Septiembre fue el mes en que llegó el ciclo global de endurecimiento monetario. La Reserva Federal, el Banco Central Europeo y el Banco de Japón subieron los tipos en un intervalo de nueve días, y los precios de los bonos de deuda pública de los mercados desarrollados cayeron con fuerza en la mayoría de los principales mercados y vencimientos, elevando sus rentabilidades. Lo más llamativo fue el origen del ajuste: las rentabilidades reales, más que las expectativas de inflación. A continuación, el crédito se reajustó de forma generalizada según su calidad: el segmento de grado de inversión mostró una resiliencia relativa, mientras que los segmentos de menor calidad de alto rendimiento registraron ampliaciones acusadas de los diferenciales. La volatilidad aumentó considerablemente en los tipos de interés y solo moderadamente en la renta variable.
La venta masiva fue generalizada y se concentró en los tipos reales. La rentabilidad del Treasury estadounidense a dos años subió 55 puntos básicos (pb) y la del bono a diez años, 53 pb, hasta el 5,28 %. En los días previos a la reunión de la Fed, la rentabilidad a diez años superó el 5 % por primera vez desde 2023, mientras que el tramo largo de la curva se aplanó y el diferencial entre los vencimientos a cinco y treinta años se redujo 20 pb. Lo fundamental es que las rentabilidades reales a diez años subieron 49 pb, mientras que las tasas de inflación implícita apenas aumentaron 5 pb. Por tanto, casi todo el movimiento respondió a una revisión de los tipos reales y no de las expectativas de inflación, una divergencia inusual en un mes en el que el crudo Brent alcanzó los 106 dólares por barril. Los gilts británicos y los bonos públicos australianos y canadienses también cayeron; las rentabilidades italianas subieron 46 pb y Japón fue el único mercado que se libró, dado que su proceso de normalización estaba ya muy avanzado. Los diferenciales de la eurozona frente a Alemania se ampliaron, con Francia como claro caso atípico: 42 pb más. En Francia, las dudas fiscales de larga data se vieron agravadas por el deterioro de los factores técnicos: los compradores nacionales no intervinieron para sostener el mercado y la activación de órdenes stop-loss aceleró el movimiento, contribuyendo a un desapalancamiento más amplio en la deuda pública europea.
Tres de los cuatro principales bancos centrales endurecieron su política monetaria. El 16 de septiembre, la Fed elevó en 25 pb el rango objetivo de los tipos hasta el 3,75 %-4,00 %, su primera subida desde 2023. La decisión fue unánime y la mayoría de los participantes previó al menos otra subida este año. El BCE había actuado seis días antes, elevando el tipo de la facilidad de depósito al 2,50 % y advirtiendo de que el conflicto en Oriente Próximo mantendría la inflación por encima del objetivo durante un periodo prolongado. El Banco de Japón le siguió el 18 de septiembre, subiendo el tipo oficial al 1,25 % por una mayoría de siete votos frente a dos, el nivel más alto desde 1995. El Banco de Inglaterra fue la excepción: mantuvo el tipo en el 3,75 %, por seis votos frente a tres, después de que el IPC británico aumentara al 3,1 % en agosto. El IPC estadounidense se mantuvo en el 3,4 % interanual y la inflación subyacente apenas varió. El factor común fue la energía: todos los comunicados señalaron el shock del petróleo y ninguno apuntó a la demanda interna.
El dólar revirtió la caída del verano y el índice general del dólar subió un 2,0 %. El movimiento fue casi generalizado: el euro cayó un 2,5 %, mientras que la libra esterlina, la corona sueca y la mayoría de las divisas ligadas a las materias primas retrocedieron aún más. El peso mexicano fue la divisa con peor comportamiento entre las principales, con una caída del 5,9 %. El yen constituyó la excepción destacada: se apreció un 1,5 % al endurecer el Banco de Japón su política monetaria, y el won surcoreano fue la única otra divisa que registró una apreciación relevante. En un mes en el que tres bancos centrales subieron los tipos, la fortaleza del dólar recuerda que las divisas dependen de los diferenciales relativos de rentabilidad real, y no solo de la dirección de la política monetaria.
