La competencia por el ahorro de largo plazo en México se está ampliando. Las administradoras de pensiones enfrentan a un trabajador más familiarizado con ETFs y fondos de inversión, mientras los grandes gestores buscan integrar Afore, ahorro voluntario, planes privados y fondos en una sola arquitectura patrimonial; ¿cómo enfrentan las Afores esta competencia creciente?
La dimensión del mercado explica por qué la disputa es estratégica. Al cierre de junio de 2026, los recursos registrados en el Sistema de Ahorro para el Retiro superaban los 8,96 billones de pesos, de acuerdo con CONSAR (Poco más de 497.000 millones de dólares). José María Bolio, director general de Principal Afore, reconoce en entrevista con Funds Society que el crecimiento de ETFs y fondos mutuos representa un nuevo elemento dentro del ecosistema financiero, pero también explica cómo se preparan para competir por estos recursos.
Desde su perspectiva, esa competencia no necesariamente debilita a las Afores. Por el contrario, las obliga a elevar el nivel de sus equipos de inversión, gobierno corporativo y herramientas de análisis.
“Los equipos de inversiones de las administradoras son equipos de muy buenos profesionales, que se complementan con los comités de inversiones y riesgos y los procesos establecidos por la regulación; en efecto, hoy herramientas de inversión como los ETFs existen y modifican el ecosistema observado hace varios años, pero la forma de competir por parte de nosotros, que probablemente sea el caso en otras instituciones, consiste en contar con equipos altamente sofisticados, muy preparados y con más y mejores herramientas para tomar las decisiones que convengan a nuestros clientes”, explicó.
Una de las primeras conclusiones que se ponen sobre la mesa es verdaderamente relevante: el crecimiento de la oferta financiera no necesariamente sustituye a las Afores, sino que las obliga a competir con mayor sofisticación. Al final del día solamente hay un ganador: el ciente, que en el caso de las Afores es un trabajador que ahorra para su retiro.
Hoy ya es muy claro el cambio de paradigma. Las Afores ya no operan en un universo cerrado. ETFs, fondos de inversión, planes privados de pensiones, ahorro voluntario y otras alternativas financieras compiten por convertirse en parte de la estrategia patrimonial de los trabajadores. Y aunque cada instrumento tiene objetivos, regulación y horizontes diferentes, todos participan de una batalla común: capturar el ahorro de largo plazo de los mexicanos.
La gran pregunta para millones de trabajadores mexicanos se ha modificado, antes era relativamente sencilla: ¿en qué Afore está mi cuenta?; hoy, la siguiente generación de ahorradores tendrá un cuestionamiento mucho más complejo: ¿cómo voy a construir mi patrimonio para el retiro y qué combinación de instrumentos voy a utilizar?
La ventaja que las Afores todavía conservan
Existe, sin embargo, una diferencia estructural. Un ETF puede ser comprado o vendido por un inversionista prácticamente en cualquier momento. Un fondo de inversión puede responder a objetivos de liquidez, preservación de capital, generación de ingresos o crecimiento.
Una cuenta de Afore, en cambio, tiene como finalidad principal financiar el retiro y está construida alrededor de un horizonte de décadas; ese horizonte permite desarrollar estrategias de inversión vinculadas al ciclo de vida del trabajador.
México comenzó en diciembre de 2019 la transición del esquema de multifondos hacia las Siefores Generacionales, con el objetivo de que los recursos permanezcan en un fondo asociado a la generación del trabajador y que la estrategia de inversión evolucione conforme se acerca la fecha de retiro.
La sofisticación de esos portafolios es visible en las cifras actuales. En el caso de Principal, por ejemplo, las Siefores muestran exposición a renta variable internacional, deuda privada, instrumentos estructurados y otros activos, aunque con una composición distinta según la generación.
La discusión, por tanto, ya no es si las Afores pueden invertir de manera sofisticada. Pueden hacerlo y ya lo hacen; hoy la pregunta consiste en es si esa sofisticación será suficiente para convencer a las nuevas generaciones de mantener dentro del sistema una proporción creciente de su patrimonio de largo plazo.
Aquí aparece uno de los mayores retos de la industria. José María Bolio estima que todavía existen cerca de 18 millones de personas que no han realizado formalmente su proceso de registro en una Afore, eso representa un problema de educación financiera, pero también una oportunidad comercial enorme.
El trabajador joven que comienza a invertir hoy tiene acceso a una oferta que no existía para las generaciones anteriores. Puede comprar ETFs, invertir en fondos, utilizar plataformas digitales y acceder a información de mercados prácticamente en tiempo real.
Para ese trabajador, la Afore deja de ser necesariamente su primera —y única— experiencia de inversión. Por eso, la competencia futura podría desplazarse desde la tradicional batalla por los traspasos entre administradoras hacia una competencia mucho más amplia por el patrimonio financiero total del cliente.
La transición: de la cuenta individual al patrimonio integral
Es justamente en este tema donde la entrevista con Principal revela una de las transformaciones más interesantes del mercado. La compañía no plantea necesariamente que la Afore deba competir contra los fondos de inversión, sino que la estrategia apunta a que ambos productos puedan formar parte de una misma relación financiera.
