La gestión de tesorería institucional ha pasado de ser una cuestión principalmente operativa a convertirse en una cuestión estratégica. La volatilidad de los mercados, los rápidos movimientos en los tipos de interés, la mayor concienciación sobre el posible riesgo de contraparte y la evolución de la normativa han llevado a revisar la manera en la que los inversores profesionales gestionan la liquidez. Para muchos, el objetivo sigue siendo la preservación del capital y el acceso inmediato a la liquidez, pero las herramientas para conseguirlo están evolucionando.
En este contexto, pensamos que los fondos del mercado monetario que invierten casi todas sus posiciones en activos públicos, conocidos como fondos de deuda pública de valor liquidativo constante (o CNAV, por sus siglas en inglés), han vuelto a ganar relevancia. Estos fondos han sido expresamente diseñados para priorizar la estabilidad del capital y la liquidez diaria.
Este tipo de fondo del mercado monetario se ha convertido en una opción especialmente interesante para aquellos inversores profesionales europeos que buscan una solución sólida para gestionar su efectivo.
Evolución del contexto de gestión de tesorería institucional
Históricamente, los depósitos bancarios constituían el pilar fundamental de las asignaciones de tesorería institucional. Sin embargo, la reciente evolución de los acontecimientos ha puesto de manifiesto los riesgos de la concentración excesiva de la inversión y la importancia de la diversificación, incluso en las carteras que invierten en liquidez a corto plazo.
Al mismo tiempo, las subidas de tipos de interés han devuelto la relevancia económica a los activos de liquidez, lo que ha hecho que se preste una mayor atención a su estructura, transparencia y control de riesgos.
Para los responsables de tesorería, el reto está en equilibrar la sencillez operativa con la gestión prudente de los riesgos. Para las aseguradoras y otras instituciones financieras, los activos de liquidez deben también ajustarse a los marcos de gobierno corporativo, las expectativas normativas y la eficiencia de los balances.
En este contexto, la cuestión ya no es si la liquidez se debería gestionar de forma activa, sino cómo hacerlo.
Los objetivos de los inversores profesionales en liquidez
Pese a la diversidad de contextos institucionales, los inversores profesionales en liquidez comparten una serie de objetivos. El más importante es la preservación del capital, es decir, la necesidad de proteger el valor del principal con una tolerancia mínima a la volatilidad. También es importante contar con una liquidez fiable en el mismo día para cumplir las exigencias operativas o normativas.
La transparencia, el gobierno corporativo y la previsibilidad son cuestiones críticas. Los inversores otorgan cada vez más importancia a la recepción de informes detallados, la existencia de unos límites de riesgo claros y la superación de unas pruebas de tensión de liquidez rigurosas. Los productos que combinan estas características con un marco conocido y regulado están, por tanto, bien posicionados para satisfacer las necesidades actuales de la gestión de tesorería.
Estructura de los fondos europeos del mercado monetario
La normativa europea de los fondos del mercado monetario ofrece varias opciones estructurales, como los fondos de valor liquidativo variable (VNAV), los fondos de valor liquidativo de baja volatilidad (LVNAV) y los fondos de deuda pública de valor liquidativo constante (CNAV). Cada uno de estos fondos cumple una función determinada, pero no son intercambiables.
Los fondos de deuda pública de valor liquidativo constante invierten casi el 100% de su cartera en títulos de deuda de calidad emitidos por gobiernos, organismos gubernamentales y entidades supranacionales. Mantienen un valor liquidativo estable y están sujetos a unos requisitos muy estrictos en términos de liquidez, vencimiento y diversificación. Esta combinación los hace especialmente apropiados para aquellos inversores que priorizan la estabilidad del capital y la capacidad de resistencia de la liquidez.
En periodos de tensión de los mercados, este enfoque conservador puede resultar especialmente valioso. Las elevadas reservas de liquidez, los vencimientos cortos y unas rigurosas pruebas de tensión permiten garantizar que los inversores podrán recibir sus reembolsos sin necesidad de comprometer la integridad de la cartera. Esta disciplina es especialmente crítica para aquellas instituciones que consideran la liquidez como una herramienta de gestión de riesgos, más que como un activo orientado a la rentabilidad.
Papel diferenciado de los fondos CNAV de deuda pública
La característica que define a los fondos CNAV de deuda pública es su enfoque en el segmento de menor riesgo del mercado monetario. Al limitar la exposición a emisores soberanos y del sector público, el objetivo de estos fondos es minimizar el riesgo de crédito y mantener la liquidez diaria.
En periodos de tensión de los mercados, este enfoque conservador puede resultar especialmente valioso. Las elevadas reservas de liquidez, los vencimientos cortos y unas rigurosas pruebas de tensión permiten garantizar que los inversores podrán recibir sus reembolsos sin necesidad de comprometer la integridad de la cartera. Esta disciplina es especialmente crítica para aquellas instituciones que consideran la liquidez como una herramienta de gestión de riesgos, más que como un activo orientado a la rentabilidad.
Fondos CNAV y principales alternativas
Si los comparamos con los depósitos bancarios, los fondos CNAV ofrecen diversificación del riesgo de contraparte y acceso diario a la liquidez. En relación con las posiciones directas de letras del Tesoro, ofrecen eficiencia operativa y gestión activa de los riesgos de tipos de interés, crédito y liquidez. En comparación con los fondos del mercado monetario LVNAV y VNAV, evitan la exposición al sector financiero y, en general, al sector privado.
Estas diferencias ponen de manifiesto por qué los fondos CNAV pueden utilizarse como asignación estructural de liquidez y como inversión táctica.
Aplicaciones prácticas para inversores profesionales
En la práctica, estos fondos se utilizan de maneras diversas. Los responsables de tesorería corporativa pueden asignar el efectivo operativo para cubrir las necesidades diarias de liquidez, al tiempo que diversifican su exposición respecto a los balances bancarios. Los fondos del mercado monetario CNAV de deuda pública son una solución práctica, ya que combinan la estabilidad del capital al valor nominal con la liquidez en el mismo día y ofrecen una exposición diversificada a emisores de deuda soberana de calidad.
Si se utilizan en combinación con los depósitos bancarios, los fondos CNAV pueden mejorar la capacidad de resistencia y la transparencia de la cartera sin aumentar la complejidad operativa. Para los responsables de tesorería que buscan un vehículo disciplinado, con un marco sólido de gobierno institucional para el efectivo operativo, estos fondos son una opción de eficacia demostrada.
Para las aseguradoras, los activos de liquidez deben respaldar tanto la capacidad de resistencia de los balances como las expectativas normativas. Los fondos del mercado monetario CNAV de deuda pública ofrecen un componente conservador de liquidez, con un marco sólido de gobierno corporativo, elevada calidad crediticia y una liquidez predecible.
En nuestra opinión, al centrarse en emisores gubernamentales y del sector público, los fondos CNAV pueden ayudar a las aseguradoras a gestionar la liquidez a corto plazo, manteniendo al mismo tiempo un perfil de riesgo claro. Resultan especialmente apropiados para las asignaciones de efectivo en las que la protección del capital y la seguridad priman sobre la optimización de la rentabilidad.
