La oferta conjunta de Santander Pensiones y CACEIS Bank Spain (CBS) ha sido seleccionada por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones como adjudicatarios de uno de los cinco lotes que participarán en el Fondo de Pensiones de Empleo de Promoción Pública (FPEPP). «Esta nueva figura se ha creado para fomentar el ahorro colectivo frente al individual y extender la provisión social complementaria a pymes y autónomos, un segmento donde Banco Santander y CACEIS pretenden ser líderes en España», destacó CBS en un comunicado. El contrato se formalizará durante las próximas semanas.
Ambas entidades tienen una posición predominante en el mercado de pensiones en España y en la industria de gestión de activos, en general; esta situación permite disponer de unos recursos y capacidades tecnológicas que suponen una ventaja competitiva diferencial y permite abordar con éxito proyectos complejos a precios competitivos.
Alfonso de Pablos, responsable del área de Operaciones de Custodia de CACEIS Bank Spain, afirma: “Estamos muy orgullosos de las calificaciones obtenidas en la licitación, ya que en la evaluación destacamos por la infraestructura y la solidez que nos proporcionan nuestros accionistas, Crédit Agricole S.A. y Banco Santander S.A., y por nuestros procedimientos y controles encaminados a garantizar que se cumplen los dos principales objetivos en torno a los que gira la estrategia de CBS, la excelencia de servicio y el foco en el cliente”.
La entidad destacó asimismo que iniciativas como el impulso a los fondos de pensiones de promoción pública son buenas noticias tanto como herramienta de inversión a largo plazo destinada a la jubilación como para la industria de gestión de activos ya que cada una de las cinco adjudicatarias deben captar al menos 500 millones en tres años.
Hay un motivo estructural por el que el mundo parece navegar a la deriva en estos momentos. Estamos inmersos en una transición de un ciclo geopolítico global a otro caracterizado por las turbulencias y la incertidumbre. Aunque la preocupación de los inversores es comprensible, cambios estructurales en la geopolítica como este solo ocurren una vez por siglo, y traen consigo no solo riesgos, sino también oportunidades.
El contexto
Nos enfrentamos a una inestabilidad global de una magnitud sin precedentes en la historia reciente. Actualmente hay más de 60 conflictos activos en todo el mundo, el nivel más alto desde la Segunda Guerra Mundial y el doble que hace apenas cinco años. Si a esto añadimos la presión derivada del cambio climático, obtenemos una auténtica tormenta perfecta. Para complicar aún más el panorama, la administración estadounidense revirtió más de 80 años de política exterior en sus primeros meses, introduciendo disrupciones comerciales, alterando alianzas globales y modificando significativamente el gasto público para alinearlo con las prioridades de ‘Estados Unidos primero’. Como resultado, está surgiendo un nuevo conjunto de herramientas políticas entre los líderes mundiales, con múltiples implicaciones macroeconómicas y de mercado.
Tampoco podemos ignorar el impacto humano: una de cada ocho personas en el mundo está expuesta a conflictos. No obstante, en este artículo me centraré en las cinco formas en que las turbulencias geopolíticas actuales afectan a los inversores:
1. La política de las grandes potencias
Las dos mayores economías del mundo, Estados Unidos y China, llevan décadas compitiendo por el liderazgo global. Nada indica que esta situación vaya a cambiar en el corto plazo, y se trata posiblemente del mayor desafío al que se enfrentan muchas economías. Cada una de estas potencias intenta superar a la otra en la carrera por la supremacía tecnológica, un choque que se ha intensificado con el meteórico avance de la inteligencia artificial.
Cabe la posibilidad de que esta «guerra fría» tecnológica cobre aún más impulso en los próximos años e, incluso, adquiera una dimensión militar.
Implicaciones para los inversores: A medida que ambas naciones refuerzan la protección y promoción de sectores estratégicos, crecen los riesgos asociados a unas tensiones comerciales estructurales. Sin embargo, también surgen oportunidades en empresas emergentes del ámbito de la IA, fabricantes vinculados a esta cadena de suministro o en el sector de las capacidades espaciales.