El crédito con grado de inversión (IG, por sus siglas en inglés) mostró una resiliencia notable. Los diferenciales estadounidenses se ampliaron apenas 2 pb, hasta 80 pb de diferencial ajustado por opciones (OAS), y absorbieron sin grandes dificultades el movimiento de las rentabilidades subyacentes, aunque el sector financiero obtuvo peores resultados que el industrial. El grado de inversión en euros tuvo un comportamiento considerablemente peor: los diferenciales aumentaron 12 pb, hasta 91 pb, principalmente por el sector financiero y la deuda subordinada de aseguradoras. Los diferenciales del crédito en libras esterlinas se ampliaron 5 pb, hasta el mismo nivel. La divergencia regional reflejó el deterioro de los factores técnicos europeos, más que un empeoramiento comparable de los fundamentales. La volatilidad de la deuda soberana francesa, los mayores precios de la energía, el volumen más elevado de nuevas emisiones y las salidas de fondos presionaron al IG en euros, mientras que el crédito estadounidense siguió beneficiándose de mayores entradas de capital y de rentabilidades totales atractivas.
La deuda de alto rendimiento (HY) se reajustó siguiendo estrictamente el orden de calidad. Los diferenciales de la deuda HY estadounidense se ampliaron 50 pb, hasta 311 pb, aunque el movimiento fue muy desigual: la deuda con calificación BB resistió relativamente bien, mientras que los diferenciales CCC aumentaron 150 pb, hasta 1.007 pb. El alto rendimiento en euros siguió una pauta casi idéntica, con una ampliación de 45 pb, hasta 305 pb, y un movimiento aún más acusado en el tramo de menor calidad. El alto rendimiento en libras esterlinas se comportó todavía peor. Es la imagen inversa de agosto, cuando la compresión se concentró en los tramos de mayor calidad y la deuda CCC se abarató frente a un índice al alza. Dos meses consecutivos en los que el segmento con peor calificación rindió por debajo del resto tanto en las subidas como en las bajadas ofrecen una señal más informativa que cualquiera de los dos meses por separado. La elevada emisión en el mercado primario, las salidas de fondos y una mayor volatilidad idiosincrática añadieron presión y reforzaron la preferencia por el crédito de mayor calidad, a medida que las estructuras de capital con calificaciones más bajas se volvían más sensibles a las noticias específicas de cada emisor.
Los mercados titulizados divergieron en función de la volatilidad. Los diferenciales de los valores respaldados por hipotecas de agencias (MBS) se ampliaron 13 pb, hasta 125 pb frente a los Treasuries comparables, mientras que el índice MOVE de volatilidad implícita de los tipos de interés subió un 47 %. Las rentabilidades más elevadas y el fuerte aumento de la volatilidad de tipos alargaron la duración de las hipotecas y complicaron las coberturas, mientras que varios compradores marginales tradicionales mantuvieron la cautela. Sin embargo, menos del 1 % de las hipotecas en circulación ofrecía incentivos económicos para refinanciarse; por ello, la presión reflejó la convexidad y los factores técnicos, y no un aumento del riesgo de amortización anticipada ni un deterioro de los fundamentales de la vivienda. El crédito titulizado evolucionó en sentido contrario: los diferenciales de los valores respaldados por hipotecas comerciales (CMBS) con calificación BBB se estrecharon ligeramente y los valores respaldados por activos (ABS) con calificación AAA terminaron algo más firmes. Que los títulos de agencias se abarataran por la volatilidad, mientras los tramos sensibles al crédito se mantuvieron o mejoraron, apunta a que la presión del mes se debió a los tipos y no a un deterioro de los activos de garantía.
Los mercados emergentes (EM) fueron la sorpresa del mes. Los diferenciales de la deuda soberana externa se ampliaron solo 1 pb, hasta 218 pb, y los del crédito corporativo emergente aumentaron en una magnitud similar. Apenas acusaron un shock que movió los diferenciales de la deuda HY estadounidense cincuenta veces más, y los diferenciales soberanos latinoamericanos llegaron incluso a estrecharse. Los mercados locales divergieron en función de la política monetaria: las rentabilidades brasileñas a diez años cayeron 56 pb cuando el banco central redujo la tasa Selic al 13,75 %, en su quinta bajada consecutiva, mientras que las rentabilidades mexicanas subieron 33 pb y la mayoría de los mercados de Europa central registraron caídas de precio. La resiliencia de los mercados emergentes ante un endurecimiento sincronizado de los mercados desarrollados y una fuerte subida del petróleo fue el resultado relativo más destacado del mes. No obstante, esa resiliencia no fue uniforme: el deterioro de los factores técnicos al final de mes y los acontecimientos específicos de determinados países provocaron ampliaciones en algunos mercados, aunque la clase de activo en su conjunto siguió mostrando un respaldo relativo.
