El mandato de Jerome Powell como presidente de la Reserva Federal termina a mediados de mayo. El presidente Trump ha nominado a Kevin Warsh para reemplazarlo, pendiente de la confirmación del Senado. La fecha es importante, porque la transición llega justo cuando los inversionistas intentan evaluar tres factores: inflación, mercado laboral y la próxima dirección de las tasas de interés.
La geopolítica regresa al debate sobre la inflación
Primero, la geopolítica ha vuelto a entrar en la conversación sobre inflación. El riesgo elevado en Medio Oriente ha hecho que los inversionistas vuelvan a prestar atención al petróleo. Cuando puntos críticos como el Estrecho de Ormuz parecen vulnerables, los precios pueden moverse rápidamente. Los mayores costos de combustible y transporte pueden trasladarse a los precios al consumidor. Una secuencia similar ocurrió tras la invasión rusa a Ucrania, cuando un aumento en el precio del petróleo contribuyó a una presión inflacionaria más amplia.
En ese contexto, la inflación vuelve a estar en foco. El índice preferido de la Fed, el índice de precios de gastos de consumo personal (PCE), permanece por encima del 2 %, aunque está lejos del pico posterior a la pandemia. La inflación ha disminuido, pero aún no ha vuelto a niveles previos a la pandemia.
Entonces, ¿cómo tratará la Fed este shock del petróleo?
Básicamente, hay tres caminos: una rápida normalización de los precios; un período de costos energéticos elevados mientras el crecimiento se mantiene en los niveles actuales; o un escenario más severo donde la presión sostenida sobre los precios erosiona el consumo y la actividad. La tensión política es mayor en el segundo caso, donde la inflación es visible, pero el efecto sobre la economía es gradual. En ese entorno, la Fed probablemente ignore un aumento temporal de la inflación impulsado por la oferta y se enfoque en el impacto sobre el crecimiento, ya que los mayores costos energéticos afectan directamente el gasto de los hogares. Una política más estricta no puede resolver un choque de oferta energética y podría profundizar la desaceleración. Si las condiciones se deterioran hasta provocar destrucción de la demanda, apoyar la economía se volvería prioridad, incluso si la inflación permanece elevada.
Además, no todas las fuerzas inflacionarias apuntan al alza. A largo plazo, algunos responsables de política, incluido Warsh, sostienen que la inteligencia artificial podría reducir costos al aumentar la productividad, permitiendo que las empresas produzcan más con menos insumos. Esto recuerda al ciclo tecnológico de los años 90, cuando las ganancias de eficiencia ayudaron a contener la inflación mientras el crecimiento se mantenía fuerte.
El doble mandato: inflación, empleo… y crecimiento
El segundo factor relevante es el mercado laboral. El mayor riesgo podría ser aquello a lo que los mercados prestan menos atención: empleo y crecimiento. Datos recientes sugieren que la contratación se ha enfriado y la tasa de desempleo ha aumentado ligeramente. Si el mercado laboral sigue debilitándose mientras los costos energéticos suben, la Fed podría enfrentar un dilema más difícil entre contener la inflación y apoyar la economía.
Esto es importante porque los responsables de política deben equilibrar inflación con máximo empleo. El crecimiento no forma parte formal del mandato, pero siempre está implícito en las perspectivas económicas. Cuando los costos diarios aumentan, los consumidores sienten el impacto rápidamente; cuando la contratación se desacelera, el gasto suele seguir la misma tendencia. Juntos, estos factores pueden influir en la rapidez con la que la Fed estaría dispuesta a recortar tasas o mantenerlas estables.
Un tercer factor, menos visible, podría ralentizar la actividad económica: el crédito. Si los bancos y los prestamistas privados se vuelven más cautelosos, el financiamiento puede volverse más escaso o costoso, incluso sin un aumento adicional de las tasas. Este tipo de endurecimiento “en la sombra” puede enfriar la economía por sí solo, lo que hace que la transición de liderazgo en la Fed sea relevante ahora.
Kevin Warsh entra en escena
En ese contexto, Kevin Warsh se vuelve más que un titular. Es exgobernador de la Fed y ha argumentado que las tasas deberían ser más bajas y que el banco central ha sido demasiado lento para recortar. El presidente Trump también ha sido vocal sobre querer tasas más bajas, y Warsh es visto como alineado con esa preferencia.
Esto no significa que Warsh ignoraría la inflación. Sin embargo, los inversionistas deberían considerar la posibilidad de que una Fed liderada por Warsh pondere más las tendencias de debilitamiento laboral, el crecimiento más lento y las condiciones de crédito más estrictas que lo que el mercado asume actualmente.
La narrativa predominante es sencilla: la geopolítica eleva el precio del petróleo, el petróleo mantiene la inflación elevada y la Fed permanece restrictiva. Ese riesgo es real y es también el escenario que muchos inversionistas ya consideran. Lo que puede pasarse por alto es el contrapunto: partes de la economía se están enfriando, el crédito se está ajustando y el próximo presidente de la Fed podría inclinarse hacia tasas más bajas si el crecimiento se debilita.
Si esto se desarrolla así, el próximo cambio en el debate sobre las tasas podría provenir no de un nuevo susto inflacionario, sino de evidencia clara de una desaceleración en empleo, gasto y crédito. En ese escenario, el siguiente movimiento de la Fed podría estar más impulsado por el apoyo al crecimiento que por la restricción de la demanda, y el cambio en la cúpula podría importar más de lo que el mercado supone.
Tribuna de opinión firmada por Sebastian Salamanca, Senior Investment Advisor en Mora Capital Group.


