Las gestoras Selinca SGIIC y Market Portfolio SGIIC comparten su inquietud y solidaridad por el proyecto Cirugía en Turkana, impulsado por la doctora Carmen Hernández, directora médica, y Joaquín Vázquez, CEO de Aproache Yachting, que realiza las funciones de director de logística, comunicación y financiación del proyecto. En línea con su ADN, apoyarse en referentes y profesionales, consideran que esta iniciativa no solo tiene la capacidad de transformar vidas, sino que su labor se amplifica a través de la formación, la investigación, el voluntariado y el compromiso del sector financiero.
Aveces, las historias más inspiradoras no se escriben con cifras o balances, sino con bisturís, manos voluntarias y esperanza. En el remoto condado de Turkana, al noroeste de Kenia, un grupo de médicos españoles lleva más de dos décadas cambiando vidas a través de Cirugía en Turkana, un proyecto con entidad propia dentro de la Fundacion Emalaikat.
Allí, donde las temperaturas superan los 40 grados y el acceso a un hospital puede implicar caminar una media de 85 kilómetros, esta iniciativa ha conseguido algo extraordinario: devolver la salud y la dignidad a miles de personas que durante años no habían tenido ninguna oportunidad de ser atendidas por un cirujano.
El nacimiento de una misión
El proyecto nació en 2004 de la mano de un pequeño grupo de cirujanos madrileños con una idea sencilla, pero poderosa: ofrecer atención quirúrgica gratuita en una de las zonas más pobres del continente africano. Desde entonces, Cirugía en Turkana se ha convertido en una misión anual de cooperación sanitaria Marca España que moviliza a decenas de profesionales de distintas especialidades, unidos por el compromiso y la solidaridad y que se apoya en tres pilares fundamentales: asistencia sanitaria, formación y docencia, e investigación.
Tras casi dos décadas, el proyecto Cirugía en Turkana se ha convertido en una misión anual de cooperación sanitaria Marca España que moviliza a decenas de profesionales de distintas especialidades
“Llegamos a Turkana por casualidad”, recuerda Carmen Hernández, impulsora y directora médica del proyecto. En 2007, Carmen se unió a un grupo de amigos del Hospital Ramón y Cajal que viajaban allí desde 2004, y desde entonces se fue haciendo cargo del proyecto y fue dándole dimensión y visibilidad.
En sus inicios, el equipo apenas contaba con seis personas y realizaba unas cien operaciones al año. Hoy, más de 30 voluntarios españoles, entre cirujanos generales, ginecólogos, anestesistas, traumatólogos, maxilofacial, pediatría, microbiología, radiología, residentes, estudiantes de medicina, organización y logística, audiovisual y comunicación, viajan cada año para sumarse a otros 30 profesionales locales, formando un equipo binacional que trabaja en los hospitales de Lodwar y Kakuma. Han crecido en apoyo y también en capacidad de atención, en la última campaña se movilizaron desde España 42 personas entre médicos y logística.
Una región olvidada
Turkana, una región de 77.000 km2 con más de 1,2 millones de habitantes y un Índice de Desarrollo Humano de apenas 0,33, representa uno de los mayores desafíos humanitarios de África. La mayor parte de su población vive del pastoreo nómada, con escasez crónica de agua, alimentos e infraestructuras sanitarias y sobrevive con menos de dos euros al día. Además, el índice médico-paciente es de 1 por cada 75.000 personas y la esperanza de vida no supera los 55 años.
Ante estas características, no es difícil deducir que la situación de su población es crítica: morbimortalidad materno infantil muy elevada, cien veces más que en Europa (220 muertes neonatales por cada 1.000 nacimientos), enfermedades sin tratar y patologías avanzadas debido a la falta de atención médica. Por estos factores, muchos pacientes llegan con tumores de gran tamaño, hernias severas o infecciones que en otros lugares serían fácilmente tratables. Cada intervención quirúrgica puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte.

