Durante aproximadamente una década antes de la pandemia, el capital privado del middle market se benefició de una deuda barata, un aumento de las valoraciones y mercados de salida abiertos. Un sponsor que compraba una buena empresa a un precio razonable podía obtener buenos resultados simplemente manteniéndola en el portafolio. Ese contexto ha cambiado.
Un mercado más difícil en ambos extremos
El crecimiento se ha ralentizado y la volatilidad ha aumentado. El crédito privado se ha convertido en una fuente de financiación con profundidad, pero las tasas de interés se mantienen muy por encima de los niveles de la década de 2010. Los mayores costos de endeudamiento absorben más flujo de caja de las empresas en el portafolio y reducen el impulso que el apalancamiento proporciona a la rentabilidad del capital. En la actualidad, la operación media necesita aproximadamente el doble de crecimiento de beneficios que antes de la pandemia para producir el mismo múltiplo sobre el capital invertido (MOIC).
La competencia por los activos es otra preocupación. El capital no invertido del private equity a nivel mundial se situaba en 1,66 billones de dólares en marzo de 2025, lo que representa el 45 % del capital no invertido, la cuota más alta en cinco años. Aproximadamente el 75 % de este importe se encuentra en fondos captados entre 2022 y 2024, lo que presiona a los gestores para desplegarlo.¹ Los sponsors que se acercan al final de sus periodos de inversión pueden competir de forma más agresiva, elevando los precios de entrada y comprimiendo las rentabilidades. Los periodos de tenencia también se han alargado hasta siete años o más, y PitchBook estima que el portafolio acumulado de activos de private equity sin vender supera las 30.000 empresas.
La ralentización de las salidas conlleva una ralentización de las distribuciones. Las estimaciones de Preqin, que utilizan como referencia los índices globales de buyouts, muestran que las distribuciones a los inversores han sido más lentas en los vintages recientes.¹ Hay primeros indicios de alivio: el valor de las salidas respaldadas por private equity a nivel mundial casi se duplicó respecto al primer trimestre, alcanzando los 206.000 millones de dólares en el segundo trimestre de 2026. Sin embargo, el volumen de salidas cayó a 500 y el tamaño medio de la salida aumentó a 1.600 millones de dólares, lo que sugiere que la recuperación ha favorecido hasta ahora al extremo superior del mercado.² En la actualidad, muchos LPs consideran que las distribuciones sobre el capital desembolsado (DPI) son más importantes que la TIR.¹ Los cierres de fondos han caído casi un 40 % desde 2022, concentrándose el capital en aquellos gestores que pueden demostrar un historial de devolución de efectivo.
Cinco imperativos
Es probable que la próxima década del private equity esté definida por la dispersión entre gestores, que ya se ha ampliado en los vintages recientes. A continuación, se detallan cinco factores que pueden diferenciar a los mejores:
Enfoque subsectorial. La experiencia en un conjunto definido de industrias y subsectores ayuda a los patrocinadores a detectar oportunidades antes de que se comercialicen de forma generalizada y contribuye a generar credibilidad ante los vendedores y los equipos directivos. Dicho esto, el rendimiento de los sectores rota: el cuidado de la salud ocupó el primer lugar por rentabilidad de salida en el cuartil superior entre 2015 y 2020, pero pasó al cuarto puesto entre 2020 y 2025, mientras que los utilities subieron del décimo al primer lugar.
Originación diferenciada. Los intermediarios siguen siendo esenciales, pero un motor de originación propio, construido con años de relaciones con los propietarios de empresas, permite identificar objetivos de forma temprana y suele traducirse en valoraciones de entrada más bajas. Por el contrario, las subastas ampliamente comercializadas tienden a hacer subir los precios cuando muchos patrocinadores se ven presionados para desplegar capital.
Creación de valor repetible. Entre 2022 y 2025, el crecimiento de los ingresos y los márgenes representó aproximadamente el 80 % del MOIC de salida, frente al 55 % del periodo 2015-2019.³ Los sponsors que cuentan con un equipo operativo interno dedicado, involucrado desde la diligencia debida hasta la salida, pueden aplicar su experiencia de forma coherente a palancas como la fijación de precios y las compras. Repetir un manual de estrategias en distintas empresas también reduce la dispersión de los resultados y respalda la suscripción.
Creación de valor mediante la IA. La inteligencia artificial ya acelera los procesos de due dilligence, y las herramientas de IA pueden revisar una sala de datos y responder a preguntas detalladas casi al instante. La mayor oportunidad reside en las empresas en el portafolio, que a menudo invierten poco en tecnología y están bien posicionadas para lograr avances en áreas como el análisis de precios y la automatización del back-office. La IA suele ofrecer los mejores resultados cuando forma parte de la disciplina operativa de las empresas, con responsables claros y objetivos de rendimiento.
Planificación intencionada de la liquidez. Los gestores con un DPI en el cuartil superior tienden a buscar liquidez de forma activa en lugar de esperar a que se abran los mercados de salidas. Una salida total con un MOIC sólido sigue siendo la herramienta más eficaz, pero los vehículos de continuación ofrecen una alternativa, al igual que las ventas minoritarias y los dividendos.
Ninguno de los cinco factores es suficiente por sí solo. Un sponsor que carezca de experiencia subsectorial se arriesga a que le superen en las pujas, y uno sin originación propia pagará con mayor frecuencia los precios de mercado. Sin un manual de estrategias contrastado, generar el crecimiento de beneficios necesario a esos precios resulta más difícil. Un patrocinador incapaz de devolver capital de forma consistente probablemente tendrá dificultades para captar su próximo fondo. Sin embargo, para los gestores que han desarrollado estas capacidades, un entorno más exigente puede ofrecer la oportunidad de distinguir la verdadera habilidad de los vientos de cola de la pasada década.
Banco Sabadell México alcanzó un resultado neto récord de 1.023 millones de pesos al cierre del tercer trimestre de 2026 (alrededor de 54 millones de dólares), con un crecimiento de 1,3% respecto al mismo periodo del año anterior, en un entorno en el que la expansión del crédito y la captación de clientes corporativos y empresariales se mantienen como los principales motores de su operación en el país.
La institución cerró septiembre con una cartera de crédito de 115.521 millones de pesos, un incremento interanual de 14% a tipo de cambio constante y de 14,8% a tipo de cambio real. En tanto, la captación de clientes se ubicó en 71.111 millones de pesos, mientras que el rendimiento sobre capital (ROE) alcanzó 7,21%.
Uno de los indicadores más relevantes para la estrategia comercial del banco fue el crecimiento de su base de clientes activos. El segmento de Corporate and Investment Banking (CIB) registró un avance de 21%, mientras que el negocio de Empresas creció 16%. Ambos resultados apuntan a una mayor penetración en segmentos corporativos y de negocios, donde la demanda de financiamiento y soluciones financieras especializadas representa una oportunidad para los bancos que buscan fortalecer sus relaciones con compañías de distintos tamaños.
La expansión del crédito, además, se produjo sin un deterioro significativo en la calidad de los activos. El índice de morosidad de la filial mexicana se situó en 1,95%, prácticamente en el mismo nivel del año anterior, un indicador relevante para evaluar la combinación entre crecimiento comercial y administración del riesgo.
José Iragorri, CEO de Banco Sabadell México, señaló que el desempeño del trimestre responde al dinamismo de la actividad comercial y al fortalecimiento de las relaciones con clientes corporativos y empresariales. La estrategia, explicó, consiste en acompañar a las compañías mexicanas mediante soluciones financieras adaptadas a sus necesidades, manteniendo disciplina tanto en la gestión del riesgo como en el gasto.
