Japón ha pasado de comportarse como una plaza bursátil en la que los inversores invierten en compañías con márgenes bajos y capex alto a ser un mercado centrado en la eficiencia y el retorno sobre el capital, donde la gobernanza se ha convertido en la piedra angular de esta transformación. “La historia subyacente en Japón es extremadamente atractiva”, asevera Simon Morton-Grant, Client Portfolio Manager del fondo CT (Lux) Japan Equities,, desde Columbia Threadneedle Investments.
El experto, recientemente de visita en España, destacó la multitud de catalizadores de crecimiento que su gestora detecta actualmente en este mercado: primero, se mantienen los esfuerzos por seguir aumentando el retorno para el accionista (ROE), con un nuevo récord de recompra de acciones en 2025; segundo, el país vuelve a registrar crecimiento positivo, y tras las profundas reformas de los últimos años ahora el índice Topix se ha convertido en un reflejo de ese crecimiento; tercero, el ahorro de las familias japonesas asciende a unos 14 billones de dólares, y la mitad de ese dinero está en efectivo, por lo que desde la gestora esperan – en un contexto de inflación al alza- en que parte de esos ahorros fluyan a los mercados bursátiles para evitar la pérdida de poder adquisitivo; cuarto, el experto destaca la disposición del nuevo gobierno para seguir profundizando en reformas políticas y económicas de calado para seguir estimulando el crecimiento de la nación. Por estos motivos, el expert se muestra claro: “Cualquier punto de debilidad de aquí en adelante puede ser un buen punto de entrada para invertir en la historia de crecimiento estructural a largo plazo de Japón”.
¿Está afectando de alguna manera el repunte del riesgo geopolítico con la guerra de Irán a la bolsa japonesa?
Queremos dejar claro a nuestros clientes que las disrupciones en torno al estrecho de Ormuz tienen un potencial impacto sobre la economía global. Japón importa más del 90% de su crudo de Oriente Medio, aunque prácticamente no realiza importaciones directas desde Irán. Consideramos que, por el momento, esta situación sigue estando contenida en el caso de Japón, ya que dispone de varias medidas para mitigar estos efectos. En primer lugar, cuenta con reservas de petróleo equivalentes a 245 días, una de las mayores coberturas entre las economías desarrolladas, aproximadamente ocho meses, lo que proporciona un colchón a corto plazo. En segundo lugar, las autoridades niponas han estimado que el precio del petróleo debería alcanzar y mantenerse en 175 dólares por barril durante un periodo prolongado para que Japón entrara en recesión; actualmente estamos lejos de ese nivel. Incluso si se alcanzara, sería necesario que se mantuviera durante cierto tiempo.
Se trata, por tanto, de un riesgo que debe monitorizarse. No obstante, el equipo acaba de regresar de Japón y, en sus reuniones con compañías, en un contexto en el que esta situación ya empezaba a desarrollarse, las empresas consideraban que podrían trasladar el incremento de costes al consumidor, sin que ello implique un deterioro material de los márgenes. Es un conflicto en evolución y conviene mantenerse atentos a posibles cambios, pero con los niveles actuales no apreciamos un motivo de preocupación excesiva.
¿Puede la evolución del yen japonés tener un impacto significativo en las compañías japonesas, especialmente en las orientadas a la exportación?
Conviene señalar que no somos especialistas en macroeconomía. Dicho esto, consideramos que, si el yen superara el nivel de 160 frente al dólar, el Gobierno o el Banco de Japón podrían intervenir. En el rango de entre 140 y 160, el entorno sigue siendo relativamente cómodo para la renta variable japonesa. Además, la correlación histórica entre la subida de la bolsa japonesa y la depreciación del yen se ha reducido en los últimos años. Japón ya no es necesariamente una apuesta por un yen débil. La economía presenta ahora más motores de crecimiento: las compañías domésticas están contribuyendo al crecimiento de beneficios y, por tanto, a la rentabilidad de los índices, algo que no ocurría hace 10-15 años, cuando los exportadores eran el principal motor. En cartera contamos con un mecanismo de cobertura natural: un yen débil favorece a las exportadoras, mientras que un yen fuerte beneficia a los negocios domésticos.
Sanae Takaichi planea profundizar en la Abenomics. ¿Cómo puede afectar esto a su clase de activo?
