Suiza es considerada todavía hasta la fecha como el sinónimo de refugio patrimonial. La estabilidad política, la fortaleza institucional, el secreto bancario —al menos en su versión histórica— y una industria de gestión de patrimonios construida durante generaciones convirtieron al país en uno de los principales destinos para las grandes fortunas internacionales.
Pero, hay señales de un cierto cambio. No significa que los ricos estén abandonando Suiza. De hecho, los datos más recientes muestran que el país continúa siendo uno de los grandes centros mundiales de gestión y custodia de patrimonio. Lo que está cambiando es algo más profundo: las familias con grandes fortunas están dejando de pensar en un único refugio y comienzan a construir una arquitectura patrimonial distribuida entre varias jurisdicciones.
La transformación ocurre mientras aumentan los riesgos geopolíticos, las tensiones comerciales, la incertidumbre fiscal y la posibilidad de que un shock financiero se transmita rápidamente de un mercado a otro.
El Fondo Monetario Internacional advirtió en su Global Financial Stability Report de abril que los riesgos para la estabilidad financiera mundial permanecen elevados. La guerra en Medio Oriente, las presiones inflacionarias y el riesgo de un nuevo endurecimiento de las condiciones financieras se combinan con vulnerabilidades en mercados de deuda, fondos de inversión y otros intermediarios no bancarios.
El mensaje para los grandes patrimonios es distinto al que reciben los mercados: cuando aumenta la incertidumbre, no sólo importa qué activos se poseen, sino dónde están custodiados, bajo qué legislación y desde qué jurisdicción pueden administrarse.
Suiza sigue siendo refugio, pero ya no está sola y Hong Kong la rebasó
El dato que mejor resume esta transformación proviene de Boston Consulting Group. El patrimonio financiero internacional alcanzó 15,7 billones de dólares en 2025, un incremento de 8,4%, impulsado tanto por el desempeño de los mercados como por una mayor demanda de diversificación geográfica. Sin embargo, el negocio continúa altamente concentrado: los diez principales centros de registro de patrimonio captaron casi 90% de los nuevos flujos y concentran más de 80% del patrimonio global existente.
Lo verdaderamente significativo es quién ocupa ahora la primera posición. Hong Kong desplazó por un margen estrecho a Suiza como el mayor centro mundial de registro de patrimonio global. La plaza asiática alcanzó aproximadamente 2,9 billones de dólares, mientras Suiza se mantuvo prácticamente en el mismo nivel.
El cambio, sin embargo, no debe interpretarse como el final del dominio suizo. BCG estima que el patrimonio internacional en Suiza creció 7,6% durante 2025 y que el país continuará beneficiándose de flujos de capital que buscan seguridad ante episodios de incertidumbre geopolítica. Para los próximos cinco años, la consultora proyecta un crecimiento cercano a 6% anual.
Es decir, Suiza no está perdiendo su condición de refugio; está dejando de ser el único gran refugio. Y esa diferencia es fundamental.
La nueva lógica patrimonial se parece cada vez más a una cartera de inversión. Una familia puede mantener parte de su patrimonio financiero en Estados Unidos, utilizar Suiza para determinadas necesidades de banca privada y custodia, establecer estructuras fiduciarias en otra jurisdicción, mantener una residencia en un tercer país y utilizar Singapur o Hong Kong para acceder al mercado asiático.
No necesariamente se trata de trasladar todo el patrimonio. Se trata de evitar que una sola jurisdicción concentre todos los riesgos.
Henley & Partners identificó precisamente este fenómeno en su reporte de movilidad patrimonial 2026: los individuos de alto patrimonio y sus familias están construyendo lo que denomina «portafolios soberanos», integrados por derechos de residencia, ciudadanía, inversiones y negocios distribuidos entre diferentes países. Más de 28% de los solicitantes que la firma atendió en los primeros cinco meses de 2026 ya vivían fuera de su país de nacionalidad.
La idea es particularmente relevante para el wealth management: la diversificación ya no se limita a acciones, bonos, bienes raíces o activos privados; también alcanza a la geografía jurídica del patrimonio.
Singapur gana terreno
Uno de los principales beneficiarios de esta transformación es Singapur. Henley & Partners colocó a la ciudad-Estado entre las jurisdicciones más atractivas para el patrimonio internacional en 2026, mientras BCG señala que su posición como centro financiero diversificado le permite funcionar como puente entre los mercados asiáticos y occidentales.
El patrimonio internacional registrado en Singapur creció 10,3% en 2025 y BCG espera que mantenga un ritmo cercano a 9% anual durante los próximos cinco años. La consultora también destaca que la ciudad-Estado ha atraído a más de 2.000 family offices y a más de 100 firmas independientes de gestión patrimonial.
La ventaja de Singapur no está únicamente en los impuestos. Estabilidad institucional, profundidad de los mercados financieros, conectividad con China y el resto de Asia, infraestructura de gestión patrimonial y una posición geopolítica relativamente neutral forman parte de una propuesta que resulta especialmente atractiva para familias asiáticas y para capital que busca diversificarse entre Oriente y Occidente.
Estados Unidos: refugio financiero y, al mismo tiempo, fuente de riesgo
Estados Unidos ocupa una posición paradójica. Por un lado, continúa siendo el mayor generador de riqueza privada del planeta y concentra una enorme proporción del patrimonio financiero mundial. UBS reportó que Estados Unidos generó más de 440.000 nuevos millonarios durante 2025, prácticamente la mitad de los nuevos millonarios creados globalmente ese año.