El desempeño mexicano se inserta en una operación internacional que también reportó resultados relevantes. Grupo Banco Sabadell obtuvo un beneficio neto de 1.376 millones de euros entre enero y septiembre de 2026, prácticamente en línea con el mismo periodo del año anterior, con una variación negativa de 1%. Sin embargo, el beneficio neto recurrente del grupo ascendió a 1.096 millones de euros en los primeros nueve meses, mientras que el correspondiente al tercer trimestre fue de 405 millones, 13% más que en el trimestre previo.
En España, los ingresos del negocio bancario crecieron 2,4% respecto al segundo trimestre, mientras que el margen de intereses avanzó 2%, hasta 920 millones de euros. Las comisiones aumentaron 3,7% trimestral, hasta 340 millones. La entidad también reportó una mejora en la calidad de sus activos, con una morosidad de 2,4% al cierre de septiembre, frente al 2,75% registrado doce meses antes.
El grupo también anunció un dividendo en efectivo de siete céntimos de euro por acción, equivalente a un desembolso de 325 millones de euros, que se pagará el 29 de diciembre. Esta remuneración se suma al programa de recompra de acciones por 331 millones de euros iniciado en julio, del cual quedaban 57 millones pendientes de ejecución al momento de presentar los resultados.
Para Banco Sabadell México, el desafío será mantener el ritmo de expansión de su cartera y consolidar la captación de empresas en un mercado bancario cada vez más competido. El crecimiento de 14% en el crédito y la incorporación de nuevos clientes corporativos muestran una operación que busca ganar escala, aunque la evolución de la rentabilidad y la calidad de los activos serán determinantes para medir la sostenibilidad de esa expansión.
Si bien se han registrado cierto ruido en distintas clases de activos del espectro de activos alternativos, el auge de estas inversiones sigue viento en popa. Y la expectativa es que el ritmo de crecimiento siga hacia delante, llevando a los crecientes mercados privados a alturas nunca antes vistas, según las estimaciones de la plataforma especializada Preqin.
Considerando las dinámicas de los mercados de capital privado, venture capital, deuda privada y activos reales, junto con un ritmo más lento de crecimiento de AUM, la expectativa es que los activos alternativos –incluyendo los hedge funds– crezcan a un CAGR de 8,5% en los próximos cinco años.
Con todo, la firma augura que los mercados privados llegarán a un tamaño de 34,12 billones (millones de millones) de dólares a 2031. Y aun eso, recalcaron en su reporte, sigue siendo una pequeña porción del tamaño de 290 billones que Preqin estima para el mercado invertible total entre mercados públicos y privados.
Según datos del Departamento del Tesoro, los inversionistas internacionales destinaron más de un billón de dólares netos a la renta variable estadounidense en los 12 meses hasta agosto de 2026. Aunque la deuda corporativa también gana terreno, las ventas de instrumentos de corto plazo y el cambio en las compras de bonos del Tesoro plantean nuevas preguntas sobre la asignación global de activos.
La cifra anterior no solo dimensiona el apetito de los inversionistas internacionales por Wall Street, sino que también plantea una pregunta fundamental para los gestores de activos: ¿qué están sacrificando, si es que están sacrificando algo, para aumentar su exposición a la renta variable de la mayor economía del mundo?
Los datos del Departamento del Tesoro estadounidense muestran que, durante los 12 meses hasta mayo de 2026, los inversionistas extranjeros acumularon compras netas de acciones por 909.000 millones de dólares. En ese mismo periodo, sus adquisiciones netas de bonos corporativos estadounidenses alcanzaron 449.000 millones, mientras que las de bonos y notas del Tesoro de largo plazo sumaron 290.000 millones.
La actualización de las estadísticas permite observar que la tendencia continuó durante los meses siguientes. En los 12 meses hasta agosto, las compras netas de acciones estadounidenses alcanzaron aproximadamente 1,01 billones de dólares, al sumar 844.200 millones correspondientes a inversionistas privados extranjeros y 165.400 millones de instituciones oficiales.
La deuda corporativa también mantuvo una trayectoria favorable, con compras netas por 464.100 millones de dólares. En contraste, las adquisiciones netas de bonos y notas del Tesoro de largo plazo se situaron en 306.400 millones.
Las cifras proceden de las estadísticas de movimientos internacionales de capital, conocidas como TIC (Treasury International Capital), publicadas por el Departamento del Tesoro el 16 de octubre de 2026.
El mensaje es claro: la renta variable estadounidense concentra una parte extraordinaria de los flujos internacionales. Pero la interpretación requiere matices. Los inversionistas extranjeros no han dejado de comprar bonos; lo que muestran los datos es una diferencia considerable entre las cantidades destinadas a cada clase de activo.
La cuestión para la industria de inversión consiste en determinar si esta distribución refleja una transformación estructural de las carteras globales, una respuesta a las expectativas de crecimiento de las empresas estadounidenses o una combinación de ambos factores.
La renta variable se impone, pero la deuda corporativa conserva su atractivo
La magnitud de los flujos hacia las acciones contrasta con la demanda de otros instrumentos estadounidenses. En los 12 meses hasta agosto, las compras netas de renta variable por parte de inversionistas privados extranjeros alcanzaron 844.200 millones de dólares, frente a 403.200 millones en bonos corporativos y 296.500 millones en bonos y notas del Tesoro de largo plazo.
Las instituciones oficiales extranjeras —una categoría que incluye entidades del sector público— añadieron otros 165.400 millones de dólares en acciones. También realizaron compras netas de deuda corporativa por 60.900 millones y de bonos y notas del Tesoro de largo plazo por 9.900 millones.
La distinción entre inversionistas privados e instituciones oficiales es importante porque sus objetivos no son necesariamente equivalentes. Mientras los primeros pueden buscar crecimiento, rentabilidad o diversificación, los segundos también pueden administrar reservas y otras posiciones financieras vinculadas con necesidades institucionales.
En conjunto, los datos muestran que el predominio de la renta variable no depende exclusivamente de una categoría de inversionistas. Tanto el sector privado como las instituciones oficiales registraron compras netas positivas de acciones durante el periodo anual analizado.
Sin embargo, la deuda corporativa merece especial atención. Sus compras netas de 464.100 millones de dólares, al sumar inversionistas privados e instituciones oficiales, confirman que el interés por los activos estadounidenses no se limita a las empresas cotizadas.
Para los gestores de renta fija, el atractivo de los bonos corporativos depende de una combinación de factores: el nivel de las tasas, los diferenciales de crédito, la calidad de los emisores, las perspectivas de crecimiento y la compensación que ofrecen frente al riesgo de incumplimiento.
Por eso, el hecho de que los flujos hacia acciones sean mayores no significa que los inversionistas consideren irrelevante la renta fija. Más bien, sugiere que la demanda internacional está distribuyéndose entre instrumentos con funciones diferentes, aunque con un claro predominio de las acciones en términos de volumen.
Además, las cifras agregadas no permiten establecer si los mismos inversionistas que compran acciones están reduciendo sus posiciones en bonos. Un fondo de pensiones puede incrementar su exposición a renta variable mientras otro inversionista compra deuda corporativa. El resultado conjunto es un flujo neto positivo hacia ambas categorías, sin que necesariamente exista una sustitución directa entre ellas.