En conjunto, septiembre materializó el endurecimiento que agosto solo había descontado en los precios. Lo relevante no fue tanto la magnitud de las caídas como su composición: las rentabilidades reales explicaron casi todo el movimiento, mientras que las expectativas de inflación se mantuvieron estables. Esto sugiere que los inversores consideraron que los bancos centrales estaban respondiendo al shock energético, en lugar de acomodarlo. La dispersión volvió a marcar las diferencias en una dirección coherente: favoreció el grado de inversión frente al alto rendimiento, el crédito estadounidense frente al europeo, el crédito titulizado frente a los títulos de agencias y los mercados emergentes frente a los desarrollados. Ahora que la política monetaria ya está cambiando y las propias proyecciones de la Fed apuntan a nuevas subidas, la prima asociada al carry, al valor relativo y a la selección activa de valores aumentó, en lugar de disminuir, frente a la exposición general al mercado de crédito.
Renta fija de mercados globales: asignación de activos y perspectivas
Tipos de interés de mercados desarrollados y divisas (duración larga selectiva, posicionamiento neutral en curvas y divisas selectivas de alto carry)
Nuestras perspectivas parten de un entorno macroeconómico en el que el crecimiento ha demostrado ser resiliente, pero en el que es probable que el impacto de una política monetaria cada vez más restrictiva se haga más visible durante los próximos trimestres. En Estados Unidos, la actividad persistentemente sólida y la inflación elevada han respaldado las expectativas de un mayor endurecimiento, mientras que las rentabilidades más altas ya han endurecido de forma considerable las condiciones financieras. Aunque el crecimiento podría seguir siendo resiliente a corto plazo, esperamos que cada vez se limite más a cumplir las expectativas, en lugar de superarlas, a medida que los efectos acumulados de los tipos más altos se transmitan a la economía.
En este contexto, mantenemos un sesgo selectivo hacia duraciones largas, con nuestra expresión más marcada en los tipos de Nueva Zelanda frente a los estadounidenses. En lugar de adoptar una exposición direccional amplia a la duración, seguimos favoreciendo oportunidades entre mercados en los que las expectativas relativas de crecimiento y de política monetaria parecen estar mal valoradas. La volatilidad reciente nos ha llevado a reducir el riesgo total de duración, especialmente en Estados Unidos, mientras que las rentabilidades más elevadas han creado puntos de entrada más atractivos en mercados donde el crecimiento parece más débil en relación con la orientación actual de la política monetaria.
La reciente subida de las rentabilidades globales ha mejorado el perfil de rentabilidad potencial de la renta fija de alta calidad. Los niveles actuales de rentabilidad ofrecen un colchón de ingresos significativo, y creemos que la rentabilidad del Treasury estadounidense a diez años se aproxima a niveles que deberían ejercer una presión cada vez mayor sobre la actividad empresarial, el consumo y la vivienda. Esto crea una oportunidad de duración más equilibrada, aunque los riesgos a corto plazo relacionados con la inflación y la política monetaria aconsejan no asumir una exposición direccional excesiva.
La inflación sigue siendo un riesgo macroeconómico central y mantenemos exposición a las tasas de inflación implícita a diez años de Estados Unidos. Las presiones persistentes sobre los precios subyacentes, el crecimiento nominal elevado y la incertidumbre sobre el momento y la magnitud de nuevas subidas de tipos por parte de la Reserva Federal siguen respaldando estrategias de protección frente al riesgo de que la inflación permanezca por encima del objetivo durante más tiempo del que actualmente anticipan los mercados.
