El deporte entra a los portafolios: Blue Owl adquiere una participación minoritaria en los Cleveland Cavaliers

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Blue Owl, una de las firmas de inversión y gestión de activos alternativos más grandes a nivel mundial, anunció la adquisición de una participación minoritaria en los Cleveland Cavaliers a través de su fondo HomeCourt Partners, un vehículo creado específicamente para invertir en franquicias deportivas profesionales.

La operación anunciada refleja una tendencia global: equipos deportivos, antes considerados solo como negocios de entretenimiento, ahora son vistos por inversionistas institucionales como activos alternativos con potencial de apreciación, ingresos recurrentes y baja correlación con los mercados tradicionales.

Durante décadas, invertir en un equipo deportivo fue prácticamente un privilegio reservado para empresarios multimillonarios y grupos familiares con una fuerte conexión emocional con una franquicia. Hoy, esa lógica está cambiando.

Las grandes ligas profesionales se han convertido en un nuevo territorio para los fondos de capital privado, gestores alternativos y family offices que buscan exposición a activos escasos, con marcas globales, flujos de ingresos diversificados y potencial de crecimiento de largo plazo.

La operación representa la sexta franquicia de la NBA respaldada por HomeCourt Partners desde su creación, consolidando una estrategia que busca transformar la propiedad deportiva en una clase formal de inversión alternativa. El propietario de los Cavaliers, Dan Gilbert, mantendrá la participación mayoritaria en la franquicia.

Más allá del equipo de Cleveland, la operación refleja una tendencia más amplia: el deporte profesional está dejando de ser únicamente un negocio de entretenimiento para convertirse en un activo financiero dentro de las carteras institucionales.

El atractivo de las franquicias deportivas para los inversionistas institucionales responde a varias características que hoy son altamente valoradas en los mercados privados.

A diferencia de otros activos tradicionales, los equipos deportivos combinan:

  • Marcas globales difíciles de replicar
  • Derechos exclusivos de participación en ligas cerradas
  • Ingresos crecientes por televisión y plataformas digitales
  • Contratos comerciales de largo plazo
  • Capacidad para expandirse internacionalmente
  • Comunidades de aficionados altamente comprometidas

Para muchos gestores de activos alternativos, estas características convierten a las franquicias deportivas en activos con similitudes a otros segmentos de inversión privada como infraestructura, bienes raíces premium o activos de propiedad intelectual.

“Las inversiones en deportes son una estrategia alternativa de rápido crecimiento debido a la diversificación y al flujo potencial de ingresos estables que pueden proporcionar a los inversionistas”, explicó Michael Rees, copresidente de Blue Owl, al anunciar la operación.

La tesis de inversión es clara: mientras los mercados públicos enfrentan ciclos de volatilidad, los activos deportivos ofrecen exposición a tendencias estructurales como consumo global, entretenimiento, tecnología y monetización digital.

El cambio, de propietarios individuales a inversionistas institucionales

El cambio más importante en los últimos años es la entrada del capital institucional. La NBA fue una de las primeras grandes ligas estadounidenses en abrir la puerta a inversionistas institucionales especializados. En 2020 creó un marco que permitió la participación de fondos aprobados en la propiedad minoritaria de equipos.

Dentro de ese contexto nació HomeCourt Partners, como una alianza estratégica entre Blue Owl y la NBA para proporcionar capital institucional al ecosistema de la liga.

El fondo tiene una característica particular: es el único inversionista institucional preaprobado que puede adquirir participaciones de capital en cualquiera de las 30 franquicias de la NBA, lo que le permite construir una cartera diversificada dentro de una misma liga. La estrategia responde a un fenómeno que ya se observa en otras industrias deportivas.

Firmas como Arctos Partners, RedBird Capital Partners, Sixth Street y CVC Capital Partners han desarrollado vehículos especializados para invertir en equipos, ligas, derechos comerciales y activos relacionados con el deporte.

La lógica es similar a la utilizada por los fondos de private equity tradicionales: adquirir participaciones en negocios con potencial de crecimiento, profesionalizar operaciones y beneficiarse de la apreciación futura del activo.

Las valuaciones deportivas rompen récords

La creciente participación de inversionistas institucionales coincide con una etapa de fuerte apreciación en el valor de las franquicias deportivas. De acuerdo con estimaciones de Forbes, el valor promedio de una franquicia de la NBA se ha multiplicado de manera significativa en la última década, impulsado por mayores ingresos comerciales, contratos de transmisión y expansión global de la liga.

Actualmente, varias franquicias superan valuaciones superiores a los 5.000 millones de dólares, mientras que los equipos más valiosos del mundo deportivo alcanzan cifras superiores a los 10.000 millones de dólares. Los Golden State Warriors, los Los Angeles Lakers y los New York Knicks se encuentran entre las franquicias deportivas más valiosas del mundo.

El fenómeno no es exclusivo del basquetbol. En la NFL los Dallas Cowboys han sido valuados por Forbes en más de 10.000 millones de dólares, convirtiéndose en uno de los activos deportivos más valiosos del planeta.

El crecimiento responde a una transformación del modelo de negocio, antes el valor estaba concentrado principalmente en boletos y televisión, ahora incluye: derechos internacionales, plataformas de streaming, apuestas deportivas, comercio electrónico, contenido digital, experiencias VIP, explotación de datos de aficionados, entre otros.

Blue Owl apuesta por activos de largo plazo

La inversión en los Cavaliers también encaja dentro de la estrategia general de Blue Owl. La firma, que cotiza en la bolsa de Nueva York bajo el símbolo OWL, se ha convertido en uno de los actores más importantes del mercado de activos alternativos.

Con aproximadamente 315 mil millones de dólares en activos bajo gestión al cierre del primer trimestre de 2026, Blue Owl opera principalmente en tres grandes plataformas: crédito privado; activos reales y GP Strategic Capital.

Su estrategia se ha enfocado en ofrecer a inversionistas institucionales, aseguradoras y grandes patrimonios acceso a inversiones privadas con horizontes de largo plazo. La incursión en deportes representa una extensión natural de esa filosofía: identificar activos con características únicas y con capacidad de generar valor durante décadas.

El crecimiento de los activos deportivos también tiene implicaciones para los grandes patrimonios familiares. Ahora, los deportes comienzan a incorporarse como una categoría emergente dentro de la asignación estratégica de activos.

Aunque la inversión directa en franquicias sigue siendo altamente exclusiva, los vehículos especializados permiten a inversionistas institucionales obtener exposición sin necesidad de adquirir una participación mayoritaria.

Para los grandes patrimonios latinoamericanos, que históricamente han mostrado interés por activos internacionales y de marca global, este segmento podría ganar relevancia. La búsqueda de diversificación, protección patrimonial y exposición a tendencias de consumo global está llevando a las familias más ricas del mundo a explorar nuevas categorías de inversión.

La entrada de Blue Owl en los Cleveland Cavaliers confirma un cambio estructural en la industria financiera: algunos de los activos más atractivos del futuro pueden no encontrarse en las bolsas tradicionales, sino en negocios con comunidades globales, propiedad intelectual y capacidad de generar ingresos durante generaciones.

Calidad en renta fija y en renta variable para el segundo semestre

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Foto cedidaMehdi Huet (izquierda), gestor de Renta Variable y Olivier Becker, gestor de Renta Fija de Amiral Gestion.

Amiral Gestion presentó recientemente sus perspectivas para el segundo semestre, en las que Olivier Becker, gestor de Renta Fija, y Mehdi Huet, gestor de Renta Variable, ofrecieron sus puntos de vista y posicionamientos. Becker cree que, a pesar del reciente descenso del precio del crudo, los efectos de segunda ronda junto a una prima de riesgo geopolítico ya estructural mantendrán los índices de precios en niveles elevados durante los próximos meses.

