Los fondos españoles ya pueden prestar sus valores. Un hito que es factible más de veinte años después de que la Ley de IIC lo contemplara. Cecabank ha creado una agencia para desarrollar esta actividad, que se ha estrenado con el primer programa con CaixaBank AM. José Manuel Tassara, responsable de Agencia de Securities Finance de Cecabank, explica en esta entrevista qué gana el partícipe con la posibilidad del préstamo de valores por parte de las IIC; por qué el resto de gestoras irá entrando poco a poco y cuáles son los principales retos de esta actividad.
¿Cómo valora el visto bueno regulatorio al préstamo de valores por parte de las IIC españolas?
Muy positivamente. Era una reforma necesaria, se ha hecho de rogar y llega bien diseñada. Hasta octubre de 2025, España era una anomalía en Europa: la Ley de IIC de 2003 ya contemplaba el préstamo de valores, pero su aplicación dependía de una orden ministerial que tardó más de veinte años en llegar. Entretanto, los fondos domiciliados en otros países de la Unión Europea, que compiten por el mismo ahorro, usaban esta herramienta con total normalidad.
La Orden ECM/1155/2025 corrige esa desventaja y pone a las gestoras españolas en igualdad de condiciones con sus homólogas europeas. Valoro, sobre todo, el equilibrio del texto, ya que recoge las salvaguardas que ya han funcionado en otros mercados. Ahora bien, conviene no confundir la norma con el resultado. La Orden Ministerial es el punto de partida, no la meta.
¿Queda algo pendiente en el plano normativo?
Sí, extender este marco a los fondos de pensiones y a las EPSV. En otros mercados, los fondos de pensiones figuran entre los grandes prestamistas.
¿Qué supone para el inversor?
Para el partícipe, es una rentabilidad adicional que sale de activos que el fondo ya tiene en cartera, con garantías y sin tocar su política de inversión. El mecanismo es sencillo. El fondo cede temporalmente parte de sus valores a entidades financieras supervisadas, cobra una comisión por ello, recibe una garantía de mayor valor y conserva en todo momento los derechos económicos de sus posiciones. Los ingresos se incorporan al patrimonio del fondo y benefician a todos los partícipes.
Hay que ser preciso con el alcance. Nadie debe esperar una rentabilidad espectacular. Las comisiones generadas constituyen una fuente adicional de ingresos recurrentes que ayuda a compensar costes y que, acumulado en el tiempo, marca diferencias en un mercado muy competitivo.
¿Y para la liquidez de los mercados?
Entra oferta nueva, y eso siempre es bueno. Este es un mercado que se mueve más por la demanda que por la oferta: en el mundo hay unos 44 billones de dólares en activos prestables frente a apenas 3 billones de demanda real.
En España, el efecto es estructural. Hasta ahora, la oferta prestable de valores españoles venía sobre todo de inversores internacionales, con carteras concentradas en las compañías de mayor capitalización. Las IICs españolas pueden extenderla a compañías medianas y pequeñas. Más oferta atrae actividad, facilita la creación de mercado y las coberturas, estrecha las horquillas y mejora la formación de precios. Además, con la migración europea al ciclo de liquidación T+1, prevista para octubre de 2027, disponer de valores prestables será clave para reducir las operaciones fallidas.
Ofrecer este servicio, ¿puede atraer partícipes a los fondos?
No de forma directa. Ningún partícipe elige un fondo porque preste valores, sino por su rentabilidad, su riesgo, su coste y la confianza que le inspira la gestora. Lo relevante es que el préstamo contribuye a lo que sí atrae partícipes. Mejora la rentabilidad neta, porque los ingresos se incorporan al patrimonio del fondo y ayudan a compensar costes. Se nota sobre todo en fondos indexados y en carteras con posiciones estables, donde cada punto básico cuenta.
¿Qué conclusiones se pueden sacar de la experiencia de otros países?
La ventaja de llegar tarde es que se aprende de quienes llegaron antes. Yo saco dos. La primera, que regular es necesario, pero no suficiente. Hay mercados con un marco legal aprobado y muy poca actividad porque su diseño se apartó de cómo opera el resto del mundo. En India, un modelo canalizado obligatoriamente a través de cámaras, un universo reducido de valores elegibles y unos costes elevados han limitado la profundidad del mercado.
La lección para España es que contratos, garantías e infraestructura tienen que hablar el mismo idioma que los prestatarios globales, sin particularidades locales que obliguen a renegociarlo todo.
