Última actualización: 13:46 / Lunes, 21 Junio 2021
Análisis de DWS

Economía azul: nueva vuelta de tuerca a una vieja tragedia (I)

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Economía azul: Nueva vuelta de tuerca a una vieja tragedia (I)
  • Los océanos del mundo han sido sobreexplotados durante mucho tiempo, en parte como consecuencia de lo que los economistas denominan la ‘tragedia de los comunes’
  • Crear un consenso para abordar algunos de los problemas planetarios más espinosos requiere tiempo, pero puede que estemos alcanzando un punto de inflexión
  • La escasez comparativa de "inversión azul" experimentada hasta la fecha puede crear interesantes posibilidades para aquellos inversores dispuestos a utilizar su capital e influencia en aras de un cambio positivo

DWS afirma que los mercados y los responsables políticos se están dando cuenta “por fin” de los retos y las oportunidades que conlleva la protección de los ecosistemas marinos a medida que se promueve el desarrollo sostenible. En este reportaje en profundidad publicado en dos entregas, la gestora alemana expone su visión sobre el futuro de las ‘finanzas azules’.

Suena a pez pequeño. En 2017, las Seychelles dieron los últimos retoques a un plan de conservación marina apodado "alivio de la deuda para los delfines"1. Al poco tiempo, el archipiélago "lanzó el primer bono azul soberano del mundo, un instrumento financiero pionero diseñado para apoyar proyectos marinos y pesqueros sostenibles" con el orgulloso respaldo del Banco Mundial2. ¿El importe total? Menos de 40 millones de dólares entre ambas iniciativas. No obstante la cuantía, estos planes ponen de manifiesto las razones por las que es probable que iniciativas similares prosperen, además de algunas de las dificultades que entrañan.

Los océanos son esenciales para que el planeta siga siendo habitable; de hecho, resulta un tanto extraño que lo llamemos "tierra" en lugar de, por ejemplo, "océano"3. Conservar los océanos, los mares y los recursos marinos, al tiempo que se aprovechan con más cuidado para el desarrollo sostenible, supondría todo un cambio de rumbo. "Aunque los océanos del mundo son vitales para nuestro planeta, los estamos atacando sin piedad con el calentamiento global, la sobrepesca, el plástico y la contaminación del agua. Si seguimos tratándolos de esta manera, casi el 50% de todos los seres vivos que habitan en los océanos podría desaparecer para el año 2100", advierte Paul Buchwitz, gestor de fondos de DWS con una larga trayectoria en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas.

¿Por qué es tan difícil acertar con el desarrollo sostenible cuando se trata de la pesca y los océanos en general? Uno de los problemas obvios está muy bien ilustrado y documentado en gran parte de las políticas pesqueras del mundo. En el pasado, las políticas y los organismos regionales de pesca han sido propensos a ser controlados por grupos de interés especiales. Con demasiada frecuencia, como dijo The Economist en una ocasión, "los tiburones están a cargo de la piscifactoría"4. Sin embargo, existe una tendencia potencialmente alentadora: el crecimiento de la demanda de productos pesqueros etiquetados de forma sostenible por parte de los consumidores y de algunas empresas de bienes de consumo, así como por las propias empresas pesqueras. Entre 2019 y 2020, el 17,4% de todas las capturas marinas salvajes se comprometieron con el Consejo de Administración Marina (MSC), organización internacional sin ánimo de lucro. Un total de 18.735 productos diferentes con la etiqueta MSC ocuparon las estanterías de todo el mundo5.

El ejemplo de las Seychelles pone de relieve otro motivo ligado a la problemática. Este nuevo sistema sólo funciona gracias a la amplia zona económica exclusiva del archipiélago. De acuerdo con el derecho internacional, éstas áreas confieren a los Estados soberanos derechos especiales sobre el uso -y la regulación- de los recursos marinos en una distancia de 200 millas náuticas (370 km) desde la línea de base costera, es decir, mucho más mar adentro que las aguas territoriales, que no superan las 12 millas náuticas (22 km) a partir de la línea de base. Cuando estas zonas se solapan, los Estados deben colaborar. Por tanto, la situación de las Seychelles, en la que sólo participa un Estado y, además, con grandes incentivos debido a la importancia económica de su sector turístico, es bastante inusual.

Más allá de las 200 millas náuticas de los Estados, acecha otro problema en su forma más difícil de abordar: lo que los economistas llaman la 'tragedia de los comunes'. La alta mar es de todos y, por tanto, nadie se siente responsable de su mantenimiento de cara al futuro ni, mucho menos, ante las generaciones venideras. Como escribió el ecologista estadounidense Garrett Hardin en el artículo de 1968 que acuñó el término: "Las naciones siguen actuando automáticamente conforme al 'shibboleth' de la 'libertad de los mares'. Creyendo que los recursos de los océanos son inagotables, acercan a la extinción una especie tras otra"6. El punto clave de Hardin es que la sobreexplotación de un recurso común no es sólo un problema técnico, sino fundamentalmente de incentivos. La creación de permisos o cuotas de pesca negociables, por ejemplo, ha funcionado a veces bastante bien para evitar la sobrepesca7. Estos enfoques presuponen, sin embargo, la existencia de un sistema de gobernanza, con uno o varios Estados capaces de regular y controlar el comportamiento.