En todos los casos, la característica común es la necesidad de una solución de efectivo predecible, transparente y con capacidad de resistencia.
¿Qué buscar en un gestor?
Los fondos del mercado monetario CNAV de deuda pública bien construidos se caracterizan por su composición de activos y por la calidad de la gestión de riesgos, el gobierno corporativo y la infraestructura operativa. Los inversores deben exigir una comunicación clara sobre las reservas de liquidez, las prácticas relacionadas con las pruebas de tensión y los procedimientos de escalado, así como una información constante y una supervisión experimentada de la gestión de la cartera.
Por lo tanto, para los inversores profesionales, la selección de un fondo CNAV depende tanto de la confianza en la labor de control y en la disciplina del gestor como de la propia estructura del fondo.
Conclusión
En nuestra opinión, a medida que vayan evolucionando los enfoques institucionales de gestión de tesorería, los fondos del mercado monetario CNAV de deuda pública podrían seguir desempeñando un papel fundamental. Estos fondos ofrecen un marco sólido para preservar el capital, acceder a la liquidez y gestionar el riesgo a corto plazo.
Para los inversores profesionales europeos, siguen siendo una buena solución para el efectivo que debe estar siempre disponible y ofrecer previsibilidad y seguridad.
Tribuna de opinión firmada por Thibault Malin, director adjunto de Monetarios en BNP Paribas Asset Management.
Durante gran parte de las dos últimas décadas, la renta variable y los bonos gubernamentales se han movido en direcciones opuestas. Esta correlación negativa sustentó la popularidad y estabilidad de las clásicas carteras 60/40, en las que las asignaciones a renta fija compensaban las caídas de la renta variable en épocas de tensión en los mercados. Las correlaciones fueron tan consistentemente negativas durante las dos primeras décadas de este siglo que muchos inversores llegaron a considerar este comportamiento como un estado “normal” y con probabilidades de mantenerse.
Sin embargo, un análisis de un periodo histórico más amplio muestra que esta etapa fue inusual. Las correlaciones persistentemente negativas son poco frecuentes. En su lugar, como se muestra en el gráfico 1, la relación entre renta variable y bonos ha fluctuado a lo largo del tiempo, dependiendo de los factores macroeconómicos predominantes.
Hoy vivimos en un mundo más fragmentado, caracterizado por la falta de consenso en torno al comercio global y los flujos de capital, una inflación elevada, divergencias en la política monetaria de los bancos centrales, expansión fiscal y acumulación de deuda, además de un mayor riesgo geopolítico. En este entorno, creemos que las correlaciones tienden a ser más positivas y también más volátiles.
Esto plantea un desafío para los inversores. El periodo de correlaciones persistentemente negativas que comenzó alrededor de 2002 coincidió con el inicio de la recopilación masiva de datos financieros, lo que significa que muchos modelos de construcción de carteras dependen en gran medida de datos correspondientes a un régimen en el que las correlaciones eran más negativas de lo habitual. En consecuencia, muchas carteras siguen basándose en la suposición de que las correlaciones serán negativas en el futuro.
Pero si la correlación entre renta variable y renta fija es probablemente más alta y más volátil -y si los bonos son menos fiables como diversificadores-, ¿qué implica eso para las carteras tradicionales 60/40? Además, ¿cómo se verá la diversificación en la práctica en el futuro y cómo deberían prepararse los inversores?
La relación entre el crecimiento y la inflación impulsa las correlaciones
En primer lugar, es necesario analizar qué influye en las correlaciones y por qué creemos que serán más altas en el futuro.
Cuando la inflación está impulsada principalmente por la demanda interna, los aumentos de precios y el crecimiento económico tienden a estar correlacionados positivamente. Esto significa que, cuando las economías están lo suficientemente fuertes como para que los bancos centrales desaceleren el crecimiento y la inflación mediante subidas de tipos, es probable que los mercados de renta variable también estén mostrando un buen comportamiento. Como los tipos más altos suelen provocar caídas en los precios de los bonos, en estos periodos -como vimos en las dos primeras décadas de este siglo- la renta variable y los bonos tienden a estar correlacionados negativamente.
Sin embargo, cuando la inflación se desvincula del crecimiento -a menudo debido a factores no relacionados con la demanda interna, como shocks en los precios de la energía o problemas en las cadenas de suministro globales- la correlación entre renta variable y bonos tiende a aumentar. En este escenario, una inflación elevada es menos probable que actúe como una señal positiva para los mercados de renta variable y más probable que represente una amenaza para la rentabilidad empresarial y la capacidad de gasto de los consumidores. Por lo tanto, cuando los bancos centrales suben los tipos para contener la inflación y los precios de los bonos caen como consecuencia, es mucho más probable que los mercados de renta variable también estén teniendo un rendimiento inferior.
Entre 1999 y 2021, el principal foco de preocupación para los inversores fue el crecimiento, mientras que la inflación se mantenía baja, predecible y no representaba un riesgo relevante para la mayoría. Como podemos ver en el gráfico 2, esto dio lugar a un prolongado periodo de correlaciones negativas. Los acontecimientos de 2021 marcaron un punto de inflexión: la inflación repuntó con fuerza a medida que las cadenas de suministro se reconfiguraban tras la pandemia y los costes energéticos se disparaban en Europa. Al año siguiente, por primera vez desde 1981, tanto la renta variable como la renta fija registraron rendimientos totales negativos. Esto puso de manifiesto la fragilidad en la que habían caído los modelos tradicionales de diversificación. Desde entonces, la inflación ha pasado a ocupar un papel central y las correlaciones se han mantenido positivas.
Correlaciones altas y más volátiles en el futuro
De cara al futuro, varias fuerzas de gran alcance apuntan a un escenario en el que las correlaciones probablemente serán estructuralmente más altas y más volátiles. En primer lugar, el entorno macroeconómico ha pasado de la estabilidad a una volatilidad persistente. La era de la globalización -sustentada en una inflación predecible y una política económica coordinada- ha dado paso a un mundo caracterizado por la fragmentación, las disrupciones en las cadenas de suministro y un mayor riesgo geopolítico, como se ha visto recientemente con los acontecimientos en Venezuela. Estos factores han hecho que la inflación sea más volátil y menos vinculada a la demanda interna, lo que implica que los diversos shocks -como la volatilidad de los precios de la energía o la incertidumbre política- pueden afectar simultáneamente a la renta variable y a la renta fija.
En segundo lugar, la dinámica inflacionaria ha cambiado. En el pasado, una inflación baja y estable permitía a los bancos centrales responder a los shocks de crecimiento de manera predecible, a menudo dando lugar a correlaciones negativas entre renta variable y bonos. Hoy, la inflación es más probable que esté impulsada por factores del lado de la oferta como la desglobalización, los cambios demográficos y la transición hacia el objetivo de cero emisiones netas.