Fotografías de Gisela Fernández Petrel
Como resume la directora médica del proyecto, “han pasado 21 años y desde luego han cambiado muchas cosas. Ha habido una mejora de las infraestructuras tanto sanitarias -el hospital, los quirófanos, los medios diagnósticos, el laboratorio- como de las no sanitarias, sobre todo las carreteras, lo que nos permite una comunicación mejor y más rápida entre las distintas regiones y un traslado de pacientes y equipos más eficiente. La vida en general es algo mejor ahora para los turkana aunque el nivel de necesidades sigue siendo intolerablemente alto y sigue habiendo crisis de hambrunas, escasez de médicos locales y enfermos sin atención médica”, explica Hernández.
De la cirugía a la ciencia
Con el tiempo, el proyecto evolucionó más allá de la asistencia quirúrgica. Desde 2017, el proyecto Cirugía en Turkana se ha convertido también en un referente de formación e investigación médica en entornos de extrema pobreza. Cada año viajan estudiantes de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) para aprender sobre salud global, cooperación y práctica clínica en terreno. Más de 600 alumnos han pasado ya por esta experiencia, muchos de ellos realizando sus Trabajos Fin de Grado y Máster sobre patologías observadas en Turkana.
La dimensión científica del proyecto se consolidó con la incorporación de la doctora Ma Francisca Colom, experta en Micología de la Universidad Miguel Hernández (UMH). Junto a ella, el equipo descubrió y documentó el primer estudio sobre el micetoma en Kenia, una enfermedad tropical desatendida que afecta a los tejidos y huesos y que puede causar amputaciones. Los resultados de esa investigación, publicados en revistas internacionales, llevaron al grupo a integrarse en el Global Mycetoma Working Group de la OMS, situando a este proyecto español en el mapa mundial de la investigación médica solidaria.

Fotografías de Gisela Fernández Petrel
Innovación en medio de la adversidad
A partir de ahí, la colaboración con universidades y organismos internacionales como el Kenyan Medical Research Institute (KEMRI) o los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) de Atlanta impulsó nuevas líneas de trabajo: estudios sobre resistencia a antimicrobianos, nutrición, enfermedades de transmisión sexual, leishmaniasis o hidatidosis.
En una zona con recursos muy limitados, donde apenas existen laboratorios ni suministro eléctrico estable, el equipo ha logrado poner en marcha un pequeño centro de microbiología funcional. Allí se forma al personal local, se realizan cultivos y antibiogramas, y se contribuye a detectar resistencias bacterianas que impactan directamente en la salud de miles de personas.
Gracias a esta labor, el equipo ha publicado más de 30 trabajos académicos, ha dirigido más de 60 trabajos universitarios y ha participado en más de 150 congresos y jornadas científicas, además de recibir cerca de 20 premios nacionales e internacionales, entre ellos los Premios Fundación Mapfre, DKV Medicina y Solidaridad, y el Premio Fundación Mutua Madrileña al Voluntariado Universitario.
Una historia en evolución