Las letras del Tesoro, una de las pistas más interesantes
Si la pregunta es qué activos podrían estar perdiendo terreno frente a las acciones, las letras del Tesoro estadounidense ofrecen una pista relevante. A diferencia de los bonos de largo plazo, las letras son instrumentos de deuda soberana con vencimientos cortos. Se utilizan habitualmente para administrar liquidez, mantener recursos disponibles y reducir la volatilidad de determinadas posiciones de cartera.
Durante los 12 meses hasta agosto de 2026, las tenencias extranjeras de letras del Tesoro disminuyeron en términos netos en 23.900 millones de dólares. El dato contrasta con el incremento neto de 145.600 millones registrado durante 2025.
La evolución resulta todavía más significativa cuando se observa el comportamiento de las instituciones oficiales extranjeras. Sus operaciones se tradujeron en una reducción neta de 99.400 millones de dólares en letras del Tesoro durante los 12 meses hasta agosto, frente a compras netas de 104.400 millones en el periodo comparable terminado en agosto de 2025.
Los inversionistas privados, en cambio, aumentaron sus tenencias netas de estos instrumentos en 75.500 millones de dólares. Esta divergencia permite formular una hipótesis más precisa que la de un supuesto abandono generalizado de los bonos estadounidenses: una parte del sector oficial extranjero está reduciendo su exposición a instrumentos de corto plazo, mientras que los inversionistas privados mantienen compras netas tanto de letras del Tesoro como de acciones y deuda corporativa.
No se trata de un comportamiento uniforme entre todos los participantes del mercado. Las razones detrás de los movimientos oficiales pueden incluir necesidades de liquidez, cambios en la administración de reservas, vencimientos que no se reinvierten o decisiones sobre la composición de los activos. Las estadísticas TIC no permiten atribuir una motivación específica a cada operación.
Tampoco demuestran que el dinero retirado de las letras haya terminado en acciones estadounidenses. Para establecerlo sería necesario contar con información individualizada de las carteras y de las decisiones de inversión, que no está disponible en estos datos agregados. Aun con esa limitación, la evolución de las letras del Tesoro ofrece una dimensión adicional para evaluar cómo está cambiando la demanda internacional de activos estadounidenses.
Los bonos del Tesoro de largo plazo no están siendo abandonados
La otra parte de la historia se encuentra en la deuda soberana de mayor vencimiento. Aunque las compras netas de bonos y notas del Tesoro de largo plazo fueron inferiores a las de acciones, los inversionistas extranjeros adquirieron 306.400 millones de dólares netos de estos instrumentos durante los 12 meses hasta agosto de 2026.
La cifra, sin embargo, oculta diferencias importantes entre participantes. Los inversionistas privados registraron compras netas por 296.500 millones de dólares, mientras que las instituciones oficiales compraron apenas 9.900 millones.
En consecuencia, la menor demanda relativa de deuda soberana de largo plazo no debe interpretarse como una retirada generalizada del mercado. El sector privado mantuvo un flujo de compras considerable. La deuda pública estadounidense desempeña funciones que no pueden sustituirse de manera directa con acciones. Es un instrumento de referencia para los mercados globales, interviene en la formación de las tasas de interés y puede utilizarse para administrar liquidez, cubrir riesgos o diversificar carteras.
No obstante, los bonos de largo plazo también están expuestos a variaciones importantes de valoración cuando cambian las tasas de interés. Un aumento de los rendimientos suele reducir el precio de los títulos existentes, especialmente de aquellos con mayor duración.
Para un gestor de portafolios, la decisión entre acciones y bonos soberanos depende, por tanto, de algo más que las expectativas de rentabilidad; también requiere evaluar la sensibilidad de la cartera a las tasas, la correlación entre activos y la función que cada posición debe desempeñar frente a distintos escenarios económicos.
En este contexto, la demanda de acciones puede reflejar una búsqueda de crecimiento, mientras que la compra de bonos puede responder a objetivos de preservación de capital, generación de ingresos o gestión de riesgos. Ambas estrategias pueden coexistir dentro de una misma cartera.
La magnitud de las compras extranjeras invita a pensar que los inversionistas internacionales están apostando de manera decidida por las perspectivas de las empresas estadounidenses. Sin embargo, hay una diferencia fundamental entre el volumen de capital que ingresa a un mercado y la rentabilidad que ese mercado ofrecerá en el futuro.
Los 1,01 billones de dólares en compras netas de acciones durante los 12 meses hasta agosto representan un flujo de inversión, no una ganancia obtenida por los inversionistas. El rendimiento de una cartera depende de la evolución de los precios, los dividendos, los costos de transacción, las comisiones y, para quienes invierten desde otros países, los movimientos del tipo de cambio.
Además, los flujos no permiten identificar por sí solos las razones de cada compra. Una operación puede responder a expectativas de crecimiento, a una recomposición de índices, a decisiones de asignación estratégica o a estrategias de inversión más tácticas.
La diferencia importa especialmente en un entorno en el que los gestores deben evaluar si el crecimiento esperado de los beneficios empresariales justifica las valoraciones de mercado. Una entrada elevada de capital puede sostener la demanda de acciones, pero no garantiza que los precios sean atractivos ni que las rentabilidades futuras reproduzcan las del pasado.
Por ello, la magnitud de los flujos debe analizarse junto con indicadores de valoración, perspectivas de beneficios, concentración sectorial y exposición a los principales factores de riesgo.
La concentración en Wall Street plantea otro desafío
La discusión sobre los flujos internacionales tampoco puede separarse de la composición del mercado estadounidense.
Los índices de referencia concentran una parte importante de su ponderación en grandes compañías, particularmente en sectores vinculados con la tecnología y los servicios digitales. Para los inversionistas extranjeros, comprar acciones estadounidenses puede significar aumentar su exposición a empresas que dominan mercados globales y participan en actividades con perspectivas de crecimiento de largo plazo.
Sin embargo, esa misma concentración puede incrementar la dependencia de un conjunto limitado de compañías y de factores comunes, como las expectativas sobre la inteligencia artificial, el gasto en infraestructura tecnológica, las tasas de descuento y los márgenes empresariales.
Las estadísticas del Tesoro no desglosan las compras extranjeras por sector, índice, tamaño de empresa o estilo de inversión. Por lo tanto, no es posible afirmar que los 1,01 billones de dólares se hayan dirigido principalmente a las grandes compañías tecnológicas.
Lo que sí puede plantearse es una pregunta para los gestores: ¿hasta qué punto el incremento de la exposición a Estados Unidos está diversificando las carteras y hasta qué punto está reforzando riesgos que ya estaban presentes?
Una cartera con numerosas posiciones puede mantener una concentración elevada si gran parte de sus activos depende de los mismos factores económicos. De igual manera, una exposición a compañías estadounidenses con ingresos internacionales no equivale necesariamente a una diversificación completa por región, moneda o ciclo económico.
Para los fondos de pensiones, aseguradoras y oficinas familiares, esta distinción resulta esencial. El objetivo no es solamente participar en el crecimiento de las empresas, sino construir una cartera capaz de resistir escenarios adversos sin comprometer sus obligaciones financieras.
El dólar también forma parte de la ecuación
Para los inversionistas cuya moneda de referencia no es el dólar, la rentabilidad de las acciones estadounidenses depende también de la evolución cambiaria.
Una cartera puede registrar ganancias en dólares y, al mismo tiempo, ofrecer un rendimiento inferior al esperado cuando se convierte a otra moneda si el dólar se deprecia. En sentido contrario, una apreciación de la divisa estadounidense puede elevar la rentabilidad medida desde el país de origen.
Este factor es particularmente relevante para los inversionistas latinoamericanos, cuyos portafolios pueden combinar activos denominados en dólares con obligaciones, gastos y objetivos patrimoniales en monedas locales.
