La revisión del T-MEC está entrando en una nueva etapa. Aunque México y Estados Unidos mantienen negociaciones activas, mientras que las conversaciones con Canadá permanecen estancadas, cada vez parece menos probable que los tres países alcancen un acuerdo integral en el corto plazo. En su lugar, comienza a perfilarse un escenario de revisiones anuales del tratado, acompañado de acuerdos bilaterales para resolver disputas comerciales en sectores estratégicos.
Esto no significa que el T-MEC esté en riesgo de desaparecer. El acuerdo seguirá vigente hasta 2036, preservando un marco fundamental para la integración económica de Norteamérica. Sin embargo, la decisión de Estados Unidos de no extender su vigencia por otros 16 años implica que las revisiones continuarán anualmente, posiblemente hasta 2029, manteniendo cierto grado de incertidumbre para las empresas y las decisiones de inversión.
Por otro lado, la cercanía de las elecciones de medio término en Estados Unidos, junto con las prioridades domésticas de la administración Trump, ha limitado el espacio para alcanzar acuerdos sectoriales en el corto plazo. No obstante, las conversaciones entre México y Estados Unidos siguen avanzando y podrían recuperar impulso una vez que se instale el nuevo Congreso en enero de 2027.
Para México, las perspectivas son relativamente favorables. El gobierno de Claudia Sheinbaum ha mantenido una postura pragmática, buscando atender las preocupaciones estadounidenses en materia comercial y, al mismo tiempo, preservar las ventajas competitivas del país. Las negociaciones parecen haber registrado avances en la
eliminación de barreras no arancelarias y en temas relacionados con las cadenas de suministro, aunque persisten diferencias importantes en sectores como el automotriz y el energético.
Precisamente, la industria automotriz representa uno de los mayores desafíos. Estados Unidos busca endurecer las reglas de origen, elevando los requisitos de contenido regional por encima del 75% actual. Sin embargo, mayores exigencias no necesariamente se traducirían en más producción estadounidense. Las cadenas automotrices están profundamente integradas y sus componentes cruzan varias veces las fronteras antes de convertirse en un vehículo terminado. Reglas demasiado restrictivas podrían elevar los costos de producción y reducir la competitividad de Norteamérica frente a otros mercados.
Esta discusión adquiere especial relevancia considerando que los aranceles sectoriales estadounidenses ya han generado distorsiones. Actualmente, algunos vehículos provenientes de países asiáticos enfrentan condiciones arancelarias relativamente más favorables que automóviles producidos en México o Canadá, a pesar de que estos últimos incorporan una proporción considerablemente mayor de contenido estadounidense.
En este contexto, consideramos que el resultado más probable en los próximos meses no será una renovación integral del tratado, sino acuerdos específicos para flexibilizar los aranceles impuestos bajo la Sección 232. Estos entendimientos podrían concretarse hacia el primer trimestre de 2027, sin necesidad de modificar formalmente el T-MEC ni de obtener una nueva aprobación del Congreso estadounidense.
Canadá enfrenta un panorama más complejo, debido a mayores tensiones políticas con Washington y a la sensibilidad de sectores como el automotriz, el aluminio y los lácteos. Sin embargo, la profunda integración productiva de los tres países hace difícil que las negociaciones puedan avanzar de manera completamente independiente, especialmente en la industria automotriz.
Para México, el principal desafío será transformar los avances parciales en mayor certidumbre para la inversión. Si bien las revisiones anuales podrían prolongar la incertidumbre comercial, la continuidad del T-MEC y la posibilidad de alcanzar acuerdos sectoriales ofrecen una base importante para mantener la integración regional.
En última instancia, el éxito de las negociaciones no debería medirse únicamente por la fecha en que se renueve el tratado, sino por la capacidad de los tres países para preservar y fortalecer las cadenas productivas que han construido durante décadas.



Por Antonio Sandoval