Mantenemos una posición ampliamente neutral respecto a la dirección de las curvas globales, al tiempo que expresamos opiniones selectivas de valor relativo entre mercados. La posición actual favorece las diferencias en la forma de la curva entre Estados Unidos y Canadá, así como un perfil más plano en el tramo largo de Japón, en lugar de una tesis general de aumento de la pendiente o aplanamiento de las curvas globales. Este enfoque refleja las diferencias entre las trayectorias de política monetaria, la dinámica fiscal y el comportamiento de las primas por plazo en los mercados desarrollados.
En divisas, el posicionamiento sigue siendo selectivo y está sujeto a un control del riesgo. Preferimos el yen japonés frente al dólar estadounidense y utilizamos opciones para ayudar a limitar el riesgo a la baja. En términos más generales, la exposición a divisas sigue siendo moderada, ya que las expectativas relativas de política monetaria, los diferenciales de crecimiento y la volatilidad cambian rápidamente de un mercado a otro.
Deuda de mercados emergentes (reducción de la sobreponderación)
Hemos empezado a reducir nuestra sobreponderación en deuda de mercados emergentes tras un periodo de sólida rentabilidad, valoraciones crediticias ajustadas y un entorno global de política monetaria menos favorable. Las rentabilidades reales elevadas y la mejora de los fundamentales siguen creando oportunidades atractivas en determinados países, pero los diferenciales generales del crédito emergente ofrecen menos compensación que a comienzos de año, y la fortaleza del dólar ha elevado el umbral para asumir riesgos de forma indiscriminada.
En consecuencia, hemos reducido el riesgo de las carteras y hacemos mayor hincapié en preservar la flexibilidad hasta que surjan oportunidades más convincentes. Los diferenciales del crédito emergente se mantuvieron relativamente resilientes durante gran parte de septiembre, pero el deterioro de los factores técnicos y una nueva ampliación al final del mes reforzaron nuestra preferencia por la exposición selectiva en lugar de asumir el riesgo general del mercado de crédito. El riesgo de las carteras se sitúa cerca de mínimos de varios años, lo que refleja un enfoque más prudente mientras la incertidumbre macroeconómica y política siga siendo elevada.
Dentro de esta clase de activo, cada vez preferimos más los tipos locales y las oportunidades específicas de cada país cuando la política monetaria, los acontecimientos políticos y los saldos externos ofrecen catalizadores identificables. Los acontecimientos recientes en Brasil ilustran cómo los resultados políticos pueden generar oportunidades relevantes tanto en tipos como en divisas. Por su parte, mercados como Argentina, Rumanía y Ecuador ponen de relieve la importancia de evitar generalizaciones regionales demasiado amplias.
El carry y los ingresos siguen siendo fuentes importantes de rentabilidad esperada, pero las valoraciones exigen una mayor selectividad. Seguimos favoreciendo países con marcos monetarios creíbles, saldos externos en mejora y diferenciales atractivos de rentabilidad real, al tiempo que mantenemos una postura más cautelosa en las áreas donde la presión de un dólar fuerte, la incertidumbre política o unos diferenciales de crédito reducidos dejan poco margen de error.
Crédito corporativo (infraponderación en grado de inversión, ligera sobreponderación en alto rendimiento)
Mantenemos una infraponderación en deuda corporativa con grado de inversión, ya que las valoraciones ajustadas ofrecen una protección limitada frente a la volatilidad macroeconómica y de los tipos de interés. La ampliación de septiembre mejoró algo las valoraciones, pero el movimiento fue ordenado y obedeció principalmente a la volatilidad general del mercado, no a un deterioro de los fundamentales empresariales. Los balances saneados, los beneficios resilientes y las atractivas rentabilidades totales siguen respaldando esta clase de activo, aunque el carry, y no una compresión generalizada de los diferenciales, continúa siendo la principal fuente de rentabilidad esperada.
Ya no mantenemos una preferencia general por el crédito europeo con grado de inversión frente al estadounidense. El crédito europeo obtuvo un rendimiento claramente inferior en septiembre, debido a la volatilidad soberana francesa, los mayores precios de la energía, el elevado volumen de emisiones primarias y unos flujos de fondos más débiles. Por el contrario, los factores técnicos del IG estadounidense fueron comparativamente más sólidos, respaldados por entradas continuadas de capital, rentabilidades totales atractivas y un volumen de emisiones inferior al previsto. Por ello, favorecemos un enfoque regional más equilibrado, en el que la selección de valores y el valor relativo prevalezcan sobre una preferencia geográfica amplia.
