El mercado ha entrado en una nueva fase del ciclo, en la que la inflación seguirá condicionando las políticas monetarias y el comportamiento de los activos de riesgo, al tiempo que obliga a poner bajo revisión muchas de las reglas tradicionales de la inversión. Es la principal conclusión a la que llegaron los CIOs de renta fija, renta variable, multiactivos y ESG y mercados privados de M&G Investments, en un panel titulado CIOs Investment Perspectives: Navigating the Afthershock- is inflation Back? organizado recientemente por la firma para periodistas internacionales en su sede de Londres.
Aunque los activos de riesgo han seguido mostrando fortaleza y la renta fija ha resistido mejor que en episodios anteriores de tensión inflacionista, los CIO de M&G defendieron que los inversores deben adaptarse a un entorno caracterizado por tipos de interés más elevados durante más tiempo, cambios estructurales en la economía y nuevas fuentes de riesgo derivadas de la geopolítica, el endeudamiento público y la inteligencia artificial. En este contexto, Gautam Samarth, gestor de fondos multiactivos y moderador del panel, destacó que la fuerte dispersión dentro de la renta variable ha condicionado mucho los resultados para los inversores, al tiempo que subrayó como principal cambio del año el fuerte reajuste de las expectativas sobre los tipos de interés, tras un periodo en el que los mercados han pasado de anticipar recortes a asumir que los bancos centrales mantendrán una postura mucho más restrictiva.
La visión de M&G en renta fija
Para Andrew Chorlton, CIO de Renta Fija, la persistencia de la inflación sigue siendo el factor dominante para entender el comportamiento de los mercados. Recordó que, cinco años después del final de la pandemia y tras el impacto de la invasión de Ucrania, “las economías desarrolladas todavía no han conseguido controlar plenamente las presiones inflacionistas”. En su opinión, los mercados han cometido el mismo error durante cuatro ejercicios consecutivos al tomar las expectativas sobre tipos de interés de la Reserva Federal como un proxy del resto del mundo, y siendo decepcionados todos y cada uno al haber empezado los ejercicios con previsiones demasiado optimistas.
El CIO de renta fija extrae dos lecturas de este comportamiento. Por un lado, la idea de que “los inversores quieren que los tipos sean más bajos porque eso supone un apoyo y es bueno para todo, sin reconocer que seguimos en plena batalla contra la inflación”. Por otro, que tras la experiencia de 2022, el control de la inflación se ha convertido para los responsables de los bancos centrales en “algo muy personal”, en el sentido de que no están dispuestos a “cometer el mismo error dos veces”. Chorlton puso como ejemplo a Kevin Warsh, nuevo presidente de la Fed, que antes de llegar al cargo mantenía una postura más proclive a bajar tipos de interés pero ahora ha tomado conciencia de que “es su reputación la que está en juego”, adoptando “un claro enfoque en combatir la inflación”.
En todo caso, Chorlton considera que el comportamiento de la renta fija ha sido razonablemente sólido. Frente al fuerte ajuste vivido en 2022, un ejercicio prácticamente plano en un entorno marcado por la volatilidad, las tensiones geopolíticas y la inflación “no puede calificarse como un mal resultado”, afirmó. Además, defendió que el mercado de deuda pública ofrece actualmente un punto de partida mucho más atractivo gracias a la existencia de rentabilidades reales positivas.
Su visión es más cautelosa respecto al crédito corporativo. A su juicio, los diferenciales descuentan un escenario excesivamente benigno, basado únicamente en la continuidad del contexto actual y con niveles de impago reducidos. En cambio, el mercado de tipos ya incorpora buena parte de los riesgos conocidos —inflación, política fiscal o incertidumbre política—, por lo que considera que la relación entre rentabilidad y riesgo resulta hoy más favorable en los bonos soberanos que en el crédito.
Nuevas reglas para invertir en renta variable
Por su parte, Fabiana Fedeli, CIO de Renta Variable, Multiactivos y Sostenibilidad, defendió que muchas de las reglas tradicionales utilizadas durante décadas para analizar la bolsa han dejado de funcionar. En su opinión, los inversores siguen demasiado condicionados por la clásica distinción entre activos de larga y corta duración, cuando actualmente el mercado presta mucha más atención a los fundamentales empresariales y a grandes tendencias estructurales como la inteligencia artificial.