La exposición cambiaria puede mantenerse deliberadamente como parte de una estrategia de diversificación o cubrirse mediante instrumentos financieros. La elección depende del horizonte de inversión, los costos de cobertura, las necesidades de liquidez y las expectativas sobre los tipos de cambio.
No obstante, los datos de compras netas del Tesoro no permiten concluir que los flujos recientes hayan respondido a una apuesta específica por el dólar. Para sostener esa tesis sería necesario complementar las cifras con información cambiaria y análisis de las posiciones de los inversionistas.
La misma cautela se aplica a la procedencia geográfica del capital. El Tesoro advierte que sus estadísticas se basan en buena medida en registros de custodia, por lo que la jurisdicción en la que se registra una inversión no siempre coincide con la residencia del propietario efectivo. Esto dificulta atribuir con precisión los movimientos a países concretos.
Para los gestores patrimoniales que atienden a clientes internacionales, esta limitación refuerza la necesidad de distinguir entre el lugar donde se registra una posición, el domicilio del vehículo de inversión y la residencia del beneficiario final.
La magnitud de las compras internacionales plantea un desafío para quienes administran capital: cómo aprovechar las oportunidades de la renta variable estadounidense sin convertir una tendencia favorable en una fuente de concentración excesiva.
La respuesta no consiste en reducir automáticamente las posiciones en acciones ni en aumentar indiscriminadamente la exposición a bonos. Depende de los objetivos de cada cartera, su horizonte de inversión, las necesidades de liquidez y la capacidad para absorber pérdidas.
Para un fondo de pensiones con obligaciones de largo plazo, una mayor exposición a acciones puede ser coherente con la búsqueda de crecimiento real del patrimonio. Para una cartera que debe financiar compromisos próximos, reducir la liquidez o asumir más riesgo de mercado puede resultar contraproducente.
También es necesario evaluar los escenarios adversos: una desaceleración de los beneficios empresariales, un cambio en las expectativas de tasas, una corrección de las compañías de mayor capitalización o una depreciación del dólar frente a la moneda de referencia del inversionista.
En ese contexto, las acciones, los bonos corporativos, los títulos soberanos y las letras del Tesoro no son necesariamente competidores. Pueden desempeñar funciones complementarias dentro de una estrategia que combine crecimiento, ingresos, liquidez y control de riesgos.
Para los responsables de asignación de activos, el reto consiste en determinar si la composición actual de sus carteras refleja sus objetivos de largo plazo o si se ha desplazado, de manera consciente o involuntaria, hacia los segmentos que han concentrado la mayor atención del mercado.
Las cifras del Departamento del Tesoro dejan poco margen para la duda sobre la dirección de los flujos: las acciones estadounidenses han captado una cantidad extraordinaria de capital internacional. En los 12 meses hasta agosto de 2026, las compras netas alcanzaron aproximadamente 1,01 billones de dólares, frente a 464.100 millones en bonos corporativos y 306.400 millones en bonos y notas del Tesoro de largo plazo.
Al mismo tiempo, las tenencias extranjeras de letras del Tesoro disminuyeron en términos netos en 23.900 millones de dólares. Dentro de esa categoría, las instituciones oficiales registraron una reducción de 99.400 millones, mientras que los inversionistas privados aumentaron sus posiciones en 75.500 millones.
El contraste revela que el mercado internacional no está actuando como un bloque homogéneo. Los inversionistas privados y las instituciones oficiales muestran diferencias en sus decisiones, y la evolución de cada categoría de activos responde a necesidades que no pueden deducirse únicamente de los flujos agregados.
Por eso, la respuesta a la pregunta del título no es que los extranjeros estén abandonando los bonos para comprar acciones. Los datos muestran algo más específico: una preferencia extraordinaria por la renta variable, acompañada de compras importantes de deuda corporativa y soberana, y de una reducción neta de determinados instrumentos de corto plazo.
Para los gestores de activos y los grandes patrimonios, la señal no consiste en seguir mecánicamente el dinero que llega a Wall Street, sino en examinar qué riesgos incorpora ese movimiento, qué función cumplen los activos que pierden peso y si la asignación resultante continúa siendo consistente con los objetivos de cada cartera.
La semana próxima conoceremos el resultado de las elecciones legislativas en EE. UU. y, mientras esperamos, aumenta el ruido en torno a la posibilidad de nuevos ataques contra Irán coordinados entre estadounidenses e israelíes. En este sentido, el Wall Street Journal publicaba el martes por la noche que la administración Trump ha pedido a varios Estados del Golfo que se preparen para una nueva ofensiva, breve e intensa, contra Irán después de las elecciones legislativas.
Al igual en EE. UU., Israel también afrontaba un proceso electoral —el sexto desde 2019— con un desenlace incierto: el día antes de los comicios, ni el bloque de Netanyahu ni el de sus opositores (Gadi Eisenkot) parecían tener la capacidad de asegurar los 61 escaños necesarios para obtener la mayoría parlamentaria. Los resultados confirmaron esta situación, que deja al país en un escenario de estancamiento político y quizá ante una nueva votación, en la que Netanyahu podría tener más posibilidades de formar un gobierno de coalición. Aunque las agendas políticas de este y Eisenkot difieren respecto a cómo abordar el problema iraní, ambos coinciden en lo principal: suspender el desarrollo atómico de Teherán.
En este contexto, el brent se mantiene en torno a los 115 dólares por barril y la curva de futuros ha elevado el precio a doce meses de 70 a 89 dólares desde julio. Aunque el diferencial de refino (crack spread) se ha comprimido desde septiembre, este incremento en el precio del crudo volverá a impulsarlo al alza. Se trata de uno de los riesgos de cara a final de año, especialmente para Europa, donde las sorpresas macroeconómicas descienden rápidamente y el coste del gas natural TTF se acerca a los 100 euros/MWh, un 142% por encima de los mínimos de junio, justo cuando entramos en el invierno y los inventarios se sitúan por debajo de los niveles históricamente normales (75%, frente a una media de los últimos cinco años de entre el 86% y el 89%). En EE. UU., la mejora del índice de confianza del Conference Board probablemente sea efímera en este contexto, ya que se ha construido sobre una caída de aproximadamente el 6% en el precio de la gasolina durante el mes pasado.
Renta variable: un cierre de año favorable si no hay escalada
Si el ataque no es severo o finalmente no llega a producirse, el cierre del año puede ser muy agradable para los inversores en renta variable. A pesar de todo (los renovados temores en torno a la inversión y al ROIC en la temática IA, el crudo en torno a los 115 dólares, la TIR del bono del Tesoro rebotando y cierto deterioro en los diferenciales de crédito), el S&P 500 se ha mantenido muy cerca de máximos, y los registros históricos medios tras las elecciones de medio mandato en EE. UU. son incontestablemente favorables a los compradores de renta variable.
Inteligencia artificial: la demanda supera a la oferta, pero preocupa la financiación
Recientemente han regresado, una vez más, las dudas en torno a la temática IA. El aumento de las rentabilidades en el tramo largo y sus implicaciones para los costes de financiación de nuevos centros de datos, los temores sobre si el dinero llegará antes de que se agote el capital (y si la rentabilidad sobre el capital invertido será suficiente) y la competencia por el capital —un recurso limitado— son algunos de los aspectos que han pesado sobre la cotización de empresas tecnológicas. Entre los ejemplos de los últimos días figuran la ampliación de capital de Meta de hasta 95.000 millones de dólares (movimiento que el mercado ya anticipaba); el acuerdo de financiación de SpaceX por 40.000 millones, a través de un vehículo fuera de balance que arrendará las GPU a la empresa de Musk; y un acuerdo de estructura similar, por 63.000 millones, con Blackstone, Morgan Stanley, Bank of America y Citigroup, para abastecer de ASIC a otro gran laboratorio de IA, Anthropic.
