En plena transformación tecnológica del sector financiero, hay un gran desafío para las firmas de gestión patrimonial: convertir el volumen masivo de datos en mejores decisiones de inversión sin perder la cercanía con el cliente. Frente a una jornada laboral donde los asesores destinan cerca del 50% de su tiempo a tareas administrativas, la inteligencia artificial agéntica se perfila como el gran catalizador para liberar carga de trabajo y elevar la personalización en la banca privada.
Sobre cómo las entidades están abordando este salto tecnológico, las exigencias regulatorias de compliance y el reto del traspaso intergeneracional de patrimonio, hemos conversado con Alejandro Romero, vicepresidente de Salesforce para Financial Services de Agentic Advisor,
¿Qué buscan las firmas de gestión del patrimonio en un proveedor de tecnología y cómo cree que están afrontando este reto operativo?
Las firmas de gestión patrimonial buscan plataformas que les ayuden a aumentar la capacidad de sus asesores sin renunciar a la personalización ni al cumplimiento normativo. El gran reto del sector ya no es disponer de más información, sino convertirla en mejores decisiones y dedicar más tiempo a la relación con el cliente. Hoy, muchos asesores siguen invirtiendo cerca de la mitad de su jornada en tareas administrativas, como preparar reuniones, documentar interacciones o hacer seguimiento de procesos. La IA agéntica permite automatizar gran parte de ese trabajo para que puedan centrarse en aquello que realmente aporta valor: comprender mejor a cada cliente, anticiparse a sus necesidades y ofrecer un asesoramiento más personalizado.
Al mismo tiempo, las expectativas de los clientes están evolucionando rápidamente. Según el EY Global Wealth Research Report 2025, el 60% de los inversores espera que las firmas de gestión patrimonial utilicen inteligencia artificial. La oportunidad no pasa por sustituir al asesor, sino por combinar su experiencia y criterio con agentes de IA que actúan como compañeros digitales, ampliando su capacidad para atender a cada cliente con un mayor nivel de personalización, proactividad y eficiencia.
En un sector tan regulado como el financiero, ¿cómo se controla que exista siempre una supervisión humana y cómo se articula en la práctica?
La supervisión humana es un principio fundamental. Bajo un modelo estricto de human-in-the-loop (con intervención humana), los agentes trabajan de forma autónoma en segundo plano monitorizando carteras, incorporando actualizaciones, identificando oportunidades o apoyando tareas operativas y de cumplimiento normativo. Sin embargo, todas las recomendaciones y acciones relevantes son revisadas y aprobadas por el asesor, que mantiene en todo momento la responsabilidad sobre la decisión final, la estrategia de relación y el cumplimiento regulatorio.
El inversor de banca privada actual exige una personalización absoluta, ¿de qué manera ayuda la IA a que el asesor elabore un plan verdaderamente a medida?
La personalización depende, sobre todo, de disponer del contexto adecuado. La IA permite consolidar en un único lugar la información financiera, el historial de interacciones, los objetivos vitales, la composición familiar o los cambios relevantes en la vida del cliente para ofrecer al asesor una visión completa. La IA prepara el contexto y el asesor aporta el criterio. Esa combinación permite mantener conversaciones mucho más relevantes, identificar necesidades antes de que el cliente las plantee y ofrecer recomendaciones verdaderamente personalizadas, sin perder el componente humano que caracteriza al asesoramiento financiero de alto valor.
¿Cómo ayuda esta tecnología a mitigar el «sesgo de comportamiento» o la toma de decisiones impulsiva en momentos de alta volatilidad en los mercados?
La IA no elimina los sesgos humanos, pero sí puede ayudar a reducirlos proporcionando contexto, datos históricos y una visión objetiva antes de tomar una decisión. En momentos de elevada volatilidad, facilita que el asesor disponga rápidamente de toda la información relevante sobre la cartera, los objetivos del cliente y las interacciones previas. Esto favorece conversaciones más fundamentadas y coherentes con la estrategia de inversión definida, reduciendo el riesgo de reaccionar únicamente al ruido del mercado y ayudando al cliente a mantener una visión de largo plazo.
La confianza es el activo más valioso en esta industria. ¿Cómo contribuye la IA a que las interacciones del asesor sean más transparentes y comprensibles?