Un escenario que ha provocado un “giro radical” en las políticas de los bancos centrales. El experto recuerda que el mercado, a principios de año, descontaba para el BCE bien bajadas de tipos o bien un mantenimiento de los mismos. Pero ahora, con el alza de los precios de la energía, las previsiones cambiaron a tres alzas en el precio del dinero. Eso sí, tras la ejecutada en junio y a raíz de las conversaciones de paz, “el BCE modulará su agresividad y se mantendrá estrictamente dependiente de los datos entre reuniones”.

Por su parte, la Reserva Federal contaba con unas proyecciones de mercado que apuntaban a un tono expansivo de la política monetaria, condicionado por el relevo en la presidencia tras la llegada de Kevin Walsh, con hasta dos bajadas de tipos. El repunte inflacionario obligó a cambiar el rumbo, según el experto, y ahora se descuenta una subida de tipos.

En este contexto, Becker resalta la resiliencia de los spreads, ya que la ampliación de los diferenciales de crédito ha sido extremadamente moderada (menos de 100 pb en High Yield y menos de 30 pb en Investment Grade), a diferencia de lo ocurrido en crisis recientes, como la pandemia o el estallido de la guerra en Ucrania). “Los spreads ya han regresado a sus mínimos anuales, lo que demuestra la sólida salud financiera de las empresas”, apunta.

Su escenario base para el segundo semestre del año recoge una inflación persistente pero sin recesión económica, con estabilidad en los tipos de interés y diferenciales contenidos. El caso más optimista apuntaría a un alivio definitivo de la energía y una caída acelerada de tipos, mientras que el más negativo recogería un nuevo shock inflacionario con destrucción de demanda.

Para beneficiarse de esta coyuntura, la firma propone una estrategia de retorno absoluto con un enfoque altamente defensivo en crédito a través de un posicionamiento mínimo del 70% en investment grade, que ofrece tires “muy atractivas” sin necesidad de incurrir en riesgos de impago más propios del high yield.

Además, actúa con “flexibilidad absoluta” en la gestión de la duración para generar retornos positivos incluso en escenarios bajistas de mercado. Finalmente, implementa derivados sobre tipos, spreads y volatilidad que funcionan como amortiguadores de capital ante shocks inesperados. La duración total de la cartera está cerca de los 4 años.

Renta variable

Respecto a la renta variable global, Mehdi Huet considera que las valoraciones ya están “al límite” y cita como muestra que el índice Shiller PE de Estados Unidos supera las 40 veces, niveles acompañados por máximos equivalentes en Japón y el resto de Asia. Por el contrario, Europa “es la única geografía que ofrece un comportamiento relativo más razonable”, según el experto.

Con todo, Huet observa un descuento “histórico” en quality, en tanto que las compañías con balances sólidos, retornos altos y crecimiento estable cotizan hoy baratas frente al mercado, “una anomalía que solo se ha observado una vez en los registros financieros modernos: durante la burbuja “puntocom” del año 2000”. Así, Huet señala que sectores como salud, consumo básico o consumo discrecional se encuentran infravalorados en términos relativos.

El experto detalla que el motor de la sobrevaloración reside en el boom de la inteligencia artificial y observa un cierto paralelismo histórico con el año 2000. “Existe una falsa narrativa que defiende que la burbuja “puntocom” estuvo compuesta únicamente por empresas fantasmas (como pets.com). La realidad es que las firmas que lideraban el rally eran corporaciones de una calidad extraordinaria desde el punto de vista de los fundamentales, como Microsoft (22x EV/Sales), Cisco (>20x), Intel, Oracle o Sun Microsystems”, recuerda el experto, que añade que dichas empresas contaban con márgenes muy elevados y una enorme generación de caja, igual que los campeones de la inteligencia artificial actuales. “El problema no radicaba en sus fundamentales, sino en que el entusiasmo inversor desligó por completo sus precios de la realidad económica”, asegura.

El desenlace, al completarse el ciclo de la burbuja -fase de ascenso y posterior capitulación de 3-4 años-, “el factor quality fue el único estilo de inversión que arrojó retornos absolutos positivos. La inversión basada en fundamentales propios e independientes de las tendencias macro siempre termina ganando a largo plazo”, sentencia.

Su propuesta de inversión apunta a una cartera muy concentrada de entre 30 y 40 compañías líderes globales, sin deuda y con alta visibilidad de retornos, apoyándose en herramientas cuantitativas propias para aprovechar ineficiencias de precio con un posicionamiento equilibrado y defensivo. Su estrategia ante la IA recoge un optimismo con el desarrollo de la tecnología de inteligencia artificial a largo plazo, pero se mantiene firme en la disciplina de valoración. Por ello, redujeron de manera gradual y drástica su exposición a la IA a lo largo del último año al encarecerse los múltiplos, asumiendo un coste de oportunidad a corto plazo en favor de la protección del capital.

La cartera presenta un 27% de peso en el sector de Tecnología, enfocada en software de alta visibilidad y alejado de la especulación, destacando posiciones en Amadeus o Verisign (monopolio de gestión de dominios .com/.net en Estados Unidos). Por su parte, Consumo discrecional representa el 21%, a través de compañías con un extraordinario poder de fijación de precios, como Games Workshop o Richemont, del sector lujo. Consumo Básico (15%) aporta posiciones defensivas y estables como la compañía chocolatera Hershey’s. La posición del 8% en el sector Seguros está concentrada en la convicción histórica en la británica Admiral.

Insigneo fortalece su apuesta por las grandes fortunas latinoamericanas, ficha a Juan C. Londoño y Felipe Quintero como Senior Vice Presidents

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Insigneo, firma especializada en gestión patrimonial para clientes internacionales, anunció la incorporación de Juan C. Londoño y Felipe Quintero como Senior Vice Presidents, un movimiento con el que busca reforzar su presencia en América Latina y ampliar su capacidad para atender a clientes de alto (HNW, High Net Worth) y muy alto patrimonio (UHNW, Ultra High Net Worth).

En un mercado donde la competencia por los clientes de alto patrimonio es cada vez más intensa, el principal activo ya no son únicamente las capacidades de inversión o el acceso a productos financieros, sino el talento capaz de construir relaciones de largo plazo con las familias más acaudaladas. Este es el contexto que rodea la llegada de los ejecutivos.

Juan C. Londoño y Felipe Quintero llegan procedentes de Merrill Lynch, donde desarrollaron una trayectoria conjunta de más de 15 años asesorando familias empresarias e inversionistas de Colombia, México, Centroamérica y Estados Unidos.

De acuerdo con Insigneo, ambos cuentan con experiencia en estrategia global de inversiones, banca privada y gestión patrimonial transfronteriza, un segmento que ha ganado relevancia conforme las grandes fortunas latinoamericanas diversifican cada vez más sus activos fuera de sus países de origen.

El anuncio refleja un cambio estructural en la industria del wealth management. Durante décadas, los grandes bancos internacionales concentraron buena parte de los asesores que atendían a las familias con mayor patrimonio de América Latina.

Sin embargo, en los últimos años se ha intensificado la migración hacia firmas independientes que ofrecen mayor flexibilidad en arquitectura de inversión, acceso a múltiples gestores y modelos de asesoría menos ligados a la colocación de productos propios.

Esta transformación ha dado lugar a una intensa competencia por atraer equipos consolidados, especialmente aquellos que administran relaciones de largo plazo con clientes de elevado patrimonio.

En este contexto, la contratación de Londoño y Quintero representa mucho más que dos incorporaciones individuales: significa sumar un equipo con experiencia regional y una cartera de conocimientos sobre las necesidades de inversionistas que operan entre distintas jurisdicciones.

Insigneo busca consolidar su expansión regional

Con sede en Miami, Insigneo se ha consolidado como una de las plataformas independientes de gestión patrimonial con mayor presencia entre clientes latinoamericanos con activos internacionales.