La demanda de cómputo supera a la oferta. Esta es la conclusión más clara que nos dejan los resultados del tercer trimestre de Microsoft, Amazon y Alphabet, y del primer trimestre fiscal de Oracle, a pesar de las fuertes caídas registradas. El mercado vuelve a centrarse menos en el tirón de la tecnología y en su velocidad de adopción, y más en las preocupaciones que giran en torno a esa demanda. Ahora penaliza tres aspectos: el retorno sobre el capital invertido (aunque en el caso de estas compañías ronda el 30%), cuánto tiempo seguirá siendo negativo el flujo de caja libre y cómo se financia el capex.
El S-1 de Anthropic: demanda real, rentable y un compromiso de cómputo enorme
El anuncio oficial de la salida a bolsa de Anthropic y la publicación de su S-1 (que contiene el prospectus de la colocación, además de otra información que no era pública con anterioridad) pueden ofrecer al mercado una nueva razón para mostrarse más optimista. En esa línea, el índice de semiconductores de Filadelfia rebotó el lunes sobre el soporte de su media móvil de 200 sesiones y registró la jornada de mayor rentabilidad desde septiembre. Incluso CoreWeave pudo disfrutar de un respiro, a pesar de los comentarios interesados de Elon Musk, apuntando a la muerte del modelo de los neoclouds.
El S-1 de Anthropic es probablemente la evidencia pública más sólida hasta la fecha de que la demanda de IA a nivel empresarial es una realidad. Los ingresos del creador de Claude pasaron de US$41 M en 2023 a US$16.286 M en el primer semestre de 2026, con un tercer trimestre comunicado de US$16.800 M (+45% intertrimestral). Esa demanda está cada vez más repartida: los clientes con más de US$100.000 anuales pasaron de 950 a 11.900 en un año, unos 250 ya gastan más de US$10 M, la retención neta de ingresos ronda el 900%, y el peso de los cinco mayores clientes cayó del 36% al 21% en dos trimestres. Aun así, la penetración sigue siendo muy baja, lo que permite una lectura optimista: el potencial de crecimiento es enorme, ya que los clientes del Fortune 500 dedican a Claude menos del 0,1% de sus gastos totales.
La clave está en que esa demanda empieza a ser rentable. El margen bruto de Anthropic —tras ciertas decisiones contables, como imputar el coste de entrenamiento de modelos, superior a US$60.000 M, a gasto de I+D— alcanzó el 85% en el semestre. Además, el gasto en cómputo pasó de representar 2,5 veces los ingresos a principios de 2025 al 48% en el segundo trimestre de 2026, periodo en el que la compañía ya registró un beneficio operativo GAAP. Esto desmonta la idea de que la IA solo se vende con pérdidas.
La otra cara es que la propia compañía apuesta por que esta demanda seguirá multiplicándose: tiene comprometidos —según mis cálculos— unos US$855.000 M en compute. Esta cifra equivale a unas 13 veces sus ingresos anualizados actuales. Estos compromisos, en su mayoría no cancelables, se han contratado con 12–18 meses de antelación y se pagan a Google, Amazon, Microsoft, Broadcom y otros proveedores. Para los hiperescaladores, es una señal muy favorable de visibilidad de libro de pedidos; para Anthropic, supone un riesgo de apalancamiento operativo si el crecimiento se frena antes de que los ingresos alcancen esa capacidad, pero también una gran oportunidad si esas ventas se materializan.
Los mercados ya descuentan que los demócratas podrían hacerse con el control de la Cámara de Representantes, mientras que el Senado sigue siendo territorio más complejo. Así lo señala AllianzGI en su análisis sobre las elecciones legislativas del próximas 3 de noviembre, que cita datos de Polymarket y Bloomberg: 64% de probabilidad para una victoria demócrata completa, 28% para un gobierno dividido y 8% para un triunfo republicano. UBS Global Wealth Management es más prudente: 50% para un Congreso demócrata, 40% para uno dividido y 10% para uno republicano.
Más allá del resultado, ambas casas coinciden en dónde se concentran los interrogantes que plantea los comicios: la deuda y el presupuesto, con impacto potencial en los tipos y el dólar, y no en un cambio de rumbo fiscal. “No estamos haciendo ningún cambio en nuestras asignaciones de cartera en torno a las elecciones de mitad de mandato”, afirmó Kurt Reiman, responsable de Renta Fija de las Américas y líder de Election Watch en UBS Global Wealth Management, en un conversatorio del que participó Funds Society.
Lo que descuentan los mercados
Según AllianzGI, los republicanos cuentan hoy con una mayoría de tres escaños en el Senado y de uno en la Cámara, y los demócratas necesitarían sumar cuatro en la cámara alta. La gestora subraya que el partido del presidente ha perdido estos comicios en 18 de las últimas 20 convocatorias y que la valoración neta de Donald Trump ronda los -25 puntos. Reiman sostuvo que no hay una gran diferencia entre un gobierno dividido, con los demócratas controlando solo la Cámara, y uno con los demócratas en ambas cámaras. Donde sí importa, dijo, es en nombramientos presidenciales, designaciones judiciales y reconciliación presupuestaria. Como la posibilidad de una mayoría demócrata a prueba de veto es muy baja, UBS espera una etapa de bloqueo legislativo. Según su análisis, las acciones se comportan razonablemente bien durante esos periodos, pero Reiman rechazó que sea una regla: “Nos oponemos a la idea de que el bloqueo sea necesariamente bueno”.
Si los demócratas ganan el Senado por más de uno o dos escaños y la Cámara por una ventaja de una docena o un par de docenas, Reiman admitió que podría haber una debilidad de corta duración en bolsa por la posibilidad de mayor regulación. Con todo, consideró que la volatilidad se disiparía rápido y que los mercados volverían a los fundamentales: economía, política monetaria, política fiscal, inflación y, sobre todo, beneficios.
Deuda y presupuesto: el calendario que preocupa
AllianzGI identifica como riesgos inmediatos la fecha límite de financiación del 11 de diciembre y el “precipicio” del techo de deuda en la primavera de 2027. En un Congreso dividido, explica, la capacidad de aprobar medidas más allá de la financiación básica se limitaría, y la volatilidad tendería a aumentar a medida que se acerquen esas fechas.
Jonathan Pingle, economista jefe para EEUU de UBS Investment Bank, apuntó en la misma dirección: “los demócratas tendrán cierto poder de negociación, ya sea en torno a elevar el techo de deuda o a aprobar presupuestos, o simplemente en torno a las medidas generales de gasto, como intentar mantener las luces encendidas en el Gobierno federal”. Su expectativa es que a cambio se produzcan concesiones sobre los recortes que ya están entrando en vigor: el traspaso de parte de los costes de Medicaid a los estados, los requisitos laborales para el SNAP y los subsidios de la ACA que expiraron el año pasado.
Consultado sobre la probabilidad de que los demócratas recurran a esta palanca, algo históricamente asociado a los republicanos, Pingle respondió que espera que la “usen o intenten usar”. Añadió que los republicanos han hablado de elevar el límite durante la sesión de transición (lame duck) mediante reconciliación, aunque todavía no han coincidido en un plan. Reiman describió un posible intercambio: más gasto en defensa para los republicanos y, a cambio, el aplazamiento de parte de los recortes en Medicaid y programas sociales.