La segunda, que la oferta genera demanda. En Arabia Saudí, tras la apertura de su marco, el número de valores en préstamo se ha multiplicado y la actividad se ha extendido mucho más allá de los grandes valores del índice. Aquí el impacto llegará de forma gradual y dependerá de que los programas que monten las gestoras encajen con la forma de trabajar de esos prestatarios.
Por ahora, solo una entidad ofrece esta posibilidad. ¿Se van a animar más en el corto plazo?
Sí, de forma escalonada, y es lo razonable. Que hoy solo una gestora haya dado el paso no indica falta de interés: el sector lleva años reclamando esta operativa. Indica lo que cuesta ponerla en marcha. El ritmo ya no lo marca la norma, lo marca la preparación de cada entidad.
Crear un programa de préstamo de valores no es pulsar un botón verde. Cuando se analiza a fondo, resulta más complejo de lo que parecía. Esperamos que nuevas gestoras se incorporen en los próximos trimestres, aprovechando el camino ya recorrido por CaixaBank AM y la agencia creada por Cecabank.
¿De qué depende que una gestora tarde más o menos?
Principalmente, del punto de partida. Veo varios factores. El primero es el gobierno interno: mandato del consejo, visto bueno del comité de inversiones, revisión legal de la documentación de los fondos, y folleto y comunicación al regulador. Lleva tiempo, pero es predecible una vez conoces el camino.
El segundo es el conocimiento del modelo, y ese es difícil de acortar. Hay que entender cómo funciona de verdad la actividad de préstamo, cómo se transfiere el riesgo y cómo se relaciona el colateral con la política de inversión de cada fondo. Eso necesita tiempo para madurar.
Añadiría un tercero que suele omitirse: la interacción entre los dos. He visto que las firmas que no entienden bien el modelo caen en uno de dos extremos. O diseñan un proceso de aprobación tan estrecho que hay que revisarlo y cambiarlo cada poco, o uno tan amplio que acaba dando problemas de gestión de riesgos más adelante.
Ahí cambia el papel del agente, que pasa a ser una pieza clave que acompaña al cliente y ordena los pasos en la secuencia correcta.
¿Dónde están los cuellos de botella para quien empieza?
En tres sitios. El primero es el jurídico. El GMSLA es un contrato marco estándar en el mercado, pero muchos equipos legales se enfrentan a él por primera vez, y a eso se suma el contrato de agencia. Las revisiones internas llevan bastante tiempo y no hay muchos asesores locales con experiencia en la materia.
El segundo es el gobierno de los fondos. Sus reglas se redactaron sin tener en mente el préstamo de valores y hay que actualizarlas antes de empezar: límites, contrapartes, garantías admisibles, folletos, información a partícipes. Es un trabajo muy intensivo entre gestora, depositario y agente, y suele llevar meses.
El tercero es la preparación operativa. Es el más importante y donde fallan muchos programas: conciliaciones, eventos corporativos, recuperación de valores para votar o vender, comunicación de ventas, valoración diaria y seguimiento de las garantías, reporting regulatorio y fiscalidad. Quien lo subestima termina con procesos manuales que no escalan.
¿Qué les ha motivado a ser pioneros en el préstamo de valores de los fondos españoles?
Llevamos muchos años empujando esta reforma, ya que desde 2008 hemos participado, directamente y a través de distintas asociaciones del sector, en la defensa de un marco que permitiera a las IIC españolas prestar sus valores.
También pesa nuestra experiencia como depositario de un gran número de gestoras españolas. Conocemos sus necesidades, sus procesos y los retos operativos de esta actividad. El préstamo de valores encaja con servicios que ya prestamos, como la custodia, la liquidación o la gestión de garantías, siempre con las funciones de agencia separadas de las de supervisión propias de la depositaría.
Y creíamos que el mercado necesitaba una alternativa especializada y cercana. Con esa idea montamos la Agencia de Securities Finance: documentación contractual que los prestatarios internacionales ya conocen, agentes triparty, procesos automatizados y un marco de control específico para esta actividad.
¿Y por qué arrancar con CaixaBank AM?
Porque es una gestora muy pendiente de la innovación, comprometida con sus partícipes y que lleva años liderando la industria. A eso se sumaba la relación que ya teníamos como depositario de sus fondos. El programa sale de un trabajo conjunto largo, en el que se ha mirado cada aspecto con detalle: los fondos participantes, los límites operativos, las contrapartes, las garantías admisibles. Siempre con el mismo criterio, proteger los intereses de los partícipes.