La firma ofrece servicios de administración patrimonial, asesoría de inversiones, planificación financiera, banca privada y soluciones para family offices, apoyándose en una plataforma de arquitectura abierta que permite acceder a estrategias desarrolladas por diversos administradores de activos globales.

Su modelo de negocio se ha enfocado particularmente en familias empresarias, ejecutivos e inversionistas latinoamericanos que requieren administrar patrimonios distribuidos entre Estados Unidos y otros mercados internacionales, una necesidad que ha crecido conforme aumentan la internacionalización del patrimonio y la búsqueda de diversificación geográfica.

En ese contexto, fortalecer la cobertura sobre mercados como México, Colombia y Centroamérica constituye una prioridad estratégica para la firma. La incorporación de especialistas con experiencia regional ocurre en un momento de expansión para la industria de gestión patrimonial.

Diversos estudios internacionales, entre ellos los de UBS, Boston Consulting Group (BCG) y Capgemini, coinciden en que América Latina continúa incrementando el número de individuos con elevados niveles de riqueza, impulsados por empresarios, compañías familiares y sectores exportadores.

Al mismo tiempo, el patrimonio de estos clientes se ha vuelto más internacional. Cada vez es más frecuente que las familias latinoamericanas distribuyan sus inversiones entre varias jurisdicciones, incorporando activos en Estados Unidos, Europa y Asia, además de ampliar su exposición a estrategias como mercados privados, crédito privado, infraestructura y fondos alternativos.

Este fenómeno ha elevado la demanda por asesores capaces de coordinar inversiones transfronterizas, planificación patrimonial, sucesión familiar y administración de riesgos en múltiples mercados.

Insigneo destaca que Londoño y Quintero han trabajado juntos durante más de una década y media, asesorando clientes internacionales bajo un enfoque centrado en el inversionista. En un negocio donde la confianza y las relaciones personales constituyen buena parte del valor agregado, este tipo de equipos suele representar una ventaja competitiva relevante.

Su incorporación también confirma una tendencia observada en los últimos años: la movilidad de banqueros privados entre grandes instituciones financieras y plataformas independientes se ha convertido en una herramienta estratégica para acelerar el crecimiento en mercados específicos.

El fortalecimiento de equipos especializados responde también a un cambio en el comportamiento de los grandes patrimonios latinoamericanos. La volatilidad política y económica registrada en diversos países de la región durante la última década ha llevado a muchas familias empresarias a diversificar no sólo sus inversiones, sino también la ubicación de sus activos y vehículos patrimoniales.

Como resultado, la demanda por soluciones internacionales de wealth management continúa creciendo, especialmente entre clientes que requieren estructuras patrimoniales complejas y asesoría integral para administrar activos distribuidos en distintas jurisdicciones.

Los aranceles de Trump cambian el mapa del comercio global; estos son los ganadores según BBVA Research

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Con el regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos y la imposición de su agresiva política de aranceles, el escenario dominante entre analistas e inversionistas era que la mayor economía del planeta provocaría una contracción significativa del comercio internacional. Sin embargo, un análisis de BBVA Research plantea una conclusión distinta: el comercio global no desapareció ni se contrajo, simplemente cambió de origen.

La guerra comercial entre Estados Unidos y China está acelerando una transformación que ya estaba en marcha desde la pandemia: la búsqueda de cadenas de suministro más diversificadas, menos dependientes de un solo país y con mayor cercanía al mercado estadounidense.

De acuerdo con el estudio de BBVA Research “¿Qué impacto han tenido los aranceles de Trump en las importaciones?”, se concluye que los nuevos gravámenes sí tuvieron un efecto directo sobre los flujos comerciales: por cada incremento de un punto porcentual en los aranceles aplicados a un país, las importaciones estadounidenses provenientes de esa economía disminuyeron alrededor de 2%.

Pero el dato más relevante para los mercados y las empresas es que esa caída no significó necesariamente una reducción del comercio total. Estados Unidos simplemente comenzó a sustituir proveedores. El resultado es una redistribución de participación dentro de las cadenas globales de valor.

“Los aranceles están modificando los patrones comerciales más que reduciendo el comercio”, es la conclusión central que se desprende del análisis de BBVA Research. La pregunta ahora para inversionistas y empresas no es solamente cuánto comercio se pierde por las barreras comerciales, sino quién ocupa el espacio que dejan los proveedores afectados.

China pierde terreno y México gana participación

El principal cambio se observa en la relación comercial entre Estados Unidos y China. Durante décadas, China fue el gran proveedor manufacturero del mercado estadounidense. Sin embargo, la combinación de tensiones geopolíticas, restricciones tecnológicas y nuevos aranceles ha obligado a las compañías estadounidenses a buscar alternativas.

En este escenario, México aparece como uno de los principales beneficiarios de ese proceso. El país ya era el principal socio comercial de Estados Unidos antes de esta nueva etapa de tensiones comerciales. En 2023 superó a China como principal origen de las importaciones estadounidenses y en 2024 consolidó esa posición.

Datos del U.S. Census Bureau muestran que el comercio bilateral entre México y Estados Unidos alcanzó el año pasado niveles récord, con un intercambio superior a los 800 mil millones de dólares anuales, impulsado principalmente por sectores manufactureros como automotriz, maquinaria, electrónicos y equipo industrial.

El fenómeno responde a varias ventajas estructurales: cercanía geográfica con Estados Unidos; integración productiva bajo el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC); costos laborales competitivos; una amplia red de proveedores industriales y capacidad instalada en manufactura avanzada, entre otras.

Para BBVA Research, México no solamente está capturando comercio desplazado desde China, sino que está adquiriendo un papel más estratégico dentro de las cadenas regionales de suministro. El llamado nearshoring dejó de ser únicamente una expectativa de inversión futura y comenzó a reflejarse en los patrones comerciales.

América Latina busca aprovechar la nueva reconfiguración

El cambio en las cadenas globales no se limita a México. La fragmentación comercial entre Estados Unidos y China abre oportunidades para distintas economías latinoamericanas, aunque con diferentes capacidades para capturar inversión.

México es el caso más evidente por su integración con Estados Unidos, pero otros países pueden beneficiarse en nichos específicos. Por ejemplo:

Costa Rica: Este país ha desarrollado una posición relevante en manufactura médica y electrónica.

República Dominicana: Fortaleció sectores de zonas francas orientadas a exportación.

Brasil: Puede aprovechar oportunidades vinculadas con manufactura, energía y materias primas estratégicas.

Chile y Perú: Países que tienen una posición relevante en minerales críticos necesarios para la transición energética y tecnologías avanzadas, como cobre y litio.

Sin embargo, BBVA Research ha señalado en distintos análisis sobre inversión y nearshoring que la oportunidad no está garantizada debido a que la región necesita resolver obstáculos históricos como infraestructura logística insuficiente; incertidumbre regulatoria; baja integración regional; déficit de talento especializado y costos energéticos.

Adicionalmente, la competencia ya no es únicamente entre países emergentes de la región, ya que México compite contra Vietnam, India, Malasia y otras economías asiáticas que también buscan capturar la salida de manufactura desde China.

La IA abre una nueva ventana para México y Asia

Uno de los elementos más relevantes del análisis de BBVA Research es que la reorganización comercial no responde exclusivamente a los aranceles. Existe otro factor estructural: la nueva economía tecnológica impulsada por la inteligencia artificial.

La explosión de la demanda global por infraestructura relacionada con IA —como semiconductores, servidores, componentes electrónicos y equipos especializados— está modificando nuevamente los flujos comerciales.  BBVA identifica que en algunos productos vinculados con esta nueva economía Estados Unidos está reduciendo compras provenientes de China e incrementando adquisiciones desde economías como Taiwán y México.

