La guerra en Oriente Medio, el ataque a instalaciones gasistas y el bloqueo del estrecho de Ormuz por parte de Irán han revolucionado el mercado energético, especialmente de petróleo y gas. El gas está disparado por los últimos ataques (con subidas del 70%) y el petróleo Brent ha superado en varias ocasiones los 100 dólares en los últimos días y el mundo empieza a prepararse para un escenario de energía más cara, lo que podría afectar al crecimiento. ¿Qué efectos tendrá en España, tanto en su economía como en sus mercados financieros?
Los expertos consultados hablan de un potencial menor crecimiento económico, y una inflación que podría subir entre una y siete décimas en España, con preocupación también por las subidas del gas, vital para Europa. Pero también consideran que el petróleo debería volver a niveles más bajos, de entorno a 70-80 dólares, lo que acabaría limitando el impacto. De no ser así, la volatilidad se dejará sentir en los mercados, con sectores ganadores y perdedores en bolsa, y una renta fija que sufriría en un principio, y podría ser refugio más adelante.
En el crecimiento…
Para una economía importadora de energía como España, el petróleo por encima de 100 dólares actúa como un impuesto externo sobre la economía. La razón es porque España importa la mayor parte de su petróleo, por tanto, cuando sube el precio del crudo las empresas españolas pagan más por comprar petróleo y ese dinero va a productores extranjeros: es, en definitiva, una transferencia de renta al exterior. Ese dinero sale de la economía nacional y reduce la renta disponible; los hogares pagan más por la gasolina, el transporte y los productos transportados. Por otro lado, las empresas, tienen mayores costes de producción, menores márgenes e invierten menos, describe Aurelio García del Barrio, economista y director del Global MBA con especialización en Finanzas del IEB. «Desde un punto de vista macroeconómico, el efecto agregado suele ser un menor crecimiento económico, porque baja el consumo, baja la inversión y empeora la balanza comercial», resume.
El principal efecto de un barril a 100 dólares sería un grave deterioro de la balanza comercial, destaca Daniel Lacalle, economista jefe de Tressis. «Por supuesto, el impacto en el precio de gasolina, jet fuel y gasóleo cercenaría los márgenes de autónomos, aerolíneas, transportistas y ganaderos o agricultores. «Se dice con frecuencia que España está mejor posicionada que otras economías por las renovables: sin embargo, eso es incorrecto; las renovables ayudan, pero España sigue dependiendo de la importación de gas natural licuado que, incuestionablemente, sube a la vez que el petróleo y además de manera más rápida«, añade. Los sectores más afectados por un petróleo caro en España son, sobre todo, transporte (carretera, aéreo y marítimo), ciertas ramas industriales intensivas en productos petrolíferos y actividades fuertemente dependientes de movilidad (turismo y logística).
Para Guillermo Santos, socio de iCapital AF, el hecho de que el petróleo alcance los 100 dólares no es lo más relevante: la clave está en cuánto tiempo se mantiene a ese nivel y por encima. «Es evidente que España es altamente dependiente del petróleo y su subida afecta directamente al precio de la gasolina pero no se queda ahí pues hay unos 30 productos críticos para construcción, la industria y la agricultura españolas que también suben de precio», reconoce.
«El efecto sobre la economía de un barril de crudo a 100 dólares depende, lógicamente, del tiempo en que dicho precio se mantenga», coincide Rosa Duce, CIO de Deutsche Bank España. «Bajo nuestro escenario base, el conflicto podría mantenerse entre cuatro y seis semanas, lo que supone que una cierta “vuelta a la normalidad” debería de producirse a finales de abril, con un precio del petróleo en estos dos meses en torno a los 90-100 dólares, para luego bajar hacia niveles 75-80 dólares. Asumiendo este escenario, lo primero que tenemos que tener en cuenta es que nuestra dependencia energética del estrecho de Ormuz es muy baja (en torno al 5% del petróleo y un 2% del gas). El efecto por lo tanto es indirecto», matiza.