El reciente aumento de los diferenciales también ha creado oportunidades selectivas en algunos segmentos estadounidenses de grado de inversión que antes ofrecían una compensación insuficiente. Estamos cada vez más dispuestos a considerar emisiones de empresas tecnológicas, hiperescaladores y centros de datos, en las que los diferenciales se han reajustado de forma significativa y los inversores reciben ahora una compensación mayor por los riesgos de construcción, financiación y ejecución. El umbral para participar sigue siendo elevado, especialmente ante el crecimiento previsto de las emisiones relacionadas con la inteligencia artificial (IA) y el peso cada vez mayor que estos valores podrían llegar a representar en los índices de renta fija.
Los fundamentales siguen siendo, en general, sólidos, aunque aumentan las presiones propias de una fase más avanzada del ciclo debido a la elevada actividad de fusiones y adquisiciones, la inversión en infraestructuras, el gasto de capital relacionado con la IA y unas mayores distribuciones a los accionistas. Seguimos favoreciendo emisores con flujos de caja resilientes, balances sólidos y necesidades de refinanciación manejables, y mantenemos la cautela en los sectores donde la disrupción tecnológica, el apalancamiento o las estructuras de financiación complejas podrían debilitar la calidad crediticia.
Mantenemos una sobreponderación moderada en determinados emisores de alto rendimiento. La reciente ampliación ha mejorado el conjunto de oportunidades, pero la dispersión sigue siendo pronunciada y los créditos de menor calidad continúan rezagados. Por ello, preferimos emisores con calificación BB y emisores de categoría B de mayor calidad, con flujos de caja resilientes, vencimientos manejables y un fuerte poder de fijación de precios, en lugar de asumir exposición general al mercado HY.
Aunque gran parte del contexto fundamental sigue siendo favorable, la volatilidad macroeconómica es elevada y esperamos que la selección activa de valores continúe siendo decisiva. Las mayores rentabilidades totales han mejorado los ingresos potenciales, pero los estrechos diferenciales de muchos sectores de mayor calidad siguen dejando poco margen de error.
Préstamos apalancados (neutral)
Mantenemos una posición neutral en préstamos apalancados. Esta clase de activo continúa beneficiándose de la sólida demanda por parte de las CLO resiliente(obligaciones garantizadas por préstamos) y de flujos minoristas resilientes, pero su reciente mejor comportamiento relativo ha reducido su atractivo frente a la deuda de alto rendimiento y otros segmentos de crédito a tipo fijo. Por tanto, somos más selectivos a la hora de añadir riesgo y nos centramos cada vez más en oportunidades cuya compensación mediante diferenciales siga siendo convincente.
La dispersión sigue siendo elevada en todo el mercado. Los emisores de software y tecnología continúan afrontando incertidumbre por la posible disrupción relacionada con la IA, mientras que los sectores de menor calidad y más cíclicos también han sufrido una mayor debilidad idiosincrática. Seguimos favoreciendo empresas de alta calidad y esenciales para sus clientes, con flujos de caja duraderos, una sólida cobertura de intereses y vencimientos manejables.
Aunque los tipos oficiales siguen elevados, los costes actuales de financiación a tipo variable aún no se han traducido en un aumento sustancial de los impagos, en parte porque muchos emisores mantienen buenas coberturas. La demanda por parte de las CLO también continúa proporcionando un importante soporte técnico al mercado.
En conjunto, seguimos observando oportunidades selectivas en préstamos, pero la rentabilidad relativa reciente y el menor apoyo de los factores técnicos aconsejan adoptar una posición más equilibrada frente al alto rendimiento y otras alternativas de crédito a tipo fijo.
Productos titulizados (sobreponderación)
Mantenemos una sobreponderación en productos titulizados, aunque nuestra visión dentro del sector está cada vez más diferenciada. La volatilidad reciente ha creado oportunidades de valor relativo más atractivas tanto en los mercados de agencias como en los que no cuentan con respaldo de agencias, mientras que los fundamentales crediticios subyacentes siguen siendo, en general, estables.