La razón es que las empresas tecnológicas están buscando proveedores considerados más confiables desde una perspectiva geopolítica y logística. México tiene una oportunidad particularmente relevante en sectores como manufactura electrónica, componentes automotrices avanzados, centros de datos, equipo eléctrico así como semiconductores y ensamblaje especializado.

Aunque México todavía no compite directamente con Taiwán en producción avanzada de chips, sí puede capturar etapas importantes de la cadena tecnológica, especialmente manufactura, integración y logística. Para los inversionistas, esta tendencia abre una lectura diferente: el nearshoring ya no solamente está relacionado con trasladar fábricas tradicionales, sino con construir ecosistemas industriales alrededor de sectores estratégicos.

Los aranceles difícilmente resolverán el déficit comercial de Estados Unidos

A pesar de que la política arancelaria estadounidense busca reducir la dependencia externa y disminuir el déficit comercial, BBVA Research advierte que el resultado puede ser limitado. La razón es que los países no desaparecen como proveedores, simplemente cambian.

La lógica es contundente, si Estados Unidos reduce importaciones desde China, pero aumenta compras desde México, Vietnam u otras economías, el déficit comercial puede modificar su composición geográfica, pero no necesariamente desaparecer.

Además, los aranceles pueden generar efectos secundarios como mayores costos para empresas estadounidenses, presión sobre precios al consumidor, menor eficiencia en cadenas productivas y posibles represalias comerciales, varios de estos efectos de hecho ya son una realidad en la actualidad. Es por eso que el impacto final dependerá de cuánto puedan absorber las empresas los mayores costos y qué tan rápido logren reorganizar sus cadenas de suministro.

El punto relevante del análisis de BBVA Research consiste en el hecho de que la economía mundial no está entrando en una etapa de menor comercio, sino en una etapa de comercio más fragmentado y estratégico. En otras palabras: La globalización no desaparece, solo cambia de forma.

Durante las últimas décadas, las empresas buscaron principalmente eficiencia y menores costos. Ahora buscan también seguridad, resiliencia y menor exposición geopolítica. En ese nuevo escenario, México y algunos países latinoamericanos, en menor medida, parten con una ventaja relevante.

La combinación de su ubicación, el T-MEC en el caso específico de México, su base manufacturera y la cercanía con el mayor mercado consumidor del mundo, los coloca entre los países mejor posicionados para capturar una parte del nuevo mapa comercial. El verdadero ganador de la guerra arancelaria no necesariamente será quien imponga más barreras, sino quien logre convertirse en el proveedor alternativo cuando las empresas decidan cambiar de ruta.

 

 

 

 

 

 

 

La pregunta del millón en Perú: ¿logrará Fujimori romper la racha de inestabilidad política?

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Foto cedidaKeiko Fujimori, presidenta electa de Perú (fuente: web oficial de Fujimori)

Un nuevo ciclo político se está fraguando en Perú, con los distintos actores de la economía tomando palco para ver cómo se instala la entrante administración de Keiko Fujimore. Con poco menos de 50.000 votos de ventaja frente al candidato Roberto Sánchez –heredero político de Pedro Castillo–, la carta considerada como pro-mercado se impuso en una milimétrica segunda vuelta. Ahora, entre los desafíos de la presidenta electa están consolidar la mejora de expectativas, conseguir cierto pie de gobernabilidad y –después de una década de puerta giratoria en la Casa de Pizarro– completar su mandato de cinco años.

“El resultado electoral ha reducido de manera importante la prima de incertidumbre política y ha reforzado una expectativa de continuidad del modelo económico”, comenta a Funds Society el gerente de la División de Wealth Management de Banbif, Roberto Montero. Esto, explica, se ha visto reflejado en el tipo de cambio, la prima de riesgo, los bonos soberanos y la bolsa local, mercados que han absorbido la mejora de expectativas.

“El mercado espera una mejora gradual del entorno económico por la reducción del riesgo político más que por cambios en los fundamentos macroeconómicos. El sesgo promercado debería favorecer la confianza empresarial, destrabar inversiones y reducir la prima de riesgo país”, acota Blas Changana, Head of Research and Investment Strategy de Zest.

Una de las variables donde se esperan mejoras es en la reactivación de proyectos de inversión. Diez años de inestabilidad política han dejado su huella, frenando decisiones de inversión. “Ahora, con un gobierno percibido como más favorable a la inversión privada, buena parte de estas decisiones pueden retomarse, especialmente en sectores como minería, infraestructura, construcción, agroindustria”, agrega Montero.

El desafío de la confianza

De momento, el entusiasmo ya está levantando los ánimos entre los distintos actores de la economía local. En junio, según señalan desde Scotia Wealth Management, todos los indicadores de expectativas empresariales aumentaron, “impulsados por mejores expectativas sobre la economía, la inversión y el empleo tras las elecciones presidenciales”. Según destacó la firma en un informe reciente, distintas métricas relacionadas con el optimismo sobre la economía, planes de contrataciones en empresas y perspectivas de demanda y ventas.

“Esta mejora en el sentimiento del sector empresarial peruano viene con miras a un escenario más favorable, especialmente para la inversión privada, tras la disipación de la incertidumbre política”, indicaron.

Ahora, la clave es consolidar este buen humor. Para cristalizar las expectativas positivas, indica Montero, el gobierno deberá centrarse en ejecutar y mostrar acciones concretas. “Los primeros meses serán determinantes para demostrar capacidad de diálogo, consistencia entre el discurso económico y las decisiones de política pública, así como una agenda clara para recuperar la productividad y atraer la inversión privada”, comenta.

Los inversionistas, acota, estarán atentos a la calidad del gabinete económico, la disciplina fiscal, la relación con el Congreso y la capacidad de destrabar inversiones. “Esas variables determinarán si la recuperación de la confianza logra traducirse en un ciclo de crecimiento más sostenible”, señala.

El efecto Velarde

De momento, ya hay señales que le han gustado al mercado. “El hito más relevante para los inversionistas institucionales se produjo el lunes 6 de julio”, señala el gerente general de Fynsa Perú, Armando Herrera. Ese fue el día en que, en una reunión en la sede del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), Fujimori solicitó formalmente al economista Julio Velarde que siga al frente de la institución. El profesional aceptó, manteniéndose al timón del ente emisor por cinco años más.

Velarde es una de las caras más reconocidas de la esfera técnica en el país andino. Además de su experiencia asesorando a grandes entidades internacionales –como el BID, el Banco Mundial y la OIT–, el economista se ha instalado como capitán histórico del BCRP. Desde septiembre de 2006 que ocupa la presidencia de la entidad.

En esas dos décadas de trayectoria monetaria, Velarde ha conseguido la venia de una variedad de gobiernos. Nombrado originalmente por Alan García, el profesional fue ratificado en su cargo por Ollanta Humala, en 2011; Pedro Pablo Kuczynski, en 2016; y Pedro Castillo, en 2021.

“La decisión ha sido interpretada por los bancos de inversión globales como la señal de continuidad más relevante de la transición, al asegurar la autonomía del Banco Central, mantener una política de metas de inflación rigurosa y resguardad la sólida administración de las Reservas Internacionales Netas”, explicó Herrera en una nota de mercado.

El dilema de la gobernabilidad

Hacia delante, uno de los desafíos clave será la gobernabilidad. Especialmente considerando que Fujimori convenció sólo al 50,1% de los votantes peruanos. Y es que los últimos diez años han visto nueve personas tomar la banca presidencial, varios gobernando por menos de un año.

“La gobernabilidad será el principal determinante del desempeño de los activos peruanos durante los próximos años. El mercado seguirá de cerca la relación entre Ejecutivo y Congreso (y la nueva estructura de este), la capacidad de implementar reformas y la estabilidad de las reglas de juego”, resalta Changana.

