Insigneo nombra a Juan Francisco Clemenza director de Servicios de Asesoramiento

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LinkedInJuan Francisco Clemenza, director de Servicios de Asesoramiento de Insigneo

La firma internacional de gestión patrimonial Insigneo anunció el nombramiento de Juan Francisco Clemenza como director de Servicios de Asesoramiento. El profesional, detallaron en un comunicado, responderá ante el consejero delegado y presidente del consejo de administración, Raúl Henríquez, y se incorpora al equipo directivo de la compañía.

Como director de Servicios de Asesoramiento, Clemenza liderará la expansión continuada del negocio de asesoría de Insigneo, haciendo evolucionar su propuesta de valor e impulsando una adopción más amplia de marcos de buenas prácticas en los distintos mercados. Esto incluye dirigir la estrategia de asesoramiento de inversión de la firma, con un enfoque centrado en reforzar las capacidades de inversión, aumentar la escalabilidad y potenciar los recursos disponibles en toda su oferta de asesoría. 

“Estoy muy ilusionado de dar la bienvenida a Juan Francisco a nuestro equipo directivo”, declara Henríquez, presidente y consejero delegado de la firma. “Gracias a sus conocimientos del sector y su experiencia, Juan Francisco reforzará de manera determinante nuestras capacidades en gestión patrimonial, especialmente en el área de servicios de asesoramiento, lo que repercutirá positivamente en la propuesta de valor global de Insigneo” concluye.

Clemenza es un directivo especializado en gestión patrimonial e inversión con casi dos décadas de experiencia en gestión de carteras, soluciones de inversión y desarrollo de plataformas de asesoramiento. Procede de Citi, donde trabajó durante 15 años, desempeñando más recientemente el cargo de Managing Director y responsable del Citi Wealth Investment Lab para Latinoamérica. En esa posición, lideró un equipo de profesionales de la inversión que prestaba servicio a unos 1.800 clientes de altísimo patrimonio (inversionistas ultra-high-net-worth), colaborando estrechamente con banqueros privados y asesores de inversión de toda la región en asignación de activos, construcción de carteras, gestión de riesgos, mercados privados y uso de inversiones alternativas en carteras multiactivo.

Clemenza inició su carrera profesional en Bloomberg, donde desarrolló soluciones analíticas y de integración de datos para gestoras de activos globales e instituciones financieras. Posee un Máster en Ingeniería Eléctrica por la Universidad de Columbia y es Grado en Ingeniería Eléctrica cum laude por la Universidad Simón Bolívar.

“Me entusiasma unirme a Insigneo en una etapa tan clave de su crecimiento”, afirma Clemenza. “Insigneo ha construido una plataforma de gestión patrimonial diferencial, y veo una gran oportunidad para consolidar esa base reforzando los marcos de inversión, las capacidades de cartera y las herramientas que nos permiten ofrecer soluciones sofisticadas y escalables a nuestros clientes”, acta.

Según recalcaron en la nota de prensa, este nombramiento refleja la inversión continua de Insigneo en sus capacidades de asesoramiento.

Los fondos activos de mid y small caps impulsan la tasa de éxito de la gestión activa en Estados Unidos

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Los fondos de inversión y los fondos cotizados (ETFs) gestionados de forma activa en Estados Unidos recuperaron algo de terreno entre julio de 2025 y junio de 2026, pero siguieron por detrás de la media de los fondos pasivos comparables. Así lo desvelan los resultados del US Active/Passive Barometer de Morningstar. Este informe semestral compara el rendimiento de los fondos activos con el de los fondos pasivos y permite ayudar a los inversores a evaluar las probabilidades de éxito de los fondos activos en distintos ámbitos, basándose en las tendencias recientes y en los resultados a largo plazo.

La edición semestral del estudio desvela que los fondos de inversión y los ETFs gestionados de forma activa recuperaron algo de terreno entre julio de 2025 y junio de 2026, pero siguieron por detrás de la media de sus homólogos pasivos. “Algo más del 40 % sobrevivió y superó a su índice compuesto pasivo ponderado por activos, lo que supone un aumento de 7 puntos porcentuales con respecto al año anterior”, recoge el estudio.

Renta variable

Los gestores de renta variable estadounidense registraron una tendencia al alza, con una tasa de éxito del 38 % en el año hasta junio de 2026, lo que supone un aumento de 4 puntos porcentuales respecto al año anterior. Los gestores activos de pequeña y de mediana capitalización lideraron la mejora, con tasas de éxito del 49 % y del 47 %, respectivamente, mientras que los de gran capitalización (27 %) lastraron las tasas de éxito de los gestores de renta variable estadounidense.

Los gestores de fondos de renta variable internacional se mantuvieron estables con una tasa de éxito del 44 % en los 12 meses hasta junio, en línea con el año anterior. Los fondos activos diversificados de mercados emergentes registraron la segunda tasa de éxito más alta entre todas las categorías de este estudio, con un 70 %, lo que supone un aumento de 35 puntos porcentuales respecto al año pasado.

El informe desvela que las dificultades para los fondos activos globales «large-blend» -que combinan acciones extranjeras y nacionales continuaron, a pesar de un ligero repunte en las tasas de éxito. Solo un tercio de los gestores de fondos «large-blend» globales superó el índice de referencia pasivo en los 12 meses hasta junio de 2026; no obstante, este dato supone un aumento de 7 puntos porcentuales con respecto al año anterior, a juicio de la firma.

Renta fija

Los gestores de fondos de gestión activa de renta fija vivieron un semestre a favor. Las tasas de éxito se dispararon 22 puntos porcentuales hasta alcanzar el 52 % durante los 12 meses hasta junio de 2026. Los gestores activos de bonos «intermediate-core» lideraron el grupo con una tasa de éxito del 66 %, mientras que la de los gestores activos de bonos corporativos se disparó hasta el 34 %, frente al 4 % registrado en 2025. La tasa de éxito a 10 años del grupo de renta fija, del 45 %, superó a la de todos los grupos de categorías analizados en este informe.

Las tasas de éxito de los fondos inmobiliarios activos aumentaron 36 puntos porcentuales hasta alcanzar el 61 % en los 12 meses transcurridos hasta junio de 2026, tras un periodo difícil para los gestores activos un año antes.

Historial

El historial a largo plazo de los fondos gestionados de forma activa frente a sus homólogos pasivos aumentó en 4 puntos porcentuales durante los últimos 12 meses. Aun así, solo el 25 % de las estrategias activas sobrevivieron y superaron a sus homólogas pasivas en los 10 años hasta junio de 2026. Las tasas de éxito a largo plazo fueron más altas entre los fondos de renta fija e inmobiliarios y más bajas entre las estrategias de gran capitalización de Estados Unidos.

La distribución de las rentabilidades excedentarias a 10 años de los fondos activos que sobrevivieron frente a la media de sus homólogos pasivos varió según las categorías. En el caso de los fondos de gran capitalización de Estados Unidos, se inclinó hacia el lado negativo, lo que indica que la penalización en la rentabilidad por elegir a un gestor que no tuvo éxito superó la recompensa por encontrar a uno ganador. Lo contrario tiende a ser cierto en la categoría de bonos básicos a medio plazo, donde las rentabilidades excedentarias se inclinaron hacia el lado positivo durante la última década.

Los inversores han elegido los fondos activos con acierto. En los últimos 10 años, el dólar medio invertido en fondos activos superó al rendimiento medio de los fondos activos en 16 de las 20 categorías analizadas. Esto implica que los inversores se decantan por estrategias más baratas y de mayor calidad.

Los fondos activos más baratos tuvieron éxito con mayor frecuencia que los más caros. Durante los 10 años hasta junio de 2026, el 33 % de los fondos activos del quintil más barato de sus respectivas categorías superó a su homólogo pasivo medio, frente al 20 % de los fondos más caros.

Repunte de las tasas largas de los Treasuries: ¿qué mensaje está lanzando el Tesoro y cómo recogerá el guante la Fed?

