Última actualización: 14:30 / Lunes, 1 Febrero 2021
La columna de Luis Gonzali, co-director de Inversiones en Franklin Templeton México

¿Podría el Bitcoin llegar a ser una moneda?

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Hablar del Bitcoin se ha vuelto algo de casi todos los días. El tema sale en noticias, redes y con uno que otro cliente. Sin embargo, tratar el tema no es sencillo ya que es un problema con muchas aristas. Dado esto, lo que pretende este comentario no es resolver el problema de si el Bitcoin es una burbuja, si está bien valuado o no, o si es el mayor esquema Ponzi que ha visto la humanidad. No. En estas pocas hojas intentaré contestar una cuestión más fundamental, más de largo plazo: ¿podría Bitcoin llegar a ser una moneda?

Creo que responder esta pregunta es darle al problema una solución con mayor sentido, y no solo responder si va a bajar o a subir la siguiente semana. Si el Bitcoin puede llegar a ser aceptado como una moneda universal (como lo es el USD, EUR, GBP, o incluso el MXN), entonces su supervivencia está asegurada. Si la respuesta es que no llegaría nunca a ser considerado como moneda, entonces su existencia está condenada pues su mera razón de ser perdería sentido.

Dicho lo anterior, empecemos respondiendo ¿qué es el Bitcoin? ¿el Bitcoin es una “moneda digital”, es decir, no existe de manera física en el mundo real. Utiliza una tecnología nueva llamada blockchain, y su funcionamiento ha entusiasmado a más de uno bajo la promesa de revolucionar la forma en la que el dinero existe y funciona a lo largo del mundo. El funcionamiento detallado de bitcoin escapa al objetivo de este análisis, por lo que no profundizaré en él. Sin embargo, sí es importante recalcar que la sola presencia del bitcoin, y de la tecnología que lo hace funcionar, ha servido para que diversos gobiernos piensen seriamente en sacar su propia moneda digital. En este sentido, yo sí creo que, en el futuro no muy lejano, la moneda digital será la forma más común de pago alrededor del mundo. Pero ¿el Bitcoin cabe en este mundo del futuro?

Para que un objeto, tangible o intangible, sea considerado como una moneda, debe tener 3 elementos: 1) Debe servir como medio de pago o intercambio; 2) Debe tener la capacidad de guardar valor; 3) Debe ser usada como una unidad de medida. Revisemos cada una de estas características y apliquémosla al bitcoin para ver si las posee o no.

Medio de pago

El Bitcoin fue creado principalmente como un medio de pago, es decir, se utiliza como “objeto de cambio” para adquirir bienes y servicios, y a su vez, el receptor de bitcoin puede usarlo para comprar otros bienes y servicios.

De hecho, cuando se habla de bitcoin como medio de pago se resaltan ciertas características por las cuales sus usuarios le confieren un valor agregado, como por ejemplo la posibilidad de hacer transacciones anónimamente y sin que el sistema financiero intervenga.

Asimismo, muchas instituciones reconocidas, como PayPal, han incluido al bitcoin dentro de su anaquel de “monedas” para realizar pagos, por lo que pagar o recibir Bitcoin se ha vuelto aún más sencillo. De hecho, una encuesta realizada en EE.UU. por una subsidiaria de Munich Re, encontró que el 36% de los pequeños y medianos negocios aceptan algún tipo de criptomonedas como medio de pago, por lo que su uso se ha ido extendiendo.

Sin embargo, como medio de pago, el bitcoin aún está muy lejos de los grandes jugadores. Mientras la tecnología detrás de Bitcoin procesa alrededor de 5 transacciones por segundo, Visa procesa 1,700. En ese sentido, el bitcoin tiene un problema de escalabilidad enorme para poder competir seriamente con las empresas que dominan el mercado de pagos.