En tercer lugar, la política fiscal está convirtiéndose en un motor más dominante de los mercados. Los elevados niveles de deuda pública significan que los bancos centrales podrían tener menos margen para actuar de manera independiente, lo que aumenta el riesgo de que se permita que la inflación permanezca elevada durante períodos más prolongados. Esta incertidumbre política incrementa la probabilidad de que la renta variable y los bonos reaccionen en la misma dirección ante shocks macroeconómicos.
Rentabilidad absoluta: diversificación adaptada a las condiciones actuales
Las correlaciones estructuralmente más altas entre renta variable y renta fija tienen implicaciones significativas para la construcción de carteras.
Los bonos serán menos eficaces como diversificadores cuando las correlaciones sean más elevadas. El nuestro análisis sugiere que las carteras que dependen exclusivamente de una combinación de renta variable y renta fija presentarán en el futuro unas características de riesgo rentabilidad inferiores a las que los inversores están acostumbrados. En otras palabras, los inversores no pueden asumir que las estrategias del pasado funcionarán mañana. Esto no significa que la diversificación haya dejado de ser válida. Más bien, exige un grado adicional de creatividad para encontrar activos y exposiciones menos correlacionados.
En este contexto, vreemos que los enfoques de rentabilidad absoluta ofrecen una solución atractiva. Pueden acceder a motores de rentabilidad no correlacionados y permiten a los inversores navegar eficazmente en regímenes de correlaciones más altas.
Las estrategias de rentabilidad absoluta suelen buscar generar rentabilidades independientes del comportamiento de los mercados de renta variable o de renta fija. Su objetivo es conseguir retornos en términos absolutos, en lugar de relativos a un índice de referencia. Pueden ser especialmente valiosas en periodos de elevada volatilidad de mercado y en carteras con alto riesgo de correlación. También pueden ofrecer cierta protección a la baja cuando los mercados atraviesan dificultades y tienden a mostrar perfiles de rentabilidad más estables.
Como muestra el gráfico 3, nuestro análisis indica que asignar a alternativas diversificadoras -como las estrategias de rentabilidad absoluta- puede compensar el descenso de la frontera eficiente que resulta de correlaciones más altas en las carteras tradicionales de renta variable y bonos.
Sin embargo, no todas las estrategias de rentabilidad absoluta son iguales. Existen varios enfoques diferentes, con grados distintos de beta. Por ello, es necesario comprender a fondo las características de cada estrategia en el contexto de una cartera más amplia, para garantizar que los inversores obtengan exactamente lo que esperan y lo que desean.
Rentabilidad absoluta en Fidelity
El Fondo FF Absolute Return Global Equity Fund (ARGE) está específicamente diseñado para mitigar el impacto de mayores correlaciones y un entorno macroeconómico más incierto. El fondo se centra en fuentes de alfa no correlacionadas, una gestión disciplinada del riesgo y una adaptabilidad estructural. Como resultado, contribuye a la resiliencia de la cartera y puede favorecer resultados de rentabilidad positivos a largo plazo.
ARGE es una estrategia de renta variable long-short con exposición neta neutral al mercado, que busca generar una rentabilidad anualizada de efectivo +3–5%, con una volatilidad en torno al 5–7%. La estrategia se apoya en las ideas de compra y venta de mayor convicción provenientes de la red global de analistas de Fidelity; una fuente de alfa que no puede replicarse fácilmente en la industria. Independientemente de las condiciones de mercado, ARGE tiene como objetivo generar alfa mediante la selección de valores, al tiempo que neutraliza la beta del mercado.
La estrategia utiliza un proceso probado y fiable. A lo largo de más de cinco años desde su lanzamiento, ARGE ha cumplido su objetivo de ofrecer una fuente de rentabilidad no correlacionada, lo que queda demostrado por su correlación muy baja con la renta variable (0,03) y los bonos (0,01). Además, la estrategia ha ofrecido de manera consistente un rendimiento del primer cuartil y ha proporcionado una protección superior frente a las caídas en comparación con su grupo de pares.
Prepararse para mayores correlaciones
Como inversores, debemos aceptar que el panorama de inversión ha cambiado. Si las correlaciones entre renta variable y renta fija permanecen positivas, construir y mantener la resiliencia de las carteras requerirá replantearse los enfoques tradicionales y adoptar un conjunto de herramientas más amplio.
En definitiva, en un mundo donde las reglas de antes ya no aplican, los inversores deben adoptar otras nuevas. Todavía es posible construir carteras resilientes capaces de ofrecer rentabilidades atractivas a lo largo de ciclos completos de mercado, pero los métodos para lograrlo deben evolucionar y adaptarse a las condiciones actuales. Creemos que las estrategias de rentabilidad absoluta como ARGE serán un componente clave de ello en los próximos años.
Tribuna de opinión firmada por Stacie Mitchinson, Head of Systematic Investment Directing en Fidelity International.
Foto cedidaDe izquierda a derecha: Samuel Pérez (Tressis), Gonzalo Borja (Swisscanto), Alberto García Fuentes (Santander Private Banking) Sentados, de izquierda a derecha: Antonio Feito (Swisscanto), Toni Conde (Caixabank AM), Cecilia Prieto (Funds Society).
La renta fija emergente se perfila como un activo estratégico en 2026, dejando atrás su reputación de volatilidad y riesgo geopolítico elevada. Según Gonzalo Ramón-Borja Álvarez de Toledo, Country Manager de Swisscanto Asset Management International en España, los mercados emergentes han madurado, con mejoras en calidad crediticia y disciplina monetaria, y ahora representan más del 60 % del crecimiento mundial ajustado por paridad de poder adquisitivo. Esto sitúa a la deuda emergente en una posición atractiva para asignaciones estructurales dentro de las carteras de renta fija, permitiendo a los inversores “pasar de turistas a residentes” en este asset class.
Durante el desayuno organizado por Funds Society, los participantes destacaron distintas perspectivas sobre el entorno actual. Toni Conde (Caixabank AM) señaló que la deuda emergente presenta un nuevo paradigma más resiliente, especialmente en divisa local, y recomendó un enfoque selectivo basado en equipos experimentados y gestión activa. Alberto García Fuentes (Santander Private Banking) resaltó el mayor yield ofrecido por este tipo de emisiones y los cambios estructurales positivos en la macroeconomía de los emergentes, mientras que Samuel Pérez (Tressis) destacó que estos mercados ofrecen un binomio atractivo de alta TIR y baja duración, constituyendo una alternativa frente a la deuda de países desarrollados y mostrando su peso estructural en el mercado global, según el índice EMBI.
Como ejemplo de estrategia para capturar estas oportunidades, Gonzalo Ramón-Borja presentó el fondo Swisscanto (LU) Bond Fund Committed Emerging Markets Opportunities, un vehículo blended con gestión activa y flexible, que combina posiciones en divisa fuerte y local según la situación de cada país, con historial de superar un 11 % a su índice de referencia en cinco años. La mesa redonda concluyó que la renta fija emergente ha dejado de ser un activo complementario o satélite y se consolida como un pilar estratégico dentro de una cartera diversificada, especialmente en un contexto de rendimientos reales limitados en mercados desarrollados.