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Mientras que la deuda pública de Estados Unidos rebasó por primera vez en su historia la marca de 40 billones de dólares, las tasas largas de Estados Unidos han vuelto a encender las alertas por el costo de financiar la deuda, en un coctel con potencial explosivo que ha levantado las alertas en los mercados financieros, habida cuenta de que los gastos por intereses ya se han convertido en una de las partidas de mayor crecimiento del presupuesto federal. Los mercados se mantienen en tensión, a la espera de la rueda de prensa de Scott Bessent, secretario del Tesoro de los Estados Unidos, prevista para hoy a las 14:00 ET.

“Cuarenta billones de dólares de deuda no representan por sí mismos un punto de inflexión macroeconómico”, afirma Christian Scherrmann, economista jefe para Estados Unidos de DWS. “Sin embargo, esta cifra ilustra claramente hasta qué punto la política fiscal estadounidense se ha alejado de su trayectoria histórica. A largo plazo, no solo importará el nivel absoluto de deuda, sino también qué proporción de la producción económica deberá destinarse a financiarla”, advierte el experto.

En este contexto, la Reserva Federal mantiene una postura restrictiva y el Tesoro intervino la semana pasada para contener el repunte de los rendimientos. Según analistas, la señal para los mercados es clara: el dinero ya no será tan barato ni abundante como durante la última década. Dicho de otra manera, el mercado financiero estadounidense está enviando una señal que las bolsas todavía parecen no querer escuchar: el costo del capital de largo plazo está adquiriendo vida propia.

Una combinación cada vez más incómoda

Mientras los principales índices accionarios continúan mostrando resistencia, el mercado de bonos del Tesoro de los Estados Unidos —considerado la referencia para valorar prácticamente todos los activos financieros del mundo— está enfrentando una combinación cada vez más incómoda de inflación elevada, enormes necesidades de financiamiento del gobierno, fuerte demanda de capital para inteligencia artificial e infraestructura y dudas sobre la trayectoria futura de las tasas de interés.

La tensión llegó a un punto relevante cuando el 19 de agosto el Departamento del Tesoro anunció que duplicará, a partir de septiembre, el tamaño máximo de sus operaciones de recompra de bonos de largo plazo, llevándolas de 2.000 millones a por lo menos 4.000 millones de dólares por operación para títulos con vencimientos de entre 10 y 30 años.

La reacción del mercado fue inmediata. El rendimiento del Treasury a 30 años, que había superado 5,3 % durante la semana pasada, cayó alrededor de 10 puntos base tras el anuncio, mientras las acciones y el oro avanzaron. El movimiento fue significativo porque se produjo después de que las tasas largas alcanzaran niveles que no se veían desde antes de la crisis financiera de 2008. Desde DWS constatan, sin embargo, que «los mercados siguen ofreciendo pocas señales de que los inversores estén cuestionando de forma fundamental la solvencia de Estados Unidos», dado que la demanda en las subastas del Tesoro continúa siendo sólida, los CDS de Estados Unidos cayeron recientemente hasta los 38 puntos básicos e incluso las ventas reiteradas por parte de inversores extranjeros, por ejemplo, durante las intervenciones sobre el yen japonés, no han logrado hasta ahora alterar el equilibrio del mercado. «Los mercados están señalando unos costes de financiación más elevados, pero no una crisis de confianza», sentencian desde la firma.

Pero, especialistas del mercado de dinero consultados por Funds Society señalan que el mensaje más importante no está en la caída puntual de los rendimientos. Está en por qué Washington sintió la necesidad de actuar.

No fue la Fed, pero sí fue una intervención

La operación anunciada el 19 de agosto no fue una compra de bonos por parte de la Reserva Federal ni un nuevo programa de quantitative easing (QE). Fue una decisión del Tesoro dentro de su programa de recompra de deuda, diseñado originalmente para mejorar la liquidez del mercado.

El Tesoro compra determinados bonos antiguos que cotizan en el mercado secundario y, con ello, ayuda a liberar capacidad de los intermediarios financieros y mejorar la liquidez de determinados segmentos de la curva.

La decisión del miércoles fue aumentar significativamente el tamaño de esas operaciones para los vencimientos largos. La diferencia es crucial: mientras que la Fed controla la política monetaria y las condiciones de liquidez del sistema financiero, el Tesoro administra las necesidades de financiamiento del gobierno. Sin embargo, ambos terminan influyendo sobre una misma variable: el precio del dinero. Y ahí aparece una de las grandes historias de los mercados para el segundo semestre de 2026.

La Fed no está bajando las tasas

La Reserva Federal de Estados Unidos mantuvo en su reunión del 28 y 29 de julio la tasa de fondos federales en un rango de 3,5 % a 3,75 %, decisión que fue aprobada por 9 votos contra 3 que no estuvieron de acuerdo.

Los tres disidentes —Beth Hammack, Neel Kashkari y Lorie Logan— querían aumentar la tasa en 25 puntos base. Es decir, una parte del Comité consideró que el problema de inflación justificaba incluso un endurecimiento adicional.

Pero hay otro elemento particularmente importante para entender el mercado de bonos. La Fed continúa operando bajo un régimen de reservas abundantes. Sus instrucciones permiten realizar operaciones de mercado abierto y, cuando sea necesario, comprar Treasury bills y eventualmente otros Treasuries con vencimientos de hasta tres años para mantener un nivel amplio de reservas bancarias.

Esto significa que la Reserva Federal no está haciendo QE en el sentido tradicional según explican los expertos a Funds Society, pero tampoco está dejando que la liquidez bancaria se reduzca de manera desordenada y la diferencia es muy relevante. La intervención de la semana pasada debe entenderse más como una operación de “plomería” del mercado que como un cambio radical de política monetaria. Pero incluso esa “plomería” está adquiriendo una importancia enorme.

En este sentido, la estrategia actual puede entenderse como una especie de equilibrio entre dos objetivos. Por un lado, la Fed quiere evitar que las reservas bancarias caigan demasiado y provoquen tensiones en el mercado monetario.

Por otro, no quiere regresar a la política de expansión masiva de balance utilizada durante la pandemia y otros episodios de crisis. La Fed ha señalado que puede utilizar compras de Treasury bills y, si fuera necesario, otros títulos de corto plazo para garantizar que el sistema mantenga suficientes reservas.

Además, mantiene operaciones permanentes de repo y reverse repo. Las operaciones repo permiten proporcionar liquidez contra valores de alta calidad, mientras que las reverse repo absorben liquidez temporalmente. La Fed de Nueva York explica que estas operaciones forman parte de los mecanismos utilizados para mantener la tasa de fondos federales dentro del rango establecido por el FOMC.

Por eso sería incorrecto interpretar cualquier operación de liquidez de la Fed como un regreso automático a la expansión monetaria. En realidad, la Fed está intentando administrar la liquidez sin necesariamente volver a expandir agresivamente su balance.

El problema está en el extremo largo de la curva

De acuerdo con los analistas, es esta parte la que debería preocupar más a los inversionistas. La Fed controla de manera directa las tasas de corto plazo, pero no fija el rendimiento del Treasury a 10, 20 o 30 años.

Esas tasas dependen de las expectativas de inflación, crecimiento, déficit público, oferta de bonos, demanda internacional y prima por plazo. Y precisamente ahí están apareciendo las presiones.

El Treasury a 30 años llegó a superar 5,3 % la semana pasada, mientras el mercado enfrenta una oferta gigantesca de deuda pública estadounidense. Al mismo tiempo, la inflación estadounidense continúa por encima del objetivo de 2 % de la Fed. Las minutas de julio señalan que la inflación permanece elevada y que los aumentos de precios relacionados con energía están complicando el panorama.

El resultado es una ecuación difícil: más deuda+más emisiones+inflación por encima del objetivo+fuerte demanda de capital para IA e infraestructura= presión sobre las tasas largas.