Los valores respaldados por hipotecas de agencias (MBS) se han abaratado considerablemente debido a la subida de las rentabilidades de los Treasuries, al aumento de la volatilidad de los tipos y al riesgo de extensión. Redujimos la exposición antes de gran parte de la ampliación de los diferenciales, y el reajuste posterior ha mejorado sustancialmente el conjunto de oportunidades. Seguimos manteniendo una visión constructiva estratégica sobre los MBS de agencias y estamos evaluando oportunidades para reconstruir exposición a medida que las valoraciones resulten más atractivas, en lugar de considerar que el sector merece una sobreponderación incondicional y de alta convicción en los niveles actuales.
Los fundamentales del mercado hipotecario continúan siendo favorables. Con los tipos hipotecarios elevados, menos del 1 % de los préstamos en circulación ofrece actualmente un incentivo económico para refinanciarse, lo que reduce sustancialmente el riesgo de amortización anticipada en la mayoría de los cupones. La extensión reciente también ha mejorado la convexidad: gran parte del conjunto de hipotecas cotiza ahora con descuento y se encuentra más cerca de su extensión máxima, lo que facilita cubrir el sector frente a nuevas subidas de tipos. La principal cuestión técnica a corto plazo es la demanda: los bancos, los inversores extranjeros, los hedge funds y los fondos de inversión inmobiliaria (REIT) siguen esperando a que las rentabilidades de los Treasuries se estabilicen antes de aumentar sus compras.
Los valores respaldados por hipotecas residenciales (MBS) no emitidos por agencias siguen siendo una de las áreas más atractivas del crédito estructurado. Los diferenciales solo se ampliaron moderadamente durante la reciente volatilidad del mercado, mientras que los fundamentales se mantuvieron, en general, estables. Las mayores rentabilidades y unos diferenciales algo más amplios han mejorado la rentabilidad potencial, especialmente en estructuras a tipo fijo de mayor calidad, que permiten captar tanto la rentabilidad de los Treasuries como un diferencial crediticio adicional sin asumir un riesgo excesivo de baja calidad.
Los valores respaldados por hipotecas comerciales (CMBS) siguen resultando atractivos de forma selectiva, aunque el riesgo de refinanciación cobra cada vez más importancia a medida que los tipos elevados repercuten en las valoraciones inmobiliarias y en los requisitos del servicio de la deuda. Seguimos favoreciendo inmuebles de mayor calidad, con patrocinadores sólidos y generación de flujos de caja visible, cuyos accionistas dispongan de la capacidad y la voluntad de aportar capital si fuera necesario. La exposición a estructuras conduit de menor calidad resulta menos atractiva, dado el riesgo de que las dificultades de refinanciación se traduzcan en un deterioro crediticio más significativo.
Los valores respaldados por activos (ABS) siguen ofreciendo una diversificación y unos ingresos atractivos, gracias a su menor duración y a unos fundamentales generalmente resilientes. La oferta se mantiene elevada en ABS, valores respaldados por hipotecas residenciales (RMBS) y CMBS, lo que hace que los factores técnicos sean cada vez más importantes de cara al cierre del año. Por ello, seguimos dando prioridad a estructuras cuya calidad de los activos de garantía, visibilidad de los flujos de caja y compensación por diferencial justifiquen la complejidad adicional.
En conjunto, la reciente ampliación de diferenciales ha mejorado las oportunidades de valor relativo en los mercados titulizados, pero seguimos siendo disciplinados con los niveles de entrada. Preferimos estructuras de mayor calidad y sectores en los que el reajuste de precios se haya debido a la volatilidad y no al deterioro de los fundamentales crediticios, preservando capacidad para añadir riesgo si las presiones técnicas generan nuevas oportunidades.
Consideraciones de riesgo
La diversificación no garantiza beneficios ni protege frente a pérdidas en un mercado bajista.