Fedeli recordó que hace apenas dos años existía un amplio consenso según el cual un escenario de tipos elevados durante más tiempo debía perjudicar especialmente a las compañías tecnológicas, por tratarse de negocios de larga duración. Sin embargo, ocurrió exactamente lo contrario. «Las reglas empíricas que todos aprendimos decían que no debería haber sucedido, porque unos tipos altos tendrían que haber provocado un baño de sangre en la tecnología de larga duración, y eso no ocurrió; de hecho, ha seguido sin ocurrir», señaló.
Fedeli considera que el auge de la inteligencia artificial ha cambiado profundamente la forma en que el mercado valora las compañías y cree que el impacto de unos costes de financiación más elevados tardará todavía en trasladarse a las empresas que lideran esta revolución tecnológica. Aunque reconoce que llegará un momento en el que las elevadas inversiones necesarias para desarrollar la IA obligarán a muchas compañías a acudir con mayor intensidad a los mercados de deuda, considera que ese punto aún no ha llegado.
No obstante, sí identifica riesgos macroeconómicos que, en su opinión, el mercado bursátil todavía infravalora. Entre ellos destaca la posibilidad de que los precios de la energía permanezcan elevados durante más tiempo como consecuencia de las necesidades de inversión en seguridad energética, reconstrucción de infraestructuras y recomposición de inventarios. Ese escenario podría acabar debilitando la demanda agregada y afectar a los beneficios empresariales de determinados sectores, aunque no de forma homogénea. Por ello, insistió en la importancia de mantener horizontes de inversión de largo plazo y evitar tomar decisiones precipitadas por preocupaciones que pueden tardar años en materializarse.
La protección contra la inflación, clave para invertir en mercados privados
El análisis de Emmanuel Deblanc, CIO de Mercados Privados, puso el foco en los cambios estructurales que están transformando la percepción del riesgo por parte de los inversores. A su juicio, la conversación sobre la inflación ha evolucionado significativamente y ahora incorpora factores que hasta hace poco apenas se tenían en cuenta, como la geopolítica, la sostenibilidad de las finanzas públicas o los posibles cambios regulatorios y fiscales derivados del creciente endeudamiento de los Estados.
Aún así, Deblanc considera que «el valor de tener estrategias y activos que brinden protección frente a la inflación probablemente ha sido infravalorado y sigue estando infravalorado». En su opinión, los inversores tienden a asociar estos instrumentos únicamente con escenarios de inflación elevada, cuando también pueden desempeñar un papel relevante si, tras un periodo inflacionista, la economía entra en una fase de desinflación o incluso de deflación. Lo verdaderamente importante, sostiene, es disponer de activos capaces de preservar el poder adquisitivo en entornos macroeconómicos muy cambiantes.
Otro de los grandes debates planteados por Deblanc gira en torno al propio concepto de activo libre de riesgo. El directivo cuestionó que la deuda pública estadounidense pueda seguir considerándose la referencia indiscutible para los inversores globales, especialmente en un contexto de elevados déficits fiscales y aumento sostenido de la deuda pública en economías como Estados Unidos o Francia. Según explicó, la inflación constituye una forma de erosionar el valor de una moneda sin necesidad de incurrir en un impago formal, lo que obliga a replantearse si la deuda soberana continúa siendo la referencia adecuada para valorar el riesgo del resto de activos.
Asimismo, advirtió de que la capacidad recaudatoria de los gobiernos se convertirá cada vez más en un factor determinante para evaluar el riesgo de inversión. El aumento de la presión fiscal y regulatoria podría afectar especialmente a sectores regulados, como el agua o la electricidad, mientras que las diferencias entre jurisdicciones tenderán a ampliarse a medida que algunos países afronten con mayores dificultades el deterioro de sus cuentas públicas. En este nuevo contexto, concluyó, comprender los riesgos asociados a la inflación, la regulación y la sostenibilidad fiscal será tan importante como analizar las valoraciones tradicionales de los activos.



