El inversionista latinoamericano tiene desde hace años una relación principalmente local con los mercados financieros: depósitos bancarios, bienes raíces, deuda gubernamental y fondos tradicionales dominan la construcción patrimonial. Pero una nueva tendencia comienza a modificar esa ecuación.
Los ETF (Exchange Traded Funds), vehículos que permiten invertir en una canasta diversificada de activos como acciones, bonos, materias primas o sectores específicos a través de una sola operación bursátil, están abriendo una nueva etapa para los inversionistas de la región. La misma herramienta que transformó la industria financiera estadounidense empieza a ganar espacio en América Latina, impulsada por tres fuerzas: digitalización de las inversiones, mayor demanda por diversificación internacional y búsqueda de productos con menores costos.
Cuando apareció el primer ETF en Estados Unidos en 1993, pocos imaginaron que se convertiría en uno de los mayores cambios estructurales de la industria de gestión de activos. Tres décadas después, el mercado global de ETFs administra alrededor de 14 billones de dólares en activos, de acuerdo con datos de la firma especializada ETFGI.
El crecimiento ha sido acelerado: En 2003, los ETFs globales administraban menos de 200 mil millones de dólares. En 2013 superaron los 2 billones de dólares. En 2020 alcanzaron aproximadamente 7,7 billones de dólares. Actualmente superan los 14 billones de dólares.
El crecimiento refleja un cambio profundo: los inversionistas dejaron de verlos únicamente como instrumentos tácticos utilizados por instituciones y comenzaron a incorporarlos como piezas centrales de sus portafolios.
La expansión de los ETFs está relacionada con una transformación mayor: el crecimiento de la inversión pasiva; durante décadas, la industria estuvo dominada por gestores que buscaban superar al mercado mediante selección activa de acciones. Sin embargo, diversos estudios demostraron que una gran parte de los fondos activos no logra superar consistentemente a sus índices de referencia después de descontar comisiones.
Esto abrió espacio para productos que simplemente replican índices como: S&P 500, Nasdaq 100, mercados emergentes, sectores tecnológicos, inteligencia artificial, energía y bonos internacionales. El atractivo es sencillo y consiste en la diversificación inmediata, transparencia y costos reducidos.
La expansión de los ETFs convirtió a esta industria en uno de los principales campos de competencia entre las grandes gestoras internacionales. BlackRock, a través de su plataforma iShares, se convirtió en el mayor proveedor mundial de ETFs.
Su negocio de fondos cotizados administra varios billones de dólares y ofrece exposición a prácticamente todos los mercados y sectores relevantes. Vanguard Group también impulsó una revolución al popularizar fondos indexados de bajo costo para inversionistas individuales.
El resultado es que hoy un inversionista minorista puede acceder desde una cuenta digital a empresas como Apple,
Microsoft, Nvidia, Amazon, empresas energéticas, bancos globales, mercados asiáticos o deuda soberana internacional, entre muchos. Hace apenas unas décadas, ese nivel de acceso estaba reservado principalmente para inversionistas institucionales.
América Latina: un mercado pequeño con enorme potencial
Aunque la región todavía representa una fracción del mercado global, los administradores de activos observan una oportunidad importante. La razón es estructural, América Latina tiene una enorme concentración de ahorro, pero históricamente poca inversión diversificada y la penetración bursátil sigue siendo baja frente a mercados desarrollados.
Por ejemplo: En Estados Unidos, una proporción significativa de los hogares participa directa o indirectamente en los mercados accionarios. En cambio en varios países latinoamericanos, la participación de inversionistas individuales sigue siendo reducida, ese diferencial representa una oportunidad para los ETFs.
México aparece como uno de los países con mayor oportunidad para el crecimiento de ETFs por varias razones:
1) Mayor conexión con mercados internacionales. La integración económica con Estados Unidos facilita que los inversionistas mexicanos busquen exposición a empresas globales. El fenómeno del nearshoring también ha incrementado el interés por sectores específicos.
2) Crecimiento de plataformas digitales. La aparición de nuevas casas de bolsa digitales y fintechs ha reducido las barreras de entrada. El inversionista joven ya no necesariamente depende de un asesor tradicional; puede abrir una cuenta, transferir recursos y construir un portafolio internacional desde una aplicación móvil.
3) Mayor educación financiera. El crecimiento de contenidos financieros en redes sociales y plataformas digitales está creando una nueva generación interesada en invertir.
Brasil: el mercado ETF más desarrollado de América Latina
Brasil es actualmente el mercado más avanzado de ETFs en la región. La profundidad de su mercado financiero permitió el crecimiento de vehículos vinculados tanto al mercado local como a índices internacionales.
La bolsa brasileña, B3, cuenta con una oferta creciente de ETFs que permiten invertir en acciones brasileñas,
índices internacionales, renta fija y sectores específicos. El país también tiene una industria de fondos mucho más desarrollada que otros mercados latinoamericanos.
La asociación brasileña ANBIMA ha documentado durante años el crecimiento del mercado de fondos brasileño, uno de los más grandes de la región.
Chile y Colombia avanzan en la misma dirección
Chile, con una tradición financiera más desarrollada, también ha impulsado vehículos ligados a mercados internacionales. Su sistema previsional, aunque en transformación, generó durante décadas una cultura de inversión institucional que ayudó al desarrollo del mercado financiero.
Colombia, por su parte, ha visto crecimiento en productos indexados y mayor interés por instrumentos internacionales entre inversionistas sofisticados.
El nuevo competidor: las plataformas digitales
El crecimiento futuro de los ETFs en Latinoamérica probablemente no dependerá solamente de las grandes administradoras. También estará impulsado por fintechs, casas de bolsa digitales, plataformas de inversión automatizada, robo advisors.
La lógica es similar a la transformación que ocurrió con los pagos digitales, primero fueron utilizados por inversionistas sofisticados y después llegaron al mercado masivo.
Los ETFs representan algo más que un nuevo producto financiero, son parte de una transformación mayor: el paso de una cultura de ahorro tradicional hacia una cultura de inversión global.
Para América Latina, donde millones de personas todavía no participan activamente en los mercados financieros, los ETFs pueden convertirse en una puerta de entrada hacia una nueva generación de inversionistas. La pregunta ya no es si los ETFs llegarán a la región; la pregunta es qué tan rápido cambiarán la forma en que los latinoamericanos construyen patrimonio.