Participantes de la mesa redonda:
Gonzalo Ramón-Borja Álvarez de Toledo (Swisscanto Asset Management International)
Toni Conde (Caixabank AM)
Alberto García Fuentes (Santander Private Banking)
La cuenta atrás para el Mundial 2026 ya ha activado una cadena económica que trasciende lo deportivo. Aunque los partidos no se disputarán hasta el próximo verano, ya hay industrias que experimentan un incremento de la actividad. “Los sectores de infraestructura y turismo serán los primeros en notar el impacto económico, especialmente por la construcción de estadios y la llegada de visitantes internacionales con un alto poder adquisitivo”, asegura JoséBonal, profesor de Global Sport Management de la Universidad Europea.
Tras el sorteo de grupos, la dinámica de precios de entradas y paquetes de viaje ha cambiado. “Ahora que se sabe dónde jugará cada selección, los aficionados compran con más criterio. Las entradas más atractivas suben de precio rápidamente”, apunta Bonal. Los partidos de alto perfil pueden triplicar su precio oficial incluso meses antes del evento, con entradas ya consideradas productos de inversión.
Una de las claves está en el turismo internacional. El grupo de investigación de la Universidad Europea al que pertenece José Bonal ha detectado que un aficionado extranjero gasta hasta seisveces más que un local durante el torneo. Ese gasto incluye vuelos, alojamiento, restauración, entradas, productos oficiales y ocio paralelo. “El Mundial es una experiencia integral para el viajero, no solo un evento deportivo. Quien vuela miles de kilómetros busca vivirlo todo. El fútbol genera conexiones sociales y eso lo convierte en una excusa perfecta para viajar en grupo, en familia o con amigos”, apunta el experto. Es por ello por lo que muchas agencias de viajes y plataformas de experiencias durante el Black Friday y la campaña navideña han lanzado paquetes temáticos que combinan deporte, turismo y comunidad.
Por otro lado, las marcas deportivas también han activado ya sus estrategias comerciales. Bonal señala que “la camiseta oficial de cada selección es hoy un símbolo cultural y generacional, especialmente entre el público joven. Además, esta narrativa se extiende al entorno digital: videojuegos, contenidos interactivos y experiencias inmersivas que están posicionando el torneo como un producto global antes de que ruede el balón. De momento, la edición de 2026 es la más ambiciosa de la historia, con 48 selecciones y múltiples sedes, pero esta expansión también plantea desafíos. El experto de la Universidad Europea advierte de que “hay algunas sedes, especialmente de Canadá sin tradición futbolística y hay que ver si logran movilizar al público local. El reto será llenar estadios con partidos menos mediáticos, donde el atractivo se limita al contexto del Mundial más que al contenido”.
En cualquier caso, el impacto no se detiene en el torneo. Bonal sostiene que este Mundial “puede cambiar las reglas del juego en mercados como Estados Unidos o Canadá, donde el fútbol aún compite con otros deportes masivos”. Las previsiones apuntan a un aumento en academias, patrocinios y profesionalización. “Es un punto de inflexión. Lo que se siembra ahora marcará el futuro del ecosistema deportivo de toda la región”, concluye.
Los mercados privados se enfrentan este año a un paisaje técnico, exigente y maduro, donde el éxito dependerá cada vez más de la disciplina de entrada, la creación de valor real y la gestión de cartera a lo largo de periodos de tenencia más largos.
Este nuevo contexto exige menos dependencia de las condiciones de mercado y más enfoque en capacidades internas y estratégicas para crear alfa sostenido en el tiempo
Rebound de transacciones, pero con desafíos persistentes
En 2025 se produjo un notable repunte en el valor de las transacciones, especialmente en operaciones grandes. El valor de las compras de compañías (buyouts y crecimiento) de más de 500 millones de dólares aumentó un 44%, superando 1 billón de dólares y marcando un récord histórico.
El valor total de las transacciones también creció en todas las tallas, aunque el número de operaciones disminuyó, lo que indica una mayor selectividad y concentración en grandes acuerdos. Las salidas también repuntaron con fuerza, subiendo más del 40%, impulsadas por un casi doble incremento del valor de OPVs. Aun así, la cantidad de salidas por número fue menor y la mayoría de las compañías siguen en cartera, lo que contribuye a un volumen récord de activos retenidos por largos periodos.
A pesar del repunte de actividad, los múltiplos pagados por adquisiciones volvieron a subir y se sitúan en niveles altos históricamente (un múltiplo mediano de 11,8 veces EBITDA). Esto, junto con el mayor coste del capital y una menor disponibilidad de deuda barata, hace que los activos sean más caros y las rentabilidades comparadas con los mercados públicos sigan siendo modestas.
El inventario de empresas compradas que no se han vendido —y que llevan múltiples años en las carteras de los fondos— es el más grande registrado, con más de 16.000 compañías mantenidas por más de cuatro años, lo que refleja tenencias medias superiores a seis años y medio y presiona las expectativas de liquidez para los inversores.
El nuevo normal del private equity
Ante un entorno donde las salidas son más lentas y los retornos en efectivo más escasos, soluciones que antes eran marginales han pasado a formar parte del “nuevo normal” del private equity. Las secundarias, los vehículos de continuación y el financiamiento basado en el valor neto de activos se han consolidado como mecanismos permanentes para gestionar la liquidez en las carteras.
Estas herramientas ayudan a ofrecer retornos de efectivo a los inversionistas incluso cuando los mercados de salidas tradicionales siguen restringidos, y se espera que su uso aumente en los próximos años.
Creación de valor operativo como motor de retornos
El informe subraya que las palancas tradicionales que impulsaban los retornos en private equity (compra a múltiplos bajos, expansión de múltiplos y apalancamiento barata) ya no operan con la misma fuerza. Durante la década anterior estas palancas explicaron cerca de la mitad de los retornos generados por los fondos, pero con los múltiplos de compra altos y menor contribución de la deuda, la creación de valor operativo se ha convertido en el principal determinante de retornos. Esto obliga a los gestores a integrar mejoras desde etapas tempranas de posesión y a sostenerlas a lo largo de la vida de la inversión, no solo en el tramo final antes de la venta.
El rol de la inteligencia artificial
La inteligencia artificial (IA) emerge como un factor transformador en todas las fases del ciclo de inversión. McKinsey destaca que, si bien muchos fondos aún están en etapas iniciales de adopción, se está acelerando su uso en procesos de diligencia, monitoreo de cartera, pricing, marketing, ventas y automatización.
Los gestores más avanzados ya incorporan la IA de forma integral en sus tesis de inversión y en planes de creación de valor, lo que les permite mejorar productividad y apoyar narrativas de salida más atractivas. Al mismo tiempo, la IA también genera riesgos, pues obliga a revaluar carteras existentes y a decidir si reforzar, reposicionar o desinvertir en activos según su capacidad para aprovechar la tecnología en sus posiciones competitivas.