La confianza no se construye porque la IA responda más rápido, sino porque ayuda al asesor a conocer mejor a su cliente. Al disponer de una visión completa de la situación patrimonial, los objetivos de inversión y el historial de la relación, el asesor puede mantener conversaciones mucho más relevantes y anticiparse a las necesidades del inversor. Acompañar al asesor durante todo el ciclo de relación con el cliente, trabajando sobre los propios datos y el marco de gobierno de la entidad. De este modo, la IA deja de ser una herramienta puntual para convertirse en un apoyo permanente del asesor, reforzando la coherencia, la trazabilidad y la confianza en cada interacción.
El compliance es uno de los mayores quebraderos de cabeza del sector financiero europeo, ¿cómo abordan este desafío?
Precisamente por ello, la IA debe desplegarse sobre plataformas diseñadas para sectores altamente regulados. No basta con que un modelo genere respuestas; es necesario que opere sobre datos gobernados, con controles de acceso, trazabilidad y supervisión humana. La IA puede ayudar a automatizar tareas relacionadas con la documentación, el seguimiento de procesos o la preparación de información para auditorías, reduciendo la carga administrativa sin comprometer los requisitos regulatorios. La combinación de IA, gobierno del dato y supervisión humana es clave para que la innovación avance al mismo ritmo que el cumplimiento normativo.
Pensando en la transferencia de patrimonio intergeneracional, ¿en qué medida ayuda la tecnología a conectar con el perfil del nuevo inversor nativo digital?
La nueva generación de clientes espera una experiencia muy diferente a la de sus predecesores. Demanda interacciones más ágiles, personalizadas y digitales, pero sigue valorando el asesoramiento experto cuando se enfrenta a decisiones patrimoniales complejas. De hecho, según el EY Global Wealth Research Report 2025, el 64% de los clientes espera que su asesor comprenda sus circunstancias personales y objetivos, no solo su situación financiera. El reto para las entidades es responder a esas nuevas expectativas sin perder el valor diferencial de la relación personal.
En este contexto, la IA permite a los asesores ofrecer un servicio mucho más proactivo y contextualizado, con acceso inmediato a toda la información relevante sobre el cliente y su patrimonio. Al actuar como un compañero digital, amplía la capacidad del profesional para ofrecer una atención más personalizada y continua, combinando la inmediatez que esperan los nuevos clientes con la confianza y el criterio profesional que siguen siendo esenciales en la gestión patrimonial.
¿Cuál su visión sobre cómo lucirá una oficina de banca privada líder dentro de cinco años?
Creemos que la oficina de banca privada del futuro estará formada por asesores respaldados por un equipo de agentes de IA especializados que trabajarán como compañeros digitales, ampliando su capacidad para atender a cada cliente con un mayor nivel de personalización, proactividad y eficiencia. Estos agentes asumirán gran parte del trabajo operativo —preparación de reuniones, seguimiento de clientes, documentación, monitorización de carteras o identificación de oportunidades— mientras el asesor se concentrará en aquello que aporta un verdadero valor diferencial: generar confianza, comprender las necesidades del cliente y ofrecer criterio. La IA no cambia la esencia del asesoramiento, cambia la capacidad del asesor para ofrecerlo.
La diferencia no estará en incorporar una herramienta de IA más, sino en disponer de una plataforma integrada capaz de acompañar al asesor durante toda su actividad diaria. La oficina de banca privada líder no será la que sustituya asesores por inteligencia artificial, sino la que consiga que cada asesor multiplique su capacidad para ofrecer un servicio más personalizado, más proactivo y de mayor valor. Esa es la visión que impulsamos en Salesforce, concluye el directivo.
La postura de Salesforce y de Alejandro es clara, la verdadera revolución de la inteligencia artificial en la banca privada no consistirá en sustituir el factor humano, sino en liberar el tiempo necesario para cultivar relaciones cada vez más profundas y mucho más personalizadas que las que conocemos a día de hoy. En un mercado cada vez más complejo y regulado, las firmas que logren combinar la precisión tecnológica con el criterio y la empatía del asesor serán, sin duda, las que definan el futuro de la gestión de patrimonios.



