invertir durante los próximos cinco años, tanto en la perforación de pozos como en la infraestructura necesaria para procesar y comercializar esa producción.
El crédito ha sido un problema en los últimos años por el bajo nivel de oferta y, sobre todo, por lo inestable de las condiciones. La combinación de plazos cortos para el crédito e incertidumbre sobre la posibilidad de “rollear” esos vencimientos es una combinación que puede llevar a situaciones críticas a numerosas empresas. Por eso es importante consolidar este momento y convertirlo en un punto de inflexión que permita desarrollar el mercado de capitales y generar un nuevo volumen de negocios. Se necesita avanzar rápido con las reformas pendientes y con la liberación de los controles que todavía dejan afuera a muchos inversores institucionales.

Para la industria de fondos es una gran oportunidad, ya que –a pesar de tener un peso relativo muy bajo– se ha logrado consolidar y masificar, llegando a sectores y clientes a los que antes era imposible aspirar, gracias a la tecnología. Es una industria competitiva, que ha sido creativa, innovando con productos a pesar de tener marcos normativos muy acotados. Por delante, el desafío es prepararse para un mercado abierto, con la potencial llegada de jugadores de peso del escenario global. El principal obstáculo pasa por revertir la tendencia histórica de los ahorristas argentinos de sacar sus fondos de los circuitos formales del mercado local.
En definitiva, si se logra consolidar este punto de inflexión, podemos entrar en un ciclo que sirva para recortar distancia con respecto a las referencias regionales y con un fuerte desarrollo del mercado de capitales. Hay muchas oportunidades por aprovechar en ese camino hacia las referencias locales. El foco necesita estar en sostener los fundamentos básicos (equilibrio fiscal, no emisión, normalización comercial y reformas estructurales que sumen competitividad), sabiendo que las calibraciones de corto plazo (tipo de cambio o tasa de interés) no cambian las decisiones de inversión si se sostienen esos pilares. Es una etapa en la que se ve mucho interés de distintos inversores para estar atentos a estas oportunidades y no dejar pasar el tren.
Columna de opinión escrita por Federico Diez, CEO de MegaQM
