Perspectiva de los inversores (LPs)
Desde el punto de vista de los inversores institucionales, las asignaciones efectivas a private equity se redujeron por primera vez en más de una década, debido a la comparación desfavorable con los mercados públicos, que han tenido rendimientos robustos, y a la necesidad de mayor liquidez.
Las métricas tradicionales de retorno siguen siendo importantes, pero los inversores cada vez valoran más la capacidad de los fondos para entregar efectivo real a través de distribuciones. A pesar de los desafíos de rentabilidad y liquidez, una mayoría significativa de inversores planea mantener o aumentar sus asignaciones a private equity, aunque con criterios de selección más exigentes y énfasis en distribución de efectivo y co-inversiones.
Los fondos españoles han empezado el año con buen pie. Tras las alzas de enero, también cierran febrero con subidas patrimoniales, favorecidas tanto por la evolución favorable de los mercados financieros como por la continuidad en los flujos de entrada positivos.
En el mes, su volumen de activos aumentó en 5.953 millones de euros, lo que supone un crecimiento del 1,3% respecto a enero. El patrimonio se sitúa ya en 463.628 millones de euros, lo que implica un crecimiento del 2,8% en los dos primeros meses del año, equivalente a 12.780 millones.
Los datos preliminares de Inverco apuntan a un febrero en el que tanto los mercados como los flujos apoyaron a estos vehículos. En concreto, los fondos captaron más de 2.935 millones en suscripciones netas, manteniendo la sólida dinámica de captaciones observada en los ejercicios anteriores. Este hecho eleva a 64 el número de meses consecutivos con entradas netas positivas. En lo que va de año, los flujos positivos superan los 5.000 millones de euros.
En febrero, el interés del partícipe se centró en las categorías más conservadoras. Así los fondos de renta fija lideraron las captaciones netas con 1.143 millones de euros, seguidos por los de renta fija mixta, que registraron entradas por 1.126 millones.
También los fondos de renta variable internacional y renta variable mixta mostraron un comportamiento positivo, con suscripciones netas de 494 y 357 millones de euros, respectivamente.
Los fondos globales y de retorno absoluto acumularon conjuntamente cerca de 394 millones en nuevas entradas, mientras que los de renta variable nacional registraron entradas netas por 43 millones.
Por el lado de los reembolsos, y tal como ocurrió en enero, los nonetarios experimentaron salidas netas por importe en febrero, de 380 millones de euros. También los fondos índice registraron reembolsos netos en el mes (183 millones de euros) seguidos de los garantizados y los fondos de rentabilidad objetivo (60 millones de euros entre las dos).
El apoyo de los mercados
Al crecimiento de los fondos en febrero también contribuyeron los mercados: a fecha de elaboración del informe, los fondos experimentan en el mes una rentabilidad media positiva del 0,53%, acumulando un 1,47% en conjunto del año.
A falta de incorporar las valoraciones de los últimos días del mes, todas las categorías, con la excepción de los fondos de retorno absoluto, obtuvieron rendimientos positivos en febrero.
Destacaron los fondos índice, con una rentabilidad del 2,05%, seguidos por los de renta variable nacional (1,86%) y renta variable internacional (1,27%). También los fondos globales y renta variable mixta registraron avances del 0,90% y 0,69% respectivamente. En los segmentos más conservadores, los fondos de renta fija y renta fija mixta obtuvieron rendimientos del 0,30% y 0,33%, mientras que los monetarios avanzaron un 0,11%.
La Autoridad Europea de Valores y Mercados (AEVM o ESMA, en siglas inglesas) publicó el pasado 23 de febrero un documento de consultas y respuestas (Q&A) relacionado con las normas de remuneración aplicables a los agentes vinculados de las empresas de servicios de inversión. El documento publicado trata dos consultas, aunque destaca aquella sobre el esquema de remuneración de los agentes vinculados de las entidades que estén sujetas a la MiFID II, analizan los expertos de finReg360.
La cuestión planteada es si la remuneración de los agentes vinculados tiene que incluir un componente variable (basado, por ejemplo, en una evaluación del desempeño) y uno fijo, según el artículo 27 del Reglamento 2017/565. La ESMA interpreta que el peso del componente variable sobre el total de la remuneración de los agentes vinculados puede ser mayor que el de otras categorías de empleados sujetos a los requerimientos sobre remuneración de la MiFID II.
De esto se deduce que la autoridad europea considera que la retribución de los agentes vinculados no puede estar basada solo en el componente variable.
Esta respuesta la basa en los siguientes argumentos: por un lado, los agentes vinculados de las empresas de servicios de inversión encajan en la definición de «persona pertinente» (artículo 2 (1) del Reglamento 2017/565), por lo que, como tales, han de cumplir el requerimiento de mantener un equilibrio entre su remuneración fija y variable.
Además, a los agentes vinculados se les aplica cierta flexibilidad en los requerimientos de la remuneración respecto al resto de «personas pertinentes», como se desprende del considerando 41 del reglamento citado, que indica lo siguiente: entre las personas pertinentes deben contarse también agentes vinculados. Al determinar la remuneración de los agentes vinculados, las empresas deben considerar su condición particular, así como las correspondientes especificidades nacionales. Sin embargo, en tales casos, las políticas y prácticas de las empresas en materia de remuneración deben seguir definiendo los criterios adecuados que se deben utilizar para evaluar el desempeño de las personas pertinentes, incluidos criterios cualitativos para alentar a las personas pertinentes a actuar en el mejor interés del cliente.
Esta flexibilidad debe entenderse en el sentido de que el peso de la retribución variable sobre la fija puede ser mayor que para el resto de esas personas siempre que se asegure que los intereses de las entidades o de ellas mismas no prevalezcan sobre los intereses de los clientes, analizan los expertos de finReg360.
Solo variable
La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), hasta la fecha, considera admisible que la remuneración de los agentes sea solo variable siempre que las entidades gestionen adecuadamente los conflictos de intereses que se deriven de esa situación, para que los agentes actúen de manera honesta, imparcial y profesional, en el mejor interés de los clientes (nota al sector sobre la operativa de entidades que prestan servicios de inversión a través de agentes del 19-04-2023).
Para ello —sigue el supervisor español—, deben incluirse criterios cualitativos basados en la valoración del cumplimiento de las normas de conducta por los agentes, de forma que la remuneración no esté basada exclusivamente, o en gran parte, en variables cuantitativas.
Según aconsejan en finReg360, «es conveniente que las entidades con agentes vinculados estén atentas a la reacción de CNMV a la respuesta de la ESMA para ver si la asume como tal o la matiza en algún sentido«.
La estabilidad macroeconómica y financiera prevista para 2026 y 2027 consolida un escenario de desarrollo propicio para la demanda aseguradora, según Mapfre Economics, sobre todo en seguros de Vida, con incrementos del 6,05% y del 6,23%. En No Vida, las previsiones son estables pero ligeramente más moderadas, con avances del 5,37% y del 5,34%.
