México llegó a Nueva York con una paradoja sobre la mesa: el país atraviesa un momento récord en materia de inversión extranjera directa (IED), pero la mayor parte de esos recursos no representa la llegada de nuevo capital al país.
Durante el primer semestre de 2026, México captó 34.968 millones de dólares de IED, el monto más elevado para un periodo comparable. Sin embargo, 88,5% correspondió a reinversión de utilidades, lo que coloca el desafío no tanto en conservar el capital que ya está en el país, sino en conseguir que nuevos inversionistas decidan colocar recursos en empresas, infraestructura y proyectos productivos.
Con ese telón de fondo, la Bolsa Institucional de Valores (BIVA) llevó a Nueva York la séptima edición de Mexico Investment Week, un encuentro que reunió a autoridades mexicanas, empresarios, instituciones financieras, organismos multilaterales e inversionistas para discutir las condiciones necesarias para transformar el interés internacional por México en nuevos flujos de capital.
La agenda puso sobre la mesa algunos de los asuntos que determinarán la siguiente etapa de la relación económica entre México y Estados Unidos: el futuro del T-MEC, la integración productiva de Norteamérica, el desarrollo de los mercados de capitales, renta fija y crédito, así como las oportunidades en energía, agua e infraestructura.
La apuesta es relevante para el mercado financiero mexicano porque el reto de atraer inversión adicional no pasa únicamente por la inversión extranjera directa tradicional. También involucra la capacidad del país para canalizar capital institucional y privado hacia proyectos de largo plazo y aprovechar el mercado de valores como una fuente adicional de financiamiento.
Del interés a los nuevos flujos de capital
Durante el encuentro aparecieron algunas señales concretas del apetito que existe por México. René Saúl, CEO y cofundador de Kapital Bank, anunció una ronda de financiamiento por 125 millones de dólares, entre capital y deuda, operación que llevó la valuación de la compañía a 2.000 millones de dólares y la convirtió, de acuerdo con la información presentada durante el evento, en el primer unicornio de inteligencia artificial de América Latina.
El anuncio funcionó como una muestra de que el interés por México también puede materializarse en compañías de tecnología y servicios financieros capaces de captar capital internacional.
En otra de las conversaciones del encuentro se planteó además la dimensión que podría alcanzar la inversión de capital privado en México. Se estimó que firmas como Apollo Global Management podrían desplegar hasta 20.000 millones de dólares en proyectos en el país durante los próximos años, principalmente en infraestructura, energía y crédito corporativo.
El dato ilustra uno de los espacios donde México busca ampliar su atractivo: el de los mercados privados, donde los grandes inversionistas internacionales pueden participar en proyectos que requieren horizontes de inversión prolongados y montos de capital superiores a los que tradicionalmente canaliza el mercado bursátil.
Para BIVA, el objetivo es precisamente conectar ese capital con las oportunidades que existen en México. María Ariza, directora general de la institución, sostuvo que Mexico Investment Week busca convertirse en un puente entre ambos mercados y generar las condiciones para que el interés de los inversionistas se traduzca en relaciones y oportunidades de inversión.
“Mexico Investment Week representa hoy mucho más que una reunión; es un puente que conecta a dos naciones, dos mercados y dos culturas que comparten una visión común: impulsar el crecimiento económico, la innovación y la inversión”, afirmó.
México y Estados Unidos: una relación que puede pesar más que los aranceles
La relación comercial con Estados Unidos ocupó buena parte de las conversaciones, particularmente ante la incertidumbre que rodea al futuro del T-MEC y las políticas comerciales de Washington.
Kate Kalutkiewicz, Senior Managing Director de McLarty Associates, destacó durante el encuentro que 89% de las exportaciones mexicanas ingresan a Estados Unidos libres de arancel, una condición que, desde su perspectiva, mantiene la competitividad de México como plataforma para la inversión.
La ejecutiva también sostuvo que ningún otro país tiene un acceso comparable al mercado estadounidense y descartó que actualmente anticipe una salida de Estados Unidos del T-MEC. La discusión adquiere una dimensión adicional en un momento en el que las empresas globales están redefiniendo sus cadenas de suministro y buscando reducir riesgos geopolíticos y logísticos.