2. El cambio climático como cuestión de seguridad nacional
Aunque el cambio climático genera un intenso debate, rara vez se aborda desde la perspectiva de la seguridad nacional, que, en mi opinión, constituye la amenaza más infravalorada. Las regiones ecuatoriales y tropicales —muchas de ellas ya focos de tensión— podrían sufrir impactos catastróficos a medida que aumentan la magnitud y la frecuencia de los desastres naturales.
Estos fenómenos amenazan con provocar el colapso de Estados, un repunte de la inestabilidad social y un aumento del extremismo.
Implicaciones para los inversores: Esto supone oportunidades de inversión en tecnologías, infraestructuras y empresas vinculadas a la resiliencia climática. Asimismo, la exposición a temáticas relacionadas con la descarbonización y las iniciativas verdes podría aportar valor a las carteras en el largo plazo.
3. La defensa a (casi) cualquier precio
El gasto militar global ha alcanzado un máximo histórico tras diez años consecutivos de aumentos. Entre los principales factores que explican este repunte figuran las amenazas de las grandes potencias, la pérdida de confianza en el paraguas de seguridad de Estados Unidos y la creciente demanda de innovación en defensa.
Ucrania se ha convertido en un laboratorio de la guerra del futuro, con los primeros ejemplos de aplicación de la inteligencia artificial y la tecnología espacial, así como nuevos usos de drones y robótica.
Implicaciones para los inversores: La industria de los semiconductores, que sustenta buena parte de las tecnologías de defensa actuales y futuras, cobrará cada vez mayor protagonismo. Otros sectores clave son los minerales críticos, las energías renovables, la biotecnología, las comunicaciones y la automatización.
4. La centralidad de la IA
Cuando se habla de inteligencia artificial, suele hacerse en relación con la productividad del sector privado. Sin embargo, la IA es esencial en el ámbito militar, con aplicaciones analíticas, predictivas y operativas que determinan el guiado de misiles, despliegues en el campo de batalla o sistemas de armamento.
Implicaciones para los inversores: Este sector cuenta con múltiples vientos de cola estructurales. Los inversores pueden beneficiarse de la exposición a empresas de hardware, software, centros de datos, ciberseguridad y aquellas que desarrollan inteligencia artificial general, con capacidad para generar disrupciones geopolíticas significativas.
5. (Re)surgimiento de las armas nucleares
La fragmentación del orden mundial ha creado nuevos incentivos para recurrir a la disuasión «definitiva» a través de programas nucleares. La capacidad de China ha crecido de forma significativa y programas como los de Corea del Norte o Irán elevan el riesgo de proliferación.
Implicaciones para los inversores: La innovación en defensa, especialmente en antimisiles, la industria aeroespacial y tecnologías relacionadas con el espacio, será clave. También aumentará el interés por el acceso a materiales necesarios para el desarrollo de armamento nuclear.
Prepararse para el siguiente acto
Desde una perspectiva de inversión, este nuevo (des)orden mundial exige una manera distinta de pensar. En un mundo disruptivo, es probable que surjan ganadores y perdedores claramente diferenciados.
Los inversores pueden encontrar oportunidades atractivas a escala regional, sectorial, empresarial y de clase de activo, especialmente en las cinco áreas temáticas descritas.
Aunque lo fácil sería dejarse llevar por el pesimismo, los inversores cuentan con la capacidad y el incentivo para canalizar capital de formas que contribuyan a reducir el riesgo geopolítico, mejorar las perspectivas climáticas y ampliar los beneficios sociales y económicos de las tecnologías emergentes. En definitiva, puede que, después de todo, sí existan motivos para el optimismo, tanto en la búsqueda de alfa como en lo que respecta al futuro.
Tribuna firmada por Thomas Mucha, estratega en geopolítica en Wellington Management
En nuestra opinión, las tendencias inflacionarias se mantendrán, a juzgar por las continuas interrupciones en las cadenas de suministro, el incremento de los costes de la energía y los cambios estructurales. Esto debería traer, asimismo, una ralentización del crecimiento. La infraestructura cotizada podría ofrecer a los inversores cobertura contra la inflación y contribuir a mitigar la volatilidad cíclica, así como a posicionar las carteras para sacar partido a las temáticas de crecimiento estructural.
Creemos que los inversores deberían considerar la exposición selectiva a activos globales de infraestructura cotizada, ya que este tipo de activos suele ofrecer cierta protección frente a la inflación. Esto es particularmente cierto para un tipo de activos que denominamos “duraderos” (o enduring assets, en inglés).