La economía global ha transitado hacia un estado de “resiliencia funcional”, sostenido por la gestión de riesgos sistémicos más que por la fortaleza intrínseca del ciclo económico. Este escenario confirma la incertidumbre como una característica estructural y no transitoria del entorno global, según recoge el informe «Panorama económico y sectorial 2026», elaborado por Mapfre Economics.
Las estimaciones para 2026 apuntan a un crecimiento real del PIB a nivel mundial del 3,1% (una décima menos que el año anterior) y una tasa de inflación global también del 3,1%. La tendencia continuará en 2027 con un panorama de progresión, aunque más moderado, y la desinflación progresiva de la economía global. En este escenario de relativa estabilidad, el sector asegurador encuentra un entorno propicio para un desarrollo sólido y sostenible, según los estudios de Mapfre Economics.
No Vida mantiene el avance, aunque a menor ritmo
Por segmentos, existe una fuerte correlación entre el crecimiento de la economía y los seguros No Vida. Estos productos experimentarán una evolución positiva favorecida por la menor presión inflacionaria y la estabilización de los costes de siniestralidad, en especial en ramos sensibles como Autos, Hogar y Salud.
Tras un crecimiento estimado de las primas del 6,04%, para 2025, las previsiones apuntan a avances en este segmento del 5,37% y 5,34% para 2026 y 2027. Se espera, por tanto, que la senda de crecimiento continúe, aunque moderadamente inferior a los ritmos intensos observados en años previos.
Vida lidera el crecimiento con mayor dinamismo
El impacto del escenario macroeconómico en los seguros de Vida se perfila aún más favorable. Los tipos de interés todavía elevados, la desinflación -que mejora la percepción de rentabilidad real por parte de los asegurados-, y una cierta recuperación del poder adquisitivo de los hogares actúan como catalizadores para fomentar la demanda de estos seguros, sobre todo en la categoría de ahorro.
Con una progresión prevista del 6,21% para 2025, en Vida se prevén tasas de aumento del 6,05% para 2026 y del 6,23% para 2027. Este negocio asegurador muestra una notable solidez para continuar su expansión y mantendrá una trayectoria equilibrada, según se desprende del estudio.
Aportación regional y mercados protagonistas en Vida
El informe también analiza la contribución regional al crecimiento de la actividad aseguradora y el impacto del entorno macroeconómico en mercados clave. En concreto, en Vida el estudio aprecia que Norteamérica se posiciona como el mayor impulsor del desarrollo, aportando 2,3 puntos porcentuales (pp) del total. Asia desarrollada, Oceanía, la Unión Europea y Reino Unido le siguen con una contribución de 1pp, mientras que China lo hace con 0,9 pp, Asia emergente aporta cerca 0,4pp y las regiones de América Latina, Europa (ex UE), Oriente Medio y África suman 0,3 pp cada una.
Por países, la previsión del crecimiento de primas de Vida oscila bastante más. Destacan las perspectivas de Argentina, con un 33,6 % en 2026 y un 25,7 % en 2027, seguida de Turquía con un 27,5 % en 2026 y un 23,2 % en 2027. También con un auge potente aparecen España con 13,5 % y 7,4 % para 2026 y 2027, y Portugal con 13,4 % (2026) y 10,2 % (2027). Por encima de los 10 puntos estaría también Perú (con 11,8 % y 12,1 %), y después Chile (11,5 % y 9,9 %) y Colombia (10,6 % y 8,5 %).
Distribución geográfica del crecimiento en No Vida
En No Vida, el impulso del mercado se concentra en un conjunto limitado de economías, con un reparto más uniforme.Norteamérica es el principal motor con una aportación del 4,6 puntos porcentuales. A continuación, se colocan Asia desarrollada y Oceanía con 1,6 pp y, después, la Unión Europea y Reino Unido que agregan cerca de 0,8 pp cada una. Las regiones con menor contribución son China con 0,5 pp, América Latina con 0,2 pp y Asia emergente, Europa (ex UE), Oriente Medio y África con aportaciones de 0,1 pp.
En cuanto al aumento de primas por país dentro de los ramos No Vida, también despuntan Argentina con un 36,2% y un 26,7% en 2026 y 2027, respectivamente, y Turquía con un 26,7 % en 2026 y 23,3% en 2027. Le siguen, pero a distancia, México, que podría crecer un 12,3% y 13,1% en 2026 y 2027. Ya por debajo de los 10 puntos las previsiones apuntan a Colombia con un 9,2% para 2026 y para 2027, China con un 7,5% en 2026 y un 6,7% en 2027; y España, que aumentaría un 7,4% y 6,8% en 2026 y 2027.
Perspectivas y balance final
El informe «Panorama»de Mapfre Economics indica un sector asegurador globalmente robusto, que capitaliza los rendimientos financieros y se adapta a las condiciones económicas de cada mercado. El periodo 2026-2027 configura un escenario de crecimiento sostenido de la demanda aseguradora, apoyado en la normalización macroeconómica y la convergencia hacia tasas de inflación compatibles con la estabilidad técnica del sector. A nivel global, continuará expandiéndose a un ritmo sólido en los años siguientes, sobre todo en el negocio de Vida y en menor medida en No Vida.
El Instituto de Estudios Financieros (IEF) y Altria Corpo & Invest Services SL han presentado la sexta edición del «Barómetro Empresarial de Fintech y Financiación Alternativa» en un acto celebrado en la Bolsa de Barcelona, que por primera vez incorpora un análisis específico del tejido empresarial catalán. El estudio, elaborado entre noviembre de 2025 y enero de 2026, se ha basado en 185 encuestas a empresas, bancos y proveedores de financiación alternativa, frente a las 137 de la edición anterior.
El barómetro ha confirmado que continúa la divergencia de percepción entre empresas y entidades financieras. En los últimos 12 meses, el 48% de las empresas catalanas ha afirmado haber tenido dificultades para acceder al crédito bancario. En el conjunto de empresas, el 48% ha considerado que el acceso fue difícil o muy difícil, frente al 37% del año anterior. Solo el 20% lo ha calificado como fácil o muy fácil. De cara a los próximos 12 meses, el pesimismo se ha mantenido estable (39% en el total y 37% en Cataluña), mientras ha descendido el porcentaje de empresas que espera una mejora en el acceso al crédito.
El acto, realizado en la sede de la Bolsa de Barcelona ante profesionales del sector financiero, directivos y medios de comunicación, ha contado con la participación de Ferran Teixes, director general del IEF; Albert Gumà, CEO y fundador de ALTRIA; Eloi Noya, director de Innovación del IEF y director del Máster en Fintech, IA y Finanzas Descentralizadas de la Barcelona Finance School (BFS). La clausura institucional ha corrido a cargo de Francesc Trillas, secretario de Asuntos Económicos y Fondos Europeos de la Generalitat de Catalunya.
Durante su intervención en la Bolsa de Barcelona, Eloi Noya ha señalado que “el principal elemento negativo que detectamos es que continúan las dificultades de acceso al crédito bancario y que, además, existe la posibilidad de que este año se endurezcan aún más los criterios de riesgo”.