Normalmente no prestamos demasiada atención a los cambios de primer ministro, pero en este caso sí resulta relevante. Se trata de una figura con potencial transformador, que rompe con el perfil tradicional del liderazgo político japonés y mantiene un fuerte enfoque procrecimiento. Es heredera del legado de Shinzo Abe: políticas fiscales expansivas, política monetaria acomodaticia y estímulos fiscales significativos. Creemos que su agenda económica y reformista puede impulsar el mercado y abrir una nueva etapa de crecimiento en Japón. Además, la nueva coalición de gobierno tiene un claro sesgo procrecimiento y apuesta por la descentralización, trasladando parte del peso económico desde Tokio hacia otras regiones como Osaka. Esto podría impulsar el valor del suelo y de los activos en dichas regiones y favorecer un mayor dinamismo económico.
Otro elemento clave es su política industrial y las oportunidades de inversión asociadas. Takaichi prioriza el aumento del gasto en inteligencia artificial, semiconductores, reactivación nuclear, defensa y seguridad económica. Estas áreas configuran un nuevo universo de oportunidades bajo la actual administración. Asimismo, ha logrado cohesionar al partido, atraer apoyo joven y consolidar una base política estable, algo fundamental para implementar reformas de calado.
¿Dónde se sitúan actualmente las valoraciones?
En comparación con las medias históricas, las valoraciones han aumentado ligeramente en el último año. Sin embargo, los múltiplos más elevados que suelen destacar los medios están muy influenciados por compañías de gran capitalización y valores más caros. Si se analiza el índice TOPIX, aproximadamente el 35% cotiza por debajo de una vez su valor en libros, lo que indica que aún existen numerosas oportunidades atractivas. En términos relativos, aunque las valoraciones en EE.UU. estén por encima de su media histórica, Japón sigue siendo más barato, especialmente en un contexto de rotación fuera del excepcionalismo estadounidense.
¿Dónde están encontrando oportunidades?
Históricamente, Japón ha sido una apuesta ligada a la automatización, un sector muy demandado. Sin embargo, tras una reciente visita, el equipo ha identificado nuevas áreas de interés. En primer lugar, la renovación de infraestructuras. Coexisten dos motores de crecimiento: por un lado, sectores más visibles como la inteligencia artificial o el vehículo eléctrico, con fuerte demanda, pero mayor sensibilidad al ciclo; por otro, la sustitución de infraestructuras construidas durante la burbuja de finales de los años 80. Este último representa una demanda estructural, estable y de largo plazo, especialmente en el ámbito de la construcción.
En segundo lugar, la denominada economía “oshikatsu” o economía del fandom, donde los consumidores siguen a deportistas, actores o creadores de contenido. Este fenómeno, especialmente relevante entre la Generación Z, genera oportunidades en merchandising y plataformas digitales. En tercer lugar, la seguridad económica y defensa. El nuevo gobierno adopta una política exterior más firme, y el aumento del gasto en defensa como porcentaje del PIB abre oportunidades en construcción naval, ciberseguridad y otros segmentos.
Por supuesto, seguimos expuestos a compañías vinculadas a la robótica, una tendencia estructural en Japón, que concentra aproximadamente el 50% de la industria global.
¿Qué riesgos están monitorizando?
Uno de los principales focos es la deuda pública. Aunque la ratio deuda/PIB ronda el 200%, el 90% de los bonos está en manos domésticas, lo que aporta estabilidad. Además, la elevada presión fiscal y un déficit cercano a cero refuerzan la sostenibilidad. En comparación, EE. UU. o China presentan déficits en torno al -6%. El segundo riesgo es geopolítico, especialmente en la relación entre Japón y China. Aunque existen tensiones, no anticipamos un deterioro estructural, dado el fuerte impacto global que tendría. Por último, Oriente Medio sigue siendo el principal riesgo a corto plazo. La evolución del precio del petróleo será clave, ya que podría desencadenar tensiones inflacionistas o energéticas en Japón.
¿Esperan un repunte de la inflación en Japón?
Es posible que aumente en el contexto actual, pero los niveles siguen siendo manejables. El Banco de Japón pospuso una subida de tipos prevista inicialmente para marzo, probablemente a abril o mayo. Incluso si los tipos alcanzan el 1% o el 1,25%, la política monetaria seguiría siendo acomodaticia. Consideramos que el Banco de Japón está inmerso en un proceso de normalización, no en un ciclo restrictivo. Con los niveles actuales de inflación, las empresas pueden trasladar los costes al consumidor sin impacto significativo. Esto refleja un cambio estructural en Japón hacia un ciclo virtuoso de crecimiento salarial e inflación, que puede resultar positivo para la economía, la política económica y los mercados.



