Phil Orlando, estratega jefe de mercados globales de Federated Hermes, abrió su intervención en el INSITE 2026 con un ejercicio de memoria histórica: desde Eugene Black en 1933 hasta Jerome Powell, se produjeron once transiciones de liderazgo en la Reserva Federal de Estados Unidos, y el mercado puso a prueba a cada nuevo presidente sin excepción. «El mercado atraviesa un bache, testea al nuevo líder, y luego se recupera. Al final del año el nuevo responsable gana credibilidad», señaló.
La transición actual, sin embargo, acumula particularidades que la distinguen de las anteriores. La confirmación del nuevo presidente fue la más ajustada de la historia reciente, con un resultado de 54 votos a favor y 45 en contra. Además, Jerome Powell optó por permanecer como miembro de la Junta de Gobernadores tras el vencimiento de su mandato como presidente el 15 de mayo, algo que solo había ocurrido una vez antes, con Marriner Eccles en 1948. Eso genera una dinámica inédita, con el presidente saliente y el entrante sentados en la misma mesa. Por último, en la reunión de fines de abril se registraron cuatro votos disidentes, la mayor cantidad desde 1982. El argumento de los disidentes: la Fed debería neutralizar su sesgo en función del doble mandato —inflación y mercado laboral—, dado que el empleo muestra solidez mientras la inflación continúa presionando al alza.
Con ese telón de fondo, Orlando señaló el calendario crítico para los próximos meses: reuniones el 17 de junio, el 29 de julio y el 16 de septiembre, con el discurso inaugural del nuevo presidente de la Reserva Federal en Jackson Hole (Wyoming), el 28 de agosto, como momento bisagra. «Ese será el momento en que presentará su visión. No sabemos qué dirá ni qué hará, pero el mercado estará muy atento», advirtió. Su conclusión: existe una probabilidad real de turbulencias durante el verano.
A pesar de las incertidumbres monetarias, Orlando se mostró constructivo sobre el estado de la economía. Las ventas minoristas de marzo y abril combinadas crecieron un 4,5% interanual, un resultado que calificó de sólido. Reconoció el argumento de la economía bifurcada, pero lo relativizó con un ejercicio de aritmética directa: el 10% más rico de la población representa aproximadamente el 50% del gasto del consumidor, y el consumo privado equivale al 70% del PIB. Por tanto, ese decil superior explica cerca de un tercio del PIB. «Los precios de las acciones están en máximos históricos y el valor de las viviendas subió un 50% desde los mínimos del COVID. El 60% de los estadounidenses tiene acciones y propiedades. Están bien, y están gastando», explicó.
En el segmento de menores ingresos, las reformas impositivas recientemente aprobadas generaron ahorros de alrededor del 18% interanual, suficientes para absorber el impacto del aumento en los precios de la energía durante aproximadamente seis meses.
En el plano empresarial, Orlando destacó la deducción inmediata de inversiones de capital (full expensing of corporate capex) como el elemento más estimulante de la legislación fiscal aprobada. El resultado: la productividad creció un 3% en los últimos cuatro trimestres, muy por encima del promedio histórico de casi el 2% de las últimas cinco décadas. Con todos estos elementos, proyectó un crecimiento del PIB para 2027 en torno al 3%, sensiblemente por encima del consenso del mercado, que se ubica cerca del 2%.
Sobre política monetaria, Orlando fue directo. El bono del Tesoro a dos años pasó de 3,40% —nivel en que se encontraba cuando se presionaba a la Fed para bajar tasas— a 4,10% actualmente, como reflejo del shock de oferta energético y la inflación. Mirando los datos con honestidad, el movimiento más probable sería una suba de tasas antes que un recorte. Sin embargo, aclaró que ante shocks de oferta transitorios la Fed suele no reaccionar: «Lo más probable es que la Fed no haga nada y espere a que la situación energética y la inflación se normalicen».
Sobrevaloración, no burbuja: el diagnóstico y la estrategia
Orlando fue enfático en rechazar la comparación con la burbuja tecnológica de finales de los años noventa. «Estas son empresas reales, con productos reales, ingresos reales, ganancias reales y valuaciones reales», dijo. No obstante, admitió que las valoraciones están por delante de los fundamentales: su estimación para el S&P 500 es de 20 veces las ganancias esperadas de las empresas para los próximos 12 meses, mientras que el múltiplo actual ronda las 22,5 veces, lo que implica que el mercado cotiza con un adelanto de entre el 12% y el 13% respecto a donde debería estar.
«¿Podría haber un ajuste del 10% durante el verano y comienzos del otoño? Absolutamente. Pero no estamos ni cerca del colapso del 85% que vimos en el Nasdaq entre 2000 y 2003», precisó.
En términos de asignación de activos, Federated Hermes mantiene un sesgo de 6 puntos porcentuales hacia la renta variable sobre su referencia —66% en acciones, 34% en bonos y efectivo—, pero Orlando fue preciso sobre dónde concentrar esa exposición. No en tecnología de megacapitalización, que cotiza a entre 30 y 40 veces beneficios, sino en sectores con valuaciones en la zona de 14 o 15 veces: grandes y pequeñas capitalizaciones domésticas y mercados emergentes. Estos sectores además ofrecen dividendos de entre el 3% y el 5%.
«Si la tecnología cae un 20% o 30%, esos sectores quizás caigan un 5%, compensado en parte por el dividendo. La clave es mantenerse invertido pero enfocado en la valuación», resumió. En renta fija, señaló que el mercado de bonos reaccionó con más claridad que el de acciones ante el repunte de la inflación: el rendimiento del bono del Tesoro a 10 años subió desde alrededor del 4,33% hasta cerca del 4,70%.
El ciclo electoral: el bache que siempre es una oportunidad
Para cerrar, Orlando situó el momento actual en perspectiva histórica. En los últimos 80 años del S&P 500, los dos trimestres centrales del año electoral de mitad de mandato han sido históricamente los más débiles, en parte porque el partido en el gobierno suele perder escaños. Este año confluyen además una transición en la Fed y un ciclo electoral de mitad de mandato, combinación que solo se ha producido seis veces en los últimos 93 años, siempre con un bache de mercado de alrededor del 10% en el período central del año.
Pero esa debilidad también ha sido, de forma consistente, una oportunidad de entrada: desde el suelo del mercado en esos años, la renta variable protagonizó aumentos sostenidos durante los dos años y medio siguientes. «Si estoy en lo correcto y hay un bache en el próximo trimestre o dos, ese será el momento de comprar con convicción. Creo que estaremos en máximos históricos nuevamente antes de fin de año», concluyó.