Por ejemplo, Principal Afore administra las cuentas individuales, mientras Principal Asset Management ofrece planes privados de pensiones y fondos de inversión para personas físicas, el modelo permite imaginar un trabajador que acumula simultáneamente: Afore + ahorro voluntario + plan privado de pensiones + fondos de inversión.
No se trata simplemente de vender más productos. Se trata de construir una arquitectura patrimonial en la que cada vehículo cumpla una función diferente. «La cuenta individual proporciona la base obligatoria; el ahorro voluntario permite incrementar el patrimonio pensionario; el plan privado puede complementar las prestaciones laborales; y los fondos de inversión aportan flexibilidad, diversificación y, dependiendo del producto, liquidez. Se trata de una oferta integral que te propoirciona todos los layers posibles”, resumió Bolio.
Este cambio abre una posibilidad interesante para la industria de asset management. Durante años, la administración de pensiones y la gestión de fondos fueron negocios relativamente diferenciados. Ahora empiezan a encontrarse alrededor de un mismo cliente.
Una persona puede tener su Afore con una administradora, su plan privado a través de su empresa, fondos de inversión con una gestora y otros activos financieros con una institución bancaria o una plataforma de inversión. El desafío para los grandes gestores será conseguir que una mayor proporción de esas relaciones quede bajo un mismo ecosistema.
En ese sentido, la competencia entre las Afores puede ser solamente una parte de una batalla mucho mayor: la competencia por convertirse en el gestor financiero de confianza durante todo el ciclo de vida del cliente.
El ahorro voluntario será decisivo
La reforma pensionaria de 2020 añadió una nueva dimensión al mercado al incrementar gradualmente las aportaciones obligatorias y reducir las semanas requeridas para acceder a una pensión. Pero para muchos trabajadores, particularmente quienes aspiran a mantener un nivel de vida elevado durante el retiro, la aportación obligatoria difícilmente será suficiente.
De ahí la importancia creciente del ahorro voluntario y aquí los fondos de inversión tienen una ventaja natural: pueden funcionar como una capa adicional de patrimonio fuera del núcleo pensionario.
La consecuencia podría ser una mayor convergencia entre asset management y retirement solutions. Las gestoras que tradicionalmente vendían fondos tendrán más incentivos para ofrecer soluciones vinculadas al retiro; las Afores tendrán que fortalecer su capacidad de asesoría; y las empresas podrán utilizar planes privados como herramienta de retención y compensación de talento.
La guerra ya no será por la Afore, sino por el wallet y las Afores tendrán que ganarse su lugar
La próxima década podría dejar atrás el modelo en el que las Afores competían principalmente por captar trabajadores de otras administradoras, la nueva batalla será por una proporción del wallet financiero completo del trabajador.
Una persona de 30 años puede tener hoy una cuenta de Afore, una cuenta bancaria, un fondo de inversión y algunos ETFs. A los 40 podría añadir un plan privado de pensiones; a los 50, incrementar su exposición a instrumentos destinados a preservar patrimonio; y al acercarse al retiro, modificar nuevamente la composición de sus activos.
La institución que logre acompañarlo durante todas esas etapas tendrá una relación mucho más valiosa que aquella que simplemente administra su cuenta obligatoria; el desafío es particularmente importante porque el sistema ya tiene una escala que lo convierte en uno de los principales inversionistas institucionales del país.
Además, los flujos continúan siendo enormes. Solo durante junio de 2026 las Afores registraron 14.541,9 millones de pesos de entradas (cerca de 808 millones de dólares), frente a salidas por 31,189.2 millones (1,732 millones de dólares), de acuerdo con cifras preliminares de CONSAR. Las entradas incluyen aportaciones de RCV, ahorro voluntario y solidario, traspasos y otros conceptos; las salidas incluyen retiros, transferencias y otros movimientos.
La industria, por tanto, no está perdiendo relevancia sino que está ocurriendo algo diferente: su relevancia se modifica; las Afores están dejando de ser únicamente administradoras de cuentas de retiro para convertirse en grandes gestores institucionales, mientras que las gestoras de fondos están encontrando en el retiro un mercado de crecimiento de largo plazo.
La frontera entre ambos negocios comienza a hacerse más tenue y en medio de esa transformación aparece un nuevo protagonista: un trabajador que ya no necesariamente piensa en términos de “mi Afore”, sino de “mi patrimonio para el retiro”.
Ese cambio de mentalidad puede terminar siendo mucho más importante que cualquier nuevo producto financiero. Porque si las primeras tres décadas del sistema mexicano estuvieron marcadas por la creación y acumulación de las cuentas individuales, la siguiente etapa podría estar marcada por la integración de todo el ecosistema financiero alrededor del retiro.
Y ahí, ETFs, fondos de inversión, Afores y planes privados no necesariamente serán enemigos, al contrario, podrían convertirse en las distintas piezas de un mismo mercado: el enorme mercado mexicano del ahorro de largo plazo.


Por Antonio Sandoval
