El agua dulce se ha convertido en una preocupación común para la mayoría de las regiones geográficas. Aunque el agua cubre el 71 % de la superficie terrestre, solo el 2,5 % es agua dulce, y apenas el 0,8 % es accesible y apta para el consumo. La disponibilidad de agua, ya sea para el consumo seguro o como componente esencial de los procesos de fabricación o refrigeración, se ve cada vez más amenazada por la creciente demanda, la contaminación cada vez mayor y los efectos del cambio climático.
A medida que la urbanización y la agricultura intensiva se extienden por todo el mundo, el agua dulce se ve cada vez más contaminada con materia orgánica, metales pesados y sustancias químicas (incluidos los «contaminantes de preocupación emergente», como los productos farmacéuticos y las sustancias perfluoroalquílicas y polifluoroalquílicas [PFAS]), así como con contaminantes microbiológicos, como bacterias, hongos y virus. El departamento de Investigación en Sostenibilidad de Lombard Odier estima que los sistemas de análisis, tratamiento y reciclaje de aguas residuales aumentarán y que, para 2030, representarán un mercado global potencial de entre 470.000 y 630.000 millones de dólares.
La concienciación pública sobre la calidad del agua y sus posibles efectos en la salud humana está aumentando, lo que ejerce presión sobre los gobiernos para que adopten normativas más estrictas. En 2023, Dinamarca, Alemania, los Países Bajos, Noruega y Suecia presentaron una propuesta para restringir alrededor de 10.000 PFAS en el marco de REACH, el reglamento de la Unión Europea sobre sustancias químicas, reconociendo que los PFAS son sustancias químicas persistentes que perjudican la reproducción y el desarrollo fetal, pueden provocar cáncer e interfieren con el sistema endocrino. En diciembre de 2024, la Agencia Europea de Medio Ambiente informó de que “el sulfonato de perfluorooctano (PFOS) está muy extendido en las aguas europeas”, contaminando más del 50 % de los ríos y entre el 47 % y el 100 % de las aguas costeras, y superando a menudo los umbrales reglamentarios. En enero de 2026, la Unión Europea publicó un informe en el que se estimaba el coste de la contaminación por PFAS en 440.000 millones de euros si no se toman medidas antes de 2050.
Algunos países están tomando medidas: desde el 12 de enero de 2026, los PFAS y otros contaminantes emergentes deben ser objeto de control en los países de la UE, en virtud de la Directiva sobre el agua potable de la Unión Europea. Los niveles de concentración que superen el umbral reglamentario dan lugar a la obligación de llevar a cabo medidas correctoras. Se han adoptado medidas similares en otras partes del mundo: once estados de EE. UU. cuentan con su propia normativa sobre PFAS en el agua potable.
En Japón, el Ministerio de Medio Ambiente anunció en diciembre de 2024 que las actuales directrices sobre PFAS en el agua potable se convertirán en una norma de calidad del agua legalmente vinculante a partir de abril de 2026.
Los proveedores de soluciones como oportunidades de inversión
Para integrar el tema del agua dulce en nuestras carteras sostenibles, buscamos en primer lugar oportunidades financieras entre los proveedores de soluciones. Es probable que la creciente necesidad de detectar, medir y eliminar los microcontaminantes del agua genere nuevas fuentes de beneficios para las empresas que ofrecen servicios de análisis y capacidades de tratamiento avanzado.
La mayoría son empresas diversificadas, y los análisis medioambientales no constituyen su actividad principal; sin embargo, otras son líderes más especializadas en este ámbito, y cuentan con una amplia gama de instrumentos y bajos límites de detección para una gran variedad de compuestos PFAS.
El mercado actual de las tecnologías de tratamiento de aguas se estima en 220.000 millones de euros y crece entre un 2 % y un 3 % anual, según la empresa de gestión de residuos y tratamiento de aguas Veolia. La demanda de soluciones de análisis y tratamiento de aguas por parte de las empresas de servicios públicos; las regulaciones gubernamentales más estrictas en materia de contaminación del agua; y las crecientes necesidades de las economías emergentes también deberían beneficiar a las empresas que ofrecen tecnologías de agua innovadoras, como los sistemas de oxidación avanzada o de tratamiento con luz ultravioleta. La oxidación avanzada combina la luz ultravioleta con peróxidos para descomponer los contaminantes emergentes en subproductos inofensivos. El tratamiento con luz ultravioleta inactiva los microorganismos y desinfecta el agua potable, las aguas residuales y el agua de alta pureza. Estos sistemas pueden complementarse con análisis de datos avanzados para un tratamiento más eficiente del agua municipal, industrial y residencial.
Según un discurso pronunciado por el director ejecutivo de Ecolab en el Foro Económico Mundial de 2025, el desequilibrio entre la oferta y la demanda de agua dulce para 2030, que en 2019 se había estimado en un 30 %, se ha disparado ahora hasta el 56 % debido al rápido desarrollo de la inteligencia artificial (IA). La refrigeración de los nuevos centros de datos de IA requerirá el equivalente al consumo de agua potable de Estados Unidos en los próximos cinco años. El Departamento de Energía de EE. UU. llegó a una conclusión similar en un informe de diciembre de 2024: estimó que el consumo directo de agua de los centros de datos estadounidenses se multiplicará por dos o por cuatro para 2028 (de 66.000 millones de litros en 2023 a entre 145.000 y 275.000 millones de litros para 2028); esto representa una tasa de crecimiento anual compuesta del 17-33%.