Para México, la oportunidad consiste en convertir su integración comercial con Estados Unidos en una ventaja para atraer nuevas plantas, infraestructura, proveedores, centros logísticos y servicios asociados a las cadenas productivas de Norteamérica; pero, esa oportunidad no depende únicamente de la cercanía geográfica.
Los inversionistas también demandan certidumbre jurídica, reglas fiscales previsibles, infraestructura suficiente y condiciones físicas que permitan desarrollar proyectos de largo plazo. Es justamente en esa combinación donde se juega una parte importante de la competencia por el capital internacional.
La tesis geopolítica de México
Roberto Lazzeri, embajador de México en Estados Unidos, llevó la discusión hacia un terreno todavía más amplio: el nuevo reacomodo geopolítico; el diplomático señaló que existe un cambio en el foco de atención del gobierno estadounidense hacia el Hemisferio Occidental y que México ocupa una posición privilegiada dentro de ese nuevo mapa.
“Existe un giro en el foco del gobierno de Estados Unidos hacia el Hemisferio Occidental, y la puerta de entrada a ese hemisferio es México; es la mejor tesis de inversión que se puede encontrar”, afirmó.
La tesis parte de una realidad económica: México es el principal socio comercial de Estados Unidos y forma parte de una estructura productiva profundamente integrada con la economía estadounidense. Esa integración convierte al país en un potencial beneficiario de la reorganización de las cadenas de suministro, pero también eleva las exigencias sobre infraestructura, energía, agua, transporte y financiamiento.
El desafío consiste en que la oportunidad geopolítica no se quede únicamente en un argumento para atraer inversión, sino que se traduzca en proyectos concretos.
El mercado de capitales busca un papel mayor
En ese contexto, la participación de BIVA adquiere una lectura que va más allá de la promoción internacional de México; el mercado de valores puede convertirse en uno de los mecanismos para transformar el interés de los inversionistas en financiamiento de largo plazo para compañías e infraestructura. Para ello, sin embargo, México necesita ampliar tanto la base de emisores como la participación de inversionistas y la profundidad de sus mercados.
La agenda de Mexico Investment Week incluyó precisamente discusiones sobre renta fija, crédito y mercados de capitales, además de oportunidades de inversión en sectores como energía, agua e infraestructura.
La lógica es clara: si México quiere aprovechar el nuevo ciclo de integración norteamericana, necesitará cantidades importantes de capital para financiarlo.
Una parte podrá provenir de la IED; otra, de bancos y mercados privados; y otra más, de inversionistas institucionales y mercados públicos.
La dimensión del reto puede observarse en el propio comportamiento de la IED. Los casi 35.000 millones de dólares captados en el primer semestre muestran que México conserva capacidad para atraer capital extranjero. Pero el hecho de que casi nueve de cada diez dólares correspondan a reinversión de utilidades evidencia que todavía existe espacio considerable para atraer proyectos y capitales nuevos.
Por ello, la conversación que BIVA llevó a Nueva York no se limitó a vender la imagen de México como destino de inversión. el objetivo fue colocar sobre la mesa una pregunta más difícil: cómo transformar las ventajas comerciales y geopolíticas del país en nuevas decisiones de inversión.
Mexico Investment Week continuará con actividades que incluyen la apertura de mercado en Nasdaq, además de conversaciones sobre perspectivas económicas, oportunidades de inversión en los estados y el desarrollo del ecosistema fintech.
La apuesta, en última instancia, es que la integración con Estados Unidos, el reacomodo de las cadenas globales y el creciente interés internacional por México encuentren un canal financiero capaz de llevar esos recursos hacia las empresas y proyectos que necesitan capital para crecer.
El récord de IED demuestra que México sigue siendo atractivo. El siguiente desafío es conseguir que una mayor proporción de ese atractivo se traduzca en dinero nuevo, inversión productiva y financiamiento de largo plazo.