El mercado está empezando a exigir una prima

Durante buena parte de la última década, los inversionistas se acostumbraron a un mundo de tasas muy bajas y abundante liquidez. Ese mundo permitió que las valuaciones de acciones, bienes raíces y activos privados se expandieran de manera importante.

Ahora el entorno está cambiando. El inversionista que compra un Treasury a 10 o 30 años no sólo está evaluando si la Fed bajará o subirá las tasas en su próxima reunión. También está preguntando cuánto riesgo representa prestar dinero al gobierno estadounidense durante décadas.

Esa pregunta incrementa la llamada prima por plazo, es decir, el rendimiento adicional que los inversionistas exigen para mantener deuda de largo plazo ante la incertidumbre sobre inflación, crecimiento, déficit y política económica.

Y si esa prima continúa aumentando, la Fed puede reducir las tasas de corto plazo y aun así encontrarse con que las tasas que realmente importan para buena parte de la economía permanecen elevadas. Por eso el movimiento del Tesoro es muy importante.

El anuncio del Tesoro tiene un efecto inmediato relativamente pequeño frente al tamaño del mercado de Treasury, que ronda los 31 billones de dólares. Pero su importancia no está solamente en los 4.000 millones de dólares por operación; de hecho la cifra también es poco significativa, lo verdaderamente importante está en la señal.

En los hechos, el poderoso Tesoro de Estados Unidos está diciendo al mercado que no es indiferente ante un desorden excesivo en la parte larga de la curva.

«Los responsables políticos no tienen por qué limitarse a ser observadores pasivos. Cuando surgió la presión en el extremo largo de la curva, el Tesoro demostró que dispone de herramientas y que está dispuesto a utilizarlas», comentó al respecto Brian Levitt, estratega jefe de mercados globales y responsable de Strategy & Insights en Invesco. Según Levitt, el anuncio del Tesoro refuerza algo en lo que lleva creyendo desde hace mucho tiempo: «Es poco probable que el Gobierno de EE. UU. se quede de brazos cruzados y permita que se desate una crisis de deuda desordenada si cuenta con mecanismos para ayudar a abordarla».

Paradójicamente, la administración estadounidense necesita mantener bajo control el costo de financiar una deuda gigantesca, pero al mismo tiempo la Fed necesita mantener una política suficientemente restrictiva para combatir la inflación. Hay visos de que el problema vaya en aumento: según una nota publicada por DWS el viernes 21 de agosto, si se mantienen las actuales tendencias de endeudamiento, la deuda total del Tesoro de los Estados Unidos podría alcanzar los 50 billones de dólares en 2029.

El Tesoro quiere evitar que las tasas largas se disparen; mientras que la Fed no quiere dar la impresión de que está rescatando al mercado de bonos. Son objetivos que pueden coincidir en algunos momentos, pero no son exactamente los mismos.

El verdadero riesgo

El verdadero riesgo es que las acciones pueden seguir subiendo mientras el mercado de bonos se deteriora durante un tiempo.

Pero, la divergencia no puede ampliarse indefinidamente debido a que una tasa larga de Treasury más elevada significa entre otras cosas: mayor costo de financiamiento para empresas; mayores tasas hipotecarias; mayor costo de financiamiento para gobiernos; menores valuaciones para acciones de crecimiento; mayor costo de capital para proyectos de infraestructura; presión sobre private equity; mayor exigencia de rentabilidad para private credit y una tasa de descuento más elevada para prácticamente todos los activos.

Por eso el comportamiento del Treasury es particularmente relevante para fondos de inversión, asset managers, wealth management y family offices. No se trata simplemente de decidir si comprar o vender bonos. Se trata de determinar qué precio debe tener todo activo financiero en un mundo donde el Treasury de largo plazo vuelve a exigir rendimientos significativamente mayores.

Existe además una variable que hace diferente este ciclo. La economía estadounidense está entrando en una etapa de enormes inversiones en centros de datos, semiconductores, energía, redes eléctricas y tecnología vinculada con inteligencia artificial, esto significa que el gobierno no es el único gran demandante de capital.

Esta competencia puede contribuir a mantener elevados los costos de financiamiento incluso si la Fed empieza eventualmente a recortar las tasas de corto plazo, el problema, por tanto, puede no ser únicamente monetario, puede ser estructural.

¿Qué significa para los inversionistas?

Para los gestores de portafolios, el escenario obliga a revisar una premisa que dominó buena parte de la última década: que una caída de las tasas de la Fed necesariamente produciría un rally generalizado de los bonos.

Hoy dicha premisa no necesariamente podría cumplirse. Si las tasas cortas bajan pero las tasas largas permanecen elevadas por déficit, inflación, oferta de deuda y demanda de capital, la curva puede comportarse de manera muy distinta a la esperada.

La Fed mantiene su tasa de referencia en 3,50 %-3,75 %, conserva herramientas para garantizar una cantidad suficiente de reservas y no ha reactivado una política de compras masivas de activos. Al mismo tiempo, el Tesoro acaba de aumentar sus compras de bonos largos para mejorar las condiciones del mercado. La combinación deja una pregunta abierta para los próximos meses:

¿Puede Estados Unidos mantener bajo control la inflación, financiar una deuda superior a 40 billones de dólares y financiar simultáneamente el gigantesco ciclo de inversión en inteligencia artificial sin provocar que el costo del capital de largo plazo permanezca elevado?

La respuesta será determinante no sólo para Wall Street, también definirá los rendimientos que exigirán los inversionistas de todo el mundo en los próximos años, advierten los expertos.

Los mercados emergentes rompen la racha de salidas de flujos en julio

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Después de un período de salidas, los flujos de carteras internacionales a mercados emergentes volvieron a terreno positivo durante julio. Eso muestran las cifras del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por su sigla en inglés) al séptimo mes del año, dando cuenta de robustos flujos a activos de renta fija y una desaceleración de las desinversiones en renta variable.

El reporte de la entidad mostró que los portafolios no residentes destinaron un total neto de 18.800 millones de dólares en julio. Esto contrasta con los 18.000 millones de dólares netos que salieron en junio y los 25.200 millones de dólares que se fugaron en mayo.

Eso, sí, destacan desde el IIF, esto sigue por debajo de los 46.500 millones de dólares netos que llegaron a los activos emergentes en julio del año pasado.

“El mes no trajo una normalización completa”, advirtió el economista senior de la entidad, Jonathan Fortun. “La composición siguió fuertemente inclinada a la deuda y la mejora en la cifra general se debió más a una menor liquidación de acciones que a un retorno en la demanda por renta variable”, agregó.

De todos modos, desde el IIF destacaron que julio trajo un quiebre en la secuencia de flujos de salida. Esto, señaló Fortun, sugiere que “el estrés concentrado en los mercados accionarios de Asia está perdiendo intensidad, en vez de que el fenómeno se esté extendiendo a la renta fija”.

En el desagregado por clase de activos, los flujos netos a los activos de deuda emegrente llegaron a 26.700 millones de dólares en julio, según las cifras del IIF. Con esto, perdieron algo del vigor del pasado reciente: con 28.100 millones de dólares en junio y 36.000 millones de dólares en julio del año pasado.

Dentro de esta porción, la distribución fue bastante variada. 14.100 millones de dólares netos fueron destinados a deuda de Asia emergente, mientras que América Latina atrajo 5.900 millones de dólares, Europa emergente unos 4.600 millones de dólares y 2.000 millones de dólares al Medio Oriente y Norte de África (MENA, por su sigla en inglés).

Por su parte, los flujos de portafolios internacionales a activos de renta variable emergente se mantuvieron en terreno negativo en julio, aunque moderándose respecto a meses pasados.

En el séptimo mes del año, esta desinversión neta alcanzó los 7.800 millones de dólares. Esto representa una baja respecto a los 46.100 millones de dólares netos que salieron en junio y respecto a los flujos positivos de 10.500 millones de dólares que se registraron en julio de 2025.

