El escenario global se mantiene positivo para América Latina, incluso considerando el conflicto entre Estados Unidos e Irán, pese a que incrementa el riesgo de presiones inflacionarias adicionales en el corto plazo, particularmente a través de los precios de la energía.
Según los analistas de Principal AM, a pesar de mayores aranceles y precios de energía más elevados, los patrones de comercio se mantienen estables y el crecimiento resiliente, dado que la mayoría de los países son exportadores netos de petróleo. “Si el conflicto en Medio Oriente es de corta duración, el dólar podría retomar su tendencia a la baja, lo que, junto con una desaceleración de la inflación en la región, otorgaría mayor espacio a los bancos centrales para recortar tasas, especialmente en Brasil y México. Finalmente, aun con un impacto limitado de los aranceles y perspectivas de menores tasas, los procesos electorales locales podrían incrementar la volatilidad en la región, particularmente en un entorno de riesgos geopolíticos elevados”, reconocen los expertos de la firma.
Para Wim-Hein Pals, responsable del equipo de Renta Variable de Mercados Emergentes de Robeco, los mercados emergentes están ganando cada vez más protagonismo gracias a seis factores clave que señala: infravaloración, rentabilidad frente a los mercados desarrollados, baja asignación, solidez, comportamiento del dólar y nuevos sectores productos. “Por un lado, los mercados emergentes están infravalorados en comparación con los mercados desarrollados, con un crecimiento de beneficios que lleva ya tres años superando al de las economías avanzadas. Además, todavía tienen poca presencia tanto entre inversores institucionales como minoristas, con lo que hay margen para crecer. Todo esto, junto a economías más sólidas, un dólar débil y sectores innovadores como la inteligencia artificial y las energías renovables, hace que estos mercados sean una opción cada vez más atractiva”, explica Pals.
La deuda emergente gana confianza
Este entorno ha provocado, en opinión de algunas gestoras internacionales, que los activos emergentes despierten la atención por parte de los inversores. “La rentabilidad resistente, la mejora de las calificaciones crediticias y los cambios en las tendencias mundiales impulsan nuevas entradas de capital. La renta fija de los mercados emergentes ha experimentado un notable cambio de tendencia, atrayendo importantes entradas de inversores tras varios años de salidas. Según los últimos datos, la renta fija de los ME recibió 30.900 millones de dólares en entradas el año pasado, y el impulso continuó con 17.700 millones de dólares añadidos en los dos primeros meses de 2026. Este resurgimiento se debe a la buena rentabilidad de los fondos, la mejora de las calificaciones crediticias en numerosos países EM y los cambios en la dinámica macroeconómica y geopolítica”, afirma Carlos de Sousa, estratega y gestor de carteras en Vontobel.
Según Sousa, como los riesgos geopolíticos ahora pesan más sobre las naciones desarrolladas, cuyas economías están estrechamente vinculadas a Estados Unidos, hace que la diversificación lejos de los riesgos impulsados por Estados Unidos sea más difícil que para los mercados emergentes dependientes de las materias primas. “Como resultado, la deuda de los mercados emergentes se considera menos arriesgada que hace cinco o diez años. Muchos países emergentes han completado reestructuraciones de deuda, promulgado reformas y recuperado el acceso al mercado, mientras que los países desarrollados se enfrentan a un endeudamiento aún mayor. En general, la resistencia y la mejora de los fundamentos de las economías emergentes han reforzado la confianza de los inversores y han impulsado un renovado entusiasmo por la renta fija emergente”, argumenta el experto de Vontobel.
Un repaso por las divisas latinoamericanas
Además, los expertos coinciden en que la desescalada o no de este conflicto y la evolución del dólar seguirán marcando el rumbo de las divisas latinoamericanas este año. En este contexto, Diego Barnuevo, analista de mercados de Ebury, considera que el real brasileño mantiene un perfil atractivo a medio plazo gracias a unos tipos reales elevados que continúan favoreciendo las estrategias de carry trade. “Aunque podría registrar volatilidad en el corto plazo, la mejora del entorno global y el ciclo electoral serán claves para consolidar su apreciación”, señala.
Respecto del peso chileno, cree que presenta potencial de recuperación apoyado en la mejora del sentimiento global y en la expectativa de repunte del cobre, en un entorno de menores precios energéticos, si se cumple la desescalada del conflicto. En su opinión, este factor beneficiaría a Chile como importador neto de crudo. Sin embargo, Barnuevo se muestra más cauto a la hora de hablar del peso colombiano, donde ve que los riesgos internos —especialmente el impacto del aumento del salario mínimo y la incertidumbre institucional— “podrían limitar su desempeño, pese a un entorno externo más favorable y a unos tipos reales que siguen siendo atractivos para la inversión”.
Por su parte, considera que el peso mexicano “se consolida como una de las divisas con mejor posicionamiento relativo, respaldado por la reducción de riesgos comerciales con EE.UU., una relación bilateral más constructiva y unas perspectivas de crecimiento más dinámicas”. Por último, en el caso del sol peruano, Barnuevo destaca por la solidez de sus fundamentales macroeconómicos y por el enfoque del banco central hacia la estabilidad cambiaria, ”lo que debería facilitar una recuperación gradual a medida que se normalice el apetito global por el riesgo”.




Por Beatriz Zúñiga