Según el ejecutivo, romper la racha de mandatos incompletos podría fortalecer la confianza de los inversionistas, tanto locales como extranjeros. “Más que la orientación política, los mercados valoran la previsibilidad para tomar decisiones de inversión de largo plazo y lo veremos a medida que se favorezcan los flujos hacia activos peruanos”, indica.

A esto se suma un marco que favorece la institucionalidad del país andino. En el ámbito legislativo, por ejemplo, este ciclo político reintrodujo la bicameralidad, lo que se espera actúe como un contrapeso. “El marco económico mantendrá su predictibilidad gracias a los contrapesos existentes en el Congreso, limitando el riesgo de modificaciones abruptas al régimen económico vigente”, explica Herrera.

Además, el ejecutivo destaca la velocidad con la que se ha gestionado la transición, junto al equipo técnico del BCRP, reafirmando la fortaleza de la institucionalidad en Perú. “Para los portafolios internacionales, el país consolida su posición como un mercado que prioriza la disciplina monetaria y la estabilidad de las reglas de juego, elementos indispensables para atraer capital a mediano y largo plazo”, indica el CEO de Fynsa.

El fantasma de la inestabilidad

Si bien la economía ha logrado navegar con relativo éxito las aguas rápidas de la inestabilidad política, desde las bancas privadas advierten que esta década de gobiernos cortos ha dejado una huella en la dinámica económica.

“La inestabilidad política redujo el crecimiento potencial al afectar la confianza y retrasar la inversión privada. Aunque Perú mantuvo fundamentos macroeconómicos sólidos (crecimiento con estabilidad monetaria y la deuda pública más baja de América Latina), la incertidumbre política postergó proyectos de inversión, limitó el crecimiento y mantuvo una mayor percepción de riesgo”, asegura Changana, de Zest.

En esa línea, Montero, de Banbif, asegura que, si bien el país mantuvo anclas relevantes para la confianza del mercado durante el período –como un BCRP creíble, reservas internacionales sólidas, baja deuda pública y un sistema financiero solvente–, “perdió continuidad en las políticas públicas, calidad de ejecución y confianza para invertir a largo plazo”. Y el mayor impacto se vio a nivel de la inversión.

Ahora, en el caso de que este gobierno estabilice la situación de una forma más constante, esto podría traer algunos flujos a los mercados nacionales. Si bien los actores locales ya tienen carteras internacionales que se han convertido en partes estructurales de sus portafolios, los nuevos flujos de capital podrían volver a mirar los activos peruanos con interés.

¿Cómo pueden crecer las gestoras de activos cuando una buena estrategia de inversión ya no es suficiente?

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Foto cedidaImagen: Felipe from Pixabay

Mientras buena parte de las conversaciones de la industria giran en torno a la inteligencia artificial, la tokenización o el crecimiento de los mercados privados, existe una transformación mucho más profunda que está recibiendo menos atención. No está ocurriendo en los productos de inversión, sino en el modelo de negocio de las gestoras de activos.

Durante años, el crecimiento de una gestora seguía una lógica relativamente clara: desarrollar una estrategia diferenciada, estructurar el vehículo de inversión adecuado y distribuirlo entre los inversores objetivo. Ese modelo permitió el crecimiento de la industria durante décadas.

Sin embargo, el entorno actual plantea desafíos diferentes.

El Global Asset Management Report 2026 de Boston Consulting Group (BCG) muestra que los activos globales bajo gestión alcanzaron un máximo histórico de USD 147 billones en 2025. Pero el dato más relevante del informe no es el tamaño del mercado, sino el cambio en la naturaleza de la competencia. BCG advierte que una parte significativa del crecimiento reciente de la industria ha estado impulsada por la evolución de los mercados financieros, mientras que el crecimiento orgánico continúa siendo uno de los principales retos para las gestoras. En consecuencia, la capacidad para desarrollar nuevos canales de distribución, mejorar la eficiencia operativa y adaptar los modelos de negocio será un factor decisivo para el crecimiento durante los próximos años.

Activos globales bajo gestión (AUM)

 

Este cambio tiene una consecuencia inmediata: la conversación deja de centrarse exclusivamente en los productos de inversión y comienza a enfocarse en las capacidades que permiten a las gestoras crecer, adaptarse y competir en un entorno cada vez más complejo.

 

Evolución del modelo de negocio de las gestoras

Este cambio explica por qué las preguntas que hoy se hacen las gestoras son diferentes. Ya no basta con identificar el vehículo más adecuado para lanzar una estrategia. El verdadero reto consiste en construir organizaciones capaces de adaptarse conforme evolucionan los mercados, las necesidades de los inversionistas y los canales de distribución.

Una misma estrategia puede comenzar mediante un vehículo de oferta privada, ampliar posteriormente su alcance internacional o evolucionar hacia estructuras de oferta pública a medida que cambian sus objetivos comerciales o regulatorios. La decisión estratégica deja de ser el vehículo en sí mismo y pasa a ser la capacidad de evolucionar sin tener que reconstruir el modelo operativo en cada etapa.

Esta transformación coincide con lo que McKinsey denomina la «gran convergencia» del asset management. En su análisis, la consultora explica que las fronteras tradicionales entre distintos modelos de gestión se están difuminando y que las gestoras demandan capacidades cada vez más integradas para responder a un entorno donde la especialización convive con la necesidad de mayor flexibilidad, eficiencia y alcance internacional.

Convergencia» entre la gestión tradicional y la gestión alternativa

Fuente: McKinsey & Company, Asset Management 2025: The Great Convergence

Más que una convergencia entre mercados públicos y privados, estamos asistiendo a una convergencia en la forma de construir empresas de gestión de activos. Los gestores necesitan modelos operativos preparados para incorporar distintos vehículos de inversión, responder a diferentes jurisdicciones y adaptarse con agilidad conforme evolucionan las estrategias y los mercados.

Ese cambio explica también por qué la industria está evolucionando desde proveedores especializados hacia plataformas con capacidades más amplias e integradas. La demanda ya no se concentra únicamente en resolver una necesidad puntual, sino en contar con socios capaces de acompañar el desarrollo de una estrategia durante todo su ciclo de vida.

La evolución del asset management demuestra que el reto de las gestoras ya no consiste únicamente en desarrollar mejores estrategias de inversión. El verdadero desafío pasa por construir modelos de negocio capaces de adaptarse con agilidad a nuevos mercados, distintos perfiles de inversionistas y canales de distribución cada vez más globales. En ese contexto, la capacidad de combinar diferentes vehículos de inversión dentro de una misma estrategia deja de ser una ventaja operativa para convertirse en una ventaja competitiva.

Responder a esta transformación exige plataformas capaces de integrar distintas capacidades dentro de una misma infraestructura operativa. Con esa visión, FlexFunds, junto con Leverage Shares y Themes ETFs, ha desarrollado una plataforma global de soluciones end-to-end que integra:

  • Vehículos de inversión de oferta pública y privada
  • ETPs cotizados en Europa
  • ETFs listados en Nasdaq
  • Capacidades de reporting institucional. 

De esta manera, gestores, asesores e instituciones pueden acceder a una infraestructura más eficiente, escalable y alineada con los estándares de los mercados internacionales, acompañando la evolución de sus estrategias de inversión.

 

Para más información contacte a nuestros expertos por info@flexfunds.com

Brecha entre aspiraciones y decisiones de inversión: dónde nace y cómo vencerla

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Los inversores tienen claro qué quieren, pero sus decisiones no siempre están en consonancia. Para Fidelity International, esta desconexión, que denominan “la brecha entre las aspiraciones y los actos”, es un rasgo persistente del comportamiento de los inversores. Según refleja su encuesta global “Be Invested 2026”, en la que encuestamos a 13.000 inversores en 13 mercados de todo el mundo, muchos inversores podrían no estar dando los pasos que les ayudarán a alcanzar sus metas financieras a largo plazo. 