Más financiación alternativa, pero aún concentrada en productos tradicionales
El conocimiento de la financiación alternativa se ha mantenido estable en torno al 80% desde 2021, tanto en el conjunto de España como en Cataluña. Sin embargo, su utilización apenas ha superado la mitad de las empresas. “El dato más positivo es que un 80% de las empresas conoce la financiación alternativa y cerca de la mitad ya la utiliza o prevé buscarla en 2026”, ha destacado Noya.
No obstante, ha matizado que el uso se concentra en soluciones consolidadas. “A pesar de este elevado nivel de conocimiento, la utilización apenas alcanza el 50% de las empresas y se concentra principalmente en instrumentos como el factoring o el renting, que ya están muy consolidados”, ha afirmado el experto, añadiendo que, “en cambio, herramientas más innovadoras y orientadas al largo plazo, como los fondos de deuda o el crowdlending, siguen teniendo un uso claramente minoritario”.
El 54% de las empresas (52% en Cataluña) ha utilizado financiación alternativa, siendo el factoring, renting y leasing no bancario las modalidades más frecuentes (30% del total).
Crece la intención de buscar financiación en 2026
El 67% de las empresas ha manifestado que prevé buscar nueva financiación en los próximos 12 meses (frente al 57% del año anterior). Además, el 48% ha afirmado que probablemente o con seguridad recurrirá a fuentes alternativas en 2026, aunque en Cataluña el porcentaje se sitúa en el 39%.
Para Noya, “la necesidad de fortalecer el sector del financiamiento alternativo se hace evidente en los resultados de este año: casi la mitad de las empresas tiene dificultades para obtener crédito bancario y se prevé que esta situación continúe. Las empresas son conscientes de ello y por eso cada vez más están dispuestas a buscar alternativas”.
Bancos optimistas con los tipos, pero más exigentes en el riesgo
Desde el lado de la oferta, el 62% de los bancos y el 66% de los financiadores alternativos han considerado que el entorno actual es favorable. Más de la mitad de los bancos (56%) ha indicado que prevé reducir los tipos de interés en 2026, mientras que los proveedores alternativos se han mostrado más divididos: solo el 19% ha previsto bajarlos y el 33% aumentarlos.
Sin embargo, el 44% de los bancos ha anticipado un endurecimiento de los criterios de riesgo, frente al 26% de los financiadores alternativos. “Para 2026 vemos un contraste claro: más de la mitad de los bancos son optimistas respecto a una bajada de tipos, pero al mismo tiempo prevén endurecer su política de concesión de crédito, que ya se encontraba en niveles exigentes. Esto dibuja un panorama complejo para muchas empresas”, ha explicado Noya.
Esta semana volvió a quedar de manifiesto la creciente preocupación sobre el impacto de la inteligencia artificial —y del “vibe coding” en particular— sobre el modelo de negocio de las empresas de software. El detonante fue la publicación de un ensayo por parte de la firma de análisis independiente Citrini Research titulado “The 2028 Global Intelligence Crisis”.
La tesis en sí no es nueva: ya había sido explorada en artículos como este de The Atlantic o en el ensayo de Matt Schumer, CEO y fundador de OthersideAI, “Something big is happening”, publicado hace apenas unas semanas. Sin embargo, el impacto sobre las cotizaciones fue nuevamente negativo y pronunciado.
Citrini argumenta que la inteligencia humana, históricamente el activo más escaso y valioso de la economía moderna, está siendo devaluada de forma acelerada por el avance de la IA. El informe adopta la forma de un memorándum ficticio fechado en junio de 2028, escrito en retrospectiva para explicar cómo se llegó a ese punto de ruptura.
El mecanismo del colapso: el “espiral de desplazamiento por IA”
El núcleo del análisis es lo que Citrini denomina un “intelligence displacement spiral”: un bucle de retroalimentación negativa sin mecanismo aparente de corrección. La cadena causal que describe opera en cinco fases sucesivas.
En primer lugar, las herramientas de IA agéntica —como Claude Code o GPT 5.3 Codex— permiten a un solo desarrollador replicar la funcionalidad esencial de un producto SaaS de mercado medio en cuestión de semanas. A partir de ahí, los equipos de compras de las grandes corporaciones del Fortune 500 comienzan a utilizar esa capacidad como palanca de negociación: renovar el contrato con un descuento del 30% o enfrentarse a la amenaza de sustitución por soluciones generadas con IA. Las empresas SaaS, incapaces de resistir esa presión, ven caer sus ingresos y responden acelerando su propia adopción de IA para recortar costes, lo que a su vez intensifica el ciclo. El desplazamiento de empleos de alta cualificación hacia trabajos de menor remuneración colapsa la economía con trabajadores sobrecualificados, lo que finalmente se traduce en una caída del consumo privado con efectos en cadena sobre la recaudación fiscal, el crédito privado y el mercado inmobiliario.
El punto de partida, que no necesariamente ha de cumplir con las fases que propone Citrini, está basado en datos. Como podemos ver en esta gráfica de METR, el salto cualitativo en capacidad que en tan solo un par de meses ofrece el Opus 4.6 de Anthropic respecto al GPT 5.2 de Open AI es enorme.
El concepto clave: “El PIB Fantasma”
El informe introduce el concepto de “Ghost GDP” para describir la productividad que aflora en las cuentas nacionales y en los balances corporativos, pero que nunca llega a circular a través del consumidor. El resultado es un PIB nominal aparentemente robusto que, sin embargo, no se transmite en forma de salarios ni de gasto. La riqueza se genera, pero queda atrapada en los márgenes corporativos sin redistribuirse.
El escenario proyectado para 2028
El horizonte que dibuja el informe —ficticio y próximo incluso a la ciencia ficción, pero verosímil— contempla una tasa de desempleo en Estados Unidos del 10,2%, una caída del S&P 500 del 38% desde los máximos de octubre de 2026, y un descenso de la participación del trabajo en el PIB desde el 56% registrado en 2024 hasta el 46%. Son cifras construidas para ilustrar un riesgo, no para predecirlo con exactitud. No terminan de explicarse del todo. Si la economía se contrae con esa virulencia, en el contexto de una productividad que se dispara, necesitaríamos saber como reaccionaria el gasto público. Lo que plantea Citrini en este caso va en contra de lo empírico: históricamente, cuando la productividad sube, también aumenta la renta real de las familias y, por lo tanto, el consumo.
Por qué el mercado lo tomó en serio
El propio Citrini reconoce que se trata de un escenario hipotético y no de una predicción, y llega a señalar que “el canario todavía está vivo”, insinuando que nada de lo que desarrolla en el artículo ha cristalizado. Aun así, el impacto sobre el sentimiento inversor fue inmediato y claramente negativo. Hay dos factores que explican esa recepción.
