El panorama crediticio mundial está evolucionando rápidamente, marcado por las persistentes preocupaciones sobre la inflación, los cambios en la política monetaria, la solidez de los fundamentos empresariales y la volatilidad. En este contexto, los emisores corporativos de primera línea se consideran cada vez más menos arriesgados que muchos emisores soberanos. Sin embargo, ante esta incertidumbre, resulta clave volver a centrarse en los fundamentales, entre ellos la calidad del emisor y la diversificación.
El contexto macroeconómico
El reciente repunte de los precios de la energía y las materias primas, debido en particular al conflicto con Irán, ha reavivado el temor a un repunte de la inflación a nivel mundial, cuando el shock de precios de 2022 aún está muy presente en la mente de los inversores. En consecuencia, los rendimientos están aumentando, ya que los mercados anticipan nuevas medidas de endurecimiento y que la inflación se mantenga elevada.
A pesar de estos obstáculos, la liquidez del sistema financiero sigue siendo sólida, como demuestra la expansión de la base monetaria M2, lo que ha contribuido a evitar caídas bruscas en los activos de riesgo. Cabe destacar que ha cambiado la percepción tradicional de que los bonos soberanos son la opción más segura. Muchas empresas de primera línea, a ambos lados del Atlántico, se consideran ahora menos arriesgadas que los emisores soberanos, gracias a una gestión prudente de activos y pasivos, a la optimización de costes y a su disposición a buscar crecimiento en nuevos mercados. La rápida adopción de la inteligencia artificial para impulsar la productividad y la cuota de mercado refuerza aún más los argumentos a favor de determinados emisores corporativos.
Dinámica del mercado
Los diferenciales crediticios siguen siendo ajustados, pero los inversores siguen buscando una rentabilidad adicional en los bonos corporativos. La reciente volatilidad del mercado, especialmente en marzo, puso a prueba la resistencia de los mercados de crédito. Si bien los derivados utilizados para coberturas se vieron afectados, los bonos corporativos al contado, tanto en EE. UU. como en Europa, se mantuvieron bien, y los inversores finales conservaron en gran medida sus posiciones.
Los flujos hacia la renta fija han sido sólidos. El repunte de los rendimientos y los diferenciales a finales de marzo desencadenó nuevas entradas en los ETFs y fondos de renta fija, y el interés por este activo quedó patente en los mercados de nuevas emisiones, tanto en Europa como en EE. UU., durante las últimas semanas.
La actividad de financiación corporativa ha alcanzado máximos históricos, satisfaciendo la demanda de los inversores de diversificación hacia sectores como el tecnológico, ya que muchas empresas están recurriendo al endeudamiento para financiar gastos de capital impulsados por la inteligencia artificial, lo que ofrece a los inversores exposición a nuevos sectores en crecimiento.
Asegurar los rendimientos y gestionar la volatilidad
Dado que la inflación enmascara los riesgos subyacentes para el crecimiento en los próximos trimestres, existe la posibilidad de que los rendimientos corporativos sean más bajos el próximo invierno. Por lo tanto, asegurar hoy los tipos de interés más altos podría resultar ventajoso, ya que protegería la rentabilidad antes de que el crecimiento económico se ralentice y los bancos centrales se planteen una relajación monetaria.
En resumen, la combinación de rendimientos elevados y unos fundamentos corporativos sólidos crea un contexto favorable para invertir en deuda corporativa tanto estadounidense como europea. Para los inversores que busquen equilibrar el riesgo y la rentabilidad en un panorama macroeconómico cambiante, este puede ser un momento oportuno para plantearse invertir.
Tribuna elaborada por Thomas Giquel, Head of Public Markets y Coralie Bonnet, Fixed Income Fund Manager, de DPAM.
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