Más allá de Vaca Muerta: los sectores que los economistas ven con mayor potencial en Argentina
| Por Patricio Tesei | 0 Comentarios

Argentina vive, según los economistas Marcos Buscaglia y Dante Sica, una de esas raras coyunturas que se presentan una o dos veces por generación. El mundo se fragmenta, la globalización muta hacia el control de cadenas de abastecimiento, y el país reúne exactamente lo que esa nueva economía global demanda: seguridad alimentaria, energética y de minerales.
Pero el diagnóstico que ambos compartieron en el panel macroeconómico del evento Perspectivas 2026, organizado por Cohen, va más allá de la minería en San Juan o de «Vaca Muerta», la formación geológica ubicada en la Patagonia argentina que alberga una de las reservas de shale oil y shale gas más grandes del mundo.
Para Sica, exministro de Producción y Trabajo, la Argentina posee cuatro ecosistemas que el mundo demandará en los próximos años: energía, minería, agroindustria y tecnología. Y los tiene «en una capacidad de tamaño de mercado interesante, con una base industrial de soporte y con una capacidad de recursos humanos importante». La diferencia respecto de ciclos anteriores, subrayó, es que estos sectores no tienen hoy un problema de demanda ni de precio: su principal restricción es la capacidad de ejecución.
Ahí aparece la oportunidad concreta para inversores y asesores: no en las grandes compañías que lideran esos ecosistemas —que en general acceden a financiamiento internacional—, sino en los anillos de proveedores que las rodean. «Las grandes toman financiamiento afuera. Después viene el segundo y el tercer anillo, que son los proveedores. Hay que mirar mucho ahí», señaló Sica, apuntando especialmente al sector metalmecánico y a las empresas de servicios industriales.
Buscaglia, economista con amplia trayectoria en análisis de mercados emergentes, introdujo un marco conceptual relevante: en economías cerradas, la concentración geográfica en torno a la capital principal es inevitable, porque a los productores les conviene estar cerca del centro de consumo más importante. Cuando una economía se abre y se estabiliza, esa lógica se revierte.
«Al país le das estabilidad, le das apertura, le das mejor infraestructura y le bajás el costo de capital, y van a salir un montón de cosas, y muchas de esas cosas van a salir del interior», sostuvo. Mencionó el caso de Córdoba como potencial hub logístico regional —»a dos horas de vuelo de todo el país, como Atlanta en Estados Unidos»— y señaló el desarrollo maderero en Corrientes y Misiones, donde se habla incluso de la instalación de una planta de celulosa, algo impensado hace pocos años.
El agro, agregó, también se verá favorecido por razones que van más allá de una eventual reducción de retenciones: el fin del tipo de cambio dual, avances en propiedad intelectual y la expansión hacia nuevos segmentos productivos configuran un escenario de crecimiento sostenido. Como referencia de lo que puede ocurrir cuando se combinan apertura y estabilidad, citó el caso de las cerezas chilenas: de 35 millones de dólares exportados en 2004 a más de 3.000 millones el año pasado.
Servicios, turismo y construcción: la oportunidad urbana
Más allá del interior productivo, ambos economistas identificaron sectores urbanos con alto potencial de desarrollo, precisamente porque la inversión estuvo prácticamente paralizada desde 2011.
Buscaglia enumeró: hotelería de categoría —con proyectos como la renovación del Plaza Hotel o la torre Sofitel en Puerto Madero—, expansión de centros comerciales, y el regreso de cadenas internacionales de retail que habían abandonado el mercado argentino. «Hay un montón de cosas que se hicieron en todos lados y que acá en Buenos Aires mismo no se hicieron», afirmó.
Sica profundizó en el rol del sector servicios como gran generador de empleo futuro. «El empleo futuro no está en la industria, está en los servicios», dijo, señalando el complejo de entretenimiento, gastronomía y hotelería como uno de los mayores empleadores potenciales para toda la región. A eso sumó la construcción —tanto de infraestructura como residencial privada, que dejará de funcionar como reserva de valor una vez que el sistema financiero se normalice— y los servicios de salud en el interior, donde la infraestructura es insuficiente para la demanda que generarán las nuevas inversiones.
Quizás el mensaje más disruptivo del panel fue la advertencia de Sica contra el análisis sectorial tradicional. En una economía que cambia sus precios relativos, la renta intersectorial se redistribuye, y dentro de un mismo sector pueden coexistir empresas que exportan, empresas que importan y reconvierten su modelo, y empresas que cierran. «No van a desaparecer sectores, se van a rearmar, se van a reorganizar», afirmó.
El ejemplo que ofreció fue ilustrativo: en el rubro de línea blanca, una empresa cordobesa exporta centrifugadores a Estados Unidos, otra fabrica un solo modelo y completa su oferta con importaciones desde México, y una tercera directamente dejó de ensamblar. Tres modelos de negocio distintos en el mismo sector, con las mismas señales de precio. «Busquen unidades de negocio, vean en qué encadenamiento están», recomendó a los presentes.
El desierto que hay que cruzar
Ambos economistas reconocieron que la transformación no está exenta de costos. Buscaglia describió la situación actual como «atravesar un desierto»: el gobierno ejecuta simultáneamente dos transformaciones de enorme magnitud —el cambio de matriz económica y la desinflación—, lo que genera tensiones inevitables. Los cuellos de botella de infraestructura en Neuquén, San Juan y Catamarca ya son visibles, y la capacidad de proveer escuelas, rutas, hospitales y vivienda al ritmo que demandan las inversiones aprobadas está, según Buscaglia, «en duda».
Pero el diagnóstico de fondo es optimista. «Si logramos dar las dos vueltas y no morirnos en el intento, lo que viene es buenísimo», sintetizó Buscaglia. Y Sica agregó la dimensión temporal: los 25.000 millones de dólares ya aprobados bajo el RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones, un marco legal aprobado en 2024 que ofrece estabilidad fiscal, aduanera y cambiaria por 30 años a proyectos de inversión superiores a 200 millones de dólares en sectores estratégicos como energía, minería y tecnología) y los 70.000 millones en evaluación se materializarán con fuerza en los próximos cuatro años, con la minería acelerando especialmente a partir de este año tras la clarificación del marco regulatorio sobre glaciares.











