Las infraestructuras han ganado atractivo entre los inversores, quienes, habitualmente, se enfrentan a la disyuntiva de optar por activos del mercado público o del mercado privado. En opinión de Dave Bentley, socio y gestor en la firma Atlas Infrastructure, no hay motivo para elegir: “En mi opinión, ambas son buenas opción, ya que cumplen funciones algo distintas en la cartera”.
Según su experiencia, y ya que gestiona un fondo de infraestructuras cotizadas, considera que al incluir activos públicos se obtiene una exposición mucho más amplia en términos de asignación sectorial y geográfica. “Obviamente, también tiene mejor liquidez, por lo que puede utilizarse para entrar y salir con mucha más rapidez. Por su parte, la infraestructura en mercados privados es que,aunque es muy estable e históricamente ha logrado muy buenas rentabilidades, se enfrenta al reto de que si inviertes ahora en infraestructura privada, la mayor parte de tu inversión irá a renovables y al ámbito digital. Es muy, muy difícil, por ejemplo, comprar un aeropuerto en el mercado privado, o comprar una autopista de peaje en el mercado privado; e incluso es difícil obtener exposición, por ejemplo, a utilities en el mercado privado. Así que creo que combinar infraestructura en mercados privados y en mercados públicos es lo más sensato, porque en cierto modo ofrecen exposiciones diferentes”, argumenta Bentley.
En este sentido, el socio de Atlas Infrastructure -firma que cuenta con 5.100 millones de dólares en activos bajo gestión y que fue creada a comienzos de 2017- considera que hay tipos de infraestructuras que tienen más sentido invertir desde el mercado público y otras desde el privado. Por ejemplo, apunta que los centros de datos y las energías renovables probablemente sean más adecuados para el mercado privado; mientras que las utilities o la infraestructura de transporte o torres de telecomunicaciones es mejor abordarlas a través del mercado público. “En mi opinión, son simplemente formas distintas de acceder a esta clase de activo”, insiste.
Valoraciones y descorrelación
Sin embargo, Bentley sí considera que uno de los principales retos de las infraestructuras privadas es que tienden a ser bastante caras. “Los activos probablemente, de media, están cotizando un 20% más caro en el mercado privado que el mismo activo en el mercado público. Depende de la clase de activo, pero un aeropuerto en el mercado privado es, sin duda, entre un 20% y un 30% más caro que en el mercado público. La razón es que existe la percepción de que el mercado privado es menos volátil, por lo que los inversores aceptan un coste de capital más bajo”, explica Bentley.
Según su percepción, los inversores están dispuestos a pagar más dinero por un activo que no cotiza y que, por tanto, no tiene esa volatilidad diaria de valoración a mercado. “Existe la percepción de que el mercado público, como el precio de la acción sube y baja, es más arriesgado. Mi argumento sería que el precio de venta no importa. Lo que importa es lo que pasa con el flujo de dinero a largo plazo. Si compras un asset con un flujo de dinero volátil, es arriesgado, pero si compras un activo con un flujo de dinero día a día, no es peligroso”, argumenta.
Para el gestor, lo relevante es determinar qué clase de exposición quiere el inversor, para determinar si será mejor acudir a las infraestructuras públicas o privadas. “Si quieres construir un centro de datos, si quieres construir renovables, es mejor tenerlo en el
mercado privado porque los administradores de infraestructura privadas son mucho más inteligentes, pueden controlar lo que es la disposición de capital. Si estás construyendo nuevos activos, el mercado privado es genial. En el mercado público, estamos comprando activos que ya existen, como aeropuertos, carreteras y utilidades. En mi opinión esta es la reflexión que está detrás”, añade.
Ante el contexto actual, para el gestor, bien sea a través de una exposición a mercados públicos o a privados o ambas, el motivo para incluir activos de infraestructuras en las carteras es claro: ofrecen descorrelación. Según explica Bentley, “la justificación para tener infraestructura en el portafolio es que no está correlacionada con los mercados de renta variable. Además, tiene características defensivas, ya que protege los ingresos y frente a la inflación”.



