Este domingo se jugará la final de la copa mundial de fútbol 2026 entre las selecciones de España y Argentina; en lo deportivo será el cerrojazo de un evento que pasará a la historia por ser el primero que se lleva a cabo con 48 selecciones participantes, pero en términos de negocio será el inicio de un ciclo que llegará a su climax en 2030.
Para FIFA, la Copa del Mundo no es únicamente un torneo de un mes, sino el principal activo que sostiene su modelo de negocio. De acuerdo con su presupuesto para el ciclo 2023-2026, el organismo proyectó ingresos cercanos a 11.000 millones de dólares, impulsados principalmente por la expansión del torneo a 48 selecciones y un mayor número de partidos, lo que incrementó las oportunidades de comercialización.
La mayor parte de esos recursos proviene de los derechos de televisión (4.264 millones de dólares), ticketing y hospitalidad (3.097 millones), derechos comerciales y patrocinio (2.693 millones) y licencias comerciales. Estas cifras representan el mayor presupuesto en la historia del organismo.
Las cifras anteriores confirman una tendencia que los inversionistas deportivos vienen observando desde hace varios años: el futbol dejó de ser únicamente un producto de entretenimiento para consolidarse como una plataforma global de generación de valor, y un negocio extraordinario que abarca diversas facetas, incluyendo los grandes fondos de inversión.
Un negocio que trasciende los 90 minutos
A diferencia de otros eventos deportivos, el Mundial concentra en pocas semanas una cadena de valor que involucra a empresas de medios, aerolíneas, hotelería, tecnología, consumo masivo, banca, telecomunicaciones, logística y comercio electrónico, por mencionar algunas, las más visibles.
Para FIFA, cada edición del torneo es el principal detonador de ingresos del ciclo cuatrienal. En su reporte financiero, el organismo señala que la venta de derechos audiovisuales continúa siendo su principal fuente de recursos, seguida por los acuerdos comerciales con patrocinadores globales y regionales, así como por la venta de boletos y paquetes de hospitalidad.
La expansión del Mundial también incrementó el inventario comercial. Más partidos significan más espacios publicitarios, más hospitalidad corporativa, más contenidos para televisión y plataformas digitales y una mayor exposición para las marcas patrocinadoras.
Los «campeones» financieros
Aunque la atención mediática suele centrarse en la selección campeona, en realidad los grandes beneficiarios económicos son actores cuya rentabilidad no depende del resultado deportivo.
En primer lugar, sin duda alguna, está la FIFA, que capitaliza prácticamente todas las líneas de negocio del torneo: derechos audiovisuales, marketing, licencias, hospitalidad y venta de entradas.
En segundo lugar aparecen las empresas patrocinadoras. Marcas globales como Adidas, Coca-Cola, Visa, Hyundai-Kia, Aramco, Lenovo y Qatar Airways utilizan el Mundial como una plataforma para fortalecer su posicionamiento, incrementar ventas y acelerar campañas de marketing en prácticamente todos los mercados donde operan.
La cartera de patrocinadores también se ha ampliado con nuevos acuerdos regionales y sectoriales, reflejando el creciente valor comercial del torneo.
Los grupos de medios constituyen otro de los grandes ganadores. En Estados Unidos, por ejemplo, el crecimiento de las audiencias durante el Mundial ha elevado significativamente el valor esperado de los próximos contratos de transmisión.
Analistas estiman que los siguientes derechos audiovisuales podrían alcanzar entre 1.500 y 2.000 millones de dólares para ese mercado, impulsados por el interés de plataformas como Netflix, YouTube y Disney.
Incluso elementos aparentemente menores del espectáculo deportivo generan nuevas fuentes de ingresos. Durante este Mundial, las pausas oficiales de hidratación abrieron inventario adicional para publicidad televisiva, permitiendo a los broadcasters comercializar espacios premium cuyo valor conjunto superó los 250 millones de dólares en Estados Unidos, algo nada despreciable para sus arcas.
El legado económico trasciende
Uno de los errores más comunes consiste en medir el éxito financiero de los Mundiales únicamente por el gasto turístico durante el torneo. La realidad es que muchas de las inversiones comienzan a generar retornos una vez concluida la competencia.
Las ciudades sede fortalecen su posicionamiento internacional; los operadores aeroportuarios, hoteleros y de transporte aprovechan la mayor visibilidad; las marcas deportivas continúan monetizando la venta de camisetas y mercancía oficial; mientras que las plataformas digitales mantienen audiencias construidas durante varias semanas de competencia.
No obstante, el impacto económico tampoco debe sobreestimarse. Un análisis reciente de Reuters señala que, aunque FIFA será el principal beneficiario financiero del torneo, las ciudades anfitrionas registran beneficios más moderados debido a los elevados costos operativos y de seguridad, así como al efecto de sustitución del turismo en algunos destinos maduros.
Esa experiencia refuerza la importancia de evaluar los grandes eventos deportivos bajo criterios de rentabilidad de largo plazo y no únicamente por el flujo de visitantes durante las semanas de competencia.
El siguiente Mundial ya comenzó
La conclusión más relevante para empresas e inversionistas es que el Mundial funciona como un ciclo permanente de negocios.
La realidad es otra; una vez concluida la final, comienza inmediatamente la negociación de nuevos contratos de patrocinio, la renovación de derechos audiovisuales, la planeación de campañas comerciales, el desarrollo de plataformas digitales, la incorporación de nuevas tecnologías y la preparación de infraestructura para el siguiente evento.
En otras palabras, mientras los aficionados celebran al campeón del mundo, la industria del deporte ya trabaja en la siguiente oportunidad de negocio.
Ese quizá sea el mayor aprendizaje financiero que deja el torneo: el trofeo se entrega una sola vez, pero los flujos de ingresos derivados del Mundial continúan generándose durante años.
Para FIFA, las marcas globales, las empresas de medios y buena parte de la economía deportiva internacional, el silbatazo final nunca representa el cierre del negocio, simplemente marca el inicio del siguiente ciclo de crecimiento.