Por otro, la creciente incertidumbre política, fiscal y comercial está haciendo que incluso algunos estadounidenses ricos busquen mayor opcionalidad internacional.
Henley & Partners encontró que las solicitudes de ciudadanos estadounidenses para programas de residencia y ciudadanía prácticamente se duplicaron en 2025 respecto al año anterior y continuaron elevadas en 2026. Casi la mitad de esas solicitudes se dirigieron hacia programas europeos y más de una cuarta parte hacia América Latina y el Caribe.
Esto no significa que Estados Unidos esté perdiendo atractivo como centro financiero. Al contrario. Significa que una jurisdicción puede ser simultáneamente el principal destino de inversión y un país del que algunas familias quieren tener una salida alternativa. La diferencia está entre dónde está el capital y dónde quiere la familia tener la posibilidad de vivir, operar o proteger parte de sus intereses.
La razón de fondo es que el riesgo geopolítico ha dejado de ser una variable exclusiva de los gobiernos y los grandes inversionistas institucionales. También se está convirtiendo en una variable de planificación patrimonial.
El FMI advierte que los mercados financieros han absorbido hasta ahora los shocks geopolíticos de manera relativamente ordenada, pero también señala que esa estabilidad no debe darse por sentada. Entre las vulnerabilidades están el endeudamiento elevado, los riesgos de refinanciamiento, la interconexión entre bancos y gobiernos y la sensibilidad de los flujos hacia mercados emergentes ante cambios en la percepción global de riesgo.
En este entorno, la lógica del patrimonio cambia. Una familia no necesariamente pregunta solamente: ¿En qué activo debo invertir? Ahora también pregunta: ¿En qué país quiero tener ese activo?
Y después: ¿Qué pasa si ese país entra en una crisis política, financiera, fiscal o geopolítica? La respuesta puede ser una mayor dispersión.
El Golfo también entra en la ecuación
Los Emiratos Árabes Unidos representan uno de los casos más interesantes.
El país se ha convertido en uno de los principales destinos para la riqueza internacional durante los últimos años, particularmente para empresarios, inversionistas y familias de Medio Oriente, Asia, Europa y otras regiones.
Henley & Partners le asigna una de las puntuaciones más altas de competitividad para la movilidad patrimonial en 2026, con 85,3 puntos, gracias a factores como conectividad, acceso a inversión, seguridad, inclusión familiar y opciones de residencia de largo plazo.
Pero la guerra en Medio Oriente también está poniendo a prueba esa posición. La respuesta que observa Henley resulta reveladora: el aumento de consultas de residentes de Emiratos para obtener alternativas de residencia o ciudadanía no representa necesariamente un éxodo. Más bien refleja una búsqueda de planes de contingencia.
La familia permanece en Dubai, Abu Dhabi u otra ciudad del Golfo, pero construye una segunda opción en Europa, Asia o América. Eso es precisamente lo que define al nuevo mapa patrimonial.
Latinoamérica: el siguiente capítulo
Para las grandes fortunas latinoamericanas, el fenómeno adquiere una dimensión particular. La región históricamente ha utilizado Estados Unidos y, en menor medida, Europa y Suiza, como destinos para diversificar patrimonio, acceder a mercados internacionales y reducir determinados riesgos locales.
Pero la lógica puede estar evolucionando hacia una estructura más compleja. El patrimonio de una familia latinoamericana puede tener una combinación de activos y jurisdicciones: inversiones en Estados Unidos, banca privada internacional, vehículos de inversión en Luxemburgo, estructuras fiduciarias en Estados Unidos, exposición a mercados asiáticos y eventualmente una segunda residencia o ciudadanía.
No se trata de sustituir un refugio por otro, sino de construir redundancia patrimonial. Y ese cambio es particularmente relevante para el negocio de wealth management, porque obliga a los bancos privados y family offices a dejar de pensar únicamente en la asignación de activos y comenzar a ofrecer una arquitectura patrimonial verdaderamente internacional.
La nueva competencia ya no es Suiza contra Singapur El mercado que emerge no parece ser una carrera para determinar cuál será el nuevo «paraíso» de las grandes fortunas, es algo más sofisticado.
BCG identifica dos grandes redes que están tomando forma: una alrededor de Hong Kong y Singapur, vinculada principalmente con el capital asiático, y otra articulada alrededor de Suiza, Estados Unidos y Reino Unido, con una fuerte presencia de patrimonio europeo, latinoamericano y de Medio Oriente.
En paralelo, el Golfo, particularmente Emiratos Árabes Unidos, intenta convertirse en un puente entre esas grandes áreas de riqueza. La competencia, por tanto, ya no se basa únicamente en impuestos o secreto financiero.
Ahora entran en juego estabilidad política, seguridad jurídica, profundidad de mercados, acceso a oportunidades de inversión, conectividad, regulación, servicios de family office, residencia, sucesión y capacidad para operar internacionalmente. El resultado es un mapa mucho más fragmentado.
Y probablemente también más resistente. Porque para las grandes familias, en un mundo en el que los shocks financieros, políticos y geopolíticos pueden cruzar fronteras con enorme rapidez, el nuevo refugio patrimonial no es necesariamente un país: es la capacidad de no depender completamente de ninguno.