“Los flujos de salida de las bolsas de emergentes excluyendo a China bajaron a 4.100 millones de dólares, desde 32.200 millones de dólares, a medida que las liquidaciones lideradas por las tecnológicas en Corea del Sur y Taiwán perdieron momentum a lo largo del mes y los fondos de renta variable dedicados a la clase de activos volvieron a modestos flujos de compra”, detalló Fortun en su reporte.

En el acumulado de 2026, la renta variable y la renta fija muestran realidades bastante dispares. Las bolsas emergentes suman una desinversión neta de 86.000 millones de dólares en lo que va del año, mientras que la deuda emergente ha más que subsanado esa salida.

“Los datos de julio sugieren una estabilización, más que una recuperación. Los inversionistas globales dejaron de recortar riesgos de equity al mismo ritmo de los dos meses pasados, pero todavía no han empezado a tomar posiciones de nuevo”, indicó Fortun, del IIF.

LYNK Markets: La excepción es el producto

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Una misma transacción es una compra para una parte y una venta para la otra. Puede tener una fecha de orden, una fecha de negociación, una fecha de valorización, una fecha de visualización y una fecha de liquidación… y cada una puede ser correcta para un propósito distinto. Un modelo de datos simplista intentaría resolver esas aparentes contradicciones. En los mercados privados, así es simplemente como funciona el dominio.

Solemos llamar a esto casos límite: el producto que se valoriza semanalmente en lugar de diariamente, el broker que necesita ver una operación exhibida como del lunes mientras su fecha de precio sigue siendo el viernes, el cliente cuyo proceso de compliance exige confirmaciones adicionales dentro del flujo de la orden, los sistemas externos que nombran todo de manera distinta a la nuestra. Pero cuando se construye la infraestructura que sostiene a los mercados privados, se aprende rápido que estas no son excepciones alrededor del producto. Son el producto. La variación es el dominio.

La pregunta de ingeniería no es cómo eliminar esa complejidad. Es dónde y cómo dejarla vivir.

Donde la interpretación se convierte en ejecución

La parte más difícil de mi trabajo ocurre antes de que alguien escriba una sola línea de código.

Una misma transacción es vista de forma distinta por cada persona que interactúa con ella. El equipo de Integraciones ve campos, mensajes y restricciones de sistemas. Capital Markets ve un ciclo de vida financiero. Operations ve lo que tiene que conciliar al cierre del día. Sales ve el contexto comercial y lo que espera el cliente. El cliente describe todo en el lenguaje de sus propios sistemas. Ninguno está equivocado. Pero el software no puede ejecutar cinco interpretaciones a la vez.

Entonces, antes de que pueda existir una regla, esas cinco perspectivas tienen que convertirse en una sola. Ese trabajo no es escribir las reglas; es lograr que todos acuerden una definición compartida de lo que el negocio realmente significa. Los mercados privados hacen esto inusualmente difícil. La industria cuenta con estándares parciales (plantillas de reporting, documentos modelo, formatos de disclosure) pero no ofrecen un lenguaje operativo único y de punta a punta para describir una transacción desde la solicitud hasta la liquidación.¹ Las cosas se llaman de manera distinta en cada sistema. Buena parte del conocimiento todavía vive en documentos, cadenas de email y conversaciones. No hay un diccionario compartido para heredar; la mayoría de las veces, uno mismo lo está escribiendo.

Una regla de negocio es significado negociado, vuelto ejecutable. El trabajo de ingeniería comienza antes de la implementación: convertir terminología ambigua, perspectivas en conflicto y sistemas que nunca fueron diseñados para hablar entre sí en un solo modelo lo suficientemente preciso y rico como para funcionar.

Variedad necesaria, no configurabilidad ilimitada

Una vez que se asume que la variación es el dominio, aparece una conclusión tentadora: hacer que todo sea configurable. Convertir cada regla en un ajuste, cada diferencia en un toggle, y dejar que el mercado haga lo que quiera.

Esa es la lección equivocada, y vale la pena ser precisos sobre por qué.

El cibernético W. Ross Ashby nos dio la ley de la variedad requerida: solo la variedad puede destruir la variedad. Para regular un sistema, un controlador debe poseer suficiente variedad interna como para igualar la variedad que enfrenta.² Variedad requerida significa igualar las diferencias que importan: no fabricar opciones por sí mismas.

Con muy poca variedad, el sistema no puede representar las diferencias que son reales: obliga a un mercado desordenado a fingir que es uniforme, y se rompe la primera vez que no lo es. Por el contrario, una plataforma que hace todo configurable no ha absorbido la complejidad; se ha rendido ante ella y la ha redistribuido. Cada nuevo ajuste crea una forma más en que dos partes del sistema pueden discrepar sobre cuál es la verdad.

La configurabilidad suele presentarse como un fin en sí mismo. Ese es el objetivo equivocado. La meta no es la máxima flexibilidad. Es dar lugar a las diferencias que son reales sin permitir que las garantías centrales del sistema (identidad, estado, conciliación, auditabilidad) se fragmenten en una docena de versiones de la realidad. La pregunta real siempre es dónde trazar la línea entre lo que puede variar y lo que no debe hacerlo.

La cintura angosta de los mercados privados

El modelo más útil que conozco para trazar esa línea viene de la arquitectura de Internet.

Internet soporta una enorme variedad por encima (¡cada aplicación jamás escrita!) y por debajo (fibra, celular, satelital, wifi). Es ancho en ambos extremos y angosto en el medio, como un reloj de arena. En esa cintura angosta se ubica una única capa estable: el Protocolo de Internet. Esa cintura angosta permite que las capas de arriba y de abajo evolucionen de manera independiente.³ Si se vuelve el centro rico y configurable, cada participante hereda más requisitos, y el cambio coordinado se vuelve más difícil.

La infraestructura de los mercados privados necesita la misma forma. Por encima de la cintura: productos, experiencias de cliente, reporting, flujos de trabajo de cada cliente. Por debajo: los sistemas operados por brokers, custodios y administradores, conectados mediante archivos y APIs. En la cintura se ubica un único modelo canónico de transacción: identidad, un modelo de estados explícito, cálculos determinísticos y versionados, conciliación, y un registro de quién hizo qué y cuándo. El centro no elimina la flexibilidad. La vuelve segura.

Mecanismo y política

Aquí es donde un principio clásico de sistemas demuestra su valor: la separación entre mecanismo y política.⁴ El mecanismo es la maquinaria estable que preserva las garantías del sistema: identidad canónica, transiciones de ciclo de vida explícitas y auditables, evaluación consistente de políticas, conciliación. La política es lo que puede variar: ventanas de negociación, cutoffs, mínimos de producto, visibilidad broker-producto, convenciones de visualización de fechas. La separación nunca es perfectamente limpia; el juicio arquitectónico consiste en trazar ese límite y negarse a que se difumine. El matiz importa: una capacidad de override controlada y auditable pertenece al mecanismo; quién puede hacer ese override, y bajo qué condiciones, es política.

Esta separación importa porque las políticas cambian con más frecuencia que los mecanismos que las hacen cumplir, o que las garantías que esos mecanismos preservan. Un nuevo cliente, producto o jurisdicción puede introducir un cutoff, un modelo de permisos o una convención de visualización distintos. Eso no debería requerir reconstruir la maquinaria responsable de la identidad, la validación, la auditabilidad o la conciliación. Distintas políticas deberían poder atravesar los mismos mecanismos confiables.

Trazar el límite demasiado hacia un lado vuelve rígida a la plataforma. Trazarlo demasiado hacia el otro hace que la plataforma no garantice casi nada: cada cliente debe entender, configurar y compensar las garantías que el núcleo se negó a ofrecer. La misma complejidad, ahora pagada en cada punta.

La verdadera medida

Si se toma distancia, el patrón tiene un nombre. Traducir muchas perspectivas en un solo modelo, igualar la variedad sin multiplicarla, mantener angosta la cintura y separar el mecanismo de la política: en ingeniería de software, todos estos son actos de abstracción y encapsulamiento.