Bonos y tipos
Según AllianzGI, el riesgo de un Congreso dividido tendería a concentrarse en los bonos del Tesoro de corto vencimiento y en el tramo corto de la curva. Cada episodio de tensión podría impulsar temporalmente tanto al dólar como al oro, aunque es poco probable que provoque cambios duraderos.
Reiman consideró que el mercado de bonos “está bastante bien posicionado en este momento”. Atribuyó el repunte de rendimientos del verano más a un crecimiento mejor y una inflación más alta de lo esperado que a la preocupación fiscal, y recordó que el mercado ya descuenta “tres o cuatro subas de tasas adicionales” de la Fed. Explicó que es posible armar una cartera de vencimiento medio y con algo de riesgo crediticio que rinda alrededor del 6% “con bastante facilidad”. UBS favorece el crédito (corporativos investment grade y high yield) y los productos titulizados, y alargó algo la duración con preferentes.
Pingle describió el panorama fiscal como “sombrío” y estimó que el desplazamiento de los rendimientos desde comienzos de año, frente a las últimas proyecciones de la CBO, implica más de 2,5 billones de dólares adicionales de gasto neto en intereses en diez años. Se declaró escéptico de que este Congreso aborde el problema con legislación.
Dólar y Reserva Federal
AllianzGI plantea tres escenarios para el dólar. En uno dividido, los episodios de tensión podrían impulsarlo de forma temporal. En uno de victoria republicana en ambas cámaras, que considera el más expansivo para el déficit, vería más emisión de deuda del Tesoro, una prima por plazo al alza, una curva más inclinada y un dólar más fuerte a corto plazo. Y en uno de control demócrata total, una reacción de aversión al riesgo provocaría un ligero aumento de la pendiente de la curva.
En el plano institucional, Pingle recordó que desde la administración Reagan suele producirse al menos una renuncia a nivel de gabinete poco después de las legislativas. Con un Senado demócrata, la oposición controlaría los reemplazos. Para la Reserva Federal, dijo, eso “reducirá las preocupaciones sobre la independencia de la Fed”. Anticipó además que hasta cuatro miembros de la Junta de Gobernadores y del FOMC podrían marcharse antes de principios de 2028.
Para AllianzGI, la reacción de la renta variable ante un Congreso demócrata dependería del protagonismo del ala progresista. Los mercados podrían reaccionar mal si ganan fuerza la regulación de la inteligencia artificial y los centros de datos, los impuestos sobre el patrimonio o Medicare for All. Prioridades más moderadas, como revertir los recortes en SNAP o Medicaid, podrían favorecer a los sectores sanitario y de consumo básico. En el escenario republicano, defensa, servicios financieros y energía serían los principales beneficiados.
Reiman apuntó que un aumento inesperado del gasto en defensa podría ayudar a los industriales, un sector que UBS favorece, y mencionó a hospitales y dispositivos médicos si se aplazan los recortes. Aclaró que no recomiendan comprar estos sectores por el resultado electoral.
Lo que no cambia
AllianzGI sostiene que, en cualquiera de los tres resultados, la consolidación fiscal prácticamente queda descartada, y que a más largo plazo la mayor amenaza sigue siendo el gasto obligatorio. Añade que el Ejecutivo seguirá recurriendo ampliamente a la acción directa, algo en lo que coincidió Reiman: el uso que hace la Casa Blanca de la política exterior y comercial “es improbable que cambie mucho”. Señaló que los ingresos arancelarios que se daban por descontados se están devolviendo tras un fallo de febrero sobre la IEEPA, y que desafíos judiciales a sus reemplazos podrían empeorar el cuadro fiscal.
En cuanto a la inteligencia artificial, Reiman dijo que los centros de datos son “la manifestación física y tangible” de las preocupaciones de los votantes y no ve probable una moratoria general, aunque sí la desaparición de incentivos fiscales. UBS espera que el CapEx crezca el próximo año. AllianzGI coincide en que el resultado electoral no debería ralentizar de forma significativa el avance de la capacidad computacional.
Foto cedidaFernando Chaied, CTO y cofundador (izquierda) y Mauricio Armando, CEO y cofundador de Xendia.
Xendia, compañía wealthtech especializada en infraestructura tecnológica para instituciones financieras, ha anunciado el lanzamiento de Goal Intelligence Platform, una solución institucional diseñada para ayudar a entidades financieras de la región a ofrecer experiencias de inversión basadas en objetivos, con mayor capacidad de planificación, seguimiento y gestión a escala.
A diferencia de las soluciones tradicionales de Goal-Based Investing, que suelen operar como una herramienta de planificación sobre portafolios estáticos, Goal Intelligence Platform funciona como una capa de inteligencia institucional. La plataforma conecta la definición de metas, la asignación de portafolio, el seguimiento del progreso y cumplimiento de hitos, el recálculo dinámico, la evolución automatizada del portafolio a través del tiempo mediante un glide path y la analítica para asesores e instituciones en una sola arquitectura.
La solución puede incluir acceso a modelos de portafolio de ETFs de BlackRock como asignaciones disponibles dentro de su motor de inversión, sujeta a las aprobaciones aplicables y a los acuerdos de implementación correspondientes. Esto permite a las instituciones configurar experiencias guiadas por metas utilizando modelos de portafolio globales, dentro de una infraestructura flexible, agnóstica e integrable con distintos custodios, canales y modelos de implementación.
«Muchas experiencias de inversión basada en objetivos se limitan a mostrar una meta. Goal Intelligence Platform está diseñada para gestionarla. La diferencia está en que el motor puede recalcular la ruta del cliente a medida que cambian sus aportes, su horizonte, su comportamiento o su progreso real hacia el objetivo», asegura Fernando Chaied, CTO y cofundador de Xendia.
Para las instituciones financieras de LatAm, la inversión basada en objetivos representa una oportunidad concreta para evolucionar de una oferta centrada en productos hacia una relación más recurrente, medible y orientada al largo plazo. Las entidades financieras pueden ofrecer una experiencia donde cada cuenta se estructura alrededor de una meta, con visibilidad continua para el cliente y herramientas de seguimiento para el asesor.
Desde el punto de vista institucional, Goal Intelligence Platform permite proyectar flujos, visualizar el avance de los clientes, estimar crecimiento potencial de AUM, identificar oportunidades y fortalecer el engagement posterior al fondeo inicial. Esto convierte la inversión basada en objetivos en una herramienta poderosa que no solo beneficia al cliente final, sino que también permite al asesor y a la institución proyectar su negocio de forma orgánica a largo plazo, optimizando la gestión comercial, la retención y el crecimiento del negocio.
«Para una institución, el valor no está únicamente en digitalizar la inversión. Está en convertir cada relación de inversión en un plan vivo, con datos, seguimiento y capacidad de acción. Es, en esencia, una poderosa herramienta de fidelización a largo plazo para las instituciones financieras, dándole al asesor más visibilidad y a la entidad una forma más estructurada de crecer», afirmó Mauricio Armando, CEO y cofundador de Xendia.
La plataforma puede desplegarse en distintos modelos, incluyendo app, API o widget, según la infraestructura existente de cada institución. También puede operar como una solución integrada dentro de ecosistemas digitales actuales o como una nueva experiencia de inversión basada en objetivos para clientes finales, con una ágil implementación.
El Grupo Bolsa Mexicana de Valores (BMV) incorporó a su Sistema Internacional de Cotizaciones (SIC) nuevos instrumentos administrados por la firma Pershing Square Capital Management, del reconocido inversor Bill Ackman.
