La industria de activos alternativos en América Latina está dejando de ser un segmento complementario para convertirse en uno de los principales motores de la evolución del sistema financiero regional.
El auge del crédito privado, la infraestructura, el capital privado y los activos reales ha comenzado a modificar las estrategias de asignación de portafolios de fondos de pensiones, aseguradoras, family offices y grandes inversionistas institucionales, al tiempo que obliga a reguladores y participantes del mercado a revisar las reglas bajo las cuales opera el ecosistema financiero.
Durante años, los mercados latinoamericanos estuvieron dominados por instrumentos tradicionales —renta fija gubernamental, deuda corporativa y acciones—. Sin embargo, la búsqueda de rendimientos superiores, la necesidad de financiar sectores con insuficiente acceso al crédito bancario y el crecimiento de las necesidades de infraestructura han abierto espacio para una expansión acelerada de los mercados privados.
La tendencia forma parte de un fenómeno global. Los activos bajo administración de la industria mundial de crédito privado pasaron de alrededor de 158.000 millones de dólares en 2010 a casi 2 billones de dólares a mediados de 2024, según estudios académicos recientes.
América Latina, la dinámica adquiere características propias
De acuerdo con el CFA Institute, la región enfrenta una brecha anual de financiamiento cercana a 650.000 millones de dólares en sectores como infraestructura, transición energética, logística y financiamiento corporativo. El limitado alcance de la banca tradicional y de los mercados públicos ha permitido que los fondos privados comiencen a cubrir parte de esa necesidad.
Aunque el crédito privado representa todavía menos del 1% del financiamiento corporativo regional, el crecimiento del segmento es evidente. Solamente los fondos especializados en deuda privada con estrategias enfocadas en América Latina levantaron alrededor de 800 millones de dólares en 2025, mientras que actores regionales como Patria, Darby International Capital y otros administradores locales han comenzado a desarrollar vehículos dedicados para este tipo de activos.
Infraestructura y activos reales desplazan al private equity tradicional
La transformación también se refleja en los flujos hacia activos reales. Datos de la Global Private Capital Association (GPCA) muestran que las inversiones de capital privado en mercados emergentes aumentaron 33% durante 2025 hasta alcanzar 150.300 millones de dólares. El crecimiento fue impulsado principalmente por infraestructura y crédito privado, que registraron máximos históricos de 43.900 millones y 22.300 millones de dólares, respectivamente. Ambos segmentos concentraron prácticamente la mitad del capital invertido.
La Asociación para la Inversión de Capital Privado en América Latina (LAVCA) señala que 2024 y la primera mitad de 2025 marcaron un año de inflexión para los activos reales en la región, con una creciente participación de deuda para infraestructura y vehículos vinculados con recursos naturales.
Entre las operaciones más relevantes sobresalen:
Patria Infrastructure Fund V, de Brasil, que levantó 2.355 millones de dólares.
BTG Pactual Brazil Timberland Fund II, con 1.240 millones de dólares.
CAF-AM Ashmore Colombia Infrastructure Debt Fund II, con 440 millones.
Ashmore Andean Fund III, con 420 millones.
Vinci Climate Change Fund, con 389 millones.
CIFI Sustainable Infrastructure Debt Fund, enfocado en América Latina, con 300 millones de dólares.
Los datos de LAVCA muestran además que en 2024 se registraron 65 fondos dedicados a América Latina con cierres de captación y 707 transacciones de capital privado divulgadas en la región.
Brasil encabeza la sofisticación; México y los países andinos aceleran
Brasil continúa siendo el mercado más desarrollado en activos alternativos, impulsado por la profundidad de sus fondos de pensiones, una mayor sofisticación del inversionista institucional y una regulación relativamente avanzada.
Gestoras como Vinci Compass administraban alrededor de 327.000 millones de reales al cierre de 2024 y captaron 1.100 millones de reales adicionales en el primer trimestre de 2025. Un elemento significativo es que aproximadamente 30% de los nuevos compromisos en deuda corporativa latinoamericana provienen ya de inversionistas internacionales.
México, Colombia, Chile y Perú también han incrementado su exposición a infraestructura, crédito privado y vehículos especializados, impulsados por la creciente necesidad de financiar proyectos de energía, transporte, digitalización y transición climática.
El nuevo desafío regulatorio
El crecimiento de los alternativos está obligando a replantear algunos principios fundamentales de supervisión financiera.
Entre los principales desafíos destacan:
Liquidez
La mayoría de estos instrumentos son ilíquidos y presentan horizontes de inversión de largo plazo, lo que genera potenciales descalces con las obligaciones de algunos inversionistas institucionales.
Valuación
La ausencia de mercados secundarios profundos dificulta la formación de precios y aumenta la dependencia de metodologías de valoración internas.
Transparencia
Los mercados privados suelen ofrecer menos información pública que los instrumentos listados, complicando las tareas de supervisión y administración de riesgos.
Concentración
La creciente participación de grandes administradores internacionales y el tamaño de algunos vehículos puede incrementar riesgos sistémicos.
Gobierno corporativo
La naturaleza de las estructuras privadas exige marcos más robustos en materia de conflictos de interés, revelación de información y protección a inversionistas.
Las preocupaciones no son teóricas. En los mercados desarrollados ya se observan episodios de estrés. Datos de RA Stanger muestran que las entradas de recursos hacia fondos de crédito privado orientados a inversionistas patrimoniales cayeron 45% en el primer trimestre de 2026 frente al mismo periodo del año anterior, reflejando una mayor cautela respecto a la valuación y la liquidez de estos instrumentos.
La región podría estar entrando en una nueva etapa financiera. Más que una moda pasajera, el crecimiento de los activos alternativos parece representar un cambio estructural en la forma en que América Latina financia su desarrollo.
La industria privada está comenzando a asumir funciones que históricamente correspondían a la banca y a los mercados bursátiles. El crédito privado financia empresas medianas; los fondos de infraestructura cubren déficits de inversión pública; y los activos reales se consolidan como una fuente de diversificación para los portafolios institucionales.
La consecuencia es que la arquitectura financiera regional está evolucionando desde un modelo dominado por mercados públicos hacia un ecosistema híbrido, en el que los mercados privados adquieren una relevancia creciente.
La gran interrogante para reguladores, administradores de fondos y supervisores en la región será si las reglas diseñadas para un sistema financiero del siglo XX son suficientes para una industria en la que los activos alternativos podrían convertirse en uno de los principales motores de crecimiento y asignación de capital durante la próxima década.