La abstracción define el significado compartido en el que la plataforma puede apoyarse: qué es fundamentalmente una transacción, a través de todas las formas distintas en que los participantes la describen. El encapsulamiento contiene detrás de ella las reglas que varían, de modo que un cálculo de fecha o una regla de un cliente puedan cambiar sin obligar al resto de la plataforma a cambiar con ellas. Esto resuena con el principio de ocultamiento de información de David Parnas: un cambio en una decisión no debería propagarse por todo el sistema.⁵

Juntos, responden la pregunta planteada al inicio: no cómo eliminar la variedad, sino dónde y cómo dejarla vivir.

Una buena abstracción se comporta como un contrato. Es lo suficientemente completa como para poder confiar en ella y lo suficientemente laxa como para poder reimplementarse; lo suficientemente precisa como para eliminar la ambigüedad, pero no tan detallada como para fijar decisiones que todavía nadie tuvo que tomar.

Cuando ese contrato está bien logrado, sucede algo silencioso y valioso. Cada nueva integración reutiliza más del modelo que ya existe. Una nueva contraparte se convierte en un mapeo sobre el modelo canónico de transacción, en lugar de requerir automáticamente un nuevo fork de la plataforma. El valor de esa arquitectura se acumula; la plataforma puede comprender más del mercado sin producir más versiones de la verdad.

Esa es la verdadera medida de la infraestructura en esta industria, y va a contramano de lo que el mercado suele celebrar. La plataforma más sólida no es la que tiene más ajustes. Es la que puede absorber más mercado (más productos, más participantes, más formas de nombrar y hacer las cosas) sin perder su control sobre una única verdad compartida.

Las excepciones no son ruido alrededor del producto. Son el producto. El trabajo consiste en construir un lenguaje lo bastante preciso como para contenerlas a todas.

 

Tribuna elaborada por Milena Brum — Engineering Manager, LYNK Markets

La batalla por el talento financiero latinoamericano

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Foto cedida

La competencia por el dinero latinoamericano está adquiriendo una nueva dimensión, se ha trasladado hacia un activo mucho más escaso: el talento capaz de entender al nuevo inversionista de la región y acompañarlo en un mercado que está cambiando a una velocidad inédita. Ya no se trata solamente de quién tiene los mejores fondos, quién cobra las comisiones más bajas o quién ofrece acceso a los mercados internacionales.

En los últimos meses, gestoras internacionales, bancos privados, plataformas independientes de wealth management y firmas especializadas en servicios para family offices han acelerado la contratación y movilidad de ejecutivos con experiencia regional, conocimiento de mercados privados, distribución institucional, inversiones globales y gestión de grandes patrimonios.

El fenómeno no es casual. El inversionista latinoamericano está cambiando al mismo tiempo que cambia la arquitectura de la industria.

Las grandes fortunas tienen cada vez mayor exposición internacional. Los fondos de pensiones buscan ampliar su universo de inversión hacia activos privados y mercados globales; los gestores tradicionales compiten con plataformas independientes; los ETFs modifican la distribución de productos; la inteligencia artificial comienza a transformar el análisis y la relación con los clientes, y las fronteras entre asset management, wealth management, banca privada y family offices son cada vez menos claras.

El resultado será, probablemente, un nuevo ecosistema de inversiones en América Latina. Y las instituciones que están intentando construirlo ya están peleando por las personas que tendrán que dirigirlo. El talento se mueve hacia donde está el crecimiento

Uno de los ejemplos más recientes ocurrió en enero, cuando Capital Group nombró a Patricia Hidalgo como Managing Director y Head of Latin America. Hidalgo llegó procedente de J.P. Morgan Asset Management, donde pasó más de una década y ocupó, entre otros cargos, la posición de Head of Alternatives for Latin America. Antes había trabajado en CitiBanamex en México.

Su nueva responsabilidad tiene especial relevancia porque Capital Group no solamente busca ampliar su distribución entre inversionistas institucionales y distribuidores. La firma señaló expresamente que su estrategia incluye profundizar las relaciones con administradoras de fondos de pensiones en México, Chile y Colombia, además de bancos centrales y fondos soberanos.

El movimiento muestra hacia dónde está mirando la industria: alternativas, institucionales, distribución y conocimiento regional están convergiendo en una misma posición ejecutiva. Y también muestra otro elemento de la nueva competencia: los grandes gestores no necesariamente están buscando talento exclusivamente dentro de sus propias organizaciones. Están pescando en el mercado.

Hidalgo es precisamente un ejemplo de esa movilidad, una ejecutiva que pasa de una de las mayores plataformas globales de gestión de activos a otra con una misión explícita de acelerar su presencia latinoamericana.

De los bancos globales a las plataformas independientes

Otro movimiento ocurrido este verano resulta todavía más revelador para el segmento de wealth management. En julio, Insigneo incorporó a Juan C. Londoño y Felipe Quintero como Senior Vice Presidents. Ambos llegaron procedentes de Merrill Lynch, donde construyeron durante más de 15 años una carrera conjunta asesorando a familias empresarias e inversionistas de Colombia, México, Centroamérica y Estados Unidos. La operación tiene un significado que trasciende los dos nombramientos.

La propia firma destacó que los ejecutivos aportan experiencia en estrategia global de inversión, banca privada y wealth management global. En otras palabras, no solamente llevan conocimiento técnico sino que llevan relaciones, conocimiento de las familias y experiencia acumulada en distintas jurisdicciones. Ese activo es cada vez más valioso.

Durante décadas, una parte importante de los grandes patrimonios latinoamericanos estuvo atendida por las principales instituciones bancarias internacionales. Ahora, las plataformas independientes están intentando disputar ese negocio ofreciendo arquitectura abierta, acceso a múltiples gestores y una mayor flexibilidad para construir portafolios.

Eso explica por qué la contratación de equipos completos se ha convertido en una herramienta estratégica; no se trata simplemente de contratar a un buen banquero privado. Se trata de adquirir conocimiento de mercado, relaciones y capacidad de distribución.

Miami se consolida como uno de los grandes campos de la batalla

La transformación también está reforzando el papel de Miami como plataforma financiera para el patrimonio latinoamericano. En julio, M&G Investments incorporó a Vince León como Senior Sales Manager para su negocio US Offshore y Latinoamérica. León, con más de 20 años de experiencia en distribución de inversiones en América, llegó procedente de Voya Investment Management, donde era Senior Vice President y Senior Regional Director para US Offshore. Reporta a Ander López, Sales Director para LatAm.

Su trabajo consiste en relacionarse con asesores financieros, bancos privados, grandes plataformas de asesoramiento y firmas independientes que atienden al mercado US Offshore. La lectura estratégica es clara: la distribución se está convirtiendo en una competencia especializada.

La gestora ya no necesita únicamente un buen administrador de portafolios. Ahora necesita personas capaces de traducir una oferta global de activos públicos y privados a las necesidades específicas de asesores, family offices, bancos privados y fondos institucionales latinoamericanos, y esa capacidad no se improvisa.

El fenómeno es todavía más importante cuando se observa desde la perspectiva de los family offices. Las grandes familias latinoamericanas están dejando de pensar en términos exclusivamente nacionales. Sus portafolios incorporan cada vez más activos denominados en distintas monedas y jurisdicciones, desde Estados Unidos y Europa hasta Asia, además de estrategias de private equity, private credit, infraestructura y otros activos alternativos.

Los análisis especializados señalan que los family offices están reaccionando ante un entorno de mayor incertidumbre geopolítica y económica mediante una mayor diversificación geográfica y cambiaria, al tiempo que aumentan su interés por temas como inteligencia artificial, infraestructura y energía. Daniel Bassan, entonces responsable de UBS en Brasil y Latinoamérica, destacó precisamente la importancia de estos cambios en la asignación estratégica.

Lo anterior modifica las habilidades que necesita un asesor; el nuevo profesional de wealth management tendrá que comprender inversiones tradicionales, pero también estructuras internacionales, fiscalidad, mercados privados, planificación patrimonial, sucesión, gobierno familiar y, cada vez más, tecnología.