Esta adición amplía las opciones disponibles en el mercado local para que los inversionistas mexicanos accedan a portafolios globales en pesos, los instrumentos incorporados son:
Pershing Square USA, Ltd. (Ticker: PSUS): Un fondo de inversión de capital cerrado lanzado originalmente en Wall Street y diseñado para invertir principalmente en grandes empresas estadounidenses de alta calidad y alto flujo de caja libre, como Microsoft, Meta y Uber.
Pershing Square Inc. (Ticker: PS): La firma que consolida la estructura del negocio del propio gestor de inversiones.
Por dicho listado en el SIC, Bill Ackman visitó México para participar en el tradicional «campanazo» de la BMV y reunirse con inversionistas locales entre los que la firma ha captado aproximadamente 700 millones de dólares a través de family offices y fondos de pensiones, según informó el propio Ackman.
En el caso de PSUS, a menos de cinco meses de haber comenzado su operación dicho fondo ya cuenta con un portafolio de inversión valuado en alrededor de 3.944 millones de dólares con capital colocado en 12 compañías estadounidenses, según información de la empresa.
Foto cedidaMaría Eugenia Mosquera responsable de Wealth Planning, Key Clients & Family Office Services de Julius Baer.
Solo el 2,3% de las familias empresarias UHNW se considera plenamente preparado para vender o transmitir su negocio, según el último informe elaborado por Julius Baer. Este reto se suma a muchos otros como mantener la gobernanza, coordinar las dispersión geográfica de los miembros de la familia, mejorar el consenso familiar respecto a la orientación de las inversiones o preparar a las siguientes generaciones para tomar la control, entre otros. María Eugenia Mosquera responsable de Wealth Planning, Key Clients & Family Office Services de Julius Baer, analiza estas y otras tendencias en esta entrevista.
¿Qué necesidades de planificación financiera cambian cuando una familia con un patrimonio considerable establece su residencia en España?
Cuando un empresario o una familia decide trasladarse de Latinoamérica a España, es fundamental planificar el traslado con suficiente antelación, idealmente al menos 18 meses antes de abandonar el país de residencia. La primera cuestión es migratoria: ¿tiene algún miembro de la familia pasaporte de la UE? Muchas familias latinoamericanas descienden de europeos que emigraron y las generaciones anteriores pueden haber transmitido su ciudadanía europea a las posteriores, lo que en la mayoría de los casos puede simplificar considerablemente los trámites migratorios. Cuando no es así, el asesoramiento en materia de inmigración constituye un primer paso esencial. Se trata de una consideración importante dada la libre circulación de personas dentro de la UE.
Otro aspecto que a menudo se subestima es que las estructuras patrimoniales que funcionaban bien conforme a las normas de residencia fiscal de un país latinoamericano pueden dejar de ser adecuadas en el nuevo destino. La salida del país de residencia también debe gestionarse cuidadosamente para evitar la doble imposición. Esto exige revisar los convenios para evitar la doble imposición aplicables, así como cuestiones como los regímenes económicos matrimoniales y las leyes sucesorias.
También suele subestimarse la cuestión de si la empresa latinoamericana continuará operando o será vendida, y si seguirá estando controlada y dirigida por un propietario que se ha trasladado a España. Esto requiere un análisis cuidadoso, ya que también puede plantear cuestiones relativas al lugar de dirección efectiva, con consecuencias adversas e imprevistas si no se planifican adecuadamente. La residencia de la siguiente generación, que asumirá el control de la empresa,también es importante: los padres pueden trasladarse a España mientras sus hijos permanecen en Latinoamérica, lo que añade dificultades para diseñar una estructura patrimonial adecuada en ambos continentes.
Las jurisdicciones offshore utilizadas habitualmente por residentes latinoamericanos, como las Islas Caimán, Bahamas, Panamá y las Islas Vírgenes Británicas (BVI), suelen figurar en las listas negras de países europeos como España. En algunos casos, mantener estructuras en esas jurisdicciones puede activar normas de transparencia o una tributación más elevada en España.
Otra consideración fundamental es cómo se estructurará el patrimonio líquido. El primer paso consiste en obtener una visión global del patrimonio familiar para definir una asignación de activos adecuada al perfil de riesgo de su propietario actual. Revisar el gobierno familiar también ayuda a armonizar los perfiles de riesgo de los distintos miembros de la familia, que pueden ser propietarios actuales o futuros del patrimonio. Como muestra nuestra encuesta Family Barometer, la mayoría de las familias se plantearía vender la empresa si con ello se preservara la armonía familiar. Al mismo tiempo, la mayoría no está preparada para vender el negocio o transmitirlo a la siguiente generación, aunque observamos que cada vez más empresarios se centran en esa preparación.
¿En qué momento deja de ser suficiente gestionar distintas inversiones de forma aislada y cuándo tiene sentido diseñar una estrategia patrimonial integral, como la que puede estructurar una family office?
Cuando una familia o un empresario empieza a prestar atención no solo a la rentabilidad del negocio, sino también a cómo invertir los ingresos obtenidos de su venta, ya sea diversificando hacia otras empresas o manteniéndolos como patrimonio líquido, cobra relevancia una estrategia de planificación patrimonial por clases de activos. Esa estrategia debe basarse en una visión de conjunto de todas las clases de activos y tener en cuenta las necesidades y los objetivos particulares del propietario.
Además, las familias pueden plantearse si necesitan una family office propia o si les conviene más una estructura que ofrezca una supervisión coordinada de las inversiones en las distintas clases de activos, revisiones jurídicas y fiscales, planificación sucesoria, gobierno familiar y una persona responsable de la coordinación que mantenga una visión global. Contratar profesionales de inversión que trabajen para una sola familia puede resultar ineficiente y costoso, y quizá no ofrezca la amplitud de conocimientos especializados que puede aportar el equipo de inversión de un banco global.
En Julius Baer hemos trabajado con familias que han vendido sus empresas, coordinando sus cuestiones de gobierno familiar con sus propios asesores, con la misma independencia con la que lo haría cualquier multifamily office o family office virtual. Algunas también han recurrido a la función de director de inversiones externalizado (outsourced CIO), en función de los objetivos y necesidades del propietario.
Tanto en Latinoamérica como en España, hemos observado que, cuando los propietarios venden sus empresas operativas, buscan:
Estructuras patrimoniales que proporcionen una supervisión adecuada de las inversiones.
Planificación sucesoria con un gobierno familiar sólido, incluida la preparación de la siguiente generación.
Diversificación patrimonial y preservación del patrimonio a largo plazo.
Y, por último, pero no menos importante, un socio con experiencia en la gestión de patrimonio líquido, que pueda asesorar profesionalmente sobre estas cuestiones y anteponga, en última instancia, los intereses del propietario.
¿Qué estrategia financiera sustenta realmente una family office?
Antes de hablar de inversiones, las familias necesitan comprender qué decisiones deben tomarse y cómo van a adoptarlas; por ello, el gobierno familiar desempeña un papel extraordinariamente importante. Por ejemplo, si la empresa pertenecía a más de un miembro de la familia, es esencial definir si continuarán invirtiendo juntos o si el patrimonio se dividirá entre las distintas ramas familiares. Esta decisión suele ser muy personal.
Una vez definido el gobierno familiar, el siguiente paso suele consistir en contar con la orientación de un profesional de la inversión sobre su tolerancia al riesgo y sus preferencias de inversión.