A pesar de lo anterior, éste es el principal argumento que los entusiastas del bitcoin usan para defenderlo como la moneda del futuro, es decir, que sirve como medio generalizado de pago. Sin embargo, este argumento por si solo no se sostiene, pues aún debe cumplir con otros requisitos, como ser capaz de guardar valor, o bien, ser considerado como una unidad de medida. Veamos, entonces, si cumple con estas características.

Guardar Valor

De nada sirve tener un objeto que nos sirva como medio de cambio si no es capaz de preservar su valor. Si hay alguna duda de que este objeto pueda mantener su valor, entonces este objeto se convierte inmediatamente en una “papa caliente”. La gente lo recibirá con cierto recelo, y buscará deshacerse de él tan pronto como sea posible.

Lo anterior me lleva a hablar de las monedas fiduciarias (o fiat money). En pocas palabras, las monedas fiduciarias son monedas que no están respaldadas por oro, o por algún otro metal “precioso”. En la actualidad, prácticamente todas las monedas son fiduciarias. El desligue respecto al oro empezó a raíz del rompimiento de los acuerdos de Bretton Woods en 1971 y el gasto excesivo de EE.UU. debido a la guerra de Vietnam. A partir de ahí, el patrón oro se deshecho y se empezó a adoptar la fluctuación libre de una moneda fiduciaria.

Entonces, ¿las monedas actuales no están respaldadas por nada? ¿Son aire caliente? Pues no. Si bien el respaldo de una moneda actual no es uno-a-uno respecto a reservas (u otras medidas), es un respaldo basado en la actividad económica interna de un país, poderío económico a nivel global, sus prospectos de crecimiento, su nivel de actividad económica global (balanza comercial), entre otros. Es por eso que predecir un tipo de cambio es muy complicado. Las variables que inciden en él son enormes, y la mayoría tienen que ver con valores fundamentales de una economía (y otras tantas con valores especulativos que imprimen la volatilidad diaria de las monedas).

Por ejemplo, en el peor momento de la crisis por la pandemia, vimos al peso llegar a niveles de $25 por USD, es decir, el mundo esperaba una ralentización económica en México (interna y externa), por lo que el peso “perdió valor”, es decir, el mundo veía (y sigue viendo) al valor del peso ligado con la actividad económica del país. Ese es el respaldo de una moneda. Si México desapareciera de la noche a la mañana, el peso perdería todo su valor, pues no habría nada que respaldara su circulación.

Entonces, ¿Qué pasa con el Bitcoin? Decir que el bitcoin no es una “moneda” fiduciaria es falso. Detrás del Bitcoin está la confianza de las personas que lo usan, ergo, depende de la fe (de ahí la palabra “fiduciaria”) de sus usuarios. Ahora bien, como “moneda” fiduciaria, ¿Qué lo respalda, además de la fe de sus usuarios? La respuesta es nada.

Se podría argumentar que las transacciones en bitcoin han crecido, y que hay una actividad económica detrás “importante” en Bitcoin. Sin embargo, toda actividad en Bitcoin termina siendo reflejada en algún país, con su propia moneda fiduciaria, por lo que el comercio en bitcoin es solo un “puente anónimo” entre el país A y el país B.

En este sentido, no hay un respaldo económico detrás del Bitcoin. No hay un país cuya moneda oficial sea Bitcoin y, por lo tanto, el respaldo económico a la criptomoneda fiduciaria es una ilusión. Esto me lleva a tocar el último tema: ¿Bitcoin es una unidad de medida?

Unidad de medida

Una moneda como unidad de medida sirve como parámetro para darle valor a las cosas. Por ejemplo, en México, un kilo de arroz cuesta $35 pesos, y cuando se plantea así no hay confusión acerca de su valor. Sin embargo, si te dicen que un kilo de arroz cuesta 0.6 kilos de frijoles, la confusión sería bastante grande. Asimismo, las empresas pagan sueldos en pesos, no en kilos de frijoles y el gobierno cobra impuestos en pesos, no en kilos de frijoles. ¿Por qué? Porque en México el peso es la unidad de medida, y no el kilo de frijoles. Esto a primera vista suena obvio, incluso tonto. Sin embargo, es de vital importancia.