La frontera entre banquero privado, asesor de inversiones y especialista en family office comienza a desaparecer; también se están moviendo los grandes ejecutivos porque la movilidad del talento no se limita a posiciones comerciales.

En agosto, Daniel Bassan, quien hasta entonces era CEO de UBS para Brasil y responsable regional para Latinoamérica, fue anunciado como nuevo vicepresidente de Santander Corporate & Investment Banking en Brasil, cargo que asumirá a comienzos de 2027. En UBS, su lugar como country chief de Brasil será ocupado por Daniel Barros, quien mantendrá además su posición como CEO de UBS BB.

El movimiento es significativo porque muestra cómo las grandes instituciones están compitiendo por ejecutivos capaces de moverse entre diferentes segmentos del mercado: banca de inversión, clientes institucionales, corporativos y grandes patrimonios.

En otras palabras, el talento financiero latinoamericano también se está volviendo transversal.; el ejecutivo más valioso ya no necesariamente es el especialista que conoce perfectamente una sola clase de activo. Es aquel que entiende cómo interactúan los diferentes negocios financieros y puede conectar capital institucional, mercados privados, banca de inversión y patrimonio.

Los fondos de pensiones también entran de lleno en la transformación

La transformación alcanza también a los fondos de pensiones. En México, por ejemplo, las Afores se encuentran ante un escenario en el que la mayor capacidad para invertir en activos alternativos exige profesionales capaces de analizar private equity, infraestructura, deuda privada y otros instrumentos que tradicionalmente tuvieron una participación mucho menor dentro de los portafolios.

El mapa del talento ya muestra esa especialización. Aurora Fadile Herrera, por ejemplo, se desempeña como PM Director de Inversiones Alternativas en Principal Afore México, donde participa en la estrategia de activos privados, incluyendo private equity, infraestructura y deuda privada.

La relevancia de este tipo de perfiles irá en aumento conforme los fondos de pensiones latinoamericanos busquen sofisticar sus carteras porque el reto no consiste únicamente en disponer de más recursos para invertir, en realidad consiste en tener la capacidad interna para seleccionar gestores, negociar estructuras, evaluar riesgos, administrar liquidez y monitorear inversiones que pueden permanecer en cartera durante muchos años.

Por eso la competencia por especialistas en mercados privados no se limitará a las gestoras internacionales. También alcanzará a las propias instituciones previsionales.

El nuevo profesional financiero

Todos estos movimientos apuntan hacia una conclusión: el perfil del profesional que necesita la industria está cambiando. Hace una década, un buen especialista podía construir su carrera alrededor de una clase de activo, una región o una función específica. El nuevo ecosistema demanda una combinación mucho más amplia.

Las instituciones necesitarán personas que entiendan de una diversidad de temas especializados como: mercados privados y activos alternativos; ETFs, indexación y gestión pasiva; inversión internacional y portafolios multimoneda; inteligencia artificial y análisis de datos; activos digitales y tokenización; planificación patrimonial y sucesión; fiscalidad y estructuras transfronterizas; family offices y gobierno familiar; distribución institucional y US Offshore; gestión de relaciones con clientes de alto y ultra alto patrimonio.

Pero hay algo más importante: necesitarán profesionales capaces de conectar todas esas disciplinas. La revolución tecnológica tampoco significa que el talento humano pierda valor. En wealth management puede ocurrir exactamente lo contrario.

La tecnología puede automatizar buena parte del análisis, generar información y mejorar la construcción de portafolios. Pero cuando se trata de administrar una fortuna familiar, estructurar una sucesión o decidir cómo distribuir un patrimonio entre varias jurisdicciones, la confianza sigue siendo un activo difícil de sustituir.

Latinoamérica, imán para el talento

El movimiento de ejecutivos también refleja una realidad más amplia: las instituciones internacionales están viendo oportunidades en América Latina. Raimundo Diaz, Executive Vice President, Americas de Vistra, explicó recientemente que la firma creó Vistra Latam para atender la región, integrando su plataforma global con la experiencia local de Biz Latin Hub, adquirida a finales de 2025. La organización cuenta con alrededor de 550 personas trabajando en la región.

La firma identifica oportunidades relacionadas con empresas latinoamericanas que establecen operaciones en Estados Unidos, compañías internacionales que llegan a la región y familias que requieren estructuras para administrar patrimonios y operaciones globales.

El mensaje es importante porque demuestra que el crecimiento no está ocurriendo únicamente en la gestión de activos. Está apareciendo un ecosistema alrededor del patrimonio: gestores, bancos privados, family offices, administradores fiduciarios, asesores fiscales, abogados, plataformas tecnológicas y especialistas en inversiones alternativas.

Todos compiten por el mismo recurso: profesionales capaces de conectar esas piezas, el talento será una ventaja competitiva

La industria financiera latinoamericana está entrando así en una etapa en la que el capital seguirá siendo indispensable, pero no suficiente. Una gestora puede tener una estrategia de private credit competitiva; un banco privado puede ofrecer acceso a prácticamente cualquier mercado del mundo; un family office puede contar con una plataforma sofisticada y un fondo de pensiones puede disponer de recursos crecientes para invertir.

Pero todos necesitan personas que sepan utilizar esas herramientas; la contratación de Patricia Hidalgo por Capital Group, la llegada de Londoño y Quintero a Insigneo, el movimiento de Vince León hacia M&G y el cambio de liderazgo protagonizado por Daniel Bassan y Daniel Barros en UBS y Santander son piezas de una misma historia.

En este sentido, la batalla por el talento financiero latinoamericano apenas comienza, los próximos años, probablemente veremos más movimientos entre gestoras, bancos privados, fondos de pensiones, family offices y plataformas independientes. También aumentará la contratación de especialistas procedentes de tecnología, consultoría, banca de inversión y mercados privados.

La razón es sencilla: el negocio ya no consiste solamente en administrar dinero, sino en entender dónde estará el dinero, cómo se moverá, qué productos necesitará, en qué jurisdicciones estará y, sobre todo, quién tendrá la confianza de sus propietarios. Ese será uno de los principales factores que definan a los ganadores del nuevo ecosistema financiero latinoamericano.

Franklin Templeton anuncia el cierre de su primera CFO por 1.500 millones de dólares

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Pixabay CC0 Public Domain

La gestora Franklin Templeton ha anunciado el cierre con éxito de Franklin Templeton Structured Solutions 2026, L.P., su primera Collateralized Fund Obligation (CFO), con la captación de 1.500 millones de dólares de inversores de todo el mundo.

Los CFO son una forma estructurada de financiación para carteras diversificadas de capital riesgo, en la que se establecen varios tramos de deuda con prioridad sobre los accionistas. Según destacan desde la gestora, su producto está diseñado para proporcionar a los inversores una exposición diversificada y eficiente a las principales estrategias de mercados privados que oferta Franklin Templeton. Esto incluyendo secundarios de private equity y vehículos de continuación gestionados por Lexington Partners, así como préstamos directos al mercado medio estadounidense gestionados por Benefit Street Partners (BSP), especialista en crédito alternativo de Franklin Templeton, a través de múltiples «vintages» y una amplia variedad de compañías subyacentes en cartera.

Mayor demanda de diversificación en mercados privados

«Estamos observando una creciente demanda por parte de los clientes de acceso a estrategias diferenciadas de mercados privados a través de estructuras eficientes y escalables», afirmó George Stephan, Global Chief Operating Officer, Wealth Management Private Markets de Franklin Templeton. «Esta primera CFO responde directamente a esa demanda, al combinar la experiencia especializada de nuestros gestores de mercados privados en una oferta que refleja todo el alcance de las capacidades que Franklin Templeton puede ofrecer».

«Esta operación demuestra cómo las soluciones estructuradas pueden reunir distintas capacidades de los mercados privados para responder a las necesidades cambiantes de las carteras institucionales», señaló Jake Williams, Co-Head, Private Markets Product de Franklin Templeton. «La operación se apoya en la amplitud de la plataforma de mercados privados de Franklin Templeton y en nuestro compromiso continuo con el desarrollo de soluciones innovadoras que ayuden a los clientes a alcanzar sus objetivos».