Se trata de activos físicos de larga duración, como las redes eléctricas, los proveedores de infraestructura de datos y los activos de infraestructura de transporte, que generan flujos de caja estables y gozan de cierto grado de protección contractual o normativa. Además, las compañías que los poseen suelen beneficiarse de sólidas posiciones competitivas y de una baja sensibilidad a los ciclos económicos y las fluctuaciones de los precios de las materias primas.
Protección frente a los tipos de interés y la inflación
Algunas de las empresas de infraestructuras cotizadas cuentan con protección explícita frente a la inflación. Este es el caso de muchas empresas europeas del sector de los servicios públicos regulados, que pueden mantener su rentabilidad en un diferencial por encima de la inflación regional. En otras ocasiones, el vínculo entre la inflación y las tarifas aplicadas por una compañía es implícito: a medida que suben los costes, la empresa puede mantener un nivel de rentabilidad predeterminado encareciendo su oferta y repercutiendo a los clientes el incremento de los gastos operativos derivado de la inflación.
Son muchas las compañías de infraestructura que gozan de mecanismos de protección frente a la inflación. La mayoría de las autopistas de peaje pueden aumentar sus precios para acompasarlos en cierto grado a la inflación. Las compañías logísticas de almacenamiento y transporte de petróleo y gas suelen registrar una buena correlación con la inflación por su exposición a la energía y a otros sectores relacionados. Es decir, aunque estos activos duraderos no sean tan efectivos como las materias primas para proteger las carteras de las sorpresas que puede deparar la inflación, sí que pueden ofrecer una rentabilidad más estable y, posiblemente, una rentabilidad real superior a medio y largo plazo.
En cuanto a la subida de los tipos de interés, seguramente constituiría un obstáculo si se produjera de forma brusca e inesperada. Sin embargo, como ocurre con la inflación, los costes asociados (es decir, los gastos financieros) recaerían en los clientes en última instancia y, con el tiempo y el incremento de los tipos nominales, las compañías de servicios públicos regulados obtendrían diferenciales superiores a los tipos de interés. De este modo, la cobertura frente a los tipos de interés está asegurada.
Potencial de crecimiento estructural
Como ocurre con las materias primas, este tipo de activos ha obtenido altas rentabilidades relativas en los últimos doce meses, en comparación con el resto de los títulos de renta variable de activos de infraestructura, pero muchos inversores se preguntan si el mercado ya ha descontado el crecimiento. De cara al futuro, creemos que la evolución de este segmento del mercado dependerá de dos temáticas seculares a largo plazo.
La primera es la transición energética global y el apoyo gubernamental (en mayor medida en EE. UU., la UE y China) para la descarbonización. A medida que el mundo base su economía en la electricidad, la demanda de energía eléctrica aumentará. Como podemos ver en la figura 1, si los Gobiernos reducen las emisiones de carbono de acuerdo con sus compromisos sobre cero emisiones netas, el consumo global de electricidad en 2040 será un 70% superior al de 2020.
Los países tendrán que invertir en sus redes eléctricas, ampliar sus capacidades en energías renovables y modernizar y descarbonizar sus infraestructuras de transporte.
Actualmente, la guerra en Ucrania sigue activa y, por tanto, Europa acelera la adopción de medidas para reducir su dependencia estructural de los suministros energéticos rusos mediante el aumento de la inversión en energía renovable y en soluciones de eficiencia energética. Las redes deben modernizarse para poder gestionar el aumento del uso de energías renovables y mejorar las conexiones internacionales. Por tanto, será necesario invertir en infraestructuras de gas natural y en hidrógeno verde. Con todas estas presiones a la vista, la tendencia secular de la descarbonización y la apremiante necesidad en esta década de invertir en energía limpia, prevemos que la transición hacia una economía con bajas emisiones de carbono se acelerará y que su carácter inflacionario se mantendrá durante un tiempo.
La segunda temática secular es la inversión en infraestructura de datos. La creciente demanda de datos y el apoyo gubernamental para la modernización y la ampliación de la capacidad deberían fomentar el desarrollo de torres de telecomunicaciones, redes de banda ancha y sistemas de telecomunicaciones móviles.