En opinión de Samantha Ricciardi, responsable para Europa, Oriente Medio y África (EMEA) de Fidelity, y Damien Mooney, responsable para Asia-Pacífico menos Japón, esta realidad se manifiesta de diferentes formas: “Los inversores aspiran a conseguir rentabilidades a largo plazo elevadas, pero mantienen un porcentaje considerable de su patrimonio en liquidez. Son conscientes de la importancia de mantener las inversiones, pero siguen reaccionando ante los movimientos a corto plazo de los mercados. Aunque expresan confianza en sus decisiones, no siempre se sienten totalmente preparados para llevarlas a la práctica. Incluso con más herramientas, más información y un mayor acceso que nunca, no siempre resulta fácil mantener el rumbo hacia los objetivos a largo plazo”, argumentan. 

La raíz de la brecha

En este sentido, ambos advierten de que las implicaciones son reales, ya que, con el tiempo, las pequeñas desviaciones pueden acumularse y dar lugar a resultados sustancialmente diferentes, sobre todo en relación con las metas a largo plazo, como la jubilación. “Dicho de forma sencilla, la forma en que muchos inversores emplean su dinero no concuerda con lo que quieren conseguir”, afirman.

Por ejemplo, en todo el mundo los inversores aspiran a una rentabilidad media anual del 7,9% a largo plazo, pero la liquidez representa en promedio un 22% de sus carteras de inversión. “De acuerdo con nuestro análisis, salir de la liquidez puede generar una mejora considerable de la rentabilidad de hasta tres puntos porcentuales anualizados a lo largo de 10 años. También existe una ventaja pequeña, pero considerable, cuando se mejora la diversificación para reducir el sesgo nacional”, indican desde la gestora.

Otra de las conclusiones de la encuesta es que la dimensión conductual agrava la brecha: cuando la volatilidad hace mella en los mercados, muchos inversores hacen una pausa o salen en lugar de mantener las inversiones. “La confianza también sigue siendo un obstáculo y, en este sentido, los inversores se sienten abrumados por la complejidad y buscan directrices más claras en las que poder confiar”, reconocen. 

Cómo romper la brecha

Para la gestora la buena noticia es que, “mediante pequeños cambios”, se puede conseguir un impacto significativo. Por eso proponen, además de reducir el promedio de liquidez de las carteras, evitar la concentración en el mercado nacional. “Reducir el sesgo nacional puede ampliar el conjunto de oportunidades, elevar el potencial de rentabilidad, rebajar la volatilidad de la cartera y mitigar el riesgo de pérdidas de valor”, explican.

Por otro lado, resulta clave que los inversores que recurren a un asesor financiero muestran una mayor confianza en que alcanzarán sus metas a largo plazo y están más dispuestos a asumir riesgos. Sin embargo, la firma advierte de que convertir estas metas en un comportamiento disciplinado a la hora de invertir depende de que se armonicen los costes, los incentivos y la estructuración de las carteras, de modo que la asunción de riesgos sea coherente con los objetivos a largo plazo.

La captación de capital en private equity se vuelve más exigente

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La captación de capital en el sector de private equity se ha vuelto más exigente en 2026, marcada por un incremento de los procesos de due diligence y una creciente incertidumbre regulatoria, que se consolidan como los principales obstáculos para los gestores a la hora de levantar nuevos fondos. Así lo refleja una nueva encuesta elaborada por Ocorian.

El estudio, realizado entre 300 altos directivos de gestoras de private equity en Estados Unidos y Europa, cuyas firmas gestionan conjuntamente 3,511 billones de dólares en activos, muestra que el 62% de los encuestados considera que la captación de capital se ha vuelto ligeramente más difícil en 2026 en comparación con el año anterior. Sin embargo, el informe también apunta a un panorama más matizado: un 32% afirma que el entorno ha mejorado ligeramente, mientras que un 5% no percibe cambios.

Según Ocorian, estos datos sugieren que el mercado no está simplemente más restringido, sino que se está volviendo más selectivo. En este sentido, el 51% de los gestores afirma que los inversores están ampliando el número de gestores especializados en los que invierten, mientras que el 42% indica que las relaciones con los gestores se mantienen estables. Solo un 5% observa una tendencia hacia la consolidación en menos gestores.

Entre las principales barreras para la captación de capital, el 63% de los encuestados señala el aumento de los requisitos de due diligence, lo que lo convierte en el factor más relevante. A continuación, se sitúa la incertidumbre regulatoria, seguida de las restricciones de asignación de capital y la reorientación de los inversores institucionales fuera de los activos alternativos.

La firma destaca además que las metodologías de valoración se han convertido en el área más escrutada por los inversores durante el proceso de due diligence, citada por el 51% de los gestores, por delante del riesgo de apalancamiento y financiación.

En paralelo, el estudio muestra que los criterios ESG siguen presentes en el diálogo con los inversores, aunque con un cambio de enfoque. El 65% de los gestores afirma que el ESG se ha convertido principalmente en un elemento de reporte y cumplimiento normativo, mientras que el 28% señala que sigue siendo relevante para determinados segmentos de inversores.

De cara a los próximos tres años, los gestores prevén un aumento de la asignación hacia diversas estrategias de mercados privados. El venture capital lidera las preferencias, citado por el 58% de los encuestados, seguido del growth equity y el private credit o direct lending. También destacan las energías renovables y la infraestructura excluyendo renovables.

Richard Hansford, responsable de ventas de fondos EMEA en Ocorian, apunta que el entorno de captación de capital no solo se está endureciendo, sino que se está volviendo más exigente desde el punto de vista operativo y de análisis. “Los inversores siguen asignando capital, pero lo hacen con mayor escrutinio sobre la selección de gestores, los estándares de due diligence y la infraestructura operativa de cada fondo”, explicó Hansford. Añadió además que la creciente importancia de las metodologías de valoración refuerza la necesidad de procesos sólidos, transparencia y apoyo operativo especializado por parte de los gestores.

Seguridad: los nuevos cimientos del poder

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A medida que un mundo más competitivo y conflictivo da lugar a nuevas amenazas, la seguridad, en su sentido más amplio, está ascendiendo a los primeros puestos de las agendas gubernamentales. Desde la alimentación, el agua, la energía y la salud hasta la ciberseguridad y la seguridad nacional, la demanda de protección, fiabilidad y soberanía en recursos esenciales está reconfigurando las cadenas de valor y creando nuevas oportunidades de inversión.

Seguridad alimentaria y del agua

El cierre del estrecho de Ormuz, un corredor por el que normalmente transita más de un tercio de los fertilizantes comercializados a nivel mundial, puso de manifiesto la vulnerabilidad de los sistemas alimentarios globales. Esta vulnerabilidad ya había quedado profundamente expuesta en distintas regiones al comienzo de la guerra entre Rusia y Ucrania, cuando se interrumpieron gravemente la producción y el transporte de cereales. La seguridad alimentaria se ha convertido en un punto de presión geopolítica debido, en parte, a que los riesgos de hambruna —que habían disminuido significativamente a escala mundial desde 1990— han aumentado nuevamente por el incremento de los costes de los insumos agrícolas y la inflación de los alimentos, elevando el riesgo político y acelerando la migración desde las regiones vulnerables.

Ante la imposibilidad de que los productores del Golfo exporten fertilizantes clave a base de nitrógeno, los países del sur de Asia, el norte de África y América Latina afrontan mayores costes de siembra y menores rendimientos, lo que intensifica las tensiones internas y puede incrementar la emigración hacia regiones ya sometidas a presión. Al mismo tiempo, las perturbaciones geopolíticas interactúan ahora con la volatilidad climática, convirtiendo la disponibilidad de alimentos en un indicador de la estabilidad estatal.

Para los inversores, la oportunidad reside en tecnologías y sistemas que amortigüen estos impactos, desde la agricultura de precisión y los entornos de cultivo controlados hasta análisis avanzados de la cadena de suministro, logística resiliente e insumos que reduzcan la dependencia de fertilizantes expuestos a tensiones geopolíticas.

