Los inversores quieren que las empresas demuestren que las estrategias audaces de inteligencia artificial pueden generar rentabilidad sin sacrificar la disciplina financiera. Esta es una de las principales conclusiones de la decimocuarta edición del Global Investor Survey de Boston Consulting Group (BCG), que apunta a una etapa de mayor exigencia en los mercados, marcada por unas expectativas de rentabilidad más moderadas y por una presión creciente sobre las compañías para demostrar que sus inversiones, especialmente en inteligencia artificial, pueden traducirse en resultados concretos.
Aunque la confianza de los inversores a medio plazo se mantiene intacta, la geopolítica, los tipos de interés, la política estadounidense y la incertidumbre en torno a la IA están reduciendo las expectativas de rentabilidad futura.
El estudio recoge las opiniones de 500 inversores institucionales de 16 países, que representan aproximadamente 35 billones de dólares (billions en términos estadounidenses) en activos bajo gestión. El 67% de los inversores encuestados mantiene una visión optimista sobre la evolución de los mercados durante los próximos tres años. Sin embargo, las expectativas de rentabilidad total para el accionista se han reducido hasta una media anual del 6,9%, lo que supone 0,4 puntos porcentuales menos que en 2024 y 1,4 puntos menos que en 2023.

Esta moderación refleja un entorno en el que coinciden varias fuentes de incertidumbre con creciente interdependencia. Los conflictos en Ucrania y Oriente Medio son ya uno de los tres principales factores que condicionan las perspectivas de los mercados para el 60% de los inversores. Les siguen la evolución de los tipos de interés, con un 54%; las políticas del Gobierno estadounidense, con un 49%; y el desarrollo y la regulación de la inteligencia artificial, mencionados por un 45% de los encuestados, 22 puntos porcentuales más que en 2024.
Solo el 22% cree que la IA será una fuente de diferenciación competitiva sostenible. La mayoría espera que sus beneficios se extiendan de forma generalizada o que las ventajas iniciales desaparezcan con el tiempo.
Ante este escenario, los inversores están orientando sus decisiones hacia compañías y sectores capaces de beneficiarse de tendencias estructurales y mantener una economía de negocio sólida. El 52% afirma haber aumentado su exposición a sectores respaldados por tendencias de crecimiento de largo plazo, mientras que un 50% está manteniendo mayores niveles de liquidez.
Dentro de los criterios utilizados para valorar una compañía, el crecimiento orgánico continúa siendo la principal prioridad. No obstante, aumenta la importancia del retorno sobre el capital, citado por el 33% de los encuestados, ocho puntos porcentuales más que en 2024.
La inteligencia artificial introduce una dimensión adicional en este escenario. El 87% de los inversores espera que la IA mejore de forma material los fundamentales empresariales durante los próximos dos años, especialmente a través de una mayor productividad, mejores márgenes y nuevos ingresos.
Además, más de la mitad considera que estos efectos deberían comenzar a ser visibles durante los próximos doce meses, lo que reduce el margen disponible para que las compañías continúen presentando la IA únicamente como una apuesta de futuro.
Esta confianza en el potencial de la tecnología convive, sin embargo, con una visión más crítica sobre las expectativas que ya están incorporadas en el mercado. El 56% considera que existe un exceso de optimismo en torno a la IA, mientras que el 73% anticipa que las actuales valoraciones pueden generar presión sobre la rentabilidad futura.
Asimismo, el análisis pone el foco en la capacidad de ejecución de las compañías. Aunque el 77% de los inversores evalúa de forma específica las estrategias de IA de las compañías, solo el 57% considera que estas explican adecuadamente sus planes.
Además, más del 70% muestra dudas sobre si las compañías cuentan con las capacidades técnicas y organizativas necesarias para desarrollar sus estrategias de IA.
A esto se suma una mayor vigilancia sobre el nivel de inversión y su impacto en los márgenes. Los inversores respaldan la transformación, pero no una expansión del gasto sin una línea clara hacia los retornos.

En este contexto, para generar confianza, los líderes empresariales deben explicitar sus prioridades, las concesiones que deben hacer, los hitos y los retornos esperados, especialmente en lo que respecta a la IA y a las apuestas de crecimiento a largo plazo.
La conclusión apunta, por tanto, a un cambio en las exigencias de los mercados: los inversores siguen confiando en el potencial de la inteligencia artificial y de las tendencias estructurales de crecimiento, pero demandan una mayor disciplina financiera y evidencias concretas de que las inversiones pueden convertirse en productividad, márgenes, crecimiento y rentabilidad.



