Algunas gestoras ya están explorando la posibilidad de tokenizar fondos, analizando sus procesos y ventajas, y comprobando cómo pueden hacer más eficiente toda la cadena de valor y reducir costes. Pero, ¿cómo son esos vehículos tokenizados regulados y en qué se diferencian de un fondo tradicional? ¿Cómo identificar uno y otro? La clave está en la forma –en el registro, principalmente-, no el fondo.
Desde Inverco recuerdan que desde un punto de vista jurídico y económico, el fondo sigue siendo el mismo: se trata de una institución de inversión colectiva con los mismos activos, política de inversión y niveles de protección del inversor. La novedad se sitúa en el plano formal y operativo: “En el ordenamiento español, la Ley del Mercado de Valores y de los Servicios de Inversión de 2023 ha adaptado el marco jurídico para reconocer expresamente la representación y el registro de valores mediante sistemas de registro distribuido (DLT), permitiendo su emisión, registro, transmisión y custodia a través de este tipo de infraestructuras. En este contexto, la tokenización de participaciones de fondos no altera la naturaleza del producto ni los derechos del inversor, pero sí implica un cambio en el modelo de registro, que exige la designación de una entidad responsable de la administración de la inscripción y registro de los valores negociables en los sistemas basados en tecnología de registro distribuido, sujeta a supervisión. Se trata, por tanto, de una diferencia operativa y tecnológica, y no de una modificación sustantiva del régimen jurídico ni de las salvaguardas aplicables al inversor”, explican en la asociación.
“Es el mismo fondo, si tienen la misma estrategia y los mismos activos. La diferencia está en cómo se representa la participación del inversor. En lugar de un registro en sistemas tradicionales, la participación se materializa en tokens sobre una infraestructura de registro distribuido (DLT). Esto permite transferencias, liquidación y servicing mucho más eficientes, con mayor automatización, trazabilidad y una gestión más ágil del colateral. En un fondo tradicional, el registro de partícipes y las operaciones dependen de múltiples intermediarios y reconciliaciones. En uno tokenizado, el registro en DLT habilita liquidación casi instantánea y un mejor seguimiento de las posiciones”, explica Ángela Álvarez, fundadora y CEO de Aglaia Capital y Action Monkey, y profesora adjunta del IE Business School.
Diferencias operativas
“La diferencia fundamental radica en el soporte tecnológico y en la forma en que se registran los derechos económicos. Mientras que un fondo tradicional se basa en registros electrónicos centralizados, un fondo tokenizado utiliza tecnologías de registro distribuido para representar la titularidad de los activos en forma digital. Esto no altera la naturaleza económica del activo subyacente, pero sí puede introducir nuevas eficiencias operativas”, coinciden en BlackRock.
Una diferencia operativa relevante se encuentra en la gestión de procesos como la liquidación o la conversión de posiciones. En determinados modelos experimentales, la tokenización podría permitir una mayor agilidad operativa, como la conversión más rápida entre representaciones digitales de activos y efectivo digital. Estas funcionalidades dependen del diseño del producto, del marco regulatorio aplicable y de la infraestructura utilizada, explican en la gestora.
Otras son la liquidación en tiempo real, la transparencia y la “apertura” 24 horas. De hecho, lo que hay dentro del fondo no cambia, pero sí pueden cambiar procesos clave como éstos: “Si miras lo que hay dentro, la cartera de activos puede ser exactamente la misma. La verdadera diferencia está en el «envoltorio» y en cómo se gestiona. Un fondo tradicional depende de una cadena de intermediarios: custodios, transfer agents, distribuidores, etc que tienen que ponerse de acuerdo y cruzar sus bases de datos, lo que tarda días. En un fondo tokenizado, el registro es la propia blockchain. Esto permite que el fondo esté abierto las 24 horas del día, que la liquidación sea prácticamente en tiempo real y que el inversor tenga una transparencia total de lo que posee en cada segundo, sin esperar al cierre de mercado”, añade Jorge Soriano, CEO de Criptan.
Nuevos mercados y precios más bajos
Y también puede ampliar las posibilidades de distribución. También Matthieu Brunhammer, Head of Digital Solutions en Société Générale Securities Services (SGSS), insiste en que la estrategia de inversión es la misma. “Lo que cambia es la infraestructura: las participaciones de los inversores se representan como tokens digitales en lugar de inscribirse en registros tradicionales. Esto puede acelerar la liquidación, mejorar la trazabilidad y ampliar la distribución, sin alterar las protecciones regulatorias”, defiende.
En Fidelity hablan también de la posibilidad de “abrir nuevos mercados” y de nuevas formas de transferir valor: “Los fondos tokenizados representan vehículos de inversión colectiva (por ejemplo, fondos mutuos, ETFs, fondos del mercado monetario) en la blockchain, con la propiedad registrada como tokens digitales. Ofrecen el potencial de abrir nuevos mercados, optimizar procesos y desbloquear nuevas formas de transferencia de valor en comparación con los fondos tradicionales”, explica Giselle Lai, Associate Director of Digital Assets en Fidelity International.
Los costes suponen «la» diferencia clave: “Estamos ante la posibilidad de reducir los costes de administración de los fondos a una fracción de lo que son hoy, lo que permitirá a las gestoras ser mucho más competitivas y ofrecer productos más personalizados y accesibles”, añaden en Criptan.
Ventajas que ayudarán la creación de fondos tokenizados, que pueden ser de dos tipos: el más transformador es el registro on-chain, donde el registro oficial de partícipes vive en la DLT; en el otro tipo, el token refleja la participación, pero el registro legal sigue off-chain, capturando solo parte de los beneficios de la tokenización. Por eso en Fidelity lanzan un mensaje a favor de dar pasos adelante para evolucionar las estructuras: “La mayoría de los modelos actuales de tokenización son gemelos digitales de fondos tradicionales. Replican estructuras heredadas en cadena en lugar de reimaginarlas para una economía digital 24/7 donde la liquidación ocurre casi en tiempo real. Para realizar plenamente el potencial de la tokenización, las estructuras de los fondos deben evolucionar hacia nativos digitales, diseñados para ofrecer liquidación casi instantánea, ventanas de liquidez dinámicas y acumulación automatizada de rendimiento directamente dentro de contratos inteligentes”, defiende Lai.
Las diferencias en riesgos
Los expertos coinciden en que la tokenización no introduce necesariamente peligros de naturaleza distinta a los ya conocidos en otros procesos de digitalización financiera –como vulnerabilidades cibernéticas, fallos en los sistemas, dependencia de proveedores tecnológicos o usos indebidos con fines ilícitos-, aunque sí hay algunos más específicos relacionados con la operativa, la custodia, la seguridad jurídica del token, smart contacts y la liquidez efectiva. Álvarez explica que el riesgo financiero del fondo no cambia si se mantienen las mismas reglas de inversión y control, pero sí pueden darse esos riesgos diferenciales: “A nivel sistémico, la tokenización puede agilizar los procesos de salida, y existe riesgo de concentración en infraestructuras clave y de contagio si no se diseña bien la gobernanza del colateral y el modularidad de los fondos”, advierte.
De ahí la importancia de que la tokenización se canalice a través de vehículos regulados y estructuras supervisadas, con marcos robustos en materia de prevención del blanqueo de capitales, resiliencia operativa y control de riesgos, piden en Inverco.


Por Alicia Miguel Serrano
