Los mercados emergentes (“EM”) suelen caracterizarse como volátiles e impredecibles, y en cierta medida esto es cierto. Hay periodos en los que el rendimiento es excepcional y otros en los que es más débil. Sin embargo, a lo largo del tiempo, un enfoque consistente centrado en empresas de crecimiento de calidad ha tendido a ofrecer resultados atractivos. La cuestión de si este tipo de enfoque funciona en mercados emergentes es razonable.
Si se observa la última década aproximadamente, la respuesta parece ser afirmativa. Los retornos han sido positivos en relación con el índice más amplio MSCI Emerging Markets, aunque no sin interrupciones. Periodos como 2016, 2022 y partes de 2025 recuerdan que incluso las estrategias más consistentes pueden pasar por fases de menor favorabilidad, a menudo impulsadas por cambios en el liderazgo del mercado más que por un deterioro fundamental de los negocios subyacentes.
Definir “calidad” es menos sencillo de lo que parece. Todo inversor diría que busca buenas empresas, pero la dificultad está en concretar qué significa eso en la práctica. Una forma de abordarlo es mediante un conjunto simple de métricas: rentabilidad, generación de caja y crecimiento. Un retorno sobre el capital (ROE) de alrededor del 15% es un punto de partida razonable. En mercados emergentes, estimar con precisión el coste de capital es complicado, por lo que un umbral consistente aporta disciplina. Además, es un criterio exigente: de un universo de varios miles de compañías, solo una pequeña proporción alcanza de forma consistente ese nivel de rentabilidad.
La generación de caja es igualmente importante. El crecimiento debe financiarse, y la distinción entre caja generada internamente y financiación externa es clave a largo plazo. Las empresas que dependen del endeudamiento o de emisiones recurrentes de capital suelen diluir a los accionistas, mientras que aquellas que reinvierten sus propios flujos de caja tienden a capitalizar de forma más eficiente. El crecimiento de beneficios constituye el tercer pilar del marco, con tasas de crecimiento en dos dígitos medios en muchas economías emergentes, lo que permite una capitalización significativa del valor.
Estas métricas son simples, pero ayudan a reducir el universo de inversión a un conjunto más selectivo de compañías de calidad.
Sin embargo, también existe el exceso de lo bueno. Rentabilidades muy altas, aunque atractivas, rara vez son sostenibles. Tienden a atraer competencia, y con el tiempo esa competencia reduce la rentabilidad. Un ejemplo es Varun Beverages, donde el fuerte crecimiento y la mejora operativa atrajeron nuevos competidores como Reliance Industries, incrementando la presión competitiva y normalizando las rentabilidades. Un caso diferente es Eicher Motors, propietaria de la marca Royal Enfield. Su fortaleza reside en una marca aspiracional y dominante, con rentabilidades consistentes, aunque afectadas ocasionalmente por factores cíclicos como regulación o precios.
La importancia de la generación de caja se vuelve especialmente evidente en el riesgo de dilución accionarial. En mercados como China, aunque el crecimiento agregado ha sido fuerte, el crecimiento por acción ha sido menor debido a OPVs, ampliaciones de capital y dilución estructural. Esto reduce el beneficio real para los accionistas minoritarios. Aun así, existen empresas de alta calidad en China. CATL es un ejemplo, con una posición dominante en baterías para vehículos eléctricos y fuerte capacidad de reinversión. Este equilibrio entre crecimiento y generación de caja es clave.
Quizá el ejemplo más claro sea TSMC, que ha combinado crecimiento estable, alta generación de caja y rentabilidades sostenidas. Su disciplina de inversión y su posición dominante han reducido la percepción de ciclicidad, reforzando su ventaja competitiva a largo plazo. A pesar de ello, estas compañías pueden pasar por periodos de infravaloración o bajo rendimiento relativo, como ha ocurrido recientemente, influido por factores regionales como la desaceleración en China o India, además de valoraciones exigentes.
Estos episodios son cíclicos. En muchos casos, los fundamentales permanecen intactos: rentabilidades sólidas, balances fuertes y, en muchos casos, posiciones de caja neta. La composición de los mercados emergentes también ha evolucionado. Economías como Corea del Sur y Taiwánmuestran características más cercanas a mercados desarrollados, mientras que China e India siguen siendo motores clave del crecimiento global. Tras un periodo de menor interés, hay señales de que el sentimiento hacia los mercados emergentes podría estar mejorando. La volatilidad seguirá siendo una característica del activo, pero el foco de los inversores se mantiene en la capacidad de las empresas para complicar valor a largo plazo.
En este contexto, invertir en compañías con rentabilidades consistentes, generación de caja sólida y crecimiento estable sigue siendo un marco válido. No elimina la volatilidad, pero sí permite navegarla con mayor disciplina, y a largo plazo este enfoque ha tendido a ser recompensado.
Tribuna de opinión firmada por Rob Brewis, Director y Gestor de Inversiones, Aubrey Capital Management.




Por Beatriz Zúñiga