¿Cómo se transforma un patrimonio, a menudo muy concentrado en una sola empresa, inmuebles o activos heredados, en una cartera diversificada concebida para preservar el capital entre generaciones?
Los comités de inversión con participación del propietario del patrimonio resultan ser la herramienta más demandada después de un acontecimiento que genera liquidez. Se complementan con un análisis del perfil de riesgo y una estructura patrimonial adecuada, dentro de la cual el gobierno familiar, la sucesión, las declaraciones de política de inversión y las decisiones de inversión puedan gestionarse de forma organizada y con responsabilidades claramente definidas, con vistas a preservar el patrimonio familiar a lo largo de las generaciones.
Solemos dar por sentado que las generaciones de una familia crecen más deprisa que el propio patrimonio. Sin embargo, también hemos visto que los propietarios cuya estrategia de planificación patrimonial está alineada con la misión familiar a menudo consiguen demostrar lo contrario.
Además, ¿qué valor puede aportar un banco privado internacional en este proceso?
En Julius Baer estamos acostumbrados a asesorar a familias empresarias y propietarios de grandes patrimonios, tanto en la transmisión del patrimonio a la siguiente generación como después de la venta de una empresa, sobre cómo gestionar la liquidez en su sentido más amplio: desde el gobierno familiar, la sucesión y la estructuración patrimonial hasta la supervisión de las inversiones de acuerdo con su perfil de riesgo.
Como banco familiar con más de tres generaciones de historia, Julius Baer adopta una visión integral de todas las necesidades de asesoramiento que puede tener el propietario de un patrimonio familiar. Compartimos la experiencia de otras familias que han atravesado una venta empresarial o una transmisión patrimonial a la siguiente generación. Gracias a nuestras relaciones duraderas con los propietarios de patrimonios, podemos actuar como interlocutor de contraste para ellos y sus propios asesores en cuestiones como la conveniencia de constituir una family office, cómo diseñar las estructuras de gobierno y patrimoniales, cómo preparar a la siguiente generación y cómo garantizar que los cambios en las circunstancias familiares queden reflejados en la estrategia de planificación patrimonial definida.
Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo (BCE), ha presentado hoy su dimisión, poniendo fin a meses de especulaciones sobre su futuro y coincidiendo con un periodo de creciente volatilidad económica y de política electoral polarizada en Europa. Lagarde dejará su cargo el 7 de febrero, nueve meses antes de que concluya oficialmente su mandato, lo que dará tiempo a los actuales líderes de la Unión Europea para elegir a su sucesor.
Esta decisión se produce en un momento en el que el BCE se enfrenta a los riesgos de inflación derivados de una crisis del petróleo provocada por la guerra en Irán, mientras que un fuerte aumento de los rendimientos de los bonos, especialmente en Francia, amenaza con frenar el crecimiento. «Dejo esta institución con la sensación de haber realizado un buen trabajo y de que el BCE está preparado para el futuro», afirmó Lagarde, de 70 años, en un breve vídeo compartido en redes sociales.
Según la agencia Reuters, fuentes cercanas afirmaron que Lagarde, exministra de Hacienda francesa y exdirectora del Fondo Monetario Internacional, había dimitido para poder intervenir en asuntos políticos tanto en Francia como a nivel mundial. Como presidenta del BCE, se esperaba que mantuviera la neutralidad para salvaguardar la independencia de la institución. La propia Lagarde no se ha pronunciado directamente sobre estas cuestiones. La agencia recuerda que ha afirmado que no se presentaría como candidata a la presidencia de Francia, pero que defendería los valores proeuropeos en su país de origen «desde cualquier cargo» que considerara más eficaz.
El presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, ha declarado que el proceso para encontrar al sucesor de Lagarde comenzará de inmediato. Es probable que este nombramiento forme parte de un paquete más amplio de puestos de alta dirección del BCE, que incluye el puesto en el Comité Ejecutivo de Isabel Schnabel, que abandonará el cargo a principios de enero, y el del economista jefe Philip Lane, cuya salida está prevista para mayo. Los antiguos gobernadores del banco central de los Países Bajos y España, Klaas Knot y Pablo Hernández de Cos, son considerados por muchos como los principales candidatos para sustituir a Lagarde.
La opinión de los expertos
Lale Akoner, estratega de Mercados Globales en etoro, afirmó que la salida de Lagarde «añade incertidumbre en un momento inoportuno», con una inflación elevada y los bonos franceses bajo presión. No obstante, admite que la moderada reacción inicial del mercado sugiere que los inversores esperan una continuidad en la política, en lugar de un cambio de rumbo abrupto. También considera que la sucesión es relevante tanto para los tipos de interés como para la respuesta del BCE ante las tensiones en el mercado de bonos. «Knot podría percibirse como partidario de una política más restrictiva y de un umbral más elevado para intervenir; por su parte, De Cos podría considerarse más dispuesto a actuar. Estas percepciones podrían influir en el euro y en los diferenciales de los bonos franceses, aunque ninguno de los candidatos decide la política monetaria por sí solo», concluye Akoner.
Por su parte, Matthew Ryan, responsable de Estrategia de Mercados de Ebury, coincide en que el momento elegido dista mucho de ser el ideal para el BCE, ya que «se produce en un contexto en el que la guerra de Irán mantiene la inflación muy por encima del objetivo del banco central, una situación que previsiblemente se prolongará durante algún tiempo». Además, resalta que los mercados europeos de deuda también se encuentran sometidos a fuertes tensiones, con el diferencial de rentabilidad entre los bonos franceses y alemanes en su nivel más elevado desde 2011.
También considera que Klaas Knot y Pablo Hernández de Cos se perfilan como los principales candidatos a sucederla. Ve a Knot partidario de una política monetaria más restrictiva que probablemente reforzaría las expectativas de nuevas subidas de los tipos de interés, lo que podría favorecer la apreciación del euro. Mientras, Hernández de Cos le parece un perfil más moderado en materia monetaria, por lo que previsiblemente otorgaría mayor importancia al crecimiento económico y a la estabilidad de los mercados de deuda, «una cuestión especialmente relevante en un momento de fuertes tensiones sobre la deuda soberana francesa». Con todo, no prevé que el relevo en la presidencia del BCE modifique la trayectoria de los tipos de interés a corto plazo, ya que aunque el presidente establece la agenda de la institución, «en última instancia su voto es uno más dentro del Consejo de Gobierno y rara vez se impone al consenso», pero también admite que un proceso de sucesión prolongado podría introducir volatilidad adicional en los mercados en un momento de especial fragilidad. «Por ello, cuanto antes se anuncie el nombre del sucesor, mejor”, sentencia.
Por su parte, Konstantin Veit, gestor de carteras de Pimco, no descarta que, entre los posibles sustitutos, «se dé preferencia a un candidato centrista que refleje el estilo de liderazgo inclusivo y basado en el consenso que ha demostrado Lagarde» y destacó «el firme compromiso del BCE con un enfoque basado en un marco de actuación, reafirmado en la evaluación de la política monetaria de 2025, que tiende a reducir la influencia individual». Teniendo en cuenta que la función de reacción está clara y es poco probable que cambie, no prevé implicaciones significativas para la inversión derivadas de la salida de Lagarde.
Asimismo, Conor Parle, economista de la Eurozona en Fidelity International, afirma que tanto Hernández de Cos como Klaas Knot, «aportarían continuidad al frente del BCE y son considerados voces de reconocido prestigio en el ámbito de la economía y la banca central». Eso sí, en caso de que De Cos o Knot fueran nombrados, ve probable que responsables alemanes y franceses ocupen los puestos restantes del Comité Ejecutivo.