Andrew Harvie, Senior Client Portfolio Manager de renta variable global de Columbia Threadneedle, considera que las estrategias de renta variable global deben ocupar el corazón de la cartera. Para cumplir esa misión, el experto vuelve a destacar para este año uno de los fondos estrella de la firma, el CT (Lux) Global Focus. Se trata de un vehículo que encaja en el actual contexto de mercado, donde, según Harvie, “la gestión activa está bajo presión”. También, a través del contacto directo con los equipos directivos de las empresas y cita como anécdota los encuentros con Jensen Huang, co fundador, presidente y CEO de Nvidia Corporation.
¿Por qué Columbia Threadneedle vuelve a apostar por este fondo este año?
Por varios motivos. La industria de la gestión se está moviendo hacia las carteras globales como el núcleo de las asignaciones de activos. Por tanto, una cartera de renta variable global estaría en el centro de la asignación de clientes, capaz de captar el potencial alcista de los mercados y ser relativamente resiliente a las caídas. Se completaría con otras posiciones regionales en, por ejemplo, mercados emergentes, Europa o Japón, en función de la visión que se tenga de cada una de ellas. El enfoque global proporciona una amplia diversificación de las mejores oportunidades en todo el mundo. Por otro lado, en Columbia Threadneedle nos enorgullecemos de nuestro análisis fundamental, diferenciado y bajo un enfoque “bottom up” que nos permite generar alfa. Y pienso en el CT (Lux) Global Focus, un fondo global que gestiona hasta 50 activos, y que se basa en las mejores ideas de Columbia Threadneedle, muestra la esencia de nuestra labor.
En segundo lugar, nos encontramos en un entorno de mercado cada vez más volátil, y es necesario contar con una estrategia capaz de capturar el crecimiento en mercados alcistas y, a la vez, ser más resiliente a las caídas. Si analizamos esta estrategia a lo largo del tiempo -llevamos casi 13 años utilizándola-, tenemos una mayor captura al alza, lo que significa que obtenemos mayor crecimiento en mercados alcistas, y una captura a la baja por debajo del índice de referencia. En un mundo cada vez más inclinado hacia la gestión pasiva, ofrecemos una estrategia realmente activa que genera un alfa sólida. Es un buen complemento para esas soluciones pasivas.
Hablando de análisis fundamental, ¿qué ideas han propuesto los analistas para 2025 que hayan añadido valor al fondo?
Contamos con un analista tecnológico excepcional en Estados Unidos que cubre la industria de semiconductores y ha sido fundamental para que estemos a la vanguardia en inteligencia artificial. Hemos generado mucho valor con empresas como Nvidia durante los últimos tres años gracias a su apoyo. Pero una idea muy buena que tuvimos el año pasado podría haber pasado desapercibida: Western Digital, una firma de semiconductores, con exposición al segmento de memoria que tuvo mucho éxito durante el auge de los ordenadores personales. Había perdido terreno con el impulso de los dispositivos portátiles, pero en un mundo donde se invierte más en centros de datos, la demanda de discos duros está aumentando. Además, ahora cuentan con una mejor estructura de gestión.
Como expertos en tecnología e inteligencia artificial, ¿qué importancia tienen estos sectores en la cartera?
Este sector tiene un peso considerable en nuestra cartera. Es nuestra mayor posición, porque tenemos una visión muy positiva. De hecho, hemos mantenido una sobreponderación estructural en tecnología la mayor parte de los 13 años de vida del fondo. Primero aumentamos la exposición al software y ahora, a semiconductores. Es una industria que ha mejorado con el tiempo: nos gustan las empresas oligopolísticas, con fuerte poder de fijación de precios que conduce a la creación de valor. Por ejemplo, TSMC, en producción de chips o Western Digital, en discos duros, opera en un duopolio. ASML, en Europa, prácticamente opera en un monopolio.
Sin embargo, aunque el sector tecnológico sea muy importante para nosotros, no dependemos únicamente de él para impulsar la cartera. Un ejemplo de sector que no suele asociarse con un estilo de inversión “quality”: el financiero. En dos años de la última década, el sector financiero fue nuestra mayor contribución al exceso de rentabilidad de la cartera. Aunque la tecnología fue nuestra mayor contribución sectorial al alfa, también ganamos con el sector industrial, el sector salud y con una empresa estadounidense de aviación aeroespacial civil llamada Hamlet Aerospace.
¿Hay burbuja en el sector tecnológico?
Creo que hay preocupación porque se avecinan fuertes inversiones y la gente se pregunta si tendrán algún impacto. Hablamos con los directores ejecutivos, directores financieros, responsables de relaciones con los inversores de estas grandes empresas, sus clientes y con expertos en el sector vinculados a las empresas para verificar la realidad de la inversión de empresas fuera del sector tecnológico. Y vemos que compañías de todo el mundo están intentando invertir y desarrollar sus capacidades de IA. Creemos en la IA, pero eso no significa que no existan riesgos. Una desaceleración del gasto por parte de los grandes hiperescaladores sería un duro golpe. No creemos que suceda en este momento, pero tampoco que exista una burbuja.
Eso sí, debemos distinguir entre las empresas que financian su crecimiento con efectivo y que realmente pueden monetizar su oportunidad ahora, frente a las que se están apalancando excesivamente y aún no han demostrado cómo pueden monetizar esa inversión. La tecnología no rentable tuvo un buen desempeño el año pasado y cuando las empresas tecnológicas no rentables superan a las que tienen fundamentos sólidos, hay que analizarlo.
¿Son atractivas las valoraciones de acciones “quality”?
Sí, básicamente. Es natural que sean más caras que el mercado en general, pero si encuentras las empresas adecuadas, su valoración crecerá. Así que no pensamos tanto en la valoración a largo plazo como en cuál es la oportunidad de obtener beneficios para esa empresa de cara al futuro; cómo vemos factores como el crecimiento estructural que impulsan la industria y su consolidación; cómo respalda esto nuestra convicción de que estas empresas parecen baratas a tres o cinco años vista, etcétera. Como resultado, detectamos que, entre las empresas de calidad, estas suelen ser las más baratas debido a su capacidad para capitalizar sus anuncios en el futuro.
Nuestro proceso se centra en identificar la fuente de la ventaja competitiva de una empresa; cómo es el sector y cuál es el potencial de cambio, teniendo también en cuenta cuáles son los riesgos. Por ejemplo, hemos infraponderado el sector del consumo básico durante la mayor parte de los últimos seis o siete años, porque nuestro punto de vista es que existen empresas muy buenas en este sector, pero también un mayor potencial de fragmentación en ese mercado, lo que destruye el valor económico y reduce la rentabilidad. Creemos que se pueden encontrar mejores oportunidades en otras áreas.
¿Cuál es su posicionamiento geográfico?
Actualmente, mantenemos una postura bastante neutral con respecto al índice de referencia. Por regiones, también estamos neutrales en Estados Unidos, mientras que en Europa tenemos una mayor presencia que en años anteriores, sobre todo, en tecnología y otros sectores más cíclicos. En emergentes, históricamente, hemos tenido más exposición a Asia, pero ahora hemos aumentado la exposición a Latinoamérica. Contamos en cartera con un par de empresas allí que contribuyen al crecimiento y la fortaleza del consumidor latinoamericano. Vemos que Japón es un mercado de mucha mayor calidad o incluso mejor que antes. En el entorno actual, evitar que el riesgo de la cartera se vea impulsado por inversiones regionales excesivas es probablemente la mejor opción.
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