No existe garantía de que una cartera vaya a alcanzar su objetivo de inversión. Las carteras están sujetas al riesgo de mercado, es decir, a la posibilidad de que disminuya el valor de mercado de los valores que poseen y, por tanto, de que las participaciones de la cartera valgan menos de lo que se pagó por ellas. Los valores de mercado pueden cambiar diariamente como consecuencia de acontecimientos económicos y de otra índole —por ejemplo, desastres naturales, crisis sanitarias, terrorismo, conflictos y disturbios sociales— que afecten a los mercados, países, empresas o gobiernos. Es difícil predecir el momento, la duración y los posibles efectos adversos de estos acontecimientos, incluida su repercusión en la liquidez de la cartera. Por consiguiente, invertir en una cartera puede ocasionar pérdidas.
Los valores de renta fija están sujetos a la capacidad del emisor para efectuar puntualmente los pagos de principal e intereses (riesgo de crédito), a las variaciones de los tipos de interés (riesgo de tipos), a la solvencia del emisor y a la liquidez general del mercado (riesgo de mercado). En un entorno de subida de tipos, los precios de los bonos pueden caer y producir periodos de volatilidad y un aumento de los reembolsos de las carteras. En un entorno de bajada de tipos, la cartera puede generar menos ingresos. Los valores a más largo plazo pueden ser más sensibles a las variaciones de los tipos de interés. Determinados valores públicos estadounidenses que puede adquirir la estrategia, como los emitidos por Fannie Mae y Freddie Mac, no cuentan con la plena garantía crediticia del Gobierno de Estados Unidos. Es posible que esos emisores no dispongan en el futuro de fondos suficientes para cumplir sus obligaciones de pago. Los préstamos bancarios negociados en el mercado están sujetos a riesgo de liquidez y a los riesgos de crédito propios de valores con calificaciones inferiores. Los valores de alto rendimiento (bonos especulativos) tienen calificaciones más bajas y pueden presentar mayores riesgos de crédito y liquidez. La deuda soberana está sujeta al riesgo de impago. Los valores respaldados por hipotecas y por activos son sensibles al riesgo de amortización anticipada y a un mayor riesgo de impago, y pueden resultar difíciles de valorar y vender (riesgo de liquidez). También están sujetos a riesgos de crédito, mercado y tipos de interés.
El mercado de divisas es muy volátil. Los precios se ven influidos, entre otros factores, por los cambios en la oferta y demanda de una moneda, el comercio, las políticas fiscales y monetarias, los programas y controles de cambio nacionales o extranjeros y las variaciones de los tipos de interés nacionales e internacionales. Las inversiones en mercados extranjeros conllevan riesgos específicos, como los de divisa, políticos, económicos y de mercado. Los riesgos de invertir en países emergentes son mayores que los que suelen asociarse a las inversiones extranjeras. Los instrumentos derivados pueden aumentar las pérdidas de forma desproporcionada y tener un impacto significativo en la rentabilidad. También pueden estar sujetos a riesgos de contraparte, liquidez, valoración, correlación y mercado. Los valores restringidos o ilíquidos pueden ser más difíciles de vender y valorar que los valores negociados públicamente (riesgo de liquidez). Dado que los pagos anticipados pueden alterar los flujos de caja de las obligaciones hipotecarias garantizadas (CMO), no es posible determinar de antemano su fecha de vencimiento final ni su vida media. Además, si las garantías que respaldan las CMO o las garantías de terceros resultan insuficientes para efectuar los pagos, la cartera podría sufrir pérdidas.
Invertir en empresas anticipándose a un posible catalizador, como la adopción de la inteligencia artificial, conlleva el riesgo de que dicho catalizador no se produzca, se retrase o provoque una reacción del mercado distinta de la esperada. Las empresas centradas en la IA pueden tener líneas de productos, mercados o recursos financieros limitados, y su gestión y resultados pueden verse especialmente afectados por acontecimientos adversos para la adopción de la IA, como cambios rápidos en los ciclos tecnológicos de los productos, obsolescencia, regulación pública, problemas de ciberseguridad y competencia.
Tribuna firmada por Utkarsh Sharma, gestor de Carteras de Renta Fija de Broad Markets.
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Nota sobre las opiniones y los datos: las opiniones expresadas corresponden al equipo de Gestión de Carteras a octubre de 2026 y pueden cambiar en función de las condiciones del mercado, económicas y de otro tipo. Los datos proceden de Bloomberg a 30 de septiembre de 2026, salvo que se indique otra cosa. La rentabilidad pasada no es indicativa de resultados futuros.