Dado esto, ¿el Bitcoin es una unidad de medida? La respuesta es un contundente no. Un bien o servicio que pueda ser pagado en Bitcoin va a tener un valor fijo en USD (o pesos), y la cantidad de Bitcoins que tengas que pagar por él variará según el tipo de cambio al día. Es decir, el precio en Bitcoins es el que se ajusta y no el precio en USD (o pesos).

¿Por qué sucede esto? Porque los participantes en el mercado tienen su ingreso en monedas fiduciarias, es decir, sus ingresos, sus ahorros, etc. están en USD (o pesos), y esa es su unidad de medida. Si de repente, el Bitcoin se aprecia contra el USD, el participante del mercado preferirá usar USD para comprar bienes y servicios en lugar de Bitcoins, y sus USD serán aceptados.

Es decir, mientras una comunidad económicamente importante a nivel global no empiece a recibir ingresos, pagar impuestos, ahorrar, pensar y soñar en Bitcoin, entonces el valor de los bienes y servicios estarán ligados a una moneda fiduciaria, y no al Bitcoin, ya que no habrá actividad económica real que respalde el valor del Bitcoin; y para que esto suceda, varios gobiernos a nivel global tendrían que adoptar al Bitcoin como moneda oficial, y eso es prácticamente imposible. En ese sentido, Bitcoin no es una unidad de medida.

Mucho ojo. No confundir las criptomonedas con las monedas digitales que varios gobiernos quieren sacar. Las monedas digitales “nacionales” seguirán estando respaldadas por la actividad económica de ese país, y su valor deberá ser el mismo al valor de la moneda física.

Entonces, ¿Podría el Bitcoin llegar a ser una moneda?

Dado todo lo expuesto, la respuesta es no. Si bien realiza de manera efectiva su trabajo como medio de pago, no es un vehículo capaz de guardar valor, y no es considerado como una unidad de medida, es decir, su valor de mercado estará intrínsecamente ligado a otras monedas.

Y, dado que el Bitcoin fue diseñado para ser la “moneda del futuro”, su existencia como tal está condenada al fracaso. Quizás, más adelante, se regule su uso y permanezca como otro medio de pago disponible dentro del sistema financiero global, pero, como moneda en todo su derecho, es prácticamente imposible que sobreviva.

¿Debo o no comprar Bitcoin?

Todo lo anterior convierte al Bitcoin en un objeto de especulación. Bajará y subirá dependiendo de la voluntad de los participantes en el mercado para cambiar de manos Bitcoins, y no por su valor fundamental intrínseco.

En este sentido, es mi opinión que Bitcoin no debería ser considerado como “objeto de inversión”, sino como un “activo” meramente especulativo. Participar o no en dicho mercado dependerá de la aversión al riesgo de cada individuo y, en caso de participar, deberá hacerlo con la mayor cautela y con actitud estoica, muy al estilo de Séneca (parafraseo): la tranquilidad radica en poseer cosas con el ánimo siempre dispuesto a perderlas.

 

Por Luis Gonzali, CFA. VP/co-director de Inversiones en Franklin Templeton México

Acerca de Luis Gonzalí, CFA

Luis Gonzalí, CFA, es VP/Co director de Inversiones en Franklin Templeton México desde diciembre de 2020. Previo a esto y desde 2013, era Portfolio Manager del equipo de administración local de activos de la firma. Asimismo, está a cargo de la estrategia de Deuda de los fondos administrados.

En 2005 ingresó a Heyman y Asociados, donde se desempeñó inicialmente como analista, y posteriormente como Socio y Gerente de Inversiones. Durante su gestión también estuvo a cargo del análisis de deuda global y local para los fondos administrados.

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