Los inversores siguen con atención los disturbios sociales en Europa protagonizados, principalmente, por Francia. Según los expertos de las gestoras internacionales, octubre podría ser un mes complicado para los mercados globales si tenemos en cuenta las elecciones de mitad de término de EE.UU., el aumento de los rendimientos de los bonos y los riesgos geopolíticos y de política nacional, que no parecen perder fuerza.
“Octubre es un mes que infunde miedo en el corazón de muchos inversores debido a las dramáticas ventas masivas de alto perfil que se experimentaron ese mes en los años 1929, 1987 y 2008. La percepción negativa de octubre es más psicológica que real, ya que históricamente no ha sido el peor mes para la inversión en bolsa. No obstante, la psicología es importante cuando se trata de los mercados, y con los rendimientos de los bonos alcanzando máximos plurianuales, varias elecciones importantes a la vuelta y las elecciones de medio mandato en Estados Unidos a solo un mes, parece que octubre nos está llevando directamente a la zona de peligro”, reconoce Kristina Hooper, estratega Jefe de Mercados en Man Group.
Desde Aberdeen Investments señalan que las presiones de ventas en el corto plazo podrían no haber terminado. “El aumento de los precios del petróleo y el gas ha puesto de manifiesto las debilidades preexistentes en la credibilidad fiscal de EE.UU., el Reino Unido y Francia, así como una inflación persistente, mientras que las liquidaciones forzadas de los inversores apalancados han amplificado estos movimientos. El único factor que podría frenar claramente esta tendencia es una mejora de la situación geopolítica en Oriente Medio”, indican.
El caso de Francia
Por ahora, el gran foco es Francia, ya que los diferenciales de su deuda soberana han alcanzado nuevos máximos mientras la consolidación fiscal parece cada vez más lejana. Cabe destacar que la oleada de revueltas y violencia que se ha desatado responde al descontento social fruto de los recortes del Gobierno francés y el alza de la inflación. “Con el bono francés a 10 años cercano al 5%, el programa de ahorro neto de 140.000 millones de euros planteado por Le Pen despierta escepticismo al requerir un ajuste bruto de 185.000 millones de euros y apoyarse en un crecimiento irreal del PIB del 1,8%, frente a las estimaciones reales de entre el 0,5% y el 0,8% para 2026. La falta de solución al déficit galo reaviva el fantasma de la crisis soberana de 2012, situando al Banco Central Europeo ante el dilema de dejar caer la deuda y perjudicar la confianza en el euro, o intervenir y premiar la indisciplina fiscal generando riesgo moral en el resto de la región”, apunta Javier Cabrera, analista de XTB.
Para Erick Muller, director de Estrategia de Mercados y Productos y codirector del Grupo de Asignación de Activos de Muzinich & Co, el bloqueo político y la proximidad de las elecciones de 2027 dificultan la adopción de medidas correctivas y podrían prolongar la incertidumbre en los mercados. “Francia es un buen ejemplo de las dificultades que afrontan las economías desarrolladas para controlar el gasto público. En 2026, su déficit se sitúa en torno al 5,6% del PIB y el coste de los intereses de la deuda está aumentando de forma considerable. Este año, el gasto por intereses ha pasado de una previsión de 70.000 millones de euros a aproximadamente 80.000 millones. En 2027 podría alcanzar los 92.000 millones y en 2028 situarse cerca de los 100.000 millones. Para poner estas cifras en perspectiva, el Gobierno está intentando encontrar un ahorro de 53.000 millones de euros, algo que no creo que vaya a conseguir. Estamos hablando de un aumento de unos 30.000 millones en el pago de intereses en apenas tres años. Es una situación muy difícil de resolver”, explica.
Según su opinión, el problema de Francia es que la economía se está desacelerando y el escenario político dificulta enormemente cualquier respuesta fiscal. “El crecimiento previsto para 2026 se ha reducido prácticamente a la mitad de lo que se esperaba inicialmente, lo que también afecta a las cuentas públicas. Los mercados se están preguntando cuál es la respuesta ante este deterioro, y por ahora no encuentran ninguna satisfactoria”, añade.
¿Regreso de los bonds vigilantes?
En este contexto, los inversores están atentos al repunte de los rendimientos de la deuda y del rumbo de la Reserva Federal, ¿han vuelto los “vigilantes de los bonos”? Para Giordano Lombardo, fundador, CEO y CIO de Plenisfer Investments (Generali Investments) sí, es más, advierte de que el auge de la inversión en IA, financiada cada vez más con deuda, y unos déficits públicos crecientes están aumentando la presión sobre los mercados de renta fija y elevando los riesgos de estanflación.
Según su análisis, el aumento de los rendimientos de los bonos se extendió a los títulos públicos de otros países. “Todos los principales mercados de renta fija registraron rentabilidades negativas, excepto China. En las últimas semanas, han resurgido con fuerza las preocupaciones en torno a los bonos del Estado de determinados países de la zona euro, y Francia parece ser esta vez el epicentro de la crisis debido al fuerte aumento de su déficit público y a la perspectiva de unas elecciones que podrían empeorar aún más la sostenibilidad de las finanzas públicas”, afirma. Es más, considera que las oleadas de pesimismo en el mercado de renta fija también afectaron al sector tecnológico.
Su principal conclusión es que hemos entrado en una fase de condiciones estructurales de mercado bajista para los bonos. “Sin embargo, en los últimos meses, el papel de la Reserva Federal ha vuelto a convertirse en el factor dominante que impulsa los movimientos a corto plazo en el mercado de bonos. Además, las políticas fiscales de las principales economías han sido todas expansionistas, al menos durante los últimos quince años y, especialmente, tras las medidas pospandémicas introducidas en 2020. En EE.UU. y Europa, no parece haber fuerzas políticas interesadas en volver a la disciplina fiscal de décadas anteriores”, matiza.


Por Beatriz Zúñiga