El cierre con éxito de la operación supone un hito importante para Franklin Templeton, ya que establece un nuevo canal de captación de capital para su plataforma de mercados privados y posiciona a la firma para aprovechar la creciente demanda de soluciones estructuradas de mercados privados a medida que su adopción se extiende entre un abanico más amplio de inversores, incluidos asesores de inversión registrados (RIA), family offices, compañías de seguros y distribuidores de patrimonio.

En la actualidad, Franklin Templeton cuenta con 295.000 millones de dólares en activos alternativos bajo gestión (datos a 31 de julio de 2026) y ofrece una plataforma diversificada de mercados privados que incluye a Lexington Partners (secundarios y coinversiones); Clarion Partners (inmobiliario privado), Benefit Street Partners (crédito privado) y Franklin Ventures, (hedge y capacidades en activos digitales).

Inversores en cripto replantean su estrategia jurisdiccional ante la convergencia regulatoria global

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Foto cedida

A medida que los marcos regulatorios en Estados Unidos, Europa, Asia y el Golfo se desarrollan y comienzan a converger en su tratamiento de los activos digitales, los inversores están replanteando no solo la asignación de activos, sino también su domicilio legal. La cuestión ya no es únicamente qué activos mantener, sino en qué jurisdicción puede basarse, bancarizarse y reportarse la actividad cripto bajo estándares de supervisión cada vez más exigentes. Es un hallazgo del informe global «Crypto Secure Jurisdictions: Where Crypto Actually Works», elaborado por Global Citizen Solutions (“GCS”), firma internacional especializada en planificación de ciudadanía y residencia. 

El informe analiza cómo 22 jurisdicciones están integrando los activos digitales en sistemas fiscales, regímenes de licencia y marcos bancarios a medida que las criptomonedas evolucionan hacia una infraestructura financiera regulada.

“La residencia o la ciudadanía determinan cómo se gravan, se reportan y se sostienen los activos digitales dentro del sistema bancario”, afirmó Artur Saraiva, COO de GCS. “A medida que se amplía la supervisión de las criptomonedas, la movilidad se convierte en una cobertura estructural.

Mercados con diferentes características

El informe identifica tres características compartidas por las jurisdicciones cripto resilientes: claridad regulatoria, entendida como un tratamiento jurídico definido y supervisión formal; infraestructura institucional, que incluye exchanges regulados, custodios y acceso bancario; y un tratamiento fiscal y de cumplimiento predecible.

En lugar de identificar una única “mejor” jurisdicción, el estudio agrupa los países según su función. Jurisdicciones institucionales de referencia como Suiza, Singapur, Alemania, el Reino Unido y Canadá priorizan la certeza jurídica y la integración en los mercados de capitales. Centros de estructuración y movilidad como Portugal, Malta, Estonia y los Emiratos Árabes Unidos combinan alineación regulatoria con marcos de residencia y planificación fiscal. Estados Unidos sigue siendo el mercado de capitales cripto más profundo del mundo, aunque bajo un perímetro regulatorio definido por múltiples agencias.

El informe sostiene que la migración por inversión actúa hoy como una forma de opcionalidad jurisdiccional, permitiendo diversificar exposición regulatoria y estructurar operaciones bajo marcos jurídicos más previsibles, especialmente para inversores con operaciones transfronterizas.

En América Latina, Brasil se mantiene como uno de los mercados de mayor adopción cripto en la región y a nivel global, y atraviesa un proceso de formalización regulatoria. Bajo la coordinación del Banco Central de Brasil —con participación de otras autoridades cuando corresponde— el país ha avanzado en la definición de requisitos aplicables a los proveedores de servicios de activos virtuales, reforzando los estándares de supervisión y cumplimiento.

El Salvador mantiene un modelo estatal singular respaldado por su Ley de Activos Digitales y un regulador específico. Su enfoque integra cripto en la estrategia económica nacional, aunque con un perfil institucional diferente al de centros financieros tradicionales y más consolidados.

Más allá de la región, “las naciones caribeñas con programas de ciudadanía por inversión están adoptando un enfoque deliberado, integrando los activos digitales dentro de los marcos existentes de AML/CFT, preservando la credibilidad institucional mientras se adaptan a la innovación financiera”, explicó Saraiva. “A diferencia de los centros de negociación institucional, la propuesta de valor de Portugal radica en la combinación de residencia, movilidad y un entorno fiscal que respalda la gestión del patrimonio digital”, añadió.

A medida que la tokenización se acelera y las stablecoins se integran en los sistemas de pago y liquidación, los activos digitales convergen con las finanzas tradicionales. En este entorno, las jurisdicciones capaces de ofrecer auditabilidad, exigibilidad jurídica y conectividad institucional estarán mejor posicionadas para atraer flujos de capital más duraderos que aquellas que dependen de regímenes permisivos o fragmentados.

 

Las lecciones de la burbuja bursátil de la Compañía del Mar del Sur

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Wikimedia CommonsCuadro “The South Sea Bubble”, de Edward Matthew Ward

La fiebre por la inteligencia artificial y los rallys que ha generado en los mercados accionarios –especialmente el de Estados Unidos– han vuelto a poner el debate sobre las valorizaciones sobre la mesa. Mientras algunos postulan que se trata de una tecnología tan revolucionaria que da el ancho para aguantar todos los sueños de los inversionistas, otros ven una promesa demasiado abultada para poder cumplir con las onerosas expectativas del mercado. Si bien la pregunta de si hay una burbuja en las acciones asociadas a la IA sigue sin respuesta, de momento, la historia de los mercados financieros contiene algunos ejemplos relevantes.

Uno de estos es la llamada burbuja del Mar del Sur, que tuvo como protagonista a una compañía británica que encontró sucesivas nuevas alturas en base al entusiasmo que generaba su respaldo real y el negocio de esclavos. En cosa de meses, la acción se infló a niveles insostenibles y cuando la burbuja reventó, el escándalo llegó hasta las puertas del Parlamento inglés.

Fundada en 1711 como una alianza público-privada, orientada a consolidar, controlar y reducir la deuda nacional y a ayudar al Reino Unido a participar en el lucrativo negocio de los esclavos, The South Sea Company despertó el interés de los inversionistas de la época.

En 1713 consiguieron el monopolio para el comercio de africanos esclavizados en el mar del Sur del Pacífico, entre las colonias españolas en las Américas. El documento conocido como el “asiento de negros”, un contrato de monopolio firmado entre la Corona española y comerciantes de otros países, funcionó como marco para el negocio. Esto porque la monarquía española prefería no participar directamente en la práctica, sino que subcontrataba servicios de otras potencias europeas.

Empieza la fiebre

Considerando lo rentable que había sido el comercio de esclavos en los dos siglos pasados, la expectativa era que la operación fuera altamente lucrativa. El entusiasmo se vio impulsado por la idea de que el comercio exterior se iba a normalizar tras el fin de la Guerra de Sucesión Española, en 1713.

Este prospecto, junto con la confianza que generaba el respaldo real a la compañía, atrajo a una variedad de inversionistas ingleses. Incluso hay reportes de que el físico y matemático Sir Isaac Newton participó en esta moda financiera, invirtiendo el equivalente actual a millones de libras esterlinas.

Inicialmente, la firma ofrecía un interés del 6 % a quienes compraban la acción, pero la efervescencia de la acción las llevó a un peak en 1720. Y la acción mantenía la fuerza, a pesar de que no se materializó ningún boom de comercio de esclavos después de la firma del Tratado de Utrecht, que puso fin a la guerra.

Los españoles le dieron una porción limitada del negocio a los británicos e incluso se quedaron con parte de las ganancias, pusieron impuestos a la importación de esclavos y pusieron estrictas restricciones en las flotas de barcos que podían mandar. Esto le restó prospectos de rentabilidad al negocio.