La presión sobre los recursos hídricos se está volviendo más aguda en las regiones del mundo que ya operan cerca de sus límites ecológicos, donde los desiertos, las zonas semidesérticas y las regiones urbanas en rápida expansión afrontan una creciente presión demográfica sobre suministros limitados. Los Estados del Golfo dependen de la desalinización como su principal mecanismo de resiliencia, lo que convierte la seguridad del agua dulce en un pilar fundamental de la estabilidad nacional. Alternativas que utilizan energía solar, destilación multietapa o destilación de múltiples efectos, así como sistemas basados en membranas, podrían desplegarse de manera más amplia para producir agua industrial y potable.

Mientras tanto, en los mercados desarrollados, la contaminación se ha convertido en una preocupación generalizada. Los productos químicos denominados «para siempre» superan los umbrales regulatorios hasta en un 60 % de los ríos europeos, lo que pone de manifiesto la magnitud de las mejoras en tratamiento y monitorización necesarias para mantener suministros seguros. En Estados Unidos, el descubrimiento de este tipo de contaminación en más de 9.700 emplazamientos, afectando a más de la mitad de la población, ha obligado a las empresas de servicios públicos a reformar los sistemas de vigilancia y a acelerar la inversión en estrategias de remediación a largo plazo.

El agua pura y «ultrapura» también se ha vuelto indispensable para las industrias de alto valor añadido. La fabricación de semiconductores, la producción farmacéutica, la manufactura avanzada y los centros de datos de inteligencia artificial dependen de flujos fiables de agua pura, elevando la tecnología del agua a la categoría de capacidad estratégica. A medida que las naciones compiten por construir sus bases industriales resilientes, el acceso a agua de alta pureza determina dónde puede prosperar la manufactura avanzada.

Salud y seguridad energética

Aunque la seguridad alimentaria e hídrica constituyen la base de la pirámide de la seguridad, la seguridad sanitaria y energética representa el siguiente nivel. Moldeados por las enseñanzas de las recientes crisis sanitarias mundiales y por la acelerada convergencia entre el riesgo biológico y las tecnologías digitales y los conflictos, los gobiernos reconocen ahora que la preparación depende de capacidades que van más allá de la capacidad hospitalaria, extendiéndose a la diversificación de las plataformas vacunales, la biofabricación nacional y la redundancia de las cadenas de suministro. La preparación ante pandemias se ha convertido en una prioridad de nivel sistémico, haciendo hincapié en infraestructuras clínicas móviles, la monitorización genómica y plataformas integradas de datos capaces de ampliarse de forma instantánea durante las crisis.

Mientras tanto, la seguridad energética y del suministro eléctrico está siendo redefinida por los patrones de dependencia energética global. El ascenso de Estados Unidos como productor en gran medida autosuficiente de petróleo y gas ha reducido su exposición a perturbaciones externas del suministro y ha modificado su postura estratégica. Con una abundancia energética interna que reduce —sin eliminar— la necesidad económica de estabilizar los mercados exteriores, Washington aborda ahora los compromisos internacionales con una mayor selectividad.

Esta evolución se produce en un momento en que otros grandes consumidores, especialmente en Europa y Asia, siguen dependiendo en gran medida de los combustibles fósiles importados y, por tanto, son más vulnerables a la volatilidad geopolítica. La carga de garantizar el acceso a suministros estables está desplazándose hacia el interior. Como consecuencia, los países están acelerando los esfuerzos para diversificar el abastecimiento, ampliar la producción nacional y construir reservas estratégicas, desde instalaciones de regasificación de gas natural licuado (GNL) hasta capacidad de generación eléctrica de emergencia basada en carbón, con el fin de estabilizar el suministro.

El valor estratégico de las energías renovables y la energía descentralizada ha aumentado significativamente. La energía solar, la eólica y el almacenamiento en baterías, junto con las redes eléctricas necesarias para respaldarlas, desempeñan ahora una doble función: apoyar la descarbonización al tiempo que reducen la exposición a cadenas de suministro extranjeras y a puntos críticos marítimos. Los países mejor posicionados para la próxima década serán aquellos que reduzcan su exposición externa, inviertan en sistemas energéticos diversos y resilientes, y consideren la estrategia energética no solo como un imperativo ambiental o económico, sino como una piedra angular de la autonomía geopolítica.

Para los inversores, la oportunidad reside en las empresas que permitan esta reconfiguración estructural: desarrolladores de generación y almacenamiento descentralizados, constructores de arquitecturas de red resilientes, productores de minerales críticos, operadores de infraestructuras flexibles de GNL y sistemas nacionales de capacidad fiscal. A medida que los sistemas energéticos evolucionen hacia la autonomía, la diversificación y la localización, los mayores rendimientos fluirán hacia las empresas alineadas con este nuevo modelo de poder centrado en la seguridad.

Ciberseguridad y seguridad nacional

La inteligencia artificial y la transformación digital a gran escala están revolucionando la demanda de seguridad informática. A medida que las empresas incorporan analítica avanzada, automatización y modelos de IA profundamente integrados en los flujos de trabajo, crean infraestructuras distribuidas de alta capacidad que deben protegerse de extremo a extremo. Al mismo tiempo, los agentes de IA a gran escala, las herramientas de ingeniería de deepfakes y el malware en rápida evolución están elevando el nivel de la defensa y obligando a avanzar hacia plataformas nativas de IA capaces de detectar y contener anomalías a velocidad de máquina. Microsoft estima que alrededor del 80 % de las empresas de la lista Fortune 500 ya utilizan agentes de IA, pasando de asistentes a actores que crean una oleada de usuarios no humanos que requieren supervisión y, cuando sea necesario, ser detenidos.

La ciberseguridad sigue siendo también uno de los ámbitos más resilientes del gasto empresarial en TI, una necesidad operativa y un coste de prevención frente a la extorsión, el robo y las interrupciones del negocio. Fuentes del sector estiman que el gasto en ciberseguridad representa entre el 4 % y el 5 % del gasto total empresarial en TI, mientras que el subsector de la ciberseguridad vinculada a la IA crece a una tasa compuesta anual del 23 % al 24 %.

Consideramos la ciberseguridad como un tema estructural de crecimiento, respaldado por la simple realidad de que la IA está impulsando a todas las organizaciones a replantearse cómo protegen a las personas, las operaciones y sus crecientes poblaciones de trabajadores digitales. A medida que la IA se integra en la ejecución cotidiana, es probable que el capital se dirija hacia empresas que proporcionen la capa fundamental de confianza de la economía de la IA: garantizar que los sistemas sigan siendo seguros, fiables y responsables, convirtiendo así la seguridad no en un mero centro de costes, sino en un habilitador esencial de la productividad futura y de la creación de valor.

Más allá de la seguridad tecnológica, los conflictos en Ucrania y Oriente Medio demuestran un cambio que podría alterar de forma permanente el panorama de las inversiones gubernamentales. Tanto los conflictos actuales como los futuros muestran el mismo patrón: los activos decisivos en el campo de batalla actual ya no son columnas acorazadas ni poder aéreo masivo, sino un complejo estrato de drones, sensores y municiones guiadas de precisión. La capacidad de alcanzar objetivos estratégicos depende menos de los presupuestos de defensa —aunque estos estén aumentando, por ejemplo con el compromiso de la OTAN de destinar el 5 % del PIB— y más de cadenas de suministro sólidas, ciclos rápidos de innovación y flexibilidad táctica.

China se sitúa en el centro del nuevo paradigma. La frontera tecnológica se encuentra en las baterías, los imanes permanentes, los motores eléctricos y la electrónica de potencia. Estos son todos ámbitos en los que China es el actor principal, posicionándose como proveedor mundial preeminente de las herramientas que definen el combate moderno. Si este dominio persiste, podría cuestionar los fundamentos del orden posterior a la Segunda Guerra Mundial.

