No se puede aburrir uno en esto de los mercados financieros. Aunque con Trump al mando eso es casi imposible. La lista de ocurrencias en los casi dos años que lleva en el cargo es tan larga que no cabría en este artículo. Algunas le despiertan a uno una sonrisa (recientemente declaró estar a favor de mantener el horario de verano todo el año para poder jugar al golf por las tardes), otras son bastante menos inocuas, como la decisión de atacar Irán el pasado febrero. Empezamos el verano con el anuncio del “fin de la guerra” y lo terminamos con el crudo a triple dígito, sin ningún viso de solución. Más bien lo contrario. Las elecciones de noviembre – las últimas encuestas apuntan a que podría perder la mayoría republicana en las dos cámaras- tal vez sea lo que lo tiene en pausa.
Ni el repunte del crudo ni el de las tensiones geopolíticas (a niveles estratosféricos desde hace demasiado tiempo, recuerdan a períodos de infausta memoria) han detenido a una economía extremadamente robusta – los PMI de EE. UU. marcan máximos de cinco años, los de Europa de tres. La combinación de crecimiento económico e inflación aún demasiado elevada no ha dejado mucha alternativa a los bancos centrales. La Fed subió el tipo oficial en septiembre por primera vez desde 2023, e indicó que lo más probable es que no sea la última vez. El BCE encadenó su segunda subida, y el BoJ sumó una más a la serie que inició hace dos años (lento pero seguro, el 1,25 % actual no se veía desde 1995).
La renta variable sigue imperturbable, respaldada por el buen momento macro, y por un crecimiento de beneficios excelso. Y por la IA. No es nada fácil invertir en bolsa sin invertir en IA, y que le vaya bien a uno. A las empresas que se quedan un milímetro por debajo de lo que esperan los inversores les atizan como si no hubiera un mañana (Nota del autor: ahí están las mejores oportunidades, si tienen un poco (o mucho) de paciencia). A las que prometen construir chalés en Marte les va de Cine.
Menos bien le va a la renta fija. Como era de esperar, la combinación de crecimiento sólido, crudo al alza y bancos centrales en pie de guerra contra la inflación se ha llevado consigo a las TIR de las curvas soberanas, en rebotes de magnitudes mayúsculas. A quien escribe, lo anterior le parece una mera normalización. Veníamos de una aberración histórica (tipos cero), absolutamente insostenible con los niveles de deuda acumulados (sobre todo pública). Súmenle que ahora a los gobiernos les ha salido competencia para captar el ahorro –para invertir en centros de datos, en defensa, en electrificación, en automatización y en el Camp Nou (perdonen lo último los que no sean del Barça).
Mientras los rebotes de las TIR se sustenten en una macro saludable, nada grave. Para el inversor de renta fija, de hecho, es una oportunidad de mejorar los cupones (olviden el efecto valoración, mucho más rápido, se compensará con el tiempo). El problema sería si se debiesen a temores por la salud de las cuentas públicas. Es el caso de Francia, por ejemplo, y la cosa se está poniendo muy fea – la prima de riesgo está en niveles de la crisis del euro. Serán los próximos meses intensos en Europa, con elecciones en Francia, Italia y España, que esperemos sirvan para apagar temores, en vez de avivarlos.
De momento, pues, en los mercados financieros, todo bien, gracias. Beneficios y macro excelentes, y los principales activos financieros siguen rindiendo bien. Vigilen solo a los tipos duros. No son ni Trump, ni Putin, ni Xi Jinping. Son los tipos de interés.
Tribuna de David Macià Pérez, director de Inversiones y Estrategia de Mercados de Creand Asset Management en Andorra