Sin embargo, el precio de la acción siguió escalando, apoyado por un espaldarazo real. En 1718, el Rey Jorge I de Gran Bretaña asumió la gobernación de The South Sea Company, lo que generó más confianza en el público inversionista, levantando más los precios y llegando a generar un interés del 100 % en las acciones.

El principio del fin

Como sucede con muchas burbujas, los precios se separaron de los fundamentos del negocio. Considerando que el comercio de africanos esclavizados no estaba generando los ingresos necesarios para justificar el auge bursátil, el rally empezó a tambalear.

Es más, la compañía estaba transando cada vez más de sus propias acciones y estaba empezando a participar en prácticas poco recomendables. Hay registros de que personas de la compañía presionaban –o sobornaban– a sus amigos y conocidos a comprar acciones, manteniendo las valorizaciones altas, e incluso hubo sobornos y otros actos de corrupción con ministros y oficiales británicos.

En 1720, el año en que cayó el castillo de cartas, el Parlamento británico le permitió a The South Sea Company comprar la deuda nacional. La compañía desembolsó 7,5 millones de libras en adquirir una deuda de 32 millones de libras. El plan era usar las ganancias de la venta de acciones para pagar los intereses de la deuda.

Fue en este momento cuando el precio de la acción llegó hasta su punto máximo. El título de la compañía pasó de unas 100 libras esterlinas en 1719 a 128,5 libras en enero de 1720. Desde ese punto, el entusiasmo generalizado del mercado lo llevó sobre las 1.000 libras en agosto de ese año.

Poco después, el precio se desplomó a poco más de su precio de IPO.

El dilema del modelo que creó The South Sea Company es que era una especie de carrusel financiero, donde el valor agregado esperado por el comercio de esclavos no se concretó. En cambio, la compañía estaba inflando el precio de su acción con operaciones bursátiles propias contra la deuda pública que adquirió.

 El pinchazo

El punto de quiebre fue en septiembre de 1720, cuando las acciones empezaron a caer. Una vez que se instaló la duda, los inversionistas empezaron a perder la fe y vender la acción, desplomando los precios. El papel de la compañía británica terminó retrocediendo a 124 libras en cuestión de días, acumulando una baja de más 80% desde su punto más alto.

El fin de la burbuja trajo fuertes pérdidas con él y, a la par, indignación en el público inversionista. Como el desplome sucedió en los albores del mercado accionario inglés –la creación de The Royal Exchange data de 1571, impulsada por la reina Isabel I–, no había explicaciones disponibles para el nivel de especulación que generó la burbuja en primer lugar.

Un número relevante de personas perdieron mucho dinero, al punto que la tasa de suicidios aumentó, según reportes de la época, y los afectados llegaron a la esfera política demandando explicaciones. Así, el Parlamento lanzó una investigación que destapó las malas prácticas de la compañía, convirtiéndose en un escándalo financiero y político.

En respuesta, los legisladores pasaron la Bubble Act de 1720, prohibiendo la creación de sociedades anónimas como The South Sea Company, sin un permiso especial por carta real.

Eso sí, si bien el efecto fue altamente publicitado, no tuvo un impacto mayor en la economía general y no generó una recesión, como otras burbujas famosas de la historia.

La compañía, por su parte, siguió transando hasta 1853, pasando entremedio por una restructuración.

Itaú y Vanguard estrechan alianza para acelerar la diversificación internacional en Brasil

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La internacionalización de las carteras de los inversionistas brasileños gana un nuevo aliado. Itaú Asset Management y Vanguard anunciaron una alianza estratégica que busca ampliar la oferta de productos vinculados con mercados internacionales y, al mismo tiempo, impulsar el desarrollo del mercado brasileño de ETFs.

El primer resultado concreto del acuerdo será la modificación del SPXI11, ETF de Itaú Asset que sigue al S&P 500 y que fue lanzado en 2015. El fondo pasará a utilizar como activo subyacente el Vanguard S&P 500 UCITS ETF, vehículo domiciliado bajo el régimen UCITS y diseñado para replicar el comportamiento del principal índice accionario estadounidense.

El cambio tiene una lectura que va más allá de la sustitución de un activo por otro: coloca a dos grandes plataformas de gestión de activos —una con fuerte presencia en Brasil y otra con alcance global— dentro de una misma estructura de inversión dirigida al mercado brasileño.

La nueva estructura también permitirá la reinversión automática de los dividendos, una característica que puede favorecer la capitalización de los rendimientos a largo plazo al evitar que los dividendos recibidos queden fuera de la inversión.

Un mercado que busca salir de las fronteras brasileñas

La alianza llega en un momento en el que la diversificación internacional adquiere mayor relevancia para los inversionistas locales. Itaú Asset ya cuenta con una plataforma de escala considerable: al cierre de mayo tenía más de 1,2 billones de reales bajo gestión (alrededor de 231.102 millones de dólares), 2.6 millones de clientes y más de 380 profesionales en sus filas.

El banco también reporta que sus clientes mantienen más de 250,000 millones de reales (48.142 millones de dólares), invertidos en el exterior, una cifra que muestra la dimensión que ha adquirido la demanda por activos internacionales entre los inversionistas vinculados con la institución.

En ese contexto, los ETFs ofrecen una vía relativamente sencilla para acceder a mercados extranjeros. El SPXI11, por ejemplo, proporciona exposición al S&P 500 desde la infraestructura del mercado brasileño. Al 18 de agosto, el ETF registraba activos netos de aproximadamente 67,8 millones de dólares, según datos de CFRA Research.

La asociación con Vanguard puede permitir a Itaú profundizar esa oferta utilizando uno de los vehículos indexados más reconocidos de la industria global.

La escala de Vanguard

La contraparte de Itaú aporta una dimensión internacional muy distinta. Vanguard administra aproximadamente 12 billones de dólares en activos y atiende a decenas de millones de inversionistas a escala global.

La firma, fundada en 1975, es particularmente reconocida por su especialización en estrategias indexadas y por su modelo de inversión de bajo costo. Su participación en Brasil supone, por tanto, algo más que una operación puntual alrededor de un ETF: representa una mayor presencia de la firma en uno de los mercados de inversión más grandes de América Latina.

Para Vanguard, Brasil ofrece además un mercado en el que los productos cotizados han ganado terreno como instrumentos para acceder a acciones, renta fija y activos internacionales.

Tanto Itaú Asset como Vanguard señalaron que el acuerdo contempla otros ámbitos de colaboración, entre ellos la educación financiera, el intercambio de mejores prácticas y el desarrollo de nuevos productos.

Ese último punto podría ser particularmente relevante. Itaú Asset cuenta con una plataforma que combina fondos tradicionales, ETFs, renta fija, crédito privado y estrategias administradas por distintos equipos de inversión. Su modelo Multi-desk, por ejemplo, ya concentra 165,000 millones de reales (31.767 millones de dolares), distribuidos entre 23 mesas de inversión, con más de 130 profesionales.

La colaboración con Vanguard abre la posibilidad de que esa infraestructura local se combine con estrategias internacionales de una gestora que administra alrededor de 12 billones de dólares, como mencionamos previamente.

Por ahora, el primer paso está concentrado en el S&P 500, uno de los índices más utilizados por los inversionistas para obtener exposición a las grandes empresas estadounidenses. Pero el alcance anunciado por ambas instituciones apunta a una colaboración de mayor duración.

Para Itaú Asset, el acuerdo encaja con una estrategia de internacionalización que busca ofrecer a los inversionistas brasileños más herramientas para construir portafolios diversificados. Para Vanguard, supone profundizar su relación con un mercado en el que la demanda por inversiones internacionales continúa creciendo.

La alianza, en última instancia, refleja una tendencia más amplia de la industria latinoamericana: los grandes gestores locales están buscando asociarse con plataformas globales para ampliar la oferta internacional sin que los inversionistas tengan necesariamente que abandonar la infraestructura de sus mercados domésticos.