El gasto en defensa de la OTAN, Asia Oriental y el Golfo ya se está orientando hacia las tecnologías en las que China lidera: sistemas antidrones, defensa de corto alcance, guerra electrónica y vigilancia habilitada por IA, incluso cuando las naciones intentan evitar una dependencia excesiva del hardware de origen chino. El riesgo estratégico es evidente: los países occidentales podrían no tener otra opción que utilizar tecnologías cuyos componentes proceden del mismo ecosistema que buscan disuadir, o realizar esfuerzos muy costosos para replicar dichas capacidades.

El segmento de crecimiento más rápido dentro de la fabricación de drones (tanto ofensivos como defensivos) y de los sistemas de defensa integrados, como el programa estadounidense “Golden Dome”, está impulsado por la innovación. Se están realizando importantes esfuerzos para asegurar las cadenas de suministro de minerales críticos, desde la mina hasta la fabricación. Con la automatización y los datos dominando los conflictos, la seguridad nacional favorecerá cada vez más a las empresas que combinen la protección física con la inteligencia digital, y cuyos productos puedan adaptarse tan rápidamente como las amenazas que están diseñados para detener.

Tribuna de opinión firmada por Robin Haworth, analista de Investigación de Renta Variable en Lombard Odier.

Bancos centrales, gobiernos y déficit: un paseo por la curva de tipos

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Foto cedidaDan Siluk, responsable de Global Short Duration & Liquidity de Janus Henderson.

Para Dan Siluk, responsable de Global Short Duration & Liquidity de Janus Henderson, la gran lección que nos dejan las últimas dos décadas es que la respuesta acomodaticia de los bancos centrales no estimula la economía ni genera crecimiento económico si no va acompañada de estímulos fiscales.

“Creo que los países, las economías y los bancos centrales se han dado cuenta de que necesitan trabajar más juntos, más en un entorno en el que, sin ser negacionistas de la globalización, se ha comenzado a priorizar la localización de industrias y cadenas de suministro”, señala, poniendo como ejemplo lo ocurrido durante el COVID, la guerra de Ucrania y ahora el conflicto en Oriente Medio.

En su opinión, esta tendencia global traducida a política monetaria significa divergencia. “Cada gobierno se centra en su propio país o región y eso ha llevado a diferentes caminos en términos de crecimiento económico y a diferentes decisiones en política monetaria. Esa dispersión es buena para los participantes del mercado porque crea más oportunidades para la renta fija en las carteras. Hemos salido de ese entorno en el que los bancos centrales intentaban mitigar la volatilidad, para poner el foco en la inflación, que es su cometido”, argumenta. 

Dónde mirar

A la hora de definir las oportunidades que la dispersión y la vuelta de la volatilidad dejan para el mercado de renta fija, Siluk señala la parte corta de la curva de los tipos de interés. Defiende que los bonos a corto y medio plazo ofrecen una excelente oportunidad al encontrarse las tasas de interés en niveles atractivos. Este tramo de la curva permite a los inversores capturar un carry muy sólido y estable sin necesidad de asumir el riesgo de duración o los bandazos que sufren los plazos más largos. Para él, es la zona ideal para «mantenerse invertido» minimizando la volatilidad.

Según su visión, tras las dudas que han tenido los inversores sobre la renta fija, ésta vuelve a recuperar su papel en las carteras: “La posibilidad de una rescisión no es un escenario principal, así que no hay motivo para mirar en la parte larga de la curva. Mientras que en la frontera de la curva hay un yield atractivo, que no hemos tenido durante el ciclo anterior. Por ejemplo, un treasury estadounidense a dos años está dando entre el 4,1% y 4,2%, con una inflación al 3%, por lo tanto, estás logrando un retorno positivo”.

En este sentido, sostiene que la parte más larga de la curva sigue estando “un poco bajo presión”, en parte, debido a todos los adicionales estímulos fiscales. “Los estímulos fiscales no son solo un fenómeno de los Estados Unidos, también se están dando en Japón y en Europa, donde se han disminuido sus restricciones fiscales y aumentado el gasto en defensa”, afirma. 

Siluk se muestra bastante cauteloso con los bonos a largo plazo, como el Tesoro estadounidense a 10 años o más, y argumenta que existen fuerzas estructurales que presionan al alza los rendimientos de largo plazo -lo que hace caer el precio de esos bonos- y provocan un empinamiento de la curva: el aumento de los déficits gubernamentales y la inflación persistente

Justamente sobre el aumento de emisiones por parte de los gobiernos, matiza que el exceso de liquidez en la “frontera de la curva” ha llevado a los países a modificar la duración de sus emisiones y se ve una clara tendencia a disminuirla. “Hay mucho dinero en fondos monetarios que comienzan a salir y los gobiernos han visto una oportunidad para capturarlo, modificando las duraciones de sus emisiones y creando nuevos vencimientos, tanto en corto como a largo plazo. Sin duda, para los países es una oportunidad extender sus duraciones; incluso hemos visto casos de bonos a 50 o 100 años, sobre todo cuando los tipos estaban bajos. Nosotros, como compradores, obviamente queremos comprar rendimientos cuando son altos, pero desde la perspectiva de un vendedor, ellos quieren emitir esa deuda cuando los rendimientos son bajos. Creo que pierden la oportunidad de hacerlo. Esa es otra razón por la que se ha acortado el perfil de duración, porque quieren esperar a que los rendimientos caigan antes de poder extender la curva un poco”, explica.

Bancos centrales y déficits

De cara a cómo posicionar las carteras de renta fija para el segundo semestre, Siluk se resiste a contestar sin antes dejar claro que la experimentación con los tipos de interés, por fin, “ha llegado a su fin”. Es decir, bajo su visión, tras las últimas decisiones de los mandatarios de los principales bancos centrales -y cita en concreto a la Fed, el BCE y el BoJ-, las instituciones monetarias han vuelto a poner el foco en su función clásica, y han dejado a un lado esa labor que han hecho de complacer a las necesidades de los mercados y controlar la volatilidad.

“Warsh es un claro exponente de a lo que me refiero. En lugar de recortar tipos agresivamente como se esperaba a principios de año, la Fed de Warsh va a operar de forma independiente, se mantendrá en espera mientras analiza la nueva realidad económica, hablará mucho menos para no teledirigir al mercado y buscará reducir su balance”, apunta el gestor de Janus. 

Respecto a Europa, considera que Lagarde “está en un buen lugar en términos de inflación” y que, al igual que Japón, hay margen para estímulos fiscales. “Ya hemos visto una subida de tipos en junio, la primera en tres años, y no descarto que pueda haber otra a final de año. Dicho hecho, matizar que el BCE no está en una posición de urgencia, y que todo dependerá de cómo esos estímulos, programas y gastos de los estados generen ingresos y crecimiento económico”, añade. 

Ante esta visión, es inevitable preguntar al experto de Janus Henderson si está preocupado o no por el aumento de déficit de los países, a lo cual contesta que “no mucho, mientras sea para generar crecimiento económico”. Ahora bien, sobre su impacto en el mercado de renta fija, recuerda que el aumento del déficit provoca que los inversores ya no consideren los bonos a largo plazo como un activo libre de riesgo absoluto a cualquier precio. Siluk argumenta que el mercado exige ahora una mayor prima de término; es decir, una compensación o rentabilidad extra por el riesgo de comprometer su dinero a 10 o 30 años en un entorno donde el gobierno no para de endeudarse. 

Así que dado que los déficits públicos van a seguir presionando al alza las rentabilidades del tramo largo de la curva (provocando pérdidas por precio en esos bonos), la referencia estratégica de Siluk es clara: no es momento de jugar a ser «héroes de la duración».