Fotografías de Gisela Fernández Petrel
Más allá de la asistencia: educación y futuro
En 2023, el proyecto dio un paso más con la creación de la Cátedra UCM-Eductrade en Salud Global y Cooperación Internacional, consolidando su papel como puente entre la universidad y la cooperación médica. Además, la formación en terreno no solo beneficia a los estudiantes españoles, sino también al personal sanitario keniano, que participa activamente en las campañas y continúa atendiendo a la población el resto del año.
La visión de futuro pasa ahora por reforzar la investigación en enfermedades tropicales desatendidas (ETD) y seguir desarrollando el laboratorio local para que pueda funcionar de forma autónoma. El objetivo del proyecto es lograr que el equipo local de Turkana alcance la autosuficiencia y no dependa de apoyo externo. Ese sería el verdadero éxito: haberles capacitado y fortalecido para continuar su labor de forma independiente.
Según afirma la directora médica, “después de 21 años sentando las bases de un proyecto apasionante, creo que estamos listos para pensar en ceder el testigo a los más jóvenes y que los próximos 21 años ellos sigan trabajando y transmitiendo los valores de Turkana. Ojalá llegue un día en que las injusticias y las desigualdades desaparezcan, pero mientras eso no sea así, siempre habrá alguien con un corazón Turkana luchando por cambiar eso”.
Una esperanza que se multiplica
En los últimos años, el proyecto ha despertado el interés del sector financiero español. Todo gracias a la visión de Juan Cruz, impulsor de proyectos solidarios desde el ámbito financiero: “Desde Cygnus colaborábamos en pequeños proyectos en los que pensábamos que podríamos tener un gran impacto. Al cerrar Cygnus pensé que habría muchas pequeñas y medianas gestoras que, como nosotros, buscan proyectos donde se sintieran cómodos en donaciones, donde tienes garantías de que el dinero llega donde tiene que llegar y tienen una relevancia importante en la zona. Y Cirugía en Turkana es uno de ellos”, explica.
Según cuenta, el hecho de que médicos, cirujanos, investigadores y estudiantes españoles estuvieran tan generosos y directamente involucrados en Cirugía en Turkana le llamó la atención. “Desde entonces he ido siguiendo el proyecto. No se trata solo de curar. El trabajo de investigación de enfermedades abandonadas, la formación de estudiantes españoles y la formación de personal local hacen del proyecto algo escalable y duradero”, reconoce.
Gestoras como Selinca y Market Portfolio ponen en valor la transparencia y eficiencia del modelo, donde cada aportación se traduce de forma directa en atención médica y formación local
Además, el agradecimiento de los Turkana a los médicos Muzungus (blancos) españoles le conmovió: “Ten en cuenta que es un pueblo con un fuerte sentido de orgullo cultural y una identidad ferozmente independiente. Su resistencia a la asimilación y su capacidad para mantener sus tradiciones, a pesar de los desafíos y la modernización, son prueba de este orgullo. Pero Cirugía en Turkana consiguió, con paciencia y trabajo, ganarse su confianza. Ahora formamos parte de su sistema sanitario. No podemos fallarles”.
Y, gracias a esa visión, gestoras como Selinca SGIIC y Market Portfolio SGIIC se han sumado con donaciones directas, contribuyendo a sostener las campañas anuales y la formación médica local. Su participación refleja cómo entidades medianas pueden canalizar recursos hacia proyectos españoles de cooperación sanitaria que, con presupuestos ajustados (en torno a 120.000 euros anuales), logran un impacto tangible y medible sobre el terreno.

Fotografía de Gisela Fernández Petrel
Y es que en Turkana, cada aportación se traduce literalmente en cirugías, medicamentos o investigación aplicada, ya que los profesionales y estudiantes que viajan lo hacen autofinanciándose. Selinca y Market Portfolio ejemplifican así una vía de compromiso para un sector que busca apoyar iniciativas cercanas, de confianza y con un retorno social inmediato, y que puede inspirar a otras gestoras a seguir el mismo camino.
Gestoras con deseo de tener impacto

Fotografía de Gisela Fernández Petrel
Tras más de veinte años de cooperación, este proyecto se ha convertido en un símbolo de diplomacia sanitaria y solidaridad española. Su objetivo de futuro es claro: reforzar la investigación en enfermedades tropicales desatendidas y lograr que el equipo local alcance la autosuficiencia sanitaria.
Tal y como resume su directora médica, “trabajar en el mundo de los que nada tienen es un honor, es un privilegio y sobre todo es una enorme lección de vida. Cuando todo aquello que tú tienes en tu confortable mundo no te sirve para nada en un lugar llamado Turkana entonces te paras a pensar, miras a tu alrededor y encuentras a unos seres humanos que, al igual que tú, son padres, madres, abuelos o hijos que quieren comer, quieren curarse y quieren vivir para ver sus sueños cumplidos. En ese momento te das cuenta de lo que te pareces a ellos”.
Porque en Turkana, cada cicatriz cuenta una historia. Y cada historia, una lección de humanidad.