A escala global, la solución obvia es reutilizar el agua de una forma mucho más sistemática. Los procesos industriales deben rediseñarse para eliminar el concepto de aguas residuales y promover los circuitos cerrados. Los proveedores de soluciones en este ámbito ofrecen una gama de soluciones hídricas que integran sensores, química y análisis predictivo para optimizar el uso del agua en los sistemas de refrigeración, utilizando en algunos casos aguas residuales en lugar de agua potable y reduciendo significativamente el consumo de agua.
Por otra parte, otros proveedores privados ofrecen una tecnología de refrigeración líquida sin agua que evita los problemas relacionados con el agua y permite la reutilización del 100% del calor en el centro de datos, abordando así el problema de los centros de datos que operan en zonas con estrés hídrico.
El impacto de las empresas en el sector del agua
Nuestro siguiente paso consiste en prestar especial atención al impacto de las empresas en el estrés hídrico y la contaminación del agua como parte de nuestra evaluación de sostenibilidad. Por ejemplo, aunque consideramos que los semiconductores son una parte integral de la transición sostenible debido a su papel crucial en la electrificación de la economía y el aumento de la eficiencia energética, la cantidad de agua necesaria para producirlos supone una amenaza para las comunidades y los territorios cercanos a sus centros de fabricación.
Del mismo modo, algunos centros de datos consumen millones de galones de agua al día para mantener la refrigeración. Por lo tanto, debemos sopesar cuidadosamente las ventajas frente a los inconvenientes de estas innovaciones tecnológicas.
En el sector de los semiconductores, muchos fabricantes tienen su sede en zonas con un alto estrés hídrico, como China, Taiwán y Estados Unidos. Estos riesgos hídricos se ven agravados por los efectos del cambio climático, que provocan sequías más frecuentes y severas. La escasez de agua tiene consecuencias sociales y medioambientales, entre las que se incluyen los conflictos sociales, la inseguridad alimentaria, la degradación medioambiental, la desertificación y el deterioro de la calidad del agua. Sin embargo, los riesgos hídricos asociados pueden mitigarse mediante evaluaciones de riesgos hídricos, la identificación de zonas con escasez de agua, la colaboración con los proveedores para adoptar prácticas más eficientes en el uso del agua y el uso de certificaciones validadas por terceros para garantizar que se cumplan las mejoras en sus instalaciones, minimizando el consumo de agua y aumentando su reciclaje.
Nuestra evaluación de sostenibilidad sobre cómo participa cada empresa en la transición se compone de tres criterios: Contribución, no causar daños significativos y Gobernanza. Para que se considere que contribuyen a la mitigación del cambio climático, los productos y actividades deben demostrar mejoras en la eficiencia energética en comparación con las soluciones tradicionales, o bien deben contribuir a los esfuerzos de modelización climática. Esto incluye, por ejemplo, la integración de sistemas de IA para optimizar la gestión energética, reducir el consumo de electricidad, modelar los riesgos de inundaciones y mejorar los procesos industriales.
Para que los centros de datos sean clasificados específicamente como sostenibles por Lombard Odier, deben identificar y gestionar los riesgos relacionados con el agua como una cuestión prioritaria. Esto puede incluir un plan sólido de gestión del agua, altas tasas de reciclaje, baja exposición a zonas con estrés hídrico y la ausencia de controversias significativas relacionadas con el agua.
En la práctica, llevamos a cabo una serie de pruebas específicas utilizando indicadores concretos como la intensidad hídrica, la proporción de residuos peligrosos y la identificación de actividades de fabricación en lugares con estrés hídrico. La empresa se evalúa tanto en términos absolutos como en relación con el sector, para garantizar que solo las “best in class” se mantengan en nuestro universo de inversión sostenible.
Curiosamente, algunas empresas tecnológicas están impulsando la innovación en el ámbito de los centros de datos. Por ejemplo, Microsoft anunció el año pasado un nuevo diseño de centro de datos en el que una solución de refrigeración a nivel de chip permite controlar la temperatura sin evaporación. Esto reduce el consumo de agua en 125 millones de litros al año por cada centro de datos. Sin embargo, por muy alentador que sea esto, aún queda mucho por hacer para lograr la plena circularidad del agua en los sistemas de refrigeración.
Financiación de proyectos que contribuyen a la conservación del agua dulce
Finalmente, estos proyectos pueden financiarse mediante bonos etiquetados, es decir, bonos emitidos por gobiernos, organismos supranacionales o empresas, que utilizan la divulgación anual para monitorizar el progreso de proyectos sostenibles previamente anunciados e indicadores clave de desempeño, como la capacidad de tratamiento de aguas residuales construida o mejorada, la provisión o rehabilitación de fuentes de agua o la gestión de aguas residuales.
El 15% de los bonos de nuestra selección de bonos etiquetados destina una parte del capital prestado a proyectos sostenibles de agua y/o control de la contaminación. Los emisores pueden ser instituciones supranacionales en mercados emergentes (principalmente América Latina); en EE. UU., empresas de servicios públicos con necesidades de financiamiento superiores a 600.000 millones de dólares para modernizar su infraestructura hídrica; o líderes del sector tecnológico que optimizan sus procesos de fabricación. También es posible acceder de manera oportunista a soluciones de gestión del agua a través de fondos de infraestructura especializados.
Tribuna de Nathalie Chanteclair de Lombard Odier.




Por Beatriz Zúñiga
Por Alicia Miguel Serrano