La economía mundial entró en 2026 condicionada por una mezcla inusual de movimientos cíclicos en las políticas monetarias y fuerzas estructurales a largo plazo. En el centro se encuentra el gasto de capital impulsado por la IA, que actualmente es el factor dominante del crecimiento estadounidense y un diferenciador clave entre las distintas regiones.
A nivel macro, lo más relevante es que la IA se convierta en un verdadero motor para el crecimiento. En este sentido, se prevé que Estados Unidos crezca un 2,25%, impulsado por una fuerte inversión y una demanda de consumo resiliente, mientras que el crecimiento económico en la eurozona y el Reino Unido sigue siendo más moderado, limitado por un menor gasto relacionado con la IA. ¿A qué se debe esta carrera a varias velocidades?
“La trayectoria de la IA determinará el crecimiento mundial, los mercados laborales y la equidad económica. Que se convierta en una GPT ampliamente difundida o en una ventaja concentrada depende de la velocidad de adopción, los factores culturales y las decisiones estratégicas. Para las empresas y los responsables políticos, el reto es claro: invertir con prudencia, adoptar la innovación y prepararse para la disrupción, porque la era de la IA no solo está llegando, sino que ya está aquí”, defiende Álvaro Fernández, corresponsable del negocio España y Portugal de Capital Group.
IA: crecimiento y riesgo
Se estima que la IA destacará entre otras megatendencias, dada su capacidad para transformar el mercado laboral e impulsar la productividad. Ahora bien, desde Vanguard advierten de que esto también puede ser un riesgo. “La contribución desmesurada de la inversión en IA al crecimiento económico representa el factor de riesgo principal para 2026. Se espera que la actual oleada de inversión física impulsada por la IA sea una fuerza poderosa, que nos haga recordar períodos anteriores de gran expansión de capital, como el desarrollo del ferrocarril a mediados del siglo XIX y el auge de la información y las telecomunicaciones a finales de los noventa”, explican.
Según su último análisis, esto sugiere que este ciclo de inversión sigue en marcha, lo que respalda su proyección de hasta un 60% de posibilidades de que la economía estadounidense alcance un crecimiento real del PIB del 3% en los próximos años, una tasa muy superior a la mayoría de las previsiones profesionales y de los bancos centrales. “Debido a una dinámica similar relacionada con la IA, nuestra previsión para el crecimiento económico de China también está por encima de las expectativas generales para 2026. A pesar de los actuales retos externos y estructurales, es más probable que el crecimiento del PIB real registre un 5% que un 4%”, añaden.
Por el contrario, desde Vanguard reconocen que su valoración del riesgo para la eurozona es más parecida a la general, dada la falta de una dinámica fuerte de IA: “Prevemos que el crecimiento rondará el 1 % en 2026, ya que el efecto negativo de unos aranceles estadounidenses más elevados se verá compensado por el aumento del gasto en defensa e infraestructura”.
Muchos o pocos ganadores
Según Fernández, la cuestión clave es si la IA generará ganancias de productividad generalizadas o seguirá concentrada en unos pocos países. En su opinión hay tres escenarios posibles: tecnología de uso general ampliamente difundida (GPT); un beneficio concentrado; y una disrupción estratégica. “El primer país en alcanzar la inteligencia general avanzada (AGI) podría tratarla como un recurso geopolítico y compartirla solo con sus aliados”, señala sobre este último escenario.
Para el responsable de Capital Group, lo más probable es que la IA se convierta en una GPT con una implantación desigual. Por ejemplo, podría producirse una adopción temprana en Estados Unidos y China, con beneficios que llegarían más tarde a otros lugares, como Europa; y/o un liderazgo específico por sectores, como Japón a la cabeza en robótica o India en tecnología.
“Las encuestas muestran marcadas diferencias en la adopción de la IA por parte de las empresas. Las empresas tecnológicas, financieras y minoristas de Estados Unidos y China informan un alto nivel de adopción, mientras que otras regiones se mantienen cautelosas. Los factores culturales y estructurales son importantes: cultura corporativa; flexibilidad laboral; infraestructura digital; y estrategia gubernamental”, explica.
Europa y su lugar
Aunque EE.UU. y China lideran el desarrollo y la adopción de la IA gracias a las agresivas inversiones de sus gigantes tecnológicos y startups de inteligencia artificial, Europa está a la cabeza actualmente en el establecimiento de regulaciones sobre el desarrollo de la IA.
En opinión de Yan Taw Boon, responsable temático para Asia y gestor de carteras de Neuberger Berman, Europa está bien posicionada en algunos sectores especializados. “Países Bajos y Alemania son líderes clave en equipos de semiconductores necesarios para la producción de chips avanzados de IA o tecnologías de redes ópticas”, señala. El gestor también destaca que empresas de semiconductores alemanas y francesas como Infineon y ST Microelectronics son líderes tecnológicos y de mercado en semiconductores de potencia para alimentar la infraestructura de IA, desde la red eléctrica hasta las granjas de servidores de cómputo.
“Europa podría necesitar invertir de manera más agresiva en infraestructura crítica de energía e instalaciones de centros de datos para apoyar la proliferación de la IA, lo que ofrece nuevas oportunidades de crecimiento para operadores en varios países europeos. Otra oportunidad surgiría en la energía renovable como fuente de alimentación para la IA, y las empresas europeas podrían aprovechar la fuerte tecnología de China y Corea del Sur en este ámbito para futuras expansiones”, apunta Boon.
Desde Generali Investments defienden que Europa desempeña un papel fundamental, ya que es la sede de los principales fabricantes mundiales de equipos de red, especialistas en equipos de semiconductores y empresas de automatización industrial que, pensamos, constituyen la columna vertebral de esta nueva infraestructura.
“Europa combina ecosistemas industriales profundos con un marco regulatorio y fiscal que prioriza la soberanía digital, la infraestructura resiliente y la independencia energética. Por ello, es fundamental para la cadena de valor global de la inteligencia artificial y la electrificación, y no solo una alternativa más barata a la exposición tecnológica de Estados Unidos”, concluye Anis Lahlou, director de inversiones en renta variable europea de Aperture Investors, parte de Generali Investments.