«España tiene una dependencia de las importaciones de petróleo y gas de alrededor del 2% de su PIB, en línea con la media de la UE. En términos simplificados, podemos decir que tenemos más dependencia que la media a crudo y menos a gas natural y a productos refinados. Usando análisis del BCE y otras fuentes como Barclays Research, podemos aproximar que el efecto de una subida permanente del petróleo y gas de un 10% puede tener un impacto negativo en crecimiento a un año vista del 0,2%, que es muy parecido a las cifras que nos sale para la UE. Alemania e Italia se verían más penalizadas y Francia algo más protegida, por su menor peso en industria manufacturera y su electricidad con más peso en nuclear», explica Óscar del Diego, director Técnico y de Análisis de Ibercaja.
«Como para el resto de Europa, todo depende de la evolución del conflicto, más concretamente, del cierre del estrecho de Ormuz, y así del tiempo en el que el precio del crudo se mantenga en estos niveles. Si el bloqueo fuera breve (no más de un mes), se calcula que podría restarnos un 0,1%-0,2% de crecimiento este año, y aumentar la inflación en un 0,3-0,4%. Shock temporal que ni afectaría al entorno de tipos ni a la confianza», explica Marian Fernández, responsable de macro de Andbank España. Bajo escenarios menos benignos, el impacto negativo sería más marcado, no esperándose medidas de compensación desde el frente fiscal tan significativas como las vividas tras la invasión de Ucrania. Precio del crudo al que hay que sumarle la evolución del gas, vital para Europa, y otras materias también afectadas por el bloqueo, que también añaden potencial inflacionista.
Décimas en la inflación: ¿en peligro la relajación monetaria?
Y es que la situación también tiene efectos en la inflación y en las políticas de los bancos centrales, que a su vez podrían afectar al crecimiento. Los expertos hablan de subidas de la inflación en España de entre una y siete décimas y hay división entre lo que esperan del BCE (algunos, continuidad; otros advierten del riesgo de subidas de tipos). Para Ibercaja, en términos de IPC, estaríamos hablando de una subida de cuatro décimas en España y tres en la zona euro: «Recordemos que por ahora la subida del petróleo desde febrero es del 70% y del 50% año sobre año, pero nuestro escenario base es el de que el petróleo pueda volver al rango 70-80 dólares/barril en el momento en el que el tránsito por el estrecho de Ormuz se restablezca».
Para Deutsche Bank España, la subida podría ser algo menor, de entre una y dos décimas: «En general, una subida de 10 dólares en el precio de la energía podría llevar implícito un incremento de los precios en un año de 1-2 décimas, y una caída de una décima del crecimiento. Teniendo en cuenta que la economía española cerró el año 2025 con un crecimiento por encima de lo esperado, y que antes de la guerra en Oriente Medio se apuntaba ya como previsible un crecimiento del 2,2%-2,4%, el riesgo económico por lo tanto es limitado», defiende Duce.
En su escenario base, el BCE vería la actual subida de la energía como un shock temporal, y por lo tanto, mantendría los tipos de interés estables en el 2% durante todo este año. «Pero incluso en el caso de que se produjera una subida de tipos de 25 puntos básicos antes de lo previsto, el impacto sobre las familias y las empresas sería limitado, dado los actuales bajos niveles de endeudamiento», añade.
Por su parte, García del Barrio habla de tres efectos inflacionistas: directo, indirecto y de segunda ronda: «Se produce, en primer lugar, un efecto directo, una energía más cara, donde el canal más inmediato es el precio de los combustibles. El efecto indirecto está en los costes de producción, ya sean estos mismos, como el transporte, y el traspaso de las empresas, vía precio, a los consumidores. Y, por último, podríamos ver efectos de segunda ronda, ya que, de prolongarse la situación, el aumento inicial de precios puede provocar subidas salariales para compensar inflación y nuevos aumentos de costes empresariales lo que puede implicar una inflación más persistente». También destaca que, con la revalorización del dólar últimamente contra el euro, y actuar como refugio, el precio del barril se vea incrementado (en euros) también por el tipo de cambio.
Y explica que los estudios muestran que por cada 10 dólares que sube el petróleo, puede suponer una subida de inflación entre 0,2–0,3 puntos. En su opinión, una situación inflacionista obligaría al BCE a condiciones monetarias más restrictivas, con el subsiguiente impacto en el créditoy la reducción de la demanda agregada.