Los sistemas nacionales, o incluso regionales, son de escasa ayuda para paliar otras dos manifestaciones relacionadas con la 'tragedia de los comunes': la contaminación, en general; y la acidificación de los océanos como consecuencia de las emisiones de dióxido de carbono (CO2), en particular. El 30% aproximadamente del CO2 producido por el hombre es absorbido por los océanos, lo que cambia fundamentalmente la química del agua del mar y puede llegar a desestabilizar ecosistemas ecológicamente importantes, como es el caso de los arrecifes de coral8. Para países como las Seychelles, muy expuestos al cambio climático debido a la subida del nivel del mar, la acidificación supone una razón adicional de peso para impulsar cambios globales. Sin embargo, dispone de pocos medios para lograrlo por sí mismos.

Desde los tiempos de Hardin, se ha trabajado mucho sobre cómo evitar la ‘tragedia de los comunes’. En este sentido, cabe destacar la labor de Elinor Ostrom, ganadora del premio Nobel de Economía en 2009. De forma innovadora, Ostrom adoptó un enfoque que consistía en observar qué acuerdos de recursos funcionan en la práctica con el fin de averiguar cómo podrían desarrollarse a nivel teórico. Sus recomendaciones, en general, consisten en definir quién tiene derecho a utilizar un recurso común y quién no, y en disponer de mecanismos sencillos para resolver los conflictos. Esto suele implicar que todos los interesados en el sistema de gobernanza tengan voz y voto en su gestión9. La creación de un consenso en torno a este sistema lleva tiempo, pero con el tiempo puede suponer un punto de inflexión10.

En el caso del cambio climático, posiblemente la mayor 'tragedia de los comunes' que ha visto el mundo, ese punto de inflexión puede estar cada vez más cerca, si es que no se ha alcanzado ya. Este hecho ha contribuido a aumentar el interés con respecto al desarrollo sostenible de manera general, lo que puede ayudar a resolver algunos de los viejos problemas que afectan a los océanos. "Observamos que, cada vez más, el enfoque de la política y de los inversores se está orientando hacia la protección de los ecosistemas marinos", señala Paul Buchwitz.

El transporte marítimo, por ejemplo, desempeña un papel muy importante en las emisiones mundiales de CO2, que deberán reducirse drásticamente para cumplir los objetivos del Acuerdo Climático de París. Las transiciones anteriores, como el paso de los barcos de vela a aquellos de vapor en el siglo XIX, evidencian un plazo bastante largo en el proceso de maduración de las nuevas tecnologías, además de poner de manifiesto el importante papel de las finanzas, tanto como capital de inversión como servicios de seguros, que posibilitan la innovación11. Los alimentos de origen marino, y en particular los sistemas de recirculación acuícola, son otro ámbito en el que hay mucha innovación, sobre todo en los métodos de alimentación sostenible; por ejemplo, con insectos, algas y bacterias. Si bien la acuicultura terrestre representa ya una parte considerable y creciente en el suministro mundial de pescado, será necesario seguir avanzando para hacerla sostenible.

World fish utilization and supply

Fuente: Anuario de la FAO de las Naciones Unidas 2018 (último disponible)12.

 

El fomento del desarrollo sostenible en la tierra y en el mar también es fluida en otros ámbitos. Los plásticos biodegradables, por ejemplo, serían de gran ayuda para reducir la contaminación en ambos. En la última década, la energía eólica marina ha avanzado mucho en el impulso de la producción de energías renovables y se están desarrollando enfoques innovadores para generar electricidad a partir de las corrientes marinas y las mareas. Es evidente que no escasean las posibles oportunidades de negocio ni los retos que las empresas innovadoras intentan resolver.

 

1.https://www.economist.com/middle-east-and-africa/2017/09/07/a-new-plan-to-protect-the-water-around-the-seychelles

2.https://www.worldbank.org/en/news/press-release/2018/10/29/seychelles-launches-worlds-first-sovereign-blue-bond

3.https://quoteinvestigator.com/2017/01/25/water-planet/

4.https://www.economist.com/leaders/2014/02/22/the-tragedy-of-the-high-sea

5.https://www.msc.org/about-the-msc/reports-and-brochures

6.https://science.sciencemag.org/content/162/3859/1243

7.https://www.economist.com/leaders/2008/09/18/economies-of-scaleshttps://www.economist.com/science-and-technology/2008/09/18/a-rising-tide;  https://www.economist.com/special-report/2009/01/03/an-icelandic-success

8.https://www.noaa.gov/education/resource-collections/ocean-coasts/ocean-acidification

9.Ostrom, Elinor (1990). Governing the Commons: The Evolution of Institutions for Collective Action. Cambridge University Press. ISBN 978-0-521-40599-7.

10.Jagers, S.C., Harring, N., Löfgren, Å. et al. On the preconditions for large-scale collective action. Ambio 49, 1282–1296 (2020). https://doi.org/10.1007/s13280-019-01284-w

11.https://www.woi.economist.com/wp-content/uploads/2020/11/AcceleratingEnergyInnovationfortheBlueEconomy.pdf

12.http://www.fao.org/fishery/statistics/global-consumption/en

 

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