El primero es el momento en que se publica: el informe llega en un entorno de fragilidad, con la incertidumbre arancelaria de regreso y crecientes dudas respecto a la viabilidad del modelo de negocio SaaS. El segundo es el crédito acumulado recientemente por Citrini: la firma acertó con algunas de sus predicciones en las tendencias más rentables de 2025 —defensa europea, inteligencia artificial—, lo que hace que el mercado le preste atención.
A pesar de la publicación de resultados razonablemente buenos por parte de empresas potencialmente afectadas por la narrativa del ensayo como Snowflake, Salesforce, Workday o Synopsys, los inversores siguen aligerando posiciones en software. Tanto Workday como Salesforce, y otros pesos pesados como ServiceNow, Accenture, Intuit o Adobe descuentan un crecimiento terminal negativo en los modelos DCF, que contrasta con la inercia positiva en ingresos por soluciones agénticas de IA.
A nivel empresarial, la adopción generalizada de soluciones IA tomará su tiempo, como ya sucedió con la transición a la nube. Empresas como SAP, Microsoft, Workday, Oracle o Salesforce, que son sistemas de registro de datos muy valiosos y confidenciales para sus clientes, están protegidas por un foso ante la amenaza de las soluciones IA. La seguridad y gobernanza que requiere el manejo de estos datos y la adaptabilidad que ofrecen las aplicaciones SaaS respecto a los modelos frontera, mucho más generalistas, proporcionan enormes ventajas competitivas.
Estas compañías disponen del tiempo suficiente para desarrollar plataformas de agentes IA y mejorar las funcionalidades de sus productos, y de los recursos para invertir más agresivamente o incluso comprar a esas otras start ups que tanto parecen preocupar a los accionistas.
El respaldo de los datos históricos, el rebalanceo de carteras y el contexto macro
El escenario de Citrini puede ser rebuscado, pero no inverosímil. Los datos históricos aportan cierta base empírica al pesimismo. Las mejoras de productividad derivadas de incrementos sustanciales en inversión tecnológica han tendido históricamente a manifestarse en forma de menor demanda de empleo más que de mayor producción.
No obstante, y como vemos en la gráfica, lo sucedido en los últimos tres años, desde el lanzamiento comercial de GPT-3.5 en materia de creación de empleo, entra dentro de la normalidad del crecimiento del PIB – crecimiento de empleo registrada desde 1947. La tesis del artículo puede acabar sucediendo, pero no se aprecia de momento.
En este informe de Citadel, que desmonta una a una las premisas de “The 2028 Global Intelligence Crisis”, se muestra una conclusión similar desde otra perspectiva: los anuncios de oferta de trabajo para programadores aumentan (en absoluto y relativo al total de ofertas de empleo, según Indeed), a pesar del supuesto auge en “vibe coding”.
La inteligencia artificial está reconfigurando la estructura del ciclo económico estadounidense. Desde 2025, el PIB ha crecido un 5,5% y los beneficios corporativos se han expandido con fuerza, pero la demanda de empleo permanece prácticamente estancada: la economía ha generado apenas 539.000 puestos de trabajo en todo el período. Los costes laborales han retrocedido del 61% al 58% del PIB corporativo, generando aproximadamente 570.000 millones de dólares adicionales en beneficios antes de impuestos, equivalentes al 14% del total corporativo.
Este fenómeno explica, al menos parcialmente, la resiliencia que ha mostrado el mercado de renta variable a pesar del shock arancelario impulsado por la administración Trump. La IA opera como una tecnología sustitutiva del trabajo que comprime el poder de negociación salarial y amplía los márgenes empresariales.
De momento, las mejoras se han concentrado en industrias muy relacionadas con la tecnología. Los hiperescaladores siguen invirtiendo fuertemente pero a la vez comienzan a dar muestras de su capacidad de monetizar ese gasto. Como ya sucedió con el auge de internet en la década de los años 90, el boom inversor irá trasladándose hacia otros sectores que también buscaran en la IA una herramienta para recortar costes y mejorar márgenes. Como avanzábamos a finales del 2025, tener una cartera con perfil más cíclico tiene sentido en este contexto. Como vemos en la gráfica desde enero, el comportamiento del S&P se sostiene sobre una base sectorial más amplia que la de hace solo un par de meses.
La respuesta al desempeño de Nvidia el último trimestre, muy tibia si tenemos en cuenta el crecimiento interanual en ventas de más del 70%, márgenes de 75%, un libro de pedidos de más de 500.000 millones de dólares, un PER próximo al del S&P 500 y los siempre optimistas comentarios de Jensen Huang, apuntan a ese cambio en el foco de interés de los inversores hacia sectores más tradicionales y que enganchan con la temática HALO, como defensa ante las amenazas planteadas en el documento de Citrini.
El reajuste de carteras puede tener recorrido, aunque hay que vigilar las valoraciones. El S&P equiponderado se apunta un +6,9% desde enero, superando holgadamente la rentabilidad del S&P 500 (+0,93%), y el diferencial que empezó a construirse entre ambos índices coincidiendo con el lanzamiento de GPT no ha hecho más que empezar a cerrarse.
El contexto macro es favorable. El ciclo económico global está reacelerando. El PMI manufacturero de las principales economías desarrolladas ha alcanzado su nivel más alto desde julio de 2022. La demanda interna se está revitalizando fuera de EE.UU.: el programa de inversión en defensa y competitividad en Alemania, o el estímulo al consumo doméstico como premisa principal de su agenda económica. Este reequilibrio global está siendo especialmente positivo para las bolsas internacionales; en EE.UU., todo apunta a un apalancamiento operativo que seguirá impulsando revisiones positivas en BPA.
La inflación, por ahora, no está acelerando al mismo ritmo que el crecimiento.
Aun así, la volatilidad se mantendrá elevada y la reacción ante noticias como la anunciada por XYZ el jueves (que despide al 40% de su plantilla de 11.372 empleados por la aplicación de tecnologías “revolucionarias” que les permiten disparar su eficiencia), o los planes de inversión de CoreWeave que huelen a pico de ciclo (32.500 millones de dólares, 2,6 veces los ingresos esperados por la empresa), mantendrán a los inversores en estado de alerta.
Decisiones del Tribunal Supremo y Política Fiscal
El Tribunal Supremo de EE.UU. ha declarado ilegales los aranceles recíprocos de Trump. Este fallo es, en términos generales, pro crecimiento: cualquier reducción arancelaria o devolución de ingresos a consumidores y empresas equivale a un nuevo estímulo fiscal positivo para el crecimiento y los precios de las acciones, aunque potencialmente negativo para los bonos.
Trump podrá mitigar el impacto activando el artículo 122 de la Ley de Comercio de 1974, que le permite imponer un arancel plano del 15% durante un máximo de 150 días. Más allá de este plazo, el proceso se vuelve más complejo. La incertidumbre en torno al tipo terminal de la Fed se ha agudizado: los mercados descuentan actualmente un 3% (75 puntos básicos adicionales de bajadas), pero la nominación de Kevin Warsh como nuevo presidente de la Fed (inicio en mayo de 2026, pendiente confirmación del Senado) introduce volatilidad en torno a este escenario base.