«El petróleo sigue siendo la principal fuente de energía final en España (en torno al 50 % del consumo final de energía y mayoritario en transporte). Un Brent de 100 dólares durante un año se trasladaría a carburantes más caros y a mayores costes logísticos, añadiendo al menos siete décimas al IPC subyacente si se mantiene constante«, dice Lacalle. Por su parte, el gas a 55 €/MWh encarecería costes eléctricos marginales de manera muy rápida cuando el gas marque precio y aumentaría directamente la factura energética de industria y hogares.
Por su parte, Santos espera que el efecto inflacionista se quede en alguna décima en el corto plazo, «pues esta situación debería corregirse y el precio del crudo encauzarse de nuevo dentro el rango 65 – 75 dólares en el que están cómodos productores, emisores de bonos y, finalmente, consumidores».
Más volatilidad en los mercados
Ese puede ser el problema: expectativas de un petróleo más barato del que realmente será, lo que también tendrá implicaciones en los mercados. García del Barrio recuerda que la situación del petróleo obedece a tensiones geopolíticas, incertidumbre macro y riesgo inflacionario y, en este escenario, aumenta la volatilidad en los mercados globales, «donde se ven favorecidas las empresas energéticas (petroleras y energéticas), caen los sectores intensivos en combustible (aerolíneas, transporte y logística, navieras y turismo), y hay presión sobre sectores de consumo (retail, consumo discrecional y automoción)», situación que afecta asimismo a los mercados españoles. También en renta fija, advierte: «Los mercados pueden anticipar que el Banco Central Europeo mantenga tipos de interés más altos, por lo que cae el precio de los bonos (suben rendimientos). El mercado de bonos actualmente está ajustando al alza los rendimientos porque el petróleo alto presiona la inflación y reduce las expectativas de recortes de tasas. Esto hace que los precios de los bonos bajen y que los inversores exijan mayores rentabilidades como compensación por riesgos inflacionarios», añade.
Duce espera que la volatilidad persista mientras dure el conflicto, pero «luego deberíamos ver una vuelta a los niveles pre-bélicos, dado que si el impacto económico en la economía es limitado, también lo será en los mercados financieros».
Santos cree, que en función de la duración de las tensiones del mercado del crudo, «veremos ulteriores caídas en las bolsas, pues los mercados descontarán menor crecimiento y menores ganancias corporativas por ese mayor coste de la energía, especialmente en sectores como el turismo, líneas aéreas e industriales». En su opinión, la renta fija debería llevarse el mayor castigo de confirmarse de verdad un entorno inflacionista duradero, si bien una vez descontado ese nuevo contexto veríamos entrar dinero de nuevo en los bonos soberanos, pues ofrecerían mayores rentabilidades y servirían de refugio y fuente de rentabilidad en ese escenario de menor crecimiento.
En las carteras…
En este escenario, algunas gestoras siguen optando por la cautela en las carteras. Gescooperativo, la sociedad de inversión colectiva del Grupo Caja Rural, señala en su último informe sobre el impacto del conflicto en Oriente Medio en los mercados que su escenario central es que no debería prolongarse más allá de unas pocas semanas, explican los analistas Fernando Cano Camino y Alberto Salgado Pérez, del Área Gestión de Carteras de Gescooperativo – Banco Cooperativo. Por ello creen que el impacto será relativamente modesto en el crecimiento económico y, por ende, en los beneficios previstos para las empresas. Y ese es el motivo por el que han decidido continuar manteniendo la inversión en bolsa en los niveles donde ya la tenían.
Donde hay cambios es en renta fija: «Respecto a la renta fija europea, creyendo que el aumento de inflación que se dará (algunas décimas, quizás hasta un punto) no llevará al BCE a subir tipos, hemos decidido incrementar levemente la duración de nuestras carteras para aprovechar el repunte habido en las curvas de tipos”. No obstante, advierten de que si se produjesen noticias que cuestionen ese escenario (por ejemplo, la destrucción permanente de refinerías clave en países productores), “los mercados podrían volver a reaccionar con fuertes episodios de aversión al riesgo”.



Por Alicia Miguel Serrano